Despertar con ruido era algo nuevo para Vanna, quien acostumbraba a dormir toda la noche y despertar con los primeros rayos del amanecer, en la casa de los Bakugo despertaban varias horas después del alba y con el grito de Mitsuki al ignorar ellos la alarma del reloj.
Vanna, con el reloj despertador en las manos (le llamaba la atención la vibración del secundero a través del pequeño aparato, además que era de un color rojo muy bonito a los ojos de ella) veía cómo Mitsuki caminaba por toda la habitación buscando el uniforme escolar de los gemelos, vistiéndolos de forma rápida y algo brusca ya que, por lo que había oído decir, iban llegando tarde.
Con la cara somnolienta y con la marca de baba en el rostro los gemelos caminaron a la cocina, sentándose y comiendo guiados por la costumbre que por otra cosa, empezando así la rutina del día lunes.
Vanna no sabía muy bien qué hacer, dejó el reloj en su lugar, estiró un poco la cama como solía hacerlo en su antiguo hogar y caminó descalza hacia el resto de la familia, con sus manos jugando con el dobladillo de la camisa que vestía, llegando algo cohibida hasta ellos.
Masaru se trapicó con el café que estaba bebiendo al ver a la de cabellos blancos llegar en silencio, tomando a la niña entre sus brazos y sentándola en la silla que él mismo estaba usando mientras le preparaba algo rápido de comer.
-- Hay que comprar otra silla -- le recordó a Mitsuki, quien se hallaba atareada preparando las colaciones de los gemelos y lavándoles el rostro.
-- Enciende el auto, la voy a vestir -- Vanna con media tostada en la mano fue nuevamente elevada por los aires, siendo llevaba en brazos de la mujer de vuelta a la habitación en donde dormía. La sentó en la cama y se agachó a su altura -- Escúchame Vanna, en este baúl está tu ropa, así que cada mañana a la hora en la que suena ese reloj tú vienes y te cambias ropa, ¿ya? Será lo primero que hagas al despertar. -- la de ojos heterocromáticos asintió aún comiendo su tostada, dejándose guiar por la mayor mientras era cambiada de vestimenta.
Una vez lista la subieron al auto e impartieron el viaje.
-- Vanna el cinturón -- le recordó Masaru al verla por el retrovisor.
Vanna miró a su alrededor, sin saber a qué se refería.
-- Tu cinturón -- repitió Katsuki hastiado.
Gōgō, sentado entre medio de los dos, le mostró el suyo para que Vanna supiera de qué hablaban -- El cinturón está detrás, por el otro lado -- ella de inmediato lo buscó, encontrándolo fácilmente -- ahora jálalo, lo pasas por delante tuyo y..., no, así no. -- el rubio de lentes azules lo hizo por ella, teniendo algo de buena voluntad pero igualmente impaciente como su hermano.
Una vez listo Vanna volvió a bajar la mirada, notando las nuevas marcas en la piel de su brazo que llegaban a asomarse por sus mangas y se exponían en sus manos.
"Lo siento y te amo, mamá"
El corazón de Vanna empezó a doler al leer esas palabras, sin saber aún el motivo de su aparición en el dorso de su diestra pasó el pulgar por encima de las letras, casi como si pudiera sentirlas, casi como si pudiera borrarlas. Suspiró de forma pesada y desvió la mirada, queriendo no pensar en su mamá ni en su familia.
Llegaron a la escuela de los gemelos y ellos tomaron sus mochilas rápidamente y sin las intenciones de despedirse de nadie, siendo frenados por el seguro automático que su madre desde el copiloto activó.
-- Alto ahí, nos bajamos juntos. Vanna, bájate, vienes con nosotros.
-- ¡¿Ah?! -- los hermanos se quejaron al unísono.
-- Nada de "¡¿ah?!", se comportan.
Luego de despedirse de su esposo se bajó, tomando la mano de Vanna al ser la única que estaba allí puesto que los gemelos habían huido corriendo del lugar apenas pudieron, negándose a ser vistos junto a su madre bajo ninguna circunstancia.
Mitsuki suspiró, sabiendo que sus niños ya estaban en la edad de huir de ella.
-- Vanna, tú no huirás de mí, ¿verdad? -- preguntó retóricamente, viendo los grandes ojos de la niña mirándola con curiosidad. Vanna negó de inmediato, sin saber muy bien a qué se refería. Mitsuki apretó sus mejillas con una mano y besó su frente -- Eres un encanto.
Caminaron por los pasillos de una escuela que acababa de iniciar clase, viendo a uno que otro niño deambular por allí, corriendo rápido por llegar tarde. Mitsuki y Vanna caminaron hasta la oficina de la directora, en donde Vanna debió salir un momento mientras Mitsuki y ella hablaban a solas.
