- Di que sí, ¿sí? –insistía Saori sentada sobre sus propias piernas.

- No –negó Seiya con los ojos cerrados y cruzado de brazos –. No entiendo porque has de ir tú en primer lugar.

- Ante la sociedad sigo siendo su nieta. Anda, por favor –suplicaba con inocencia.

- No –enfatizó con un movimiento de cabeza.

- ¿Qué pasa? –preguntó en un susurro Shun a Hyoga.

El peliverde había entrado por la puerta principal y caminaba hacia la cocina, cuando su atención fue atraída hacia la escena, particularmente por el rubio quien divertido contemplaba a sus amigos discutir, recargado en el marco de la puerta del salón de música en la cual estaba el piano en el centro al lado de un gran ventana. La chica estaba sentada en el taburete frente al instrumento, mientras Seiya estaba recargado sobre un costado del mismo.

- Verás… –contestó Hyoga al recién llegado –Saori empezó a tocar desde el mediodía, aún debe mejorar su tempo. Seiya llegó hace una hora. Subió a mi habitación, tomó un par de revistas, las hojeó. Después fue hacia la cocina y allí comió tres rebanadas del delicioso pastel de naranja horneado por Saori –. Shun lo miro con impaciencia –. A eso voy, a eso voy –repitió –entonces se enteró que tiene que asistir a un evento de la fundación. Él cree firmemente que el pastel fue una treta para sobornarlo y por eso se niega a ir. Sí me preguntas aun cuando le hubiera regalado un convertible, él no la acompañaría.

- Todos esos estirados estarán juzgando y haciendo preguntas tontas que no estoy dispuesto a contestar –Seiya comenzó a elevar la voz. Los dos chicos voltearon hacia él –no vayas y ya. Vayamos todos a la playa. Eso si lo vamos a disfrutar.

- No puedo hacer eso, lo sabes, además no quiero ir sola –dijo secamente.

- Pues no pienso ponerme un estúpido traje, actuar como un frívolo niño mimado de sociedad y soportar sus pláticas presuntuosas acerca de sus viajes, propiedades o sus fortunas –expresó con desdén.

- Nadie dijo nada de actuar –explicó con calma Saori tomándolo por el brazo –. Seremos solo los dos como siempre, quizá mejor vestidos y con deliciosa comida.

- Creo que es hora de irnos –susurró el rubio, Shun asintió y ambos dieron vuelta antes de darles una oportunidad de involucrarlos en sus ya comunes peleas.

- ¿Por qué no vas con Shun? –. Soltó Seiya –él tiene de esas historias para contar. Dejarán impresionados a tus amigos –dijo con ironía.

Saori y Shun cruzaron miradas y buscaron a Hyoga pidiendo ayuda. Un silencio incomodo se apodero del lugar. El timbrar del teléfono le dio la oportunidad al ruso de huir ágilmente de la situación.

- Voy a ver a Hyoga –dijo nervioso Shun dando un paso atrás. Saori era invitada, con demasiada frecuencia consideraba Seiya, por las amistades propias de su clase social a diversas reuniones que iban desde inauguraciones de salas de hospitales hasta cenas a beneficio de una noble causa. Había más de uno de sus amigos que con disimulo minimizaban al castaño cuando Saori estaba ausente comparándolo con un campesino por su falta de refinamiento y clase.

- Está arreglado. No debes faltar, no quieres ir sola, y yo no puedo ir. Ve con él –dijo con enojo –además Seika vendrá e iré por ella al aeropuerto. Shun hazme un favor y acompaña el fin de semana a Saori a esa estúpida fiesta. Así podrás darle uso a ese traje que tienes guardado –el castaño tuvo que gritar para que el aludido que estaba ya por el pasillo logrará escuchar.

- ¿Haz estado hurgando entre mis cosas? –preguntó con molestia regresando al salón.

- ¡Vamos! Los tres sabemos que yo nunca he encajado en ese ambiente, tú y Hyoga parece que nacieron para ello.

- Pues pídeselo a Hyoga –señaló Shun.

- Conociéndole, inventará algún pretexto para irse a Siberia o estando en la dichosa fiesta –dijo con desprecio –, la dejará sola por seguir una linda cara, pero tú mi amigo, te comportarás.

