Capítulo 6:
No es que esté ansioso, pero llegué casi 15 minutos antes de que Lisa terminara su trabajo y esperé afuera sin que me viera, pero yo sí a ella. Si bien se ve muy relajada tratando con los niños, hay algo que su forma de actuar que resulta muy similar a como nos trataba a nosotros al darnos instrucciones, lo que significa que actúa con los pequeños con considerable disciplina o nosotros nos comportamos como un montón de críos jugando con aviones armados High-Tech, lo que explicaría su constante tensión. Tiendo a inclinarme por lo segundo.
Al salir por la puerta de la guardería me recibe con una enorme sonrisa y de inmediato, sonrío de vuelta. No lo puedo evitar, simplemente soy feliz de que esté aquí. Le abro la puerta del auto y ella ríe suavemente ante el gesto. Debo recordar hacer esto por el resto de mi vida, necesito escuchar ese sonido otra vez.
Partimos la visita turística de ciudad Monumento. A pesar de estar fuertemente armada y protegida tras la pérdida de Nueva Macross, tiene su encanto. Llevo a Lisa por varios parques muy bien cuidados, le muestro los centros comerciales, aunque me dice que Claudia ya la arrastró a varias tiendas. No me extraña, eran el terror de las compras junto a Sammy, Kim y Vanessa. Me entristece que no recuerde esos momentos. Me imagino que Claudia le contará de aquellas aventuras, el trío merece un espacio muy especial en esos relatos.
Su atención se fija en dos lugares: una librería y una tienda de música. En la primera se asombra con la cantidad de libros nuevos. Me cuenta que ha pasado en bibliotecas solamente, mientras toca las portadas casi con devoción. Me imagino lo que significa para ella, ahí está el conocimiento del mundo, la creatividad de miles de personas y años. Toma uno, lo abre y me sonríe. "Huele". Me acerco y lo hago. "Olor a libro nuevo, es único".
Nunca había reparado en eso y tiene razón. Verla maravillarse con el mundo que se abre ante ella es muy especial. Valioso incluso.
En la segunda tienda, entramos a mirar los diferentes instrumentos que adornan desde el cielo hasta el suelo. En un rincón un niño pequeño se empeña en tocar una batería mientras los padres fuerzan una sonrisa. En otro, una chica está perdida en su mundo tocando una guitarra acústica. Aquí también hay un aire diferente, de seguro la mezcla de materiales. De pronto el sonido de un saxo nos llama la atención. Un hombre mayor, con clara experticia, saca las notas más dulces de un jazz. Lisa se queda prendada escuchando, marcando sin darse cuenta el ritmo con el pie.
Al fondo de la tienda están los pianos. Su expresión me recuerda cuando le llevo una caja de donas a Dana, es igual, una niña en una dulcería. Me explica los diferentes tipos de piano, y aunque no entiendo mucho, es imposible no admirar semejante instrumento así. Se sienta frente al más hermoso piano de cola que he visto. Su mirada cambia, es como si entrara en una burbuja que sólo es de ella. Sus manos se posan sobre las teclas y sin siquiera pestañear, comienza a tocar una melodía tranquila y muy suave, pero sumamente melancólica. Lisa pareciera desaparecer entre las notas, es una melodía serena, como una reflexión. Me embarga una emoción que no conocía. Siempre la he admirado pero esto es tan nuevo para ella como para mí, una faceta que no conocía. Sin decir una palabra, la define perfectamente.
"Eso fue increíble. ¿Cómo se llama?", le pregunto cuando termina.
"Gymnopédie No. 1 de Erik Satie", me responde con una dulce sonrisa.
"¿Recuerdas los nombres?".
"No. En el Instituto de Neurología había un piano y uno de mis médicos me fue explicando el nombre de cada una de las piezas que iba tocando".
"Tocas de manera espectacular. ¿Sólo recuerdas melodías clásicas?".
"La mayoría, pero también algunas contemporáneas, como esta", y nuevamente sus dedos se desplazan con una velocidad y perfección inigualables. Es realmente asombroso que pese a todo el daño que recibió, esa parte de su cerebro donde se guarda la música, haya quedado intacta. No soy tan ignorante, reconozco un vals cuando lo escucho. Es una pieza también nostálgica pero encantadora, una melodía envolvente, sumamente romántica.
"Es preciosa", le digo cuando concluye. Sonríe y se levanta del piano, bajando la tapa.
