Capitulo 6
Ella llegó inusitadamente mas tarde que de costumbre, casi a la medianoche. Pero por suerte, él aun seguía ahí, observando el cielo. Una practica usual en su rutina diaria después de una de sus osadas actuaciones. Debió admitir que era un hombre bastante raro, quizás justo a la medida de su altura, el color de sus ojos y cabello rubio.
Raynare se preguntó seriamente si insistir en acercarse tanto a él era realmente prudente, porque los detalles de su muy humana vida no deberían de importarle en lo más mínimo. Pero era ciertamente difícil resistirse a la tentación, y ella siendo un ser celestial propenso a las constantes recaídas, y vivir siempre al filo de la peligrosa seducción, era realmente complicado.
Imposible.
Al estar tan cerca de él, significaba estar jugando violentamente con fuego. Raynare dio un gran salto desde la copa del gran árbol, discutiendo como siempre consigo misma si aquella era una buena idea, aunque esta vez su lado más oscuro ganó la batalla y fue directo a él con un plan no muy definido.
Y todo porque la curiosidad la estaba quemando por dentro.
-Tu no eres un mago- Ella dijo, ciertamente con mas dudas que certidumbre.
Minato la miro, aburrido. Y le llevo poco mas de un segundo darse cuenta quien era la recatada mujer de vestido negro que estaba de pie, manifiestamente incomoda. Identificó la voz como la de Amano Yuuma. Habían pasado algunos días desde que ella se la pasó observando desde las sombras, creyendo firmemente que pasaría completamente desapercibida ante sus ojos azules que podían sondearlo absolutamente todo.
Seguramente se llevaría una gran sorpresa si ella supiera de su gran secreto...
Pensar en su posible reacción casi consiguió arrancarle una sonrisa.
-Si que lo soy, ¿Que no viste mi numero?- Minato le dijo en un extraño e inusual tono casual, sonriendo quizás a lo absurdo de la situación -La capa, el sombrero, mi varita mágica, mi conejo blanco y mi gran perro asistente. Yo creo que eso me acredita como un mago, y uno muy bueno ¿No lo crees?-
-Tu no lo eres- Raynare se encogió contrariada, suponiendo que él ya la habia reconocido y solo estaba a la expectativa, jugando.
-Ya te dije que si lo soy-
-Los zorros no ladran- Raynare discrepó, sintiéndose extrañamente... cuidadosa, como si hubiera algún peligro escondido que no fuera capaz de ver. Ella estaba repentinamente alerta, ya que al tenerlo tan cerca y percatarse de sus constantes cambios de expresión, hizo volver aquella imagen donde él estaba a punto de matarla.
Minato sonrió desde su lugar, sin embargo no fue suficiente para aliviar la tirantez de sus hombros.
-El numero de nuestro pequeño espectáculo es bastante diferente a otros, por lo que es común presenciar cosas poco comunes, esa es la magia de nuestro circo. Por cierto, es un gusto conocerte- él hizo una pausa -¿Seria sensato si te doy la mano? Aun cuando hay tanto de por medio... ¿Tu que dices hermosa dama?-
Raynare acepto su solicitud y se acerco mas a él, quien le tendió una mano y ella a cambio la estrecho con fuerza tratando con ello de asegurarse de no perder de vista sus rápidos reflejos, aunque la retiro rápidamente cuando sintió una descarga eléctrica que recorrió todo su cuerpo y por consecuencia, el aumento súbito del fulgor de su blanca sonrisa.
Ella estaba atónita.
Seguramente él sonrió tan abiertamente al escuchar el tartamudeo de los latidos de su corazón, y se maldijo a si misma por ser tan desprevenida.
Tenía algo pegado en la mano... y con eso Minato la habia electrocutado levemente.
-Me congratula ver cómo de a poco nuestro circo se esta volviendo mas famoso de lo que había imaginado, y es capaz de provocar esa clase de efectos en las personas- El recorrió el contorno de la espalda de su pequeña mascota posada en sus piernas.
