Hola de nuevo a todos, a pesar de haber retrasado un poco la publicación, aquí estoy :) espero disfruten de la lectura tanto como yo escribiéndolo. Tengan un bonito día, ya saben que pueden pasar por mi página de FB para ver las ilustraciones del episodio o para participar en los sorteos de comisiones de dibujo que hago cada que hay oportunidad.
¿Cómo me pueden encontrar en FB? Pues como /StarlingShadow
Nota: No al plagio por favor, copiar una historia que no es tuya y ponerla en otro sitio bajo tu nombre es plagio. Si ven mis obras en algún lado sin mi permiso ni mi nombre... avisen y/o denuncien al autor, gracias ^^
NADIE, SOY YO
Capítulo 15 – Un Sentimiento
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El cielo se ennegreció y suaves gotas de lluvia cayeron, elevó su mirada sin ningún pensamiento, ¿qué había hecho? Estaba arrepentida, necesitaba ir con el pelirrojo para pedirle su perdón, quizás esto era más difícil si se concentraba en que él nunca estaría con ella de ese modo.
Y si él la reportaba, incluso podrían despedirla.
Cuando pensó en rendirse algo vibró en su bolso, le llamó la atención y apartando los mechones sueltos de su cabellera, se tomó el trabajo de buscar lo que provocaba tal reacción.
— "El teléfono de Bubble Girl" —pensó de inmediato.
Tomó este entre sus manos y lo contestó, quería disimular su estado de humor, decir que había pasado el peor y más vergonzoso momento de su vida, era poco.
— Le ofrezco una disculpa, Endeavor tuvo que atender un asunto urgente y no pude llegar a la estación —dijo a través del teléfono, la persona al otro lado era la peliazul.
— No te preocupes, ¿dónde te encuentras ahora? Se escucha terrible —dijo con la lluvia a todo lo que daba.
— Uhm… —pensó y miró para todos lados, era una parada de autobús, pero no sabía exactamente dónde— creo que estoy muy cerca del parque central.
— Maravilloso, hay una cafetería muy cerca, estoy de camino, ¿te importaría esperarme allá? —preguntó animada la joven heroína.
— Desde luego —colgó.
Era un Coffee Cat.
Una agradable sorpresa, pensó para si Momo, un gato pasó por su pierna acariciándose y la miró con una calma que ella no podría mostrar jamás pero le alivió que hubiera alguien, alguien en este basto mundo al que pudiera mirar sin avergonzarse.
Se sentó casi junto a una ventana, había un gato blanco y gordo que dormía, le pasó la punta de los dedos por el pelaje sin despertarlo, sonrió. Pasaron algunos minutos y una muchacha del servicio fue por su pedido.
Un café, un agradable y sencillo café era todo lo que quería en ese momento. Para cuando tenía la mitad de su bebida, vio por la puerta de cristal pasar a la heroína Bubble Girl, la cual antes de saludarla fue directamente a acariciar a los gatos, luego se irguió y extendió su mano para saludar a la tímida interna.
— Gracias por esperar —dijo la peliazul.
— No tiene que decirlo, le agradezco que me haya pedido venir aquí —le entregó el teléfono.
— ¿Todo está bien? —preguntó la señorita Awata con cuidado y se sentó a su lado.
— Uhm… sí, todo está bien —mintió.
— Eres una chica muy agradable, no he tenido oportunidad de hablar con mucha gente desde que… Sir Nighteye se fue —admitió algo adolorida.
Era más factible que hubiera evadido toda interacción humana luego de lo sucedido, pero ahora, ahora que había decidido salir de su pequeña burbuja encontraba a alguien a quien decirle, no importaba que fuera la interna de otra agencia, sólo quería sacar de su interior algunas palabras atoradas.
No era como si tuviera grandes amigos fuera de la agencia y tampoco alguien tan confiable como para decirle, tan sólo sentía que podía ser honesta con esa muchacha de mirada triste.
— Lamento oír eso —respondió Momo.
— Está bien, eventualmente pasará —dijo y pidió un café.
Su bolso nuevamente vibró pero esta vez sí era su teléfono, así que lo sacó con calma y contestó, era de la agencia, iba a ignorarlo pero su drama femenino podía esperar, el trabajo yacía pendiente.
— Sí, gracias, ahí estaré —dijo Momo y colgó—. Tengo trabajo —miró a Bubble Girl apenada.
