Disclaimer: Todo lo que puedan reconocer, lamentablemente no es mío (sería rica o pasarían cosas muy diferentes).


Capítulo 11


A primera hora del martes, Kotoko acudió a la oficina de Irie-kun, después de una noche de desvelo en la que su mente y corazón habían dado vueltas con la almohada.

No había sido fácil admitir que tenía sentimientos residuales por su primer amor y que habían sido sus emociones y no su cabeza las que la habían empujado hacia él. No había ayudado que fuese una persona más agradable de tratar que en el pasado.

Todo de sí se había protegido para ponerlo en una caja sellada en su alma y no permitir que le hiciera más daño de lo que había sentido su ilusionado tierno corazón. En el tiempo que habían vivido juntos había conocido una parte de él que había hecho mella en ella y albergado una magia más poderosa que otros hombres, impidiéndola que los demás pudieran hacerse un sitio.

Y lo había hecho gracias a que había rasgos no agradables de su forma de ser que en pequeña medida perdonaba, pero ahora que había visto a la persona que había madurado y que ella misma lo había hecho, era imposible negar que estaba enamorada de nuevo… esa vez con más fuerza.

No se atrevía a pensar que él le correspondiera, pues fuera del aspecto sexual no había existido alguna señal de que hubiese algo más que gusto… hasta donde captaba. Tampoco era una experta en emociones para determinar las suyas.

Si había más, la respuesta era clara.

Ahora bien, ingresar a la oficina no fue sencillo. Apenas entrar, le invadió un escalofrío lleno de recuerdos de esa noche, que sumaban puntos al motivo que le había llevado allí, algo que la tenía un poco alicaída.

¿Dónde estaba su coraje para no pensar en niñerías?

—Creo que lo mejor será renunciar —aseveró tras cerrar la puerta.

Su anuncio lo dejó completamente ojiabierto, en lo que ella se sorprendió porque tal posibilidad no cruzara su mente.

—Siéntate —indicó él tras agitar su cabeza. —Y explícame.

Ella se sonrojó, acercándose al incriminatorio espacio y ocupó una de las sillas, más cómoda que la superficie de melamina y acero soportada por sus nalgas. Pudo ver que él también miraba subrepticiamente el sitio delicado con un delator tono rojizo en sus pómulos cincelados.

La tensión, que ya existía, aumentó.

—No tuve el comportamiento adecuado de una empleada y… —se mordió el labio y tosió. —Si entro con alguien a la oficina, en algún momento podría delatarme. Cometí una falta grave.

—De la que solo yo sé —repuso él seriamente. —Bajo tu lógica, debería ser un motivo por el que yo renuncie también.

—¡No puedes! —exclamó, temiendo la pérdida que sería eso para todos, especialmente para Shigeki-san. —Es tu legado, yo soy una simple empleada.

—No lo eres, Kotoko, no te engañes —sentenció él con voz acerada.

Dejó caer los hombros, admitiendo esa verdad. Los Irie la veían como una familia y Shigeki-san había estado feliz cuando había aceptado formar parte de la empresa; lo destrozaría su partida. Yuuki estaría triste de poder trabajar juntos. Irie-kun se quedaría sin alguien que ya había adaptado a su equipo.

Y ella amaba su trabajo.

—¿Te ayudaría que yo consiguiera una posición superior? O para ti, hay probabilidad de que se abra un espacio en una filial el próximo año.

En vez de responder o analizar el tema, llamó más su atención una cosa relacionada.

—Irie-kun, ¿por qué estás en este puesto si puedes ir más arriba?

Él compuso una expresión entre añorante y melancólica, toda vez que satisfecha.

—Me gusta mezclarme con el trabajo en este nivel. Sé hacer lo que en todas las áreas, pero involucrarme en cómo nacen los proyectos es lo más emocionante de la empresa, y evaluar las reacciones del público para dar paso a mejoras o nuevas ideas es más emocionante para mí que todo eso. Combino la experiencia del usuario y las necesidades de la empresa y siempre hay que mantenerse actualizado y atrayente al público, que nunca es exactamente lo mismo. Lo que hacemos acompaña a niños solitarios, a adolescentes enfermos, a adultos incomprendidos, a ancianos perdiendo facultades; un juguete, de cualquier clase, cubre necesidades y hace feliz a otros, responde a anhelos. Ayudar a dar vida a sueños también es un sueño.

