Verano 1999
Sentados frente a frente con el desayuno por medio, Harry revisaba el calendario. Día 48, ya había pasado la mitad del ciclo. Apretó los labios y lo dejó con algo de violencia sobre la mesa para coger la taza de té.
— ¿Vas a hacer caso esta vez al sanador? —cuestionó Sirius, señalando con la barbilla el calendario sobre la mesa.
— ¿Me estás riñendo por no haberlo hecho la primera vez? —preguntó Harry malhumorado.
Su padrino se inclinó hacia delante sobre la mesa, intenso.
— Considerando que casi te mueres, pues sí, me voy a poner en plan padre.
— Eres tan dramático —trató de desestimar Harry, pero eso solo hizo que el gesto intenso en la cara de Sirius fuera a más.
— Harry, no te lo tomes a la ligera. Está claro que las drogas no son suficientes. Necesitas ayuda profesional.
El chico lo miró, entrecerrando los ojos con sospecha.
— Espera, me estoy perdiendo algo. ¿Qué no me estás contando?
— No es nada. El sanador me ha dado una lista de asistentes de celo. Dice que hay uno en concreto que es joven, está empezando, pero tiene muy buenas referencias
— Sirius…
— Tus hormonas afectan a sus ciclos —intervino Remus, entrando con Teddy entre sus brazos—. Incluso me afectan a mí, estando vinculado. Creo que deberíamos recuperar la idea del espacio de celo.
Dejó al niño en brazos de su compañero y lo besó entre el cabello antes de acercarse a servirse una taza de café.
— ¿Por qué no me lo has dicho? — riñó con poca energía Harry a Sirius, que miraba al niño con una luz en la cara que reblandecía el corazón a cualquiera.
— No quería meterte más presión. Mis ciclos se alteraron cuando llegó Remus, cuando te fuiste a la escuela comenzaron a estabilizarse, pero ahora… y puedo vivir con ello, pero creo que a la larga afectará a los tuyos, será un círculo sin fin.
— ¿Qué te preocupa del asistente de celo, Harry? —inquirió Remus, sentándose junto a su compañero con su taza en la mano.
— Es… incómodo. Soy yo, para empezar, sigo saliendo en El Profeta día sí, día también. Y es todo tan… necesitado y patético y… odio la idea de rogar a un desconocido que me folle, la verdad.
— Lo entiendo. ¿Así te sentiste con…?
Harry se encogió de hombros, tratando de aparentar indiferencia.
— Solo recuerdo eso, ser patético y rogar.
— Eso es biología, Harry, lo hacemos todos.
El muchacho hizo un puchero, dejando claro que eso no era consuelo y cortó la conversación poniéndose de pie para preparar el desayuno de Teddy.
En algún momento le había parecido más seguro tener ese primer encuentro en público, en una cafetería muggle, pero cuando llegó al lugar de la cita, con el estómago hecho un nudo y sudando a mares en pleno julio, la idea ya no le seducía tanto.
— ¿Potter?
Se giró hacia la voz que le llamaba al fondo del local. Allí, de pie, vestido con un elegante pantalón de color claro y un polo de color frambuesa, bien peinado y con la inconfundible apostura de un alfa sangre pura, estaba Theodore Nott.
El primer instinto de Harry fue darse la vuelta y volver a la calle, no parar de caminar hasta estar de nuevo a salvo entre las paredes de su casa. Solo que le vino a la cabeza el malestar que su situación le estaba provocando a Sirius y Remus y, con una maldición entre dientes, giró sobre sí mismo de nuevo y caminó con pasos decididos hasta donde Nott esperaba aún de pie con cara de diversión mal disimulada.
— El sanador Hubert ya me advirtió que no estabas muy colaborador —comentó nada más sentarse con una voz grave y tranquila que inevitablemente hizo algo en las tripas de Harry.
— ¿Esto es algún tipo de broma? porque no tiene gracia —gruñó Harry, rezumando hostilidad.
— No, soy tu asistente. O lo seré si llegamos a un entendimiento, no funcionará si no pones de tu parte.
