Hola a todos :) pasando por aquí a dejar el episodio de este mes, espero lo disfruten, no olviden que el cover del episodio está en mi página de FB /StarlingShadow

No olviden dejar su comentario, esa es la manera en que apoyan al autor a seguir escribiendo, ya saben ;) hasta el próximo mes~

Se cuidan


Nota: No al plagio por favor, copiar una historia que no es tuya y ponerla en otro sitio bajo tu nombre es plagio. Si ven mis obras en algún lado sin mi permiso ni mi nombre... avisen y/o denuncien al autor, gracias ^^


NADIE, SOY YO

Capítulo 17 – Él no/lo Sabe


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Las horas, ¿cuántas pasaron? Se preguntó abriendo ligeramente sus ojos, no veía nada, todo estaba oscuro, sólo escuchaba murmurar a alguien, no entendía lo que decía pero una cálida sensación le acompañó, su mejilla, la estaban tocando, ¿era él? Se sorprendió, pero a pesar de querer despertar, un pesado sueño llegó, como si fueran toneladas de arena sobre sus párpados, al poco tiempo volvió a abrir sus ojos y una luz le encegueció, ya era de día.

— ¡Yaomomo-chan! —gritó Tsuyu a su encuentro, la abrazó y la soltó para mirarla.

— ¿Qué pasó? —preguntó de nuevo, aturdida y nerviosa.

— Chocaste contra una valla eléctrica —decía preocupada la ranita— ¿recuerdas algo?

— No, no recuerdo mucho.

— Por suerte el médico dijo que todo estará bien, hiciste bien en crear un chaleco que evitó quemaduras mucho más severas… —dijo una voz muy conocida en la esquina de aquella habitación.

Momo giró y vio a Todoroki, su Todoroki, con los brazos cruzados, viéndola desde una distancia prudente, como si no pudiera estar ahí, con los ojos de un rechazado, agobiado por la distancia y consciente del daño.

— Todoroki-kun —musitó ella.

— Jeje… los dejaré para que hablen —decía Tsuyu mientras se iba rápidamente.

Estos tórtolos no quitaron la vista el uno del otro, seguían mirándose hasta que el bicolor descruzó los brazos y caminó hasta la cama de Momo, tomó un asiento y se acomodó para estar frente a ella.

— ¿Pasé mucho tiempo aquí? —preguntó.

— No demasiado, sólo desde ayer —bajó la mirada— nos preocupaste —decía con aquella voz tersa como fina piel.

— Tengo que disculparme por causar tantas molestias —dijo pero estaba contenta, por unos minutos se le había olvidado su situación, lo miraba feliz e ilusionada, con unas mejillas ligeramente rojas.

— No hay nada que deban perdonarte —sonrió discreto y levantó la mirada— Yaoyorozu —comenzó con aquella conversación personal que nunca han podido tener— cometí muchos errores, tal vez te lastimé y por eso no has querido hablar más conmigo, yo sólo quería saber cómo estabas, eres la persona que más me ha importado y… —acercó su mano a la suya y cuando estuvo a punto de tocarla, una tenue corriente eléctrica los hizo tiritar.

La pelinegra inmediatamente retiró su mano de la suya, pronto recordó dónde había estado, con qué maneras lascivas había tocado al padre del bicolor, cómo lo tentó con sus delicados modos, ni si quiera reconocía su propio ser en ese recuerdo.

— Yaoyorozu-san, ¿qué es lo que sucede? —dijo con suma preocupación— ¿qué he hecho para que me trates de esa manera? Sólo quiero saber, necesito… —suspiró hastiado— entender, me conformo con que estés bien pero no puedo, no aguanto cuando pones un muro entre nosotros, no es natural, no me deja un buen sabor de boca, quiero tu sinceridad, que me hables, que…

No podría huir, aunque quisiera, estaba acorralada por las palabras de aquel pajarillo herido que se asomaba a su ventana, era claro que su alejamiento le había provocado pensamientos irremediables pero no era el momento, quería estar tranquila, así que antes de que él siguiera se levantó de la cama, un dolor pronto reaccionó a tal acción, era su espalda, estaba vendada pero aún sentía la quemazón.