La curiosidad en Raynare chispeó al observar el resplandor de su sonrisa y su autocontrol se destruyó. Su señuelo contra él, eran pensamientos homicidas imposibles de ignorar, pero resultaba un poco difícil mantener esa imagen fija en la mente.
En cierta manera era cuestión de responsabilidad por su parte conocer su reacción. Ella ahora actuaba nuevamente como una vigía, a falta de un nombre mejor, para protegerse a si misma de la furia de Azazel. Y si él empezara a concebir sospechas con respecto a su comportamiento, por supuesto que no tendría el tiempo suficiente para poder quitarse de en medio con facilidad.
Ella estaba acorralada.
El se pasó la mano por su despeinado cabello de color dorado. En ese momento, una particular brisa de su esencia la golpeo súbitamente en el rostro. Y fue justamente como aquel día, porque la quemazón de su curiosidad la hizo sentirse mareada de nuevo. Ella tuvo que contener la respiración para mantenerse en sus casillas, Raynare paro de respirar, y se alejó de él lentamente.
Simplemente no podía permitirse encontrar su aroma fascinante, porque mientras más interesante lo encontraba, era más probable que la matara.
Y ya había cometido el error de acercarse.
-¿Que es lo que deseas?- murmuró Minato, interrumpiendo su momento de debilidad.
-Nada en especial, solo te observo- ella contestó mientras tomó asiento al lado suyo, aunque su voz no fue tan firme como le hubiera gustado -La ultima vez que pude verte hacer todas esas cosas tan fantásticas, dejé una gran limosna, te obsequie muchas monedas de 100 yenes. Creo que eso me da derecho de poder hacer lo que yo quiera contigo-
Minato suspiro al tiempo que sacudía la cabeza.
-Si, pero así no funcionan las cosas. Eso era para el otro acto, y déjame decirte que ese acto ya se acabo- Ella abrió sus ojos como platos, cuando dedujo por el tono de su voz, que hablaba en serio -Si quieres seguir viendo tienes que darme más monedas, si no te gusta puedes ir a buscarte otro mago para que te entretenga, pero dudo que encuentres a otro tan bueno como yo- dijo el sin perder su tono desenfadado.
La frente de Raynare se crispo.
-¡¿A caso eres una maquina tragamonedas?!-
Suspiró.
Raynare le entrego un billete de 1000 yenes y envolvió sus dedos en el. Para ella fue algo muy estúpido, pero estaba abrupta e inesperadamente desesperada por obtener algún tipo de respuesta fisiológica a través de ello.
Pero no hubo ninguna, todavía estaba apaciblemente recargado en su lugar, tarareando.
Salvo que después arqueo sus cejas, tratando de encontrar una explicación a sus actos. Para Raynare, era frustrante ver como todas las pequeñas señales que hubieran sido suficientes para cualquier otra persona no parecían funcionar con él.
¿Pues por qué no estaba intentando asesinarla?Fácilmente podría hacerlo. Obviamente ,él había visto lo suficiente de su lado oscuro para darse cuenta del peligro, e intuitivamente como parecía ser, él tuvo la excusa perfecta para matarla.
Muchos decían que él trabajaba para los demonios, y era creíble pensar que ella tambien era uno de sus objetivos.
Pero no sucedió absolutamente nada.
-No se que esperas ver, pero ten por seguro que no lo verás- La risa de Minato resonó de nuevo. Raynare resopló con impaciencia mientras se revolvió en su sitio.
Ella reconoció la fascinación creciendo dentro de su interior, incluso cuando trató de arraigarla. Simplemente era ilógico permitir encontrar interesante a ese raro y amenazador humano. O mejor, él no deberia de tentar al demonio de la tentación que vivió en su interior. Pero para su mala fortuna, ella otra vez ya estaba peculiarmente ansiosa por otra oportunidad de poder ver todas esas cosas que encontró tan fascinantes.
