- En un par de horas podremos irnos –, menciono Saori acercándose a Shun. Él volteó a verla, sin abandonar la cómoda posición que mantenía. Sus brazos estaban recargados sobre el barandal construido de mármol blanco. Había estado observando el paisaje permitiendo que la refrescante brisa le acariciará el rostro.
La fundación Graude había sido invitada a participar en una subasta silenciosa, en la ciudad de Shiga, cuyo fin era recaudar fondos para ayudar económicamente a jóvenes y niños huérfanos así como obtener fondos para la salud de las familias de recursos limitados, al margen de la ayuda que el gobierno consideraba por arriba de la extrema pobreza. Después del evento, los participantes se dirigieron a un lujoso hotel cerca del Lago Biwa. El banquete tuvo una asistencia inusual, varios adolescentes, hijos de los magnates de Japón. Mismos que intentaban hacer conciencia humanitaria en estos, pues algún día sería una de las responsabilidades que deberían enfrentar.
- Descuida –contestó –. No ha estado tan mal, supongo que eso fue tu idea –. Shun señaló con la cabeza a la banda de jóvenes músicos que interpretaban, sin que algún adulto lo sospechara, canciones de rock por las que censuraban a sus hijos, trasformadas en baladas. Saori le regresó una sonrisa cómplice.
- Estas formalidades necesitan un poco de frescura, ¿no crees? –menciono con inocencia –. Ahora que estoy aquí, puedes dejar de esconderte –Saori sonrió triunfal y rió ante el asombro asomado en el rostro de Shun–. Lo noté –. Saori volvió a sonreír y dirigió su mirada hacia un grupo de chicas, durante la fiesta ellas habían intentado atraer la atención del chico.
- Como si fuera el único –arremetió mordazmente, con la cabeza señaló sutilmente a un chico de cabello rubio. Ian era el hijo mayor de un magnate japonés al notar presencia de Saori, no le había permitido pasar ni un momento a solas.
- Ni por cerca es un empate, –suspiró abatida –. Quiero disculparme. Seiya no debió arrastrarte a esto –dijo mientras tamborileaba los dedos en la barra. Espero que no te haya ocasionado problemas –mencionó con cautela.
- No muchos, pero aún así encontraré una forma de hacerlo pagar. Está en deuda conmigo –bromeó.
- Fuiste irresponsable, es decir si no tuvieras eso –señaló a su traje –. No nos hubiera arrastrado a esto –murmuró con voz melancólica.
- ¿Es la forma gentil en que preguntas como alguien como yo pudo comprar un Armani?
- Jamás insinué tal cosa –, aseguró cohibida la chica. Shun tenía una sonrisa en los labios, disfrutaba arrastrar a Saori a esta clase de conversaciones. Se percató con agrado que podían conversar como en el pasado.
- Tiene un desperfecto y su anterior dueño lo creyó arruinado –. La chica lo observó sin entender. Él acercó su mano izquierda permitiendo que Saori examinara el dorso del saco. Shun levantó un botón y se apreciaba una diminuta quemadura, la chica lo miro desconcertada, él rió por lo bajo –. Te explicaré. En ese entonces fui mesero para un servicio de banquetes. Una noche estábamos por retirarnos cuando el hijo del dueño de la fiesta para la cuál habíamos sido contratados, entró a la cocina y comenzó a reclamar al chef por haber arruinado su traje. El postre en esa ocasión fue crêpe Suzette, esta persona aseguraba que el caramelo había saltado, de una misteriosa forma, a su vestimenta y que ni en seis años trabajando para él, podríamos reponerlo. Él armó un gran alboroto, incluso su padre acudió para conocer el origen de los gritos, estaba por golpear al chef, cuando lo detuve. Tras soltar varios improperios se alejó despectivamente. Cinco minutos más tarde regresó vistiendo ropa casual, arrojó a mis pies el traje completo. Mis compañeros comenzaron a hablar del suceso y su grosera actitud, estaban tan ensimismados que no notaron que lo recupere del piso, y le encontré un uso más redituable.
