Disclaimer: Yo solo uso lo conocido para nuestro entretenimiento.


Bendición

por MissKaro


3


La próxima vez que Hans coincidió con Elsa fue también casualidad, haciendo de París el escenario del que apostaría fuese su encuentro definitivo.

Con el tiempo transcurrido desde marzo su resolución había llegado, convenciéndole de no desaprovechar la siguiente ocasión para solicitar un cortejo, incluso si lo correcto era esperar que ella se declarara, por sus posiciones. Quería hacer de la reina de Arendelle su esposa y lo intentaría antes de que alguien le ganara o tuviera que renunciar a sus sentimientos por no ser correspondido.

Agradecía ser príncipe o tendría un objetivo imposible… o no, si ella había aceptado relacionar a su hermana con un plebeyo obrero.

Elsa le inspiraba a un futuro dichoso, y no tenía nada que ver con su puesto de poder. Lista, educada, de buen corazón, atractiva, nórdica y poseedora de intereses compatibles con los suyos, era la mujer más perfecta para él. No le vería algo negativo a su unión por sus memorias, se trataba de otro Hans el que la había dañado. Tampoco temía a Arendelle, ahora lo deseaba como un territorio para establecer su hogar y el futuro que el destino le deparara ahí.

Lo único que le hacía falta era la aceptación de su dama. Y si el comentario final de su pasada reunión había sido una apertura, el triunfo no tardaría en llegar.

Tenía un presentimiento. Por semanas le había dado vueltas a las palabras de su partida, hasta suponer que inconscientemente Elsa se había traicionado a sí misma, mostrando una pequeña parte guardada en su interior; y antes, al narrarle partes de su vida, le había regalado algo de su ser, como a ningún otro. No podía deberse solo a amistad.

Y si se debía a eso, él podría conquistarla. Tenía ganado un gran obstáculo, que era la reserva de ella.

Ya lo admiraba.

Cómo repetía esas palabras. Lo habían contenido para no ir en búsqueda de ella hasta surgida una invitación en papel o permitir que sucedieran seis meses de su encuentro en Copenhague.

Empero, la vida le tenía preparado algo mejor, que era hallarla en París al comienzo de la primavera, entrando a la competencia de una conocida café-heladería, no muy lejos de la Bolsa de la ciudad, por la que él había estado hacía unos minutos.

Le resultó extraño verla usando la moda parisiense, aunque si quería perderse entre la multitud, era la manera conveniente. La amplitud de su vestido, no obstante, era menor comparada con otras féminas, considerablemente menos voluminosa; debía tener una crinolina minúscula y no ridícula como se acostumbraba. El color burdeos de su vestido le complementaba con su piel y se veía exquisita, con su cuello pronunciado en un no escandaloso escote de uve, de tela sujeta a sus hombros; hacía que la vista se concentrara en el talle de su busto y no el inflado de su falda bajo su cintura pequeña.

¿Cómo pretendía pasar desapercibida siendo tan bella y con un físico que gritaba su procedencia escandinava? Las demás palidecían a su lado, máxime ahora que su cabello parecía más blanco que antes.

Sonriendo, Hans cruzó la calle y entró al establecimiento de paredes de madera buscándola con la mirada. Ese negocio no presumía la fama contra el que competía, de manera que la afluencia era inferior y la encontró acercándose a una mesa, donde se sentó con un cuaderno.

Él pidió su orden en la barra y se aproximó a su sitio. Aclaró su garganta, aunque ella no se distrajo de sus trazos.

—¿Puedo sentarme?

El lápiz cayó de su mano y sus ojos volaron a él, iluminándose como faros.

—Hans.

Oír de nuevo su nombre en sus labios le produjo sosiego. Había añorado escuchar su voz y no únicamente verla.

Descubrió que no solo su cabello lucía el tono de un halo, y sus orbes centelleaban, sino su piel resplandecía de una forma que no lo hacía otrora.

¿O los sentimientos hacían que la mirara diferente?

—Elsa —musitó luego de lo que parecían eternos segundos contemplándola.

Para no añorarla, no se había atrevido a pronunciar su nombre en voz alta desde que la hubiese mirado por última vez.

Dejó su café frío sobre la mesa y se arrodilló para recuperar el lápiz. Dibujando, ella iba a mezclarse perfectamente con los visitantes habituales de aquellos lugares. No muy distante se hallaba el museo del Louvre, reconocido por su arte.

