Disclaimer: Los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es CullensTwiMistress, yo solo traduzco con su permiso.
Disclaimer: The following story is not mine, it belongs to CullensTwiMistress. I'm only translating with her permission.
Capítulo 11
Transcurre una semana y media y las cosas comienzan a tranquilizarse de nuevo.
Papá está bien. Bueno, tan bien como alguien puede estar solo una semana después de sufrir un infarto. Dijeron que fue muy leve y con una dieta apropiada, medicación y ejercicio, él debería estar bien.
Tuvo suerte de que no hubiera muchas repercusiones, pero consiguió asustarnos mucho.
No he visto a Edward desde esa noche. No es su culpa, es toda mía.
No sé qué hacer con todas estas emociones diferentes dando vueltas en mi cabeza. Se lo dije, y pareció entenderlo. Me dijo que estaría allí para mí cuando estuviera lista.
Simplemente no estoy segura de cuándo será eso.
No sé qué hacer. Sé que mis padres no vivirán para siempre. En el fondo, todos sabemos esto, pero enfrentar la dura realidad de que eso realmente suceda es desconcertante. Siento que me han tomado desprevenida. De nuevo. Como si alguien me estuviera quitando mi sensación de seguridad, mi normalidad. No sé cómo lidiar con eso. Solo quiero que las cosas vuelvan a ser como eran. Cenas de domingo. Pequeña vida tranquila. Sin incidentes. Normal. Pacífica. Rutina.
Ninguna de esas cosas involucran a Edward, y es como si todo fuera demasiado pronto. Demasiados cambios al mismo tiempo. Aparentemente, no me llevo nada bien con el cambio.
Ellie me reprende por mi actitud deprimida, y el hecho de que cualquier cambio de imagen que Rose me había infligido ha desaparecido por completo.
He regresado a mis viejos hábitos. Se siente raro. Me pica la piel, y no en el buen sentido.
Me estoy privando de algo que quiero, y sé que no debería.
Ellie regresa a casa después de la escuela y todos los días, se asegura de contarme sobre Edward. Algunos días, él sonríe más, en otros está triste. Dice que él le pregunta por mí.
Odio que ella esté en el medio, y aún así no puedo decirle que se detenga.
No puedo encontrar el valor para simplemente llamarlo y ceder.
Me perdí la visita de sus padres. Me siento mal por eso, no puedo imaginar cómo debe sentirse Edward. Lo decepcioné.
No sé por dónde comenzar a pedir perdón por eso.
Mamá me dice que tan solo debería llamarlo. Que estoy siendo ridícula. Que estar con Edward no tiene nada que ver con la enfermedad de papá y que debería vivir mi vida, y dejar la autoflagelación antes que sea demasiado tarde y sea una solterona que vive sola con veinte gatos.
No me gustan los gatos lo suficiente para tener veinte, pero divago.
Es sábado, Ellie pasará la noche con Alice en casa de Rose y estoy sola.
La ironía en esa afirmación no se me pasa desapercibida. No tengo que estar sola, pero elegí estarlo porque soy demasiado jodidamente terca para admitir que no tengo que estarlo.
Mi teoría del limón a la limonada se va por la ventana, y abrazo la pinta de helado, mi suéter más grande y cómodo, y mi copia en DVD de Titanic.
Quiero estar cómodamente entumecida y llorando cuando me quede dormida. Si no fuera por la inminente resaca, simplemente me emborracharía. Pero entonces, si hiciera eso, terminaría llamando borracha a alguien, y ese alguien probablemente aparecería en mi puerta y me daría los orgasmos jodidamente calientes, y no puedo tener eso.
Pensar en esa noche, o el comienzo de ella al menos, me hace retorcer y hace que mi piel se sonroje. Jack no se compara con Edward. Ni. Un. Poco.
El helado es bueno, pero al final de la película, no estoy llorando. Estoy frustrada, y gritándole a Rose que mueva su gordo trasero y deje que Jack se suba a la maldita puerta. Es una vista muy triste, y estoy feliz de estar sola.
El timbre de la puerta me saca del odio que siento por todo lo relacionado con el agua y el hielo. Echando un vistazo al reloj, solo son las diez y diez. Me pregunto quién será, pero parte de mí espera que él sea alto y hermoso, y esté aquí para tocarme.
Ni siquiera me miro en el espejo, ni me molesto con la mirilla. Claramente he perdido la cabeza, especialmente porque probablemente tengo salsa de chocolate en mis labios, y no estoy segura de que haya usado un cepillo desde ayer.
—¿Rose? ¿Qué haces aquí? —¿No se supone que debe estar vigilando a nuestras hijas adolescentes? No le digo eso, por supuesto. En cambio, simplemente abro más la puerta y le dejo entrar.
—Bella, te ves como la mierda. ¿Qué diablos te está pasando?
Pongo los ojos en blanco mientras ella permanece allí con toda su belleza y cuerpo perfecto. Estuvo triste por papá, pero no se nota. Ella solo sigue adelante como si nada hubiera pasado; como si no estuvimos cerca de perder a nuestro padre.
—Estoy bien, Rose. —Negación. Negación. Negación.
Pasa por mi lado, y toma asiento en la sala. Al menos, he mantenido la casa ordenada y he ido a trabajar. Lo único que he abandonado es a mí misma.
—No estás bien, Bella. Ellie dice que has estado deprimida desde que papá estuvo en el hospital. ¿Edward terminó contigo?
Resoplo y niego con la cabeza.
