Volvimos y con un cargamento de episodios al menos para unos 6 meses jajaja, pero por ahora iremos 1 episodio por mes (act. cada 23, máximo 24 de cada mes). Nada más me toca luchar con las portadas porque siempre le hago un dibujo, igual los pueden ver en mi página de FB /StarlingShadow, pasen y dejen sus reacciones y comentarios.
Y ya no digo nada más, disfruten del episodio, tanto como yo escribiéndolo, que tengan suerte y pasen una excelente noche o día si lo leen cuando hay luz, yo no puedo, soy un vampiro todavía :'v
Nota: No al plagio por favor, copiar una historia que no es tuya y ponerla en otro sitio bajo tu nombre es plagio. Si ven mis obras en algún lado sin mi permiso ni mi nombre... avisen y/o denuncien al autor, gracias ^^
NADIE, SOY YO
Capítulo 12 – Amalaba y Endeavor
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Efectivo, es lo que significaba este hombre, siempre lo fue, nada más que un expendedor de dinero y sufrimiento.
Parada frente a él sólo puede aferrarse a su miedo pero incluso así, frunce el ceño, esta historia se ha decidido. Nadie puede verlos en aquel pasillo, el pelirrojo no puede si quiera respirar, la mujer que lo amó estaba inexpresiva en un principio pero luego como si el dolor le diera fuerza da más pasos atrás y regresa a su lugar, ningún otro más que al lado de su hijo.
Endeavor sabe que hacer, no va a decir nada, es incapaz de expresar rebeldía a su voluntad, ha pasado tanto desde la última vez que estuvieron juntos y ese momento fue para recibir el diagnóstico de su pequeño, su… hijo perfecto.
Momentos atrás el médico había dicho todo lo que pasaba, como padres debían saberlo, ambos se pararon en direcciones contrarias y aquel inocente, de cabellera bicolor, que habían traído a ese mundo estaba en medio, sin decir nada, atado a máquinas, con un "biip" que señalaba sus signos vitales.
¿De quién es la culpa? Habrá pensado ella, según Endeavor. Quizás por eso no decía nada, tan sólo esperaba que él se fuera. Naturalmente al estar solamente los dos, sin aquel médico, se apartaron aún más y para no hacer más largo el sufrimiento, aquel pelirrojo decidió abandonar la habitación, ¿por qué hacer incómoda la estadía de Rei?
Caminó por los pasillos y volvió al lugar donde creyó poder tener algo de paz. Entró pues a una habitación, la misma que le habían dado cuando tuvo uno de sus primeros ataques de migraña. Encontró una cómoda silla y la puso justo al lado de una cama, apoyó sus antebrazos sobre sus rodillas y juntó sus manos.
Comenzó a pedir otra vez por la salud de su hijo, musitando suavemente palabras en su boca hasta que algo hizo que perdiera la concentración.
— Todoroki-san… —dijo una débil voz.
Este no respondió, estaba cabizbajo, era la pelinegra, la misma que con unas vendas sobre sus manos, cabeza y piernas intentaba girar su cuerpo para verle bien.
— ¿Qué pasó? —preguntó y acercó su mano con lentitud al rostro del pelirrojo.
Este miró con desconcierto aquel acercamiento y tomó la mano de esta antes de que pudiera si quiera tocarlo, elevó la mirada y se detuvo antes de decir otra cosa.
— Te lesionaste la cabeza, los médicos tuvieron que tenerte en observación hasta comprobar que no fuera nada grave —añadió con ojos fríos.
— ¿Dónde está… Shoto-kun? —preguntó de repente, alertada, nerviosa y queriendo salir de la cama.
— No te levantes —dijo Endeavor e impidió que se levantara con tan sólo su mano apoyada en su hombro—. Mi hijo está en el lado contrario de este hospital.
— ¿Y por qué no está con él? —preguntó Momo.
