Hola a todos, mil gracias por seguir mi historia aquí en fanfiction, son un amorsh, sólo vine a dejar el episodio, les comento que subí un dibujo a mi FB de Shoto-bb, así que si quieren revisarla por curiosidad, vengan a /StarlingShadow
Eso es todo por ahora :) que pasen felices fiestas y si no es así, mucho ánimo y fuerza
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Nota: No al plagio por favor, copiar una historia que no es tuya y ponerla en otro sitio bajo tu nombre es plagio. Si ven mis obras en algún lado sin mi permiso ni mi nombre... avisen y/o denuncien al autor, gracias ^^
NADIE, SOY YO
Capítulo 13 – Desde un corazón roto
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De la oscuridad surge un rostro, Momo tan sólo atesora entre sus manos un deseo y se sostiene de la esperanza como nunca lo ha hecho, esta… mujer camina alrededor de ella, han llegado a una especie de bodega, hay cajas por doquier, parece un laberinto.
La mano de Amalaba se posa en su hombro, Momo da un ligero salto al toque, la mira detenidamente y finalmente abre su boca.
— ¿Y? —pronuncia dejando resonar su voz.
— Vine aquí porque me dijeron que usted podría ayudar a mi…
— No —la interrumpió— estás equivocada, yo no ayudo a nadie, todo tiene un precio —dijo la mujer. Dejó de tocar su hombro y fue sentarse, había una silla vieja al fondo.
— Ah… —cayó en cuenta— ¿cuánto dinero quiere? Si me dice una cantidad yo puedo arreglarlo, no importa lo que pida.
— ¿Lo quieres mucho? —dijo curiosa.
— ¿¡Eh!? —reaccionó avergonzada y escondió su rostro un poco—. Yo…
Nerviosa, con una mano sobre su pecho, intentando sacar palabras de su boca que no fueran balbuceos.
— ¿Cuánto cuesta su vida para ti? —preguntó la villana haciendo su cabeza un poco para atrás.
— Su vida no tiene costo —respondió al instante Momo.
— Al fin puedo escuchar sinceridad —se levantó de la silla y caminó hacia su visita— así que… ¿una vida no tiene precio? Y vienes ofreciendo billetes. Qué desafortunado.
— No quise ofenderla, si es que fue así —se disculpó viendo los ojos de la mujer que casi no parpadeaba.
— Lo siento, no tengo tiempo para ti. Puedes salir —giró sobre sus propios talones y le dio la espalda, casi podía asegurar sentir el desespero en la respiración de la muchacha— la puerta está abierta. Adiós —se despidió amagando desaparecer.
— ¿¡Puedes curarlo!? —gritó de repente la pelinegra— ¿¡En serio puedes hacerlo!?
La mujer, que jugueteaba ligeramente con un velo entre sus manos colgando en su cuello, se detuvo en seco y desde una distancia donde la luz casi no le daba respondió.
— Si.
Nada más y como si todas las preguntas del mundo se agolparan en su boca balbuceó nerviosa, ni ella misma se entendía, quería saber si era verdad, al principio por precaución y ahora que la posibilidad estaba en frente, dejaba su lógica para aferrarse a la palabra de una desconocida.
— Si no quiere dinero, dígame… —decía viendo a la nada— ¿qué es lo que aceptará?
— La vida que intentas salvar no tiene un precio que los billetes puedan comprar —volteó— la vida que intentas salvar, sólo la podrás pagar con otra vida.
Iba a pensarlo, iba a pedirle que le diera un momento pero la imagen de Shoto interponiéndose a la bala que debió pegarle a ella la hizo saltar al peligro como si nada.
— Si… quiere mi vida —decía Momo nerviosa pero dispuesta— se la daré. Yo, eh… yo… —le tembló la voz— le daré mi vida si salva a Shoto-kun.
— Tontita —sonrió Amalaba ya demasiado cerca, casi respirando su mismo aire— yo no quiero tu vida, no quiero que te mates, ni que hagas nada estúpido, quiero una vida nueva, nacida de ti… —le señaló el vientre.
Así era, lo que Yaoyorozu Tadashi le había arrebatado, lo iba a cobrar para salvar a quien más ha amado durante su larga y poco fructífera existencia. Endeavor iba a seguir siendo quien Amalaba quería que fuese, ninguna enfermedad se lo arrebataría, aunque tuviera que acabar con medio mundo en el camino.
