Desde el primer momento en el que escuché la nueva colaboración de Taylor Swift y Florence + The Machine, yo dije: "esta es mi canción". Me obsecioné tanto con la canción que de repente me surgió la idea.
Es un One Shot que forma parte del universo de So It Goes, pero, sucede entre cuatro y cinco años antes de los sucesos del fanfic. Son varios momentos perdidos que al final terminaron contando una historia que espero que disfruten. Es un poco fuera de lo normal o de lo usual a la manera en la que escribo, pero debo decir que me ha gustado bastante, espero que a ustedes también.
Quiero aclarar que no se van a revelar detalles que alteren el rumbo del Fanfic, o al menos no aun jijiji. Ya veremos en el futuro.
Puse la letra de la canción, si, me salté algunas partes, pero si quieren escucharla mientras leen, se los recomiendo.
Disclaimer, ya se la saben... Twilight y todo lo relacionado le pertenecen a Stephanie Meyer. 50 Shades le pertenece a E.L. James. Yo juego con los personajes y los hechos, Bla, bla, bla.
¡Hay un par de cositas que si serán de mi imaginación! Pero es todo.
Pov Angela
—Eres una maldita egoísta —siseo entre hipos de llanto. Las lágrimas continúan bajando descontroladamente por mis mejillas, los temblores siguen sacudiendo mi cuerpo violentamente y sé que debo lucir como una maldita loca.
—L-lo s-sient-to —consigue decir. Su voz débil apenas es captada por mis oídos, su llanto està gastando más energía de la que tiene.
Un momento ¿está llorando? ¿Ella está llorando?
—¡Cállate! —grito desgarrando mi garganta. — ¡Eres una egoísta! ¿Es que no piensas en los demás? ¿Crees que eres la única que sufre? ¡No todo se trata sobre ti, Isabella!
—Angela —intenta mover su mano para tomar la mía. No puede. —Y-yo...
—¡Cierra la puta boca!
Mi grito debió escucharse en todo el hospital. No me importa. Al menos me ha hecho caso y ha dejado de hablar, o de intentar hablar.
El silencio nos rodea. Los aparatos a su alrededor chillan y hacen sonidos que solo aumentan mi llanto silencioso. No puedo creer que estemos aquí, no puedo creer que ella esté en esa cama de hospital, dopada con mil medicamentos mientras yo sollozo a su lado con mi ropa cubierta en su sangre. No puedo creer que haya tenido que pasar por todo esto en menos de 24horas.
—Salí corriendo, corrí hasta tu casa, Bella. Yo... necesitaba a la única persona en este maldito pueblo que podría comprenderme y... ¿y qué pasó? —suelto una carcajada histérica. —¡Te encontré muerta!
—Es q-que y-yo... —intenta balbucear. Sacudo la cabeza.
—¡Muerta! Joder, Isabella, estabas muerta ¡Muerta, muerta! ¡Acabo de arrastrar tu puto cadáver por todo el pueblo hasta aquí!
No responde. Cierra y los ojos y permite que un mar de lágrimas se desborde de ellos. La máquina que registra los latidos de su corazón aumenta el ritmo. Casi sonrío. Se siente miserable, bien, porque yo también.
—No puedes dejarme, Bella —hipo. —Eres mi única amiga en este momento, no puedo perder a nadie más.
—¿De q-que estas h-hablando?
—Fui a esa puta fiesta. Desde que entré sabía que algo estaba mal, todos lo sabían, ¡Joder yo también lo sabía! ¡Lo presentía! —me suelto llorando, de nuevo. Mis sollozos se hacen más evidentes. —Todos estos días, su comportamiento, sus palabras, él cambió, y yo.. ¡mierda! Yo, no creía, yo..
—A-angela no te e-entiendo.
—Ben lleva semanas follándose a Lauren.
—E-eso —Bella intenta buscar las palabras. —Eso apesta.
Dejo caer mi cabeza contra la dura y fría cama de hospital. Ya no puedo contenerme, ya no puedo ocultar el dolor en mi corazón, ya no puedo ocultar que mi alma duele. Una mano temblorosa se deposita sobre mi cabeza, en un apoyo silencioso. Ella me entiende, solo ella puede entender cuanto duele que te arranquen el corazón.
Ninguna dice nada, en silencio nos apoyamos. No hay nada que decir.
—¡Bella! —la voz de Charlie nos sobresalta. No se cuánto tiempo hemos estado aquí. —Bella, hija, ¿qué pasó? ¿Estas bien?
—Hola, Charlie —murmuro. Mi cabeza se levanta, limpio mis lagrimas con el torso de mis manos.
—¿Angela? —el jefe parpadea, reconociendo mi presencia. —¡Angela! Tus padres llevan horas buscándote.
—Yo.. —intento buscar una excusa. No tengo. —Estaba aquí, con Bella.
—¿Estas bien? —pregunta mirándome de arriba abajo.
—No tengo heridas —es lo que respondo. —Yo... creo que debería ir a buscar a mis padres.
Con movimientos torpes, me pongo de pie. Mis piernas parecen gelatina y necesito sujetarme de lo primero que mis manos alcanzan. Charlie se da cuenta e intenta ayudarme, pero yo ya estoy casi cruzando la puerta.
—Te veo luego, Bella —digo dando una mirada a la cama. Sus ojos, muertos y de color café seco me observan, todavía hay lágrimas en ellos. No puedo soportarlo. Necesito salir de aquí. —Adiós, Charlie.
Me giro y salgo casi corriendo del hospital.
La lluvia golpea mi cuerpo con una fuerza que me toma desprevenida. Mi piel arde por el golpeteo de las gotas, mi ropa se pega a mi cuerpo y siento la sangre impregnada en ella comenzar a escurrir hacia el suelo. Las lágrimas en mi rostro ya no son visibles, la lluvia se las ha llevado, como si intentara llevarse mi dolor.
Levanto mi cabeza hacia el cielo. Está oscuro y gris como yo.
¿Así será de ahora en adelante?
En mi mente se repiten las imágenes de la noche anterior. Ellos, sobre esa cama, desnudos, sus cuerpos cubiertos de sudor, sus rostros con sonrisas y expresiones de placer, sus bocas gimiendo el nombre del otro.
Caigo sobre mis rodillas. Mis manos abrazan mi cuerpo, siento que me estoy cayendo en pedazos.
Debo ir a casa.
Consigo arrastrarme por las calles del pueblo. Cada persona que se cruza conmigo me mira como si yo estuviera loca, hay vergüenza, miedo, asombro, pánico, burla en sus ojos. Todos me miran con lastima.
¿Todos ellos lo sabían?
—¡Angela! —escucho la voz de mi madre. —¡Oh por dios! ¡Hija! ¿Estás bien? ¡¿Que te pasó?!
—¡Mamá! —lloriqueo. Su cuerpo choca con el mío, sus brazos me envuelven y yo me derrumbo. Una vez más.
You can beat the heat if you beat the charges too…
—¿Irás a la graduación? —pregunta.
—No —exhalo.
Eso es todo. No le doy explicaciones.
Ambas nos sumimos en el silencio que ha sido nuestro compañero estos últimos días. Bella sigue allí, donde ha pasado cada día desde que los Cullen se fueron, en la mecedora que está frente a la ventana. Yo estoy acostada en su cama, mirando por la otra ventana de su habitación, he pasado así mis últimos días. No fui hoy a la escuela, ayer tampoco, ni el día antes, o el anterior a ese. No he ido a la escuela desde ese día.
—Los gemelos están en prisión —suelto. Bella gira su rostro en mi dirección, se mueve tan rápido que casi puedo escuchar sus vertebras crujir.
—¿Por qué?
—Se escaparon de la escuela, fueron al instituto y —las palabras se atoran en mi garganta. Hago un esfuerzo por expulsarlas. —Golpearon a... pues, a él.
No puedo pronunciar su nombre. Que cobarde.
Bella se queda en silencio por largo rato. Incluso tengo que mover mi cuerpo para asegurarme que siga conmigo. Está allí, con su cuerpo torcido y mirándome con ojos muy abiertos.
—Se lo merecía —dice antes de volver su atención a la ventana.
—Él también está en prisión, por agresión a menores —le cuento. No dice nada.
—¿Irás a la graduación? —murmura después de un rato. Le doy una mirada. Hoy está hablando más que otros días, está haciendo un esfuerzo.
—No —giro mi rostro en dirección a la ventana que ella observa.
—Deberías ir.
—¿Sabes lo que pasará? —jadeo. —¿Crees que me dejarán en paz? No quiero que me miren con lastima, no quiero que ninguno de ellos me ahogue con preguntas a las que yo no tengo respuestas. ¡No quiero que se burle de mí!
—Pero lo harán —dice. —Contigo allí o sin ti.
Cierro los ojos. Dejo caer mi cuerpo de nuevo contra el colchón.
—Puedes venir todo el tiempo que quieras, Angela. Puedes usarme como excusa para evitarlos a todos y ocultarte del mundo —habla tan suave, como si no quisiera lastimarme. Hago una mueca. —Pero eso no significa que no hablen de tí.
Odio admitirlo, tiene razón. Según mi madre, ya han un sin fin de chismes sobre mí en el pueblo, cada persona dice una cosa diferente; Que solo estaba conmigo por lastima, que yo lo engañé primero, que solo era una distracción, que solo me estaba usando para darle celos a ella, que soy una mentirosa y yo inventé todo... Incluso han dicho que soy lesbiana y me estoy tirando a Bella.
Hay tantos cargos en mi contra, y yo no he cometido ningún crimen. No soy una criminal.
—No quiero verlo —admito. —Por eso no he ido a la escuela, por eso vengo y me oculto en tu casa, aquí no puede verme.
—Pídele a Charlie que no lo libere aún —propone. —Puedes ir, recoger tu diploma con la frente en alto y no volver a verlo en tu vida.
—Bella —giro mi rostro hacia ella. —Forks es un pueblo pequeño, es un jodido infierno. Tarde o temprano lo volveré a ver.
—No, o al menos si te vas —dice. Sus ojos buscan los míos, por primera vez en meses, hay un brillo de algo en ellos. —Puedes irte, puedes hacer tu vida en otro lado y en cinco años, todos ellos estarán ahogándose en deudas, hierba o pañales sucios y no se acordarán de esto.
Eso suena bien, suena a una solución. Lo es, es la jodida salida facil; Huir como una cobarde.
—No es tan sencillo —sacudo la cabeza.
—Lo es. Compra un maldito ticket de avión y vete.
—¡¿Tu que haces aquí si es tan sencillo?! —pregunto elevando el tono de mi voz Mi espalda se endereza y ahora estoy sentada lanzándole miradas furiosas.
—Volviéndome loca, aparentemente —dice por lo bajo. Cree que no la he escuchado, pero lo hice y eso solo me hace sentir culpable.
Muerdo mis labios. "Loca". Eso es lo que Charlie, los chicos de la Push, y cualquier persona en Forks le han dicho durante todo este tiempo. No es justo, ninguno lo ha sido con ella. Ninguno sabe cómo se siente en realidad, ninguno sabe lo que sucede al interior de su cabeza. Ninguno comprendería lo que es amar tanto a una persona, que le das todo de ti hasta que tú te quedas sin nada. Ninguno comprende lo que es que te arranquen el corazón.
Ahora yo puedo, yo la comprendo.
—Aquí está mi familia, Bella —exhalo. —Si me voy lo perderé todo.
—Pero ¿y si te quedas? —pregunta. Mis dientes se aprietan. —¿Podrás soportar lo que se viene? Lo verás a diario, quizás con ella, quizás no. Jessica irá por la vida acosándote y esparciendo chismes, ella siempre se burlará de ti cada que te vea, tus hermanos se meterán en problemas por cuidarte, tus padres, ellos sufrirán al verte sufrir ¿Puedes lidiar con eso?
—¡Ya entendí tu punto! —chillo. Mis manos suben a mis oídos. —Mierda, Bella. Llevas meses sin hilar una frase completa y cuando lo haces es para echar sal a mi herida.
—Solo intento ayudarte —su voz se va perdiendo.
Ahora me siento mal de nuevo. Es cierto, Bella es la única amistad sincera que tengo en este jodido lugar, y solo intenta ayudarme, está haciendo un esfuerzo, por mí y yo solo vengo a su casa a invadir su espacio ya a portarme del asco con ella.
—Y tú, Bella ¿porque te quedas aquí? —pregunto más conciliadoramente. —Aquí hay muchos recuerdos y la verdad es que Edward no va a...
—¡No! ¡Basta, basta! —su grito interrumpe mis palabras. Su cuerpo se sacude violentamente, sus manos presionan su cabeza con fuerza y su cuerpo se ha enrollado hasta ser un nudo en la mecedora.
Soy horrible.
No debí mencionar su nombre, no debí causarle dolor.
—Lo siento, Bella —me disculpo. —No debí decir eso.
Ella solloza en respuesta, yo solo puedo mirarla desde la cama, incapaz de acercarme a ella, incapaz de ofrecerle consuelo, incapaz de mostrarle una sonrisa que yo tampoco tengo.
—Charlie no me dejará ir —consigue decir. Aún está llorando. —No después de lo que pasó. Ya no confía en mí.
La realidad es que nadie lo hacemos. No queremos que vuelva a pasar, no queremos perderla.
—Quizás puedas solo... tomarte unas vacaciones —sugiero. —Quizás ir a visitar a tu madre. No creo que a Charlie le moleste que salgas, que intentes vivir.
—A mi si me molesta —sisea.
Muerdo mi lengua. No puedo decirle nada más.
…And this city reeks of driving myself crazy
—Angela Beatrice Webber —el director dice mi nombre.
Soy la última. Siempre la última. La última en la lista de alumnos, la última en pasar a recoger mi diploma, la última opción.
Me levanto de mi silla, con mis manos acomodo la túnica de graduación que llevo puesta, enderezó mis hombros y levanto la barbilla.
No le daré la satisfacción a ninguno. Pueden reírse y burlarse de mí todo lo que quieran, pueden hablar de mi todo lo que quieran, pero hoy no. Hoy no seré débil, hoy no voy a soltar ni una sola lagrima, al menos no delante de ellos.
Todos están en silencio, mirando, observando, el sonido de mis zapatos mientras camino hacia el estrado es lo único que se escucha. Con cuidado subo la escalera, enderezo mi espalda de nuevo y me acercó al director que sostiene mi diploma y su mano extendida en mi dirección. Estrechó su mano mientras veo la leve sonrisa que el hombre me ofrece, la lastima brilla en su rostro. Quiero vomitar.
El director se gira hacia el frente, mirando a la audiencia. Por protocolo, deben sacarnos una foto, la persona aparece frente a nosotros, pero yo veo más allá de su hombro. Todo el maldito pueblo está aquí, cada persona, sentada en una silla de este auditorio improvisado, cada uno mirándome fijamente, cada uno con mil cosas para decirme, pero, ninguno de ellos con lo que quiero escuchar.
A la mierda con todos ellos.
Little did you know your home's really only a town you're just a guest in…
Forks ha sido mi hogar durante más de 18 años. Aquí nacieron mis padres, aquí se casaron, aquí nacimos mis hermanos y yo, aquí hemos vivido desde siempre. Nunca he sido de las personas que buscaba escapar, nunca he deseado salir de Forks, al menos hasta ahora. Ahora hay un deseo muy grande de huir de aquí.
Las lágrimas se acumulan en mis ojos. Forks es el lugar donde pensé vivir mi vida entera. ¿Y ahora no puedo?
La mano del director suelta la mía, supongo que hemos terminado aquí.
Me giro, mis pies se mueven hasta llegar al otro lado del estrado donde están los otros escalones. Regreso a mi lugar en el medio de los graduados, volteo a tiempo para ver a Charlie subir al estrado, a su lado va una Bella temblorosa.
Todos en este lugar sostienen la respiración. Todos aquí saben que Bella ha estado indispuesta desde que los Cullen se fueron, todos aquí sabemos cuánto la afectó su partida. Y todas estas personas idiotas y chismosas saben lo que sucedió la noche de la maldita fiesta de Newton. Nadie se imaginaba que hoy estaría aquí, de pie, y con su diploma en sus manos.