— Tengo que ir al sanitario —dijo ella con prisa.

— Basta, Yaoyorozu-san, ¡ya basta! —dijo intentando detenerla.

— Quiero… ir…

Aquella mirada esquiva y cuerpo tembloroso, tan sólo era eso, la estaba lastimando, así que… prefirió alejarse, la soltó y ella inmediatamente se apoyó en su cama, miró por encima a su querida amiga, aquella a la que tanto había deseado proteger y se apartó más.

— Ve, no hay problema, te dejaré descansar —dijo completamente hastiado de pelear el bicolor. Dio unos pasos a la puerta— se más cuidadosa la próxima vez —salió de la habitación.

Aquel golpeteo de su loco corazón poco a poco se detuvo, apoyó sus manos en la cama y volvió a subir, tomó su almohada y la abrazó girando para un lado, no quería que nadie la viese llorar, no de nuevo, ¡ese maldito corazón suyo! Todo la delataba, desde su sonrojo, hasta su emocionado rostro pero no era momento de mostrarse, era tiempo de acabar enterrando lo que sentía, a pesar del ruego de su par, a pesar de que todo el mundo le pedía renunciar a eso, verlo irse cojeando le daba un agrio sabor de boca, le recordaba la razón por la cual se hacía eso.

No iba a quedar nada, luego de Endeavor, no iba a ser nadie, tan sólo un recuerdo de lo que fue la digna heredera de la familia Yaoyorozu, heroína en su vida y un manojo de vergüenza durante lo que le restara de existencia.

Un sucio amor jamás se borraría de sus memorias y menos las de otros, además de eso, habrían consecuencias y con ellas pagaría su deuda al demonio al que le vendió su todo.

No muy lejos de ahí estaba Endeavor, veía de lejos la situación, no había visto a su hijo marcharse, llegó tan pronto la pelinegra se acomodó de espaldas a la puerta de la habitación con el cuerpo agitado, su respiración no era normal por la forma en que se movía, pensó.

Dio un paso para acercarse desde fuera, otro para llegar hasta la puerta, quizás había dado pasos muy amplios, se dijo porque ya estaba a punto de entrar, suspiró ligeramente y pensó que debía darle una disculpa, ella tal vez no lo recordaría pero él si y si no sacaba esa oscuridad, lo consumiría. Arrepentido el pelirrojo pasó la puerta, esta chirrió e hizo que Momo notara su presencia, sensitiva a la presencia del bicolor, se puso a la defensiva, abrazaba su almohada con el rostro empapado en lágrimas.

— Yaoyorozu —pronunció su nombre.

No era Shoto, advirtió a su mente la joven, se aferró más a su único consuelo, aquella hueca y aplastada almohada.

— No es el momento —dijo con una ahogada voz.

— Quiero decir algo —siguió Endeavor— ¿me escucharás?

— Per-Perdón —tartamudeó dejando fluir sus emociones.

Enji bajó la guardia y cerrando la puerta tras de sí caminó hacia ella, se acomodó en la cama, del lado del que ella estaba aferrada a no voltear, no dijo nada al verla ahogada en lágrimas. Pensaba, creía, intuía que la había lastimado, después de todo, en su mente sólo rondaban las ruines palabras "ojalá desaparecieras", así que no pecó del todo, fue un error. El de creer que era el motivo de su ahogado llanto y el de creer que lo que le dijo era verdad.

— Recuerdas cuando me trajiste al hospital —mencionó el pelirrojo alcanzando el rostro de la joven— te quedaste en una silla a dormir, me acompañabas mientras todo era tan silencioso pero contigo, no lo era tanto —usó su dedo pulgar para limpiar sus lágrimas mientras apoyaba ligeramente sus otros dedos en su mejilla— creo que la soledad no era la misma cuando estabas molestando alrededor —emuló una sonrisa, no sabía cuán extraño se veía su rostro y no le importaba.