— No te preocupes, yo pediré un café y pasaré el rato con estas preciosas criaturas —extendió su brazo para acariciar al gato de la ventana, este se despertó ligeramente y ronroneó— pero no me molestaría que me llamaras si necesitas algo con el caso o para simplemente platicar, todos necesitamos un amigo de vez en cuando.
— Eso es muy amable —dijo Momo e hizo una reverencia antes de desaparecer.
Se vería muy extraño regresar luego de haber huido como una niña, estaba nerviosa, caminó a toda prisa hasta encontrar una parada de bus para poder ubicar la dirección, movió nerviosa su cabeza y pronto notó los letreros de las calles, se movió con rapidez.
Al cabo de unos 40 minutos, más o menos, llegó a su destino, no había sido tan difícil, por lo menos llevaba zapatos cómodos, giró su cabeza hacia el edificio de la agencia y dentro de sí se dio valor para continuar.
Entró y justo en la recepción se encontró con Endeavor, este no se encontraba solo y llevaba su traje de héroe, un pequeño aire helado le pasó por el rostro cuando notó a más personas a su alrededor, entre ellos el, para nada, no menos importante jefe de policía.
Hawks apareció detrás de todo el tumulto y fue directo a saludarla, parecía que el pelirrojo iba a estar muy ocupado durante un buen rato, este salió con toda esa gente no sin antes dirigir una mirada difícil de descifrar.
— Yaoyorozu-chan, llegas tarde —dijo el rubio.
— Disculpe —le contestó Momo inclinando ligeramente su cabeza y siguiendo con la mirada al pelirrojo— ¿a dónde van?
— Apareció un cuerpo en la bahía, va a recopilar información y verificar que no haya más peligros, dicen que vieron al culpable rondando, ya casi oscurece así que dijeron que era bueno ir lo más antes posible.
— ¿Debo ir con ellos? —preguntó animada.
— No, Endeavor-san dijo que tenía otra tarea para ti —le mostró una gran sonrisa.
Y vaya que era una tarea.
No se había dado cuenta en qué momento le vieron cara de asistente pero estaba en un punto que ya no le interesaba lo que debía hacer, parecía perder el camino, como si… ya no fuera una futura heroína, sólo la chica de los mensajes o café. Tal vez si no hubiera hecho lo que hizo, ahora mismo estaría, como los demás, haciendo rondas alrededor de la ciudad, peleando contra villanos o algo que tuviera relación con sus verdaderas capacidades.
Despertó de toda aquella cavilación para notar que estaba en la dirección que le habían indicado, la oscuridad de la noche se desvaneció ligeramente a causa de unas luces, era una zona comercial. Tocó la puerta al lado de una tienda y la recibió un pequeño, este con su camiseta de Doraemon abrió los ojos y volteó la cabeza para gritar.
— ¡MAAAAAAAAAAAAAAMÁ!
— Tranquilo, pequeño —decía Momo para evitar que siguiera gritando.
Del fondo de aquel sencillo lugar salió una mujer de mediana edad, con delantal, a toda prisa caminó hasta el encuentro de la recién llegada.
— Disculpe las molestias, soy Yaoyorozu Momo, de la agencia de Endeavor, sólo vine…
— Ya se a lo que vino, por favor, pase —dijo la mujer amable, luego volteó a su pequeño— ve a tu habitación y haz tu tarea, ¿si?
El niño asintió y volvió a mirar a Momo, la cual agitó su mano con suavidad.
— Mi hijo es algo hiperactivo —se inclinó— tome asiento.
La salita de la familia tenía un pequeño sillón mullido y una mesita con un par de adornos de madera que se asemejaban a los ogros rojo y azul de los cuentos. Momo observó el peculiar adorno mientras se acomodaba y sacaba de su bolso una libreta.
— ¿Le molesta que iniciemos? —preguntó ella.
— Claro que no —dijo la mujer y se sentó a un costado del sillón con las manos puestas en sus piernas.
— Me informaron que su marido y usted fueron testigos de un crimen.
— Oh… me apena tanto hablar de eso, mi esposo dijo que no quería que nos involucráramos pero nosotros vimos como mataban al pobre muchacho, no podía quedarme sin decir nada, no era justo para sus padres… digo, si… si algo le pasara a mi niño, querría que la gente dijera algo, que me ayudaran a encontrar al culpable.
— ¿Y su esposo? —preguntó.
— Llegará más tarde, pero la policía dijo que no había problema si me entrevistaba sólo a mi.
— Claro que no hay problema.