O quizás solo quería que él volviera a susurrarle al oído, como en la última ocasión.
-Aquella vez habías dicho que debíamos darnos el beneficio de la duda- ella le acusó con cautela.
-Si, dije eso- admitió.
-Eres raro- Finalmente, el rubio perdió su sonrisa satisfecha y le miró fijamente. Al parecer, por fin entendió que quizás aquella conversación no tenia sentido llevarla a cabo, ya que él era el lobo, y ella era el cordero.
Minato carcajeo débilmente.
-Tu eres mas rara al buscar al hombre que pudo haberte matado fácilmente, generalmente los humanos evitamos exponernos al peligro, siempre es mas seguro alejarse a una distancia prudente de todo aquello que supone una amenaza latente a nuestra integridad física. Aunque claro, los "humanos" haríamos eso- recalcó.
-No tenias la intención de hacerlo- ella masculló con poco entusiasmo.
-¿Y por que estas tan segura de eso?- El le inquirió, poniéndola un poco histérica. La soltura de su cuerpo la ponía tan nerviosa que empeoraba su estado de animo, ya de por si sombrío.
-Lo vi en tus ojos-
-Mis ojos... ¿Qué vistes en ellos para pensar eso?- susurró un poco más cerca de ella.
Su fresco aliento se deslizó por su rostro, aunque ella no fue capaz de protestar a su evidente cercanía. Raynare gimió silenciosamente, y su memoria hecha trizas, se volvió demasiado explicita para seguir soportándolo.
-Tu no eres de esa clase de personas que se dejan guiar por lo primero que ve- ella dijo con la respiración entrecortada, mientras los ojos azules de Minato ardían con pasión -Por cierto... me llamo Raynare-
El entrecerró los ojos, preguntándose al igual que ella, porque le habia dicho su nombre, tratando de igualar con la textura de sus labios, el matiz de sus palabras. El volvió a sonreír, aumentando un poco el nivel de su angustia.
-Ese es un nombre bastante extraño, nunca había escuchado uno parecido, de seguro no eres de por aquí-
Raynare se tensó.
-Tú tampoco, es igual de peculiar que tú-
-Que suspicaz eres al notarlo, pero soy tan normal como tú, o como cualquier persona que nos rodea; poseo ojos y manos, tengo ambiciones, ansias y esperanzas, precisamente como tú y los demás. No se que es lo que notas diferente en mi-
-¡Puff!-
Para Raynare, fue un alivio momentáneo dejar de sentir el resplandor de su mirada enfocada en ella. Minato abandono su postura relajada y camino hacia el sendero nuevamente con una gran cantidad de flores que emergieron de la nada, aunque dejando que ella se adaptara a su ritmo, sin decir una sola palabra.
Había un gran lazo rojo en torno a todas ellas. El quitó el lazo y lo arrojo al suelo. No la miró ni a ella ni a las flores. Ninguno de los dos dijo nada, y el silencio se vio repentinamente interrumpido por su voz.
-¿Te gustaría una flor?- Raynare se pasmo nuevamente cuando le ofreció una rosa a una mujer que transitaba junto a su novio. Ella le brindo una cálida sonrisa y continuo su camino.
Aquel humano le fulminó con la mirada.
-Aunque supongo que todo depende del punto de vista desde donde lo estés juzgando Raynare, porque en esta vida la primer obligación humana es ser totalmente artificial- dijo con un deje de indiferencia -¡Una flor!-
Una mujer joven vestida con un traje de negocios negro sujetó la flor entre sus manos, y él sonrió con esa sonrisa traviesa tan particular, haciéndola suspirar.
Raynare observo como él no pareció darse cuenta de la reacción que en ella se desencadenó. Únicamente tuvo ojos para ella, y eso aunque incomodo al principio, lo encontró al final misteriosamente agradable a la vista.