Kotoko entendió perfectamente lo que él decía, porque sentía algo similar, pero se sintió a punto de sollozar al recordar una conversación pasada entre los dos y la tristeza mayor que había percibido de él, aparentemente con todo a la mano y falto de lo único que lo haría útil.

Después de aceptar sus sentimientos por él, estaba voluble a lo suyo.

—Eso es muy bonito —valoró, haciéndose para atrás en la silla al ver que sin darse cuenta se acercase al borde. Quería abrazarlo, pensó ahora. —Me alegra mucho que hagas algo que te hace sentir así.

Los ojos de él se iluminaron y nunca se vio más atractivo. Guardó la imagen, embebida por el calor líquido que transmitía, conteniéndose de dar la vuelta al escritorio y envolverlo en sus brazos, sin importar quién lo apreciara.

—No sería justo para ti que tuvieras otro puesto —dijo para retomar el ofrecimiento, de repente decidida. —Y yo… todavía soy muy nueva… Quiero disfrutar con los bebés de mis amigas, además que todos están aquí.

No quería alejarse de ese Irie-kun; esa vez no andaría rogando su atención ni sería una patética adolescente relacionándose con el chico que le gustaba, pero podría estar enamorada de él y esperar que su gusto evolucionara a algo más. Se habían acostado dos veces y no la había rechazado.

Podía invitarlo a salir y, si lo aceptaba, ver qué surgía de ahí. Como una adulta, afrontar una relación con un hombre. Si fracasaba, creía que sería con más inteligencia emocional que la de antes.

Recordó el perdón que tenía pendiente y lo puso en prioridad antes de sugerir una cita.

—Me complace que no te vayas. No sería justo que tú dejes un trabajo que disfrutas. Y yo… ahora no quiero abandonar esta oficina nunca.

Un chillido de sorpresa escapó de su boca y se llenó de fuego por todos lados.

—Pero sí, sería un inconveniente que todos lo sepan. —Él sonrió de lado. —Puedo ayudarte a superarlo.

—No sé cómo, pero lo pensaré —contestó entrecortadamente, espiando a la salida del aire acondicionado. —Y… hablando de… Hoy en la tarde no puedo conversar sobre, ya sabes. Kin-chan y su esposa han dado la bienvenida a su bebé ayer y voy a visitarlos.

Regresó la mirada a él, cuyo rostro se había suavizado. Quiso decirle que no hiciera eso de verse mejor conforme pasaban los minutos o su corazón no pararía de saltar, ni respiraría a gusto, ni quedarían mariposas cuerdas en su estómago, ni tendría ropa interior intacta.

—De hecho, me gustaría que saliéramos el sábado por la mañana.

Sonrió, lo que debió ser bobamente.

—Sí… estaría bien.

—Te pasaré a buscar sobre las diez, usa ropa cómoda; sé tu dirección por emergencias. —Asintió. —Dale mis felicitaciones a los padres. Puedes salir antes y decir que de eso se trataba nuestra charla… porque ayer y el viernes te quedaste hasta tarde.

Cabeceó afirmativamente.

—Gracias, iré a trabajar —anunció poniéndose en pie con temblores por dentro.

Si algo había sido evidente era que a él le gustaba. ¡Había flirteado con ella! ¡No, la había invitado a una cita!

Esperaría el sábado con ansías.


El movimiento de la Tierra no podía transcurrir más lento para Naoki.

Su cita con Kotoko tenía una fecha y esta parecía tomar eternidades en llegar. Aunque por su intercambio del martes suponía que el resultado sería positivo, no podía con las ansías que traía la ocasión.

Había visto destellos de la vieja Kotoko —la que lo adoraba— en el comienzo de esa semana, y no quería nada más que decirle que estaba enamorado de ella y tomarla en sus brazos para no soltarla nunca.

Quería la excusa para mirar con malos ojos un abrazo amistoso con un compañero o disfrutar de un almuerzo juntos. No temía las opiniones de los demás, las relaciones en la oficina no estaban prohibidas, pues la Directora de producción era esposa de su Jefe de Ingeniería y otros ejemplos más —pero con el mismo nivel—, y ya todos sabían que sus familias eran amigas.

Lo único que le importaba era tenerla.


NA: Naokicito debería estar deseando que no le salgan mal las cosas.

Él nunca dejará de molestarla para que se sonroje, no importa el universo, así que lo dejo.

Besos, Karo.