—Quiero irme—le dijo ella, en un susurro —. Quiero huir…
No ocultó la verdad, no mintió sobre lo que estaba haciendo, no intentó convencerlo con palabras bonitas y honorables.
Ella estaba huyendo, ella no quería enfrentar la situación.
—Está bien —le respondió—. Volvamos a Suna.
Sin decir nada más, le ayudó a levantarse, le pasó el cambio de ropa, y la sacó por la ventana, burlando la vigilancia del hospital, y a Sasuke que se encontraba en la recepción hablando con Temari.
La noche, o a esas alturas, la madrugada, estaba fría pero despejada, y el fuego ya había sido extinguido.
Ingresó, con cuidado al café que todavía humeaba y subió al que había sido su departamento en el segundo piso. Y entre los restos mojados, las cenizas y el desorden, encontró una pequeña caja que se había salvado.
Ese cofre guardaba sus recuerdos y pertenencias preciadas: el collar que Hanabi le había regalado, una fotografía con Neji y otra con su equipo y la pulsera de recuerdos que Sasuke le había dado. La envolvió en una camiseta que se había salvado y se marchó.
La siguiente parada fue en la oficina del Hokage, dada la situación, tan solo al salir del quemado café, dos Anbus la estaban esperando y la escoltaron junto a Kiba hacia la oficina.
Ingresó al despacho en silencio y se encontró con Kakashi de pie, mirando por el gran ventanal hacia la aldea.
—Lamento lo que sucedió—comenzó el Hokage.
Ella cruzó su mirada con él y asintió.
Kakashi, se acercó y le entregó un documento para que lo revisara.
Temari, como representante de Suna, había denunciado el ataque que ella había sufrido como una amenaza a las relaciones comerciales entre ambas aldeas.
—Se te asignará una escolta por todo el periodo que dure la investigación.
Hinata llevó su mirada al suelo, por un momento, preocupada. Ella había intentado evitar esa situación, pero las cosas se habían salido de control.
—No será necesario—le respondió ella y Kakashi la miró con sorpresa—. Regreso a Suna, ahora, y vengo a solicitar los servicios de Kiba Inuzuka como escolta para el viaje.
Quince minutos después, Kiba, Hinata y Akamaru cruzaban las puertas de la aldea bajo la luz de la Luna que comenzaba a descender.
La noche avanzó lenta, fría, tensa, caótica, en esa madrugada que parecía no querer terminar. Y el día llegó con las primeras luces del amanecer.
La recepción del hospital abrió sus puertas a las visitas y Sasuke, que había pasado la noche en la sala de espera, ingresó para ir a ver a Hinata.
"La paciente no está" le dijeron ", se fué en medio de la noche".
Ni siquiera dudó que fuera cierto, todo lo que había ocurrido debía haberla dejado en un estado depresivo que le impidiera pensar en algo más que en volver al único lugar en el que ella logró encontrar la paz.
Sí, entendía el motivo y no necesitó confirmar que ella se marchaba a Suna. Sin embargo, eso no lo detuvo de correr a las puertas de la aldea con la esperanza de alcanzarla.
Quizás, lograba convencerla de quedarse… él podía ser su escolta y protegerla.
Tal vez… podría decirle que olvidara lo que él le había dicho y le quitaba un peso de encima. Sabía que le había agregado una preocupación adicional a su situación porque ella jamás se tomaría a la ligera todo lo que le soltó. No había sido el mejor momento.
O, a lo mejor, podía…
—Detente—escuchó que le decían cuando había cruzado las puertas de la aldea.
Inmediatamente después, Shikamaru se colocó delante de él interfiriendo en su carrera.
—No puedes ir a Suna—le dijo tan pronto Sasuke se detuvo—. No en este momento.
—Déjame pasar, Nara—le respondió el Uchiha, frunciendo el ceño—. Si alcanzo a Hinata antes, no estaré ingresando al territorio de la arena.