"La Valse d'Amélie", es de una película muy bonita".
"Me gustaría verla", le digo sinceramente. Juro que no estoy mintiendo. Quiero conocer todo lo que aprenda.
Después de un rato en la tienda, la invito a comer algo. Me encanta escucharla hablar así, con tanta soltura. Extraño a la capitana, de eso no hay duda, pero esta versión de ella, en paz, es cautivadora.
"¿Te puedo preguntar algo?", me dice durante el almuerzo.
"Por supuesto", le respondo y no puedo evitar un pequeño dejo de nerviosismo en mi voz.
"Tu familia… tus padres, ¿están vivos?". No me esperaba algo así.
"Murieron hace mucho. Mi mamá cuando yo era muy pequeño, y mi padre cuando ya era grande. Si bien Roy no era mi hermano de sangre, se crió conmigo".
"¿Roy? ¿El Roy de Claudia?".
"Sí, Roy Fokker".
"¡Ah! ¿Así llegaste a ser piloto?".
"Sí, después que me subí a una varitech por primera vez. De hecho tú me salvaste esa vez, me diste instrucciones de cómo transformar la nave. Así nos conocimos".
Lisa rió con ganas al escuchar eso. "¿Por qué tengo la sensación que nosotros dos somos sumamente problemáticos?".
Me saca una carcajada "Yo diría que sí. Tenemos muchas diferencias pero nos une la testarudez, sólo pregúntale a Claudia".
Al terminar de comer, la música de fondo cambia y comienza a sonar "To be in Love".
"Me pasa algo muy extraño con esa canción. La he escuchado muchas veces, es muy popular y tiene una linda melodía, pero me causa un desagrado incluso físico y no sé por qué. Me molesta", comenta Lisa tratando de entender la razón y me muerdo los labios. Hay cosas que traspasan el ámbito de la lógica.
"¿Te parece si comemos un helado de postre?", le ofrezco y pido la cuenta. Necesito salir de aquí, me niego a que se me agríe el estómago.
Caminamos por un parque adyacente al centro comercial hasta encontrar una heladería que conozco. Lisa mira asombrada la enorme cantidad de opciones.
"¿De cuál quieres?", le pregunto riendo, su expresión es igual a la de Dana cuando la traigo.
"No… ¡no sé! hay demasiados sabores", responde sin quitarles los ojos de encima. La empleada sonríe ante su inocente estupor.
"¿Sabes cual es mi favorito?", me pregunta esperanzada.
"Por supuesto que sí, pero no te lo voy a decir".
"¡Pero Rick!".
"No, tienes que descubrirlo", respondo cruzándome de brazos dramáticamente. Ella hace un mohín francamente adorable.
"Hay como 100 sabores diferentes".
"120", la corrige la vendedora graciosamente. Lisa me mira y abre los ojos enormes. Me saca una carcajada.
"Entonces vendremos 120 veces hasta que lo encuentres", le digo y ella sonríe de oreja a oreja. Mi corazón se acelera al verla así, simplemente feliz. Un oscuro pensamiento se cruza por mi mente, por qué no lo hice antes, una y mil veces. Respiro profundamente y recuerdo los consejos de la terapia: dejar el pasado en el pasado.
Lisa escoge uno de menta con coco y yo otro de chocolate con almendras. Caminamos por el parque y nos sentamos en una banca a probar el helado uno del otro. Le gustó más el mío y terminamos cambiando. Pareciera que el mundo fuera de este lugar no existiera, este es un momento inolvidable para mí y espero que para ella también, el primero de muchos. Mientras la observo devorar su helado con verdadero deleite por los nuevos sabores que experimenta, me hago la promesa de regalarnos más momentos así por el resto de la vida que nos quede.
Los Sterling llegaron a la casa de Claudia con gran revuelo. Dana estaba despierta y, tal como dijo su padre, era un torbellino de energía. Lisa rió de buena gana con las andadas de la pequeña que ya bordeaba los tres años.
"Te traje un regalo", Max le dijo entregándole una caja cuadrada de madera. Lisa la tomó con curiosidad. "Ábrela".
Con cuidado abrió el pequeño broche de bronce y dentro había muchas piezas de color blanco y negro. La caja por dentro estaba cuadriculada en los mismos colores.
"¡Un ajedrez! He tenido muchas ganas de aprender a jugar", dijo ella encantada con el regalo.