¿Endeavor reír? ¿Desde cuándo era tan raro? Extraño a sus propios gestos se mantuvo firme en su discurso.

— Los momentos que pasamos, fueron agradables, no mentiré…

Momo sonrió.

— Lo que dije, de que sería mejor que desaparecieras, no fue en serio, no lo hagas —albergó dentro de sí una sensación que no había sentido antes.

Antes de retirar su mano de aquella ligera caricia, Momo lo retuvo con ambas manos, y lo haló hasta ponerlas sobre su mejilla de nuevo, esta vez con la palma abierta, con aquella cálida palma sobre su rostro, ella cerró los ojos y sintió un breve alivio a sus heridas.

— Acerca del cambio…

— No sucederá —dijo en tono de promesa el pelirrojo—. Pero recuerda que eres sólo mi interna, no quiero que sigas colmándote de ilusiones, ¿bien?

— Más claro que el agua —musitó aún sintiendo la caricia de la enorme mano de Endeavor sobre su mejilla.

— Ahora duérmete —pidió entre serio e indiferente, al menos era lo que él quería que pensara su interna.

¿Qué clase de actitud era esa? Su dedo pulgar se movió circularmente como si la acariciara, la ternura no era para él y menos esta sensación que le hacía cometer este terrible error. Tan sólo tenía que mirarse, acomodado en la cama de su interna, acariciando su rostro como un delincuente, diciendo cosas alejadas de la verdad mientras seducía al destino.

Una ilusión que se negaba a pensar que existía se presentó, pero todo se desvaneció al momento, ¿era apropiado decirle que no habría un mañana?, no sabía cuándo aquel ansioso dios de la muerte, tomaría su alma para la eternidad, ¿estaba siendo egoísta?

Sólo quería disfrutar de su no-soledad todo lo que pudiera… porque el verla descansar y suspirar le hacía pensar en un futuro.

Momo dormía profundamente luego de un pesado llanto, así mismo aprovecho el salir de la habitación, miró el pulcro pasillo y toda la gente que pasaba por este, enfermeras, médicos y negó para sí mismo que fuera algo deseable, en algún momento estaría en un ambiente así, arrastrado por sus dolencias, incapacitado en sus últimos momentos, quizás, el terror de la nada le envolvió.

Si su teléfono no hubiera sonado, se habría enfrascado en esa sensación, al otro lado le hablaba el jefe de la policía, le avisaba de un nuevo cuerpo encontrado en un área industrial y por las evidencias en la escena del crimen, podría ser del mismo caso que investigaba.

Sacó los guantes de su bolsillo y se los puso para luego abrir su camisa ligeramente, el trabajo le llamaba.

Después de unas merecidas horas de descanso los ojos de la pelinegra se volvieron a abrir, giró a todas partes como si hubiera olvidado algo pero luego lo recordó, Endeavor se había quedado con ella y no estaba más, suspiró con alivio, habían pasado de ser dos conversadores amenos a extraños amigos íntimos, lo curioso era que no sentía miedo ante tal toque, era inocente y nada desagradable, se tocó la mejilla ella misma, quizás para comprobar si daba igual quién la acariciara…

— Señorita Yaoyorozu —dijo un médico entrando por la puerta ligeramente cerrada.

— Buenas tardes —saludó la pelinegra.

— ¿Cómo se siente? —preguntó el hombre de la bata blanca mientras se acercaba a Momo.

— Mucho mejor —sonrió un poco.

— Perfecto, ¿podría sentarse? —pidió amable.

Se acomodó mejor en la cama, el médico le puso la mano en el hombro y la instó a agacharse hacia adelante, le abrió la bata y procedió a quitar las vendas que tenía, iba a revisar el progreso de sus heridas. Múltiples y ligeras quemaduras en la espalda y brazos; la espalda lucía mucho menos roja, los brazos parecían seguir necesitando vendas por las heridas abiertas.

— Ya terminamos —dijo cerrando la bata de la pelinegra— pues yo no veo impedimento, puede irse a casa o a realizar sus actividades preferidas, ¿quiere que la enfermera llame a alguien?