Y así fue como aquel trato con la oscuridad se quedó donde debía estar, poco o nada sabían los demás de esta misteriosa reunión. Endeavor parecía ensimismado, no sólo su hijo agonizaba, sino que todo lo que había construido con el paso de los años se hacía polvo.
De nada sirvió forjar esa lucha por ser el mejor cada día. Luego de que su hijo muriese, su nombre como héroe también caería al olvido, sus otros hijos de por sí lo despreciaban, Shoto había sido el único que levantaría el estandarte de la familia Todoroki, ése era su legado, un ausente silencio en el tiempo.
Pero ahora…
— Tu padre está con él, iré unos minutos por algo a la cafetería —dijo Rei, su cabeza iba a explotar, no había bebido o comido nada desde que llegó a ver su pequeño—. Avísame si pasa algo.
— Mamá —le llamó antes de que se fuera— ¿puedo ir contigo? —preguntó Fuyumi como una niña, estaba aterrada, como nunca lo había estado.
¿Qué tal si su madre se iba y Shoto moría ante sus ojos? Esos eran sus pensamientos más oscuros, le era tan difícil de digerir esa soledad nuevamente, la que enfrentaría si su hermano desaparecía. A pesar de que su padre está sentado frente a la cama de su hermano, de igual modo no quiere estar ahí… no puede lidiar con eso. Es increíble que sus padres si quiera tengan la fuerza para continuar esa terrible travesía.
Pero nadie imagina que Endeavor muere por dentro, tal vez… si hubiera sido un buen padre pensaría que se encontraría en el más allá con su muchacho pero no, a donde iba él, no podría alcanzarlo. Era justo y merecido el infierno en la tierra, sus demonios aumentando su pesar físico, este sufrimiento no pararía, quizás era mejor morir de una vez.
El karma no funciona así pero… ¿y si se mata? Si él… muere para llevarse sus pecados por delante y así dar la oportunidad a que sus plegarías se hagan realidad. No estaba pensando bien, no tenía idea de lo que estaba deseando, el suicidio nunca fue la opción pero su mente enloquecida de pesadumbre le decía que debía pagar por sus pecados para liberar a su hijo o algo así (¿?) ni él mismo entendía esa lógica.
Así que se puso de pie y sólo… pensó en la azotea, si su hijo moría iba a acabar con ese ciclo de abusos, Rei podría… podría… tal vez… seguir con su vida.
— Todoroki-san —dijo una voz fuera de ese submundo de locos pensamientos.
— Ya-Yaoyorozu —expresó Enji sintiendo como la realidad llegaba a él.
El color naranja del atardecer se reflejaba en sus ojos, Momo lo miraba inexpresiva, casi… como si no estuviera presente, su cuerpo tenso, desde la punta de sus pies hasta sus mismos brazos, los labios secos, los ojos hinchados, parecía no haber tenido un momento de paz.
— ¿Qué haces aquí? Te dejé en tu casa para que-
— Lo siento, Todoroki-san —musitó la joven balanceándose hasta estar cerca de Shoto, el mismo atado a esas máquinas que respiraban por él.
Entrecerró sus ojos y lo miró con el más profundo cariño, le acarició el rostro y luego la cabellera como si no bastara la ternura con la que lo estaba tratando.
— Le queda muy poco, ¿no es cierto? Sus órganos ya empezaron a fallar, su piel… ni si quiera tiene color —daba un discurso entristecida— si regreso mañana, puede que él ya no esté, ¿podría… darnos unos minutos a solas? —preguntó al punto de las lágrimas.
— Eso no… —quería negar lo que ella había dicho, el hecho de afirmar que su muchacho no estaría más, pero luego recordó la pacífica sombra de oscuridad, llamada muerte, balanceando su guadaña sobre su cuello— estaré afuera —dijo y salió de ahí para no mantener esa idea de fatalidad rondando a su hijo.
El sonido de la puerta le atravesó, haciendo eco en su soledad, la joven pelinegra volvió a entrecerrar los ojos para mirar con ternura al muchacho de cabellera bicolor. La última vez que estuvieron juntos pudo ser el mejor recuerdo de su futura vida, el mejor… de toda su existencia.
Entonces mientras seguía jugando con su cabellera, se aproximó hasta su rostro y le dio un pequeño beso en la mejilla.