- Es incorrecto disponer de mi tiempo, podría tener planes –bufó.

- Bien, Shun. ¿Tienes planes para este fin de semana? –preguntó Seiya con inusual tono cortés.

- Bueno, no pero…

- Perfecto. Está arreglado –. Afirmó con satisfacción.

- ¡Hey!, aún estoy aquí –reclamó Saori –. Sí no quieres acompañarme Seiya, está bien por mí pero no te atrevas a imponer con quien deba o no ir. Y al menos ten la cortesía de avisarme quién viene de visita–. Saori salió ofendida pasando bruscamente a un lado de Shun y sin dedicarle la mirada a los chicos.

- ¿Qué podía hacer? –menciono derrotado Seiya mientras Shun le observaba receloso.

- Ceder un poco –dijo con molestia –. Nunca permites que nadie te someta a algo que no quieres hacer. Alguno de nosotros podría ir por Seika. Lo sabes.

- ¿Por qué se empeñó en comprometerse con esa estupidez? Sabe que odio ir a esos eventos –. Soltó con ira –. Peor aún, pretendía comprarme con ese pastel.

- ¿Pensaste quizás, que es una coincidencia o lo hizo por que sabe que te encanta?. ¿Confirmaste con ella? –preguntó receloso Shun –¡Seiya! –. Exclamó cuando el castaño rehuyó su mirada –. No puedes hacerte el ofendido cuando ni siquiera tuviste la cortesía de corroborar con ella o peor aún, de notificarle la visita de Seika.

- No todos vivimos en el planeta de la felicidad de Eve y Shun, aquí hay problemas de la vida real –dijo con ironía mientras pulsaba algunas teclas del piano.

- ¡Hey!. No deberías desquitarte así con el pequeño –defendió Hyoga mientras comía papas fritas, entrando en la habitación. El castaño los observó un momento y suspiró.

- Tienes razón Hyoga. Lo siento Shun… es que a veces no la entiendo. Siempre quiere hacer cosas que no me agradan.

- ¿Ahora si me defiendes? –Shun se cruzó de brazos dirigiéndose al ruso y entornó los ojos con disgusto.

- Eventualmente iba a hacerlo –. Replicó el aludido –. Alguien tendrá que explicarle a Eve lo que acaba de suceder –. El rubio observó detenidamente a Seiya.

- ¿Nos dirás como la conociste? –preguntó Seiya desviando la conversación de él. Shun rodó los ojos mientras Hyoga reía estrepitosamente.

- Si no le dices estará molestando todo el año –instó el rubio mientras se sentaba en el sofá –. Además eso no va contigo, los secretos –. Shun sonrió.

- Acabábamos de conseguir trabajo en una cafetería cerca de una preparatoria en donde Eve asistía, quizás un año atrás. En un inicio, hicimos trabajos sencillos como limpiar los vidrios, barrer la banqueta o lavar la loza. Un día, el dueño me encomendó limpiar las letras de latón incrustadas en la fachada, mientras lo hacía ella me preguntó si estaba en servicio el café, entró con su amigas y con el tiempo … –Shun hizo una pausa y desvió la mirada –vinieron más chicas, –trató de decir con fingida calma, Seiya y Hyoga no lograron reprimir la risa. No era ningún secreto que Shun siempre era blanco de las miradas femeninas, al menos cuando Ikki no estaba cerca –. Y bueno, los chicos venían en busca de las chicas lo que beneficio al dueño.

- Y cuando Ikki lo descubrió, te obligó a renunciar ¿no? –afirmó Seiya.

- Pues…–Shun se ruborizó –dijo que era era una ciudad muy cara y sería más fácil conseguir dinero extra. Quiero decir, aprendimos a servir mesas –añadió apresuradamente, una sonrisa se dibujó en su rostro, recordando varias ocasiones en las cuales las propinas de su hermano mayor sobrepasaron las suyas.

- ¿Y cómo empezó todo?

- En-en su cumpleaños. Fueron a celebrarlo allí y una de sus amigas me invitó a una fiesta sorpresa que le harían en su casa y es todo. –menciono.

- ¡Vamos!. Justo en lo interesante –respingó Seiya.

- Actúas como si no tuvieras novia –reprendió Hyoga con un revés en su brazo.