— No lo creo —pensó en que su familia seguía dispersa, lejos del país u ocupados con empresas que caían en la quiebra.

— No haga ejercicio por una semana —sacó una libreta y escribió algunas cosas— aquí le dejaré algunas recomendaciones y medicamentos, pídalos a la enfermera al salir.

— Eso haré…

— Por cierto, no tiene que preocuparse por el pago, la agencia insistió en cancelar todo debido a que fue un accidente laboral, tiene mucha suerte —dijo y se retiró.

La agencia no tenía ningún deber laboral para con ella, esto era consecuencia de la culpabilidad que el pelirrojo sentía, este hombre pagó todo sin pensarlo dos veces, aún sabiendo que Momo era perfectamente capaz de hacerlo, lo hizo, ¿para qué? Un dejo de molestia intervino sus pensamientos. Endeavor es la clase de hombre que puede compensar a una mujer por la culpa (¿?) o quizás se sentía con el poder suficiente sobre ella como para considerarla su responsabilidad.

Un momento era un hombre tosco y pesado, al siguiente, era amable y cariñoso, ¿sería bipolar? Cambios de ánimo bruscos, tanto como un barco en la tormenta o como un día soleado opacado por las nubes.

Se vistió, ya no tenía nada más que hacer y era mejor desaparecer antes de que aquel conflictivo bicolor fuera a zarandearla con sus preguntas o que Tsuyu la llevara a otra trampa; tenía buenas intenciones, pero no era apropiado. Hubiera sido mejor que Endeavor volviera, así tendría una excusa, su trabajo podría seguir siendo de oficina, así no tendría que realizar ninguna actividad física.

Fue a la enfermería y recibió lo de su prescripción, iba de camino a la puerta cuando vio por el portón de cristal cómo unas alas rojas se destacaban, este era Hawks, quien la saludó agitando su mano.

— ¡Yaomomo-chan! —le dijo acercándose a ella, le tomó ambas manos y le sonrió, sus ojos expresaban preocupación.

— ¿Hawks-senpai? —respondió aquella acción sorprendida y algo apenada.

— Quería entrar pero recibí unas llamadas que me tomaron tiempo, ¿ya vas de salida? ¿Tan rápido? ¿Cómo te sientes? —la soltó.

— Sí, el médico ya vio mis heridas y me dieron algunas cosas —le mostró una pequeña bolsa de papel con el logo del hospital— estaré bien mientras no haga nada peligroso.

— Es un consuelo —sus alas se agitaron ante el alivio.

— Iba a regresar a la agencia, ¿vas de camino? —preguntó caminando por delante a lo que Hawks le siguió el paso.

— No, para nada, tengo una reunión con alguien —agregó por lo bajo— pero no deberías volver, ve a casa, descansa, come algo, llénate de energía y regresa.

— Ya me consintieron demasiado, creo que es hora de moverme —era verdad, tuvo un cuidado excepcional.

— Debe ser porque Endeavor-san lo pidió al director del hospital, dijo que eras un elemento valioso en su unidad, jajaja nunca había lo vi tan serio —se tapó la boca.

Quizás se pasó, no debía mencionar nada de ello porque el pelirrojo le había pedido que fuera un secreto, entonces la pelinegra miró a su acompañante, se detuvo y esperó que dijera más, se puso frente a él para ponerle más presión, a lo cual el plumífero héroe no tuvo remedio.

— ¿Por qué?

— Creo que te aprecia, ya te lo había dicho antes.

— No es cierto, ¿qué pasó?

Los frescos recuerdos de Hawks se disolvieron ante las cuestiones, tensó su rostro y no pudo decir más que lo que sabía, había intentando que estos dos no supieran el uno del otro pero era muy difícil no hablar cuando se sentía cómodo con ambos.

En un punto se preguntó si era tan malo negarse a lo de Amalaba, si Yaoyorozu sentía algo genuino por Endeavor, ¿no querría ayudar a salvarlo? Después de todo, sería un bien mayor, ¡no! Pensó de nuevo Hawks, no era correcto, usar a una persona para fines tan viles se consideraba una villanía.