Charlie está a un lado del estrado, lanzando miradas a todo el público, está retando a que cualquiera sea tan valiente o estúpido como para hacer un comentario de su hija. Nadie lo hará, no frente a él.
La ceremonia concluye poco después. Me levanto de mi asiento y corro al lado de Bella, ella es la única que me importa en este momento.
—No me quiero quedar aquí.
Nuestros padres llegan hasta nosotras, mis hermanos vienen con ellos. Bella se limita a mirarme.
—¡Estoy muy orgullosa de ustedes! —mi madre chilla abrazándonos a ambas. Su emoción es evidente. Mi padre nos sonríe.
—Ahora ya son todas unas adultas —mi padre nos sonríe.
—¿Así se siente ser adulto? —siseo.
—Si ser adulto es verse como ustedes, ya no quiero crecer —Isaac le susurra a su hermano.
Charlie y mis padres hacen una mueca. Bella y yo ponemos los ojos en blanco.
—¿Ser adulto es ser miserable? —Joshua nos mira.
—Su vida va a mejorar, hija —mi padre dice en tono lastimero.
—¿Tu crees? —los gemelos preguntan. Yo me hago la misma pregunta en silencio.
—No es el fin del mundo —mi padre nos dice, sus brazos se estiran, coloca una de sus manos en uno de nuestros hombros. —Habrá más chicos, habrá más amores, y cuando menos lo esperen el señor pondrá al indicado en sus caminos.
—Yo no quiero al indicado —siseo. Mis palabras apenas salen de mis labios. —Yo lo quería a él.
—Mi punto es, Angela —mi padre habla más severamente. —Algún día se acordarán de esto y se reirán.
—¡Claro! Me voy a partir de risa cuando recuerde como mi novio me puso el cuerno con la más zorra del pueblo —susurro en dirección a Bella.
—¿Iras a la universidad, Angela? —Charlie me pregunta. Pobre hombre, no sabe cómo aligerar el ambiente y ahora ha metido más la pata.
—Esa era la idea —me atraganto. — La idea era ir a Port Angeles a la universidad y graduarme en psicología. La idea era casarme con ese imbécil, sacar una hipoteca y tener dos hijos. La idea era quedarme a su lado.
Todos me miran.
—Quizás pueda esperar un semestre —propone mi padre.
—Quizás debe tomarse un año sabático —Isaac habla.
—Puedes tomar uno de esos cursos en línea —mi madre propone. —Quizás hay alguno que pueda gustarte.
—Quizás la escuela no es lo tuyo —dice mi otro hermano.
—Ni que fuera tú —le reprende mi madre. Isaac se carcajea.
—Quizás Angela puede venir conmigo —Bella habla. El tono en su voz interrumpe la discusión por mi destino.
Charlie mira a su hija, sus ojos están vidriosos. No es un secreto que no confía en ella, Bella lo entiende, Charlie lo entiende, todos lo entendemos. Lo que acaba de suceder con Bella no es algo sencillo, pero intentamos ayudarla en lo que podemos, aunque quizás hemos fallado demasiadas veces. Quizás un no está todo perdido.
Quizás lo que Bella necesita es salir de este maldito pueblo donde todo es un recordatorio constante de ellos.
Quizás yo necesito respirar otro aire para decidir mi futuro.
Quizás yo pueda ayudarla a sanar sus heridas.
Quizás ella pueda ofrecerme una vía de escape.
Quizás aún hay esperanza.
—¿A dónde iremos, Bella? —le pregunto.
¡Florida!
—¿Siguen aquí? —Renée pregunta.
Bella no se molesta en reaccionar a la pregunta de su madre. Continua con los ojos cerrados y con su cuerpo inmóvil bajo el sol.
Yo solamente abro los ojos.
He perdido la cuenta de cuanto llevamos aquí, en los camastros junto a la piscina en casa de Reneé. He perdido la cuenta de cuantas lagrimas se han desbordado por los ojos de Bella, he perdido la cuenta de cuantas maldiciones y sollozos he soltado yo.
Mi piel arde por la exposición al sol, al calor y a la humedad de Florida.
Aun así no es suficiente dolor. Mi corazón duele más.
Por la esquina de mis ojos veo a Renée sentarse en la mesa que se encuentra entre ambos camastros.
Puedo sentir la mirada de desesperación y lástima que nos da a ambas.
No está feliz con nuestra presencia. O quizás sí, pero no está cómoda con la aparente depresión que Bella y yo tenemos. Llevamos dos días aquí y ya hemos alterado toda su vida, la casa ahora parece un manicomio, llantos por los pasillos, silencio sepulcral, personas que se lamentan y se arrastran de un lado a otro, gritos de terror y dolor por la noche. Reneé se congela y no sabe qué hacer con nosotras, ahora simplemente nos evita. Phill había pedido vacaciones para estar con nosotras, hoy en la mañana anunció que pasaría todo el día entrenando.
Is one hell of a drug
—¿Por qué no van y dan una vuelta por la ciudad? —Renée propone, la observo sentarse en la mesa entre ambos camastros. —Quizás puedan encontrar algo interesante.
—Encontrar —Bella bufa demasiado bajo.
—No tenemos ganas de salir —respondo amablemente.
—O de encontrar algo —Bella sisea esas palabras en un tono irónico.
—¡Por lo más sagrado! ¡Bella! —chilla la mujer. —¡Cuando yo tenía tu edad, aun me sentía viva, yo quería vivir, salir, disfrutar!
—Cuando tenías mi edad estabas embarazada de mí y casada con Charlie —dice Bella. Es ahora cuando decide abrir los ojos y girar su rostro en dirección a su madre. —¡Cuando tenías mi edad abandonaste a Charlie!
—Porque mi libertad valía más —Reneé levanta la voz. —¡Tu vida no va a terminar por causa de ese pueblo, Bella!
—¡Tú no entiendes! —Bella grita. Su espalda se endereza, ahora está sentada mirando de frente a su madre.
—¿Estar enamorada? —Reneé pregunta. —Claro que lo entiendo, Bella. ¡Yo estoy enamorada!
—¡No entiendes! —Bella se pone de pie. Yo enderezo mi espalda hasta quedar sentada mientras observo la escena. —No sabes lo que es que te mientan, que te engañen, te mientan, te usen. No sabes lo que es encontrar a tu alma gemela y que solo tú lo sientas.
—No seas dramática, Isabella —Renée la reprende.
—¿Dramática? —Bella levanta las cejas. —¿Soy dramática por llorar? ¿Por qué grito y lloro de dolor? ¡¿Soy dramática porque alguien arrancó el corazón de mi pecho?!
—Bella, hija tienes casi 19 años —Renée pone los ojos en blanco. —Aun no conoces al amor de tu vida, aun no lo has perdido.
—No puedes saber eso, ¡fuiste tú quien abandonó a Charlie! —la castaña grita en el medio de un sollozo. —¡No sabes lo que es perder un amor porque nunca lo amaste lo suficiente!
—¡Isabella! —ahora es Renée quien grita. —Tu comportamiento no es normal, estas actuando como una loca o trastornada.
—¿Trastornada? —Bella suelta una profunda carcajada. —¡Por supuesto que estoy trastornada, mujer!
—Bella —intento detenerla antes de que diga algo de lo que se arrepienta después.
Me ignora, por supuesto.
—Tuve que cuidar a una mujer que no aceptaba que era madre, pero que era tan egoísta que no pudo dejarme con mi padre —Bella grita con rabia. —¡Era una jodida adulta en el cuerpo de una niña! Pagar cuentas, cocinar, limpiar, cuidarte a ti y a mí misma ¡Tengo todo el derecho de actuar como una trastornada!
Bella no espera respuesta de su madre. Se levanta y cruza a toda velocidad el patio.
—¡Bella! —su madre grita su nombre. La llama un par de veces sin respuesta alguna, Bella ya ha salido de la casa y está lo suficientemente lejos de su madre y sus reclamos histéricos e incongruentes.
Reneé me mira. Espera que le dé la razón.
—Iré con ella —aviso.
Ignorando su mirada insistente, me levanto del camastro y me dirijo hacia donde mi amiga se ha marchado. Cuando cruzo la puerta de la cerca que rodea el perímetro de la casa, acelero el paso. No lo diré en voz alta, pero tengo miedo de que Bella pueda volver a lastimarse.
Florida
—Supongo que el problema no es Forks —siseo. Llevamos un buen rato sentadas en la arena, mirando el mar ir y venir acompañado del sonido de las olas.
Un suspiro profundo y ruidoso es mi respuesta.
Miro el horizonte, el atardecer está en su esplendor, el color naranja ardiente brilla en el cielo y en el mar brindando un espectáculo que en Forks no puede verse. Aquí todo es cálido, naranja, marrón, caliente, diferente, libre.
—¿No les tienes envidia? —escucho que Bella pregunta.
Miro a mi alrededor, hay personas caminando por la playa, hay otras sentadas en la arena como nosotras, hay quienes corren por el borde del mar o que juegan con sus hijos o sus mascotas. Pero, Bella no observa a nadie de ellos, sus ojos están sobre un grupo de personas que corren por la playa lanzando un balón mientras ríen y bromean entre ellos.
Hablan, ríen, disfrutan, viven.
A ellos no les han roto el corazón. Si, les tengo envidia.
—Se parecen a los chicos de La Push —comento sin responder a su pregunta.
—Si —acepta.
Continuamos mirándolos en silencio. Pasa un rato hasta que el balón se escapa lo suficiente como para caer a unos metros de nosotras. Bella y yo giramos nuestro cuello al mismo tiempo, ambas colocamos nuestra atención en el mar frente a nosotras.
Somos unas antisociales.
Por la esquina de mis ojos, veo al hombre de cabello castaño casi rubio inclinarse a recoger el balón de la arena. Su rostro se levanta en nuestra dirección y nos mira con curiosidad. Sus piernas se mueven hasta llegar casi a mi lado.
—Hola —su voz suena agitada, pero fresca y ligeramente grave.
—Hola —respondemos nosotras sin dejar de mirar el mar.
—Hola —repite. —Nunca las había visto por aquí.
—Acabamos de llegar —es mi respuesta. Miro de reojo a Bella que no se ha movido ni reaccionado ante el hombre.
—¿Se acaban de mudar? —pregunta. ¿Porque suena emocionado?
—N-no —consigo responder. —Estamos de visita, unicamente.
—¡Solo unas turistas! Que interesante —se ríe. Eso me molesta. —¿Llegaron hoy?
El hombre mueve su cuerpo, se coloca frente a nosotras bloqueando nuestra vista y obligándonos a levantar nuestro rostro para mirarlo.
Siento el calor subir por mis mejillas. El hombre lleva únicamente unas bermudas y unos lentes de sol que cubren sus ojos. Sus piernas y su torso desnudo son una muestra perfecta a sus músculos torneados y bien formados.
—Llegamos hace unos días —Bella le responde. Le doy una mirada molesta que ella ignora. ¿Ahora ha decidido que es buen momento para socializar?
—¡Bienvenidas a Florida! —dice levantando sus brazos al aire.
—¿Gracias? —mi respuesta suena más a una pregunta.
Veo que el hombre abre la boca para hablar, pero es interrumpido por otra voz que grita.
—¡Scott! ¿Qué carajo estás haciendo? —la voz grita, otro hombre, esta vez de cabello ligeramente largo y más rubio se acerca corriendo en dirección a nosotros.
¿Ahora van a bajar como buitres?
—Me distraje —le responde el primer hombre que ahora sé que se llama Scott.
—Que buenas distracciones —murmura. Siento el temblor de Bella a mi lado.
—¡Cállate, imbécil! —Scott le da un codazo. —Las vas a asustar.
—Apuesto que eso ya lo hiciste tú —se burla. —Hola, soy Liam.
—Hola —le saludamos.
—¿Vendrán a la fiesta de esta noche? —Liam pregunta. Su cuerpo, más delgado, pero igual de marcado que el de Scott rebota de un lado a otro.
—¿Una fiesta? —pregunto. Bella jadea cuando escucha mi pregunta, sus ojos se abren al máximo, su cuerpo se estremece con más violencia.
—N-no me gustan las fiestas —consigue decir la frase con voz clara.
—A mí tampoco me agradan mucho —le hago segunda a mi amiga. Ambas quedamos traumadas a causa de una fiesta, lo menos que necesitamos es asistir a otra y que suceda algo peor.
¿De verdad estoy retando al destino? Yo sí estoy loca.
—Aquí las fiestas no son como en otros lugares —Scott dice sugestivamente. —Si vienen a Florida deben asistir a una fiesta.
Bella y yo nos miramos. Ambas estamos buscando en nuestra mente un escape a esa dichosa fiesta de estos dos desconocidos.
—Deben venir —Liam se carcajea. —¡Será divertido!
—Sí, cómo la última vez —Bella murmura. Mi boca se seca.
—Será en la Ponte Vedra Beach, está a 10 minutos de aquí, no necesitan indicaciones, sabrán que están en el lugar correcto en cuanto lo vean —Liam continúa parloteando. —Allí las vemos.
Con un movimiento arrebata el balón de entre las manos de Scott y sale corriendo de regreso al grupo de personas que ha estado esperando por ellos.
—Nos vemos más tarde —Scott se ríe y sale corriendo detrás del rubio.
Can I use you up?
—¿Porque estamos haciendo esto? —pregunto.
—Yo... —Bella duda, pero no se detiene. —Quiero ver algo.
—¿Ver? ¿Qué demonios, Bella?
—Ni siquiera tenemos que hacernos notar —exhala. —Podemos quedarnos en una esquina, y volver a irnos.
La música resuena en toda la playa, las personas se mueven entre las luces de colores, el aroma a alcohol se mezcla con el aroma de la sal del mar. Se escuchan risas, gritos y voces cantando con la música.
La dichosa fiesta a la que fuimos invitadas de una forma muy poco común, ya está en todo su apogeo. Ellos, los dos extraños de la playa, tenían razón, no necesitamos indicaciones, llegamos hasta aquí solo siguiendo la playa y el bullicio de la ocasión.
—Bella, ni siquiera conocemos a nadie —le ruego, mi mano sujeta su mano deteniendo sus pasos. —No sabemos de quien es la fiesta, no tenemos que estar aquí.
—Lo sé.
—Bella, puede ser peligroso —intento razonar con ella. A pesar de la oscuridad, veo sus ojos brillar al mencionar el peligro. No la entiendo.
—Lo sé —acepta. —Pero no quiero volver a la casa de Reneé, no puedo seguir soportando sus sermones, ni tampoco sus miradas de lastima o sus constantes intentos de que acepte que él...
Exhalo.
—Bueno, en eso estamos de acuerdo —murmuro.
Yo tampoco quiero seguir escuchando a su madre decirme que no soy la primera ni la última mujer a la que le ponen el cuerno. Tampoco quiero escuchar sus consejos de cómo recuperar al imbécil cuando regrese a Forks.
—Nos iremos si no estamos cómodas, Angie —Bella intenta sonreír. —Te lo prometo.
Asiento. Puedo hacer un esfuerzo por ella y por mí.
The hurricane with my name when it came
—Puedes hacerlo mejor que eso —una voz habla a mis espaldas.
Me giro rápidamente solo para encontrarme un rostro extraño y familiar a la vez. El cabello cae alrededor de su rostro de manera desordenada, una sonrisa burlesca baila en sus labios y sus ojos verdes brillan con picardía y maldad.
—¿Mejor? —pregunto sintiéndome estúpida.
Él se ríe.
Recuesta su espalda contra la pared, sus brazos se cruzan sobre su pecho. Decido ser indiscreta y darle una mirada. Su pecho apenas está cubierto por una camisa color beige que tiene los primeros cuatro botones abiertos, las mangas de la camisa están arremangadas hasta sus codos, dejando al descubierto sus brazos con algunas venas saltadas. Lleva pantalones de mezclilla que se pegan a sus piernas haciendo que sus muslos sean más evidentes, además que lleva unas botas de color negro.