— El doctor ordenó que sólo estuviera un familiar a su lado. Su madre apareció y… —no lo dijo, tal vez buscaba que no lo viera con lástima.
— ¿Cómo está? —necesitaba saberlo.
El pelirrojo suspiró y se cubrió el rostro con las manos para finalmente verla a los ojos.
— El diagnóstico no fue bueno, tuvieron que inducirlo en coma para que su cuerpo tuviera la oportunidad de mejorar, Recovery Girl dijo que es todo lo que podemos esperar —apretó los puños, sin disposición a mostrar su ira.
— ¡¿Qué?!
Otro balde de agua fría sobre alguien que se preocupa por su hijo, vio la desesperación asomarse en esta situación y no pudo evitar pensar de nuevo que las cosas malas sólo le pasan a la gente buena. Su hijo era bueno, atento y considerado, incluso con un bastardo como él siendo su padre.
No podía decir que la muchacha de pelo negro no fuera una buena persona tampoco, estaba llorando sosegadamente, quizás para sí misma, de repente se detuvo, así… con el rostro mojado, viendo hacia él, quien perdió el interés en la conversación para auto compadecerse y perderse en sumo desprecio.
— No… es su culpa —musitó Momo.
Y a pesar del color pálido de su rostro, de sus ojos hinchados, de su respiración agitada, parecía sincera. Enji sólo apretó los labios como si el alma que creía haber perdido regresara a sí. Este era un cuento de hadas, uno con unicornios y nubes rosas, uno en el que… se daba el lujo de sentir algo que no debería sentir jamás: alivio de existir.
Todo se remontaba a su cruel pasado, uno en el que no se midió en lastimar a todos aquellos que a su alrededor de quedaban, los quemaba con la potencia de su ira, los hacía ceniza sólo para pisotearlos al son de sus errores. Pero… ahora ya no.
¿Tenía el derecho de sentirse esperanzado? ¿Tenía el derecho de pedirle a la vida que no castigaran a su hijo por sus pecados?
Miró por unos segundos a la joven de pelo negro, y de tocarle el hombro, usó su dedo índice para presionarle la mejilla como un botón.
— Duerme un poco. Mañana te llevaré a ver a Shoto —prometió Endeavor.
— Gracias —respondió con una ligera sonrisa y se acostó girando su cuerpo a otro lado.
La habitación todavía estaba con una luz muy tenue, donde sólo había siluetas, donde las ventanas se cubrían para no mostrarle al mundo el dolor de dos corazones que se situaban en un mismo lugar y persona.
El día pasó así como la noche, Momo abrió sus ojos, la ventana le mostraba un claro muy diferente, era de mañana nuevamente, era increíble haber dormido después de aquella conversación, quizás los medicamentos le hicieron más efecto del pensado. Parpadeó un par de veces y vio el asiento de Endeavor ausente, así como él.
No podía entender lo que había sentido luego de verlo fijamente a los ojos por primera vez, es decir, nunca se detuvo sentir esto, pero en ese momento, luego de la fatídica noticia, a pesar de no poder contener sus lágrimas… aquellos ojos lastimeros le llegaron a producir un dolor que no creía conocer.
Lo único que en su mente rondaba era lo que salió a flote luego "no es su culpa", tan sólo eso y notó como un extraño y ligero brillo regresaba a él, aquel gran hombre, aquel que pensarían que es inmune, incapaz de sentir un ápice de sufrimiento…
— Señorita —dijo alguien sacándola de sus pensamientos.
— Buen día —saludó Momo girando su cuerpo.
— Vine para hacer un cambio en su suero y revisar sus heridas, ¿me permite? —dijo la enfermera.
— Adelante —contestó la pelinegra.
La mujer parecía estar presurosa, no podía decir que sus temblorosas manos le daban confianza.
— ¿Está todo bien? —preguntó interrumpiendo.
— Perdone, señorita, yo sólo… debería hacer mi trabajo —parecía evadir su mirada.