—Ella fue en la noche a hablar con el Hokage—continuó Shikamaru, relajando la postura—solicitó un escolta y se marchó de la aldea. Si la sigues e interfieres podrías causar un problema para las relaciones entre ambas aldeas, la arena ya se enteró de lo que sucedió y se inició una investigación.
Lo miró, un momento más, sabiendo que el Nara tenía toda la razón y conteniendo sus ganas de continuar sin importarle nada, y luego bajó la mirada mientras apretaba los puños con resignación.
No podía seguirla, al menos, no todavía.
Hinata era la que tenía que cambiar su decisión.
El día pasó, la noche llegó y un nuevo día comenzó.
La primavera, ignorante a todo lo que sucedía, siguió día tras días avanzando, sin importarle nada de lo que ocurría a su alrededor.
Y mientras las pequeñas aves aprendían a volar y jugaban y cantaban en esos árboles que comenzaban a cubrirse de verdes hojas, una semana pasó.
Naruto, que había seguido a los ninjas que huyeron del café incendiado, entregó las declaraciones respectivas, a la investigación del caso de Hinata, informando que los había visto ingresar a los terrenos del clan Hyuga. Para luego ser enviado en las misiones de rutina.
Sasuke, por su lado, entrengó la información sobre el secuestro y las cartas que Hinata había estado recibiendo desde el clan. Tomó algunas misiones para distraerse, pero mas que nada prefirió estar en su casa esperando a que ella decidiera regresar.
Por su lado, Sakura aportó con lo que ella había visto el día del secuestro, cuando atendió a la ex Hyuga.
Y la investigación continuó, a pesar de que para algunos estaba claro lo que había sucedido, se necesitaban más pruebas para poder acusar a un clan tan poderoso.
—Hey—llamó la atención de Sakura, Ino, al notarla distraída mientras almorzaban.
Ese día habían quedado de comer juntas antes de volver a sus respectivos trabajos, en un restorant cercano.
Los ojos verdes de la Haruno volvieron a su amiga.
—¿Sasuke ya habló contigo?—preguntó la Yamanaka.
Sakura, extrañada, intentó recordar si había hablado algo de importancia con su compañero, pero negó.
—mmm…—respondió—. Quizás si me das una pista, podría recordar.
Ino asintió.
—¡De Hinata! —dijo, como si fuera lo más obvio—¡Para que deje de sentirse culpable…
Y mientras respondia, notó como la mirada de su amiga cambiaba a una de sorpresa, dándose cuenta de que, de verdad, Sakura no sabía nada. Guardó silencio, de inmediato, pero ya era demasiado tarde.
La ninja medico puso su mirada seria y dejó los cubiertos en la mesa, enfocándose completamente en la rubia.
—No te detengas, Ino—respondió Sakura—. Termina lo que estabas diciendo.
La Yamanaka, sabiendo que no había forma de escapar de la situación, suspiró con cansancio; quizás, decirle todo a Sakura podría servir de algo.
—Sasuke vio el listado de candidatos que armamos—le comentó, omitiendo la parte en que ella misma le había pasado la información—, y cuando encontró que no estaba en el listado, le conté la razón. Dijo que hablaría contigo. Supongo que le iba a pedir que lo eligiera.
Sakura volvió su mirada a su vaso de agua, y jugó con su dedo en las orillas.
—Pero yo ya le dije que no había problemas si ella quería elegir a Sasuke—respondió y luego se apoyó sobre el respaldo de su silla, pensativa—. No sé porqué Hinata no aprovecha esta oportunidad, porqué está siendo tan testaruda con este asunto, siendo que Sasuke está…
—¿Muriendo de amor por ella? —completó Ino y la ninja medico sonrió cómplice—Ja ja ¿Quién lo diría, cierto?
Sakura asintió, divertida, para luego aclararse la garganta y volver a su expresión más seria.
—Sasuke está dispuesto y ella no tiene a nadie más en su corazón… la respuesta debería ser muy fácil —continuó Sakura.
Ino miró su taza de té un momento y respondió.
