La luna grande, brillante, de esa fría noche de primavera comenzó su lento ascenso al oscuro cielo estrellado. Y las nubes, grises, se escondieron en el horizonte despejándole el camino. Esa redonda y blanca esfera de plata avanzaba majestuosa hacia su destino.
El viento, que había perdido la fuerza del invierno, recorrió las calles de la aldea como una suave y helada brisa, que ululó quebrando el tenso silencio, en ese particular salón de uno de los cafés más populares de Konoha.
Las ramas de los árboles crujieron.
Las luces en las calles se encendieron.
Y no importó.
Ni la luna imponente que se levantaba, ni las nubes que se marchaban, ni la traviesa brisa de primavera importaban.
Aquella añorada, tal vez, prohibida o, quizás, inesperada palabra se había robado toda la atención, en ese pequeño universo en el que inesperadamente se encontraban.
—Elígeme.
Su mirada oscura, directa, demandante, no dejaba ningún espacio para dudar en cuanto a lo que él quería decir.
Sasuke hablaba del compromiso y ella, que no esperaba algo así, perdió las palabras con las que debería haber detenido la situación.
—Tengo todo lo que necesitas—continuó, al verla permanecer en silencio.
Hinata dio un paso atrás, al no ser capaz de sacar la voz, asustada de lo que estaba sintiendo, pero consciente de que tenía que hacer algo al respecto, necesitaba detener todo eso. Y él, que sabía lo que ella intentaría hacer, se acercó un poco más.
No podía dejarla escapar en ese momento, no podía permitirle rechazarlo antes de terminar de hablar.
—Hinata—dijo y tomó sus manos, deteniéndola.
Ella llevó sus ojos a sus manos, como si fuera una excusa para liberarse de aquella mirada que la absorbía por completo, que la hipnotizaba y que no le permitía pensar con claridad.
Su cercanía se sentía increíblemente agradable, su voz se escuchaba dulce y segura, sus palabras la estremecieron como jamás pensó que ocurriría.
—Yo quiero estar comprometido contigo.
Y Hinata entendió, él no tenía que decirlo de forma más clara porque ella comprendió lo que esa última frase implicaba.
Sasuke no hablaba solo de hacer una actuación; él insinuaba hacerlo real.
El último Uchiha le estaba pidiendo un compromiso de verdad.
—Sé lo que significa—continuó al verla en silencio, escuchando y sorprendida—. Entiendo a qué me enfrento y tengo claro tus sentimientos.
"Sé que no tienes sentimientos hacia mi" era lo que le estaba diciendo y ella lo comprendió.
Y como si toda aquella confesión no fuera suficiente para atacar el confundido corazón de Hinata, él dio un paso más, como si la estuviera acorralando y se inclinó, apoyando su frente en la suya y cerrando sus ojos.
Necesitaba calmarse, necesitaba terminar esa inesperada revelación que había iniciado sin ninguna preparación. Aquellas palabras habían escapado en la desesperación de ver que se marchaba, que no volvería… que la perdía.
Y ya no había vuelta atrás.
—Pero… si me lo permites… me gustaría intentarlo.
Notó, cuando volvió a abrir los ojos, que ella continuaba mirándolo, continuaba enfocada totalmente en él. Y, a pesar, de que en ese momento se encontraba terriblemente asustado, pudo ver que sus ojos se mostraban confundidos, inseguros. Hinata estaba dudando.
Hinata no era capaz de rechazarlo; no era capaz de responderle.
Ella no podía alejarlo.
Quizás… sí, tenía una oportunidad.
—No aceptaré una respuesta ahora, piénsalo por unos días.
Se alejó, sin dejar de mirarla ni diciendo una sola palabra más.
Dio un paso atrás.
Dio otro paso atrás.
Liberó su mano izquierda.
Y cuando Hinata pensó que él iba a soltar su mano derecha, advirtió que Sasuke se inclinaba y llevaba al dorso de su mano a sus labios y la besó con suavidad.