—Gracias —susurró ella con notorio bochorno.

Se sentó y dio un sorbo a su bebida helada, del mismo color barbecho que su levita, un marrón más claro que sus pantalones.

—Debería reprenderte por tu falta de precaución, pero tu diseño es muy bueno para merecer tus sentidos.

—Mi sencillez puede perdonar que no me corten la cabeza. —Como broma no era muy apropiada, imaginarla en la guillotina, por bruja o por reina, era una imagen tan mala como las memorias del "Hans perdido". —Lo siento, no es gracioso…

Negó con el cuerpo rígido.

—El otro alzó una espada para hacer precisamente eso y sé cómo se ve.

Elsa palideció, llevándose una mano al cuello.

—Perdóname.

Él cogió aire. Era el inicio menos alentador para exponer su interés; tendría que mejorarse las próximas horas, si conseguía ocuparla por tanto.

—Estás perdonada, y te prometo que no pondré en riesgo esa preciada parte tuya.

Su cuello, por otro lado, sufriría el tormento de su boca en algún momento futuro… esperaba.

Se acomodó, bebiendo más de su vaso de vidrio. Elsa le dio un asentimiento y metió la cuchara en su helado de chocolate, que hizo bien en relajar el ánimo de ella, como solo su sabor favorito podía.

—¿Tienes algún plan en particular para ese edificio? —Señaló el boceto en el papel, donde la estructura de dos plantas se adornaba con estatuas de lo que parecían ángeles, sobre columnas de estilo romano. No llevaba un nombre para identificar la finalidad de los trazos.

—Es una idea para un hospital, no tengo la certeza de que se hará. Aunque mi reino ya tiene la población suficiente para justificarlo.

—¿Ha crecido mucho?

Ella se frotó la nariz con nerviosismo. ¿Sería el recuerdo de su despedida, incomodándola? ¿O lo olvidaría fácilmente, a diferencia suya?

—En enero hallamos personas en el norte, una tribu grande… Aparentemente de la que descendemos mi hermana y yo, por mi madre. Oh, no me adelanto, te lo diré después.

Haciendo a un lado su inseguridad, parpadeó sorprendido, sin esperar una noticia como esa, completamente alejada de lo que Hans de veinticinco años había escuchado. ¿Y una tribu?

Ahora que lo pensaba, el origen de la antigua reina de Arendelle era misterioso, como si nadie tuviera interés por la consorte del gobernante, algo extraño en una población que miraba hacia su realeza, o investigaba los orígenes por las conexiones que otorgaban.

¿Cómo "Hans perdido" lo había obviado?

Bueno, no era de extrañar si Elsa lo desconocía también. Era claro que sus padres habían tenido secretos, tal vez centrándose en la magia de su hija.

¿O se avergonzarían de su mezcla de razas? Pero la madre había dado nobles opiniones sobre los nativos de una tierra, que Elsa mantenía.

¿Sería la causa de sus poderes? Podía ser la representación arendelliana de Mai.

—Estaré interesado de oírlo —contestó, guardándose sus dudas.

—Y… ¿cómo has estado? —Elsa se mordió el labio inferior. —Te extrañé. No debería decirlo, porque me escribiste por los libros y te respondí, pero…

—Yo también te extrañé, Elsa.

Ella se relajó y devolvió su sonrisa. Le agitaba de buena manera que ella lo echara en falta; no se sentía abandonado en esas sensaciones que por Elsa nacían.

¿Cómo no extrañarla si representaba una parte importante para él? Finalmente había llegado a conocer un poco del amor y era tan jubiloso que se moría por conocerlo entero, probando de ella en cuerpo y alma.

Deseaba hacerla suya de todas las maneras posibles, saciándose con cada rincón de su ser —su mente y cada miembro de su delectable carne.

Una cuchara rompió su cruce de miradas y carraspeó. Ya habría tiempo, no debía tensarse pronto… y más adelante disfrutaría del manjar que era ella.

—En lo tocante a tu pregunta. Me ha ido bien, finalicé el año pasado y comencé este sin problemas, lo pasé bien con Lars y su familia, aunque escuché demasiado de cómo el hombre y los primates descendemos de un pasado en común… Acababa de estar en tierras inglesas y leído una publicación de noviembre.

—¿Eh?

—No quieres saberlo, es lo único que retuve de su plática de Biología. Si me preguntas, suena tan inspirador como decir que venimos de un par que se dejó engañar para disfrutar de lo prohibido, pero todavía no tengo el gusto suficiente por la materia para embaucarme en esa lectura. Sé que tampoco te agrada lo naturalista.