No es mi tipo.
—Sí, puedes flirtear con alguien mejor que él —se encoje de hombros. Su barbilla señala al hombre que está a mi lado.
Se había acercado un par de minutos atrás, yo estaba esperando que rellenaran mi vaso de soda y él hombre me hizo unas preguntas sin sentido sobre la fiesta y el clima de hoy. No me molestó responderle, tampoco su intento de conversación conmigo.
—No estoy flirteando con él —arrugo mis cejas por la acusación.
Scott suelta una carcajada que se escucha sobre el volumen de la música.
—Pues él si estaba coqueteando contigo —sacude su cabeza con diversión.
—¿Celoso? —pregunto en un ataque de valentía. Espero que el sonrojo de mis mejillas no sea tan notorio.
—Si —acepta, su risa vuelve. —No me gusta cuando otros hombres ponen su atención en lo mío.
¿Y este? ¿Quién se cree que es?
—Pues, deberías estar cuidando a tu novia y no hablando conmigo —bufo. Ahora soy yo quien señala a la rubia que apenas y se separa de él.
—¿Celosa? —me regresa la pregunta.
—No —me encojo de hombros.
—No te creo —me dice.
—Ese es tu problema —tomo mi vaso y me giro dispuesta a darme la vuelta y regresar al fondo del lugar donde Bella y yo nos hemos escondido desde que llegamos.
—¡Espera! —eleva la voz, me rodea hasta colocarse frente a mí. —Para tu buena suerte, no tengo novia.
Doy un salto hacia atrás. Su presencia me resulta abrumadora.
—Para mí buena suerte, no me interesa —le digo, muevo mi rostros hacia un lado en busca de alguna señal de que Bella está cerca.
—No te creo —repite.
Da un paso en mi dirección, doy un paso hacia atrás pero es demasiado tarde. De alguna manera ha logrado usar la diferencia de altura entre ambos para bloquear mis movimientos, dejando que mi rostro esté justo a la altura de su pecho.
Su perfume se desliza por mis sentidos, mi nariz lo absorbe como si fuera una maldita droga. Mi corazón se detiene, alguien me ha clavado una estaca de hierro ardiente directamente en el corazón.
Puedo reconocer ese aroma donde sea. Manzana verde, limón, pino y bosque. Dejo de respirar. No puede ser real. Solo conozco a una persona que usa ese perfume, solo una persona huele de esa manera y no puede estar aquí. No debe estar aquí.
Cierro los ojos, aprieto con fuerza mis parpados.
¿Me siguió? No, no. Nadie sabe dónde estoy. ¿Ella también está aquí?
Mis pulmones arden por la falta de aire. Mi corazón duele. Mi cuerpo comienza a temblar.
Abro los ojos. Hay demasiadas luces y colores. Cierro los ojos. Huele a él. Abro los ojos de nuevo, hay alguien parado frente a mí. Doy un paso atrás. No puedo verlo, no quiero verlo besándose con ella de nuevo. Cierro los ojos.
—Oye, ¿estás bien? —una voz desconocida pero familiar pregunta. —¿Necesitas algo?
—No —jadeo. —No, no.
—No te creo —repite esa maldita frase.
Abro los ojos. Su cuerpo está inclinado en mi dirección, sus ojos verdes me revisan dese la cabeza hasta los pies y la mueca de curiosidad en su rostro me pone alerta.
—No necesito nada de ti —escupo las palabras. Abro los ojos
—¿Quieres apostar? —sus labios se tuercen en una sonrisa.
Eso me descontrola. Parpadeo varias veces para aclarar mi vista, su cuerpo tonificado está inclinado en mi dirección, puedo sentir su calor emanando de él. Huele como el perfume que yo conozco de memoria, pero también huele a menta, a vainilla y a madera. Huele a algo conocido, pero también a lo desconocido, huele como a frescura, espontaneidad, pero también huele a algo peligroso; a libertad.
—Podemos irnos a otro lugar —propone.
Su cuerpo se inclina más hacia mí. Una parte de mí dice que huya, que esto no está bien, esta no soy yo. Otra parte de mí dice que, me quede, que esto es lo que necesito, que debo intentar algo nuevo.
—¿Tu y yo? —pregunto.
—No necesitamos a nadie más —se ríe. Me guiña un ojo.
—Y-yo… —balbuceo.
—¡Baby! —una voz chillona nos interrumpe. Un borrón demasiado rubio y con lentejuelas se interpone entre ambos empujándome en el proceso. —¡Te he buscado por todas partes!
Parpadeo. El hombre frente a mi sujeta a la mujer rubia y a su diminuto vestido de lentejuelas por la cadera. ¿La presiona contra su cuerpo? La rubia ha estampado sus labios sobré los de él, y ahora cuelga completamente de su cuello.
Yo ya he visto esta escena antes.
Él; sosteniendo a la mujer contra su cuerpo, acariciando con sus manos sus curvas desnudas. Ella; con su cabello rubio balanceándose al compás de sus gemidos, con sus uñas arañando su espalda de su amante. Ambos; besándose con desesperación mientras comparten risas, gemidos y palabras de amor.
—Eres un imbécil —consigo decir.
—¿Disculpa? —la voz chillona pregunta.
—¡Tú eres una zorra! —grito en dirección a la mujer.
—¿Cómo me llamaste? —chilla histéricamente.
—¡Aparte de zorra, sorda! —escupo con rabia. Me giro para ver al hombre que tiene labial rojo por toda la cara. —¡Y tú eres un imbécil, poco hombre!
—No, espera, gatita —intenta defenderse. Su estúpido apodo solo hace que mi sangre hierva.
—Maldito cabrón —siseo. —Si crees que porque soy "solo una turista" como me llamaste en la playa, soy una idiota, pues te equivocas.
—Esto no es lo que crees —habla, sus manos lanzan lejos a la rubia. —Nosotros no…
—¡Cierra la puta boca! —lo interrumpo. No necesito escuchar esto por segunda vez.
—Sé que esto se ve mal —da un paso en mi dirección. La desesperación es notable en su voz. —Pero, ¡te juro que no es lo que crees! Nosotros no…
—¡No me toques! —grito al sentir su mano sobre mi brazo. —¡Suéltame maldito cabrón!
—Espera —suplica. —Te soltaré, pero, por favor no te vayas.
—¡Que me sueltes maldito imbécil! —mi grito desgarra mis pulmones. Él me suelta y yo aprovecho esta oportunidad para correr.
I got drunk I dare it to wash me away
Mis manos sujetan con fuerza el volante del auto, mis sollozos hacen eco con la lluvia que golpetea las ventanillas del auto. No sé cuánto tiempo llevo estacionada a un costado de la carretera, no sé cuánto tiempo he conducido, no sé cuánto tiempo ha pasado desde que salí huyendo de la fiesta.
¿Es lo único que sé hacer? ¿Huir?
—¡Odio las estúpidas fiestas! —grito. —¡Odio la estúpida lluvia!
Las lágrimas siguen bajando por mejillas.
—¡Odio esta maldita vida!
Con furia, golpeo mis manos contra el volante, el claxon del auto suena algunas veces, pero es lo que menos me importa en este momento. Continúo gritando y soltando maldiciones hasta que mi garganta arde.
—¡¿Por qué?! —lloriqueo. —¿Por qué tengo que ser yo? ¡¿Qué hice para merecer este dolor?!
Mi cabeza cae contra el volante.
—Quiero que se vaya —murmuro. Quiero que alguien me arranque este maldito dolor, que arranque de mi maltrecho corazón esta daga ardiente que está consumiéndome.
Un fuerte estruendo se escucha a las afueras del auto. Giro mi rostro y veo un rayo caer a lo lejos, iluminando todo el lugar antes de que un nuevo trueno suene calándome hasta los huesos. Una idea cruza por mi mente.
Tomo las llaves y mi cartera de la guantera, abro la puerta y bajo del auto recibiendo las gotas de agua contra mi piel. En segundos estoy empapada por la lluvia, pero no me importa, camino en dirección a la tienda que está al fondo de la gasolinera.
—¡Vaya! —el hombre que atiende chifla cuando me ve. —¡Estas mojada!
El doble sentido en sus palabras no me pasa desapercibido, mi ropa se ha pegado a mi cuerpo, la blusa rosada que traía se ha pegado a mi cuerpo y ha revelado mi silueta y mi sostén. Hago una mueca y pongo los ojos en blanco. ¿Por qué carajos les sorprende ver a alguien enseñando el sostén? ¡Estamos en la costa! Aquí las personas apenas y se cubren con ropa.
Camino por los pasillos buscando lo que necesito para sobrevivir esta noche. Tomo lo primero que llama mi atención, yo no soy experta en esto.
—¿Tienes la edad legal para comprar esto? —pregunta el hombre cuando vuelo al mostrador.
—No —me enojo de hombros. El hombre solo suspira, no dice nada más, se limita a cóbrame por las dos botellas de alcohol que he colocado frente a él.
Dos segundos después, salgo de la tienda con una en cada mano, llego hasta el auto y lanzo una al interior.
Abro la otra botella, la coloco en mis labios y le doy un gran trago.
—Mierda —me quejo. El ardor en mi garganta me distrae del dolor en mi corazón.
Recuesto mi cuerpo contra el metal del auto, poco a poco me deslizo hasta quedar sentada sobre el suelo húmedo y con mi espalda recostada contra una de las llantas.
De nuevo, llevo la botella a mis labios.
Otro relámpago cruza el cielo, otro trueno suena al mismo tiempo que mi garganta traga el alcohol.
—Ojala y me caiga un rayo —siseo. —Es lo único que me falta.
Como si el cielo se burlara de mí, el cielo se ilumina de nuevo.
—¡Vamos! ¡Hazlo! —grito. Mi cabeza se eleva al cielo. —¡No te tengo miedo!
Bebo otro trago de alcohol.
Barricaded in the bathroom with a bottle of wine
—¡Está ocupado! —mi voz rasposa grita cuando escucho que alguien intenta girar la perilla de la puerta.
Después de un par de intentos, desisten.
Cuando el frío de la lluvia se hizo demasiado como para ignorarlo, decidí mudarme al baño. Llevo horas aquí, encerrada en un maldito baño, sentada en el piso con la espalda bloqueando la puerta y con mis cosas regadas a mi alrededor. La primera botella de alcohol ya está vacía y la segunda va por debajo de la mitad.
Mi celular brilla a mis pies, señal de que alguien está llamando.
—Mierda —jadeo. —Bella va a matarme por abandonarla en ese lugar.
La pantalla del celular se apaga antes de brillar una vez más, esta vez con un mensaje. Así ha sido desde que salí de la jodida fiesta.
—Si Bella me mata, al menos me estaría haciendo un favor —me rio. Empino la botella en mis labios. Ya el alcohol no me sabe a nada, pero definitivamente ha hecho su labor, ya no siento nada, ya no tengo lágrimas, ya no puedo casi hablar, ver u oler nada.
Pero mi traicionera mente sigue despierta. Puedo sentir la niebla abrumando mi cerebro, pero a pesar de eso, mi mente sigue con ganas de torturarme.
Me muestra la imagen de Bella en la bañera. Con un profundo corte en cada uno de sus brazos, con la sangre brotando de ella al compás de sus lágrimas. Aún recuerdo con claridad como su flácido y mojado cuerpo se desvaneció contra el mío mientras la sacaba de esa bañera, sus ojos cuando se abrieron y la decepción en ellos cuando me reconoció, su llanto entrecortado y débil durante todas las cuadras que la arrastré al hospital.
—¡Perdón, Bella! —grito. —Perdón por no comprender tu desesperación por arrancarte el corazón.
Mi mano sube a mi pecho, golpeo fuertemente con mi puño.
—Yo también quiero arrancármelo.
Well, me and my ghosts, we had a hell of a time
¿Qué tan poco debes amar a alguien como para hacerle tanto daño?
El cristal de la botella choca contra mis labios. El líquido entra a mis labios adormeciendo mi lengua y quemando mi garganta ya lastimada.
—¿Qué hice mal? —pregunto. Mis ojos se llenan de lágrimas, de nuevo. ¿Esto nunca va a terminar? Aprieto mis parpados con fuerza.
Antes yo no solía ser una persona que llorara con facilidad, podía lidiar con mis emociones sin problemas. Antes de ese maldito día, solo lloré una vez que no pasé un examen de matemáticas, la siguiente vez fue la primera vez que Bella regresó a la escuela después de que los Cullen se fueran.
Y en ambas ocasiones, él estuvo allí para mí.
¡Maldición!
Él estaba frente a mí, con sus manos limpiando mis lágrimas y sonriendo tan cálidamente que hacía que mi llanto se fuera.
Y ahora el cabrón debe estar celebrando que no estoy allí.
—¿Por qué? —abro los ojos. —¡¿Por qué me hiciste eso?! ¿Qué me faltó?
Mi cuerpo se estremece. Mi mente me traiciona y lo imagino aquí, arrodillado frente a mí.
Me rompo de nuevo. Los sollozos asaltan mi cuerpo.
—Éramos tan felices juntos —le digo. —Tuvimos tantas aventuras, juntos, Ben. ¿Por qué dejaste que eso se perdiera?
El solo me mira.
—Hicimos una promesa —le recuerdo. —Hablarlo todo. Hablamos de los problemas, de los sueños, de nuestros planes. ¡Me pedías que te lo dijera todo y tú y te callaste esto!
Lo empujo con mis manos. Nada, eso es todo lo que consigo tocar. Él no se mueve, no se va.
—Si ya no querías estar conmigo, ¡debiste decírmelo! —chillo histéricamente. —Lo habría comprendido, ¡te lo juro! Te habría dejado libre si eso era lo que querías.
Sacudo la cabeza con fuerza. Juro que puedo escuchar a mi cerebro rebotar en el interior de mi cráneo. Me duele la cabeza de tanto pensar; Llevo horas, días y noches pensando, buscando una maldita razón para que haya hecho eso, preguntándome que fue lo que sucedió, ¿qué carajos nos pasó?
Yo hice nada malo. Yo nunca lo engañé, yo nunca le mentí.
En el último año, lo único que hice fue darlo todo en la escuela, pasar mis tardes con él y visitar a Bella.
—¿Fue eso? —pregunto. —¿Está mal que haya querido apoyar a mi amiga cuando lo necesitaba? ¿O fue que estabas celoso de ella?
Me carcajeo. Eso no puede ser.
—¡¿Que mierda querías de mí, Ben?! —grito a pesar de que mi garganta arde. Con mis manos golpeo mi pecho. —¿Éramos tan poca cosa? ¿Nos volvimos demasiado? ¿¡Qué carajos querías?! ¡Te lo hubiera dado todo, cabrón malagradecido! ¡Me habría arrancado el corazón si me lo hubieras pedido!
A tientas, busco la botella que está por terminarse, sin quitar mis ojos de él, la llevo a mi boca y me empino el líquido restante. La ilusión hace una mueca de disgusto al verme actuar de esta manera tan impropia de mí. ¿Ahora le molesta?
—¿Ahora te moleste que actúe diferente? ¿Ahora te encabrona que sea otra persona? —lanzo la botella en su dirección con la esperanza de golpearlo en la cabeza. Suelto un sin fin de maldiciones cuando fallo. — ¡¿Qué tiene ella que no tenga yo?! ¿Qué me faltó?
Levanto mi mano hasta mi rostro, arrastro el dorso por debajo de mi nariz. ¡Qué asco! Soy un maldito desastre cubierto de lágrimas y escurriendo mocos.
—Supongo que, por eso ella es mejor ¿no? —pregunto. Él cabrón se ríe. —¿Te divierte? Mira en el desastre que me convertiste, idiota. ¡Es tu maldita culpa!
Yes, I'm haunted, but I'm feeling just fine
—Eres una maldita egoísta —es lo que escucho en cuanto abro la puerta.
Suspiro. Cuando le dije esas palabras nunca esperé que las usara en mi contra.