— ¿Hay algo que le incomode?
— Usted es una heroína, ¿verdad? —preguntó la mujer, terminando de cambiar la bolsa de suero y mirando con ligereza las vendas para cambiarlas.
— Así es.
— Es sólo que escuché a las demás enfermas hablando de lo que sucedió con su compañero. Sé que no sirve de nada —dijo la mujer completamente incómoda— pero… creo que conozco a alguien, que puede… ehm… ayudarla en sus problemas. No sé qué tan cercana sea, sólo sé que podría ser de ayuda, no es alguien del medio, por eso no sabía como decírselo… —apartó su mirada avergonzada— soy tan impertinente, si mis superiores saben de esto podrían despedirme.
— ¿Qué dice? —tomó las manos de la mujer que acababa de cambiarle las vendas—. No hay nada de qué preocuparse, dígame lo que tenga que decirme, si esto ayuda a mi amigo, estaría muy agradecida.
— Bueno, es un… algo así como un secreto —confesó la mujer.
— ¿Secreto? —dijo la pelinegra con total curiosidad.
— Sí, verá… mi amiga trabaja fuera de la ley. Y ni en sueños podría decirle algo así al… héroe Nº 1. La ciudad está conmocionada por lo sucedido. Por la mañana leí los titulares de los periódicos, no hay… nada alentador en lo que informan; pobre niño, tan joven y… sin esperanzas.
Sintió una especie de punzada en su corazón al escucharlo, parecía que las noticias se esparcieron rápidamente, esto podría dar gusto a varios villanos, a los que quizás complotaron para lastimarlo. La liga iba a ganar más fuerza debido a este golpe bajo.
— Usted es enfermera, ¿cree que muera? ¿Sus compañeras han dicho algo? —preguntó la decaída muchacha.
— Escuché cuando el doctor decía que fueran preparándose —se apartó un poco de la cama mientras veía como el corazón de Momo se partía.
— Así que… es… —puso su mano en su pecho, y otra vez la oleada de sentimientos chocó contra su llanto— todo.
— No es todo, le digo que… no podría decirle esto al héroe Nº 1 pero usted que es su amiga podría hacerlo, mi amiga hace cosas que nadie más, ella podría ayudar. Es sólo que…
— ¿Qué? —preguntó Momo con ojos ansiosos.
— No sé qué podría pedir a cambio. Sólo sé que ella tiene el poder de salvar gente así.
— ¿Así cómo? —preguntó la pelinegra con miedo.
— Al borde de la muerte.
Sentenciaron aquellas palabras, no sin antes golpear a la pobre Yaoyorozu, la cual comenzaba a pensar en cosas simples, como si podría ser capaz de aguantar una vida sin escuchar su voz, sin saber de él, sin… sentir su presencia.
La mujer posteriormente la dejó, Momo tenía que pensar, ¿qué tipo de persona era esa que le ayudaría? Esto había sido tan random, como si no fuera verdad, una extraña sensación le recorrió la espalda, un miedo por lo que depararan sus acciones, una tensión en sus músculos así como rostro, por ese estrés podría darle algo más. Necesitaba calmarse, pensar con quietud y sosegadamente.
Golpearon a la puerta, al entrar a la habitación vio a su amiga, la ranita mostró su mano amigable agitándose levemente y entró con confianza luego de ser vista.
— Yaomomo —saludó una vez más al estar cerca y le dio un abrazo— estaba tan preocupada.
— Tsuyu-chan, ¿cómo están todos? —preguntó.
— Con lo de Todoroki-san… no sé cómo podríamos estar, ¿y tú? ¿Hay algo que pueda hacer para ayudarte? —la ranita previó sus pensamientos.
— Me imagino que todos ya lo saben, si salió en los periódicos y me imagino que en los noticieros también.