-A veces cuesta trabajo juzgar quien es diferente y quien no- Ella enrojeció cuando él se dio cuenta que todo el tiempo habia estado mirándolo fijamente, y maldijo en su fuero interno por ser tan descuidada -No se porque me da la impresión que casi siempre termino hablando yo solo...-
Minato rió nerviosamente.
-¿Como puedes hacer eso?- Ella podía ver su rostro reflejado en sus ojos, y sabía que se veía lejos de estar bien. Pero simplemente era inevitable no sentir inmensa curiosidad, sobretodo cuando sus manos podían hacer... eso.
Aparecer y desaparecer cosas de la nada.
El se quedo tranquilo un momento, como si su pregunta no lo hubiese ofendido de ninguna forma posible.
-Esto, Raynare... es la magia de la ilusión, y yo soy un gran ilusionista, mas bien soy un artista, y uno consumado- Un lado de su boca se elevó en una media sonrisa.
Sus ojos brillaron por un segundo y sus labios se contrajeron un poco, aludiendo quizás que ella estaba empezando a perder la paciencia.
-No eres un artista- le recriminó poniéndose frente a él para cerrarle el paso -Creo no formule bien mi pregunta ¿Qué eres?-
-Ya te dije, soy un mago-
Ella suspiro enérgicamente, ya que él estaba desviando las respuestas a sus cuestiones, con una sonrisa.
¿Eres un demonio?-
-No creo que lo sea, aunque el humano tiene por naturaleza un lado bueno y uno malo, pero acepto las opiniones, ya que todos creen que la magia y los artistas son completamente inútiles-
Ella se estremeció cuando vio la luz de fuegos artificiales en el cielo, y una fracción de segundo después la socarrona mirada del rubio acompañada de un gran estruendo, evidenciándolo como autor artífice de aquello; solía hacerlo al finalizar sus actuaciones.
Le encantaba el dramatismo y las humanas miradas perplejas mirando al cielo.
-Si te refieres a que si soy parte de algún clan de seres con alas y todas esas cosas, mi respuesta es no. Solo soy lo que ves- Minato se rió entre dientes al observar su rostro enmarcado por su largo cabello negro, estaba lleno de infinitas interrogantes mientras repartió sus miradas entre el cielo plagado de luces y sus ojos azules.
-Ni un ángel, solo soy una simple persona como los demás. Y como tú- aclaró con tono de burla.
El supuso que sus palabras finalmente demolieron la barrera que contenía sus emociones, porque la expresión en su rostro pálido se endureció.
-¡¿Por que no lo hiciste?!-
-¿Que?- pregunto sin dejar que el tono de su voz lo intimidara.
-¿Por que no me mataste?-
Minato no le contestó inmediatamente.
-¿Querías que lo hiciera? Si quieres puedo hacerlo para que estés tranquila- Antes de que ella lo supiera, había sentido en sus mejillas el suave roce de su aliento cerca, justo como la última vez, cuando creyó firmemente que él iba a asesinarla.
Minato la abrazo por detrás.
Su mano se deslizo a través de su pecho, dibujando peligrosamente con su Kunai el contorno de sus pechos. Solo que esta vez, ella había crecido en infinita curiosidad... disfrutando el pequeño y efímero momento en el cual se sintió completamente seducida por la duda.
Ella estaba totalmente a su merced, solo que ahora no temió perder la vida.
Si ella no hubiese estado previamente preparada ante su insondable velocidad posiblemente le hubiera dado un infarto. Ella chillo en voz baja y si no lo había hecho más alto era porque le faltaba el aire en los pulmones o muy probablemente porque se sentía avergonzada de que él hubiese podido escuchar todos sus gemidos -Al publico se le debe dar lo que exige, porque el publico pide y aplaude todo buen acto-
Minato susurró al final, un poco pagado de si mismo.