- ¿Qué quieres decir? –interrogó curiosa.
- Me permitió trabajar en limosinas. A decir verdad, en ese momento recordé que siempre le das mucha importancia a la vestimenta y cómo está puede facilitarte muchas cosas, creo que por eso me atreví a quedármelo –. Saori se sorprendió sonriendo con ternura –. Fue una gran coincidencia que fuera mi talla.
- Ikki y tú han debido pasar por muchas dificultades –dijo con voz baja, lo observo dulcemente. Ella siempre había gozado de las comodidades de una posición privilegiada a pesar que se decía que las clases sociales eran un espejismo, con frecuencia se encontraba tratando de enseñar a estos chicos los comportamientos adecuados para evitar que fueran avergonzados en público.
- No tienes porque decirlo de esa forma, nosotros lo decidimos así –. La tomó por los hombros.
- Aun así, soy responsable por ustedes y yo debería facilitarles las cosas después de todo…
- Te equivocas, una imposición legal no significa que debas ser responsable por nuestras acciones. Crecimos sin padres, eso significa que nos tenemos solo a nosotros mismos para abrirnos paso. Mitsumasa no debería ser una sombra, sin embargo, recibir las comodidades que acompañan su apellido sigue siendo extraño. Tal vez un día eso cambie, pero ahora es difícil sobre todo para mi hermano Ikki –. Saori no dijo nada, se quedaron en silencio contemplando las tonalidades anaranjadas en el horizonte, el sonido predominante era el viento moviendo los arboles del jardín.
- ¡Hey, Saori, Shun!. El padre de Mina tiene una casa de campo, cerca del lago, algunos chicos están pensando en ir hacia allá y hacer una fiesta de verdad, ¿quieren acompañarnos? –, interrumpió Ian acercándose a ellos, sostenía en una mano un costoso teléfono celular.
- Suena divertido. Cuenta con nosotros –aceptó Saori adelantándose a la negativa de Shun.
Después de veinte minutos, los chicos estaban frente a una casa de campo construida de madera. Un sendero empedrado conducía hacia un muelle. Dentro de la casa, ya se escuchaba la música estruendosa. Shun trató en vano de encontrar una leve señal de parte de Saori para evitar ese sitio. Que él conociera ella no acostumbraba convivir con los chicos ricos de Japón, fuera de las reuniones sociales de rigor. Las constantes alusiones a la riqueza y poder de sus familias con frecuencia le parecían banales. Sin embargo, la joven Diosa parecía estar ansiosa por ingresar en la fiesta. Tan pronto como estuvieron dentro de la cabaña, un corro de chicos rápidamente rodearon a Saori atraídos por su presencia en el lugar.
- ¡Vaya, vaya!. ¿A quién tenemos aquí?. A la inalcanzable y refinada cabeza de los Kido, reunida en libre asociación con nosotros –. Menciono una chica peliroja mientras jugueteaba con los hielos en el vaso de cristal vacío sostenido por su mano –. Siempre he pensado que a tu alrededor hay cierta aura de supremacía.
- ¡Oh, Sayumi! –intervino con arrogancia un joven castaño –. Somos los herederos más poderosos de todo Japón. Nadie se atreve a estar por encima de nosotros.
- Habla por ti amigo, me gustan las que se atreven –, comentó con una sonrisa libinidosa un chico de cabello negro, causando una carcajada en general y desconcierto en Saori.
- Todo un caballero –dijo irónicamente otra chica –, es por eso que ella los evita a todos ustedes –aseveró mientras abrazaba brevemente a Saori –, es mera presunción –. Saori se limitó a sonreír de lado mientras se alejaban del grupo de jóvenes que seguían riendo–. Con esto se pasará el mal rato –. Sara, que era el nombre de la chica, le ofreció un vaso con un líquido amarillo –. Uno más para tu amigo –ofreció mientras sonreía y se acomodaba el cabello castaño. Ambas se habían encontrado con él.