— Deku-kun ya lo visitó y ahora mismo está con sus hermanos. No permiten tantas visitas. Oí lo que te pasó y me preocupé mucho, por eso pasé por aquí.
— Mis padres no han venido, ¿crees que puedas llamarles? Supongo que mamá todavía está fuera de la ciudad y papá no ha podido contactarnos porque se encuentra en el exterior.
— Lo haré, no te preocupes —le dio una palmada en la mano.
Los ojos oscuros de Momo se fijaron en el piso, se perdía otra vez en pensamientos lejanos a su visita, Tsuyu iba a interrumpirla para decir algo y animarla pero pronto reaccionó.
— Si pudieras creer en un milagro, ¿lo harías?
— Vamos a pedir por él, Yaomomo-chan —añadió la ranita tomando la mano de su compañera.
Y mientras ambas daban unas plegarias, de nuevo la mente de esta joven pelinegra herida se perdía en ideas, ¿habría de hacerle caso a esa enfermera? ¿Era capaz de confiar en ese "milagro" en específico? Si fuera una simple estafa se sentiría aún más miserable porque el pago por sus tonterías sería de igual manera la muerte de Shoto.
Morir… podía morir, la palabra le ahogó hasta dejarla sin aire, Tsuyu le pasó de inmediato un vaso de agua, no era más que un ataque de ansiedad. Como si el mundo se hiciera más pequeño y todo diera vueltas alrededor mientras le presionaban el pecho con aquel gran peso.
Necesitaba salir de ahí, no le importaba que la dieran de alta.
— Necesito mi ropa —pidió Momo a lo que su compañera respondió rápida.
— Deberían estar por aquí —dijo Tsuyu revisando un armario empotrado.
Efectivamente ahí yacían algunas de sus ropas, aquel vestido que se puso la noche de gala del discurso de Endeavor, algo que nadie pudo apreciar, aquel que se arruinó con manchas de sangre sobre el mismo.
— Pero… —dudó la ranita.
— Dámelo por favor.
Pronto se puso de pie por sí misma, ya que su compañera no había deseado despertar malos recuerdos, se puso como pudo el vestido y pidiéndole prestada una chaqueta a Tsuyu, se lanzó a las afueras del hospital. Iba a salir de ahí… porque… porque ese sitio era una caja de zapatos, no podía respirar, no la dejaban hacerlo, esos sentimientos, ese dolor, esa rabia.
Si tan sólo Shoto no hubiera recibido aquel tiro, si no se hubiera sacrificado por ella. Claro que no había sido culpa de Endeavor, era culpa suya… y de nadie más.
Fue a una parada de autobuses y sin importarle las miradas de aquellos que deslizaban su curiosidad por su vestido ensangrentado, subió en el primero que apareció. Se sentó sola. Nadie deseaba si quiera acercarse. Aquel cabello revuelto la convertía en una obra de arte dramático.
Se bajó en la parada de la agencia en donde trabajaba, necesitaba tener alguna respuesta, necesitaba estar ahí… pensar en aquella habitación cerrada y fría como era llamado aquel archivero, aquel lugar donde había podido tener sus mejores momentos e incluso, a pesar de ser terrible, sus peores pesadillas. Sentía que podía resolver sus problemas más descabellados, era una extraña y tonta sensación. Subió por el ascensor y se topó con Endeavor, no directamente sino a través de aquellas paredes cristalinas hacia su oficina, este había retomado su mirada hacia el ascensor por el sonido que hacía al hacer su parada.
Ambos se vieron por algunos segundos fijamente, sin pena alguna, sin sentir nada realmente, como si estuvieran vacíos, Momo notó como las lágrimas brotaban de sus ojos, ¿ya para qué contenerlas? Ver aquellos ojos con el brillo que tanto había atesorado en su corazón, brillo heredado al joven bicolor, brillo que tal vez terminaría apagándose.