—Para romper conmigo, tendría que haber habido un "nosotros" en primer lugar. Simplemente no puedo con toda esta mierda. Siento que no soy lo suficientemente buena para estar allí para él como él quiere estarlo conmigo, ¿sabes? ¿Eso tiene sentido?
Todo mi sarcasmo y toda mi irritación se filtran, y mis hombros caen por sí solos. Decírselo en voz alta a alguien es algo poderoso. Frunzo el ceño y juego con el dobladillo de mi suéter. Es viejo y andrajoso, pero lo he tenido desde la secundaria y es tan jodidamente cómodo.
—Bella, no hagas esto. Te veías tan feliz. Él parece ser tan amable. No muchos tipos irían contigo al hospital como lo hizo él.
—Lo sé. Ese es el problema. Él es tan increíble, cariñoso... agradable. Es como si no pudiera ser real. Simplemente no quiero que me tomen por sorpresa de nuevo, ¿sabes?
Ella estudia mi rostro por unos minutos.
—Estoy segura que él no es perfecto, Bella. Oye, ¿quizás sea malo en la cama? Quizás tenga una polla pequeña. —Se ríe para aligerar el ambiente, pero mi rostro enrojece, y no puedo contener la sonrisa que adorna mis labios y los recuerdos que invaden mis sentidos.
—No creo que eso... sea un problema —mascullo. Aparto la mirada, esperando a que ella conteste a eso.
—¡Zorra! —Se ríe—. ¿Te acostaste con él?
Sacudo la cabeza.
—Oh, Dios, no, solo tonteamos un poco. —No estoy de humor para esta conversación, pero es agradable simplemente relajarse y hablar con mi hermana así.
—Bueno, cualesquiera que sean sus problemas, Bella, estoy segura que él no es perfecto. Nadie lo es. Podría darte una lista de cosas que Emmett hace que me irritan mucho, pero las paso por alto la mayoría de los días porque lo amo. Él hace lo mismo. Nadie es perfecto, Bella. Solo necesitas dejarte amar.
Sus palabras me conmueven de una manera que tiene mucho sentido. Mamá solía quejarse de papá, y papá hacía lo mismo, pero siempre han demostrado lo mucho que se aman.
Edward no es perfecto, a veces, ser demasiado amable es irritante. Abrir la puerta del auto para mí, para empezar. Me pareció molesto. Probablemente haya un montón de cosas que van a terminar sacándome de quicio. Pero no puedo dejar que esas cosas me disuadan de quién es él, si me trata bien y me ama por lo que soy.
Si me ama por lo que soy.
Ese solo pensamiento hace que las pequeñas voces en mi cabeza se detengan en seco. ¿Podría amarme? Quiero decir, le gusto, y solo han pasado unas semanas. Pero es imposible enamorarse de alguien en tan poco tiempo.
Lo que sea que siento por él es más de lo que creí sentir por Alec, y creí que lo amaba lo suficiente para querer casarme con él y tener su hija.
Mi mente da vueltas con todas las posibilidades cuando me doy cuenta que Rose simplemente me está mirando, sonriendo con satisfacción.
Despierto y vuelvo a la realidad.
—Mierda. Creo que lo amo, Rose.
—Sí, bueno, ve a ducharte y a contarle eso a él. —Me mira fijamente y se pone de pie—. Tengo que ir a asegurarme de que nuestras chicas no hayan tocado el alcohol. Emmett está allí, pero está mirando el partido. Ni siquiera me preguntes cuál, no tengo idea.
La abrazo y le digo que lo intentaré. Y lo digo en serio. El cambio es difícil y exigente. No lo manejo bien, pero tendré que enfrentarme a eso si quiero más de lo que actualmente tengo.
Y en el fondo, sí lo quiero.
Si acaso, estos últimos días solo han solidificado el hecho de que conocer a Edward fue algo bueno. Y si las cosas con mi padre empeoran, necesitaré a alguien que me apoye y esté ahí para mí. Quiero que ese alguien sea él.
Subo las escaleras rápidamente y me doy una ducha rápida. Me cepillo el cabello, lo recojo en una coleta desordenada, y entonces salgo por la puerta vistiendo jeans, una sudadera y una sonrisa.
Llamo a la puerta de Edward y espero que todavía esté despierto. Es casi medianoche en un sábado y hay una luz parpadeando en la ventana de la sala. Alguien está en casa.
Como era de esperar, es sexo con pies en la entrada. Le doy una sonrisa débil y él me invita a entrar.
Se ve... bueno, mierda, incluso así se ve como un modelo de GQ. Su cabello es un desastre, peor de lo usual, tiene una barba de varios días en su mandíbula afilada, y su ropa está arrugada. Aún así me lo montaría.
—¿Cómo lo llevas? —pregunta, sus ojos llenos de preocupación.
Resoplo.
—Estoy genial. ¿Y tú?
Él suspira y casi se ve desolado o irritado. No estoy segura de qué emoción es, pero definitivamente hay algo allí y me siento como la mierda por hacer que las cosas entre nosotros sean difíciles cuando no tenían que serlo.
No me gusta lo que he hecho. No me gusta haberlo alejado cuando él claramente quería que lo dejara entrar y necesito arreglarlo. Quiero arreglarlo.
Cierro la distancia entre nosotros en unos pocos pasos y lo rodeo con los brazos. Presiono mi mejilla contra su pecho y lo inhalo. Extrañé mucho su aroma, es embriagador y adictivo.
Cuando se relaja, me envuelve en sus brazos y me da un pequeño apretón, sé que estaremos bien.