- No gracias –, se negó Shun –soy el que conduce –dijo rechazando la bebida.
- Pensé que alguien tan atractivo era un acompañante y no su chofer –. Afirmó coqueta la joven mientras jugueteaba con los dedos sobre la corbata de Shun.
- ¿Y no podría ser ambos? –. Menciono fríamente Shun, observándola a los ojos a pesar del revelador escote del cual la chica estaba tratando de sacar ventaja.
- Tranquilo, no quise ofenderte. Todo lo contrario adoro los hombres independientes, mi nombre es Sara –. Dijo en un tono sensual, Saori observaba la escena sintiéndose incomoda. Ella no sabía coquetear y observar a Sara hacerlo le hacía sentir infantil –. Con solo verte apuesto que eres de los que conduce con brío. Tal vez podríamos dar una vuelta, puedo mostrarte los alrededores.
- Te agradezco, los conozco demasiado bien para estar interesado –dijo secamente. Las mejillas de la chica estaban encendidas de vergüenza por el rechazo, se separó con rudeza mientras Saori se preguntaba si realmente estarían hablando pasear. Shun se cruzó de brazos y la siguió con la mirada, una vez lejos de ambos le susurró a Saori con seriedad –. Sí yo fuera tú, mantendría mi distancia con ella –. La chica sonrió ligeramente dando un sorbo a la bebida que aún traía en la mano.
Las horas transcurrieron lentas para Shun, quién observaba a distancia a las jóvenes promesas de Japón brindar, bailar y descontrolarse. Quizás ya había participado tantas veces en situaciones que no le atraían o quizás deseaba estar en otro lugar, con alguien más. Sonrío y sacó el teléfono móvil de su bolsillo, encaminándose hacia el exterior para poder escuchar. Tras varios timbrazos una voz suave le regresó el saludo.
- ¿Te desperté? –interrogó suavemente Shun.
- Estaba viendo una película. ¿Aburrido? –. Dijo divertida.
- No te imaginas cuanto. Quisiera que estuvieras aquí –. Confesó.
- Si quieres puedes venir en cuanto acabe –. Dijo en tono sugerente. Shun movió la cabeza y sonrió.
- Es muy tentador, pero sería muy tarde –suspiró con pesar –y tienes que madrugar para tus clases particulares.
- Pero aún así estoy viendo películas –rió con fuerza Eve –si no puedes venir hoy, pasa mañana por la tarde. Aún tienes mucho que compensar.
- Lo prometo –dijo con entusiasmo para después despedirse.
Shun observo la oscuridad de la noche reflejarse en el agua, quizás se había acostumbrado de más a la calma que invadía sus vidas, o tal vez era la compañía de Eve la que le reconfortaba, sea como fuera la sensación de sentirse tranquilo, satisfecho y feliz era cada vez más recurrente en su ánimo. Se ocultó tras un pilar al escuchar a lo lejos la voz de Sara.
- Te lo digo Mei, no sé que le ve –menciono despectiva la castaña –creo que se ha obsesionado con ella.
- ¡Oh vamos!, tú misma dijiste que no te importaba con quién estuviera. Además ella venía muy bien acompañada. ¿Cómo es que no estás sacando ventaja ahora? –. Interrogó Mei, una delgada chica de cabello negro y lacio. Sus grandes ojos negros contemplaban el cielo estrellado –. Si ser apuesto fuera un delito, me encantaría que me encerraran a su lado de por vida.
- Lo intenté, seguro ni siquiera le gustan las mujeres. Ya sabes lo que se dice de los niños bonitos –dijo con sorna.
- Si no te conociera bien Sara, diría estás despechada. Quizás no eres su tipo, ¿no lo pensaste?.