"Pensé que te gustaría. Si te parece, te puedo enseñar" ofreció Max colocando el juego sobre la mesa de la sala. Dana de inmediato tiró las manos para agarrar las piezas.
"Ven aquí pequeño terremoto, tengo algo especial para ti en la cocina", dijo Claudia tomándola en brazos. Miriya las acompañó.
"Este es un juego de estrategia, cada pieza tiene una posición especial y una forma particular de moverse. Eras una prodigiosa estratega, así que pensé que podría interesarte", le explicó y ella sonrió.
"¡Por supuesto que sí!", respondió entusiasmada.
Max pasó un rato explicándole los detalles del juego, moviendo las piezas de tal forma que memorizara los patrones. Lisa muy concentrada tomaba notas mentales.
Cuando Claudia y Miriya volvieron con Dana a la sala, estaban comenzando la primera ronda de prueba. Lisa estaba muy concentrada pero la pequeña Dana la sacaba de su foco con sus constantes robos de las piezas, lo que les sacaba carcajadas a todos cuando tenían que corretear tras ella para que se las devolviera.
Después que Dana comió, cayó dormida para su siesta y Max y Lisa volvieron a jugar. Claudia y Miriya conversaban animadamente mirando de reojo la partida.
Max y Lisa estaban absortos en el juego, las primeras tres partidas las ganó Max pero ya a la tercera empezó a costarle un poco más de trabajo. A la cuarta partida Claudia y Miriya dejaron de hablar y empezaron a mirar con atención el juego. Lisa cometía cada vez menos errores, propios de alguien que está iniciando, pero era impresionante como iba mejorando a cada minuto en técnica y velocidad.
"¿Ella jugaba?", le preguntó Miriya a Claudia en voz baja.
"No que yo sepa. Al menos yo no la vi nunca jugando", comentó Claudia.
Una hora después Rick llegó a casa de Claudia con una caja de donas saludando alegremente, pero Claudia y Miriya lo hicieron callar de golpe.
"¿Qué pasa?", dijo mirando casi asustado. Las dos mujeres volvieron su atención al juego para no perder ningún movimiento. Dejó la caja de donas en la cocina y silenciosamente se acercó hacia ellos con curiosidad.
Max y Lisa estaban ensimismados en un juego, moviendo piezas a una velocidad impresionante. Rick levantó las cejas impresionado.
"No tenía idea que Lisa jugaba", murmuró hacia ellas.
"Nosotras tampoco", respondió Miriya sin quitarle los ojos de encima a Max.
"¿Cuántas rondas llevan?".
"Quince"
"¡¿Quince?!", dijo Rick en voz alta y ambas mujeres lo miraron con reproche y se llevó las manos a la boca, sin embargo ni Lisa ni Max movieron un solo músculo.
"Ha sido increíble", murmuró Claudia poniéndose a su lado, "Las primeras siete partidas las ganó Max y las siguientes Lisa".
"Parece que ni respiran", comentó Rick tratando de seguirles el ritmo pero era casi imposible.
"Son asombrosos, y Lisa recién aprendió a jugar", le contó Claudia a Rick y él moduló un WOW en silencio.
Los tres se quedaron pegados mirando la partida que seguía y seguía a una gran velocidad.
"Parecen profesionales. ¡Es muy emocionante! es como ver la final de tenis…"
"o porno", agregó Miriya sin pestañear. Rick y Claudia se sentaron muy derechos de la impresión y se miraron entre ellos con ojos enormes, sonrojados. Tuvieron que controlar que no se les escapara una carcajada.
Sólo quedaban unas pocas piezas y Max se detuvo en seco. Lo tenía acorralado. Se tomó unos segundos en profunda concentración. Entrecerró los ojos y con un poco de inseguridad movió el peón que le quedaba, entregándolo. Lisa movió la torre y tomó el peón. Max sonrió soltando el aire que estaba sujetando aliviado, había caído. Con el caballo que le quedaba logró hacer finalmente jaque mate.
"¡No puedo creer que se me pasara eso!" Lisa se quejó decepcionada.
"¡Me habría extrañado que no lo hicieras! ese es un movimiento sumamente complicado ¡estoy transpirando!", respondió Max francamente agotado. Miriya se acercó a él con claro orgullo y le dio un gran y sonoro beso.
"¡Lisa eres increíble!" la felicitó Rick y ella le sonrió feliz.
