Welkom
Ella no estaba en casa. Deambuló por los alrededores pero la ausencia de su aroma fresco le indicó que no estaba cerca.
Tal vez era mejor así.
Dio una última vuelta a la casa y se detuvo ante la ventana de la cocina.
Justo ahí se encontraba una bolsa de papel que desprendía el olor a panecillos de los que solía traerle todos los días, junto a un enorme tazón de comida.
Extendió la mano pero se arrepintió en el último momento. Si él se comía todo ella se daría cuenta que había regresado, esta solo era una visita breve, se supone que la intención era desaparecer como si nunca hubiera llegado en primer lugar.
Le causó malestar que ella dejará comida en la ventana todos los días con la esperanza de que él volviera.
No era justo para ella.
Se dió la vuelta dejando la ofrenda tentadora justo donde la había encontrado.
De un salto se posó en uno de los árboles más altos que lo escondían lo mejor posible, solo esperaría el tiempo para comprobar que estuviera bien.
Se sentó a esperar…
La vio aparecer al caer el sol. Venía por el sendero que se dirigía al santuario mirando a los alrededores como si estuviera buscando algo. Tenía la sospecha que podría ser él.
Manteniéndose lo más quieto posible en su lugar casi sin respirar la observó acercarse a la casa y dar la vuelta a la esquina para mirar la ventana de la cocina. Cuando se dió cuenta de que la comida seguía en su sitio sus hombros se desplomaron. Se fue arrastrando los pies hasta entrar y desaparecer de su vista.
Se negaba a sentirse mal al respecto, él no le había pedido que dejara comida, él no le había pedido que esperara todos los días por su regreso. Tal vez si fue un idiota sin decir que se iba y agradecer por todo lo que había hecho por salvar su vida pero no quería hacer las cosas incómodas y difíciles para ninguno de los dos.
Toda esta mezcla de sentimientos lo mantuvo congelado en su lugar. Algo dentro de él le decía que no se moviera, una sensación de malestar sin sentido.
Por un par de días y noches la miro salir de casa después de dejar la comida en la ventana. Esa mujer y sus estúpidas esperanzas. La observó regresar cada noche y mirar como su rostro se entristecía.
En una ocasión incluso la vio correr hacia el pozo y mirar en su interior con furia, como si el estúpido lugar inservible hubiera hecho algo malo.
De la nada le lanzó una patada a la madera vieja y seca.
— Si te lo llevaste devuélvemelo. — le gritó — sé que no era mío para empezar, pero me hacía sonreír. Lo quiero de regreso.
Inuyasha se quedó sin palabras. ¿Quién estaba lo suficientemente loco para querer un hanyo sucio a su alrededor?
Mientras la veía retirarse de regreso a su hogar una sensación cálida floreció en el centro de su pecho calentandolo por dentro.
Solo existía una persona tan loca y por supuesto que sería ella.
Muchas gracias por toda su paciencia y seguir conmigo en esta historia. Vamos avanzando poco a poco, pronto apareceran más personajes, no pierdan la esperanza.
también esta semana habra nuevo capitulo de mi otra historia y tengo un lemon esperando para el viernes ;-3