—¿Cómo me encontraste? —pregunto.
—Te buscamos por todos lados —explica.
Le doy una mirada confundida. —¿Buscamos?
Ella no responde, con su cabeza señala un punto a sus espaldas. A un costado del auto de Reneé, está un auto negro, con Liam recostado sobre la carrocería fumando un cigarrillo.
Tengo muchas preguntas.
—Llevamos horas aquí estacionados —dice. —De vez en cuando venía a ver si seguías respirando.
Ella era la persona que jodía a cada rato intentando abrir la puerta.
—¿Estas bien? —Bella se acerca a mí. Su toque frio en mi brazo se siente reconfortante.
—¿Luzco como alguien que está bien? —pregunto, señalándome a mí misma con mis manos.
—Luces... pues... —tartamudea. Sus ojos marrones, tristes opacos y con preocupación me observan.
—Me veo del carajo, ya lo sé —acepto. Obligo a mis labios a estirarse en una sonrisa. —Está bien, solo necesito una ducha.
De mis bolsillos traeros saco las llaves del auto de Reneé, las deposito en su mano y rodeo su cuerpo caminando en dirección al auto sin decir una palabra más. Puedo sentir la mirada de Liam sobre mí, yo lo ignoro. Me deslizo al interior del auto y espero a que Bella se suba del lado del volante.
Mi cuerpo duele, mi cabeza está punzando, mis oídos zumban, mi moral y dignidad están dañadas, más si es posible, pero mi corazón ya no siente nada. Toda la maldita tormenta de emociones se ha ido.
No siento nada.
All my girls got their lace and their crimes
—¿Disculpa? — jadeo. —Creo que me estoy volviendo estúpida y no comprendo lo que dices.
— Angela —rezonga.
Le lanzo una mirada asesina.
—Vas a ¿hacer que mierda y con quién?
—Voy a s-salir con Liam —dice apenas manteniendo el tono estable.
Hay algo extraño aquí. El cuerpo de Bella tiembla, está teniendo espasmos a causa de la ansiedad que la está consumiendo en este momento. Hasta hace unos días, Bella estaba en un cuadro depresivo que la hizo tocar fondo, hoy está teniendo un arranque de adrenalina y parece actuar como una adolescente impulsiva normal.
Algo no está jodidamente bien.
—¿Por qué? —pregunto entrecerrando los ojos.
—El otro día lo mencionó y pues... —se aclara la garganta, —yo quiero d-dar un paseo y...
Está mintiendo.
—¿Que no me estás diciendo, Bella? —me cruzo de brazos.
—Liam y yo iremos a dar un paseo —escupe rápidamente. —S-solo eso.
—¿Así de la nada? —pregunto poniéndome de pie. —¿Que mierda le voy a decir a Reneé si vuelve?
Phil debía asistir a unos eventos deportivos en Atlanta. Renée no quería seguir soportando nuestra mierda y el día de la discusión que tuvo con Bella, se fue con él. Al parecer no creyó que dejar a dos adolescentes inestables en su casa, con dinero y el auto a su disposición fuera algo peligroso.
No dijeron cuándo van a volver.
—No me pasará nada —Bella suspira. —Es probable que este ellos no vuelvan hoy, o mañana. Es probable que no vuelvan pronto.
—No quieren vernos, ¿verdad? —suspiro. —No saben cómo lidiar con nosotras.
—Ni siquiera nosotras sabemos, Ang.
En eso tiene razón.
—¿Porque haces esto? —pregunto. —¿Porque de repente decides que quieres salir y vivir?
—No, aun no quiero vivir —murmura. —Pero yo… no lo sé, quizás solo soy estúpida.
—¿Harás algo estúpido de nuevo?
No responde.
—Bella —digo en todo de advertencia. Ella gira su rostro lejos de mi. —¿Por qué? ¿Por qué harías algo estúpido de nuevo?
—Porque necesito verlo, necesito volver a verlo ¡porque siento que lo estoy olvidando! —grita. Sus puños se aprietan a sus costados, sus ojos se llenan de lágrimas. —No puedo olvidarlo, Angela.
—¿A Edward?
—¡No digas su nombre! —cae sobre sus rodillas. —No lo digas.
Su cuerpo se balancea hacia atrás y luego hacia delante, sus manos sobre su pecho como si intentara sujetar su corazón en su lugar.
—Cada vez que hago algo estúpido, o peligroso, o ambas cosas, él aparece —sus palabras suenan a una confesión. —Sé que es mi mente, Angela, sé que es una maldita alucinación, pero yo... yo necesito verlo. Saber que existió y que es real.
—Te entiendo —le digo. —Ayer tuve una pelea con una alucinación.
Mi mente me recuerda a la madrugada de ayer cuando me encerré en el baño de una gasolinera a emborracharme. Que bajo caí.
Escuchamos el sonido de un auto deteniéndose en la entrada. Ese debe ser Liam. No puedo pedirle que se quede, no puedo negarle la oportunidad de que viva, aun si lo hace solo para ver o imaginar a Edward.
—Prométeme dos, cosas, Bella —le pido con voz derrotada. Ella mueve su cabeza afirmativamente. —Prométeme que vas a cuidarte y que no dejaras que nada te pase.
—Sí, lo haré, me voy a cuidar —me dice. —¿Y la segunda cosa?
—Prométeme que cuando vuelvas ya no vas a ser virgen —digo deslizando un tono pícaro en mi voz.
—¡Angela!
And your cheating husband disappeared
Decido usar la computadora que está en el cuarto de Bella para revisar mi correo y mi Facebook. Desde esa noche en Forks, mi celular no paraba de sonar anunciando llamadas o mensajes de él, principalmente, algunas otras llamadas eran de los chismosos del pueblo. Antes de subirnos al avión que nos traería aquí, decidí dejárselo a mi madre para que lo guardara, o lo botara a la basura.
Aun así, prometí llamar diario a casa. Sabía que Reneé podría prestarme su teléfono, o Bella su celular. Pero, la última vez que llamé a casa fue la mañana siguiente de cuando me emborraché, al menos cuando la resaca había pasado lo suficiente como para pensar con claridad.
Hago una mueca cuando veo demasiados correos de mi madre, todos reprendiéndome por no haber llamado a casa. Respondo apenas un par.
Mis manos tiemblan al momento de ingresar la contraseña de mi Facebook, tengo miedo de lo que pueda encontrar, hace semanas que no reviso mi perfil, hace semanas que no tengo comunicación con la que solía ser mi vida, a excepción de mi familia o Charlie y Bella.
Estoy comiéndome las uñas.
Las notificaciones de los muchos mensajes en la bandeja de entrada comienzan a sonar. Cada sonido hace que detiene mi corazón y hace que mi ojo izquierdo tiemble por un tic nervioso.
La mañana siguiente de la fiesta, él se volvió loco buscándome, iba a casa, me llamaba, correos, mensajes, todo lo que podía, incluso una vez se atrevió a ir a casa de Charlie a buscarme, por supuesto él solo enseñó su escopeta y le hizo una señal para que se fuera. No volvió después de eso. Aunque si intentó buscarme a través del celular de Bella.
Por suerte para ambas, se detuvo. Pareciera que yo nunca fui parte de su vida.
No soy tan valiente como para abrir los mensajes, así que voy deslizando por las publicaciones para distraerme, bajo un poco e intento adivinar el nombre de la persona que hizo la publicación, si me siento segura, deslizo más abajo. Solo un par de veces se detiene mi corazón cuando veo el nombre de alguien que puede publicar algo que me lastime.
Me divierto con las idioteces que suben mis hermanos y con las publicaciones de papá regañando a todos con frases de la biblia. Luego veo algunas publicaciones de los pocos chicos de la Push que han abierto perfiles recientemente. Pasa un rato antes de que vea el nombre de Mike en la pantalla, ha subido fotos de su fiesta y algunas de la ceremonia de graduación. Se me revuelve el estómago. Pero como soy una masoquista, decido verlas.
Salgo corriendo.
Well, no one asks any questions here
Por la esquina de mis ojos lo observo remover su cuerpo. El tronco en el que estamos sentados cruje con sus movimientos.
Ninguno ha hablado. Desde que me vio, vino directamente a mi lado, se sentó y me dejó lidiar con mi mierda sin hacer ninguna pregunta. El ataque de ansiedad ya pasó, ya he vuelto a respirar con tranquilidad y él se ha mantenido a mi lado. Un par de vece estuve a nada de enviarlo a la mierda, de gritarle que se fuera y me dejara en paz solo para que dos minutos después me sintiera agradecida con su presencia.
—Mandy no es mi novia —dice rompiendo el agradable silencio en el que estábamos observando el mar.
—No me interesa —digo sin moverme.
—Pero tú a mí sí.
Hago un esfuerzo por no poner los ojos en blanco.
—¿Por qué? ¿Por qué yo, Scott? —pregunto. Esta vez sí giro mi rostro para mirarlo. —Esa noche, en la fiesta, había demasiadas mujeres de todo tipo.
—¿Y? —se enoje de hombros. Quiero golpearlo.
—¡Porque puedes tener a cualquier mujer que quieras! —chillo agudamente. —No solo en esa fiesta, hoy, mañana, en un mes o en un año. Puedes tener a cualquier mujer que quieras de este estado, una más llamativa que la anterior ¿por qué yo?
—Porque he querido conocerte desde que chocaste conmigo ese día, en la playa mientras corrías persiguiendo a tu hermana.
Parpadeo confundida por sus palabras.
—¿Mi hermana? —me burlo.
—Sí, tú hermana —bufa. Una sonrisa juguetona de desliza en sus labios. —Ya sabes, la castaña que probablemente esté cogiéndose a mi hermano en este momento.
Suelto una carcajada.
—Si lo hace será una gran hazaña para ella —le digo. —El último año lo ha pasado en estado catatónico por algo que sucedió. Una mala experiencia.
—Todos la tenemos —acepta. —Por eso estamos aquí.
—¿De qué hablas?
—Florida —se encoje de hombros como si eso lo explicara todo.
—No lo entiendo —sacudo la cabeza.
—Florida es la ciudad donde todos venimos a lidiar con los crímenes de los que se nos acusa —explica. —No importa si lo cometiste o no, aquí todos somos criminales.
—¿Cómo lo soportan?
—Cada uno maneja su mierda de manera diferente —murmura.
No decimos nada más, no hay más que decir.
So I did my best to lay to rest …
Bella y yo estamos recostadas junto a la alberca, de nuevo. Ha pasado más de una semana desde que llegamos aquí, estamos solas en la casa, de nuevo, Reneé y Phil llegaron hace tres días, y hoy por la mañana se fueron nuevamente.
¿De verdad es tan miserable convivir con nuestra miseria?
Estoy usando la computadora de Bella, revisando mi correo.
Tengo varios correos de la universidad, dentro de algunas semanas comienzan a recibir a los nuevos estudiantes. Se supone que yo debo ser de esos nuevos estudiantes. Ya no lo sé.
Mis dedos pican, se mueven por el teclado y el cursor hasta que inevitablemente tengo abierta la plataforma social de nuevo.
No, no, no.
—¡Mierda! —gruño. Con fuerza cierro la pantalla de la computadora.
Subo mis manos hasta mi cabeza, mis puños se cierran con fuerza en mi cabello dando tirones para intentar despejar mi mente.
No puedo seguir haciendo estupideces.
—Anoche, mi celular sonó —Bella habla. —Era él, de nuevo.
—¿Respondiste? —pregunto con un hilo de voz.
—No —se encoje de hombros. —Pero dejó un mensaje. Notó tu conexión en Facebook el otro día.
Asiento.
—Estúpida, estúpida —murmuro entre dientes. —Eres una estúpida, Angela.
Abro de nuevo la computadora, ingreso mi contraseña y espero a que la página me muestre lo que hay al interior. La notificación de los mensajes llama mi atención. Creí que la vez pasada había terminado de cargar todas las notificaciones de días pasados, pero incluso ahora siguen llegando cada pocos segundos. Sostengo la respiración mientras deslizo el cursor de la computadora hacia allí, un clic y se abre esa pestaña.
Su maldito nombre es el chat más reciente.
El último mensaje que ha enviado dice: "Perdóname, te amo"
A un lado de su nombre aparece el maldito puntito verde que indica que estás en línea.
Tecleo una respuesta: "Vete a la mierda"
…They sink into the swamp
—¿Qué hacemos aquí? —pregunto. Mi cabeza gira hacia un lado y luego hacia el otro. No hay nada, no hay nadie. —¿Dónde estamos?
—Ya lo verás —dice. Apaga el motor del auto y baja de su lado. No espero a que venga a mí, yo sola bajo del auto.
Error.
—¿Eso es un cocodrilo? —jadeo. Salto hacia atrás pegándome de nuevo a la lámina del auto.
—Esto es florida —se ríe. Su cabeza se mueve de arriba hacia abajo asintiendo y moviendo su cabello. —Sol, mar, arena, personas, tráfico, pantanos y cocodrilos.
—Qué lindo —hago una mueca.
—Lo sé —me ofrece una sonrisa brillante que ilumina sus ojos verdes. —Mis padres le echaron ganas al momento de hacerme.
Suelto una carcajada.
—Ven —me hace una señal. Con su mano golpea el neumático del auto. —Apoya tu pie aquí y coloca el otro sobé el capó del auto.
—¿Estás loco? ¿Chiflado? —jadeo. Una de mis cejas se levanta. —¡¿Estas borracho? ¿Estas drogado?!
—Solo sube, por favor, Angela —suplica. Su cabeza señala el capó del auto.
—¿Cómo sabes mi nombre? —me cruzo de brazos. —Nunca te lo dije.
—Liam escuchó a Bella llamarte por tu nombre, luego él me lo dijo.
Chasqueo la lengua. Son muy comunicativos.
—¿Puedes no preguntar y solo permitirme ayudarte? —pregunta. Lo miro. No sé cual es su maldito plan, pero por alguna extraña razón, confío en él. Sé que no me lanzara al suelo mientras estoy sentada en el capó de su auto.
—Si me caigo y te ríes, voy a hacer que un cocodrilo te muerda el trasero —lo amenazo. Él abre sus ojos verdes al máximo, luego una carcajada sonora brota de su pecho.
—Bien, es un trato —acepta.
Toma mi mano con una de sus manos para ayudarme a subir. Subo uno de mis pies al neumático, tal y como me ha indicado, doy un par de saltos torpes para buscar impulso para subir el otro pie. Su mano se desliza por mi cintura, congelándome.
Una descarga eléctrica recorre mi cuerpo.
—Vamos, arriba —me indica. Siento que me empuja y casi por instinto se mueve mi cuerpo. De alguna manera termino sentada sobre el cofre del auto.
—¿También subirás? —pregunto al verlo imitar mis movimientos, pero con más soltura. —¿No lo vamos a abollar?
—Estoy grande, sí, pero no peso tanto —bufa. Me muerdo el labio para ocultar mi risa.
—¿Qué hacemos aquí? —pregunto de nuevo.
—Sé que cada uno lidia con su mierda de manera diferente, pero, esta es una de mis maneras favoritas de hacerlo y quise mostrártelo.
—Bien —suspiro. —Ya no puedo perder nada más, así que, dime, ¿qué se supone que debo hacer?
Acomoda su cuerpo al frente, sus piernas están cruzadas, sus brazos hacia atrás de su cuerpo con sus manos sobre el capó, sosteniendo su espalda. Cierra los ojos y toma una profunda respiración.
—¡Váyanse a la mierda todos! —grita desde el fondo de su garganta. —¡Son una bola de estúpidos! ¡A la chingada con todos ustedes! ¡Esta es mi vida! ¡Yo decido que cojones hacer con ella!
Mis ojos se abren al máximo.
Cuando termina de gritar, se gira y me mira con sus ojos brillantes y de un verde demasiado llamativo y vivo. Su respiración agitada no evita que una sonrisa liberadora aparezca en sus labios.
—Tu turno —me dice.
—Si estas drogado, ¿verdad? —me alejo de él, asegurándome de no llegar al borde de la lámina.