— Ah ¿es que además de poner el culo hacia arriba tengo que hacer algo más?
Nott se echó hacia atrás en su asiento y lo examinó con sus ojos claros. Harry nunca se había fijado tanto en el Slytherin como para percatarse de que eran verdes como los suyos, pero de un tono mucho más claro, según como le daba la luz parecían casi amarillos. Captó el sutil aroma de las feromonas del alfa y se puso en tensión, preparado para levantarse y marcharse si trataba de manipularle con ellas de alguna manera. Pero lo único que sintió fue que sus nervios se calmaban un poco y podía pensar con más claridad.
— No soy el enemigo, Harry —le dijo con voz suave, echándose hacia delante para que la conversación quedara solo entre ellos—, mi trabajo es ayudarte y lo hago muy bien.
— ¿Cuándo te has preparado para esto? Se supone que son dos años los cursos.
— Me marché a Alemania al final de nuestro sexto año, mi madre no quería que me hiciera mortífago como mi padre. Hice los exámenes finales de allí mientras estudiaba el primer curso de asistente. ¿Qué más quieres saber? pregúntame lo que quieras.
— ¿Lo haces porque tu ego alfa lo disfruta?
— Lo hago porque me gusta la idea de ayudar a omegas que, como tú, sufren y no tienen un compañero que les ayude. O su compañero no puede, como en las parejas de dos omegas.
— ¿También haces eso? —cuestionó sorprendido, las parejas dentro de la misma casta eran casi un tabú.
— Por supuesto. Y sé que puedo ayudarte, tu sanador me envió un resumen de tu historial.
Un poco enervado por la tranquilidad del alfa, por esa imagen de tenerlo todo bajo control, Harry cruzó los brazos sobre el pecho y protestó.
— No me gustan los alfas.
— Lo imagino —respondió Nott sin inmutarse ni apartarle la mirada—. Tuviste un aborto hace unos meses que casi hace que te tengan que extirpar la matriz. ¿Y el padre?
— ¿Por qué crees que no me gustan los alfas? —cuestionó con acidez.
— De acuerdo, me queda claro. No todos los alfas somos iguales, igual que no todos los omegas lo sois. Déjame acompañarte en el próximo celo, ponme a prueba si quieres.
— Mmmm —masculló Harry, necesitado de ganar algo de tiempo porque no quería darle un sí inmediato.
— Podemos pasar un par de tardes juntos antes, si quieres conocerme mejor para sentirte más cómodo —ofreció el alfa.
— ¿Como tener citas? —preguntó Harry, espantado.
Nott sonrió, dejando claro que no le ofendía su espanto. Se inclinó un poco hacia delante y habló con un deje de diversión que creaba atractivas arruguitas junto a sus ojos.
— Si lo dices en ese tono suena a tortura medieval. No, —Se enderezó y volvió a su tono mesurado— pero podemos acostumbrarnos a la presencia del otro para que no sea tan frío. Me gustaría saber qué es lo que te preocupa o temes de pasar el celo acompañado, para hacértelo luego todo más fácil.
— ¿Así, sin más?
— Es parte de mi trabajo.
— Por el que te voy a pagar, claro.
— Exacto. ¿Quieres beber algo? el camarero nos está mirando mal desde hace un rato.
Siguió la dirección del cabeceo de Nott y se encontró al camarero rondando por las mesas del otro extremo del local, con cara de mosqueo porque esos dos hablaban mucho pero no consumían.
— Oh, sí, claro. Un té frío, por favor.
— ¿No bebes alcohol?
— No me gusta perder el control.
Theo tomó nota de eso, igual que había tomado nota de la postura ligeramente encogida, a la defensiva, o de la facilidad con la que el aroma de Harry brotaba cuando sus emociones estaban a la vista. El historial no especificaba si el embarazo era fruto de una violación, pero sí sabía que era su primer celo, que había sido diagnosticado como inmaduro y que sufría dolores que las potentes drogas que le daban no conseguían paliar. El joven frente a él, que sorbía su té con la vista clavada en el suelo, era un superviviente de muchas cosas, era imposible no admirarlo un poco.
