La tarde era soleada en el parque de Nerima, pero eso no hacía que la brisa que el viento llevara consigo un torrente de frescura a los rostros de Ranma y Akane, que luego de salir de clases habían decidido sin palabras dar una pequeña vuelta, quizá para salir de la rutina, no había explicación lógica.
No sabían por qué sus pies los había llevado hacia allí, pero mientras caminaban algo en sus corazones les hacía sentir cierto nerviosismo que no podían explicar, pero tampoco ignorar. Akane había pasado comprando un algodón de azúcar y Ranma solo renegó, porque él tuvo que invitarla a regañadientes. Pronto se dieron cuenta que el sol comenzaba a ponerse en el horizonte.
—Eh... quizá deberíamos regresar, o todos van a pensar que nos pasó algo malo —propuso Ranma mientras se rascaba detrás de la cabeza.
—Es verdad, no sé por qué se nos ocurrió venir aquí en primer lugar, tienes razón, van a pensar que nos fugamos o quién sabe qué locuras que nunca pasarían entre nosotros —renegó Akane con la boca llena de algodón de azúcar.
Ranma frunció el ceño ante el comentario de Akane, de alguna manera le ofendió un poco el comentario de ella.
—¿Quieres tragar antes de hablar? Y luego no quieres que te diga que no eres una chica delicada y poco atractiva —se quejó Ranma, mientras pasaba sus dos manos detrás de su cabeza y miraba el cielo opacándose en un último halo de luz vespertina.
Akane se sonrojó, pero de enojo ante el comentario de Ranma y se puso enfrente de él.
—¿Y tú quieres callarte de una vez? No sé por qué estoy caminando contigo, si eres la peor compañía que podría tener en la vida —renegó Akane con histeria.
Antes de que Ranma pudiera responder al contraataque verbal de Akane, de la nada y sin contexto alguno, un jovencito salió corriendo y pasó empujando a su prometida y, provocando que ella se desequilibrara sobre él y cayeran atrás de un arbusto, el suave pasto amortiguó la caída.
Durante un breve instante, los dos pudieron sentir sus cuerpos rozándose de manera íntima. Akane se levantó un poco para detenerse a ver desde arriba la posición en la que se encontraban.
Ella sobre Ranma, con sus piernas a cada costado de él, quien tenía sus grandes y fuertes manos abarcando su cintura con firmeza, sin quitar que sus rostros se encontraban demasiado cerca. En ese momento, el evidente rubor los invadió y ambos experimentaron una corriente eléctrica entre ellos.
—Ranma, yo... —dijo Akane a penas en un hilo de voz, porque podía sentir esa tensión formándose en el ambiente y el palpitar de su corazón queriendo salir de su pecho.
—Akane... —respondió él, con un brillo en los ojos que ocultó de inmediato— ¿Quieres l-levantarte? Estás realmente pesada.
—Y tú eres un débil, mira que caerte con mi peso... necesitas entrenar más —espetó Akane, sin mirar a Ranma y aun sintiendo el palpitar rápido de su corazón.
—¡Es que estaba desprevenido y tú no eres una pluma! —alegó Ranma, aun con las mejillas rojas por los nervios de ese acalorado momento.
Con rapidez, Akane se quitó de encima de Ranma y ambos se pusieron de pie para comenzar a sacudirse y así dirigir sus pasos hacia la casa. Aquellas chispas de tensión en ese momento comenzaron a ser más evidentes desde ese momento y durante la cena ambos luchaban con el deseo de mirarse y dejarse llevar por aquellos sentimientos que consideraban prohibidos.
Pasaron varios días en los que apenas se dirigían la palabra, Soun y Genma percibían como se ignoraba el par de prometidos y eso no les parecía para nada bien. Kasumi y Nabiki también notaban la gélida indiferencia entre ellos, cada uno se iba a distinta hora y regresaban por su lado, como si no existieran el uno para el otro.
Esa noche, todos se reunieron en el pasillo de la casa para intervenir y hacer que volvieran a hablarse una vez más.
—Sí... eso es lo que haremos —dijeron los cuatro, con el brillo de la determinación en sus ojos y las risas comenzaron a surgir.