— ¿Puede describir lo que vio? —dijo Momo preparada.
— Volvíamos de la fábrica, el jefe de mi esposo le pidió que se llevara unas cajas a última hora y como no queríamos ir por la mañana, por el cumpleaños de mi niño, decidimos hacerlo. Pedí prestada a mi hermana su camioneta, para cuando terminamos de cargar todo, salimos del garaje y fue cuando escuchamos un grito a lo lejos, era… desgarrador —bajó la mirada— le pedí a mi esposo que fuera rápidamente con el auto hasta donde se escuchaban los gritos pero no quiso —suspiró casi atormentada— luego de casi media hora de pedirle que fuéramos a ayudar, me dijo que si, pero apagamos las luces y nos acercamos, notamos como un hombre de gabardina, muy alto, no sé si… más alto que mi esposo, él mide cerca de 1.90, pero más o menos. No pude ver su cara, sólo vi que tenía un cuchillo, el chico estaba tendido ahí, en el suelo, como las luces estaban apagadas, sólo vimos que estaba acostado, ya no se si vivo, mi esposo entonces tocó la bocina y encendió las luces, ese hombre se cubrió el rostro y se fue muy rápido. Llamamos a la policía y a una ambulancia pero era tarde, nos pidieron que no habláramos de esto con nadie, según ellos que porque podía perjudicar la investigación.
— La agencia se ocupara de resolver el caso, no se preocupe —dijo Momo tratando de animar a la mujer.
— Es terrible —bajó la cabeza y comenzó a llorar— pudimos salvarlo, pudimos… pero teníamos miedo, yo también tenía miedo… no era sólo él, mentiría si dijera que mi esposo fue un cobarde al no dejarnos acercarnos pero si tan sólo hubiera sobrevivido, el pobre muchacho…
— Ya no se preocupe.
De la cocina y ligero aullido se escuchó, era la caldera de agua que hervía.
— Lo olvidé por completo —se puso de pie la mujer— ¿no quiere un te o algo?
— Debo ir a la agencia para reportar su testimonio, no es necesario —hizo el amague para levantarse pero volvió a caer a su asiento como si estuviera pegada con chicle.
— ¿Sucede algo? —preguntó.
— Es que no puedo levantarme —dijo apenada Momo.
— Yori-kun ven aquí —llamó la mujer.
El niño salió de su habitación con unos juguetes en mano mientras se reía cubriéndose con estos.
— ¿Qué le hiciste a la señorita?
— Nada, mami, la broma era para papá —respondió el pequeño.
— Perdone a mi hijo —se inclinó la mujer— usa su quirk para bromas —miró a su hijo— que no son nada graciosas —frunció el ceño— ahora, Yori-kun, desactívalo, ya hablaremos con tu padre de este comportamiento.
— ¿Qué hace su quirk? —preguntó Momo apenada, aún pegada al sillón.
— Crea pequeñas esferas que puede poner donde quiere y les da la capacidad de ser pegajosas, como si fuera pegamento, a mi marido le sirve mucho ya que crea muebles en la fábrica y usa su quirk para unir muchas partes de estos. Tiene la capacidad de hacerlos muy fuertes para madera o metal, o suaves para materiales más delicados como papel o cartón.
— Suena interesante —dijo Momo mientras el pequeño se acercaba a ella con las manos extendidas para desactivar las propiedades de las pequeñas esferas.
— Pero no se preocupe, aún cuando mi niño no estuviera, como todavía es pequeño el efecto no dura demasiado, como 1 hr o menos —sonrió la mujer ayudando a levantarse a la pelinegra.
— Lo tendré en cuenta —sonrió.
— Si hay algo en lo que pueda ayudar, vuelva, no se preocupe, tal vez encuentre a mi marido y él tenga algo más que añadir, no lo sé.
— Es muy amable, gracias por todo, hasta luego —se despidió Momo.
Salió de aquella casa para luego intentar mirar su retaguardia, tocó su parte trasera para ver si había quedado algún residuo, porque como dijo que era como pegamento, era posible que quedara suciedad y no podía seguir su camino con manchas tan vergonzosas.
Pero pasando ese asunto, pudo terminar con la entrevista, dio un ligero suspiro y se limitó a volver a la agencia, dejaría la información luego de transcribirla en el escritorio de Endeavor, claro, él estaría fuera… haciendo sus rondas, lo que ella debería de hacer, si él tan sólo no la viera como una secretaria de medio tiempo.