—Está asustada—dijo.
Sakura, sorprendida, miró a Ino buscando más explicación.
—¿De qué? ¿De Sasuke? —preguntó.
La Yamanaka negó y jugó con el arroz de su tazón antes de responder.
—De que ocurra lo mismo que con Naruto.
La expresión, la postura y la voz de Sakura, de pronto, se volcaron de lleno hacia su amiga prestándole toda la atención.
—Lo sabes… —dijo, casi como si estuviera acusando a Ino—sabes que fue lo que pasó entre esos dos.
Probablemente, esta era la única oportunidad que iba a tener de que alguien le revelara algo al respecto. No era que necesitara saber el chisme, era que sospechaba que lo que había ocurrido todavía pesaba en el corazón de Naruto y Hinata, y no les permitía avanzar.
Y, quizás, esta vez, ella podría ayudar.
Ino, que sabía que no era algo que le correspondiera revelar, decidió que, por esta sola vez, era mejor hablar.
Sakura estaba involucrada, indirectamente, y al parecer, única forma de que las cosas pudieran solucionarse era que ella supiera la verdad.
—Naruto buscó a otra mujer mientras estaba con ella —comenzó.
—¿Qué? ¡Imposible! Ese Baka continúa estando enamorado de ella—respondió casi automáticamente Sakura—. ¿En qué momento podría haber buscado a otra mujer si las únicas con las que estuvo siempre eran con ella y con…?
Y comprendió.
No hubo necesidad de que ella terminara la oración cuando entendió perfectamente quien era la otra persona.
Oh, dios.
—Naruto escuchó nuestra conversación—le comentó la Yamanaka cuando notó que Sakura había entendido—. Y dudó…
No, no, no.
Ella no quería eso, ella jamás había querido intervenir, nunca creyó que aquella privada conversación había sido escuchada por alguien más.
Sakura, con una terrible culpa volvió su mirada hacia Ino
—Ellos… terminaron por mi culpa.
E Ino, notando como el mundo se le derrumbaba a su amiga, negó rápidamente.
—¡No!, tu no hiciste nada. La decisión fue de Naruto.
Pero Sakura ya estaba hundida en sus arrepentimientos mientras se cubría el rostro atormentado por el remordimiento. Recordando, una y otra vez cada visita y actitud de Naruto que podría haber ocasionado el quiebre.
—¡Hinata lo amaba! —dijo— Y yo por mi culpa… ese estupido de Naruto.
Rápidamente se levantó de su asiento, sorprendiendo a Ino y dejó dinero en la mesa.
—¿A dónde vas? —preguntó Ino, asustada de la reacción.
—A resolver esto—respondió—. Aclararé la situación.
Sin importarle nada más, se dirigió corriendo hacia el apartamento de Naruto, si tenía suerte y no estaba de misión, lo encontraría ahí o en el Ichiraku.
El trayecto, que usualmente era corto, se hizo eterno mientras su cabeza continuaba atormentándola con cada momento que volvía a su memoria, con cada visita y detalle que el Uzumaki le dedicó, después de la conversación con Ino.
Había notado que él la buscaba un poco más, pero jamás se imaginó que se debía a eso, siempre creyó que era porque no quería dejarla sola o que se sintiera aislada. Nisiquiera sospechó de la verdadera razón.
¿Cómo se había sentido Hinata cada vez que se juntaban?
¿Cómo era capaz de mantener la sonrisa en su presencia?
¡Estúpido Naruto!
—¡Naruto! —gritó, completamente fuera de si, frente a la puerta de donde vivía el Uzumaki—¡Abre la puerta!¡Sé que estás ahí!
Y mientras escuchaba como su compañero de equipo chocaba con algunas cosas al interior intentando llegar a la puerta para abrirla, su corazón se enfurecía mucho más. Ella tenía muy claro lo que había pasado, Naruto se había confundido al escucharla, al revivir una emoción que había quedado atrás.