—Es cierto.

—Pero te enviaré el libro, si quieres hojearlo.

—Espero que no tenga polvo en mis estantes —respondió ella graciosamente. —Apenas estoy aprendiendo de mi propio árbol genealógico para conocer el de la humanidad.

Hans rio.

—Si lo ves así, yo tengo demasiados parientes animales para coincidir con otros más.

Elsa soltó una carcajada que terminó de borrar la incomodidad inicial.

—No puedo creer que acabo de reírme a costa de una de las familias más prominentes de mi región —declaró ella todavía con unas risas entrecortadas, sujetándose el estómago. —Será imposible sentarme con ellos y no ver monos.

Se acercó a ella.

—Caleb un gorila, los gemelos chimpancés y los demás orangutanes o monitos. Lars y yo adoptados como caridad.

Tuvo que unirse a la nueva ola de risas de Elsa, copiando el clima movido del establecimiento.

—Digno de caricatura. —Le dedicó un guiño, pensando en emplear sus malas dotes de arte para plasmarlo.

—Por favor, basta, no debería reírme de la gente —suplicó ella cubriéndose la boca. —No importa lo desagradables que sean.

—Será nuestro secreto —bromeó él. —Y hablando de ellos… ya disfrutas mucho de tu libertad, no sabía que viajabas tanto. —Se inclinó para murmurar—: Majestad.

Ella acabó el contenido de su copa, alzando una ceja, enigmática.

—Entonces, ¿cómo has estado? ¿Qué te trae a París?

—Ambas de esas preguntas se responden con una confidencia. —Ella miró a ambos lados, recortando la distancia entre los dos y él no pudo contener la subrepticia ojeada a su escote, que no mostró nada, pero le registró un nuevo lunar. —Dentro de poco dejaré de ser la reina —anunció ella dejándolo sin palabras. —Descubrí un sitio maravilloso y muchas cosas de mí misma; por lo que, contestándote, estoy pletórica.

—Ya entiendo por qué tu cabello parece casi blanco y la apariencia etérea —apreció, ruborizándola ligeramente.

—Sí, tenía que hacerlo, estaba en mi destino, no dirigir a Arendelle. Los… —ella repitió su anterior acción— …trolls me han dicho que de cualquier manera lo descubriría, pero fue más fácil ahora que me he abierto con mi hermana y descongelado sus recuerdos.

Cuan irónico que Anna llegara a ser reina. El otro Hans debió haber tenido paciencia.

—Por otro lado, ya que dejaré mi puesto, pero por mi experiencia —otra vez realizó el amago de privacidad— vine a reunirme con unas personas que tienen información detallada de lo que ocurre en Francia actualmente, los planes del Emperador y el futuro económico de la nación que es fuerte aliada de mi reino, sobre todo después del anuncio del tratado con los británicos. —Él frunció el ceño, había llegado a medir los riesgos del pacto de enero (entre otras cosas), no los de la rubia.

—Puede ser…

—No es una trampa, el embajador fue buen amigo de su padre. Hay temas de Italia a tratar, Noruega en tensión con Suecia, los conflictos de España, y tantos más.

—¿Lo dices para tranquilizarme y por confiar en mí?

Ella asintió con un atisbo de pena.

—¿Ya fue la reunión? —Aliviado la vio negar. —Cuídate. —Y, si salía como quería, podía acudir como su compañero.

—Me servirá de cesión para Anna, no está aquí para no abrumarla con lo que ya está aprendiendo y alguien debe quedar a cargo en mi ausencia. ¿Y tú?

—Mi hombre en la ciudad me habló de la viabilidad de participar en los proyectos que se están haciendo para mejorar la capital. Además de los edificios y calles que se han mejorado ya, se habla de la construcción de vías y estaciones para trenes, no solo internos. Y un poco más, es inevitable no mezclarme con asuntos de los gobernantes y sus naciones.

Él no se acercó como ella, porque era un tema que podía ser conocido por muchos.

Elsa suspiró.

—Estaré feliz de retirarme de la política. Es mi único temor por Anna, pero ha demostrado tener una pericia mayor que yo en las relaciones con otros; y por su observación de cuadros, un pasatiempo suyo, ha aprendido a apreciar pequeños detalles.

—Su amigo John, el que no debe rendirse.