Volvió su mirada a ella, una vez más, y se marchó.
Y el silencio inundó el salón.
…
Los segundos pasaron.
Los minutos avanzaron.
El tiempo siguió moviendo ese redondo reloj de madera que adornaba la pared, detrás el mesón central del salón.
Tic-tac, tic-tac.
Tic-tac.
Tic…
Tac…
Dio un paso atrás, giró sobre su posición y se movió hacia la pared cercana. Con su mente todavía en blanco o, quizás, completamente bloqueada entre tantas emociones y pensamientos que la asaltaron en un solo momento, apoyó su espalda en la pared y se dejó deslizar hasta el piso, quedando sentada.
"Hinata, yo quiero estar comprometido contigo"
Llevó su mirada, todavía un poco aturdida, a sus manos, y en completo silencio cubrió su rostro con ellas mientras llevaba sus rodillas al pecho.
¿Qué…?
¿Qué debía hacer?
"Sakura está enamorada de él, siempre lo ha amado" se dijo.
Sin embargo, su mente le trajo de vuelta las palabras que Sakura había dicho esa misma tarde.
"Él no me corresponde. Sasuke jamás me a mirado como algo más que una amiga y yo ya lo acepté."
No, no te confundas. No puedes, no debes…
Hundió sus dedos en el cabello que le cubría la cara con un poco de desesperación al verse atrapada en sus propios pensamientos, en sus propias justificaciones.
En sus propias mentiras.
Sakura había derrumbado la única excusa que la protegía de la verdad, de esa realidad que ella no quería enfrentar.
Hinata sabía, conocía muy bien a su amiga como para, de verdad, creer que la juzgaría por querer a la misma persona. Su problema era ella misma; la culpa que sentía por dejar avanzar esa cercanía y el terrible miedo que la paralizaba.
Se mordió los labios, asustada y por primera vez dejó fluir esos pensamientos, esos sentimientos, que durante todo este tiempo intentó reprimir.
El amor de Sakura no era el único problema.
Ella era el problema más grande.
Ella y todos sus miedos e inseguridades eran el problema.
Dejar fluir los sentimientos, permitirse querer a alguien más significaba confiar, significaba entregar, significaba abrir el corazón.
Y ella, ciegamente, había entregado todo eso por años y no fue suficiente.
La ilusión de haberse creído, finalmente, correspondida solo hizo que la verdad doliera más.
Ella no quería volver a sentirse olvidada, no quería volver a sentir que era solo la segunda opción en un amor no correspondido, no quería volver a compararse con alguien más.
No dejaba de doler haber amado tanto, por tanto tiempo, y que acabara así.
¿Por qué, con Sasuke, sería distinto?
¿Por qué él no la abandonaría?
No había nada que le asegurara que él no terminaría llevando su mirada a cualquier otra persona… o que terminara correspondiendo el amor de Sakura.
Nada le aseguraba que, si ella se enamoraba de él, con la misma intensidad que con Naruto, Sasuke no se aburriría.
O quizás, cambiaría de opinión cuando la conociera en ese aspecto.
De todas formas, sea cual fuera la situación, ella no quería entregar su corazón.
Ella no quería abrir esa puerta, se negaba a mirarlo de otra forma, no podía permitir hacer crecer lo que fuera que él le hacía sentir. No quería repetir la historia; no quería volver a sentirse tan pequeña, tan impotente, tan insignificante.
Ella quería amar, quería ser amada… pero no ahora, no con él.
No con él, que sabía ser dulce cuando quería, que sabía entregar seguridad cuando se necesitaba, que sabía escuchar cuando nadie más quería oir, que…parecía ser muy fácil de querer.
Quizás, más adelante, en Suna.
Tal vez, en un par de años más…
A lo mejor, nunca más.
Y mientras la verdad se abría paso en su atormentado corazón, un grupo de personas ingresó, a escondidas, al café.
