He evitado el espejo deliberadamente, no quiero una imagen ojerosa, triste y visiblemente desmejorada. Yo la gloriosa Atena, herida como cualquier mortal, yo la soberbia Saori Kido, humillada. Durante estos días, ellos han venido un par de veces, pero sus palabras mueren solo al verme. Shun se ha empeñado a obligarme a comer. ¿Cómo hacerlo?, me siento ahogar con mi propia respiración. Hyoga suplicó, sobornó, gritó, nada funcionó. El agua no ha olvidado el camino a seguir sobre mi cuerpo, aun cuando con vergüenza no puedo recordar cuando fue la última vez que tomé un baño, una dolorosa opresión en mi pecho trae a mí el recuerdo, fue esa vez. Rehuyó la brillante mirada de él, ¿cómo me pude comportar tan infantil?, ¿Por qué incluso es más gentil?. No necesito protección, al menos no la suya. Sacudo mi húmeda cabellera y recorro las cortinas. Después de días de oscuridad la luz daña mis retinas. Abro el ventanal y lleno mis pulmones con la humedad del ambiente, el viento acaricia mis muslos desnudos. La primera sonrisa en semanas asoma en mi rostro, Tatsumi diría que una señorita de mi posición no debería exhibirse sin prenda alguna debajo de la bata de baño. ¿Una señorita como yo?, ¿Que significará realmente?. No provengo de este mundo, no tengo padres a quien pueda recordar o ansiar su compañía. Soy una falsa muñeca de sociedad, la hija adoptiva de un magnate millonario, por ello debo alejarme de la decadencia. La reencarnación de una Diosa que se mantiene virgen, para evitar las calamidades sobre el mundo. Como si el celibato sirviera para contener la maldad. Rio por mi sarcástico pensamiento. ¿Qué o quién soy en verdad?.

El murmullo salido del bosque me hace inclinarme por sobre la baranda, producto de mi curiosidad.

– Poco más y caerás al suelo. ¿Por qué no te pones algo encima y vienes? –. Abro mis ojos desmesuradamente, me han descubierto, y en lugar de sonrojarme lanzo una carcajada.

– ¿Qué están haciendo?

– Shun me enseña a manejarla –. Hyoga apuntó hacia una motocicleta en la cual él estaba recargado de brazos cruzados. A veces olvido el parecido que guarda con su hermano –. Se me acaba de ocurrir una idea brillante ¿Por qué no le enseñas?.

Hyoga debe estar perdiendo la razón, "él" nunca pensaría algo como eso, es peligroso. Una actividad indigna de una mujer de mi posición, un acto atrevido y peligroso. Shun me examina, segundos que me parecen eones. Mi corazón se acelera con esa mueca en su rostro, ¿por qué?.

– No me culpes, si aprende más rápido que tú –señala con la cabeza a Hyoga –ven –dice con una sonrisa casi contagiosa.

Asiento y me alejo del balcón a toda prisa. Elijo rápidamente unos jeans y una playera polo rosa. Recojo en una coleta alta mi cabello, quizá sea tiempo de cortarlo, un cambio ayuda en estas situaciones. Apresuradamente bajó la escalera y me encuentro con los dos. Los contempló, me siento una intrusa, juegan tomándose del cuello entre los brazos. Se liberan y vuelven a empezar. Carraspeó y me observan sin inmutarse diciendo palabras inteligibles.

– Luces mejor –suelta Hyoga sin pudor. Arrogante y vanidoso acomoda su cabello con una mano. Mi mirada se pierde en los zapatos tenis, morados que cubren mis pies. Soy incapaz de mirarlo, ¿qué tanto le habrán dicho?.

– Te recordaba menos tímida –. Shun se apodera de mi mano y me conduce hacia donde estaban los dos –. Lección uno, debes vestirte adecuadamente, no te quedará muy grande, espero –. Me ofreció una chamarra que parecía de cuero, subí una ceja. El día está muy caluroso para portar casco, guantes y esto –de acuerdo, dice condescendiente –mientras no la enciendas no hay peligro, sube –. Obedezco sin saber que hacer –se posiciona frente a mí. Me explica con lujo de detalles lo que debo revisar por primera, vez. Después me indica la posición del acelerador, embrague, freno, botón de encendido, luces, espejos ¿cómo recuerda todo cuando va montado en esto?. Una duda me asalta.

– ¿Desde cuando sabes andar en motocicleta?

– Un par de años –resta importancia, continuando con sus explicaciones del cambio de velocidad.

– No estaba aquí, o ¿sí? –Hyoga suelta una risotada cínica.

– La compré, me canse de llegar tarde al trabajo, un retardo más y podrían despedirme.

– Pero siempre te vas a tiempo –insisto desconcertada. Hyoga se ahoga con su propia risa y toma aire antes de responder.