Mitsuki conocía desde hace bastantes años a la directora debido a que sus hijos habían cursado toda su vida en el mismo recinto, y por lo mismo tenía la esperanza de que aceptaran a Vanna aún con las dificultades que ella presentaba. La directora reprimió un suspiro y condicionó su entrada a un examen en específico que la niña debería rendir para determinar su entrada a la escuela además del documento impreso del ingreso de su quirk al sistema. Mitsuki agradeció su comprensión y salió de allí para tomar la mano de Vanna y marcharse juntas.
Mientras ambas caminaban hacia el autobus en camino al trabajo de la mujer, Mitsuki pensaba en los próximos pasos a seguir respecto a la niña. Su hermano no le dio mucha información de Vanna debido a que no existía, tampoco existía la posibilidad de contactar con los padres de ella para saber lo mínimo, tan solo podían tener un poco de contexto debido a la información en internet sobre el Clan Roah.
Mitsuki no sabía nada y Vanna tampoco hablaba, Mitsuki quería saber qué le había sucedido, cómo se llamaba antes, qué circunstancias la llevaron a llegar quemada al hospital, cómo se llamaban sus padres, si tenía hermanos o era hija única. No, no había nada.
Solo sabía que su sangre era tipo O-, no tenía alergias, medía 1.34 y debía tener aproximadamente ocho años.
Ah, y que le asustaba All Might.
Llegaron hasta el autobus y se sentaron al final de un vehículo casi vacío. Mitsuki sentó a Vanna a un lado y empezó a acariciarle el cabello, haciendo que la niña la mirara de inmediato.
Mitsuki quería llorar, veía las cicatrices de quemaduras que no se le borraron en sus mejillas y el propio silencio de Vanna y de pronto todo aquello comenzó a pesar, volviendo a preguntarse, ¿qué circunstancias llevaron a Vanna a terminar quemada? ¿por qué Vanna sentía la necesidad de guardar silencio?
-- Vanna -- la mujer recorrió su vista por toda la niña, delineando las curvas que los manchones de piel clara y oscura formaban en su cara, observando sus iris celeste y negro, sus mejillas suaves, la delgadez en el vello de sus cejas, Vanna aún tenía el rostro redondo de un niño pequeño y aquello cargó más pesar a su corazón -- Te quedarás conmigo pese a lo que sea, estás a salvo con nosotros. Masaru, Katsuki, Gōgō y yo somos tu nueva familia y eso no va a cambiar, iniciarás una vida aquí rodeada de amor, porque te vamos a amar muchísimo, te vamos a cuidar muchísimo y te vamos a proteger de cualquier cosa, ¿ya? Eres maravillosa y perfecta tal y como eres y no necesitas que cambien ningún aspecto de ti. -- Vanna la miraba concentrada en sus palabras, digiriéndolas poco a poco -- Yo... -- continuó la mujer, tanteando terreno al no saber muy bien qué hacer en casos como el suyo -- desconozco los detalles de tu vida en el pasado, no sé si la pasabas bien o la pasabas mal, tampoco sé si te sientes feliz de estar con nosotros o si extrañas la vida que tenías antes, pero Vanna, trataré de ser una persona en la que tú puedas confiar y así, si lo necesitas en cualquier momento, puedas acudir a mí si necesitas hablar, o si necesitas un beso o un abrazo, yo estaré aquí para lo que sea que necesites cuando lo necesites, ¿está bien mi corazoncito? Por favor no olvides nunca lo que te acabo de decir y no dudes de mis palabras.
Vanna asintió con lentitud, queriendo sonreírle por empatía al notar a la mujer tan vulnerable, sin entender del todo lo que ella acababa de decirle pues para Vanna todo era nuevo; acababa de llegar a la casa de ellos luego de un largo periodo en el hospital y antes de eso ella vivía su vida normal junto a sus padres y hermanos, para Vanna todo se sentía ilusorio, como si estuviera en un sueño permanente y siguiera sin poder despertar.
Vanna estaba asustada en el fondo, su alma infantil temblaba del miedo e incertidumbre que sentía y es que tanta aceptación y libertad por parte de los Bakugo's le sembraba inseguridad en su corazón. En su familia nadie era libre, nadie era aceptado tal y como eran, nadie podía hacer lo que quería, ni amar tan desconcideradamente, y el tener a Mitsuki profesando tales muestras de cariño y de seguridad simplemente parecía una mentira.
Vanna asintió a las palabras de Mitsuki pero no creía en ellas.
¿Realmente nunca más vería a su madre? ¿Realmente estaría en esa casa ruidosa el resto de sus días? ¿Acaso su familia no la extraña? Vanna no entendía que lo que le habían hecho a Keir era un crimen muy lejos de parecerse a un acto de amor y tampoco entendía que sus padres eran criminales por permitirlo, no entendía que había sido vulnerada toda su vida y que el hecho de costarle tanto aceptar el amor de Mitsuki radicaba justamente en el daño psicológico que su familia le provocó anteriormente.
Vanna asintió sin creerle, y Mitsuki, una madre primeriza, solo limpió sus lágrimas y se limitó a recorrer el camino en un silencio sepulcral.
Y es que Vanna no creía en ella y no podía esperar por el momento en que podría correr de vuelta a los brazos de su mamá.