Sus sentidos, entrenados durante años, se activaron de manera automática a pesar de haber dejado de entrenar hace más de un año, alertándola.
Se levantó, cuidando de no hacer demasiado ruido y activó su byakugan. Y lo que vio no la sorprendió demasiado: Hyugas.
5 ninjas habían ingresado por el techo y rondaban por el jardín.
Su respiración se aceleró, sus músculos se tensaron en anticipación y en silencio, se dirigió a su oficina ubicada frente a la cocina, en busca de un Kunai que había dejado guardado en un cajón de su escritorio, y su banda que la identificaba como ninja de Suna.
Lo había pensado bien, si la volvían a atacar, quería que la vieran como Hinata de la Arena, empresaria y ninja en retiro de Suna y no como Hinata Hyuga.
Se colgó la banda al cuello, guardó el Kunai en un bolsillo de fácil acceso y salió rápidamente de la oficina, encontrándose con los 5 ninjas bloqueando la salida de la cocina (tenía que pasar por la cocina para acceder a su oficina).
Se detuvo, alerta, pero sin mostrar ninguna intención de atacar, ella no iniciaría la pelea y la cocina no era el mejor lugar para un enfrentamiento.
—El café cerró hace un rato—dijo ella, intentando mostrarse civilizada en medio de la emboscada—. Retírense.
Notó como el Hyuga, que comandaba al grupo, llevaba sus blancos ojos a la banda ninja que ella llevaba.
—No hagas las cosas más difíciles—dijo él—, regresa al clan y cumple con lo que se te ha ordenado.
Ella frunció el ceño, y mantuvo la mirada al frente, sin decir nada por un momento.
—No—respondió—. No pueden obligarme, yo no pertenezco al clan.
El hombre le hizo una pequeña seña a los demás y en cosa de segundos, la rodearon.
—Tenemos ordenes—le advirtió—, de llevarte de regreso como sea.
Ella guardó silencio, y al mirar rápidamente a su alrededor, notó que los otros 4 estaban listos para atacar.
No había vuelta atrás, no entenderían razones y ella lo sabía. Lo mejor que podía hacer era llevar el combate hacia el exterior y rogar por que los ninjas de la aldea que estuvieran de guardia detuvieran el asalto.
—No iré—respondió.
Y antes de que pudiera dar el primer paso, el ataque comenzó.
Esquivó el primer golpe e intentó avanzar hacia la salida, pero una certera patada en el estómago la estrelló contra la cocina botando loza, ollas y rompiendo el horno junto a unas cañerías.
Se levantó, rápidamente y se soltó de unos fuertes brazos que intentaron sujetarla, mientras veía como su adorada cocina desaparecía entremedio de ese improvisado campo de batalla.
Tenía que salir de ahí, debía moverse a un terreno más abierto, sin embargo, cuando logró salir de ese lugar, le bloquearon todos los accesos obligándola a dirigirse hacia el invernadero.
Corrió, por ese hermoso pasillo que había creado con enredaderas, y usó su kunai para detener otro que iba en su dirección y que rebotó en una de las paredes de vidrió del invernadero, rompiéndola.
Resistió, con fuerza uno de los golpes que la embistió y atacó.
Pero 5 contra 1 era mucho, demasiado para alguien que llevaba mucho tiempo sin entrenar.
Tosió, botando un poco de sangre, mientras intentaba levantarse de la pileta central del salón del invernadero, donde continuaba desarrollándose el combate, y en esos valiosos segundos que tuvo para mirar a su alrededor, notó como una intensa y naranja luz se veía a través de los vidrios rotos.
No…
¡No!
Grandes lenguas de fuego se veían aparecer desde la casa, en el sector de la cocina y comenzaban a acercarse al pasillo de enredaderas que unía la casa con el invernadero.
—¡Hinata! —se escuchó, a lo lejos.
Los Hyuga, al escuchar que alguien la llamaba decidieron marcharse, pero ella no escuchó.