En sus respectivas habitaciones, Ranma y Akane sintieron un escalofrío, quizá presintiendo algo, pero no sabían qué con exactitud.
Al día siguiente y luego de volver de las clases, ambos a su ritmo por separado, Genma y Soun veían que todo seguía igual y se miraron con complicidad para llevar a cabo su plan.
—Ranma, Akane, vengan ahora —llamaron los dos preocupados padres.
Los jóvenes llegaron con la expectativa de qué estaba ocurriendo.
—Kasumi se quedó sin azúcar ni sal y ya es tarde, vayan pronto a comprar algunas libras —ordenó Genma, de brazos cruzados.
—Pero... papá, ¿con Akane? —preguntó Ranma entre dientes, con pesadez.
—Yo preferiría ir sola —espetó Akane, con el ceño fruncido y los brazos cruzados.
Ambos se vieron por un segundo y con la misma se dieron la espalda.
—Si quieren yo voy con ustedes —propuso Nabiki y ambos chicos aceptaron sin rechistar.
Los tres iban caminando por las vacías calles y las nubes grises comenzaban a surcar el cielo, acompañado de algunos relámpagos esporádicos. Encontraron una tienda que aun estaba abierta y compraron el encargo de Kasumi. Pronto comenzó a lloviznar y Nabiki le arrebató las cosas a Akane para alejarse un poco.
—¡Ugh! Detesto mojarme y lo saben, les dejo el paraguas ¡Ustedes lleguen a la casa despacio, no hay prisa! —exclamó Nabiki para comenzar a correr y desaparecer de la vista de los dos prometidos, dejándolos descolocados.
Una tormenta había llegado de repente en cuestión de minutos, obligando a Ranma y Akane a buscar refugio bajo el paraguas que tenían entre manos. La lluvia caía salvaje y resonante, creando un muro de agua alrededor de ellos y Ranma no quería transformarse en esos momentos, por lo cual le huyó al agua.
El espacio bajo el paraguas era reducido, lo que obligaba a los dos a acercarse más de lo que estaban acostumbrados. Sus hombros se tocaban y el calor de sus cuerpos tocándose les brindaba una sensación de confort inesperada. Mientras caminaban con dificultad, los dos observaron un pequeño puesto de comida que ofrecía sopa caliente.
—Ya no nos da tiempo llegar para la cena con esta tormenta... ¿quieres entrar? —preguntó Ranma, mientras carraspeaba ligeramente.
Akane volteó a verlo, estaban tan cerca y podía sentir su mirada que parecía quemarla con la intensidad que le transmitía, además hacía días que no se dirigían la palabra, los nervios y el frío de la tormenta se sentían a flor de piel.
—¿Por qué no? Es mejor que esperemos a que pase la lluvia —respondió Akane, un tanto cohibida mientras se acomodaba el cabello detrás de la oreja.
Así decidieron entrar y compartir un tazón con el cambio que les había quedado de la compra de la sal y el azúcar. En la zona de preparación, un pequeño bulto saltarín echó una pizca de alguna pócima a la sopa de los dos chicos y se rió divertido.
Al parecer Happosai se había unido al plan de unir a Ranma y Akane, le había parecido una genial idea colocar ese polvo mágico de la sinceridad. Con la misma se retiró hacia lo desconocido, luego de su fechoría.
Mientras tanto, ambos agradecieron la decisión por el refugio y lo acogedor del lugar. Mientras comían, se dieron cuenta de que eran los únicos clientes, por lo que se sintieron cómodos en la privacidad del momento.
Al terminar la sopa, salieron del puesto, ya solo caía una llovizna perenne, así que se animaron a salir a caminar aun con el paraguas. A la distancia, escucharon música y se dieron cuenta de que había un baile improvisado en una plaza cercana.
Ranma, sin pensarlo tomó de la mano de Akane y pronto analizó lo que había hecho.
—Discúlpame, Akane... no sé que me pasa —reaccionó Ranma, sobándose la sien, pero Akane negó y le ofreció su mano con una sonrisa.