— Gracias por todo, hasta ahora fue maravilloso —afirmó Yaoyorozu con un horrible nudo en la garganta— me hubiera encantado hacer mi vida contigo —¿era una despedida?— y tal vez decirte que te quiero —pero esos sueños pintados en el cielo, sólo eran eso, sueños.
Estaba muriendo, era cierto, no había nada, absolutamente nada que pudiera hacer, cada órgano fallaba gradualmente, pronto ni si quiera su corazón podría ser capaz de aguantar el estrés de todo ese sufrimiento.
Pensamientos sombríos gobernaron su mente, ¿y si esto era mentira? Recordó la razón por la cual se despedía, la persona a la que le había entregado su destino. Tomó de su bolsillo un objeto, abrió la palma de su mano y se dejó cegar por el brillo, la fórmula 'mágica' que podría cambiar este resultado.
¿Realmente iba a hacerlo? Se dijo, pero sus manos ya habían preparado una jeringa. Sí, iba a hacerlo; apretó los labios y rezó una última vez por este triste y amargo amor al cual le brindaba esta esperanza.
Parecía que había practicado antes, sin perder más tiempo buscó una de las venas de su brazo y le inyectó aquella misteriosa sustancia.
¿Qué había hecho? Se llenó de horror, ojos llorosos, manos temblorosas, ¡no podía quedarse ahí! Salió con fingida calma y buscó con sus ojos alguien que la viera, con ese éxtasis de haber cometido un crimen, haber renunciado a todo lo bueno del futuro que tenía destinado y haber abrazado la cruel tortura con un trato sellado en el mismo infierno.
Iba a volverse loca con sus acciones, de pronto un rostro conocido la sostenía por los hombros, ¿quién era? Los pacientes y amables ojos de su maestro la encontraron.
— Aizawa-sensei —pronuncio aquel nombre pero el fuego le hacía cenizas el corazón.
Shinsou apareció a su lado, ambos quizás, con la intención de encontrar la habitación del bicolor, saludarle, preguntar su estado… algo tan básico, incluso sabiendo que ésta persona estaba al borde de un preciso final.
— ¿Es su habitación? —preguntó el pelinegro— "No parece que esté bien" —pensó y la soltó ligeramente.
Nadie podría estar bien en una situación así pero esa no era la razón del rostro torturado de Yaoyorozu.
— Sí, no hay nadie, puede entrar a verlo —contestó señalando la puerta de la habitación de la cual huyó.
— ¿Y los demás? —preguntó.
— Endeavor-san dijo que volvería y vi a sus hermanos de camino a la cafetería, supongo que necesitaban recargar energías.
— Bien —se adelantó dejando a Shinsou con ella.
Ni un segundo pasó hasta que su acompañante abrió la boca.
— Nada de lo que digas me lastimará, puedes hacer lo que quieras —contestó Yaoyorozu antes, como si adivinara lo que la mente de Shinsou trabajaba.
— No. No haré eso. Este no es el momento, yo valoro a Todoroki como el compañero que es. Si estoy aquí, no es para sacar a flote tu amorío con su padre, sino para despedirme. No pienso torturarlo en sus últimos momentos diciéndole que su novia no ha sido leal.
— Siempre pareces equivocado en una cosa —sus labios estaban secos y los lamió ligeramente— pero hoy, hoy hay algo de verdad en tu veneno —respondió Momo inexpresivamente mientras se alejaba.
— "¿Qué quiere decir?" —se preguntó Shinsou sin dejar de ver a la pelinegra, la cual marchaba a paso calmo.
No iba a decir nada, esa quizás sería la última vez que anunciaría su ilusión, y aquel beso que le dio sería el único, sincero, que fuera a dar de ese momento en adelante. Y cuando más necesitaba desaparecer vio frente a ella al gigante pelirrojo caminando encorvado y sin ánimo de regreso a la habitación de donde había huido.
— ¿Sucedió algo? —preguntó preocupado.
— Aizawa-sensei quería entrar a la habitación —respondió para apañar sus miedos.
— ¿Y ya planeas irte? —preguntó Enji.
— Eh… —miró expectante al gigante pelirrojo.
— Supongo que fue difícil —le puso la mano encima pero ella reaccionó asustada y se alejó.
Nada estaría bien, pensó Momo al ver la confusa reacción de aquel, lo que iba a hacerle no ameritaba su buena voluntad, de pronto en el fondo de sí misma escuchó una voz que decía "aléjate de mi, Endeavor, vete… no confíes en mi", era su consciencia, la cual pedía cordura, prudencia, decencia… mas esta ya no las escuchaba.