Ella, después de tantos años de preferir a Sasuke por sobre él, ahora lo miraba. Era esa la emoción que lo había cegado, era el resentimiento de algo que no fue, que no le resultó.
De alguna forma lo entendía, de alguna forma sabía que Naruto había intentado ser su mejor versión, si consideraba se había criado solo, que había estado siempre solo, que había sido rechazado por todos y que tuvo que ganarse a sangre su lugar; nadie lo había guiado, nadie le había enseñado sobre esas cosas.
—¿Sakura? —dijo, tan pronto abrió, confirmando que se trataba de ella—¿Qué sucede?
De un empujón, abrió la puerta y se invitó a pasar, si iba a armar un escándalo, sería en privado.
—Sé lo que ocurrió—dijo ella, girándose hacia él, cuando el rubio cerró la puerta.
Naruto, todavía sin entender, la miró tratando de descifrar de que hablaba.
—Sé que escuchaste mi conversación con Ino—continuó ella—hace casi dos años atrás.
El Uzumaki, comprendiendo al fin de que se trataba todo, tragó fuerte y llevó su mirada al suelo, avergonzado.
—Dime que Hinata no termino contigo por esto—continuó.
Porque a pesar de que le creyó inmediatamente a Ino cuando le contó sobre la situación, aun albergaba la esperanza de que no fuera cierto, de que esa no fuera la razón de esa ruptura.
Pero a medida que pasaban los segundos, a medida que el silencio de su amigo aumentaba, las esperanzas comenzaron a fallar.
—¡Dímelo! —dijo ella, perdiendo la compostura, una vez más—¡Dime que no fue por eso!
Naruto, totalmente derrotado, apretó los puños con frustración y volvió su mirada hacia ella. Porque si algo él sí sabía hacer, era enfrentar lo que se le pusiera por delante, por muy doloroso que fuera.
—Me confundí—respondió—. Comencé a prestarte más atención y… descuidé a Hinata. Y ella… ella se dio cuenta.
Mentiría si dijera que, por un momento, la emoción no se apoderó de su corazón al saber que había provocado algo en el rubio, pero la culpa era un sentimiento mucho mas grande.
Sakura, que todavía amaba a Naruto, pero que había asumido desde el principio que era un amor no correspondido, sintió como sus ojos se llenaban de lágrimas ante la situación; ante las dos verdades que se revelaban en las palabras del Uzumaki.
Naruto se sintió atraído por ella lo suficiente para dudar, en algún punto, y Hinata sabía todo.
Todo.
¿Cómo podía? ¿Por qué no la culpó? ¿Por qué guardó todo en su corazón y no le dijo nada?
Porque Hinata sabía que la responsabilidad era de Naruto, porque la ex Hyuga conocía lo suficiente a Sakura como para saber que jamás intentaría interponerse en una relación.
Sin embargo, aun cuando la pequeña empresaria comprendía eso, la ninja medico entendía lo difícil que debería haber sido mantener su amistad sin culparla, sin involucrarla ni decirle nada al respecto, mientras su corazón se desmoronaba. Verla, conversar, saludarse y compartir como si nada hubiese ocurrido debió ser duro.
¡Joder!
Las cosas no deberían haber ocurrido así.
Las cosas no podían continuar así.
Y ahora que todo se había destapado, había solo una manera de avanzar.
Tenían que sanar.
Los tres necesitaban hablar con la verdad, enfrentar sus problemas y dejar atrás.
Y había una sola forma de dar, finalmente, punto final a esa etapa. No necesitaba seguir escuchando más aclaraciones.
—Naruto—comenzó ella—, estoy enamorada de ti.
El Uzumaki, que no se esperaba la confesión, la miró con sorpresa un momento y luego entendió.
— Y ahora que escuchaste mi confesión—continuó ella, nerviosa—, debes dame una respuesta.
Ella y él, necesitaban cerrar esa inconclusa historia en la que sus corazones no coincidieron a tiempo.
Asintió.
—Lo siento, Sakura—respondió—. No puedo corresponderte.