—Que no —pone los ojos en blanco. —Gritar es una buena manera para sacar todos esos sentimientos acumulados.
Lo miro. ¿Es de esos que creen en las vibras y la energía? ¿Es de esos brujos aesthetics que brotaron de repente? ¿Su horóscopo le dijo que hoy debía levantarse y ayudar a alguien a perder la poca dignidad que le queda?
—No estoy segura si debo hacer esto —miro nerviosamente a nuestro alrededor. No hay nadie, esta parte está desierta, solo estamos nosotros.
—Inténtalo —me insiste. —Nadie te va a escuchar, más que yo. Aquí no somos nadie para juzgar ¿recuerdas?
—Pues…
—¡Vamos! —me anima. —Piensa en todo lo que te ha hecho daño. ¡Grítalo!
Mi cerebro obedece a la orden que me ha dado.
—¡Eres un maldito cabrón infeliz! —grito girando mi rostro para mirar el paisaje frente a nosotros. —¡¿Quién mierda te crees que eres?!
Cierro los ojos y me esfuerzo en inhalar todo el aire posible.
—¡¿Acaso querías verme muerta? ¿Cuántas veces intentaste hacerme daño? ¿Cuántas putas veces dormí en tu cama después de que te la follaras?! —suelto todas las emociones que he contenido desde que vi la foto de ambos besándose en la graduación, conmigo al fondo. —¡¿Solo fue un chiste? ¿Una maldita distracción?! ¡¿Solo soy una anécdota más de tu puta vida?
Las lágrimas comienzan a bajar de mis ojos. Tomo otra profunda respiración.
—¡Cabrón, idiota, malnacido! ¡Espero que tengas los huevos de contar lo que me hiciste para poder ser libre! —siento mi garganta arder. —¡Ni sabes coger, pendejo!
Escucha una risa a mi lado, muy en el fondo de mis gritos.
—¡¿Acaso con ella si duras?! ¡¿O también a ella le dices que se mueve rico?! ¡Pinche mocoso precoz! —pongo todo mi esfuerzo en gritar eso último. Mi cuerpo se dobla hacia adelante, mis manos se levan al cielo y levanto el dedo medio de ambas manos. —¡Vete a la mierda Ben Cheney! ¡Vete a la puta mierda!
Little did you know your home's really only the town you'll get arrested
—Mamá me preguntó si sabía cuándo vamos a volver a casa —comento durante el desayuno.
—¿Qué le dijiste? —Bella da un sorbo a su cereal.
—Que aún no sabía —puedo sentir el sollozo que intenta acumularse en mi garganta.
—¿Quieres volver, Angela? —pregunta.
—No —sacudo la cabeza. —Si vuelvo, solamente me van a encerrar, Bella. Me voy a ahogar en una situación que yo no pedí.
Hay momentos del día donde solo quiero seguir gritando y maldiciendo, hay otros momentos, como este, donde estoy ahogándome con mis propios sentimientos.
Quisiera ser tan valiente como para crear otra personalidad de mi misma a la que no le importe haber sido humillada, alguien más fuerte, alguien más segura de mi misma. Incluso desearía ser tan audaz como para mudarme del otro lado del mundo y empezar una nueva vida donde nadie me conozca, donde nadie sepa que mi novio de dos años me engañó con la peor mujer que pudo cruzarse en nuestro camino.
Pero pienso en mi familia, en cómo han pasado estos días sin mí y en lo mucho que me extrañan. Eso solo me hace sentir como si tuviera unos grilletes en los tobillos y en las muñecas, es como si tuviera unas cadenas muy gruesas atándome a Forks.
—¿Y si no volvemos a Forks? —Bella propone.
—¿De que estas hablando? —pregunto con temor. Los últimos arranques que ambos hemos tenido nos han costado mucho.
—¿Qué pasa si no volvemos a Forks?
—No digas idioteces, Isabella.
So you pack your life away just to wait out the shitstorm back in Texas
—Hace semanas no soportabas la idea de irte de ese lugar —murmuro. —¿Y ahora estás pensando en irte?
—Llevo dos semanas aquí, Angela —un suspiro la atraviesa. —Llevo dos semanas lejos de Forks y nada ha cambiado. No me he muerto, no ha regresado.
—¿Y a dónde iríamos, Bella? —gimoteo.
—A un lugar dónde está mierda pueda quedar atrás —solloza. —A un lugar dónde está maldita oscuridad no pueda alcanzarme, alcanzarnos.
—Bella… yo, no lo sé —tiemblo.
—No estamos mejorando, Angela. Sólo estamos alargando la tortura.
I need to forget, so take me to Florida
El sonido de las olas, anuncia la furia del océano por haber sido por la tormenta de esta noche, los relámpagos iluminan el cielo de la madrugada, los truenos suenan al unisonó con el mar y hacen eco a mis gritos.
Desperté hace algunas horas, tuve una maldita pesadilla. No, no era un sueño, era un recuerdo, es el único recuerdo que mi mente usa para atormentarme. Ya no lo soporto.
Deseo encontrar alguna manera de poder borrar eso. Deseo poder eliminarlo de mi mente, de mis recuerdos, de mi maldita vida.
Las lágrimas bajan por mis mejillas.
Desearía no sentirme culpable. ¿Por qué me siento así? Yo no hice nada malo, yo no soy quien debería arrepentirse. Pero si soy yo quien ruega cada noche porque el karma sea real. Desearía que él pudiera sentir el mismo dolor que yo sentí cuando los descubrí, o que sienta la locura que yo siento en este momento.
Mierda, incluso desearía no sentirme tan agradecida porque mis hermanos lo golpearan hasta dejarlo casi noqueado en la acera. O que no me sienta resentida con Charlie por haberlos detenido de hacer una locura. Eso sería demasiado para mí.
Incluso con el dolor de la traición, yo no soy una asesina.
—Te puede caer un rayo ¿sabes? —me reprende una voz. Una cálida y muy grande chaqueta se desliza por mis hombros.
Giro mi cuerpo, mi rostro choca contra su pecho decorado con una camisa que se ciñe a sus músculos como una segunda piel. Mi cabeza se levanta, está tan cerca de mí, que mis ojos pueden percibir cada detalle de é; su cuello con un par de venas marcadas, su mandíbula cuadrada, sus labios entre abiertos, su nariz puntiaguda y ligeramente ancha, sus pómulos que sobresalen de su rostro.
Sus malditos ojos verdes que parecen hiedra venenosa.
Mierda, sí, es mi tipo.
—¿Qué haces aquí? —pregunta. Su voz se ha vuelto ronca.
Maldición quiero besarlo. Quiero que me bese.
—No podía dormir —confieso. —Demasiados recuerdos.
—Ven conmigo —extiende su mano hacia mí. Su invitación es un latigazo de tentación.
Y resulta que yo soy débil
I got some regrets, I'll bury them in Florida
—Aquí estamos —suspira. Cierra la puerta detrás de él.
Camino cuidadosamente por el interior. Su casa está en una buena zona residencial, pero es la última de la calle así que tiene bastante espacio libre alrededor. Es amplia, grande y espaciosa, tiene todos los muebles básicos y necesarios pero mantiene las decoraciones simples. Es sorprendente que dos hombres vivan aquí y esté todo ordenado.
—Nuestros padres son militares —dice. Me giro hacia él con los ojos muy abiertos. Supongo que ha notado mi sorpresa. —Liam y yo hemos crecido con demasiado orden y reglas que seguir.
Muerdo mi labio y asiento.
—¿Te arrepientes de venir conmigo? —pregunta. Está intentando aligerar el ambiente.
—¿Te arrepientes de traerme contigo? —contraataco.
—No —niega. Da un paso en mi dirección, yo me quedo en mi lugar, a la mitad de la sala de estar.
—Me arrepiento de muchas cosas —murmuro respondiendo a su pregunta anterior. —Pero no de venir contigo.
—¿Te arrepientes de Ben? —pregunta. Mi cuerpo se tensa, él camina otro paso en mi dirección.
—Si —consigo decir. —Me arrepiento del maldito momento en el que acepté salir con él.
Avanza dos pasos en mi dirección. Está a menos de un metro de mí.
—No lo hagas —dice. —De no ser así, no estarías aquí, conmigo.
—Scott —exhalo su nombre. Él llega hasta mí, sus manos sujetan mi rostro con ambas manos.
—Nunca te arrepientas de los errores que cometas, Angela —inclina su rostro en dirección al mío. Está tan cerca de mí que puedo sentir su respiración sobre mis labios, puedo saborear su aliento. —Esos errores te harán quien eres.
—Scott —jadeo.
—Cada que cometas un error, abrázalo con fuerza —su voz baja unas octavas, casi puedo jurar que está ronroneando las palabras. —Y piérdete en él hasta que no te reconozcas.
Estoy a nada de cometer muchos errores. Estoy a nada de quemar toda mi maldita vida, de quemar la persona que solía ser, estoy a nada de mandar a la mierda todo lo que mis padres me han enseñado.
—Scott —mis labios suplican su nombre como una plegaria.
—Pero nunca dejes de vivir, Angela.
Bueno, pues, a la mierda.
—Scott, bésame.
Tell me I'm despicable, say it's unforgivable
Abro los ojos.
La ventana es lo primero que veo, aun no hay luz en el exterior. ¿Qué hora es?
Intento moverme, un cálido y pesado brazo me sostiene por la cintura. Quiero gritar. No son los brazos en los que he despertado el último año, a mi lado no se encuentra el cuerpo que ha estado a mi lado cada mañana después de hacer el amor. No es la persona que yo conozco de memoria, no es el amor de mi vida.
Mi respiración se agita.
¿Sigo conociendo a esa persona? No, ya no es mío. Es de alguien más.
Hiperventilando, me deslizo de entre las sabanas.
El cuerpo bien formado de Scott se reacomoda en la enorme cama, ajeno a mí.
Mi estómago se revuelve, la culpa me golpea.
Acabo de acostarme con alguien. Hace unas semanas yo estaba casi comprometida y ahora acabo de revolcarme con alguien que apenas y sé su nombre.
Flashes de las horas anteriores me atacan como misiles. ¿Por qué mierda lo hice? ¿Por qué accedí a venir a su casa? ¿Por qué le pedí que me besara? ¿Por qué no lo detuve cuando me pregunto si estaba segura de querer hacer esto?
La respuesta es simple. Porque quería hacerlo.
Lo quería, lo deseaba, necesitaba que alguien me tocara y me dijera que aun valía algo. Necesitaba que alguien me deseara y me quisiera. Aunque fuera por poco tiempo.
Sacudo mi cabeza. Necesito salir de aquí.
At least the dolls are beautiful
Me congelo cuando llego a la sala de estar. Aunque no tengo mis lentes, puedo oler su aroma a fresas, me lo sé de memoria.
—¿Cómo me encontraste? —susurro.
—Ya estaba aquí cuando ustedes llegaron —responde en el mismo que yo he utilizado.
Me acerco a ella, está hecha bolita en el sofá de una pieza que está junto a la ventana, su rostro mira hacia el exterior. Una de sus manos se levanta, veo algo brilloso entre sus dedos, es una botella de alcohol. Con ayuda de la leve luz de la noche, miro a su silueta llevar la boquilla hasta sus labios y darle un gran sorbo.
—Allí hay una para ti, si quieres —señala en la mesa frente a ella.
—¿Tú las compraste? —pregunto, mi cuerpo se mueve, inclino mi espalda para tomar la botella que me ofrece. —Parece que son caras.
—Las saqué de la alacena —confiesa. —Hay muchas, así que solo busco en internet cual es la más cara y esa es la que tomo.
Una sonrisa se coloca en mis labios.
—Parece que no es la primera vez que lo haces —murmuro. Mis dedos abren la botella, no lo pienso, solo llevo la boquilla a mis labios inclinando mi cabeza para que una gran cantidad del líquido se deslicé por mi garganta.
—No, no es la primera vez —murmura bajando la cabeza hacia su regazo. —Pero es la única manera con la que puedo adormecer el sentimiento, después de…
—¿Cuánto tiempo llevas haciéndolo con Liam? —pregunto. Esta vez sí me ha tomado por sorpresa.
No responde. Le da otro trago a la botella.
Supongo que son detalles que no necesito saber. O que simplemente no quiere contarme.
—Siempre escuché que después del… sexo… te sentías más relajada o al menos más tranquila —Bella suelta un profundo suspiro, puedo escuchar el temblor en su voz. —Que te sentías… diferente.
—Se supone que, te sientes revitalizada… se supone que, te sientes… bien —explico. —Se supone que tus ojos se llenan de vida, tu cabello se vuelve sedoso, tu piel brilla y muchas más cosas.
—¿Y porque no nos sentimos así, Ang?
Juro que puedo escuchar sus lágrimas recorrer sus mejillas al decir esas palabras.
—Somos un jodido desastre, Bella —sollozo. —Ni siquiera esto podemos hacer bien.
What a crash, what a rush, fuck me up, Florida
—¿Qué es esto? —pregunto.
—Tu pago —escupe. La rabia en él es notable.
—¿Disculpa? —jadeo ofendida y confundida. —¿De qué hablas?
—Por lo de la otra noche —tuerce los ojos.
Mis ojos se abren al máximo. ¿Este cabrón está diciendo lo que creo?
—¿Qué te pasa imbécil? ¿Crees que soy una prostituta y que ando de aquí a allá acostándome con cualquiera solo por dinero?
—Scott no hagas esto —a lo lejos, escucho la voz de Liam, veo su mano colocarse en el pecho de su hermano e intentar empujarlo hacia atrás.
—Cuando te acuestas con alguien y no eres capaz de avisar que te irás por la mañana, actúas como una puta a la que hay que pagarle.
Lanza el dinero al aire, se da la vuelta.
—¡Eres un jodido cabrón! ¡Maldito desgraciado! —grito con todas mis fuerzas. Él se detiene antes de dar el primer paso que lo alejará de mí. —¡Eres un jodido imbécil que ni lo mínimo puede pagar por un polvo que ni bueno fue!
—¿Al menos sabes cuánto es lo mínimo? —Bella pregunta desde la puerta de la casa.
Tiene razón. Esta no soy yo. Yo no soy una puta, no soy una prostituta, no soy una cualquiera que va por allí acostándome con el primero que se me cruza y mucho menos cobrando por ello. No sé cuándo puedo llegar a cobrar por un polvo.
Le lanzo una mirada furiosa.
—¿Estas de su lado? —pregunto señalando al idiota.
—Por supuesto que no —hace una mueca y se cruza de brazos.
—¿Qué dijiste? —Scott gruñe.
—¡Que eres un imbécil! —regreso mi atención a él.
Da un paso furioso en mi dirección. Liam lucha por mantenerlo en su lugar
—¿Qué no fue un buen polvo? ¡¿Qué no estuvo bueno?! —Scott me grita de regreso. —Eso no lo decías cuando te tenia contra la mesa de la cocina.
—Hermano, no creo que esos detalles le interesen al vecindario —Liam mira nervioso a su alrededor.
—¡Es que no estaba pensando en ti, idiota! —escupo las palabras con furia.
—¡Jo-der! —Bella chilla burlonamente.
—¡Oh! ¿No pensabas en mí? —Scott desliza una sonrisa burlona en sus carnosos labios. —¿Y qué de todo lo que gritabas? "Scott por favor" "Scott te necesito" "Scott más duro" "Scott" "Scott" "Scott"
El cabrón hace una mala imitación de mis gemidos. Casi me rio por la manera en la que su rostro se tuerce en muecas y como mueve las caderas de un lado a otro cada que dice una frase. No le daré la satisfacción de verme sonreír por su causa.
Escucho que Bella no puede soportarlo y suelta una carcajada que ahoga de alguna manera, supongo que colocando su mano sobre su boca.
—Te volviste a drogar, ¿verdad idiota? —le doy un empujón. No consigo moverlo ni un centímetro. —Si decía tu nombre era para que no perdieras la inspiración y arruinaras el momento. ¡Imbécil!