Claro, después de confesar que la vida de su único amor no tenía precio, aquella mujer aprovechó en pedir lo único que jamás pondría en venta, su dignidad. Lo que le había pedido no podía ni si quiera pensarlo o decirlo.
Mirando a Endeavor sólo quería desaparecer, huir de todo…
Antes de que el pelirrojo pudiera reaccionar al miedo que la joven interna, unas alarmas sonaron ruidosamente y Aizawa apareció corriendo por el pasillo, enfermeras y médicos corrieron en dirección a la habitación de Shoto.
— "Oh no…" —pensó Momo.
— "No, no, no, no, por favor, no…" —pensó Endeavor con la expresión más aterrorizada que pudiera tener, aquella que ningún padre jamás debiera de mostrar.
Dejó a la muchacha ahí mientras corría hasta la habitación, en la misma encontró a Shinsou junto a la entrada, este parecía algo atontado.
Rei llegó también a la escena por el escándalo, tras ella su hija quien prácticamente rompía en llanto de sólo acercarse; su padre, tembloroso y ausente decidió empujar la puerta y ver… ver lo que hacían aquellos médicos dentro, ¿había llegado la hora de su pequeño Shoto?
— Todoroki-sama —dijo una de las enfermas— le pido que esté calmado.
No, ni en sueños lo iba a hacer, estaba a punto de morirse también, su cabeza iba a explotar, no sólo por la idea, sino por aquel karma que le consumía la vida de a poco, no quería tomar nada, no lo haría antes de…
— Padre… —susurró Shoto desde la distante cama, con todos aquellos aparatos todavía en su cuerpo.
— ¡No puede ser! —gritó Rei y corrió hacia su joven hijo, se dejó caer sobre su cuerpo con cuidado, le abrazó, apartó a todos y lloró por la alegría de verlo… vivo. No podía creerlo, ni él, ni su hermana que también estaba ahí, tomando la mano de su hermano, sollozando como si una cascada de emociones se hubieran liberado.
Su padre, totalmente sorprendido, inusualmente con ojos húmedos, viendo desde lejos como… como su muchacho respiraba, parpadeaba y… ¡maldición! Estaba respirando por sí mismo, estaba… vivo y despierto.
Quería correr hacia él, tomarlo entre sus brazos, necesitaba saber si esto era un sueño, ¿era la realidad? ¿Estaba vivo?
Apartó entonces a los médicos y enfermeras de la puerta y se aferró a la misma para estrellar su cabeza y quebrarla. Se había estampado la cabeza contra la puerta como un completo maniático, del golpe un ligero chorro de sangre surgió y le recorrió la nariz, así como cuello.
Ese dolor era real, estaba despierto, ¡estaba pasando de verdad!
Se mordió los labios y caminó hasta los pies de la cama, puso sus manos sobre las piernas de Shoto y sin apretarlas le dio ligeras palmadas mientras escondía su rostro, quizás soltando en llanto también, ¿quién lo iba a ver? Shoto sólo sentía los gimoteos de su 'tonto' padre, ese 'tonto' al que tanto se alegraba de ver, aunque no lo admitiese en voz alta.
— Eres tan… ruidoso —musitó su pequeño.
Esa era la voz de un ángel, nada más y nada menos.
— Todoroki-sama no sabemos cómo explicar esto, realmente es un milagro, no hay nada que hayamos hecho diferente, tan sólo… —decía el médico, incrédulo a lo que pasaba.
Fuera de la habitación hay conmoción, los murmullos de las enfermeras se hicieron notar, corrieron la noticia, incluso Shinsou se encontraba perturbado por lo sucedido. Su maestro y él habían entrado a despedirse, estaban a punto de irse cuando notó el dedo de su compañero moverse y luego… al acercarse sus ojos estaban abriéndose, ¿era normal? Se preguntó el muchacho para luego reaccionar tocando el botón de emergencia por accidente, Aizawa corrió de inmediato a buscar un médico.
Momo se tambaleó en medio de aquel pasillo, el murmullo "está vivo", "¡despertó!" y "es un milagro" pasó por sus oídos, sus lágrimas, las que había prometido no soltar, salieron, aunque sus sentimientos encontrados la hicieron contener los gritos de su quebrantado ser, porque lloraba de felicidad como de tristeza.