—No lo hagas, no me ha molestado eso —respondió la joven y Ranma volvió a tomar su mano y entrelazaron sus dedos.
Juntos y sin decirse una sola palabra se dirigieron hacia el bullicio,para ese entonces ya haía cesado la llovizna. Por una extraña razón no podían pelearse, afloraba ese sentimiento de querer estar cerca, así que, ocultos entre la gente, comenzaron a moverse al ritmo de la música.
El agarre de Ranma en la cintura de Akane se volvió más cercano, más íntimo y ella en lugar de estallar en alegatas, se aferró a los hombros del chico y se recostó en su pecho, sintiendo cada latido de su corazón, lo cual la hizo sentir un cosquilleo en su estómago, pero por nada del mundo deseaba apartarse.
A medida que bailaban, la música, la proximidad y la extraña pócima de Happosai, permitieron que los dos abrieran sus corazones. Las palabras y las acciones fluían con una sinceridad que nunca antes habían compartido, enfrentando juntos esos miedos y dudas sobre lo que estaban sintiendo. Sin más se separaron un poco y sus miradas llenas de anhelo se encontraron.
—Ranma... nunca pensé que podía sentirme tan bien a tu lado —musitó Akane sin tapujos—. Es como si todo el ruido y las peleas desaparecieran cuando estamos así... tan cerca.
—Akane, yo siempre he querido estar así de cerca para protegerte, pero te confieso que también he tenido miedo de esto, de no ser suficiente...
Akane llevó sus dedos hacia los labios de Ranma, su deseo de demostrarle que él se equivocaba, afloraba y hasta se sorprendía de ella misma.
—No digas eso, Ranma... eres suficiente, siempre lo has sido —Akane tragó saliva con dificultad, las palabras que tan adentro tenía y que le era difícil decir, en ese momento se desbordaban entre sus labios—. Eres fuerte, valiente y siento que siempre estás ahí para mí, incluso cuando intento alejarte por mi orgullo.
Ranma abrió más sus ojos con aquella confesión de ambos, no podía creer lo que estaba pasando, pero tampoco quería detenerlo.
—Akane, por una vez quiero ser honesto contigo —Ranma apretó sus labios antes de soltar lo que anhelaba decir—. Te amo... desde hace algún tiempo me he dado cuenta, incluso cuando discutimos y cuando no podía entender esto que siento.
Los ojos de Akane se llenaron de lágrimas incontenibles de felicidad y el agarre de ambos se tornó más cercano mientras se mecían al compás de la música.
—Ranma, yo también te amo —musitó Akane con la voz entrecortada—. Siempre lo hice, solo tenía miedo de admitirlo, de ser vulnerable y que no me correspondieras, eso no estaba dispuesta a afrontarlo.
Algo brilló en los ojos de ambos, parecía que el efecto de esa pócima había pasado, pero no borraba la memoria, eso había pasado, ambos se habían dicho "te amo" y no había marcha atrás. Se soltaron con los corazones acelerados y las caras encendidas en rubor, así comenzaron a emprender el regreso a casa.
La lluvia había pasado a la historia y el cielo estaba despejado, ambos se encontraron solos bajo la luz de la luna. Con aquella eufórica sensación de sentirse enamorados sin ocultarlo, se miraron de frente y tomaron sus manos para entrelazarlas.
No pudieron resistirlo más y Ranma tomó el mentón de Akane para atraerla a él, sellando con un beso aquello que ya habían confesado, ella cerró los ojos y movieron sus labios de manera acompasada, aquella sensación era celestial.
Al separarse con las respiraciones agitadas y aun tomándose de las manos, se miraron con el brillo del amor en sus ojos y decidieron dejar ir el pasado, para decidir comenzar a ser una pareja real, esta vez sin miedos y seguros de su amor. Seguramente a la familia le sorprendería el cambio que hubo en ellos o... talvez no.
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¡Hola! vengo con la segunda entrega del "Rankane Week" y me están fascinando estos retos. Este salió un poco largo a comparación del anterior, pero en serio espero que haya sido de tu agrado ¡Gracias por leer!