—Eres una mentirosa —Scott me lanza una mirada fulminante. —¡Si lo estabas disfrutando!
—¡Ay, por favor! —me carcajeo. La ironía nunca se me había dado tan bien como en este momento. —Alardeas y presumes tanto, pero ni siquiera puedes notar cuando una chica finge tener un orgasmo.
—¡Que lo tienes chiquito y no lo sabes mover, dice! —Bella grita desde atrás de mí
¿Ella si está drogada? ¿Desde cuándo actúa así?
Liam oculta su risa con una tos.
—Tu eres quien no sabe fingir orgasmos —Scott contraataca. —¡Estabas goteando por mí, nena!
—¿Seguro que no estaba orinando? —Liam pregunta levantando una ceja. Su hermano rechina los dientes mientras le da una mirada que grita que cierre la boca.
—¿Qué no sé fingirlos? —levanto las manos al aire. —¡¿Cómo crees que mi ex novio terminó por creerse un Dios del sexo?!
—Muchacha, mejor no te defiendas —la voz de una mujer suena desde el otro lado de la calle.
Jodida vieja chismosa.
—¡Oh discúlpame actriz de Hollywood! ¡Por supuesto que tu ex novio creyó esa actuación tan buena! —Scott se burla. —Es más, creyó tanto en esa mentira que hasta se acostó con otra.
Mi mano se eleva antes de que pueda detenerla. Mi palma se impacta contra su mejilla, haciendo que su rostro se gire por el impulso y el golpe.
—¡Eres un idiota! —grito. Su rosto se vuelve hacia mí, sus ojos verdes ahora flamean con peligro y furia en ellos.
Yo también soy una idiota.
Soy una maldita idiota porque quiero que me bese. De nuevo.
—Idiota o no conmigo no tienes que fingir —Scott se inclina mientras me grita esas palabras. —Soy lo más real que has experimentado en semanas.
—¿Sabes qué? ¡Jódete! —grito colocando mis manos en su pecho dispuesta a empujarlo. Él actúa a la misma velocidad que yo, sujeta mis manos con fuerza mintiéndolas sobre sus músculos.
—Ven y hazlo tú —ronronea. Acorta la distancia entre ambos, estampando sus labios con los míos en un beso que me deja sin aliento, sin fuerzas, sin ganas de resistirme a él.
Estamos jodidos.
¿Qué más da?
It's one hell of a drug
Aquí estoy de nuevo.
En su casa, en su recamara, en su cama, entre sus sabanas, estoy entre sus brazos. Cubierta de sus besos, sus caricias, su aroma, estoy cubierta de él. Se siente maravillosamente bien, pero también se siente incorrecto, de nuevo.
Miro a la ventana.
Hago lo mismo que la primera vez; Me muevo con cuidado, me deslizo de entre sus brazos hasta salir de la cama, busco mi ropa de entre todas las prendas regadas por la habitación. Esta vez, tomo su camisa del suelo, la coloco sobre mi cuerpo para cubrirme.
Salgo de la habitación tan silenciosamente como puedo, camino de puntillas por toda la casa hasta que llegó al patio trasero. La frescura de la madrugada golpea mis piernas desnudas, la arena fría de la playa acaricia mis pies con cada paso que doy. Obligo a mis ojos a que se acostumbren a la poca luz que hay a mí alrededor, incluso con mis anteojos es difícil mirar.
—¿Te desperté? —pregunta al notar mi presencia. Sus pasos se detienen.
—No. En realidad no estaba dormida —digo yo. —Llevo semanas sin poder dormir.
—Bienvenida al club —se burla. Cierto, ella tampoco puede dormir.
Bella continúa con su caminata por la playa, camina unos metros hacia un lado, patea la arena que toca sus pies y regresa hacia mí, avanza unos cuantos pasos más lejos de mi posición y se regresa. Va y viene chapoteando en el borde del agua.
—Creí que no volverías a acostarte con Scott —murmura. Hay una ligera sonrisa acusatoria en su voz. —Sobre todo después de que intentó pagarte.
Mierda. Ahora soy yo quien comienza a caminar de un lado a otro buscando evadir las olas de realidad que están comenzando a ahogarme. Bella avanza en una dirección mientras yo voy hacía la otra.
—Y aquí estas —me dice. Se le escapa una risilla. —Supongo que si lo sabe usar, después de todo.
—¡Bella! —chillo. Con mi pie levanto un poco de agua en su dirección. Ella alcanza a evadirla.
—¿También le vas a cobrar por esta vez? —pregunta. Yo suelto un bufido, detengo mis pasos y me cruzo de brazos.
—No creas que no me di cuenta que fuiste tú quien recogió el dinero que el idiota lanzó al suelo.
—¿Puedes culparme? —sonríe. Incluso en la oscuridad puedo ver que el brillo de la sonrisa no alcanza a llegar a sus ojos. —No podía desperdiciar ese dinero.
—¡Argg! Tengo muchas ganas de golpearlo por eso —gruño con frustración —La cachetada de hace rato no fue suficiente.
—¿No lo estabas golpeando hace rato? —Bella pregunta con un tono lleno de fingida inocencia. —Se escuchaban golpes. ¿O eran nalgadas?
—¡Cierra la boca! —chillo.
Una de mis piernas patea el agua con fuerza en su dirección, esta vez sí logro llevar el agua en su dirección lo suficiente para salpicar sus ropas, es cuando noto que ella también le robó la camisa Liam.
—Deberías desquitarte con él, no conmigo —se ríe.
—Quiero hacerlo —digo pensativa. —Quiero vengarme, cobrarle esa dignidad que me quitó ante las vecinas de Reneé.
—Hay que robarles el papel de baño —murmura Bella.
—¿Disculpa? —pregunto. No sé si reír o bufar ante la idea. —¿Por qué esa sería una buena idea?
—Son hombres —pone los ojos en blanco. —No lo notarán hasta que lo necesiten.
Suelto una carcajada.
—O podemos robarles la ropa —habla muy seria. —Los calzones, ¿quizás?
—¿Y que demonios haríamos nosotras con eso?
—¿Venderlos? —dice. Se ríe por su propia idea. —A no ser que quieras guardarlos de recuerdo.
—¡Isabella! —chillo. —¡Estás loca!
Bella comienza a correr por la playa, lejos de mí. Su risa queda flotando en el viento y en la brisa del mar, es la primera risa sincera y libre que le escucho desde hace un año. Yo corro detrás de ella, intentando alcanzarla para volver a salpicarla con agua. También rio.
Se siente bien.
Me siento libre.
Puedo acostumbrarme a esto.
Love left me like this
—¡Hija! —el rostro cubierto de lágrimas de mi madre aparece en la pantalla de la computadora. —Estoy tan feliz de verte.
He decidido hacer una llamada de video con mi familia. Mamá había suplicado durante días que hablara más con ellos, que cumpliera mi promesa de llamar a diario. Definitivamente no soy capaz de cumplir eso, pero puedo hacer que lo olvide por un par de días.
—Hola, mamá —obligo a mis labios a sonreír. —Hola papá
—Hija —mi padre sonríe desde su posición a un lado de mi madre. —¿Cómo has estado?
—Intentándolo —respondo con honestidad.
—¿Y Bella? —pregunta mi padre.
—Está hablando por teléfono con Charlie —digo. —Creo que, estar aquí le ha servido.
—Me alegra escuchar eso, querida —mamá aplaude con emoción. —Unas vacaciones era lo que ambas necesitaban, cambiar de aires y poder despejar su mente.
—Eso creo —siseo. Mi rostro se ha congelado, pero me obligo a no quitar mi sonrisa.
—¡Cuando vuelvan van a poder retomar su vida aquí! —chilla mi madre. Mis manos se tensan en puños sobre mis muslos. —La universidad comienza en dos semanas, Angela, nosotros podemos ir moviendo tus cosas al campus, para cuando vuelvas, solamente te presentes a clases y…
—¿Estas lista? —una voz masculina aparece por la puerta de la habitación. Su voz ha tomado desprevenida a mi madre quien ha interrumpido su discurso.
—Ya casi —me giro para mirare. Su expresión cambia cuando ve la mueca en mi rostro. Sabe que hay algo mal.
El otro día se ignoró porque Bella y yo llevamos casi 3 semanas aquí y nunca habíamos hecho nada turístico en Florida. Así que quedó de venir hoy a buscarnos para llevarnos al Zoológico. Como si necesitara ver a otro animal además de su hermano.
—¿Interrumpo? —pregunta señalando la computadora.
—Pues, ya que lo mencionas —carraspeo.
—¡Angela, Beatrice Webber! —la voz de mi madre resuena por los altavoces.
Liam levanta las cejas, da dos pasos hacia atrás y vuelve a cerrar la puerta de la habitación. Scott tenía algunos asuntos que resolver y se reunirá con nosotros hasta más tarde.
—¿Si, mamá? —regreso mi mirada a la pantalla de la computadora.
—¿Qué estás haciendo? —pregunta.
—Elena, por favor —mi padre intenta detenerla. Ella lo ignora.
—¿Qué es lo que tienes en el cuello? —mi madre acerca más su rostro a la pantalla, como si eso le diera una mejor vista.
Cierro los ojos, muerdo mi lengua. No tengo que darle detalles de los chupetones que tengo en el cuello, no tengo que darle detalles de lo que he estado haciendo en este lugar.
—Mamá —intento desviar el tema.
—¡Por Dios, niña! —mi madre no va a dejarlo pasar —¡¿Qué has hecho?!
Mi cuerpo se estremece.
—¿Qué he hecho? —pregunto. —He hecho lo que me han pedido, mamá.
—Nadie te ha pedido que te vuelvas una prostituta, Angela.
—Mamá —un nudo se forma en mi garganta. —Solamente he intentado vivir, como me lo han pedido.
—¿A eso le llamas vivir? —mi madre jadea. Suena escandalizada. —La promiscuidad no es vida, Angela.
—Mamá, yo no…
—¡Angela! —grita mi madre. —¡Llevo semanas completas diciendo mentiras por tu culpa! Ben viene diario a preguntar por ti.
Cierro mis ojos. No alcanzo a contener las lágrimas que bajan por mis mejillas.
—Y-yo no te he pedido que mientas —consigo decir. Mi voz se corta. —Solo les pedí que no le dijeran donde estoy. Eso es todo.
—Angela, hasta hace una semanas habían pensado en mudarse juntos —mi madre habla rápidamente. —¿Ahora estás con alguien más?
Mis puños se cierran con más fuerza, mis uñas se encajan y cortan contra la piel de la palma de mi mano. Mis brazos comienzan a temblar por el esfuerzo que estoy haciendo.
—N-no lo digas —digo. Mi mandíbula está tan tensa que no estoy segura que hayan comprendido mis palabras.
—Tú y Ben se amaba, hija —mi madre lo dice.
Claro que lo amaba. Yo si lo amaba. ¡Pero él a mí no!
—¡Claro! El cabrón me amaba —siseo filosamente. —Me amaba tanto que le metió el pene a otra.
And I don't want to exist
—¡Angela! —mis dos padres gritan. Supongo que me eso si han entendido.
—Angela, cariño —mi papá intenta razonar conmigo, o evitar que mi madre me siga gritando. —Es solo que nos sorprende tu actuar. Tú no eres así.
—Yo no soy "así" —consigo decir. Me rio. Las lágrimas continúan bajando por mi rostro. Abro los ojos para mirarlos. —¿"Así" cómo?
—Cariño, este tipo de cosas no son propias de una chica como tú —mi padre habla con precaución —Te dimos casa, te educamos y te dimos valores para que te conviertas en una gran mujer.
—Son mis padres —me encojo de hombros. —Todo eso es parte de sus obligaciones.
—Angela —mi padre pronuncia mi nombre en un tono firme. Eso quiere decir que cierre mi boca y deje de estar renegando.
No lo haré. Ya no voy a cerrar mi maldita boca solo para que los demás estén felices.
—Es mi vida, papá. Voy a hacer de ella lo que yo quiera —casi salto cuando mi voz salió fuerte y clara mientras pronunciaba esas palabras.
—Angela, hija —mi madre solloza. —No eches tu vida a la basura de esta manera.
—¡No estoy haciendo nada malo, mamá!
—¿Y si alguien te llega a ver? —pregunta mi padre. Mira a su alrededor como si alguien estuviera espiando nuestra conversación. —¿Qué van a decir de ti?
—¡Pueden irse a la mierda! —chillo. —No me interesa lo que esas víboras hipócritas digan de mí. Prefiero quemar toda mi vida andes de andar complaciendo a la gente.
—Angela —mi madre solloza. —No porque te comportes como ella hará que Ben regrese.
Siento mi sangre hervir en mis venas.
—Hija, ya eres perfecta como eres —mi padre habla, ha bajado y dulcificado su voz. —No necesitas actuar como Lauren.
Sus palabras se sienten como si le diera cien puñaladas a mi corazón.
¿No es suficiente el daño ya hecho? ¿Mis padres también quieren masacrar mi corazón hasta que se detenga?
¿Por qué mierda tengo que seguir soportando esto?
So take me to Florida
—¡Yo no soy como esa puta zorra! —exploto. Me pongo de pie empujando la silla con mis piernas en el proceso. —¡Yo no voy por allí abriendo las piernas y cogiendo con el primer idiota que se me cruza!
Alcanzo a ver que mis padres abren la boca para volver a reprenderme por mi comportamiento.
—¡La maldita perfecta hija del perfecto pastor! ¿Eso soy no? —me señalo, golpeo mi pecho con cada palabra. —¡La hija obediente, y bien educada del perfecto matrimonio de Forks! ¡La mujer dócil, amable y sumisa con la que cualquier imbécil puede soñar con casarse!
—Hija… —mi padre intenta hablar. Mis gritos no lo dejan continuar.
—¡Las expectativas son demasiado altas para que una chica simple como yo las alcance!
—Anggie —mi mamá intenta hablar.
—Todos en ese puto pueblo —escupo con rabia. —Todos esos moralistas, todos esos idiotas prejuiciosos que dicen que solo quieren lo mejor para mí, ¡solamente intentan cuidarme y salvarme porque me odian!
Limpio mis lágrimas con el dorso de mi mano.
—¿Me encierran y enjaulan porque me tienen miedo? Yo, ¿tan inofensiva? —me carcajeo, suena muy forzada mi risa. —Les voy a mostrar lo jodidamente perturbada que me han dejado. ¡Les voy a mostrar que tan hija de puta puedo ser!
—¡Angela, por favor! —mi madre ahora llora cual Magdalena. Mi padre tiene una expresión de horror en su rostro.
—Voy a cambiar tanto que ninguno va a poder reconocerme —mis palabras son un juramento. —Voy a volverme tan fuerte que ninguno podrá lastimarme de nuevo.
—¡Bravo!
Esas palabras, dichas en un poderoso grito seguido de un estruendoso aplauso, rompen con mi drama. Doy un salto. Mi respiración agitada, mi cuerpo tembloroso y mis venas llenas de adrenalina.
Me siento liberada.
—¡De eso estaba hablando! —Scott silba y continúa aplaudiendo. —¡A la mierda con todos! ¡Así, carajo! ¡Así se habla!
Little did you know your home's really only a town you're just a guest in
Llevamos no sé cuánto tiempo recostada una a un lado de la otra. Hoy es uno de esos días dónde nos encerramos del mundo para recuperar nuestras energías después de haber socializado un día completo.
Después de mi arranque de valentía y de mí monologo liberador, me sentí lo suficientemente tranquila como para disfrutar la visita al zoológico del día de ayer.
Aunque hoy por la noche me golpeo la culpa.
Por más que necesitaba gritar esas palabras, mis padres no merecían ser las personas que soportaran ese arranque de mi parte.
Pero ya estaba hecho.
Les daré un poco más de tiempo, y los llamaré para disculparme por gritarles. No me disculparé por mis palabras. No voy a disculparme por mis sentimientos.
—No quiero volver a Forks —anuncio rompiendo el silencio. Bella reacciona acelerando su respiración. —Ayer yo… me di cuenta de eso.