"Esto es muy entretenido", dijo ella.
Max le extendió la mano y Lisa le dio un apretón. Realmente había sido un juego soberbio.
"Claudia, ¿por casualidad tendrás acceso desde aquí a los detalles de la maniobra Dedalus?", le preguntó Max una vez que se relajaron un poco.
"Sí, es un caso de estudio así que no es información clasificada".
"Perfecto. ¿Podrías traerlo? tengo una idea", comentó el joven piloto sonriendo con un dejo de astucia en sus amables ojos.
Mientras Claudia buscaba la información, Dana despertó de su siesta y corrió hacia Rick porque para ella, él era sinónimo de caramelos y dulces.
"Excelente Hunter, lo que necesitábamos, más azúcar", Miriya le dio una mirada regañándolo. Rick sonrió traviesamente.
Después de una ronda de cafés y dulces en la cocina, Claudia le entregó una tablet a Max con lo que quería y él se excusó por unos momentos dirigiéndose a la sala.
"¿Qué está planeando Max?", preguntó Lisa intrigada.
"No tengo idea", respondió Miriya.
Después de unos minutos, Max llamó a todos a la sala y tomó en brazos a Dana antes de que se acercara al tablero.
"Lisa, mira… las piezas están ordenadas de otra forma porque representan otra cosa, ahora son naves. Te voy a plantear una situación y quiero ver si la puedes resolver".
Claudia miró el tablero y entendió de inmediato lo que quería hacer. Rick iba a comentar algo pero lo detuvo. Max le explicó a Lisa a grandes rasgos qué función tenía cada pieza y le planteó el problema simplificado para no usar terminología militar. Lisa observaba atentamente el escenario y sus indicaciones. Este juego era diferente, no era él contra ella sino que el objetivo era salvar a la pieza central.
Claudia y Miriya se miraron en silenciosa conversación mientras Rick sentía cómo se le aceleraba el corazón. ¿Sería posible que lograra recrear la maniobra?.
Lisa tomó aire y observó el tablero por unos minutos. Hizo algunas preguntas para aclarar la resistencia de las piezas y su capacidad de transformación y Max le respondió en detalle.
"Lo único que se me ocurre es utilizar la fuerza bruta a través de un impacto físico de la nave principal y su poder de fuego. Es bastante arriesgado pero si resulta debería ser devastadora contra estos de aquí", explicó Lisa tocando las piezas. Claudia se mordió los labios al escucharla.
"¿Y cómo lo harías?", insistió Max, sonriendo.
"Bueno… primero posicionaría estratégicamente esta pieza, la nave principal, cerca de la nave enemiga, asegurando una alineación precisa. Luego aprovecharía su capacidad de transformación y desplegaría los brazos extendidos hacia el enemigo. Una vez que los puños impacten y penetren el casco, liberaría un cuantioso poder de fuego desde el interior causando una destrucción masiva. Después habría que retraer rápidamente los brazos de la nave y reposicionarla en modo de defensa".
La sala se mantuvo en un profundo silencio a excepción de Dana que trataba de soltarse de los brazos de Max. Lisa los miró a todos inquieta porque la observaban con la boca abierta.
"¿Dije algo malo?", preguntó nerviosa.
"No cariño", dijo Claudia sentándose a su lado con los ojos llenos de lágrimas, tomándole las manos.
"Lisa, acabas de explicar la maniobra que salvó al SDF-1 en el espacio y que tú misma creaste", le explicó Rick sentándose al otro lado de ella. Ella levantó las cejas.
"¿Y eso es bueno?", volvió a preguntar dudosa. Rick sonrió enormemente.
"¡Es increíble!", le aclaró riendo y con eso, ella se relajó.
"Esto demuestra que tu capacidad estratégica es inherente a ti y está claramente intacta", agregó Max soltando finalmente a Dana quien fue directamente a desordenar las piezas del ajedrez.
"Eres de temer Lisa Hayes. Menos mal que no estaba dentro de esa nave", sonrió Miriya mirándola con orgullo.
Lisa, un poco cohibida por los elogios pero sumamente contenta de descubrir algo muy importante de ella misma, sonrió de oreja a oreja, satisfecha. Claudia le dio un gran abrazo viendo cada vez más atisbos de su amiga resurgiendo de formas inesperadas. Dana miraba con curiosidad la alegría de los adultos mientras se metía a la boca una torre y un rey.