- ¡Suficiente!. Los hombres sólo tienen uno –bufó. Buscan lo mismo pero él no lo va a tener. Regresando a Ian, estoy segura que se aburrirá. No es que se vea muy liberal. Es más podría apostar que ella ni siquiera ha estado con nadie.
- Bueno, ahí está la obsesión por ella. Hay chicos que las prefieren vírgenes, aunque por lo que he visto eso acabará muy pronto –añadió burlona Mei. El corazón de Shun dio un vuelco, sabía a quién se referirían y tenía que encontrarla pronto. Saltó de su anonimato hacia la cabaña buscando frenéticamente el vestido rojo de Saori. Tomó su celular y comenzó a llamarla, sin recibir respuesta. Él mejor que nadie sabía de la mala compañía que podría ser el alcohol. No entendía bien que estaba sucediendo entre ella y Seiya, pero algo era seguro Saori tenía días melancólica. Esquivo a la multitud buscando el rastro de la chica, cuando se topó con una escalera de madera, sin pensárselo dos veces subió los escalones de dos en dos hasta llegar a un pasillo que conducía a la terraza, deslizó la puerta de cristal verificando si estaba desierta, sin siquiera perder tiempo en cerrar corrió hasta el otro lado abriendo una a una las puertas.
- No me siento bien –menciono Saori arrastrando las palabras. Ian la sostenía estrechamente por la cintura.
- Recostarte te hará sentir mejor, te lo aseguró –,susurró al oído Ian abriéndose pasó en una habitación desierta. El rubio la tomó por los hombros y echó a un lado el cabello de Saori para darle un beso en el cuello. Mientras la conducía hacia la cama –ya pasará. Ya lo verás. Te ayudaré a sentirte mejor –insinuó sugerente mientras estrechaba su cuerpo entre sus manos aventurándose a besar la espalda desnuda de la chica buscando la cremallera del vestido.
- Pero…
- Shh –puso un dedo sobre sus labios –estarás mas cómoda –, beso el cuello de la joven lentamente mientras levantaba la falda con sus manos acariciando sus muslos.
- ¿Interrumpo? –, cuestionó Shun desde la puerta abierta estrepitosamente, su corazón estaba agitado por el esfuerzo de encontrarlos.
- Se le pasaron las copas –mintió el rubio –. Quería recostarse, la estaba ayudando a subirse –. Shun lo observo fríamente mientras se acercaba a la chica, corroborando que estuviera bien –. Calma amigo, pueden quedarse hasta que ella encuentre bien –dijo el rubio dirigiéndose hacia fuera de la habitación.
- Ian –menciono el peliverde, el aludido se detuvo un momento y volteó hacia atrás –aléjate de ella –. Advirtió Shun observándolo fijamente a los ojos.
- Y yo que creía que el otro campesino era molesto –desafió altivo –. Fue ella quién vino a mí. Quizás quiere algo que ustedes no le pueden dar –. Sonrió con sorna y salió del lugar. Shun observó a la chica por completo dormida, ajena a la situación.
Al día siguiente Saori despertó con un terrible malestar en todo el cuerpo. Con dificultad se levantó de su cama y corrió hacia el baño. Salió de allí con el estómago adolorido. Lentamente se dirigió hacia la cocina. En ella, Shun le daba la espalda, tras servirse una taza de café se encontró con el lamentable estado de su amiga.
- ¿Quieres un poco? –, Shun rió cuando Saori se llevó la mano a la boca. Reprimiendo la sensación en su estómago.
- ¿Puedes no hacer tanto ruido? –, murmuró sentándose lentamente en la mesa del desayunador –me siento muy mal –entre sus manos apretó la cabeza intentando detener el punzante dolor.
- Créeme te sentirías peor, de ser por ti –Saori se sonrojo –, es bueno que aún lo recuerdes –. Bajo la mirada, no sabía cómo había llegado a ese punto, Ian era un hombre muy atractivo, listo y cautivador pero nada de eso la haría subir con un extraño a una habitación –. Debes comenzar a sospechar que no todos tienen buenas intenciones –. Sugirió Shun como si hubiera entendido su inquietud –. Toma esto te hará sentir mejor –le ofreció dos aspirinas y un vaso de agua.