—El mismo. —Elsa dejó escapar una risa corta.

—Volviendo al asunto. Háblame de los… —Calló para solo deletrear con su boca trolls. —¿Cómo no mencionaron tu destino cuando tus padres acudieron a ellos?

—Los humanos debemos tener un limitado conocimiento de las cosas para no influenciar los resultados con nuestras hazañas.

—Parece que no sabían y solo trataron de adaptarse con el fin de no parecer inútiles, si no es que tenían otros planes. La mitología los describe con malas intenciones.

—Estos sí son inofensivos, el repartidor de hielo de Anna, Kristoff, es su hijo adoptivo.

—De acuerdo, confío en tu criterio. Ahora bien, con la ayuda de Mai y mi intervención tu mundo no tuvo un final desafortunado.

—Señal obvia de que pueden equivocarse. Me habrían desconsolado esos eventos y no poder conocerte como en nuestra realidad.

—Lo mismo digo.

Ella se mostró excitada.

—Hablando de ello. ¿Podemos irnos para que sigamos platicando? Es lo que no te pude adelantar y quiero compartírtelo donde no tenga que cuidarme de oídos indiscretos. ¿O… estás ocupado?

Que viniera de ella la sugerencia no pudo ser mejor.

—En lo absoluto. Vamos.

No se demoraron en abandonar el local, sin ponerse de acuerdo el rumbo a tomar. Fuera, simplemente comenzaron a caminar, como las dos veces previas.

A unos cuantos pasos, al llegar a una esquina y esperar que terminaran de avanzar varios vehículos, ella abrió su cuaderno y le mostró un diseño familiar.

—Exploré y creo saber dónde es.

—Con una escalinata uniendo las montañas, el espacio ideal para ser apreciado desde varios ángulos del reino.

—Qué inteligente y presuntuoso.

—Habría sido interesante cuestionar a la reina para saber en qué pensaba durante esa noche.

—Sí. —Ella suspiró añorante.

—¿Vas a hacerlo?

—¿Qué sentido tiene? Ya no quiero aislarme y cambiaré de vivienda. Será una lástima para el hermanito de Olaf.

Sintió un escalofrío por el "hermanito", un monstruo que casi acababa con el otro Hans.

—Ni siquiera sabes si era dócil.

—¿Por qué no lo sería cualquier pequeño inventado por mí? Habrá tenido un mal día. Era un buen guardia, cumplió su misión fantásticamente hasta que lo lastimaron.

Procedieron su camino al acabarse el tráfico.

—Puedes hacerlo en miniatura y comprobar su carácter.

—No es mala idea.

Él tendió su mano para coger la funda de cuero con su cuaderno, colgándosela con el asa. De inmediato le ofreció su brazo y escoltarla debidamente.

—Pues bien, te actualizaré de los acontecimientos invernales.

A continuación, ella le relató sobre una voz que había escuchado al principio del año, una semana después del comienzo de enero. Se había quedado despierta hasta tarde, precisamente dibujando su castillo de hielo y pensando en el mundo platicado por él, cuando había oído a esa sirena llamándole.

Con el presentimiento de que era algo especial, sin pensarlo había salido de casa y llegado al borde del bosque, donde el cántico se perdía entre los árboles. Su hermana, que la había seguido al verla por una ventana, le había detenido y recordado de los lobos. Por verla temblando de frío no había seguido su búsqueda y vuelto a casa.

Pero el llamado se había repetido la noche siguiente, esa vez interrumpida su persecución por un extrañado y alerta guardia. El día que le continuara había comenzado a notar que sucesos conectados con los elementos ocurrían sin razón; las velas a su paso se habían encendido solas, fuertes remolinos habían iniciado en el agua, el aire se había alterado como nunca y la tierra se había agrietado.

Esa noche la sirena había repetido su aparición y al mismo tiempo el aire se había vuelto espeso como una niebla, pocos minutos después la tierra había temblado. Con temor, habían evacuado el pueblo adivinando lo terrible que vendría de los otros dos elementos.

Había decidido ir en búsqueda de la sirena y había sentido que Anna debía acompañarle, respaldada por el cántico. Los trolls y Olaf se habían quedado a cargo del reino.

Se habían encontrado con el pueblo Northuldra, que resultara ser el origen de su madre. Y, mientras Anna ayudaba a escapar a todos de los elementos de piedra y el aire, ellas se habían separado. Elsa había caído a un río que la llevara hasta un mar agitado, en cuya playa los elementos se habían reunido a su alrededor.