Y aún cuando ella había aceptado desde el principio que el corazón de Naruto no sería de suyo, aún cuando jamás existieron ilusiones ni esperanzas, escucharlo dolió.
El océano completo parecía diminuto ante el intenso dolor que le provocó escuchar las palabras que siempre conoció.
Asintió, mientras notaba que la garganta se le apretaba y los ojos empezaban a arder.
Abandonó el apartamento antes de que la tristeza se apoderara de sus emociones que ya estaban alteradas y no se permitió llorar; no era el momento, y tal vez, ya estaba aburrida de llorar penas del corazón.
Su siguiente destino estaba claro: Suna, y en especifico, Hinata.
Los días avanzaron, las noches pasaron, y el cálido sol de la primavera en el desierto tranquilizaron, un poco, su corazón.
Los agitados vientos no se habían calmado del todo, pero el trabajo, el cansancio y la rutina, hacían que sus miedos y preocupaciones quedaran relegadas al rincón más alejado de su interior. Ahí, justo en ese lugar donde ella podía hacer como si nada hubiese pasado.
Pero el destino era sabio, y Hinata sabía que, tarde o temprano, debería volver a pensar en su situación.
"No" se dijo al darse cuenta de que estaba inmóvil frente a la ventana de su oficina, recordando su último encuentro con Sasuke, "No te detengas" se repitió. Porque si no lo hacía, si no se obligaba a continuar, su mente la llevaba a los recuerdos, a las dulces miradas del Uchiha, a sus increíbles últimas palabras. Y ella no quería que esas estúpidas y temerarias "esperanza" e "ilusión" despertaran.
Eso era un desastre que no se podía permitir.
¡Jamás!
El sonido de alguien llamando a la puerta de su oficina la devolvió a la realidad.
—Señorita Hinata—le llamó uno de los meseros, asomándose por la puerta que se abría—. La buscan.
Hinata, intrigada, asintió y el mesero abrió completamente la puerta, revelando a quien no pensó que encontraría. Al menos, no todavía.
—Buenas tardes, Hinata.
Dejó, sin notarlo, que la sorpresa se mostrara en su expresión al ver a su antigua compañera de generación ahí.
—Sakura—saludó—, bienvenida. Adelante.
Con el completo control de sus emociones, Hinata recobró la compostura y saludó a su amiga como si nada hubiese pasado.
Porque la Haruno no debería estar enterada de la conversación con Sasuke… ¿verdad? Si algo podía reprocharle era haber huido del hospital sin despedirse.
Se relajó al pensar en los hechos, y sonrió invitándola a sentarse, pero Sakura no accedió.
Negó y en ese momento, Hinata notó que su amiga estaba nerviosa. Su rostro mostraba una angustia que muy pocas veces inundaba su expresión.
Se acercó, preocupada… ¿Le habría pasado algo en el viaje a la aldea de la arena?
Y cuando estaba a centímetros de tocar su brazo y hablarle, Sakura sacó la voz.
—Lo sé—dijo.
Hinata la miró un segundo, intentando comprender que era lo que sabía, que era lo que la podía poner en ese estado.
—Sé todo lo que ocurrió con tu noviazgo con Naruto—continuó.
Y cuando la pequeña empresaria la escuchó, cuando buscó sus verdes y hermosos ojos, entendió perfectamente porque Sakura desvió la mirada avergonzada.
No, ella no quería eso. Ella no quería que sintiera culpa por algo que no le correspondía.
Pero la Haruno se inclinó, en una profunda reverencia frente a ella, quitándole la oportunidad de decir algo más.
—Perdóname, Hinata—dijo—. Jamás tuve la intención de que Naruto se enterara.
Quiso rebatir, decir algo para que Sakura se enderezara y terminara toda esa situación extraña y sin sentido, pero algo en esa frase captó su atención.
¿Que Naruto se enterara de qué?
¿De qué estaba hablando Sakura?
Su mente comenzó a trabajar increíblemente rápido tras escuchar las palabras mientras su corazón empezó a sospechar.