— Lo encuentro lógico. ¿Dónde pasas tus celos? —cambió de tema.
— En mi casa, estamos acabando de preparar un espacio de celo —explicó Harry, jugando nerviosamente con el vaso de su té.
— Conozco el concepto pero creo que aún no he visto ninguno.
— Vivo con mi padrino, su marido y su bebé. Nos hemos dado cuenta de que nuestras respectivas hormonas alteran los ciclos del otro, sobre todo las mías. Además, es más… íntimo. La casa es grande, pero…
— Los celos pueden ser ruidosos, sí —comprendió con facilidad Theo—. ¿Lo puedo ver antes? quizá pueda hacer un par de sugerencias.
— Emm, sí, supongo que sí —respondió Harry, desarmado por el tono tranquilo y el evidente control de la situación.
— Dentro de las pociones que te dan, también hay anticonceptivos.
— Sí, ya ha quedado demostrado que he pasado de ser un omega inmaduro a uno muy fértil.
— Entre los papeles que te envió el sanador están mis análisis.
— ¿Análisis?
— Los magos también tienen enfermedades de transmisión sexual, Harry. En mi trabajo es fundamental cuidarse, porque no podemos usar ninguna protección.
— ¿Creía que había hechizos para eso?
— No funcionan bien en el celo. Cosas de hormonas y mucosas…
— Ya, ya, te creo —le cortó, con un movimiento de mano como si quisiera matar una mosca.
— ¿Qué te gusta desayunar? —parecía que el asistente tenía una lista de preguntas y Harry se sentía un poco desubicado por lo directo y frío que podía ser todo eso.
— ¿Disculpa?
— Té o café.
— ¿Por qué te importa eso? —preguntó Harry con las cejas bajas.
— Cuidados posteriores. El celo no es solo sexo, es cuidar del omega al día siguiente para facilitarle la recuperación. Seguro que has visto a tu padrino y su pareja.
— Suelo irme con el niño a casa de unos amigos para darles un poco de intimidad. ¿Vas a prepararme el desayuno? —cuestionó incrédulo.
— Y a ayudarte a ducharte, tendrás las piernas de goma.
— ¿Estás presumiendo de tus habilidades?
Nott rio, entrecerrando los ojos y Harry maldijo por dentro porque el maldito era atractivo en todos sus gestos.
— Jajajaja. No, es el efecto habitual cuando las endorfinas del nudo bajan. Por lo general paso entre 48 y 72 horas con mi paciente. Por eso me pagan tan bien.
— Ya. Tomo té, no me gusta el café, pero hay en casa si tú quieres, Remus sí que toma. Como de todo aunque con el celo me molestan los olores fuertes, tipo la col o el pescado. ¿Algo más?
— De momento no. Voy a reservarte tres días entonces. Y a escribirte para vernos la semana anterior, ¿de acuerdo?
— Esto es tan incómodo… —Se tapó Harry la cara con las manos— Estoy quedando con un tío que apenas conozco para tener sexo y que me prepare el desayuno.
— Bueno, trataré de que nos conozcamos un poco para que cuando llegue el momento no sea tan terrible.
Y de pie junto a la mesa le extendió su mano para que la estrechara antes de salir de la cafetería.
— Quiero ser padre.
Tumbado junto a él en la cama, después de uno de sus encuentros sexuales, Theo lo miró.
— ¿El omega revolucionario quiere plegarse a las exigencias biológicas de su casta? —trató de bromear.
En dos años siendo su asistente de celo, Theo se había convertido también en su confidente y amante ocasional. Rodeado de gente vinculada, Harry sentía que solo él podía muchas veces entender lo que le pasaba por la cabeza. Especialmente desde que se había convertido en el líder de un naciente movimiento en defensa de los derechos de los omegas.
— Ya sería padre si no me hubiera caído de esa escoba.
— Padre soltero, eso es un papelón, Harry.
— Voy a cumplir veintiuno, mi padre no llegó a cumplirlos. Dudo mucho que me empareje algún día, Theo, no quiero esperar a que ocurra para ser padre.