- A veces me parece así es –murmuró el castaño. Hyoga y Shun no alcanzaron a escuchar pues comían de la bolsa de papas del rubio mientras reían –. ¿Es cierto lo que se dice de las extranjeras? Es decir…yo nunca he…es decir no he estado con ninguna.

- ¿Y Sheena, no cuenta? –menciono burlón Hyoga. Seiya se sonrojó.

- Ustedes me entienden.

Shun y Hyoga intercambiaron miradas sutilmente, sabían a qué se refería el castaño. Su amistad había soportado pruebas difíciles incluso mortales, sin embargo, el amor era un tema inexplorado.

- Esto requiere de un poco de esto –menciono Hyoga mientras iba hacia la barra del bar. Regresó con una botella de Whisky y un par de refrescos de manzana –si nos ve tu novia comenzará a reñirnos –. Shun se levantó y aseguró la puerta.

- ¿Hyoga, después de todo lo que dijiste la otra vez? –preguntó con asombro Seiya.

- Porque piensas que no objeto en ir a las fiestas de Saori. Cuando te ven con un buen smoking no pueden negarte las bebidas. Si te concentrarás más en eso y menos en los amigos de Saori, podrías encontrarle el gusto a ser atendido como si lo merecieras.

- Detesto que me traten como si me faltara alguna parte de mi cuerpo o cerebro.

- Ya me dirás si es mejor trabajar más de quince horas un día tras otro–menciono Shun mientras se frotaba la espalda –. Madrugar después de dormir solo una o dos horas, no son precisamente vacaciones.

- ¿Qué pretenden decirme? –preguntó desafiante mientras observaba el vaso color ámbar que Hyoga acababa de poner en su mano.

- El mundo es más grande de lo que piensas pequeño Seiya, y más vale que aprendas que extranjeras o no, si no comienzas a pensar en alguien más que no seas tú. Nadie podrá soportarte por más de un mes –afirmó el ruso mientras bebía el un sorbo de su vaso –. De hecho me sorprende la buena voluntad de Saori.

- ¿Opinas lo mismo Shun? –Seiya buscaba empatía para su comportamiento.

- Puede que vivas solo, pero Miho aseaba tu departamento, después de Saori, ella misma se encargó de ordenar a las doncellas de la mansión hacerlo además se encargan de los víveres. Te has esforzado por no ser "mimado" como sueles decir, por la fortuna Kido pero demuestras todo lo contrario.

- Vaya amigos –menciono con enfado y dio un gran sorbo a la bebida contenida en el vaso de cristal –es desagradable –se refirió al contenido.

- Te acostumbras –dijo Hyoga.

- Ese es el problema –rió Shun agitando los hielos dentro del vaso. Seiya soltó un largo suspiro.

- Me hacen sentir como un niño. A veces ella también, como no pensarlo si me hace comprar lo que dice se ve mejor en mí. ¿Qué tiene de malo mi ropa?, ¿acaso no basta con un par de zapatos, tres pantalones y cinco camisas?

- Hasta kiosco tiene más prendas –soltó Shun. Seiya lanzó una mirada cargada de reproche hacia el peliverde mientras él palmeaba la espalda de Hyoga. El rubio comenzó a reír con tal fuerza que terminó atragantándose. Kiosco era el perro Yorkshire terrier de Eve y lo trataba como un niño pequeño vistiéndole con llamativos accesorios.

- ¡Vamos!. Las chicas son complicadas pero tiene sus ventajas. ¿O no Shun? –dijo con picardía Hyoga. Recuperado, empezando a sentir el calor por su cuerpo producto del alcohol.

- ¿Por qué comienzo a creer que les sirvo para desviar la atención de ustedes?

- Nada de eso, sencillamente no se te ve mucho por acá desde que apareció Eve. Algo debes estar haciendo bien para atraerla hasta Japón –. Seiya y Hyoga rieron.

- He dejado de preguntarme porque no tienes novia Hyoga y sigo sin encontrar una razón –menciono con ironía Shun –. Quizá te convenga acompañar a Saori el fin de semana, tienes muchas posibilidades de dejar tu soltería, por lo menos un día.

- ¿Por quién me tomas?, serás su acompañante, alguna vez oí que el deber de los santos de Atena es ser sus escoltas para salvaguardar su integridad.