"— Quiero un hijo de Endeavor. Ése es mi precio."
Recordó las palabras de aquella mujer, que con descaro y perversión le miraban.
Si funcionaba, si el remedio que le había dado le funcionaba iba a cumplir su promesa, a pesar de que su corazón le rogaba por ir de frente hacia Shoto, verlo, hablarle, abrazarlo y besarlo, su cabeza le hizo girar al lado contrario.
Shinsou vio aquel final desperfecto para la joven pelinegra, la vio marchar empapada en lágrimas, sin ninguna expresión facial, sólo lágrimas que caían hasta su blusa, temblaba tanto que pensó que caería pero no lo hizo, sus zapatos resonaban a través de las voces, de repente sintió algo de culpabilidad.
No era un día normal, no estaba furioso como siempre, no necesitaba molestarla pero aún así lo hizo, ¿quién era él para juzgar? Nadie era perfecto.
Shoto despertó, como si de un milagro se tratara, las agencias de noticias no daban abasto para informar del asunto, los programas de espectáculos incluso trajeron médicos expertos para hablar del repentino despertar, otros especulaban de si había sido una tragedia real, de si en verdad el muchacho estuvo al borde de la muerte y los demás, tal vez sólo estaban felices, Todoroki Shoto era un gran muchacho, merecía todo lo bueno que le pasaba, todo.
— Muchachos, por favor —dijo el bicolor, viendo como sus amigos del curso de héroes traían regalos, unos globos, fruta, dulces y demás.
Algunos días ya habían pasado y ya podía incluso sentarse, se oye como si no fuera la gran cosa pero para alguien que perdió la capacidad de mover su cuerpo e incluso de respirar por sí mismo era un gran logro.
La recuperación iba muy bien, inclusive el brazo herido tenía sensibilidad nuevamente, los médicos le habían dicho que era muy posible que perdiera el mismo pero helo ahí, sonriente, animado y con el brazo curándose.
Lo único que ensombrecía esto era la ausencia de Yaoyorozu, la cual había desaparecido por completo, ni si quiera podía usar su teléfono para comunicarse con ella, tal vez… sigue lastimada. Intentaba por todos los medios excusarla, después de todo, su amor fue lo que lo devolvió a la vida, aún cuando estaba en aquella oscuridad podía sentir su calor, sus caricias y lo más curioso es que pudo recordar algo suave en su mejilla, quería pensar que había sido un beso. Necesitaba verla.
Los días en la agencia también volvieron a ser normales, aunque algo de diferente había, Hawks estaba fuera casi todo el tiempo, no tan al pendiente como antes, como si tuviera asuntos que resolver y eso mismo era, tenía que charlar con Amalaba, la había buscado como un loco durante aquellos oscuros días, tenía una ligera impresión de que ella había sido la culpable del ataque a la ciudad.
Su cafetería estaba cerrada, nadie había pasado por ahí en los días que él buscó respuestas, así que para no perder más tiempo acordó una reunión con la única persona que podría resolver sus dudas. Dabi.
— Aló, sí, tengo información para la liga. Los veré en 10 minutos donde siempre.
Era una vana excusa, tenía algo sin importancia para ellos, como huesos para un perro hambriento, algo que ellos digerirían como "ayuda" a su causa porque su verdadera motivación era saber más de esta mujer, de su escondite y si ellos están aliados.
— Endeavor-san, voy a salir —dijo el plumífero héroe asomando su cabeza por la puerta, era de cristal y todavía se podía ver todo su cuerpo.
— ¿Has terminado con los documentos que te envié? —preguntó con voz severa.
— ¡Oh! Eso se lo entregué a Yaomomo-chan para que le hiciera unas copias, ¿no te las trajo todavía? —preguntó como si nada.
— Uhm —se quedó pensativo— ya vete, hablaremos cuando vuelvas.
— Eres muy amable, Endeavor-san —dijo y salió corriendo al ascensor, preguntándose por un segundo si las cosas estaban bien entre la interna favorita de la agencia y el 'jefe'.
Era cierto que habían pasado varios días desde la recuperación de su hijo, días en los que le había sido difícil hablar con cualquier persona, sobretodo la pelinegra, no era sólo el hecho de que había sido el mejor momento de su vida saber que Shoto seguiría con vida y se estaba recuperando, también estaba aquella incómoda interacción que tuvieron, se dio una palmada en la mejilla para despertar de sus pensamientos más profundos. No era momento para perder el tiempo, necesitaba trabajar y completar todo lo que dejó pendiente.