El alfa se movió un poco y le apartó el pelo de la frente con cuidado.
— Tienes muchos años por delante.
— Solo… piénsalo, ¿vale?
Algo en la mirada de Harry y en su tono le hizo darse cuenta de que había una propuesta ahí. Se enderezó en la cama y se apoyó contra el cabezal de la cama.
— Espera, ¿quieres que yo… te preñe? Yo no quiero ser padre, lo sabes.
Harry también se sentó. y eligió hacerlo separándose un poco, no quería que diera la impresión de que estaba tratando de convencerlo con sexo.
— No te estoy pidiendo que lo seas, solo un donante, como hacen los muggles.
— No sé si es tan sencillo, Harry, con los instintos de alfa con la procreación…
— Tú eres el rey de la contención, si no no podrías hacer tu trabajo.
— Déjame pensarlo. No es una decisión banal. Y tú... ¿estás seguro de querer esa responsabilidad en solitario?
— Lo estoy. Pero entenderé si me dices que no, eso no va a cambiar para nada nuestra amistad, Theo. Y no se me va a ir la cabeza, no te pediré que nos vinculemos ni ninguna locura similar. Te lo prometo sobre mi varita.
— Vincúlate conmigo.
Harry miró a su amigo con ojos redondos de sorpresa.
— Theo…
— ¿Qué? dije en serio que eres el único con el que habría querido sentar cabeza.
El omega negó y se bajó de la cama en la que charlaban después de desayunar tras un celo. Despacio, porque el cuerpo todavía no le respondía del todo, se puso unos calzoncillos y se acercó a abrir la ventana.
— Sabes que no puedo.
— ¿Por Malfoy? —cuestionó Theo, un poco incrédulo.
— He tardado mucho en aceptar lo que mi omega quiere, años —le confesó, sentándose en el filo de la cama junto a él y cogiendo una de sus manos—. Ahora no puedo unirme a otra persona y lo sabes, estoy seguro de que lo sabes.
— Pero aquí estás, conmigo en lugar de con él —insistió.
— Y no sé si podré unirme a él, aún hay mucho que superar. Pero no voy a hacerte eso, Theo, te mereces mucho más que estar en medio de una historia llena de errores. Además, prometí hace muchos años no hacer precisamente esto. ¿Qué está ocurriendo?
Theo cerró los ojos y apoyó la frente en su hombro.
— Mierda. Lo siento
— Oye, —Le acarició la nuca con la mano libre— sigues siendo tú, mi amigo, el no padre de mis hijos. Nada puede cambiar todo lo que significas para mí, Theodore.
El alfa no contestó inmediatamente. Se dejó acunar por el tacto confortante de Harry mientras ordenaba sus ideas.
— Necesito contarte algo —le dijo finalmente, leventado la cabeza para mirarlo.
— Vale. ¿Qué pasa?
— Hay un omega.
— Vaya —a Harry se le escapó una sonrisa por la confesión.
— Es alguien a quien he estado asistiendo bastante tiempo. No puedo darte detalles de lo que le ocurrió, pero fue malo, su sanador mental me lo remitió. Es la persona más aterrorizada que conozco y me ha costado mucho que confíe en mí.
— Déjame que entienda esto. Estás asustado porque sientes algo por esa persona y es tu paciente. Y en vez de enfrentarlo como enfrentas todo en la vida, has tratado de huir en dirección contraria y usarme a mí de… ¿De qué? ¿De parapeto?
— Lo siento. —Apretó su mano con fuerza, necesitado de transmitirle lo difícil que era el momento que atravesaba— Este último celo con él fue… en todo el tiempo que llevo tratándolo ha sido el primero en el que me ha pedido que le mordiera y le preñara. Y sé que no era racional, que todo eso fueron las hormonas, pero es que estuve muy cerca de ceder. Llevo muchos años en esto, tu lo sabes, y he tratado con gente que estaba muy traumada por diferentes causas. Nunca, nunca, nunca he dudado de mí mismo.
— ¿Por eso hablaste de dejarlo? —concluyó Harry con suavidad.
— Sí. He estado viendo venir esto como el que está atado a las vías del tren y ve la máquina acercarse.