- Hablas como un experto –dijo con perspicacia Saori.
- Lo escuché por ahí. Por cierto lo que hay en el refrigerador, si es jugo de naranja, si aún te apetece un poco –menciono burlón mientras se sentaba a un lado de ella en el mullido sofá.
- No pienso volver a hacerlo –dijo decidida.
- En mi experiencia es el primer paso para repetirlo –Shun guiñó un ojo divertido –, pero no deberías preocuparte, no volverás a hacerlo –corrigió tras la gélida mirada de Saori. Ella bajo la cabeza sobre la mesa y no tardó en quedarse dormida.
- Entrada la tarde Saori despertó en el sofá cubierta por un mullido cobertor, desperezó su cuerpo, se levantó y dirigió hacia su recamará a bañarse. Pronto sus gritos desde el baño obligaron a salir corriendo a Shun desde su cuarto. Saori, ataviada solo con una toalla, corrió hacia él aferrándose a su espalda.
- ¿Qué ocurre? –preguntó con preocupación.
- Vi algo –afirmó la chica empujando a Shun hacia el marco de la puerta.
- Es solo un ratón –aseguró después de echar un vistazo.
- Sácalo de ahí –le ordenó desesperada.
- ¡Lo haré, lo haré!, pero deja de enterrarme las uñas en los brazos, ¿quieres? –protestó. Se dirigió hacia la cocina y trajo una escoba.
- Pero no lo mates –gritaba Saori subida en una silla dirigiendo las acciones de Shun.
- ¿Y entonces como lo sacó? –cuestionó exasperado. La chica se bajó de la silla y corrió hacia la cocina, pronto se apareció con un frasco trasparente.
- Hazlo entrar ahí.
- ¿Estas bromeado, verdad? –, preguntó incrédulo –los ratones no obedecen instrucciones y no pienso tocarlo.
- Hazlo, no quiero que muera –hizo una tierna mueca. Shun la observó rápidamente, rodó los ojos, suspiró y por primera vez compadeció a Ikki en su niñez.
Después de veinte minutos de gritos, órdenes, sobresaltos y reproches el pobre ratón había entrado al frasco. Sin pensar, Saori bajó de la silla y fue al encuentro con Shun abrazándolo para felicitarlo, repentinamente la puerta principal se abrió. Hyoga, Seiya y Seika estaban en el umbral cargando maletas y bolsas llenas de comestibles.
- ¡Sorpresa chicos! –saludó efusivamente el ruso.
- ¿Qué pasa aquí? –intervino Seika recelosa.
- Había un ratón –dijeron en coro los aludidos.
- ¿Ajá, y dónde de esta? –cuestionó desconfiada Seika
- Está en ese… ¡Oh no! –señaló Shun el frasco, vacío, sobre el piso.
- Claro, ¿y lo atrapaste con tu camiseta? –preguntó Seika.
- Estaba en mi habitación, cambiándome cuando ella gritó –retó mirándola a los ojos.
- Y, yo estaba por meterme en la tina cuando…–Saori recordó que traía solo puesta una toalla alrededor del cuerpo y completamente sonrojada corrió hasta la habitación cerrando con un portazo.
- ¿Y cuál es tu explicación, para eso? –la peliroja se dirigió a Shun. El torso desnudo exhibía algunos arañazos color carmín.
- ¿Qué insinúas? – cortó Shun.
- Es sospechoso, es todo –añadió.
- Vamos, es una situación completamente inocente. Shun además no es la primera vez que vienen solos a este lugar.
- ¿Entiendes mi punto? –defendió Seika. Hyoga estaba por protestar de nuevo cuando el estrépito de la puerta de la habitación, ahora ocupada por Seiya, terminó con la discusión.