Si su amiga estaba hablando de la ruptura de ella y el Uzumaki, ¿Qué podría haberle dicho Sakura a Naruto para que se sintiera tan culpable? ¿Para que actuara de esa forma?
Que podría hacer que la Haruno viajara desde Konoha a Suna para hablar de eso…
…
…
¿Realmente no lo intuía?
¿Sakura había intervenido?
¿Naruto volvió a mirar a Sakura porque algo había ocurrido?
No, no podía ser. No podía ser ese el motivo.
Inconscientemente retrocedió, sintiendo como el último pedazo de su burbuja caía lentamente…
¿Había pasado algo entre ellos?
—… ¿A qué te refieres? —se atrevió a peguntar, porque se negaba a creer que Sakura la había traicionado, que Naruto la había engañado; que ambos habían cruzado esa linea que no se debería pasar.
Sakura se enderezó al escuchar la duda en la voz de Hinata y llevó su mirada a los ojos claros. Y fue totalmente evidente que la ex Hyuga no sabía esa parte de la historia.
Apretó los puños, asustada y decidió que tenía que continuar. Era hora de revelar toda la verdad.
—Naruto escuchó—comenzó—, de casualidad, cuando yo le estaba contando a Ino que me había dado cuenta de que estaba enamorada de él.
No… no.
¿Enamorada de Naruto?
¡Sakura había amado toda su vida a Sasuke!
¿Cómo podía ser?
¿Cómo…?
Y parte por parte, cada pieza de ese olvidado rompecabezas encajó.
El amor de Naruto se acabó cuando escuchó la secreta confesión y por eso, sus antiguos sentimientos revivieron dejándola de lado.
La insistencia de Ino para agregar a Sasuke a la lista de posibles prometidos y las palabras de Sakura, alentándola a elegirlo podían tener sentido ahora que sabía la verdad.
Volvió su mirada a la ninja médico, mientras intentaba digerir toda la información, sin saber muy bien qué debería decir o preguntar, o, quizás, sentir.
Ya había pasado un tiempo, su amor por Naruto había terminado y ella estaba en paz con respecto a su antigua relación. Mas no dejaba de sentirse extraña al respecto.
Era una verdad atrasada, un ciclo que finalmente cerraba.
—Debes saber—continuó Sakura, al verla confundida—, que no iba a revelarle jamás lo que sentía. Desde el momento en que me di cuenta, supe que era un amor no correspondido y…
No necesitaba escuchar nada más. Ella sabía que su amiga no había intentado nada y reprocharle que se había enamorado del mismo hombre no tenía sentido, uno no elige de quien se enamora.
—Sakura—le interrumpió, un poco más compuesta—, no hiciste nada malo.
La Haruno la miró e inmediatamente desvió la mirada al suelo, incapaz de sostenerle la mirada.
—Entiendo la situación—continuó Hinata—, no tengo dudas de que jamás pensaste interferir.
Notó como los puños de Sakura se tensaban, intentando contener las emociones y de pronto, comprendió el peso que su amiga debía estar sintiendo por algo que no debía ser.
—No terminé con Naruto por ti—le dijo—. Terminé con él porque no quiero estar con alguien que no me ame. Las razones no importan.
La ninja volvió a mirarla, un poco mas calmada y asintió con timidez mientras sentía como un enorme peso en su corazón se liberaba.
—Gracias—dijo Sakura.
Hinata negó y sonrió, más calmada también.
—Pasó hace un tiempo ya—le respondió la ex Hyuga—, mi amor por él quedó atrás—dio un paso hacia ella, pensando en lo increíble que era que ahora pudiera decir las palabras que soltaría—. Es hora de que tu también liberes tu corazón de esas cargas innecesarias, y vayas con él si es lo que todavía deseas.
Sakura la observó un momento, sorprendida de las palabras de Hinata y comprendiendo que el camino para soltar su propio corazón no había sido fácil. Que aquella pequeña y dulce ex ninja pudiera decirle eso, significaba que no había rencor. Era una etapa terminada.