Gimoteando dio un paso fuera de este armatoste mecánico, no había nadie en la agencia, ¿cómo trabajar si el hijo del Nº 1 yacía en cama al borde de una inminente muerte? Hawks había pensado al menos en dar el día libre a los trabajadores, incluso él estaba fuera, tratando quizás sus propios asuntos.
Endeavor siguió viéndola desde lejos y se puso de pie; aquella… aquella tonta, pensó.
Aún con vendas en sus brazos y cabeza, le habían rapado la parte trasera de su nuca, por suerte podría cubrirla con su cabellera larga que, amablemente, los médicos le habían dejado, poco le importaba el orgullo femenino que le daba … la muestra de su belleza. Ya no estaba Shoto para apreciarla, ni estaría.
Por motivos que todavía desconocía, Momo siguió viendo con lágrimas en los ojos al padre de su amor, este fue el primero en salir del trance y fue a su encuentro, iba a regañarla pero cuando esa pared de cristal ya no los separaba frenó en seco.
— ¿Qué diablos haces aquí? —preguntó intentando actuar normal.
— No lo encontré y… no vine para verlo, sólo quería estar… sola, en serio, juro que no sabía que estaría aquí —agachó la mirada.
— Ese vestido… —dijo al ver aquella sangre, que quizás era la de su muchacho.
Ambos se quedaron en silencio pero Momo interrumpió la escena, sus piernas ya no funcionaban, era como si le hubieran apagado el interruptor del cerebro que se hacía cargo de manejarlas. Endeavor la sostuvo en sus brazos para no caer y la levantó entre los mismos.
Tanto sufrimiento podría tener consecuencias en su salud, así que la llevó así hasta el sillón de su oficina, y en lugar de dejarla ahí, de hacer que ella misma se acostara en ese, como el día del festival, se detuvo, la tenía entre sus brazos y no quería dejarla…
Si su corazón fuera una persona, es decir, metafóricamente hablando, si sus sentimientos, su mismo y propio yo pudiera hablar, sería Momo, sería exactamente como esa niña, llorando desconsolada por el destino cruel que le había tocado vivir.
Así fue como la siguió sosteniendo, con un brazo en su espalda y el otro bajo sus piernas. Se sentó el mismo en el sillón y como si fuera una niña la arrulló, aquel cálido abrazo era incómodo al principio pero difícil de distinguir entre tanta maraña de sensaciones.
— No hay nada que podamos hacer —dijo Enji.
¿Cómo fingirlo? ¿Cómo fingir que ellos no eran los culpables de esta tragedia? Momo por su lado y Endeavor por el otro, ambos son la misma y sonante idea de haber sido parte de este desastre. La pelinegra no puede evitar más que aferrarse a ese calor, a esa ligera y desvanecida llama de consuelo. Tiene la opción de levantarse y sentarse por su cuenta al lado del héroe Nº 1 pero se queda inmersa en aquel consuelo mutuo mientras piensa, mientras… cavila en aquellas palabras.
— "Puedo hacer algo, puedo creer en los milagros" —pensó y apoyó finalmente su cabeza en el pecho del pelirrojo, cerró sus ojos y rezó por Shoto una última vez, pidió… poder hacer algo para recuperar lo que la vida le estaba negando.
Deseos, luchas internas, simples rezos al cielo que se desvanecen como nubes, tan sólo gratos sueños endulzados de esperanza.
Amalaba vio con desdén su creación, la miró fija y detenidamente, se balanceaba entre sus dedos, una botella con un líquido transparente, entrecerró los ojos y murmuró cosas que sólo ella entendía.
Estaba lista, era el momento en que tomaría la venganza que tanto soñó por largos y tristes años.
— ¿Qué haces? —preguntaron a sus espaldas.
— Yoru-chan, al fin llegas, ¿ha sonado tu teléfono? —no quería cortar su concentración.