—¿Sabes que debes dejarlo todo atrás? —pregunta. —Todo lo que una vez conociste, debes renunciar a ello.
—A veces olvido que tú ya has pasado por eso muchas veces —murmuro.
—No —mueve su cabeza con una negativa. —Creo que yo nunca he podido encontrar mi hogar, Angela. Siento que no pertenezco a ningún lado.
—Eso es triste —hago una mueca.
—Así es mi vida —intenta bromear. No le resulta. Solo hace que suene más triste.
—Aunque ahora, con lo que pasó en Forks, siento que ese no era mi verdadero hogar —confieso. —Siento que viví una infancia feliz allí, pero a cambio de un precio que hoy estoy pagando como adulta.
—Todo en esta vida parece tener un precio —su voz suena lejana con esas palabras.
—Eso estoy descubriendo —digo, mi voz suena lejana, incluso para mí.
—¿Aun quieres ir a la universidad? —pregunta.
—Yo…n-no... —mi mente empieza a dar vueltas.
—Yo quiero mantenerme ocupada —murmura ella. —Si lo hago, no pienso en él, y si no pienso en él, yo… —se interrumpe, escucho que traga pesado el nudo que se forma en su garganta. —Es más fácil respirar si no pienso en él.
Yo asiento. Puedo entender eso.
—El día de la graduación, yo… apliqué a otra universidad —escupo en una sola respiración. —Fue estúpido, impulsivo… yo… no sé si es lo que quiero realmente.
—Yo también fui aceptada en Seattle —confiesa. —Al igual que tú.
La sorpresa se desliza en mi rostro.
—¿Cómo lo sabes? —pregunto.
—El otro día dejaste tu correo abierto —me mira avergonzada. —Iba a cerrarlo, pero alcancé a ver cuándo te llegó el correo de aceptación.
—¿Alguien sabe de tu plan? —pregunto.
—Solo Charlie —dice. —Ayer cuando hablé con él, le conté. Solo está esperando que vuelva a llamarle con nuestra decisión.
Jadeo.
Todas las puertas de mi mundo se habían cerrado, pero ahora veo una venta que comienza a abrirse.
So you work your life away just to pay for a timeshare down in Destin
—¿De qué se trata todo esto? —pregunto. Sé que es temprano, muy temprano, el sol apenas está saliendo y nosotros ya llevamos rato en la carretera.
—Las estamos secuestrando —Liam se ríe. —Al menos durante el fin de semana.
—No me siento secuestrada —Bella dice. Lleva sus manos jugando con el viento que entra por la ventana.
—¿Quieres que te ate? ¿O te amordace? —Liam se gira y la mira con ojos juguetones. —Puedo cambiar asientos con Angela, si quieres jugar
—¡No señor! —Scott golpea la cabeza de su hermano. —Nada de sexo en mi auto.
—Eso no le dijiste a Angela hace dos días en el mirador —Liam se cruza de brazos haciendo un puchero. Siento el calor subir por mis mejillas.
—¿Cómo sabes de eso? —jadeo. Se supone que nadie sabía dónde estábamos, o lo que estábamos haciendo.
—Bella y yo estábamos en el bote frente a ustedes —Liam responde como si hablara del clima.
—Pervertidos —gruño.
—No te preocupes, no vimos nada —me guiña un ojo el más rubio. —Nosotros también estábamos algo ocupados.
—Pervertidos —repito antes de reír.
—¡Ya llegamos! —Scott avisa.
—¿Ya llegamos? —preguntamos Bella y yo al mismo tiempo. Nos movemos, miramos por las ventanas alargando nuestros cuellos para obtener una mejor vista de nuestro destino. —¿A dónde llegamos?
—¡Disney World! —ambos hermanos gritan al unísono.
Bella y yo nos miramos con los ojos muy abiertos. Cada una abre la puerta de su lado y baja lo más rápido que logramos movernos.
—¡Vamos, vamos! —ambos hermanos gritan con entusiasmo.
Scott toma mi mano y me arrastra junto a él tan rápido como mis pasos se lo permiten. Liam hace lo mismo con Bella, pero ellos van un poco más lento que nosotros.
—¡Corre, Bella, corre! —Scott detiene sus pasos y suelta mi mano. Se regresa de dos zancadas, toma a mi amiga echándosela en el hombro y corre de nuevo para alcanzarnos a su hermano y a mí que hemos vuelto a correr. —¡Cada maldito segundo aquí cuenta!
Decidimos dividir nuestra visita para así poder recorrer todo el lugar. Cada día visitamos un parque diferente, comenzando con Animal Kindom a petición de Liam. Allí nos subimos a las atracciones, visitamos la zona temática de la película de Avatar; luego fuimos a los ríos rápidos y a al safarí, visitamos los shows de las películas de Bichos, Up!, Nemo y el Rey león. Incluso subimos a la montaña rusa de Everest.
El siguiente día y el siguiente parque fue Epcot. En cuanto entramos, los chicos nos arrastraron a la montaña rusa de Guardianes de la Galaxia, luego nosotras corrimos al simulador de Frozen, y continuamos dando el recorrido por los pabellones temático de los países, nos subimos al barco de Ratatouille y los convencimos de ver la animación de la Bella y la Bestia.
El siguiente parque fue Hollywood Studios. Ahí fue un poco probablematico, todos queríamos ir hacia un lugar en especial pero diferente al resto del grupo, terminamos corriendo de una atracción a otra para lograr subirnos a las más posibles. Al final, logramos subirnos a la montaña rusa de Slinky Dog Dash, a la de Rock ´ N ´Roller Coaster starring Aerosmith y casi morimos en la torre con caída libre de The Twilight Zone: Tower of Terror. Despues nos recuperamos entrando a la Toy Story Manía, al show de los Muppets, al de Indiana Jones y por ultimo al show de World of Animation.
Hoy es nuestro último día. Estamos recorriendo Magic Kimdom. Ya pasamos por todo lo extremo, es decir Tron Lightcycle Run, Space Mountain y Big Thunder Mountain. Fuimos a la Mansión Embrujada, recorrimos el paseo en barco con temática de Piratas del caribe y los chicos fueron a jugar tiro al blanco en la atracción de Buzz Lightyear mientras Bella y yo comíamos unas banderillas afuera.
Bella y yo tenemos fotografías con Mickey, con Daisy y con todas las princesas que pudimos encontrar. Los chicos tienen fotografías con Jacks Sparroy y con Maléfica.
Ahora estamos esperando a que comience el show Happily Ever After en el castillo de Cenicienta.
—¡Ya casi! —escucho a Liam gritar. Puedo ver como levanta a Bella por la cintura mientras ella se ríe. —¡Ya va a comenzar!
El castillo se ilumina con luces y colores que forman un espectáculo en toda la fachada, los fuegos artificiales salen disparados de las torres iluminando el cielo.
Se ve hermoso, se ve mágico.
—Gracias Scott —digo sobre el sonido que me rodea. Sé que me escucha porque gira su rostro en mi dirección y me mira con una ceja arriba. —Gracias por recordarme que estoy viva y que puedo comenzar de nuevo.
Little did you know your home's really only the town you'll get arrested
Estoy en el auto de Scott. Estamos en la gasolinera dónde me encerré en el baño a embriagarme, sí, él ha ido a comprar más alcohol. Pensamos pasar la tarde con Bella y Liam en la playa.
¿Por qué? No lo sé. Se nos ocurrió esta mañana.
Hoy estoy más curiosa que de costumbre, mis manos se mueven por todo el auto investigando que hace cada botón, o indagando en cada hueco. Mientras investigo, la guantera se abre, revelando un sobre ya abierto con un sello de un juzgado de Carolina del norte.
Una parte de mí quiere tomarlo y leer el interior. Otra parte de mí no quiere hacerlo, no estoy segura si voy a soportarlo.
Escucho la campana que anuncia que Scott va saliendo de la tienda. Intento no ser tan obvia cuando lanzo el sobre al interior de la guantera y cerrándolo con mi rodilla.
—¡Volví! —anuncia cuando abre la puerta del auto. Estiro mis manos para que me entregue las botellas de alcohol para que él pueda conducirnos de regreso a su casa. —Vámonos.
Yo no digo nada. Me limito a mirar por la ventana, la vista de Florida ahora me es familiar, ya no es como hace semanas que Bella y yo llegamos aquí y todo me parecía completamente extraño.
Por la esquina de mis ojos observo al hombre a mi lado. Mi mente comienza a mostrarme todo lo que sé de él, o lo poco que sé. Sé su nombre, conozco su voz, su rostro, la textura de su pelo, la aspereza de su piel, lo duro y marcado de cada uno de los músculos de su cuerpo, conozco a su hermano, conozco su casa. Solo eso.
No sé nada más.
—Scott —llamo su atención, él inclina su cabeza en mi dirección para avisarme que está escuchándome. —¿Cuál es tu crimen?
Su postura cambia por completo. Sus hombros se tensan, sus manos sujetan con fuerza el volante. Su pie pisa el freno con fuerza impactándome hacia adelante.
—Lo siento —murmuro rápidamente. —No tienes que responder. Solo es curiosidad.
Tarda unos segundos en reaccionar. Tras pensarlo lo que parecen eternos segundos, exhala con fuerza, soltando el aire que sus pulmones sostuvieron al escuchar mí pregunta.
—Soy militar. Lo era —confiesa. Su voz es gélida. —Ahora solamente soy un civil bajo un proceso legal.
Por eso el sobre con el sello del juzgado.
—Casi mato a golpes al hombre que violó y asesinó a mi madre —suelta. Salto sobre mi asiento. —Liam me detuvo de hacerlo.
Muerdo el interior de mis mejillas. No hay nada que pueda decir en este maldito momento, no sé qué palabras ofrecerle.
—Mi padre es un general muy respetado del ejército —se estremece. Puedo escuchar el crujir de sus dientes, el perfil de su mandíbula se ve tensa. —El fiscal es su amigo y entre ambos han manejado el asunto a escondidas de los medios. Mi padre no va a permitir que me encierren, no cuando él no hubiera dudado en asesinar al bastardo.
—Es… —sacudo la cabeza, no hay palabras para describir eso.
Él asiente antes de mover la palanca de velocidades para arrancar de nuevo el auto. Entiende mi falta de palabras y yo entiendo que es mejor así.
—Hicimos el funeral de mamá y en cuanto el fiscal nos lo autorizo, Liam y yo nos largamos de esa casa —se encoje de hombros. —Aun debo presentarme en audiencias y juicios.
—Y ahora estas aquí —murmuro. —Confesando tus crímenes a una desconocida preguntona.
—Es lo justo —dice. —Como dije, todos tenemos una historia. Yo ya conocía parte de la tuya y ahora tú conoces parte de la mía.
—Supongo que sí.
—Ya te habías tardado en preguntar —se rie. Ha recuperado su buen humor.
So you pack your life away just to wait out the shitstorm back in Texas
—¿Segura? —Bella me pregunta. Tiene el teléfono en su mano.
—Si —muevo mi cabeza afirmativamente. —Hay que hacer esto.
—Ya no hay vuelta atrás, Angela —me advierte.
—¡Hazlo ya! —chillo. —¡Si lo sigo pensando no podré hacerlo!
Ella me mira. Yo la miro. Ella marca el número. Yo estoy comiéndome las uñas por los nervios.
—¿Hola? —dice en cuanto responden la llamada. Me lanzo contra ella pegando mi oído al otro lado del aparato. —¿Charlie?
—Bella, ¿estás bien? —escucho la voz del jefe Swan.
Bella se mueve y pone el altavoz para que ambas podamos escuchar.
—Sí, estoy bien —dice. Aclara su garganta. —Yo…nosotras… ya tomamos una decisión.
La línea se queda en silencio por algunos segundos, incluso Bella tiene que mirar su celular para asegurarse de que no se haya cortado la llamada.
—¿Papá? —pregunta. Se escucha movimiento del otro lado.
—¿Qué decidieron? —la voz de Charlie pregunta. Suena nervioso, preocupado y triste.
Es entendible, va a perder a su hija de nuevo.
—No vamos a volver a Forks —declara Bella. Su voz es firme, segura y clara.
—Bella… —la voz de Charlie se rompe. Se escucha un movimiento algo extraño, como si estuviera frotando su rostro.
—No puedo volver, papá. No puedo volver y ver que él no lo ha hecho —explica, la valentía en ella se ha ido. Ha vuelto a ser una muñeca rota. —No puedo volver a ese maldito pueblo donde cada cosa grita su nombre.
—Bella, yo sé que aun te duele, pero… pero no puedes irte, hija —Charlie intenta convencerla.
Bella se queda en silencio. Cierra los ojos. Esto también es difícil para ella.
—No estaré lejos —intenta consolarlo. —La universidad ¿recuerdas? Hemos decidido que queremos ir.
—Sí, la universidad —Charlie acepta. —¿Eso es lo que quieren?
—Sí, eso queremos —de nuevo Bella asiente con una voz demasiada adulta para la joven de 18 años que es.
—Bien —acepta.
—Angela va a hablar con sus padres en un rato —Bella me da una mirada mientras dice las palabras.
—¿Necesitan algo?
—Sí, hay algo.
Ninguna está dispuesta a volver a Forks, ni siquiera para recoger nuestras cosas. Bella le explica nuestro plan a Charlie, él nos asegura que hará lo posible para tener todo listo para cuando nos subamos al avión que nos llevará a nuestro destino.
—Es tu turno —Bella me extiende el teléfono.
Limpio las palmas de mis manos en mis pantalones. Estoy sudando.
Tomo el aparato de entre sus manos, marco rápidamente el número de mi casa.
—¿Angela? —la voz agitada de mi madre responde tras dos tonos.
—Hola, mamá.
Después de la discusión que tuvimos, hablé con ellos. Me disculpé por gritarles y ellos se disculparon por no poder comprenderme, hablamos y llegamos un acuerdo; van a respetar mis decisiones respecto a mi vida y yo voy a respetar que no estén de acuerdo con ellas, pero van apoyarme, sin importar nada.
—¿Sucede algo? —pregunta después de sus preguntas de rutina sobre mi salud y mi vida.
—Si, yo… tengo algunas noticias —me remuevo. —Voy a ir a la universidad, mamá.
—¡Eso es maravilloso, Angela! —mi madre apalude.
—Pero no será en Port Angeles —le digo. Su alegría se disipa. —No está lo suficientemente lejos de Forks.
—¿Angela?
—No voy a volver a Forks —digo. El peso desaparece de mis hombros. —No puedo volver. No quiero hacerlo.
La línea se queda en silencio por unos segundos, luego un profundo y ruidosos suspiro llena el vacío.
—Está bien, hija —mi madre acepta. Se escucha triste. —Si eso es lo que quieres.
—Si, mamá. Es lo que quiero —digo. Por primera vez lo tengo claro. —¿Podrías ayudarme? Necesito empacar mis cosas, pero no quiero ir, mamá.
—No te preocupes, yo me encargo —se escucha que intenta sonreír. —¿Y Bella? ¿Se quedará con su madre?
—No, Ella irá conmigo, mamá —digo. Miro de reojo a mi amiga. —Ya habló con Charlie.
—Eso es bueno —mi madre habla, puedo escuchar la calidez con la que dice esas palabras. —Me tranquiliza saber que no estarás sola, hija.
—No podemos hacer esto una sin la otra, mamá —en silencio, deslizo mi mano por la cama hasta tomar la mano de mi amiga. Ella da un apretón a mis dedos.
—Me alegro que se tengan —dice con honestidad.
—Yo también —un sollozo me atraviesa.
Bella es y será una persona a la que jamás voy a renunciar. Somos dos idiotas, somos dos estúpidas a las que les rompieron el corazón, somos dos personas hechas pedazos que ahora están intentando volver a armarse.
Ella tiene un pedazo de mí y yo uno de ella. No podemos funcionar una sin la otra, no podemos enfrentar la vida si la otra no está para cuidarnos las espaldas.
Florida is one hell of a drug
—¿Una fiesta? ¿De nuevo? —hago una mueca. Scott tiene su mano en mi espalda, empujándome en dirección a la casa de donde brotan risas.