- Estamos en tiempos de paz –masculló Shun –además después de Seiya, debo ser la última persona que quiere que la acompañe.

- ¿Porqué? –. Cuestionaron curiosos al mismo tiempo Seiya y Hyoga.

- ¡Ah!…pues este –titubeó Shun –es obvio, ¿no?. No les bastó con la escena de hace semanas. Es evidente. Apenas, me dirige la palabra desde que regresé.

- Tonterías. Son buenos amigos además es de esperar, ni siquiera estas por aquí –cortó Seiya. Shun suspiró no había forma de evitar la situación, aceptó el vaso que rellenó Hyoga y lo bebió por completo.

- Creo que se nos pasó la mano –menciono torpemente Hyoga cuando comenzaba a anochecer. La botella de Whisky, estaba casi vacía. Sobre la mesa había trozos de papas fritas esparcidas entre los sillones y una caja grasienta de pizza tirada al lado del sofá. Seiya hecho un ovillo sobre la alfombra felpuda salía y entraba adormecido en la conversación apenas mantenida por Hyoga y Shun.

- Un poco –contestó calmo Shun –tendremos que sacarlo de la mansión antes de que lo vean en ese estado.

- Quieres decir Saori porque Tatsumi por suerte está fuera –dijo Hyoga mientras se acomodaba en el sillón –no estamos en condiciones de conducir.

- Podemos tomar un taxi hasta su casa. Ven ayúdame –Shun se tambaleó al levantarse tras quitar los pies de Hyoga sobre la mesa, tomó por un brazo a Seiya.

Hyoga se puso en pie y se acercó hacia la puerta, Shun alzó una ceja cuando el ruso aproximó su oreja hacia la misma. La abrió lentamente y sacó la cabeza después le hizo un ademan de mano a Shun, este rodó los ojos y arrastras sacó a Seiya del lugar.

- Sabes… ¿Podrías ayudarme un poco?

- Tengo que verificar que no está Saori cerca.

- ¡Ah sí!, ¿y qué hay de ellas? –Shun señaló con la cabeza a un par de mucamas las que les miraban desde el barandal, entretenidas.

- Está bien te ayudo –Hyoga tomó por un brazo a Seiya y se lo puso alrededor del cuello. Las puntas de los pies de este casi tocaban el piso debido a que Hyoga y Shun eran más altos que el castaño –. Esto es cansado –menciono frotándose el cuello tras cruzar el amplio jardín. Shun lo miro de mala gana –. Esperen aquí iré a la siguiente calle a conseguir un taxi.

- Eres mi mejor amigo –murmuró torpemente Seiya –. ¿Te lo he dicho, Shun amigo?

- Es la quinta vez en quince minutos. ¿Dónde está Hyoga? –Shun mantenía abrazado por un costado a Seiya manteniéndolo apenas en equilibrio.

- Sabes amigo –continuó Seiya arrastrando las palabras mientras observaba el piso –la he engañado –Shun lo miro intrigado –. Sí, la engañe. Mentí de la fiesta, solo… ¿Tú sabes quién es ella?. Vaya que sabes, la conoces tan bien como yo, es Atena. Nuestra Diosa, una Diosa perfecta, pura y una chica dulce, amable, divertida y… atractiva. Mucho, ni siquiera debería pensar de esa forma al menos no cuando estoy con ella –. Shun primero maldijo a Hyoga por su tardanza y luego a él mismo por no haber bebido más para poder olvidar esta incómoda conversación, la cual seguramente Seiya no recordaría al día siguiente cuando su cabeza estallará por una resaca –. Dos días solos, no podría soportarlo ¿cómo intentar algo con ella? es tan inocente y no sabes cuánto lo he deseado. Un mortal no debería siquiera pensar en ello –murmuró antes de quedar dormido.

- ¡Hey!, ustedes dos suban –. Gritó Hyoga desde la ventana del asiento del copiloto del taxi recién estacionado frente a los dos. Tras la fulminante mirada lanzada por Shun bajó en silencio del auto y lo ayudó a sentarlo en el interior. Shun esperaba que Seiya tuviera algo más que leche en su refrigerador o esa noche no podría conciliar el sueño con tranquilidad.