– Sale de aquí con mucho tiempo, pero no va precisamente al trabajo –. Shun desvía la mirada.

– ¿Continuamos? –prosigue incómodo –. La mano derecha controla el frenado te será sencillo, pues a diferencia de Hyoga eres diestra, el freno es más poderoso por lo cual debes ser cuidadosa. Utilízalo en combinación del que tienes debajo del pie derecho.

Practicamos unos minutos simulando encender, girar, frenar y cambiar de velocidades. Hyoga estaba muy atento, está tomando en serio la lección el por supuesto está más avanzado, ha recorrido ya un par de calles lentamente, bajo la supervisión de Shun.

– Basta de teoría –mi corazón se acelera con estas palabras. Shun toma otro casco y se coloca atrás de mí en el suave asiento de piel.

– ¡Oye eso no lo hiciste conmigo! –es el reclamo de Hyoga.

– Por mucho que me agrades, no voy a asirme a tu espalda. Disculpa –me sonrojó, se recarga en mí y rodea mi cintura, sus manos se toman de la asidera encima del tapón de gasolina –. Adelante –el cálido aliento se anida en mi espalda provocándome una reacción inesperada. Pulsó el botón de encendido, giro la llave y un ligero rugir emerge del motor.

– ¡Vibra! –digo con sorpresa. Shun ríe, hago lo mismo. ¿Hace cuánto no escuchaba mi propia alegría?. Se siente tan bien, despejar la mente y el corazón. No importa nada más.

– ¡Mientes!. Temes que le pase algo a tu amado vehículo –arremete Hyoga mientras cruza los brazos, su cara muestra molestia y vuelvo a reír.

– Llámalo como quieras. No te enceles cariño, sigues siendo mi favorito –articula riendo, su voz suena muy potente desde aquí –. Hazlo despacio. Recuerda a baja velocidad debes virar en el mismo sentido en el cual deseas ir –. Asiento con la cabeza, me ayuda a mantener el equilibrio, plegó la pata central. Nos movemos lentamente, de mis labios escapa un gritó de júbilo. Comienzo a sentirme libre, a pesar de la vestimenta el viento nos golpea como si deseará frenar mi emancipación. Y en un segundo sucede; acelero y cambio de velocidad. Rodeamos a Hyoga y enfilamos por una pendiente, ganamos velocidad. Shun me sugiere frenar, mi falta de experiencia nos tira bruscamente. Me preparó para el golpe, un segundo, dos, cinco, nada.

– ¿Estás bien? –abró los ojos y encuentro el preocupado rostro de Shun, me mantiene abrazada. Hyoga nos encuentra y respira aliviado.

– Desde allá arriba se vio peor.

– ¡Oh no! –señalo el espejo dañado y varios rayones en la roja pintura –. Lo siento –creo sentir mis ojos llenar de lágrimas y espero pacientemente el sermón. Seiya enloqueció aquel día en el cual cayó agua sobre su tarjeta coleccionable de edición limitada, algo que considero un juguete, no quiero imaginar la reacción de Shun.

– ¡Bah!, son solo cosas, lo importante es que no te hayas hecho daño –muevo la cabeza de lado a lado –. ¿Lista para la siguiente? –sigo a Shun con la mirada sigo sobre el césped de la colina, me deshago del casco y abro la boca, pero no emito ni un solo sonido.

– ¿Piensas renunciar por una caída? –interroga Hyoga. ¿Por qué creo que no hablan precisamente de este tropiezo?

– Es solo un inconveniente dejarás las malas experiencias atrás si las enfrentas –. Shun levantó con facilidad la moto, la inspeccionó rápidamente y bajó la pata de apoyo, para mantener a la motocicleta firme. Una nueva punzada de culpa se apodera de mi estómago, el escape tiene una abolladura.

– Preferiría observar a Hyoga –susurro débilmente. No es necesario mirarlos, por el silencio generado entre nosotros, sé que intercambian miradas.

– Por mucho que me agrades, no te subas a mi espalda. Esa debe ser la razón del accidente –. Hyoga logra lo impensable, reímos sin parar. Parodia con hilaridad nuestras acciones antes del derrape.

Abrazo mis piernas contra el pecho observando a Hyoga. Sube la pendiente sin problemas y acelera confiado. Lo observo extasiada, ¿yo podría un día hacer lo mismo?, me parece que no.

– Nos tenías preocupados –suelta Shun, evito su mirada insistente –quiero decir, me alegra hayas salido de tu habitación.

– ¿A pesar de los daños? –menciono sutilmente.

– A pesar de ellos, aunque de ahora en adelante Hyoga hará alarde de mis malas habilidades para enseñar –hizo una mueca y rió de nuevo.

– Qué momento tan interesante –acusa una voz conocida. Suena resentida.