— No me ha contactado, pero Isae-san… esto es demasiado, ya te ayudé y creo que no puedo hacerlo más, por favor, es sólo una niña, no puedes hacer eso —pidió esa mujer a Amalaba, como si la conociera de toda la vida.
— Yoru-chan, ¿recuerdas lo que me prometiste? Dijiste que no descansaríamos hasta que me sintiera conforme.
— Los Yaoyorozu no son el problema, Isae-san, esa niña ni si quiera conoce los pecados de su familia.
— Nadie los conoce, por eso debe pagar —sentensió Amalaba.
Su primer recuerdo fue cuando su madre le explicó el significado de su nombre, ella esperaba grandes cosas por eso… la llamó Isae "aquella bendecida con méritos" y hasta donde ella sabe, cumplió parte de su destino.
Pero, lo conoció.
Un encantador médico que trabajaba en el mismo hospital que ella; Amalaba cegada por el brillo de aquel sol, de aquel… hombre tan amable, respetado y perfecto sucumbió, no sólo su cuerpo, sino su propio espíritu se doblegó, poco quedaba de la Isae paciente, de aquella mujercita arrinconada en adoración para aquellos que la hacían ver menos.
Las caricias eventualmente se convirtieron en palabras hirientes, los besos en espinas en su corazón y el amor en golpes. Su madre le advirtió que no se casara con aquel "sol-perfecto", al principio pensaba que era por un estúpido elitismo, su futuro marido no tenía un quirk, claro… era talentoso como médico, galante y adinerado. Nada más de lo que pudiera desear, ¿qué era ella? Oscura, pasiva, inexpresiva, poco interesante y ligeramente pobre, sin contar la baja autoestima creciente en su depresiva soledad.
Él la acogió como propia, no era más una mujer sola, tenía un marido, un hombre… maravilloso a los ojos de todos, lo idolatraba como a nadie. Así era que ocultaba cada moretón y las heridas que él dejaba en su alma se cubrían con el orgullo que le daba decir "soy parte de algo".
Pero todo llegó a su fin cuando algo la hizo salir de aquella burbuja de negación, estaba embarazada, incluso podía notar como su vientre parecía más grande, había querido pensar que era su dieta poco saludable pero no era, se hizo la prueba en un baño público en la ciudad, tenía miedo de la reacción de su esposo.
Los días pasaron pero no sus ideas, quería al bebé, quería ser madre, quería… amar este pedazo de sol que sus días de soledad le habían dado. Así que por primera vez, decidió algo, decidió desde lo más íntimo de su ser, ya cuando su esposo la golpeaba protegía su vientre a toda costa, hacía hasta lo imposible por no hacerlo enojar en casa y creía por un tiempo que sería suficiente pero… un último incidente la hizo ir a un hospital y no para trabajar.
La atendieron y antes de decir "fue un accidente" como siempre había dicho para cubrir la oscura maleficencia de su mal llamado marido pidió hablar con el director del hospital, no iba a soportarlo más, no iba a… dejar que matara a su bebé.
Aquel refinado y pudiente hombre, perteneciente a una de las familias más prestigiosas de héroes de la ciudad, Yaoyorozu Tadashi, la miró como si tuviera un tercer ojo o algo así, no creyó ni por un segundo en sus palabras, seguramente desde su perspectiva machista ella no era más que una alborotadora, una poca cosa que intentaba difamar a uno de sus "amigos" de bebidas. Y condescendientemente le afirmó que "tomaría" cartas en el asunto.
Qué estúpida fue.
Después supo que fue el mismo director que en lugar de llamar la policía por abuso doméstico, le informó a su marido en secreto de aquella confesión. Así que al enterarse del hecho, aquel abusivo y violento hombre se la llevó del hospital sin darle oportunidad a escapar.
¿Y qué le hizo? Nada bueno.
