James estaba en su dormitorio, terminando de cambiarse. Se sentía entusiasmado a la vez que nervioso. Por un lado, por fin había llegado el día en que tendría la cita que llevaba seis años esperando. No era una cita cualquiera, sino que era la cita en la que acabaría revolcándose con Lily. Pero por otro, lo que había planeado requería saltarse varias normas del colegio, que sabía que era algo que Lily no aprobaba. Además, no tenía claro cómo empezar. ¿Era Lily virgen? ¿Cómo dar el primer paso si lo era? Y si no lo era, ¿le gustaría que James tomara la iniciativa o preferiría llevar ella el mando?
-Tío, esas cosas se van viendo sobre la marcha –le había respondido Sirius cuando le comentó sus miedos.
A pesar de no tener (ni querer) pareja estable, Sirius era el que más follaba de los cuatro, por eso siempre acudían a él con este tipo de dudas. Y, como siempre, Sirius tenía razón. Lo mejor era dejar fluir los acontecimientos y actuar según se dieran los hechos.
Hacía más de seis meses que James no se acostaba con una chica. Desde que se dio cuenta de que Lily estaba empezando a mostrar cierto interés por él, dejó de lado otras citas y se centró exclusivamente en conquistarla ella. Después de seis años gustándole, no iba a tirar esa oportunidad por la borda por un polvo. Cuando empezaron a salir, no quiso ir demasiado rápido, no quería espantarla. Y por eso tenía tantas dudas.
Pero el miércoles ella se lo había dejado claro: quería tener relaciones.
James había dudado hasta de cómo vestirse. Después de echar mil vistazos a su armario, se decantó por un look muggle: llevaba una americana casual y unos jeans. Elegante pero informal.
Terminó de arreglarse justo cuando dieron las ocho. Bajó a la sala común a esperarla. Un par de minutos después, la vio bajar por las escaleras del dormitorio de las chicas. Sonrió. Iba preciosa. Llevaba un vestido verde que hacía juego con sus ojos y el pelo suelto. También elegante pero informal.
Se besaron como saludo y salieron por el retrato de la dama gorda cogidos de la mano. James decidió abordar pronto lo que podría ser el primer bache de la cita.
-He traído la capa invisible.
-¿Para qué? –preguntó Lily dudosa. –¿Vamos a salir? –James asintió. Lily suspiró. –James, sabes que no puedo. Soy prefecta, se supone que estoy para evitar este tipo de cosas. ¿Qué cara le pongo a McGonagall si nos pillan?
-¡No nos van a pillar! Vamos Lily, he salido cientos de veces y jamás me han pillado. He preparado algo genial, no lo cancelemos –rogó.
Lily dudó. No quería saltarse ninguna regla, pero tenía muchas ganas de esa cita con James. Le miró, él le devolvía la mirada con unos ojos suplicantes.
-Te prometo que no nos van a pillar.
Seguía bastante indecisa, pero finalmente aceptó. No quería arruinar la noche por ser una estricta. Cuando no hubo nadie en el corredor, se metieron debajo de la capa y caminaron en silencio hasta la estatua de la bruja tuerta.
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Cuando salieron de Honeydukes, ya eran casi las nueve. Se quitaron la capa en un callejón oscuro y solitario y James la condujo de la mano hasta la puerta de una casa. Lily ya parecía más tranquila después de los nervios, para ella, de salir del colegio.
- ¿Dónde estamos? –preguntó.
-En mi casa –Lily le miró muy extrañada. –Mis padres compraron esta casa cuando vine a Hogwarts, para tenerme controlado. -Sonrió y añadió –me conocen.
Lily rio ante la broma. La verdad es que James tuvo que ser un dolor de cabeza para sus padres de niño, no le extrañaba nada que se hubieran hecho con esa casa.
-Sé que hace tiempo que no vienen, de hecho, se estaban planteando venderla –explicó.
Lily se preguntó mentalmente la cantidad de dinero que podrían llegar a tener los padres de James. Habían comprado una casa solamente porque su hijo iba a Hogwarts, y poco tiempo después ya estaban planteándose venderla, sin apenas haberla usado.
James abrió la puerta y condujo a Lily al salón. Una pequeña mesa con una vela les esperaba.
- ¿Cenamos? –propuso James.
Lily asintió y con un chasquido de dedos de James, dos platos aparecieron en la mesa. Olía de maravilla. Lily sonrió muy emocionada y sorprendida.
- ¿Cuándo has preparado todo esto?
James se encogió de hombros. La verdad es que no lo había preparado él: le había pedido a los elfos de la casa que planificaran una cena romántica en el salón. Pero eso no se lo dijo a Lily. Empezaron con una ensalada césar, de segundo tuvieron un solomillo al horno con una salsa de oporto y de postre coulant de chocolate. James se anotó mentalmente agradecer a los elfos, se lo habían currado.
Una vez terminaron de cenar, volvieron los nervios a James: y ahora, ¿cómo la invitaba a la habitación? No quería parecer desesperado, pero tampoco un lerdo. Por suerte, ella se adelantó con una indirecta:
-James, ¿me enseñas el resto de la casa?
-Claro.