No se tardó demasiado, vio el edificio desde fuera y las luces encendidas, entró con más tranquilidad y saludó al guardia de la entrada, subió al ascensor y tan pronto llegó al piso principal, vio que estaba desocupada, no habían personas, lo que significaba que podría transcribir con tranquilidad en el área de descanso aquel testimonio del testigo. Esperaba que Endeavor no le fuera a recriminar por no haber hecho las preguntas a la pareja, después de todo, le indicaron que necesitaban sólo a uno.
El área de descanso todavía contaba con gente, algunos héroes que también trabajaban en sus casos, otros que se marchaban y había unos que hacían rondas nocturnas. Ninguno de ellos le prestaba atención, por eso el ambiente era perfecto, como si fuera la protagonista de uno de esos vídeos de lo-fi.
Por otra parte Endeavor había llegado ya al edificio, encontraron a algunos delincuentes en el camino y pudieron obtener más pruebas del asesino, aunque ningún testimonio que les sirviera, necesitaban una descripción de su aspecto o alguna otra pista más que la de saber que compró algunas armas en el mercado negro o que robó dinero de algunas tiendas. Si pudiera decirlo, Endeavor pensaba que era sólo una distracción.
— ¿Y qué piensas hacer luego? —preguntó Hawks en el ascensor de subida.
— Necesito analizar todo este asunto, mañana regresaré a hacer una ronda por la zona, tal vez haya algo que pasamos por alto, además esos ampones que encontramos ni si quiera vieron su rostro, tan sólo dicen que es un hombre alto.
— Parece que estarás ocupado, ¿no quieres que me ocupe de la agencia por un rato?
— ¿A qué te refieres? —preguntó curioso el pelirrojo.
— Supongo que no sabes lo importante que es mantener la mente de los jóvenes ocupada —se refería a Momo y a su estado en la agencia.
— Uhm… —se mostró algo contrariado, luego de lo sucedido no sabía qué decir.
— ¿Pasa algo? —preguntó el rubio agitando sus alas, le gustaba como sonaba ese "uhm".
— Verás… —entraron algunos subordinados suyos al ascensor y saludaron al gigante rojo— hablemos en mi oficina —salió del apretado lugar faltando un piso para llegar a su destino.
Al estar dentro, Hawks cerró la puerta y se sentó cómodamente en el sillón, Endeavor levantó una ceja curioso, su oficina tenía las luces encendidas, pensaba que las había apagado, quizás alguien de servicio lo olvidó. No le prestó más importancia.
— Ahora sí, dime —no quitaba sus ojos de encima.
— Pasó algo extraño —confesó.
Quizás era porque era lo más raro que le había pasado en la vida o quizás era porque no tenía un amigo a quien poder decirle algo como eso, Hawks podría ser muchas cosas pero era muy buen compañero, hablaba mucho pero no era chismoso, así que luego de contarle tantas cosas de su familia, pensaba que era el más apropiado, después de todo… consideraba también que era muy popular con las mujeres y sabría deducir esto mejor que él.
— Es… algo que pasó con esta muchacha —se refería a Yaoyorozu, pero volteaba la mirada porque todavía le apenaba contar tal experiencia.
— ¿Qué fue? —dijo el rubio comenzando a juguetear con sus propias plumas.
— Ella… se portó diferente.
— ¿Diferente?
— Sí —se apoyó en su escritorio para mirar hacia Hawks— fue como… en un momento estábamos estacionando el auto antes de ir a la estación de policía y ella… —no iba a contarle de su ataque de pánico, así que trató de eludir lo más que pudo las razones— puso su mano sobre la mía, luego la subió por mi pecho y-
— Vaya, vaya, dijiste que nada iba a pasar luego de tener el poder sobre los negocios Yaoyorozu.
— ¡Suficiente! —le llamó la atención— ella y yo no tenemos nada, fíjate lo que dices, es apenas una niña y es la novia de Shoto.
— Entiendo, ¿pero no crees que algo como el "poder" que tienes sobre ella la está guiando a hacer algo mal? Quiero decir, tal vez quiera que le devuelvas las empresas de su familia de "otra manera".
— ¿La crees capaz? —preguntó incrédulo.
— No sabemos qué tipo de persona es, hasta donde tienes entendido es una chica rica de familia acomodada que encantó el corazón de tu hijo, es todo lo que sabes, tal vez crea que así recuperará más fácil todo.
— Mi hijo no le confiaría su cariño a alguien tan frívolo —dijo el pelirrojo pensando en alto.