— Le pedí que te ayudara a tener un tratamiento adecuado. Me sentí un poco culpable, ya sabes, no evité que esas plantas se enredaran en ti, debí prevenirlo, digo, soy el segundo al mando y fallé en evitar un desastre, que no haya pasado algo mayor tampoco es algo para sentirse orgulloso —dio todo un discurso esperando que Momo creyera una historia que entre verdad y mentira ocultaba el ferviente ánimo y la genuina preocupación de Endeavor por ella, aún si fuera un cariño como el que un padre siente por una hija, aún cuando fuera un deseo prohibido de un hombre formado como él hacia una muchacha que no pasaba la edad de su hijo, iba a ocultar lo que sea que sintieran ambos.

— Oh…

Es todo lo que Momo dijo, no parecía decepcionada, de hecho lo tomó como lo más normal del mundo, podía leer sus emociones al hilillo cuando reaccionaba, lo único que le preocupaba era que siempre tenía los ojos tristes, era ese tipo de tristeza que punzaba el corazón a cualquiera que hablara más de dos palabras con la pelinegra, ¿sería que algo más le pasaba? En un principio pensó que era porque su 'amor' era no correspondido pero no, no era eso, con cada conversación se convencía de que lo que sea que ella guardaba para con el pelirrojo no era aceptable, por lo tanto debía evitarlo.

La agencia de Endeavor no quedaba muy lejos si se viajaba en un taxi, Momo salió del transporte y miró por un segundo el edificio, cerró ligeramente los ojos como si no pudiese ver, para luego volver a la normalidad.

— Tengo algo de tiempo, ¿quieres tomar algo? —destapó su brazo para ver su reloj— aún es la hora de la comida.

— Claro —dijo mostrándose animada, caminando por delante.

Aprovechando la oportunidad a solas podría tantear el terreno, saber si ella guardaba algo, quizás Amalaba la tenía como una rehén con algún tipo de chantaje, ¿pero qué tendría para usar en contra suya? Hasta donde sabía Momo-chan era adinerada, sin ningún punto débil.

— ¿Crees que todavía sirvan pastel de queso? —preguntó Momo al distraído plumífero.

— Ahh… creo que sí, no he venido a la hora del almuerzo últimamente —confesó el rubio.

La música del ascensor se sintió tan vacía, como si ese momento a solas los estuviese consumiendo, mientras Momo estaba absorta en lo que comería, Hawks sólo tenía en mente el asunto de Amalaba y no era sólo eso, sino la situación por la que estaba pasando su amigo. Quizás lo más preocupante era verlo comer pastillas como si dulces fueran, todo para pasar un dolor, que posiblemente, lo estuviese consumiendo en sus momentos más álgidos de sufrimiento.

Pero no siempre funcionarían y no era como si éste medicamento retrasara su enfermedad, era como si sólo le estuviese quitando el dolor, llegado el momento algo en su cabeza explotaría y ¿quién salvaría al héroe Nº1?

— Yo pediré… eh… —levantó la mirada y vio el cartel de comida disponible— tempura, ¿lo has probado, Yaomomo-chan? —puso sus manos en la cintura y la joven giró hacia él.

— No lo creo —respondió.

Después de esperar un rato, ambos caminaron con sus pedidos hasta una mesita en un rincón de la cafetería de la agencia, habían muchos héroes que trabajaban ahí comiendo, todos distraídos, otros gritando, era extraño pero la mayoría parecía ser afín al fuego, ¿sería un requisito? Se preguntó Momo divertida.

— ¿Y… qué tal va todo? —preguntó el rubio.

— ¿Todo?

— Perdón, creo que no lo dije bien, ¿todo fuera de aquí?

— Ah… —respondió y tomó el pequeño tenedor que le dieron junto a su pedido— yo creo que bien —dijo poniéndolo sobre su pastel y arrancando un pedazo.

— Yaomomo-chan… ¿qué es lo que buscas conseguir de Endeavor? —preguntó seriamente de pronto.