—Hablé con él antes de venir y concluimos esa conversación — le comentó—. El no me ama, y yo no quiero perseguir una ilusión.
Hinata asintió y sonrió.
Conversaron un momento más, antes de que Sakura mirara su reloj e indicara que debía marcharse para no retrasar el viaje de regreso.
Hinata la acompañó a la salida, pasando por la cocina de su café y empacando galletas y un termo con té para su amiga. Y cuando se detuvieron en la salida, Sakura se volvió.
—Ahora sabes que no estoy enamorada de Sasuke.
Se miraron un momento, en silencio, y antes de que Hinata lograra reaccionar, la ninja sonrió y se marchó.
Sakura sabía lo que hacía, las palabras implícitas en esa simple afirmación llegaron directamente a los miedos de Hinata.
"Ya no hay más excusas".
Era su turno de enfrentar la realidad.
Ingresó, de forma casi automática a su oficina, mientras la gente iba y venía en su café, totalmente ajena a la terrible verdad que había sido revelada.
El escudo que ofrecían los sentimientos de Sakura ya no estaba; ahora tocaba enfrentar el problema mayor: ella misma.
Cerró la puerta de la oficina con pestillo, avanzó hacia su escritorio y dejó las llaves, y apoyó las manos en la mesa pesadamente. Mientras, el silencio se volvía denso y aterrador.
Y el recuerdo de su ultima conversación con Sasuke, regresó.
"Yo quiero estar comprometido contigo"
Apretó las manos sobre la mesa, asustada de permitir que aquellas palabras volvieran, ahora que no tenía nada con lo que protejerse.
"Sé lo que significa. Entiendo a qué me enfrento y tengo claro tus sentimientos."
Sin poder contener el temblor de sus piernas, se permitió agacharse en el piso mientras sus manos continuaban apoyadas en la mesa, y ocultó su rostro en sus brazos.
"Pero… si me lo permites… me gustaría intentarlo."
Cerró sus ojos y se mordió los labios mientras luchaba con las ganas de buscar alguna excusa y a la vez, comprendía que ya no podía seguir huyendo.
Sakura había enfrentado todo, Naruto también, ahora era su turno.
Sasuke había hecho una declaración directa de sus intenciones mas no de sus sentimientos. Él no le estaba presionando a entregar su corazón y no le estaba cargando el suyo tampoco, aun cuando dejaba entrever que al menos algo sentía.
Apretó su frente entre sus brazos mientras notaba como su corazón se aceleraba, como su estómago se apretaba ante la emoción y como el miedo luchaba por tomar el control.
¿Y si no funcionaba?
¿Y si ella se enamoraba?
¿Y si él la olvidaba?
¿Y si…?
No.
Basta, Hinata.
Los sentimientos de ese hombre eran lo suficientemente serios, quizás fuertes, como para llevarle a proponer algo así.
Sasuke, que jamás había mostrado interés en alguien, le había pedido a ella intentarlo.
Y ella, que lo conocía, comprendía lo difícil que debía haber sido soltar una petición como esa.
Inhaló. Exhaló.
Permitió que la ansiedad tomara posesión de su tembloroso cuerpo y luego la expulsó intentando calmarse.
Se levantó, lentamente y frunció el ceño tratando de impregnarse de una seguridad que no sentía.
Suspiró, una vez más, notando como se le apretaba el estómago cuando tomó su chaqueta y las llaves del escritorio. Y salió de su oficina.
Quizás, no sería la mejor decisión.
Tal vez, se iba a arrepentir en el camino.
A lo mejor, las cosas no terminarían bien.
Pero si de algo estaba segura, era de que ese hombre, de alguna manera, la quería más que cualquier otro y estaba dispuesto a intentarlo, a pesar de saber lo que ocurría en su corazón.
Y Sasuke, jamás le haría daño.
Y ella, por él, estaba dispuesta a intentarlo.