Raynare ni siquiera podía moverse, ni quería hablar. Minato estaba tan cerca, lo suficientemente cerca como para oír su respiración desigual, lo suficientemente cerca para ver el subir y bajar de su pecho, lo suficientemente cerca como para oír el chasquido creado por el movimiento de sus labios.
El se rió en silencio. Al parecer su terrible agonía era exquisita de contemplar para él.
Minato la soltó.
-Por esa razón no lo hice- El pulso le atronaba los oídos. Raynare se puso una mano en el corazón y se dio cuenta que palpitaba enloquecido -Tú no querías morir, y tienes razón, yo no tenia la intención de hacerlo-
Los dientes de ella se apretaron, inclusive pudo escuchar como rechinaron.
-¿No sabes que soy?-ella dijo en medio de un suspiro que tuvo un ligero deje de tristeza.
-Me parece que no, solo se que eres un ángel caído-
Ella puso los ojos en blanco.
-¡Los ángeles caídos...-
Minato la interrumpió, tapando delicadamente sus labios con su dedo indice.
-Son ángeles que han caído de la gracia de dios, seres celestiales que fueron seducidos por los humanos, y motivo por el cual sienten un enorme resentimiento contra ellos y Dios mismo ¿No es así?-
Ella hizo un sonido de disgusto, puesto que llegar hasta este punto había resultado tan complicado, y él se estaba haciendo el tonto.
-¡¿Si lo sabes... por que no me mataste si tuviste la oportunidad?!- La explosión de palabras salió violentamente de ella. Y para Raynare era un alivio poder hacerlo, ya que hubiese sido una molestia tenerlos dentro de ella todo el tiempo al mirarlo desde las sombras -¡Yo te hubiese podido matar si hubiese podido hacerlo!-
Minato frunció el ceño, aunque tambien apretó fuertemente los labios, para que ella no observase como estos se estaban combando en una irremediable sonrisa.
Lo último que apeteció fue un bofetón por parte suya debido a su imprudencia.
-Los que salen de su mundo solo cambian de lugar, no de naturaleza. Raynare-
-¿Eh?-Ella inquirió torpemente.
No vio venir aquello, solo atisbó como nuevamente los fuegos artificiales colorearon el cielo cuando el tronó sus dedos. Ella era incapaz de pensar en ese momento.
-Y la naturaleza tal como esta constituida, no tiene sitio para nadie en especial, y eso es lo bueno de este mundo, porque la lluvia cae por igual, tanto para buenos como para malos, tiene valles profundos y silenciosos y cuevas donde podemos escondernos- su voz masculina, que se había tornado mucho más seria, se volvió ligera otra vez.
Ella se retorció para poder leer su expresión.
-¡Tu solo mientes!- Ella siseo bajo, lo cual hizo que la sonrisa en él, le llegara hasta la comisura de los ojos.
-Es cierto que los magos y los artistas solo viven de engañar a la gente, sin embargo Raynare...- él hizo una pausa para inspirar profundamente, luchando por volver al tono serio de antes -Las personas están ahí para disfrutar del engaño, esa es la diferencia entre hechizos y trucos, el bien y el mal, los ángeles y los ángeles caídos...-
Minato tomo de sus manos para darles un suave apretón. Ella se sonrojó.
-Y usar tu poder para dañar a las personas solo te hará solitaria e irremediablemente triste- Minato puso los ojos en blanco como si eso resultara algo evidente hasta para un niño.
Raynare no quería creer que hablara en serio, pero sus ojos azules brillaban de forma inquietante, fijos en algo lejano en la distancia. Ella lo contempló, patidifusa. Ella era un peligroso y mortal ángel caído, dotado de una inusual e irreal belleza para atraer a sus presas, y él, tenía la esencia mas maravillosa que habia olido en toda su vida.
Pero él no pareció entender ese pequeño argumento antagónico.