Pasaron por toda la casa dejando para el final el dormitorio principal, una estancia grande con una cama enorme en el centro, una ventana que daba a la calle y una puerta que conducía a un baño.
Lily se adentró en el dormitorio y, dándole la espalda, desabrochó su vestido y lo dejó caer. James observó el cuerpo de su novia por detrás, solo cubierto por unas bragas de encaje negras. Se acercó y la rodeó por la espalda, besando suavemente su cuello. Se separó de ella, se quitó la americana y le dio la vuelta para besarla en los labios. Un beso suave, romántico. La condujo hasta la cama sin dejar de besarla, ella casi desnuda, él aún con su ropa, se tumbaron, él sobre ella, sin cortar ese beso que continuaba siendo tierno y dulce.
James bajó por el cuello, luego los pechos. Los tocó y besó muy suavemente, pero no se entretuvo mucho, quería avanzar más. Siguió bajando por su vientre, su ombligo… Joder, como se estaba poniendo.
Llegó al pubis y muy despacio, se puso de pie frente a la cama para quitarle las bragas. En ese momento, James se sintió el chico más afortunado del mundo: tenía a Lily desnuda frente a él, con las mejillas sonrojadas y las piernas semiabiertas. James la observó, grabando esa imagen en su mente. Esos ojos verdes, enormes, una sonrisa sensual, sus pechos perfectos, el vientre plano, y su sexo… Merlín, Lily estaba buenísima.
Notó como ella se sonrojaba por lo que intentó tranquilizarla con un:
-Eres preciosa. –Lily sonrió, aún ruborizada.
James le cogió los pies y muy delicadamente, los separó aún más, inclinándose y situando su cara entra las rodillas de Lily. Comenzó a besar la parte interna de su muslo derecho, subiendo más y más hasta llegar a la ingle. Miró de nuevo su vulva y la besó. Le encantó oír el gemido de Lily, que sonaba como una invitación a comenzar a lamer su clítoris. Empezó con pequeñas lamidas, cortas, suaves. Aumentó el ritmo del movimiento de su lengua cuando notó vibración en el cuerpo de Lily, que parecía pedirle más.
Los suspiros de Lily fueron subiendo de volumen y esto hacía que James le comiera el coño con más ganas. Le introdujo primero un dedo, luego otro. Notó en su cabeza las manos de Lily, revolviendo su cabello, indicándole que siguiera. Y siguió y siguió, lamiendo con deseo y metiendo y sacando sus dedos. Hasta que Lily se corrió. Arqueó su espalda, agarró mucho más fuerte el pelo de James y gimió, casi chillando. Suerte que la casa estaba insonorizada.
James la miró, tenía los ojos cerrados, las manos aún en su cabeza y la respiración muy agitada. Se sintió satisfecho por haber conseguido dejarla en ese estado de placer.
Lily abrió lentamente los ojos y se encontró con James mirándola, con una sonrisa ufana, quizás un tanto arrogante. Le sonrió de vuelta y sin pudor le pidió:
-James, yo también quiero verte.
Con un chasquido de dedos, James se despojó de toda su ropa (un truco que le había enseñado Sirius), y esta vez fue Lily la que le miró de arriba abajo. Pero James no le dejó mucho tiempo, tenía la polla que le iba a estallar. Se tumbó sobre ella y la besó. Pero ese beso ya no era tierno ni romántico, ahora la besaba con deseo, ansia y hambre. Lily se dejó llevar, estaba muy cómoda. Con otro chasquido de dedos, James tenía puesto un preservativo muggle (también truco de Sirius). Se colocó en su entrada, y muy lentamente la penetró, no quería hacerle daño. Y entonces lo comprobó: no, Lily no era virgen.
Volvió a besarle desesperadamente mientras entraba y salía de ella, cada vez más rápido. Notó las manos de Lily en su culo, marcándole el ritmo. Pronto volvió a oír sus gemidos, que lo hacían ponerse más y más cachondo. Aumentó el ritmo y se oyó a sí mismo gemir también. Joder, follarse a Lily era toda una gozada. Estaba a punto de correrse, pero aguantó, quería correrla a ella de nuevo. Notó como su coño le apretaba la polla cada vez más: no le quedaba mucho, así que separó su pecho del de ella y le tocó el clítoris mientras la seguía follando. Y sí, funcionó: enseguida notó como se corría de nuevo. Apretó el ritmo y la fuerza de las embestidas y pronto se corrió él también.
Agotado, se dejó caer suavemente sobre ella, sin sacar la polla de dentro. Lily le rodeó con los brazos y comenzó a acariciarle la espalda. Ambos sudorosos, suspirando, agotados.
Despacio, James salió y se giró para quedar tumbado a su lado. Con otro chasquido de dedos el condón desapareció, sin dejar rastro de flujos, un truco más de Sirius. Lily rio.
- ¿Dónde has aprendido todos esos trucos chascando los dedos?
-Te sorprendería todo lo que puede encontrar en la biblioteca del colegio.
Ambos rieron ante la broma. Lily se giró hacia James y apoyó la cabeza en su pecho. James la rodeó con su brazo y se relajaron hasta que se quedaron dormidos.
