Capítulo 14

Cuando Erin y Aaron entraron en el instituto, se miraron confundidos y horrorizados. De las paredes, y también del techo, colgaban decenas de corazones de papel. Faltaban dos días para San Valentín y los alumnos lo celebraban a lo grande. Tanto, que habían preparado hasta un baile, al que por supuesto, ninguno de los dos pensaba ir.

-¿Queréis hacer el test de compatibilidad? -una chica de cuarto curso, con la melena negra sujeta con un lazo y una brillante sonrisa, les extendía dos papeles esperando una respuesta.

-Gracias -Aaron cogió los papeles y los metió en el bolsillo sin mirar. La chica sonriente se alejó, para seguir con su trabajo.

-Es mi segundo año aquí, pero no me acostumbro a esto -dijo Erin mientras comenzaban a caminar de nuevo.

-Pues imagínate yo.

Llegaron a sus taquillas, y mientras uno guardaba unos libros, la otra cogía unos cuadernos y dejaba la también la mochila.

-¿Nos vemos a la hora de comer? -quiso saber Erin.

-Claro. En la mesa de siempre.

Se desearon una buena mañana y se fueron cada uno por su lado. Justo antes de entrar en su clase, Erin se cruzó con Haley, que como siempre, la fulminó con la mirada. Erin sacudió la cabeza y entró en el aula. La ex novia de Aaron siempre hacía lo mismo, sin tener en cuenta el poco efecto que tenía en la rubia.


Cuando Erin llegó con su bandeja a la mesa, soltó una risita por la cara de horror de Aaron. Su amigo soltó un suspiro de alivio al verla.

-¡Menos mal que has llegado! Estoy a punto de cortarme las venas -vio la cara de Erin y se quiso morir-. Erin, lo siento, no quise decir…

-No importa, tonto. ¿Llevan mucho así?

Los dos miraron al otro lado, donde Paul y Amy se comían a besos. En las vacaciones de Navidad, habían coincidido en el centro comercial, habían comenzado a hablar, y desde entonces, estaban saliendo juntos. Estar con ellos era un infierno para Aaron y Erin, puesto que no despegaban sus bocas el uno del otro, aunque ambos se alegraban por sus amigos.

-¿Que si llevan mucho? Yo creo que no han probado bocado -contestó el chico metiéndose en la boca un gran pedazo de carne.

-¡Chicos! -Erin pegó un fuerte golpe en la mesa, sobresaltándolos. Aaron soltó una carcajada.

-¿Qué pasa? ¿Hay un incendio o algo así? -preguntó Amy, mirando de uno a otro.

-Sí, el que tú provocas en mi corazón -contestó Paul acariciando su mejilla.

-Ayy -Amy se llevó la mano al pecho y puso cara de amor.

-En serio, chicos, dais ganas de vomitar -contestó Erin poniendo los ojos en blanco-. Y deberíais comer algo, antes de que os desmayéis.

-Eso lo dices porque tú todavía no te has enamorado. El día que lo hagas lo verás todo diferente. ¿Y quién necesita comida cuando puede besar los labios del chico más maravilloso del instituto?

Paul sonrió ante el cumplido de su novia, y volvieron a besarse. Erin miró a Aaron suspirando, que sonreía.

-Déjalos, en vez de morir de amor, lo harán de hambre.

-Probablemente, en algún momento no demasiado lejano, lo harán de las dos. De hambre ahora y de amor cuando lo dejen por cualquier tontería.

-Qué poca fe tienes en las relaciones ¿no? -dijo el chico divertido.

Ella se encogió de hombros. ¿Cómo podría tener fe en el amor o en todo lo que eso conllevaba con lo que le estaba pasando en casa? Por supuesto, no culpaba al resto del mundo del monstruo que era su padre, pero no tenía un buen ejemplo en casa.

La campana sonó indicando el final del almuerzo, y Paul y Amy por fin se separaron. Dieron unos bocados rápidos a su comida, cogieron su bandeja para dejarla en su sitio y se levantaron. Era su rutina cada vez que almorzaban juntos.

Erin y Aaron se separaron en el pasillo. Después de clase tenían ensayo de teatro, así que quedaron en verse en el aula directamente.


Desde que Haley había roto con Aaron, cada ensayo de la obra era un suplicio. Pero no porque alguno de los dos sufriera por ello, si no por el comportamiento de la rubia hacia él o hacia Erin.

Ambos intentaban obviar su actitud, que lo único que hacía era retrasar los ensayos y enfadar a todo el mundo cada vez que ella se quejaba de que alguno de los dos le daba mala réplica o no le gustaba cómo estaba saliendo el ensayo. Afortunadamente, tanto la señora Rowan como la mayoría de sus compañeros sabía que la culpa era más de ella que de ellos.