No, Hinata no se percató de nada más. En sus ojos solo estaban esas enormes llamas consumiendo su querido café.
Corrió, sin pensarlo mucho, olvidando completamente a los asaltantes que habían escapado y se adentró en el edificio.
Quizás, todavía podía hacer algo.
Cruzó, por el pasillo ahogándose en el intenso humo que nublaba todo e intentó entrar a la cocina, que ardía en llamas. Y en su desesperación, ingresó sin preocuparse de su propia seguridad, buscando algo que le permitiera apagar ese fuego que lo consumía todo.
—¡Hinata! —volvió a escucharse la voz, pero nadie respondía.
Valiente, como siempre, el Jinchuriki de la hoja se adentró en el fuego que consumía el salón.
Había decidido ir a verla tan pronto terminó su entrenamiento con el Hokage, para hablar con ella sobre el compromiso que había mencionado Sakura durante la tarde. Sin embargo, antes de llegar, vio las llamas que salían desde el enorme ventanal principal.
Sin dudarlo, se adentró, totalmente seguro de que ella estaba ahí, y vió escapar a un par de Hyugas.
Rápidamente, creó dos clones con su kage bunshin no jutsu, ordenándoles que los siguieran para asegurarse de lo que había visto y él continuó buscando a Hinata.
Avanzó, por ese alegre y cálido salón principal, que ahora lucía destrozado y ardiendo, y avanzó hacia la cocina mientras intentaba no quemarse con el fuego y respirar.
Y la encontró, llenando con agua, desde una llave que todavía funcionaba, un balde de para utilizarlo para apagar las llamas.
—¡Hinata! — la volvió a llamar, pero ella no lo escuchó.
La ex Hyuga estaba concentrada, enfocada, en intentar apagar las llamas a como diera lugar.
Pero era inútil, el fuego estaba demasiado avanzado así que, sin pensarlo más ingresó, la tomó en sus brazos y la cargó a pesar de sus protestas por quedarse.
—¡No! ¡No! —reclamó—¡Suéltame! ¡Tengo que apagarlo!
Pero el Uzumaki fue más fuerte y la retuvo, segura, mientras corría para salir del edificio.
Equipos de emergencia se encontraban llegando al lugar cuando logró salir con ella.
Avanzó, lo más lejos que pudo antes de dejarla en el piso y girarse a observar la magnitud del desastre.
El lugar, todo el café, estaba siendo consumido por las llamas en una imagen que se imponía terrible y desgarradora. Él había estado presente y ayudando mientras ella lo armaba, había escuchado lo mucho que la ilusionaba y los planes que tenía para el futuro.
Sabía sobre el pequeño triunfo que ese lugar representaba para Hinata.
Y por eso, por todo lo que ese edificio significaba, comprendió lo horrible que debería ser para ella presenciar la destrucción.
Se giró, sintiendo aun desde esa distancia el calor del fuego, mientras los equipos de asistencia ingresaban para atacar el incendio, y volvió su mirada hacia la ex Hyuga.
Sus ojos, claros como la luna, reflejaban los tonos rojizos de las llamas que no dejaba de mirar, y su expresión mostraba toda la angustia que su corazón sentía en ese momento.
Naruto sabía que jamás podría llegar siquiera a imaginar lo que ella estaba sintiendo, ese lugar había sido su sueño imposible hecho realidad. Así que hizo lo único que estaba a su alcance.
Se giró completamente, ubicándose delante de ella para usar su cuerpo para bloquearle la horrible visión y cuando ella reaccionó llevando su mirada hacia él, llevó sus manos a sus orejas y las tapó.
Ella no dijo nada, y volvió su mirada al frente, donde la chaqueta que llevaba el Uzumaki era lo único que podía encontrar y dejó que las tibias manos de él disminuyeran los sonidos.
Su mente estaba en blanco y su corazón se sentía pesado, cansado… muy cansado como para procesar la rabia, la tristeza y la impotencia.
