Capítulo 11

Aaron se puso la chaqueta y se colocó bien la corbata. Se echó bastante gomina y finalmente, se puso el bigote falso. Un último vistazo al espejo y se dio el visto bueno a sí mismo.

Desde la ventana de su habitación, escuchaba el alboroto de los niños disfrazados en la calle pidiendo caramelos. Era la noche de Halloween, un paraíso para los más golosos. Su madre había salido un rato antes con Sean, y su padre todavía no había vuelto.

Él iba a ir con Haley a la fiesta de Toby Jackson, y por supuesto, debían ir disfrazados. Ella había insistido en que debían ir a juego, y había escogido a Gómez y Morticia de "La familia Addams" Estaba deseando ver a su novia con una peluca negra.

Cuando llegó corriendo a casa de Haley, estaba nervioso. Temía encontrarse con alguno de sus padres y que lo inundaran a preguntas. Llamó a la puerta y respiró hondo.

Una chica rubia, de unos trece años, vestida con un peto vaquero y un sombrero de paja, le abrió la puerta. Lo miró de arriba abajo y esperó con impaciencia a que dijera algo.

-¿Está Haley? Soy Aaron -preguntó nervioso.

-Haley, ha llegado tu novio -gritó mirando hacia dentro. Luego le echó un último vistazo y se fue, dejándolo solo en la entrada.

Unos segundos después, apareció Haley.

-Disculpa a mi hermana, está en plena adolescencia y no se aguanta ni ella -se puso de puntillas y lo besó.

-¿No debería ir disfrazada? No es que sea obligatorio, pero tal vez…-preguntó mientras comenzaban a caminar.

-Y va disfrazada. Según ella, de espantapájaros. De ahí el sombrero de paja.

Aaron se aguantó la risa, pero viendo que ella se estaba riendo, finalmente soltó una carcajada.

-Así es Jessica -caminaron cogidos de la mano, hasta que Haley se soltó de golpe y lo enfrentó-. ¿No piensas decirme nada? Me he currado el disfraz.

-Sí, claro, estás muy guapa -se inclinó para darle un beso y ella se apartó-. Te sienta muy bien el moreno, aunque me gustas más de rubia.

-Claro, a ti te van las rubias ¿no? -dijo ella con sorna.

-¿Qué quieres decir? -estaba confundido y no entendía su cambio de actitud.

-Nada, olvídalo. Por cierto, a ti te sienta fatal el bigote, espero que no se te ocurra dejártelo nunca.

-Me lo quito si quieres -se llevó una mano a la cara con intención de quitárselo.

-¿Estás loco? No estropees el disfraz -le dio un manotazo, y Aaron escondió rápidamente la mano-. Vámonos, antes de que la noche se estropee todavía más.

Aaron la siguió, todavía confuso. Solía molestarle los cambios tan bruscos de actitud que tenía Haley, sobre todo, porque no le daba ninguna explicación, y le hacían sentirse culpable de algo de lo que no tenía ni idea. Sacudió la cabeza para alejar esa sensación y la siguió, quería disfrutar de la noche.


Llegaron a la fiesta, y ya antes de acercarse, vieron a gente en el jardín delantero. La puerta de entrada estaba abierta para que la gente pasara sin problemas.

Al entrar, Aaron vio a Paul con unos amigos. Se saludaron a lo lejos mientras se adentraban en la fiesta.

-Voy a por algo de beber. ¿Qué te apetece? -dijo Aaron mirando a su alrededor.

-No sé, algo fuerte. Voy con las chicas -y se alejó sin más.

El chico suspiró y fue a la cocina, esquivando gente a su paso. Afortunadamente, allí casi no había nadie. Cogió un par de vasos de plástico y se sirvió algo de alcohol de una botella (no estaba seguro de qué era exactamente) y un poco de refresco de cola.

-Espero que vayas a compartir eso, y no sea todo para ti -la voz dulce de Amy lo sorprendió a su espalda. Amy iba vestida de Cruella de Vill.

-Uno es para Haley. Pero puedo prepararte uno a ti, si quieres.

-Tranquilo, puedo hacerlo yo -y se puso a hacerlo-. ¿Sabes lo que le pasa a Erin? Lleva unos días rara, y no ha querido venir a la fiesta.

-Creo que está un poco enferma. Supongo que será la gripe o algo así -apartó la mirada mientras bebía de su vaso. Hizo una mueca cuando lo probó.

-Qué pena…me hubiera gustado que estuviera aquí -Amy hizo un puchero.

-A mi también -murmuró.

Se despidió de la chica y fue en busca de Haley. La encontró riendo con sus amigas, aunque dejaron de hacerlo en cuanto el se acercó. Le dio el vaso y la cogió del brazo, apartándola un poco.

-¿Podemos estar un rato a solas, Hal?

-¿Por qué? ¿Te molestan mis amigas? -dijo con actitud chulesca, cruzándose de brazos.

-Por supuesto que no, pero podemos estar solos un rato y luego las buscamos y ya está.

-Está claro que siempre tenemos que hacer lo que tú digas ¿verdad? Mira Aaron, me voy con mis amigas, cuando se te pase la tontería, me buscas.

Se quedó allí plantado, en medio de la fiesta rodeado de gente. ¿Qué diablos le pasaba a esa chica? Sintió una mano sobre su hombro.

-¿Qué ha pasado? Te he visto hablar un poco alterado con Haley -Paul se había acercado a él, con una cerveza en la mano.

-Era ella la que estaba alterada, pero si te soy sincero, no entiendo qué ha pasado -el chico lo miró todavía un poco alucinado.