– ¡Seiya! –menciono y me levanto de inmediato.

– Vine porque me dijeron que no salías de tu habitación, tenías días sin comer, dormías mal y ¿cuál es mi sorpresa?. Estas más que bien. Riendo y gozando la vida.

– No entiendes –menciono con desesperación –Shun me está enseñando a conducir su motocicleta –digo con más emoción de la debida –nos caímos y…

– ¿Cómo se te ocurre hacer algo tan peligroso? –brama –. Arriesga tu vida de forma idiota si quieres, pero a ella la dejas fuera.

– Tranquilízate Seiya –menciona Shun reponiéndose a la sorpresa –no pasó nada, fue un ligero tropiezo.

– Nada de tropiezos –Seiya tomó a Shun por la camisa, zarandeándolo –¿no estas consiente de quien es ella?

– Gracias Seiya, sé perfectamente quién es. La pregunta aquí es si tú lo sabes –dice fríamente.

– ¡Basta, por favor! –suplicó. Hyoga baja de la motocicleta, creo que ha caído al suelo de nuevo y salta entre los dos, separándoles.

– Seiya, necesitas calmarte.

– Calla, tú me metiste en esto. Dijiste que debería venir a verla y está mejor que nunca –. Seiya se da la vuelta, siento el sonrojo apoderarse de mi sin darme cuenta corrí tras él y me detuve, mis piernas no quieren avanzar más. Una lágrima surca mi mejilla y sin poder retroceder o avanzar me quedo plantada en medio del bosque.

El ocaso se apodero pronto de la ciudad o al menos me lo pareció. Encerrada de nuevo en mi habitación, unos débiles golpes en la puerta insisten por tercera vez, limpió con brusquedad mi mejilla y con voz ronca autorizo la entrada.

– Ha hecho mucho calor ¿qué opinas de ir por un helado? –asiento con la cabeza y sigo al joven rubio hasta la puerta principal, inconscientemente busco con la mirada –. Espero no decepcionarte, seremos solo los dos –niego con la cabeza mientras caminamos por la calle. Hyoga está acostumbrado al frío e inventa cualquier pretexto para ir a la heladería tradicional, ni una vez he dejado de acompañarlo. Es muy cuidadoso de no mostrarse tan quisquilloso con sus hermanos, por eso recurre a mí–. Shun salió hace un par de horas, me dio un pretexto bobo. Diga lo que diga debió salir a ver un mecánico, lo apuesto –. La risa de Hyoga me hace sentir peor –. Escucha, quiero darte una disculpa –lo observo incrédula –no debo meterme en donde no me llaman, si ayer no hubiera ido a ver a Seiya esto no hubiera pasado. Los problemas de dos son solo de dos, pero nos tenías muy preocupados. Quizá deberían alejar sus emociones fuera y sentarse a hablar, no son las personas más pacientes que he conocido.

– Hyoga… –menciono, quizá él podría aclarar mis dudas y confirmar mis temores.

– Es un cabeza dura, pero no hay duda del amor que te tiene. Confía, ya verás que pronto se arreglan. Esta familia tiene un gran defecto, el orgullo –. Sonrío, nunca había oído hablar a Hyoga de esta forma, me ha dicho familia. Una alegría se anida en mi pecho. Tomó el barquillo de entre sus manos y comienzo a devorar la fresca bola de helado –. Me alegra tenerte de vuelta –me acarició la cabeza, con él me siento protegida. Esta ha de ser la sensación de tener un hermano mayor. A nuestro regreso a casa, está sumida en oscuridad.

Hyoga abre la puerta principal y me permite pasar. Nos sentamos en las escaleras, sin ganas de seguir conversando. Mi estómago me duele, en parte por las cantidades de helado ingeridas por los dos y en otra por las ocurrencias del rubio. Él es muy atractivo, suele ser una persona fría y retraída pero cuando alguien logra entrar a su corazón se muestra espontáneo, protector, seductor por naturaleza divertido y muy fácil de entender. ¿Por qué tendría que gustarme Seiya y no alguien como él?. Me preguntó. Yui sale de la oscuridad, dirigiéndose hacia a mí me deja una pequeña caja y una tarjeta, antes de irse enciendo la luz del pasillo. Hyoga finge no darse cuenta, abro la caja es un hermoso dije plateado con dos letras s enlazadas y una nota, reconozco la letra de Seiya al instante, "lo siento".

– ¡Hey! ¿cómo te fue? –Hyoga se incorporó tan pronto oyó la puerta cerrarse.

– ¿Con qué?

– Vamos no hay necesidad de fingir, sabemos que fuiste al mecánico.

– ¡Ah, sí. Digo… B-Bien, bien–responde titubeante Shun.

– Adivina, los tórtolos se han arreglado ya –escuchó a Hyoga, antes de subir a mi habitación radiante de felicidad.