El ruido en la casa de los Bakugo iniciaba muy entrada la mañana, lo que no era extraño, en ese punto todos los miembros de esa familia ya tenían algo gastados los tímpanos y llevaban el umbral del estrés acústico por los cielos. Los gemelos Gōgō y Katsuki ejercitaban sus cuerdas vocales con proeza apenas despertaban y mataban el tiempo lanzándose entre ellos la mayor cantidad de cosas, su madre solía unírseles, gritando aún más fuerte y deteniendo los objetos en el aire con brusquedad, intentando calmar al par de rubios cada vez que podía, no obstante, ese día una voz hacía falta, los gemelos deambulaban sin supervisión paternal y lo notaron de inmediato.
Sus padres habían estado "raros" a los ojos de ellos desde hace un tiempo, susurrando cosas en la mesa, vistiendo ropas "aburridas" (así era como identificaban la ropa formal), entrando y saliendo de prisa, comprando cosas y recibiendo gente desconocida. Aquel día era el culmine de aquello. Comiendo las primeras galletas y frituras que agarraron de la alacena como desayuno matutino, los gemelos se dirigieron a la ventana del frontis de la casa al reconocer el motor de su auto estacionarse, y usualmente eso significaría que ellos debían impartir un atragantamiento veloz de sus golosinas para ocultar el hecho de estar comiendo "porquerías", pero el ver a su madre cargando un bulto entre sus brazos y a su padre con una sombrilla oscura alrededor de este llamó más su atención que la posible reprimienda por comer azucarados.
La puerta fue abierta y Mitsuki se encontró de inmediato con el par de ojos de sus niños a un costado de ella, mirando curiosos lo que sea que ella cargaba. Les sonrió con ternura y esperó en su lugar a que su esposo cerrara la puerta detrás de ella y despejara el camino hacia la habitación de sus hijos.
-- ¡¿Pero qué es eso?! -- preguntó Gōgō casi gritando, siendo chitado por su madre de inmediato.
-- La vas a despertar -- susurró Mitsuki como reprimienda, lo que era aún más extraño, su madre nunca susurraba.
De la habitación de los gemelos salió su padre, indicando que ya estaba listo. Mitsuki avanzó y dejó el bulto en la tercera cama que habían instalado previamente allí, arropándola con cuidado y paciencia.
Los gemelos se quedaron afuera de su propia habitación callados por la curiosidad, siendo llevados a la sala por sus propios padres para sentarlos y explicarles la situación.
El hermano de Mitsuki, Sebastián Monoma, llamó a su hermana menor a altas horas de la madrugada explicándole de manera muy resumida lo que acababa de ocurrir y lo que llevaba ocurriendo por meses.
Mitsuki y Masaru abrieron las puertas de su hogar de manera inmediata y comenzaron los trámites necesarios para quedarse con Keir. Fue engorroso, declarar a una niña huérfana es demoroso y el no tener ni un documento de la infante atrasó su llegada aún más. Sabían que era del Clan Roah por un tatuaje en su cuello, mas ni su nombre, su edad o siquiera su propio nacimiento estaban documentados, por lo que eran más y más papeles que crear y llenar.
Vanna Bakugo era el nuevo nombre de la niña y a partir de aquel momento viviría como una hija más entre los gemelos Bakugo.
Los niños intercambiaron miradas de inmediato, sin asimilar el hecho de tener una hermana, ¿así nacían los niños? Mitsuki les advirtió que debían ser cuidadosos y pacientes con ella debido a que Vanna "se asustaba con facilidad". Los niños bufaron, a los ojos de ellos nada en su comportamiento era digno de asustar, creyendo que tenían la tarea comprada.
Mas Vanna requeriría un trato sumamente especial que aquel par de niños de ocho años eran incapaces de imaginar.
La de ojos de distintos colores despertó horas más tarde sintiendo de manera inmediata el calor del sol pegando en su rostro y el olor a comida. No se movió, la cantidad de mantas sobre ella le pesaba y dificultaba su movilidad. Parpadeó al tener la luz del sol encandilándola y más pronto de lo que deseaba se encontró con dos pares de ojos mirándola fijamente.
Tanto Gōgō como Katsuki tocaron con sus dedos índices la cara de Vanna.
-- Eres horrenda. -- dijo Katsuki.
-- Terriblemente horrenda -- dijo esta vez Gōgō. -- sin ofender.
Vanna se mantuvo en silencio analizando a los niños que tenía en frente, quitando con cuidado sus dedos de su rostro. Ella ya había conocido a Mitsuki y Masaru previamente y sabía que viviría con ellos y sus hijos, por lo que no se alarmó, mas aquello no le quitaba extrañeza a la situación.
Ignoró lo que ellos le dijeron y se sentó, empezando a pasear la vista por la habitación, notando de inmediato cómo la imagen de un hombre sonriente, musculoso, rubio y grande se repetía por todas las paredes y estanterías, terminando por enfocarse en un juguete del mismo hombre que relucía por la buena calidad de pintura en él.
Aquello le recordó a Roah, cuya imagen estaba por todos lados en su casa, ¿era acaso aquel rubio hombre su líder a quien adoraban?
Katsuki tomó entre sus manos el juguete de All Might apenas vio la fijación de Vanna en él.
-- ¡¿Qué miras, fenómeno?! -- gritó, haciéndola sobresaltar -- ¡Ni se te ocurra tocar mi figura de All Might!
Gōgō llegó hasta él y lo empujó hasta botarlo al suelo, tomando ahora él el juguete.
-- ¡Es mío! ¡mentiroso!