La pregunta hizo que ella se detuviera y mirara por un segundo antes de probar un bocado, dejó el pequeño tenedor sobre un platito y miró a Hawks, como si la respuesta correcta no fuera la que buscaba.

— Una experiencia de héroe para aplicar en mis días ocupacionales —respondió atípicamente seria.

— Amalaba… —dijo suavemente como si susurrara— ¿sabes quién es? —subió sus brazos sobre la mesa mientras miraba fijamente a su presa.

De pronto el sonido intermitente de cubiertos, voces, gritos e incluso el del exterior se detuvo, si él sabía de su trato con aquella villana, ¿la denunciaría? Podría incluso perder su licencia por cometer este crimen, cooperar con un villano no era lo peor que podría aparecer en sus expedientes sino perder su oportunidad de salvar a Shoto.

Así es, todo esto rondaba en que si Hawks se enteraba de su trato con un villano, la vida de la persona que más ha querido correría peligro, la verdad estaba por un lado y una mentira del otro.

— ¿Q-Quién es? —su voz perdió la compostura por un instante tartamudeando.

— Recuerdas el incidente del té de Endeavor, él me pidió hacer una investigación secreta, no lo he difundido ni le he dicho nada a él, pero llegué hasta esa mujer, una villana de baja calaña, alguien curiosamente interesada en dañar al héroe Nº 1.

— ¿En serio? —preguntó intentando sonar confundida.

— Ella trabajó en la agencia y de alguna manera, aún no se cual, envenenó las bebidas de Endeavor, esto provocó la alergia que tuvo, entre otros síntomas, por eso estuve investigando, además… como eres una interna de la agencia, quería saber si… sabías algo fuera de lo que estoy investigando.

— Es la primera vez que escucho algo así, ¿atrapaste a esa villana? —preguntó, mentía para salvar su misión.

— No, sólo la seguí hasta una cafetería en el centro, la pista se perdió desde ahí, pero… sería bueno que lo sepas. Además estaría muy mal que la ciudadanía supiera de un atentado a la vida de quien representa la seguridad de todo el mundo, ¿verdad? —decía mientras analizaba la nerviosa cara de Momo.

— Claro, yo te avisaré si sé algo más, gracias por confiar en mi —dijo y miró a los ojos de Hawks, éste se sorprendió por la dureza de aquella expresión, era como si estuviera decidida a encubrir algo.

— Bueno, recordé que tengo algo que hacer, te veré más tarde —se levantó de la mesa— Yaomomo-chan —le palmeó el hombro y se fue de allí.

Un suspiro casi frenético luchaba por no ser descubierto, se puso la mano en el pecho mientras miraba aterrada a la nada, con la pregunta en su mente y una confirmación en sus delirios.

— "Él lo sabe… lo sabe" —pensó Momo, quizás como un ratón en un mundo de gatos.

Además, quizás Hawks no era el único peligro en su historia, también estaba Shinsou, este que luego de haber pensado en dejar pasar el problema que tenía con Momo, de saber o pensar que ella tenía un romance con el padre de Shoto, decidió continuar con aquella insana cacería de brujas.

Quizás ir a los medios con las pruebas era el modo correcto de hacerlo; jugaba con un cassette entre sus manos. La televisión no paraba de hablar de los héroes que salvaron la planta eléctrica, veía las noticias con expectativa, notando dos rostros muy conocidos; durante una entrevista al pelirrojo, los ojos de este se movían de una manera extraña, como si siguiera a alguien, y así era, la joven pelinegra era dirigida a la sala de urgencias y éste se retiró a gran prisa, moviéndose en dirección a donde atendían a Momo, la televisión mostró eso a nivel nacional y finalmente la transmisión volvió a estudios.

Sus dientes rechinaban al notar aquel afecto y preocupación, ni se ocupaba en disimular un poco, y lo peor no era el descaro sino cómo el padre de su compañero de escuela se apropiaba de los momentos que por derecho le pertenecían a su propio hijo…

En un instante se dijo a sí mismo que podría enfrentar a Momo, la encontraría en la escuela y le pediría que hiciera lo correcto, quizás así… no, tal vez no, se quedó pensando y también irritado, debía buscar la oportunidad.