—Solo es una reunión con algunos amigos —dice como si fuera poca cosa. —Son los mismos con los que jugábamos en la playa cuando las conocimos.
—Que emoción —digo cargada de ironía. Scott se ríe.
—Vamos, están esperando por nosotros —me empuja con más prisa.
En cuanto entramos todos se giran y se acercan a él, lo saludan, chocan las manos, hablan, bromean y finalmente reparan en mí. Me sobresalto cuando hacen lo mismo, me tratan como si yo fuera una conocida desde hace varios años, excepto que se presentan rápidamente antes de que la siguiente persona se acerque a mí.
En minutos he conocido a más personas que en toda mi vida. Me siento abrumada.
—Es demasiado, ¿verdad? —Bella pregunta cuando llego hasta ella. Está en una silla en una de las esquinas de la mesa. Liam está a su lado, saltando en su asiento y hablando con sus amigos. La observo, hay una sonrisa fingida en sus labios, su mano sostiene con fuerza un vaso con algún líquido, por el aroma sé que es Tequila con alguna soda, a los ojos de cualquiera, luce cómoda y completamente entregada a su entorno.
Yo sé que no.
Sé que detrás de toda esa fachada de una joven mujer que está disfrutando la vida sin obligaciones que este lugar le presenta, está la adolescente que casi se muere por un corazón roto. Solo yo he conocido esos ojos chocolates en su máxima expresión de felicidad y a la vez en su mayor expresión de tristeza y dolor.
Parpadeo. Acomodo mis gafas sobre mis ojos para intentar ver mejor a mi alrededor.
Ella finge que se ríe por algo que ha dicho uno de ellos, luego por la respuesta de Liam y finalmente remata con su propia broma. Ninguno de ellos nota la mirada de soslayo que sus ojos proyectan.
Ninguno de ellos ha notado que Bella sigue retorciéndose de dolor, sufriendo, llorando y con unas interminables ganas de morir.
—No pienses tanto —una voz murmura en mi oído. Una mano aparece frente a mí con un vaso lleno de una mezcla de alcohol y soda. —Solo disfruta del momento.
Me obligo a regresar al presente. Puedo pensar en eso después.
Tomo una respiración, lleno mis pulmones de aire y me obligo a seguir su consejo.
—Eso hago —es mi respuesta.
Lo siguiente que me doy cuenta es que ahora también yo participo en la animada conversación, ahora soy yo quien cuenta algunos chistes y se ríe de las palabras de los demás. Después de eso estoy lo suficientemente borracha como para darme cuenta de que estoy bailando y saltando junto con personas que no conozco, Bella hace lo mismo, dando vueltas a mí alrededor.
Al poco rato soy consciente de que todos estamos jugando y corriendo por la playa, salpicándonos de agua, o empujándonos por la arena hasta que nuestras costillas duelen de tanto reír.
La noche termina de la única manera en la que he podido sobrevivir a este lugar. En el asiento trasero del auto de los hermanos, con los labios de Scott recorriendo todo mi cuerpo mientras sus manos me presionan contra su cuerpo mientras mi boca no para de suplicar por más.
Florida, can I use you up?
—Ya lo reservé —me avisa Bella. Se sienta a mi lado, estamos en el mismo lugar dónde todo comenzó.
—¿Para cuándo? —pregunto. Mi voz tiembla.
—El vuelo sale el viernes a las 11:20 —anuncia.
Mierda, es miércoles. Menos de 48 horas nos quedan en este lugar.
—¿Se van? —escucho un jadeo. Ambas giramos nuestra cabeza para ver a Liam mirándonos con la boca abierta.
Carajo. Se supone que ellos no estarían aquí hoy, se supone que tenían mierda que hacer. ¿Por qué están aquí?
—¿Qué mierda dijiste? —la voz de Scott resuena algunos metros detrás de él. Lo observo venir a grandes zancadas en nuestra dirección.
—¡Se van! —Liam chilla. Sus manos se levantan y sueltan manotazos al aire mientras grita y maldice.
Scott está paralizado frente a mí.
—Repítelo —demanda.
—Bella y yo nos vamos el viernes —soy valiente y lo digo. Ya no tiene sentido ocultarlo.
—No, ¡no! —sacude la cabeza. —No puedes llegar de esa manera y simplemente… un día decir que se van.
—Liam —escucho que Bella murmura. Por la esquina de mis ojos veo que le hace una señal al más rubio para que la siga algunos metros más lejos de nosotros. Él la sigue aun lanzando maldiciones al aire.
—¿Estás loca? —pregunta. La frustración es clara en su voz. —Después de todo lo que viviste allí tú simplemente ¿vas a volver a ese puto lugar? ¡¿Vas a volver con él?!
—No, Scott —aprieto la mandíbula. —No voy a volver a ese lugar y menos con ese imbécil.
—¿Entonces que mierda estás haciendo? —pregunta. Su pecho sube y baja con rapidez.
—Estoy haciendo lo que me enseñaste —le digo. —Voy a hacer una vida desde cero. Voy a volver a empezar.
—¿Y porque te vas? —sacude las manos en el aire. —¿Porque no aquí? ¡Puedes quedarte aquí, en Florida! Joder, Angela. Pueden conseguir un trabajo, luego una casa y ¡listo!
Chasquea los dedos y sonríe. Por primera vez, la luz no ilumina sus ojos.
Sacudo la cabeza.
—No, no puedo. No es tan sencillo, Scott.
—¡Con un carajo! Claro que es sencillo —ruge con desesperación. Pone los ojos en blanco y una mueca de fastidio.
—Yo no pertenezco aquí, Scott.
Me lanza una mirada confundida. Él no lo entiende.
—No es real, Scott —confieso mi descubrimiento. —Las risas, las bromas, las escapadas, toda esa sensación de libertad, es falso.
Algo hace clic en su mente. Todas las piezas del rompecabezas encajan para darse cuenta que no hablo solo de Bella y de mí. Sube las manos a su cabello, sus dedos peinan sus mechones largos hacia atrás, luego frota su rostro.
—Lo sé —gira su cabeza hacia el mar. Sus ojos se pierden en la lejanía del océano.
Florida is one hell of a drug
Tomo el caracol de la arena, la concha resplandece en un precioso color coral.
Camino hasta el mar, las olas mojan mis pies avisándome que no debería continuar, pero yo ignoro las advertencias, continuo avanzando hacia adelante. El agua llega a mis tobillos y yo me detengo, dejo caer mi trasero en la arena húmeda y las olas que hacen su danzar eterno.
Me auto impongo la tarea de limpiar el caracol con el agua y mis propios dedos. Mi mente me arrastra a la oscuridad mientras lo hago.
Ayer no resultó de buena manera. Después de lo que dije, Scott se dio la vuelta, se subió a su auto y se fue. Liam y Bella hablaron un poco más de tiempo, él solo le dio un beso en la frente, me dijo que él nos llevaría al aeropuerto y se fue caminando por la playa.
Bella solo pasó a mi lado y se encerró en la habitación. Para nuestra suerte, estábamos solas en la casa, Reneé y Phil volverán hasta el sábado, sí, llegaran y encontrarán su casa vacía y sin rastro de nosotras. Ellos aún no saben que nos iremos.
Mi mente me regresa a la conversación que tuve con Scott.
Quedarnos en Florida era la opción más fácil, sobrevivimos al cruel verano aquí, ¿qué más da? Podemos sobrevivir una vida, ¿no? Aquí nadie nos conoce, nadie sabe de nuestro pasado, nadie hará preguntas, podemos decidir ser quien nosotras queramos y hacer una vida así.
Pero, todo eso es falso. Es una puta mentira y todos ellos lo saben pero intentan ignorarlo.
Florida es conocida por ser la ciudad perfecta para reinventarse, dejar toda la mierda del pasado atrás y empezar de cero. El problema es que, esa mierda de tu pasado siempre te va a alcanzar. La felicidad, la libertar que Florida te ofrece, es un puta mentira, nunca serás completamente libre.
Si nos quedamos en Florida, tendremos una vida nueva donde nadie nos haga preguntas, pero el pasado seguirá allí, elevándose como una maldita tormenta, un huracán a punto de destruirnos.
Quedarse en Florida es la opción más sencilla, pero no la correcta.
Y quizás volver tampoco es la opción correcta. Estaremos lejos de Forks, sí, pero a la vez demasiado cerca. La mierda de nuestro pasado puede acecharnos con más facilidad y atacarnos sin ningún problema, pero no seremos como estos cobardes que vienen aquí a esconderse, algún día, le haremos frente al pasado.
—Quizás un día vuelva, Florida —murmuro al mar. —O quizás acabe muerta antes de hacerlo.
Florida, go on, fuck me up
—¿Están listas? —Liam nos pregunta en cuanto Bella abre la puerta. Lleva lentes oscuros y una camisa negra como si estuviera de luto. Quizás lo está.
—No —dice ella. Gira su cabeza hacia el interior de la casa de su madre, parece que se está despidiendo en silencio. Se obliga a tomar una respiración y se gira de nuevo para mirar a Liam. —Pero, creo que podemos irnos.
Me levanto del sofá, arrastro mi maleta conmigo. Liam nos ayuda a subir las maletas al auto, luego, en silencio nos deslizamos cada uno en su asiento. Durante el trayecto al aeropuerto, comprendo el atuendo del rubio, el maldito auto parece una jodida carrosa fúnebre.
¡Por lo más sagrado! Solamente estamos volviendo casi al mismo lugar de donde vinimos, no nos hemos muerto ni nada. ¿O acaso es porque, inconscientemente, estamos rumbo al encuentro con nuestra muerte?
Estoy a nada de gritarle a Liam que se dé la vuelta y me regrese a casa de Reneé.
Lamentablemente mi suerte es una desgraciada y estamos llegando al aeropuerto cuando tengo la valentía de inclinar mi cuerpo por el asiento para hablar con Liam.
—Llegamos —murmura él. Esta tan jodidamente callado que me produce escalofríos.
Nos ayuda a bajar del auto y nos conduce al interior del edificio, hacemos todos los trámites con él a nuestro lado, en un silencio inquietante. Finalmente ha llegado el momento de despedirnos.
Mis ojos se posan en las puertas del edificio, quiero que aparezca por allí, quiero que Scott venga corriendo hasta mí, deseo verlo una última vez. Pero, de todas esas personas que van y vienen por esas puertas, ninguna es él.
—Bella —Liam se acerca a mi amiga.
Doy un paso a un lado, quiero darles privacidad pero siento una inmensa curiosidad por saber lo que dirá. Liam es quien ha mantenido a Bella a flote y a salvo de la oscuridad que hay en su interior, quiero pensar que se han vuelto amigos, quiero creer que se vieron como amantes y quiero imaginar que han formado un vínculo que ni yo misma comprendo. No tengo idea de si hubo o hay sentimientos de por medio, pero sé que hay gratitud en los ojos chocolate cenizos de mi amiga cuando observa al rubio. Eso parece suficiente.
—Quiero que me hagas una promesa —el hombre habla con tanta ternura que casi me suelto a llorar. —Quiero que la próxima vez que nos veamos, me mires a los ojos, me sonrías y me muestres que eres feliz.
—Liam… —Bella da dos pasos hacia atrás. Él toma su rostro entre sus manos, sus pulgares limpian las lágrimas en sus mejillas.
—Quiero que seas feliz, Bella —la voz del rubio se rompe. —Porque eso es lo mínimo que te mereces. Felicidad.
Bella asiente. Es incapaz de usar su voz para prometer algo que está segura que quizás no pueda cumplir. No porque no exista la posibilidad de volver, si no, porque no cree que pueda ser feliz algún día.
Liam la envuelve en sus brazos.
Yo tengo que desviar la mirada. Siento que ya he sido demasiado intrusiva con su espacio.
Un borrón oscuro llama mi atención, hay una persona vestida toda de negro, con una chaqueta de motociclista sobre el cuerpo y con el casco en una de sus manos. La cabellera de color rubio opaco se agita con cada rebote que su cuerpo da mientras corre.
Mis piernas actúan por si solas, mi cuerpo sale disparado en su dirección. Nuestros cuerpos chocan a la mitad del pasillo, sus manos sujetan mi delgado cuerpo contra su cuerpo bromoso y ancho, mis brazos lo rodean por el cuello intentando sujetarlo lo más cerca posible.
—¿De verdad creíste qué te dejaría marchar sin que te despidieras? —me pregunta. —¿Tan idiota me crees?
—Si —sollozo contra el hueco de su cuello. —Eres un idiota.
—Lo soy —acepta. —Soy un idiota.
Me rio, o lloro, no lo sé.
—Necesito que abras bien los ojos ¿si? —su mano se pasea por mi espalda. —No desconfíes de tus instintos, usualmente tienen la razón, escucha lo que te dicen.
—Scott —intento hablar. Él me separa de su cuerpo.
—Shh, nena, escúchame —con su mano levanta mis anteojos y limpia mis lágrimas. —La vida no es sencilla, no es fácil y muchas personas intentarán dañarte, algunas lo harán, de nuevo.
Me estremezco, eso no está en mis planes.
—Pero no dejes de intentarlo —insiste. —Sigue adelante, Angela. No importa cuántas veces falles, hazlo de nuevo. Vive, sueña, descubre todo el maldito mundo. Y enamórate de nuevo.
—Scott, n-no puedo hacer eso —balbuceo.
—Puedes y lo harás —me asegura. —Te vas a enamorar de nuevo y no dolerá, Angela. No va a doler porque, te amarán de una manera que incluso yo no puedo.
Las lágrimas se desbordan de mis ojos de nuevo, mis sollozos ahogan mi garganta, mis rodillas fallan y caigo al suelo. O lo intento. Scott está allí para sujetarme, como lo ha hecho durante semanas.
Durante minutos me permite llorar, él sosteniéndome y diciéndome palabras reconfortantes al oído mientras todo el maldito aeropuerto nos ve.
—Vamos, ya casi tienen que abordar —dice cuando siente que he me calmado. No puedo responder, levanta mi cuerpo y cruza el pasillo hasta donde está su hermano y mi amiga.
Yo me dejo mover como si fuera una muñeca.
—¡Hey! ¡Si llegaste a tiempo! —es el saludo que su hermano le brinda. —Espero que no hayas chocado mi motocicleta, jodido idiota.
Scott no responde, solo suelta una carcajada que hace vibrar su cuerpo contra el mío.
—Es bueno verte por última vez, Scott —Bella dice con calidez.
—Ven aquí —dice él. —También a ti te voy a extrañar.
Sin soltarme, me mueve hacia uno de sus costados, atrayendo a mi amiga con el otro brazo.
—¡Abrazo grupal! —Liam chilla y se estampa en nuestro abrazo, aplastándonos a Bella y a mí en el proceso
Ambas reímos. Estamos en un abrazo de oso cortesía de los dos hermanos.
La llamada de nuestro vuelo nos obliga a sepáranos, renuentes nos movemos poco a poco hasta quedar frente a frente. Los cuatro mirándonos con mil sentimientos en los ojos y con mil palabras en nuestros labios.
—Vayan —ambos señalan el fondo del pasillo.
Sin decir ni una palabra, Bella y yo damos un paso hacia atrás, nuestro otro pie se levanta y nos empuja un paso más atrás, más lejos. Damos un paso nuevo, luego otro, y otro, y otro más hasta que estamos caminando por el pasillo. Nuestros ojos nunca dejan de ver a los hermanos, no giramos nuestros cuerpos hasta que se nos hace imposible seguir caminando de espaldas.
Finalmente llegamos al final del pasillo. El personal del aeropuerto revisa nuestros documentos y nos dan acceso.
Damos una última mirada en la dirección donde se quedaron el par de hombres que nos enseñaron que, no importa dónde estamos, o lo dañadas que estemos, podemos volver a vivir.
Damos una última mirada buscando a los hombres que hicieron de nuestro infierno un paraíso.
Se han ido.
Y bueno ¿Que tal? jijiji