Katsuki lo pateó desde el piso y se abalanzó hacia él, intentando con uñas y dientes quitarle del todo el juguete.
Vanna vio en silencio cómo peleaban por aquello, pensando en que debían ser bastante devotos de "All Might" como para luchar así por él. Ella se asustó de pronto, ¿no significaba eso que ella debía adorarlo también? Ella no conocía las palabras de ese tal All Might, no conocía lo que profetizaba ni lo que inculcaba, ¿qué hacía ahora? ¿Y si volvían a dañarla por no caer en el ideal?
Su pecho empezó a sentirse apretado y respirar le tomaba más trabajo del normal, debía huir, no quería que la quemaran otra vez.
Mitsuki llegó a la habitación de los niños al oírlos desde la cocina pelear, llegando con un cucharón de madera dispuesta a utilizarlo para separarlos de algún modo.
-- ¡YA BASTA! -- pegó el grito, siendo completamente ignorada. Los niños, quienes ya estaban más que acostumbrados a la bulla, siguieron en su disputa aun cuando su madre los trataba de separar y les pegaba un par de veces con el cucharón-- ¡Masaru ven a ayudarme!
El hombre obedeció al instante, no obstante, en vez de tomar a uno de los gemelos mientras Mitsuki tomaba al otro y separarlos de esa manera como acostumbraban, rodeó la zona de pelea y se arrodilló con cuidado frente a la nueva cama de Vanna, apreciando como ella agarraba el poco cabello que le había crecido y tiraba de él, golpeándose una y otra vez mientras sollozaba desordenadamente.
Masaru no sabía qué hacer, mirando a Mitsuki en busca de ayuda. Ella notó de inmediato la situación, soltando al gemelo que tenía en sus brazos (quien era Katsuki) e importándole poco que cayera sin más, posicionándose junto a su esposo para intentar calmar a la niña.
Vanna lloraba un líquido oscuro y de la piel de ella sobresalían líneas en un lenguaje extraño. Ninguno de los dos sabía qué hacer y los niños solo miraban boquiabiertos cómo su madre los dejó tirados por irse con "la niña fea".
Mitsuki mandó a Masaru a llamar al hermano de ella mientras que ella abría la ventana y cortinas para que le llegara el aire, tomándola entre sus brazos y arrullándola como a un bebé, susurrándole palabras bonitas y acariciando sus manos para que dejara de jalar se sus cabellos.
El silencio se hizo presente en esa casa, entre tanto alboroto y estrés se empezó a pasear una calma proveniente del cántico de Mitsuki hacia la niña en sus brazos y más tarde que pronto las cosas dieron resultado. Masaru tomó a los gemelos (que ya estaban tranquilos) y se sentó en la cama de ellos con cada uno sentados en cada pierna, llevando el teléfono aún pegado en la oreja sin tener la contestación de su cuñado doctor.
Mitsuki le dijo con un gesto que dejara el teléfono y miró a sus hijos, viendo los rasguñones en sus rostros y cómo los dos tenían agarrado el juguete de All Might por cada brazo. Suspiró, acariciando los cortos cabellos de Vanna.
-- Empezaron a pelear por el juguete otra vez, ¿o miento?
Katsuki apuntó de inmediato a Vanna.
-- ¡Ella quería robárselo! -- le dio a saber con Gōgō apoyándolo de por medio.
La sangre le hirvió a Mitsuki, pero lejos de gritar, empezó a contar mentalmente.
-- ¿Y no les dije yo que debían tener cuidado de asustarla? ¿Qué parte de eso no entendieron? ¿Acaso creen que ponerse a pelear y gritar al lado de ella es "tener cuidado"? -- les preguntó con calma, mas el tono de cólera que utilizó no expresaba lo mismo. Los niños no entendían qué culpa tenían ellos si estaban protegiendo lo que era de ellos, además, ¡ella era la que estaba en su habitación! ¿Por qué debían ser cuidadosos en su propio espacio? Su mamá debía estar loca al pedirles algo así -- Denme eso ahora -- exigió con la mano extendida que le dieran el juguete, siendo obedecida a regañadientes.
Mitsuki acercó el juguete a Vanna y se lo ofreció, recibiendo a cambio un nuevo llanto junto a un pataleo insistente para bajarse de sus brazos y alejarse de él.
-- Parece que no le gusta All Might. -- puntualizó Masaru, tomando el juguete de las manos de la rubia y devolviéndoselo a los niños en su regazo.
La mente de Mitsuki hizo click y de pronto empezó a ver toda la decoración de All Might presente en la habitación.
Acomodó a la niña en sus brazos y le levantó la cabeza para que la mirara, limpiando así las lágrimas obscuras que manchaban su rostro.
-- ¿Te asusta All Might?
Vanna la quedó mirando, teniendo miedo de confesarle la verdad, ¿y si la castigaban por no quererlo? El temor se reflejaba en sus ojos y por lo mismo la mujer continuó hablando.
-- All Might es un superhéroe, en tu casa no hablaban de superhéroes, ¿verdad? Él es un hombre bueno, protege a las personas y sobretodo a los niños, a todo tipo de niños, sin discriminar, ¿okey?
Vanna asintió, más calmada con la explicación. Mitsuki la bajó y, con la niña escondida detrás de sus piernas, miró a sus hijos.
-- ¡Cuando les digo que tengan cuidado lo digo en serio! -- les recriminó, sintiendo algo raro en el ambiente -- ay no puede ser -- exclamó cansada, sobando su sien.
-- ¿Qué pasa? -- indagó Masaru.
-- La comida se está quemando.
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01/09/2022