Los había enfrentado al mismo tiempo, en una batalla que ella interrumpiera al entender que no debía ser una lucha, sino que debía dejarse abrazar por ellos. Cuando se habían aplacado, la sirena había vuelto.

Los Espíritus, como les llamara, se habían transformado en un caballo con seguras crines de fuego, una corona de flores, unas alas de plumas y una adorable diminuta nutria azul, y la habían guiado hasta un glaciar congelado al final del mar. Dentro, había conocido más sobre su historia y por qué era ella quien debía apoyar al líder del pueblo de su madre y unir de nuevo al norte con el sur, peleados por una injusticia cometido por el abuelo de Elsa, el cual había querido adueñarse de los recursos de la tribu sin hacerlos parte. A raíz de ello, treinta y seis años atrás los Espíritus se habían enojado con los humanos, separando a ambos sitios, llevando intranquilidad al no ponerse de acuerdo con los guardias que quedaran del otro lado. Buscaban la coexistencia y le habían dejado ser reina para sanar sus heridas con la magia, motivar la aceptación a todos y no solo conocer una perspectiva para fomentar el equilibrio.

Era como Mai.

Y se sentía como lo que había envuelto al otro Hans antes de "bendecirlo".

—Es como en América. ¿No? —Ella asintió. —Mai también tiene una conexión con los elementos. Ella controla metales y conecta almas, vidas, que derivan de la tierra, así como tú con el hielo, del agua y conectando el pasado con el presente, sanando relaciones. Pienso que… la causa de sus elementos tiene relación con su situación geográfica. En Arendelle el hielo es importante, allá lo es el metal, y es un tema que pone en peligro a su tribu, la guerra con los foráneos, que quieren abarcar lo que por ubicación ellos tienen mayor derecho de dominio, como los Northuldra con la gente de tu abuelo, y la presa, el agua.

Elsa abrió los ojos, asintiendo enérgica.

—La Naturaleza es tan sabia.

—Debe haber como ustedes en otros lugares, donde los nativos tengan que ser ayudados por la Naturaleza, que ellos sí respetan y admiran, no como nosotros, los "modernos", que poco a poco la hemos olvidado.

—Concuerdo contigo… sería maravilloso conocerlos.

—Ellos serían afortunados de hallarte.

Elsa acarició la punta de su trenza, sonrojada.

—Aquí hay un pequeño sitio verde.

Él asintió y se acercaron al jardín cuadrado dominado por una fuente, que descubrieron en honor a los ríos del país. No había más personas que ellos ahí, aunque había gente que transitaba a sus alrededores.

—A pesar de los hermosos lugares que he visto, no hay nada como mi hogar.

—Solo lo he visto congelado y el camino hacia el castillo.

Elsa se detuvo y lo soltó para mirarlo de frente.

—Una vez pregunté si te sentirías cómodo yendo a Arendelle, no me respondiste, sino desviaste el tema. —Ella todavía lo recordaba y su trabajo no había sido bien hecho. —¿Sería muy desagradable?

Su corazón saltó viendo una oportunidad. Miró un momento la fuente y después a ella. Esperó que su rostro llegara a transmitir el fervor que tenía.

—Podría serlo, si lo que me interesa ahora de él no se acoplara a mis deseos.

—¿Qué te interesa? —preguntó ella casi sin voz.

, Elsa. No quiero verte un par de veces al año.

Los ojos de ella se iluminaron acuosos y Hans buscó su mano, para nada fría, sino perfecta en su calor y tamaño para él. Tomó aire, sintiendo que su respiración y latidos se convertían en veleros en medio de tormenta.

—Quiero cortejarte, o conocerte más de lo que ya lo hago. —Besó sus nudillos temblorosos mientras ella soltaba un soplo de aire. —Una persona no puede casarse después de una noche, ni el total de veinticuatro horas que hemos tenido juntos, pero siento que tú eres la indicada para mí, Elsa. Hay tanto que aspiro a saber de ti y vivir contigo. Permíteme quedarme en tu reino y hacerlos a ambos mi hogar. Y cuando seamos uno, te llevaré conmigo a visitar todos esos lugares que anhelas, para después volver a casa y tener frutos de la pasión que nos tendremos.

Una lágrima bajó por el pómulo de ella.