La torturó por varias horas, tenía en casa sus herramientas médicas, sabía que nada la haría arrepentirse tanto por haberlo traicionado como quitarle la razón de su rebeldía, por ello… le inyectó una sustancia para mantenerla quieta, pero aún despierta y que sintiera el dolor, luego la abrió con su escalpelo, disfrutando cada segundo de sus gritos, la cortó como un carnicero, sólo le importaba lastimarla, y sin interesarse por las súplicas, sin importar las promesas, arrancó al pequeño de su vientre.
Escuchó entonces las sirenas de la policía, nada podía ya cambiar aquel arranque de rabia, era un criminal y se reía a causa de ello porque su dinero le ayudaría a salir. Tomó a la pequeña criatura, que era su hijo, y fingiendo cuidado lo acomodó al lado de su mujer, chorreaba sangre y se movía mientras moría…
Isae también debió morir en ese momento, al punto del desmayo y shock, tomó fuerzas de donde pudo y sostuvo al pequeño contra su pecho, las risas… las burlas… era como un coro que el mismo demonio había dispuesto para ese infierno, su bebé dejó de moverse y a ella le costaba mantenerse despierta, su marido sacó entonces un arma y la apuntó hacia su cabeza.
Era su fin, pensó la pobre y tonta Isae.
Y luego… como si fuera un bello destello de luz, llegó un ángel.
Endeavor irrumpió en la casa contra todo lo que le hubieran dicho, sabía que había un rehén en peligro, un llamado que sin querer se filtró a la línea de héroes. Esto pudo resolverse fácilmente con parte de la policía corrupta, con un poco de dinero.
El esposo de Isae, ensangrentado y soltando el escalpelo al instante sonrió y dijo que alguien había herido a su esposa e intentaba ayudarla. Era triste ver de nuevo cómo sus palabras irradiaban una verdad maldita, una falsedad dentro de toda su violencia.
Endeavor giró sus ojos hacia ella, la miró con tanta compasión y también vio a su criatura muerta sobre su pecho.
Fue cuando aquel desgraciado huyó de la escena del crimen, se fue a toda prisa como si su alma fuera arrastrada por el diablo y el héroe de fuego lo persiguió. Escuchó un ligero sonido y después el crujir de vidrios pero nada más porque durmió, tal vez para bien.
Cuando recuperó la consciencia, estaba en el hospital y estaba desafortunadamente viva. Luego supo que su esposo había caído del segundo piso, tenía cortadas porque tropezó con una mesa de cristal, el muy bastardo se desangró y murió.
Endeavor no sólo la protegió, creyó en ella, fue la primera persona que lo hizo y no conforme con haberle creído, mató a su esposo, estaba segura de que él lo había empujado, pero no se lo diría a nadie… jamás. Y había más, la asociación de héroes condujo una investigación en contra de Yaoyorozu Tadashi, cabeza de la familia, quien antes de ser inculpado públicamente se quitó la vida, como el cobarde que era.
Estaba conforme con eso porque había recibido más de lo que jamás nadie le dio. Aquella mirada, aquel fuego y aquel acto de heroísmo fue lo que la mantuvo con vida luego de perder a su criatura, incluso sabiendo que jamás sería madre, incluso con eso… estaba conforme, ¿cómo una mujer como ella podría serlo? No podía protegerse a si misma, era un castigo divino que aceptaba con entereza.
El teléfono sonó. Yoru, su amiga, la enfermera, su cómplice, dio un salto y respondió nerviosa, era Yaoyorozu Momo, venía por su milagro como un perro por un hueso.
Amalaba sonrió, parte de lo que ella creía era justicia llegaba a sus manos; Yayorozu Tadashi le había robado el futuro a su hijo, así que ella le robaría el futuro de los suyos.
— Sí, podemos encontrarnos hoy, le enviaré la dirección a este número, ¿esta bien?
Y luego colgó.
— Vamos a encontrarla en la cafetería, ¿estás segura de que quieres hacer esto? —preguntó Yoru.
— Ten listo tu quirk, lo necesitaré —afirmó Amalaba dejando la escena.