El teléfono de su escritorio sonó, pero algo más llamó su atención al sostener aquel aparato, la pelinegra desfilando frente a su oficina, caminaba con unos papeles, quizás no se había dado cuenta antes de que era como la tercera vez que pasaba por ahí.
— ¿Eh? —el pelirrojo casi no prestaba atención.
— Sólo quería recordarle que su cita es mañana a primera hora —dijo la voz del teléfono.
Yaoyorozu arrastró su mirada por el piso y disimuladamente vio hacia el escritorio del 'jefe', estaba ocupado como de costumbre, necesitaba entregarle algunos papeles y el gran obstáculo eran sus propios pensamientos, ¿le traicionarían sus deseos de salir huyendo?
Pero de entre todas las miradas furtivas que daban ambos, una hizo que mantuvieran un encuentro fijo, al estarse viendo por más de 2 segundos, Momo finalmente entró por la puerta, hacia el escritorio de aquel.
Esperó que terminara su llamada, no quería abrir su boca y ser interrumpida por un merecido "shhh" de parte de este.
Finalmente colgó y se quedó otro par de segundos incómodos viendo sin decir nada. Era su interna pero ninguna palabra cruzaba por su mente.
— Enviaron esto por correo —esquivó toda interacción dejando todos los papeles que tenía en su mano en el escritorio— regresaré a mi trabajo —le dio la espalda.
— Espera —dijo con voz seria— "¿quieres hablar?" —preguntó en su cabeza.
— ¿Señor? —respondió expectante.
— Ahm… ¿puedes revisar si Hawks entregó sus informes? —dijo porque no esperaba invadir esta nueva conversación con más incomodidades.
— Claro —respondía sin vida— ¿hay algo más? —preguntó para evitar regresar a esa tortura.
— Quería comentarte que la reunión de hoy está cancelada.
— De acuerdo —respondió Yaoyorozu con sequedad, para luego dar vuelta y salir de ahí.
Enji sabía que algo andaba mal, recordaba lo que sucedió la noche anterior a la recuperación de su hijo, aquel poco afortunado encuentro, en donde la tomó en sus brazos para no dejarla ir en todo el tiempo que lloraba. Consolarla no le correspondía y tampoco seguir con todas esas reuniones en las que se sentaban a la luz de su lámpara para tomar café, hablar de Shoto y… platicar como si no fuera nada raro, era raro pero mientras menos lo pensaba más se encantaba de saber cosas suyas.
Esto iba a parar, de hecho, cancelar la reunión era la primera cosa que detendría, la segunda iba a ser apoyar las empresas de los Yaoyorozu, por ello precisamente había acordado una cita con su abogado. Temprano en la mañana iba a cerrar ese asunto de una vez, no había consultado antes por problemas de tiempo pero ahora iba a dejar las cosas claras.
— "Un hijo…" —pensaba Momo.
Estaba segura, se escondió de nuevo en los archiveros, se apoyó contra una pared y pensó que era una tontería, que había tomado una decisión demasiado rápida pero que funcionó, Shoto estaba vivo y era lo que importaba.
Aquel fatídico día pasó tan rápido, recordó. Tanto como llegar, hablar con esa mujer y que ella le diera sus condiciones. Si contara el tiempo que le tomó decidir sobre Shoto, diría que habían sido menos de 2 minutos, su mente trabajó como una locomotora mientras extendía la mano para recibir aquella milagrosa fórmula.
Y las preguntas de verdad, ahora que estaba sola, surgían apenas, ¿cómo tenía esa mujer el remedio al mal de su amigo tan pronto? ¿Habría sido ella cómplice del ataque a la ciudad? ¿Estaría relacionada con la liga de villanos?
Podría ser así, lo más probable es que ella fuera la que le disparó a Shoto, aunque no era verdad. Cierto era que ella tenía intereses y que dirigió el ataque. Amalaba creó un veneno especial que cedió a la liga a cambio de información y un poco de dinero, pero se guardó el remedio, así que cuando estos decidieron atacar, guiados por su consejo, obtuvieron resultados poco productivos, ya que Shoto estaba vivo y recuperándose.