— Pero es extraño, yo te diría que tengas cuidado, aunque… —miró de reojo al pelirrojo que ya no le prestaba más atención— ¿tú no sientes que querrías tomar un beso suyo en una situación así? —preguntó de repente.
— ¿Qué? —respondió al instante como si saliera de un trance— estás loco.
— ¿En serio? —preguntó Hawks—. En todos estos años, nunca pero nunca te has planteado la idea de ver un camino torcido en alguna decisión, Endeavor-san…
— Antes que tomar un "camino torcido", como le llamas, ehm… —no sabía como expresarse— sabes, preferiría besar una planta —concluyó molesto—. No me creas tan débil como para sucumbir a —se sostuvo la cabeza— ¿sabes qué? Creo que hemos terminado, sal.
— Uhmmm… a la orden.
Dio un ligero salto y levantándose con ritmo se fue de la oficina, Endeavor caminó hacia la puerta y bajó las persianas al estilo americano, se quedó un segundo para luego poner el seguro, quería evitar malos entendidos.
Mientras platicaba con su plumífero compañero notó como una sombra desde su baño se movía, creyó que había sido su imaginación pero luego la volvió a notar, fue hacia este y tomando el pomo de la puerta la abrió suavemente para encontrar a una apenada pelinegra sentada en el piso, a un costado de la pared, con la mirada baja y con unos papeles entre sus manos.
— ¿Terminaste de espiar? —preguntó serio.
— No quise hacerlo, tuve miedo de salir cuando llegaron, pensé que se irían pero se quedaron a hablar y…
— Supongo que si escuchaste todo no tengo que decirte nada más.
Quería preguntar, quería decirle tanto, saber si era tan desagradable que preferiría besar una planta, era tonto decir que había tocado ligeramente su orgullo, siempre fue reconocida por ser la mejor, la más inteligente, la más guapa y ahora él la aplastaba con barreras, si era así, ¿cómo podría cumplir su misión? Él no la veía ni si quiera como una mujer, y de facto, ella no era más que una niña a sus ojos, una niña…
Tener un hijo con este hombre era un error, un nauseabundo error.
— Son las notas del testigo —dijo estirando el brazo con las hojas, se había tomado el trabajo de escribir cada detalle.
Pero el pelirrojo, en lugar de dejar que este asunto pasara como si nada, la tomó del brazo y no de la muñeca, la levantó del piso y la agitó para que despertara de esa locura, ella quería recuperar lo que él le había arrebatado de la peor manera y eso le despertaba sensaciones negativas.
— Estoy cansado —admitió— vete a casa, mañana harás rondas con Hawks.
Le hubiera sido suficiente decirle que no iba a trabajar más con ella, que no deseaba tener ningún contacto y que quizás estaba cansado de lidiar con males o caminos sin retorno.
Mas ella al ser levantada de forma brusca levantó la mirada con el ceño fruncido, lo miró como nunca había visto a alguien más, sacó de sí misma la fiereza de enfrentar este peligro, no podía evitar sentir asco, sentir… aversión por su contacto, así que dejó su mano libre sobre el pecho de este y haciéndolo puño le golpeó.
— ¿Qué fue eso? —preguntó molesto el pelirrojo.
— Idiota… —murmuró muy bajo— no llamaré a Shoto porque él y yo nunca estuvimos juntos, no somos nada y yo soy tan libre como quiero, no fue mi intención caer en esto, nunca lo fue… —se podía interpretar de dos maneras, una que entendía Endeavor y otra que entendía ella al ser obligada a algo tan bajo.
— Entonces te pediré que despiertes de esta locura, que abras bien los ojos y conozcas tu lugar —la soltó de golpe, Momo se hizo para atrás y salió corriendo de ahí.
¿Cómo iba a pasar por encima de esa barrera? Se preguntó ella, ¿cómo podía estar con alguien que rechazaba por todos los motivos del mundo? ¿Cómo? En ese instante sintió que no era capaz de sobrellevar toda esa carga pero si renunciaba, la imagen de Shoto caería a pedazos. Necesitaba la segunda dosis de aquel remedio, y lo peor era que las humillaciones no pararían con esa noche.
Su amor era grande, tan grande como su paciencia pero tan inalcanzable que Shoto jamás podría tener un poco, lo irónico era que ella misma tampoco se quería en ese momento y quizás, luego de lo que tendría que hacer, nunca más lo haría.