Y a lo lejos, mientras Naruto escaneaba la situación con su mirada, divisó a Sasuke que se acercaba a toda velocidad.
Preocupado, por todo lo que había pasado desde la noche anterior e inquieto por lo último que había conversado con Hinata, el Uchiha había decidido regresar de su casa para vigilar los alrededores cuando se encontró con el fuego y el caos en el lugar.
Asustado, su primer impulso fue ingresar y buscar a Hinata, pero al ver a los equipos de emergencia trabajar en el incendio, escaneó rápidamente a las personas alrededor esperando encontrarla ahí.
Se acercó cuando vio que Naruto estaba con ella, aliviado.
—Llévala al hospital—dijo el rubio—debe tener algunas quemaduras.
Sasuke asintió.
—¿Qué harás tu? —preguntó el Uchiha, tomándola en sus brazos.
—Necesito ir con el Hokage—informó—. Cuando llegué, vi a algunos ninjas del clan Hyuga salir.
Sasuke asintió y se marchó con ella hacia el hospital mientras Naruto se giraba en la otra dirección y se perdía entre las calles.
Un cielo gris y oscuro fue lo primero que vió al abrir sus ojos. Parpadeó lento e inhaló y exhaló pausado mientras observaba, sin pensar.
Evidentemente desorientada, poco a poco comenzó a recuperar la conciencia y notó que estaba en el hospital.
Los recuerdos volvieron, uno a uno, en un violento asalto inesperado.
El secuestro, la conversación con el Hokage, las palabras de Sakura, la conversación con Sasuke, el ataque del clan y el fuego que se llevó todo.
Que le quitó todo.
Y en ese torbellino de imágenes, recuerdos, de palabras y sentimientos, aceptó que todo se salía de control.
Llevó sus manos a su rostro, cubriéndolo, mientras intentaba detener el nudo en su garganta y contener sus emociones.
Estaba asustada, del clan y su futuro.
Estaba avergonzada, de sentir que traicionaba a Sakura y de no tener las fuerzas para inciar esa conversación.
Estaba confundida y ansiosa, de no saber que sentir o hacer con Sasuke.
Se sentía impotente, triste y con rabia, de lo que había ocurrido con su café.
Inhaló.
Exhaló.
No sabía como enfrentar a su amiga, al Uchiha, al clan y su situación.
Inhaló.
Exhaló.
Y apretó contra su rostro sus vendadas manos con desesperación.
¿Qué se suponía que tenía que hacer?
¿Cómo…?
¿Por qué…?
El nudo en su garganta, en vez de disminuir, aumentó, pero se negó a llorar. Estaba cansada, muy cansada como para continuar.
"Huye".
Se sentó en la cama, con brusquedad, sintiendo como la cabeza le dolió del rápido movimiento y se dio un momento para que la habitación dejara de girar. Miró sus manos, vendadas y llevó la izquierda hacia su brazo derecho y se sacó el suero que tenían conectado.
En su cabeza solo había un pensamiento: escapar. Ya no daba más.
Ya no quería luchar.
Ya no quería sentir.
Ya no quería pensar.
Llevó una de sus manos a su rostro y lo volvio a cubrir, mientras sus labios se apretaban formando una linea tensa y recta que contenía un pequeño gemido de desesperación.
No más…no más…
—¡Hinata!
Volvió a la realidad cuando sintió que un par de brazos la detenían justo cuando iba a bajarse de la cama y notó que Akamaru estaba a sus pies y Kiba frente a ella sujetándola de los hombros.
Se miraron un momento, en silencio y la mirada del Inuzuka se suavizó, como si entendiera un poco de lo que ella estaba sintiendo.
—Quiero irme—le dijo ella, en un susurro —. Quiero huir…
No ocultó la verdad, no mintió sobre lo que estaba haciendo, no intentó convencerlo con palabras bonitas y honorables.
Ella estaba huyendo, ella no quería enfrentar la situación.
—Está bien —le respondió—. Volvamos a Suna.