Un pequeño escalofrío le siguió al acto de guardar su teléfono, la pelinegra acomodó su cabellera y abrió la llave del grifo, se había encerrado en el baño de la oficina de Endeavor luego de haber estado por varios minutos llorando, se lavó la cara y se vio al espejo, con gotas cayendo de su rostro por todo su cuello.
¿Era lo correcto? Se cuestionó alrededor de sus recientes acciones, no sólo estaba a solas, nuevamente con este héroe sino también había convalecido entre sus brazos, no era momento para sentir vergüenza, tan sólo necesitaba repensar sus acciones y consecuencias, si alguien la hubiera visto… estaría más que perdida.
Salió del baño y se encontró con el motivo de sus miedos, sentado en el sillón, algo encorvado y con una mirada al frente.
— Volveré a casa, necesito cambiarme —dijo Momo avergonzada por su aspecto.
— Te llevaré —afirmó y tomando sus llaves, las cuales se encontraban en su escritorio salió de la oficina dirigiéndose al ascensor.
— Usted… —iba a decir algo pero él no la escuchó.
Lo siguió entonces, ambos se encontraban sin palabras luego de… lo que había sucedido, quizás en blanco, quizás en agonía, lo sabían, eso había pasado el límite.
Llegó a su hogar sin problemas, la servidumbre se comportó como una especie de avispero, todas moviéndose locamente por todo lado al verla llegar en tal estado, se quitó la ropa y entró a bañarse.
Las gotas de agua cayeron ligeras sobre su piel, casi como aquel arrullo, aquel… incómodo arrulló del cual se arrepentía, ¿qué estaba pensando? Se dijo a sí misma acariciando sus hombros con una esponja, frotó entonces su brazo y terminó… era suficiente se decía, las ideas rondaban como ecos, volviendo siempre.
Se cambió y salió para ir a la dirección que le habían indicado, tomó otra vez el transporte público porque nadie debía enterarse de lo que estaba a punto de cometer, una infracción quizás.
Todavía no tenía idea de si había algo que le impidiera acudir a fuentes dudosas en estos casos, quizás la persona a la cual vería era un criminal, quizás sólo era un estafador, lo único seguro era que debía averiguarlo lo más rápido que le fuera posible.
Su esperanza como sus sueños volaron hasta llegar a tocar la realidad pero aún con eso, quería seguir en aquel mundo imaginario, seguir y ver lo que podría lograr. Si debía salvar a alguien, debía ser él…
— Señorita —dijo una mujer apareciendo entre una multitud de gente cruzando la calle.
— Gracias por acudir —dijo Momo al instante.
— No es nada —sonrió ligera la enfermera, no tenía su uniforme.
— ¿Podrá recibirme su contacto? —preguntó.
— He hablado con ella hace un momento pero a mi no me dijo nada —bajó la cabeza—. Sus tratos siempre son personales.
— Entiendo.
La guio por detrás de una cafetería, entraron por un callejón hasta llegar a una puerta de color bronce, con la manija rota y un hueco en la esquina superior izquierda. La enfermera miró para todos lados antes de indicarle a la pelinegra que esperase allí, no era como si fuera a estar presente durante el encuentro.
Un chirrido se hizo notar mientras la puerta se abría, ahí estaba Amalaba, con velo cubriendo su cabeza y boca, tan sólo mostrando aquellos ojos locos que tanto miedo daban, inclinó entonces su cuerpo para saludarla y sin decir nada, extendió una mano para invitarla a pasar.
No había nada más que hacer, iba a entrar a la boca del lobo y dejarse masticar como a este le diera gusto, así que dio varios pasos hacia adelante y entró, Amalaba cerró la puerta detrás de si, nadie podía decir qué tipo de expresión tendría, tan sólo una amarga y vengativa sonrisa bajo aquel velo de oscuridad.
Fin de Episodio 12