-Es casi imposible entender a las mujeres, amigo mío -Paul soltó una carcajada y agarró a Aaron por el hombro-. Vamos, te invito a una cerveza.


Un rato después, cuando en la fiesta todos parecían pasárselo bien, Aaron estaba sentado en el jardín, escuchando la aburrida charla de un miembro del equipo de debate disfrazado de Batman que no dejaba de protestar por la mala política del país. En realidad no le estaba prestando atención, pero al menos, ninguno de los dos estaba solo.

Se había preguntado porqué seguía ahí y no se había ido a casa, cómo había terminado así la noche, cuando se suponía que debía estar con su novia bebiendo y bailando, en su primera fiesta juntos, cuando la sintió a su lado.

-Piérdete -Haley se dirigió a su acompañante. Batman no tardó ni medio minuto en levantarse e irse. Ella se sentó junto a él.

Aunque se moría de ganas de hablar, esperó con paciencia a que fuera ella la que comenzara. Le debía alguna explicación.

-¿Te lo estás pasando bien? -tanteó la rubia.

Aaron contuvo las ganas de poner los ojos en blanco, tomó aire y lo expulsó con lentitud.

-Pues no Hal, no lo estoy pasando bien. Porque esperaba estar contigo, que ambos lo pasáramos bien juntos, ¿y qué es lo que he obtenido? Que me gritaras sin razón y me dejaras tirado en mitad de la fiesta.

Haley guardó silencio, tal vez esperando que él dijera algo más, o simplemente pensando en su respuesta.

-Tienes razón. No he sido la mejor novia contigo esta noche, pero he estado pensando, y aunque me gustas mucho, Aaron, creo que debemos dejarlo aquí -soltó ella de repente, sin mirarlo.

-¿Qué? No…yo no quiero eso Hal…podemos…

-Es mejor así. No somos compatibles, no vamos a forzar algo que no va a funcionar. Ya eres libre para hacer lo que quieras.

Y sin darle tiempo a replicar, se levantó y se fue, dejándolo más desconcertado de lo que ya estaba.


Ya era tarde y había comenzado a refrescar, pero Erin estaba cómoda sentada en el columpio del porche y no había notado el cambio de temperatura. Leía un libro, mientras esperaba que los niños se fueran acercando por caramelos.

Levantó la cabeza cuando escuchó que alguien se acercaba, y se sorprendió al ver a su amigo allí.

-¿Aaron? ¿Qué haces aquí? -preguntó preocupada.

El chico se encogió de hombros mientras subía los tres escalones y se sentaba a su lado.

-La noche ha sido un desastre desde el principio. Y al final, Haley me ha dejado -murmuró Aaron, apoyando la cabeza en la pared.

-Lo siento. Pero si ha aguantado tan poco, a lo mejor no merecía la pena.

Aaron la miró fijamente, y Erin desvió la mirada, sonrojada. En ocasiones, la mirada tan intensa de su amigo la ponía nerviosa.

-Tienes razón. No merece la pena sufrir por ella, y eso que no tiene ni idea de lo que pasa en mi vida. Es demasiado superficial, es una pena que no me haya dado cuenta antes.

Erin asintió, de acuerdo con sus palabras. Se alegraba que Aaron lo hubiera visto por sí solo, aunque lo único que quería era que su amigo fuera feliz, y si hubiera seguido con Haley, ella lo hubiera apoyado siempre.

Unas risas procedentes de dentro de la casa rompieron el silencio. Aaron miró interrogante a Erin.

-Mi madre y sus amigas. Una vez a la semana se reúnen aquí para cenar y charlar. A veces son más escandalosas que un grupo de adolescentes en el centro comercial.

Aaron rio a carcajadas por el símil de su amiga, y por primera vez en toda la noche, se sintió bien y cómodo. Erin tenía ese efecto en él.

-¿Y…tu padre? -no quería estropear el momento alegre, pero se preocupaba por su amiga.

-En su consulta. Es una de las pocas noches al año que llega de madrugada, se queda hasta tarde trabajando. Ya sabes, adolescentes borrachos, peleas y esas cosas.

Aaron asintió en compresión y cogió la mano de Erin. Sabía que su amiga estaba a salvo esa noche, y deseó poder hacer algo para que fuera así todas las noches.

-Espera un segundo.

La chica se levantó y fue hacia el bol lleno de caramelos que tenían para los niños. Se dio la vuelta con una sonrisa en la cara.

-Tú sí que sabes hacer feliz a un chico -comentó Aaron cogiendo la chocolatina que le extendía la chica.

Erin soltó una risita mientras se sentaba de nuevo a su lado. Quitó el envoltorio de la pirueta y la metió en la boca.

-Por cierto Aaron, si te digo algo, ¿prometes no enfadarte?

El chico le dio un gran mordisco a la chocolatina, con miedo de lo que pudiera decirle. Seguramente sería algo sobre Haley, sabía que nunca se habían llevado bien.

-Claro, dime lo que quieras -contestó con la boca llena.

-Nunca, pero de verdad nunca, te dejes bigote, ¡te queda fatal!

Aaron rio tan fuerte que estuvo a punto de atragantarse. Se quitó el bigote falso, que ni siquiera recordaba que llevaba, y en un impulso, besó a Erin en la mejilla. La chica volvió a sonrojarse.

Se quedaron en silencio otra vez, sumidos en sus pensamientos. Aaron miró de reojo a Erin, con su vestido azul cielo, de princesa de cuento, el pelo recogido en una cola de caballo y chupando su pirueta, y vio a la niña a la que le habían arrebatado su inocencia. Y no sabía si era posible, pero sintió un afecto todavía más grande por ella.

Continuará…