Había oído que los médicos dijeron que perdería el brazo, no podría caminar y que tal vez quedarían secuelas permanentes pero… PERO todo perdió fuerza cuando ella le dio aquel 'mágico' remedio. Esa mujer era de temer, era mejor no meterse más con ella.
— ¿Qué? —dijo sorprendido Hawks.
— Que la buscamos también —decía Dabi leyendo los archivos que el héroe le había entregado.
— ¿Qué hizo?
— Un trato conmigo y lo incumplió, la busco para arreglar cuentas.
— El ataque a la ciudad, aquel día, ¿fue idea suya?
— No —volvió su mirada al plumífero— fue… mía —admitió con algo de sosiego.
Sus fríos ojos azul turquesa destellaron porque un secreto lo llevaba a ese punto, quizás pronto le revelaría sus propios planes o razones, pero viendo la mirada en su cara, no estaba listo para nada.
— Esto nos servirá mientras nos asentamos, procuraré hablar bien de ti —le palmeó el hombro y se dio la vuelta.
— ¿Qué harás cuando la encuentres? —preguntó Hawks curioso.
— ¿Qué crees? —respondió como si su acompañante leyera sus fatales intenciones.
Antes de terminar el día, la determinación de un villano había llegado a la cúspide de sus deseos, así como los de aquellos que se rodeaban del silencio estremecedor de la incertidumbre.
El pelirrojo apoyó su cabeza en el respaldar de su sillón mientras veía por el ventanal cómo las luces de la ciudad le acompañaban al son de varias ideas, quizás revoloteaba demasiado el deseo de saber, de conocer, de vivir… cual si fuera una ligera y libre mariposa.
¿Qué estaba haciendo? Se preguntó ya cansado, iba a completar la tarea que dejó pendiente, Yaoyorozu tampoco se vio indispuesta ante su resolución, quizás hasta sería feliz, un ligero sueño de apoderó de él y aunque cabeceó por un segundo esperando no dormir, se durmió.
Despertó un par de horas más tarde, al reaccionar notó como un café en la mesita se ondeaba con un delicioso aroma, ¿quién? Miró para todos lados.
Todavía tenía trabajo que hacer, Endeavor se puso de pie, iba a ignorar todo lo demás hasta que se detuvo en seco, ¿habrá sido ella? Dijo para sí y levantó la taza con delicadeza, bebió y se llenó de la más amarga sensación.
— "Sin azúcar otra vez" —pensó recordando a la pelinegra.
Sólo había una persona en esa oficina que se atrevería a desafiar sus preferencias y también sólo alguien que tenía consciencia de las indicaciones superfluas de su médico, uno que creía como los demás que Endeavor tenía deseos de sobrevivir y seguir adelante con esa vida que poco a poco se consumía.
¿Qué daño le hacía ponerle el dulzor que tanto disfrutaba a su café? Yaoyorozu lo ignoraba por completo, bufaba insatisfecho pero al mismo tiempo… al mismo tiempo sonreía bebiendo aquella amarga bebida, su interna… su amable y considerada interna todavía creía que había un futuro en el que su jefe seguiría con vida.
— "¿Todoroki-kun?"
Se preguntó Momo, desde el rincón más oscuro de su habitación, veía su teléfono sonar, ya no sabía cuántas llamadas eran, cuántos mensajes sin contestar, cuántas palabras que había decidido ignorar, sólo sabía que era lo mejor para ambos.
Su palabra ya estaba dada, firmó un contrato con su voz y le dio su alma al demonio que esa mujer guardaba en su interior, una vida por otra. Acarició su vientre pensando en si sería capaz de llevar a cabo aquel mórbido plan.
Quizás sobreestimaba la capacidad de Endeavor, pero quería que su deber a cumplir sólo le tomara 1 noche. Una única noche en la cama de ese… de…
Tenía ganas de vomitar.
Flashback
— Esta cápsula bastará para salvar su vida —Amalaba le mostró una pequeña botella de vidrio— después de un año, si no tengo resultados —se refería al bebé o embarazo— la segunda y última cápsula será destruida. Y créeme, si quieres que viva una vida normal, querrás la segunda.
— ¿Por qué no me da las dos? Yo… puedo dejar cualquier cosa que necesite como garantía, incluso si es una propiedad o un monto de dinero.
— No, querida. No soy estúpida y si me vuelves a ofrecer dinero, las dos cápsulas se irán a la basura.