— ¿Por qué no hablaste conmigo antes?
— Tú ya tenías lo tuyo. Y la verdad… —confesó, sonrojado— me avergüenza.
Harry volvió a sonreír y puso la otra mano sobre la que ya aferraba Theo, y apretó con fuerza, transmitiendo su calor y su confianza.
— Habla con él. Dile lo que sientes, sé honrado, ofrécele ayudarle a encontrar otro asistente.
El rugido del alfa en respuesta le dejó claro a Harry que eso no era una alternativa.
— Theo…
— Lo siento, lo siento, me estoy volviendo un poco loco. ¿Qué? —inquirió, porque claramente Harry estaba conteniendo una expresión entre divertida y feliz.
— Perdóname, pero es tan esperanzador verte así.
— ¿Esperanzador? —protestó, alzando las cejas— Menos burlarte de mí, omega.
— No me estoy burlando. Es esperanzador saber que uno puede a nuestra edad querer vincularse.
— Y terrorífico.
— Vale, te concedo que da un poco de miedo.
Theo liberó sus manos y le pidió con un gesto que se sentara junto a él contra el cabecero. Así, con sus piernas tocándose, confortado por el piel a piel, afirmó por fin.
— Te estás planteando lo de Malfoy.
— Sí. —Asintió con firmeza Harry— No debería sorprenderte, has escuchado a mi omega lloriquear por él más de una vez.
— Un día de celo cada trimestre no es lo mismo que convivir todo los días.
— Lo sé. —Harry unió también sus hombros y empujó ligeramente antes de la siguiente confesión— Pasé con él el celo que se adelantó.
— Eso no me lo esperaba —respondió Theo, sorprendido, eso había sido dos celos atrás y a él le había pillado justamente con ese paciente que le estaba desmontando el cerebro y los instintos.
— Fue por casualidad, el vino a disculparse por algo que había ocurrido y me encontró… las drogas no estaban haciendo mucho efecto, supongo que porque era un celo adelantado.
— Ayudó —interpretó Theo por la tranquilidad con la que se lo estaba contando.
— Sí. No intentó morderme y fue muy considerado, incluso se quedó al día siguiente.
— Cuidados posteriores. —Theo soltó un silbidito admirativo y golpeó sus hombros de nuevo, quitándole dramatismo a la confesión— No está mal, parece que ha sacado la cabeza del culo.
— Y hemos estado quedando.
— ¿En serio?
— Sitios públicos. A tomar un café o al teatro muggle.
— Citas con Draco Malfoy… quien lo habría dicho.
— Está cambiado, Theo. Y mi omega responde a él, sólo con tocarme en el celo ya sentía calma.
Vio su expresión cambiar y ponerse más serio, le quedó claro que iba a entrar en acción el Theo profesional.
— Siempre he pensado que tus problemas físicos tienen también un componente de rechazo. Tuyo, a tu omega.
— ¿De verdad? ¿Por qué no me lo habías dicho?
— Porque no tengo pruebas y no soy sanador, no es mi campo. Pero lo he visto antes, en casos más evidentes, de omegas que han sufrido traumas psicológicos graves. Una vez que que los traumas se tratan, la relación con el omega mejora. Tú estás cerrando las heridas emocionales que causó Draco en tu vida y que están unidas a tu condición omega: perder un hijo de una manera tan dura y verte solo. Eso permite a tu omega estar más presente, más en la superficie. Y está claro que tu omega conecta con el alfa de Draco.
— ¿No me estoy volviendo loco entonces por confiar en él?
— Confía en tu instinto, déjale sitio al omega.
Volvieron a guardar silencio, viendo el sol surgir entre la niebla de Londres a través de la ventana abierta.
— ¿Vamos a hacer esto pues? —preguntó Harry al cabo de un rato, con suavidad— ¿Ha sido nuestro último celo juntos?
— Yo… creo que sí. Voy a estudiar un par de ofertas que tengo de formador y a ver opciones para mis pacientes. Y tú tienes tres meses para pensar si quieres pasar otro celo con Draco.