¿Qué habría sido capaz de hacer? Se preguntó Endeavor, si él no hubiera movido su mano, si él no la hubiera evadido, ¿qué habría sido capaz de hacer aquella delicada ave con alas de cristal?
— Ella… —dijo viéndola huir.
Abrió su gaveta de medicinas y tomó sus pastillas, luego abrió la llave del agua y la dejó correr para hundir su cabeza en aquella cristalina calma, se ahogaba, se quitaba el mismo aire hasta realmente necesitarlo. No podía confiarle su hijo a una jovenzuela así, estuvo todo ese tiempo creyendo que ella era noble, valiosa y única, pero parecía ser sólo un espejismo en ese desierto. Quizás el más decepcionado era él.
El teléfono de su oficina sonó, fue a atenderlo, era su hija, le preguntaba si podían salir a cenar. Fuyumi era tan trasparente, era obvio que guardaba una sorpresa, intentó contener su enojo por lo sucedido momentos antes pero su hija lo leyó casi de inmediato, dijo que llamaría más tarde porque recordaba que tenía algo que hacer y rápidamente colgó.
Era considerada y dulce, como su madre, suspiró; quizás ese tiempo de padre-hija que habían tenido en las recientes semanas había sido iluminador, su hija, su amable y tierna hija…
¿Qué le dejaría? Recuerdos vagos de pláticas poco amables, momentos agrios en días grises, un dolor en el corazón y luego… vacío.
Se tomó la frente como si le doliera nuevamente, el constante padecimiento le recordaba que no había más tiempo para pensar, ¿cuánto realmente le quedaría? Ojalá pudiera ver el contador de días sobre su cabeza, tener los ojos de la muerte y saber pero nadie en ese mundo tenía idea. Lo único que sabía era que quería que fuera ya.
Regresó a su hogar con aquella rabia que lo consumía por dentro, mientras miraba a su alrededor descubrió a su hijo acostado en el sillón, viendo la televisión, este le puso atención también.
— Te ves mal.
— Lo mismo digo —respondió el pelirrojo y Shoto esbozó una mueca como si le pareciera graciosa su respuesta.
No iba a pedirle que se sentara a ver televisión con él, así que giró su cabeza para hacer como si no prestara atención, su hermana apareció de repente, al ver a su padre saltó con una ligera sorpresa y sonrió.
— Papá, siéntate, acabo de terminar de hacer una receta de batatas muy rica, les encantará —se fue de inmediato.
Endeavor caminó lánguido y se sentó a cierta distancia en el mismo sillón donde su hijo veía televisión cambiando de canal en canal con desanimo.
— ¿Sabes qué son las batatas? —preguntó.
Shoto rió por lo bajo.
— No… —le murmuró.
Haciendo zapping encontró finalmente un canal de documentales donde pasaban historias asombrosas de héroes, entre ellos All Might.
— ¿Cómo está tu pierna? —preguntó.
— Funciona cada día mejor —tosió ligeramente— pero todavía me falta el aire —concluyó.
— ¿Te ha examinado el médico?
— Tengo una revisión en algunos días, no hay prisa.
— ¿Y los moretones de tu pecho?
— Iguales.
No se quitaban, parecían manchas permanentes, quizás era su idea pero los médicos se limitaban a decir que las marcas desaparecerían, sin embargo algo dentro de sí mismo le decía que era extraño.
— Debes… cuidarte —añadió el pelirrojo.
— Hoy realmente estás muy hablador y llegaste temprano, ¿por qué? —dijo curioso el bicolor sin quitar la vista del televisor.
— Nada en especial —simuló pero la molestia por aquel encuentro con Momo le recordó lo enojado que estaba.
Se levantó de golpe y se fue, no quería que su hijo hiciera más preguntas porque si hablaba de la pelinegra, iba a soltar el veneno que se había tomado horas atrás. Fuyumi apenas había llegado con las batatas y el pelirrojo pasó de largo, se encerró en su sala de entrenamiento y quitándose la camiseta procedió a entrenar para sacarse esa rabia.
¿Por qué estaba tan enojado? Todavía no lo entendía, debería sentir molestia, simplemente eso, pero se sentía tan personal, como si se hubiera equivocado. Apostando al que creía que era un caballo ganador pero no pasaba de ser una simple y barata yegua.
¿La odiaba? No sabía.
No sabía nada de sí mismo, ni si quiera de lo que estaba comenzando a sentir, para su mala fortuna.
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Fin de Episodio 15