-Pero... eso... es precisamente lo que hacemos los ángeles caídos- ella se excuso débilmente, sin embargo Minato la interrumpió con una carcajada -¡¿Que es tan divertido?!-
-No deberías mentir- Suspiró y su dulce rostro se puso serio, ella se amilano ante esa mirada.
-¿Que? ¡No estoy mintiendo!-
-Si lo haces. Le mientes a tu corazón, no deberías subestimar la magia que trae consigo la esperanza- Ella titirito cuando él colocó sus dedos indice y medio en medio de su pecho para comprobar que su ritmo cardíaco estaba galopando intensamente -Hay una hermosa joya profundamente escondida en tu frío corazón, pero te rehúsas a aceptarlo y un sensor de guerra tan bueno como yo, es capaz de ver eso a simple vista-
Minato notó el cambio en su expresión y se dio la vuelta para recoger sus cosas e ir a casa.
-Por cierto, mi nombre es Minato, un gusto conocerte- él se echó a reír.
Ella lo observo tomar del viejo reproductor musical, su vieja alfombra y de su zorro; y cuando terminó todavía estaba riéndose.
-Minato...- ella repitió para sí misma.
-¡Hasta pronto, mi hermoso ángel caído!-esbozó una gran sonrisa, una sonrisa amplia que expuso sus perfectos y deslumbrantes dientes cuando paso a un costado suyo, le revolvió sus oscuros cabellos y desapareció en el aire antes de que pudiera contestarle.
-¿Hermoso ángel caído?- Una auténtica agonía le recorrió al recordar su rostro y observar sus manos que habían tocado las suyas.
Ella se llevo las manos a las mejillas para difuminar el rojo de sus mejillas.
Sirzechs sonrió cuando la silueta de Minato parpadeó frente a sus ojos.
Pero como siempre, él tambien lo estaba acechando, y advirtió el ligero cambio a la variante en su conducta taciturna y con una marcada tendencia al aislamiento. Ahora era mucho más... comunicativo con el sexo femenino.
-¡Vaya, vaya! Parece que el señor amargura por fin saca las garras- Sirzechs se burló, a sus espaldas. Minato se sintió extrañamente helado de nuevo al darse cuenta de que Yuuma chan no era la única tratando de averiguar secretos el día de hoy
-Los Shinobi de profesión son tan impresionantes, casi ni se cree que lo sean. Pueden cometer la cantidad de errores que quieran ante sus acérrimos enemigos y ser capaces de encubrir la verdad tan bien que este ni se da cuenta de ello. Y yo que pensé que lanzarías una granada de humo y saldrías huyendo despavorido cuando ese ángel caído se te acercó-
Minato se encogió, tratando de no asentir a su apabullante sonrisa.
Por supuesto que había algo diferente en sus ojos desde la última vez que él los vio.
Seguramente la ultima vez que Sirzechs pudo mirar sus ojos, estaban azules por la sobriedad y la desdicha. Ahora con su cuerpo todavía sufriendo los efectos de la intoxicación de energía demoníaca, sus ojos volvieron a ser de nuevo de un intenso color rojo carmesí.
-¿Que es lo que quieres?-
Sirzechs suspiró.
-Me sorprende el cambio drástico que sufre tu personalidad con solo verme, eso me deprime-
Tal vez, si fue un error. Grayfia se lo había dicho, deberia de tener cuidado cuando las emociones en él trotaban a paso desmedido. Minato se relajo, aun cuando supuso que él ya se había dado cuenta de la inusual coloración de sus pupilas dilatadas por el éxtasis.
Sirzechs lo conocía desde mas de un año, y él había sido el primero en examinarlo lo bastante cerca para darse cuenta del color de sus ojos. Los demás, mientras huían de su mirada, tendían a mirar hacia otro lado rápidamente en cuanto Minato los miraba con aquellos ojos raros. Los humanos normales en el colegio se alejaban, bloqueando los detalles su apariencia con un instintivo esfuerzo por mantenerse fuera de tratar de entender.