Cuando salieron a la calle, la temperatura había vuelto a bajar, así que ambos se abrocharon el abrigo hasta la barbilla. Aaron metió las manos en el bolsillo y sacó los papeles que por la mañana le había dado la chica de sonrisa brillante.

-¿Quieres hacer esto? -le enseñó el papel a Erin, que hizo una mueca.

-¿Para qué? Para descubrir después de responder a unas estúpidas preguntas que mi chico ideal es alguien sensible pero inseguro que se esconde detrás de una actividad impopular como construir robots o presidente del club de física. Y todo porque lo dice una máquina diseñada, supuestamente, para encontrar a tu amor verdadero. No gracias.

-O también para pasar un rato divertido y del que podremos reírnos después, según los resultados -contestó Aaron después de reírse-. Pero ya veo que tampoco te apetece eso.

Erin sacudió la cabeza, pero no dijo nada más. Aaron arrugó los papeles y los guardó de nuevo en el bolsillo. El resto del camino lo hicieron en silencio.


La tarde siguiente, y como hacía demasiado frío para ir a la cabaña, Aaron invitó a Erin a su casa. Él tenía que cuidar de todas formas de Sean, puesto que su madre había tenido que ir de urgencia a la ciudad, y su padre no llegaría a casa hasta la noche. Así que ella había pedido permiso a su madre para estudiar en casa de su amigo. Amelia había aceptado, pero debía estar en casa antes de la hora de la cena.

Cuando Erin llamó a la puerta de la casa de su amigo, estaba un poco nerviosa. Sabía que su padre no estaría, pero aún así, tenía miedo de encontrarse con él. Aunque sabía que con ella delante, el abogado no le haría nada a su amigo.

Sonrió cuando Aaron abrió la puerta. El chico llevaba un pantalón deportivo, con una sudadera amplia e iba descalzo. Nunca lo había visto vestido así, tan casual, cuando él iba siempre tan impecable.

-Pasa a la cocina. He preparado algo de merienda.

Aaron la guio allí, donde había un par de vasos de leche y un plato de galletas.

-Tengo zumo de naranja, si lo prefieres -ofreció mientras se sentaba.

-La leche está bien, gracias.

Comenzaron a estudiar, cada uno concentrado en sus libros y cuadernos. Desde la sala se escuchaba la televisión, y Erin supuso que Sean estaría allí.

En el momento que Aaron se disculpó para ir al baño, Erin se levantó a servirse un vaso de agua. Cuando se dio la vuelta, se llevó un buen susto.

-¡Ay, dios! -se llevó la mano al pecho.

Sean la miraba serio, pero con curiosidad, desde la puerta de la cocina. El niño tenía la misma expresión que su hermano mayor, cuando miraba con el ceño fruncido y la cabeza ladeada. Lo único que los distinguía era el color de pelo: Sean era rubio y Aaron moreno.

-¿Eres la novia de mi hermano?

Erin tuvo ganas de reír.

-Sólo somos amigos, nada más.

-Eso dicen todos los mayores, y luego de repente hay una chica que viene a vivir a tu casa y duerme en la habitación de tu hermano mayor, y un tiempo después, tienen un bebé. Es lo que le ha pasado a mi amigo Dylan. ¿Tú vas a venir a vivir con nosotros?

En ese momento, Aaron entró en la cocina, cruzando una mirada con Erin, que no sabía si echarse a reír o salir corriendo.

-Sean, vuelve a ver la tele ¿vale? Cuando terminemos los deberes, vamos contigo -ordenó Aaron sacando a su hermano de la cocina.

Finalmente, Erin soltó una risita mientras se sentaba.

-Perdona a mi hermano, creo que es la primera vez que ve un bebé, porque como ha dicho el hermano de su amigo ha tenido un hijo, y está un poco impresionado. Creo que mi madre le explicó ayer todo el proceso y todo eso.

-No te preocupes. Me ha parecido muy tierno -contestó ella con una sonrisa.

Media hora después, estaban sentados en el sofá con Sean. Después de algunas preguntas para que Sean se quedara tranquilo, asegurándole que ni Erin se iba a ir a vivir con ellos ni iban a tener un bebé, se pusieron a ver los dibujos animados.

Aaron miró de reojo a Sean y a Erin. Los dos estaban concentrados en la televisión, y Sean apoyaba su cabeza en el brazo de su amiga. Aaron quiso volver a tener la inocencia de su hermano, y vivir sin apenas preocupación. Y quiso lo mismo para Erin. Ojalá pudiera volver atrás, y tener la edad de su hermano, o poder ser niños para siempre.

Como no podía hacerlo, al menos disfrutaría de los momentos de paz como esos que la vida le regalaba con las dos personas que, en ese momento, eran más importantes para él.

Continuará…