Ring Ring

Sonó su teléfono de repente, lo sacó de su bolsillo y mientras lo colocaba junto a su oído cambió su expresión facial.

— ¿Aizawa-sensei? —preguntó el muchacho, efectivamente era él— claro, sí, ¿mañana estará bien? —esperó que le contestaran—. No sé que decir —confesó con una animada y alegre mueca en su rostro— gracias por su apoyo —respondió de inmediato y colgó.

No esperaba una llamada así pero la razón era mucho más agradable, durante unos eventos escolares, pidieron que cada profesor encargado designara un alumno para representarlo y Aizawa lo había elegido a él, no sabía que todavía pudieran hacerlo, dado que las listas ya habían sido hechas algunas semanas atrás.

— Ah… —suspiró el muchacho haciendo su cuerpo hacia atrás, en un desliz el cassette resbaló de sus dedos sonando estruendosamente al caer— ¡diablos! —dijo viendo su error, éste resbaló hasta la puerta de su habitación, la cual había dejado cerrada pero en ese momento se entreabría.

El joven Todoroki había aparecido, se agachó ligeramente para levantar aquello que su compañero había dejado caer y lo tomó entre sus manos, lo apreció por un breve instante antes caminar hacia el pelimorado y extender su brazo para entregarle la cinta.

— Ten —dijo calmadamente.

— Todoroki-san —repitió su nombre un poco nervioso, sus dedos temblaron ligeramente al recibir esta peligrosa prueba del personaje que más interesado podría estar— ¿qué te trae por aquí? —la tomó entre sus manos y la guardó rápidamente en su bolsillo junto a su teléfono.

— Pasé hace unos minutos por la sala de maestros y me dijeron que irás a la inauguración de la sede rural de UA, felicidades.

— Ehm… sí, me siento honrado —respondió halagado.

— Será un viaje corto pero al final será un viaje, desearía poder ir —musitó por lo bajo.

— ¿No irás con Endeavor? Digo, es tu padre y eres lo más cercano a élite que tenemos en la clase 1-A

— Todavía tengo licencia médica, además mi padre elegirá a uno de sus internos, pero como sigo ausente, no puedo unirme a ningún evento dentro o fuera de UA.

— Comprendo, perdona que pregunte pero… siento curiosidad de saber la razón de tu presencia, digo, no es como si no quisiera conocerte-

— Supongo que… sólo quería ver —pensó en lo que le contaron, podía ser él su rival, podía ser quien alejaba a su querida amiga de su lado.

El silencio se volvió tenso hasta que Shinsou abrió su boca, intentó conversar de temas triviales, sobretodo porque tener el cassette y a Shoto en el mismo lugar le producía cierto estrés.

— Tengo que irme, suerte con todo —resolvió entrecerrando los ojos el bicolor, giró su cabeza y cuerpo al tiempo que caminaba a paso calmado hacia la puerta, misma que se cerró con la misma energía, fuera sólo parecía que sus ojos se encendieran de fuego, iluminados por un sentimiento distinto al que había profesado hacia cualquier persona, ¿era esto odio o simplemente desdén?

Pero sus ansias de conocimiento estaban cercadas en el individuo incorrecto, no sólo porque malinterpretó las intenciones del pelimorado sino también porque Bakugo aportó a este enredo, quizás si nadie hubiera intervenido, si él hubiera permanecido atento a las necesidades y problemas del objeto de su cariño, quizás… así la habría salvado del gran embrollo al que todos la habían lanzado. No sólo lidiar con un villano tan perverso como Amalaba, no sólo el asunto de la quiebra de las empresas Yaoyorozu, no sólo la constante intimidad forzada entre ella y Todoroki padre…

Pero nadie es perfecto, él tampoco y como tal debe seguir su camino de mortalidad, tal vez con el peligro de encontrar una verdad poco agradable y un quiebre de todo lo que considera bueno o puro, como su amor por Momo.


Fin de Episodio 17