Minato no tuvo mas opción que sonreír a su pequeño, y sumamente extraño error.
El no cometía errores, y mucho menos tan infantiles.
-Lo siento, pero ya sabes como es el acto final de un Shinobi ¿Quieres ayudarme un poco con mi acto de magia?-
Observo como los ojos de Sirzechs se iluminaron cuando le ofreció dos anillos para malabarismo.
-No veo por que deberia negarme, desde la primera vez que te vi, siempre quise hacerlo- Minato lo observó, absorto, mientras sonreía, luciendo como un niño -Ese es un cambio tan repentino Minato, me pregunto si ese es el verdadero color de tu personalidad. De seguro tu vida nunca fue tan interesante como ahora-
El demonio se dio cuenta que cometió un terrible error. A Minato no le gustaba hablar mucho de si mismo. Casi siempre lo ponía de mal humor y en un estado depresivo.
El de cabello rojo se maldijo a si mismo. No obstante contempló estupefacto como Minato no estaba esbozando la asidua mueca de irritación en el rostro.
El sonrió, pero la alegría no le llego completamente a los ojos.
-Mi vida... sinceramente no creo que nada haya cambiado mucho desde mis tiempos como antiguo Hokage- dijo Minato después de una pausa -Me despierto a la misma hora, salgo a caminar a la hora de siempre, y como el desayuno de siempre. Nada ha cambiado demasiado, salvo por Kushina y mi hijo, porque ellos ya no están conmigo-
La tristeza pasó por sus ojos y trajo de vuelta el ceño fruncido en su frente.
-Uzumaki Kushina... ¿Y como era ella?-
Una sonrisa enigmática curvó sus labios.
-Kushina... pues ella era ella...-Su rostro se volvió súbitamente serio y Sirzechs se preguntó si sus pensamientos habían seguido el mismo camino que los suyos, puesto que de un momento a otro volvió a curvar sus labios en una sonrisa un tanto nostálgica. Era sumamente triste observar como Minato aun sopesaba la abrupta partida de su esposa.
-Algunas veces muy estricta, algunas otras extremadamente dulce... Ella emitió una vibra intensa que me cubría del todo, y era tan suave, que hacía que me preguntara frecuentemente si mi cerebro se podría derretir por mis oídos. Así fue ella, una mujer fuerte que se preocupaba hasta por los mas minúsculos detalles, a pesar de su insignificante importancia. A veces pienso en ella y me he dado cuenta de lo afortunado que fui al estar todos esos años a su lado- Minato hablaba en voz muy baja. Su mirada se perdió en la oscuridad
Minato sonrió al percatarse de que siempre él se sorprendía cuando la mencionaba a ella con tanta naturalidad.
-Pues debió ser una gran mujer, bien dicen que detrás de un buen hombre existe una mujer mil veces mucho mejor- Sirzechs murmuro, puesto que no podía imaginarse a nadie, incluido Dios mismo, que no se sintiera impresionado por Minato.
Seguramente a muchos, su tristeza también les hacía sentirse extrañamente desamparados, deseando poder hacerlo sentir mejor. Un impulso raro, proveniente de un humano.
-Si... tienes razón- El de cabello rojo fijó una última mirada especulativa en él, quien se echó a reír, aligerando repentinamente su humor.
-¿Quieres algo de beber? Yo invito-le ofreció Sirzechs colocando su brazo encima de su hombro, como dos viejos amigos.
-Si eso estaría bien, pero tú mujer te dijo que no lo hicieras. Eso la va a enfadar y mucho-
-Si pero ella no tiene por que enterarse-
Minato no dijo nada respecto a eso, era seguro que Grayfia lo abofetearía de todos modos. Pudo imaginar la graciosa e inusual escena y se echó a reír.
-Eso tiene sentido para mi-