— ¡No fue mi intención! —le gritó Momo viendo como Amalaba hacía amague de tirar las delicadas cápsulas de cristal al piso.
— Para tu información, la primera cápsula es muy potente, no aguantaría las dos, necesita recuperar sus funciones vitales y la energía de su cuerpo en los primeros meses, por ello, al final del plazo, necesitará la segunda, que hará que todos los procesos anteriores sean permanentes, sellando incluso cualquier efecto secundario, ¡ésta es la importante! —le habló casi a gritos mostrando una segunda botella— porque contrarresta todos los problemas que traerá la primera. Así que te recomiendo que cumplas tu palabra, ¿todavía estás dispuesta? ¿Entiendes las consecuencias?
— Estoy segura —apretó los labios— pero necesita darme tiempo, Endeavor no es la clase de hombre que haría esto con alguien como yo, tiene moral y…
— Lo sé —dijo Amalaba orgullosa del pelirrojo— es un hombre increíble. Pero no es mi problema. Cuando acabe el plazo, quiero una prueba de que podrás embarazarte de él, de lo contrario, la segunda dosis acabará en la basura. No bromeo.
— ¿Una prueba? ¿Como… qué?
— Fotos, vídeos, lo que sea. Sé creativa.
Fin del Flashback
"Simple", claro, ¡nada era simple si se trataba de Endeavor! Sabía que lo prometió pero, maldición, meterse en las sábanas de un hombre como ese, podría ser una tarea titánica, casi imposible. En primer lugar, muy posiblemente la vea como una hija, segundo ella era el interés amoroso de su hijo y tercero, Endeavor no se arriesgaría a un escándalo, dado que ella era su interna/aprendiz y ese tipo de relaciones están prohibidas.
Y eso, descartaba por completo el nivel de moralidad que podría tener el pelirrojo, ¿qué podría hacer para pasar el cerco de aquel hombre? No tenía experiencia y no sabía sus posibilidades, pero necesitaba pensarlo, por el bien de Shoto, tenía que cumplir su palabra, iba a…
— ¿Señorita? —tocó a la puerta la voz que la hizo sobresaltarse— ¿Señorita?
Era una chica del servicio, Momo se levantó de la cama, descalza y abrió ligeramente la puerta.
— ¿Qué sucede?
— Disculpe, Señorita Yaoyorozu, pero llamaron de la agencia, dijeron que era urgente que se presentara mañana a primera hora.
— De-De acuerdo. Gracias por el recado —cerró la puerta.
Lo que pensó que podría haber sido algo no muy importante, de repente se convirtió en un caso de desapariciones múltiples, tanto había sido el revuelo que incluso se pidió ayuda a dos de las agencias más relevantes en cuanto a investigación de campo.
El día llegó como si nada, pronto se vio peinada, vestida y fresca, caminó hacia el portón de su casa y antes de poder si quiera poner un pie fuera, notó una figura peculiar esperando.
Se frotó los ojos, esperaba que hubiera sido una ilusión de su anhelante corazón, pero no, ahí estaba Shoto, fuera del portón de hierro, esperando… a su lado estaba un curioso pero reconocible peliverde.
— "¿Qué hacen aquí?" —se preguntó preocupada y un tanto airada.
Su cabellera negra, recogida ligeramente en un moño, se soltó ligeramente, notando cómo otros mechones más se salían de su lugar, era cierto, no terminó de ajustarse correctamente, pensaba hacerlo de camino pero cuando vio al bicolor esperarla fuera de su casa, lo olvidó.
— Larevel —llamó a una de sus sirvientas de la cocina.
— ¿En qué puedo ayudar, señorita? —preguntó la joven.
— Necesito que me ayudes a salir por la puerta de atrás sin que nadie me vea.
— Eh… claro, ¿hay algún problema? ¿Quiere que llame a alguien?
— No —la apartó a un lugar más privado—, sólo necesito salir sin que nadie me vea. Y si alguien pregunta por mi, ocúpate de decir que salí más temprano y no sabes cuándo volveré.
— Señorita… —dijo preocupada.
— Sácame de casa —rogó casi en desespero.
— De acuerdo, nadie la verá —le aseguró para calmar a Momo, la cual agitada no podía ni pretender estar calmada.
¿Cómo no obviar la respuesta? Ese desentono, el desasosiego, la desesperanza de un bello corazón que rogaba por huir, ésa era Momo, ésa era su vida ahora…
Fin de Episodio 13