—¿Tú, me aceptas? —preguntó nervioso. Elsa asintió lentamente, haciéndolo gritar por dentro. —¿Y crees que los Espíritus estarían de acuerdo con que te involucres conmigo?

—Estoy segura que esa era la bendición que tenían para ti. Cuando Hans acompañó a Mai, también hizo un sacrificio para sí, al perder tiempo importante con el que poner distancia de sus perseguidores. Y al tener las memorias las usaste para ayudar a su tribu, sin que te lo pidieran. Así como nací yo para un destino noble, quien eres ahora corresponde tu recompensa. No podrían estar más felices de que tú y yo seamos uno. Como yo…

No dijeron más, porque sus corazones buscaron otra manera de transmitir lo que querían. Él se inclinó dándole la oportunidad de rechazarlo, pero no encontró limitante y atrapó sus labios en un beso casto, no bien lleno del amor que había descubierto a partir de ella.

Aprendió de sus labios, haciéndose propiedad de una parte de ella que esperaba sentir hasta el último de sus días. Elsa carecía de experiencia y él no tenía mucha sintiendo, aun así fue un encuentro memorable para su alma, que perduraría más que todos los recuerdos del Hans que no había sido.

Al apartarse, ella colocó su mano sobre su corazón, tan apresurado como el suyo, pero en calma.

—Mi preciosa —susurró contento.

La animó a descansar su cabeza en su hombro, posición en la que él aprovechó para besar su sien y acariciar su espalda. Ella tarareó una música desconocida para él, bastante pacífica para hacerle cerrar los ojos unos momentos, concentrado en su el frescor suave de su aroma de rosas, la calidez de su menudo cuerpo, su preciosa voz y el sonido agradable del agua en la fuente.

Silencioso, le agradeció permitirle sentir lo que era el amor verdadero, mientras en voz baja juraba ser su compañero y protector.

Y fue el comienzo de un capítulo para los dos, sin tener que aguardar a su siguiente encuentro.

Tendrían la oportunidad de vivir todo el tiempo del mundo juntos.


NA: La cafetería famosa era el Café Tortoni de París, ellos fueron a otra, aunque no especifiqué un nombre porque no encontraba algo atractivo.

En noviembre de 1859 se hizo la publicación de Darwin sobre el origen de las especies, de su conversación.

El tratado mencionado lleva nombre Cobden-Chevalier, que aparentemente fue el boom del libre comercio en Europa.

Acontecimientos de Italia en 1860 dan pie para una unificación, así que por eso creo que desde antes habría ruido entre círculos privados, de lo mismo que España con una Revolución en 1868 (ya saben cómo es la política). Lo de Noruega es por su intención con ser independiente de Suecia, que logra en el siglo XX.

Lo mencioné en otro fic, para la segunda mitad del siglo XIX comienzan los años "bellos/dorados" para París, con el cambio en la ciudad.

En la mitología escandinava muchas veces se describe a los trolls como malos.

Se encuentran en Fontaine Louvois.

Y llegó la última parte, en cuyo cierre quise explicar el título y cómo nació la idea del fic. El tema de que Elsa tenía poderes por el pasado me pareció útil para no hacerla única y mencionar que en otros sitios, donde los pueblos originarios son atacados, están esas personas. A Hans no se le dio magia, porque tampoco provenía de uno, pero sí fue reconocida su intervención (de hecho, el resumen del fic habría sido que la Naturaleza no siempre desmerece los esfuerzos, pero tiempo era más congruente con lo que parecía el fic, y suena mejor ja,ja), qué mejor de un Hans distinto que sea bueno con una minoría discriminada.

Pensé en alargarlo, unirlo con otra idea, donde Elsa encontrara la carta de Hans oculta y que los trolls hubiesen manipulado a sus padres, porque son malos, mas esa maldad será utilizada en otro momento.

Espero que disfrutaran la historia y los guiños de A Frozen Heart. Si logro terminar de escribir un fic antes de diciembre, nos vemos antes de eso, sino hasta fin de año, que ya tengo 31 viñetas preparadas para cada día.

Besos, Karo.


guest: Elsa should've had the opportunity to solve her past in her own way, but as Frozen is a story of two sisters, Anna was in the mix. At least, in fics, things can happen differently. Don't doubt she had less anxiety, Elsa peace of mind is good for me :D. Well, for the long distance relationship, both took the big step, which I think is the right way to start a relationship. Coincidence/destiny helped them to find each other again and to communicate to try. Thanks for your comments, big hugs!