Ranma 1/2 no me pertenece. Todos los derechos están reservados a su autor original, Rumiko Takahashi. Esta obra está escrita sin fines de lucro. AU para participar en la dinámica #RanKaneWeek de la página Mundo Fanfics Inuyasha y Ranma.
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La pequeña Naoko coloreaba un planeta de colores arcoíris. Se encontraba acostada en su cama, admirando como la lluvia caía por toda la ciudad. La maestra sol la había estado cuidando casi todos los días, desde hacía varias semanas. Según la maestra sol, habían pasado unos cuatro meses con esa rutina imparable. Su mamá llegaba muy cansada del trabajo, por lo tanto debía comportarse como una buena hija.
Pero la extrañaba. Cuando trabajaba, su mamá venía tan cansada que a veces se quedaba dormida mientras le contaba su cuento favorito.
Y todo era por culpa del feo alien. No lo conocía y ya lo odiaba con todas sus fuerzas. Deseaba que desapareciera de su vida para siempre, para que su madre vuelva a jugar con ella.
La luna echaba de menos a su astronauta favorito, pero solo por ese astronauta brillaría eternamente y sería un buen satélite.
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El astronauta y el alien.
Parte 2.- Conociendo un planeta diferente.
Día 3, Tema: Así como en sueños.
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Se sentía tan condenadamente bien en aquella cama. El olor a perfume amaderado se mezclaba con el suyo, las velas en el dormitorio creaban una atmósfera única que envolvía en magnetismo erótico a los dos protagonistas de ese baile tan sagrado.
Las grandes y fuertes manos le tocaron infinitamente en aquellas partes más explosivas para ella. No paraba de jadear y gemir, sintiendo como es que, una y otra vez la amaban tan intensamente.
Con sus dedos tocó el pelo de aquél amante. Era tan sedoso, tan suave como los besos que depositaban en su cuello. Su corazón latía con mucha dicha, no solo porque le estaban haciendo el amor con tanta dedicación, sino que además volvía a ser ella misma. Estaba viva nuevamente.
Su vientre bajo comenzó a experimentar contracciones intensas, y un grande estremecimiento la comenzó a invadir. Estaba más cerca de alcanzar la cúspide del placer, gimiendo un poco más audible el nombre de su amante.
—Ra...
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Akane estaba contrariada. Demasiado.
¿Qué había sido todo ese sueño tan candente? Estaba más que claro que mucho tiempo de abstinencia le cobraba factura, pero lo que era aún más inquietante, resultaba que estaba más que consciente de quien era el hombre con el que se había enfrascado en ese acto.
Nada más y nada menos que el imbécil de su jefe, Ranma Saotome.
Estaba claro que perdía la cordura después de tantos meses llenos de una rutina muy poco saludable. Y es que durante todo ese tiempo solían reñirse demasiado, por todo y por nada. Todos en el gimnasio los veían siempre peleando, cada vez que ella enseñaba judo a algunos de los del equipo de Ranma éste la molestaba, exigiéndole que se empeñara más en enseñarles técnicas que les sirvieran. Si supiera que se estaba matando en aprender y ponerse al día con las actualizaciones del deporte no abriría la enorme boca que tiene así sin más. Y las ocasiones en las que debía quedarse un par de horas después de toda su jornada solo porque él lo ordenaba... ¡Quería asesinarlo!
Aún así, no podía negar que, después de aquella cita no era la misma. Debía admitir que era jodidamente apuesto, y aunque haya dicho muchas cosas cuestionables estaba segura que, muy, muy en el fondo se escondía una buena persona.
Pero lo peor era el meollo de su conflicto interno. Había pocas ocasiones, durante esos meses molestos, en las qué podía ver al verdadero él. De repente dejaba de comportarse tan grosero con ella y se convertía en un caballero andante. Ranma tenía pequeños gestos como llevarle un café, o indirectamente encargar comida para ella que la estaban confundiendo demasiado. Una ocasión le pidió un taxi, obviamente se enteró por Ryoga de aquello, y claro, había ocasiones en las que sus contactos físicos duraban bastante, sobre todo en las ocasiones donde él le exigía tener duelos con la excusa de medir su fuerza y agilidad. Básicamente podía notar como un aura romántica se alzaba entre ellos, sin embargo, no creía que pudiese funcionar, después de todo eran muy diferentes.
Es por culpa de eso que ahora llegaba un poco tarde al trabajo, por estar tan ensimismada con respecto a la confusión que experimentaba. Entró al autobús y se sentó en un lugar vacío, tratando de ignorar la sensación de vértigo que se le atravesó al recordar el sueño húmedo anterior. Deseaba que la amaran así como en sus sueños.
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Ranma estaba impaciente en su oficina, moviendo el pie frenéticamente y su bolígrafo balanceándose entre sus dedos. Estaba tratando de escribir un pequeño discurso para la fiesta de aniversario del gimnasio, pero nada salía de su mente. Todo era culpa de esa mujer.
Si, Akane Tendo se había convertido en un molesto obstáculo para su temple frío. Durante todos esos meses se había asombrado de la capacidad de resiliencia que ella poseía. Había estado sobreviviendo a la rutina tortuosa que él había planeado para que se largara, pero el efecto resultó contrario.
Estaba increíblemente asombrado de cuánto esfuerzo imprimía para impartir las clases y enseñar nuevas técnicas que mejorarán el desempeño de los estudiantes. También le sorprendía como es que en vez de agachar la cabeza se levantaba con orgullo y lo encaraba. Nunca había visto eso en una chica, ni siquiera la molesta de Ukyo había hecho eso todas las veces que él la ignoraba.
Con un leve sonrojo en sus mejillas recordó como, en una ocasión él la retó a un duelo para medir sus habilidades en combate. Y vaya que terminó impresionado por la cantidad de golpes que casi le daba. Pero en ese combate, en un leve giro que dio terminaron los dos muy cerca uno del otro. Sus respiraciones chocaban, y sentía una ligera corriente eléctrica atravesando su espalda. ¡Casi se besaban! Si no hubiese sido por la interrupción de la entrometida de Xian Pu, podría asegurar que terminaban envueltos en un beso apasionado.
Y luego recordó como sonreía. Le sonreía a todos en el gimnasio, salvo a él. Eso le ponía de mal humor, en la cita antes de la aparatosa discusión sí que le había sonreído, y mucho. Pero ahora parecía un témpano de hielo frente a él. Aunque, pensándolo bien, la culpa era suya por decir todas esas cosas que claramente no pensaba. Los nervios lo traicionaron en esa ocasión, y aún así, pensaba que quizá ella también había exagerado un poco.
Las relaciones humanas eran más complicadas de lo que creía. Ojalá pudiese acercarse a ella, después de todo, sus sueños en los últimos meses le estaban develando que quizá había algo más entre ambos.
Decidió levantarse y asomarse por el gran ventanal de su oficina. Ya habían pasado veinte minutos desde que todo el mundo entraba a trabajar, todos menos ella. No es que quisiera verse como un loco, pero todas las mañanas se asomaba para mirar por la calle si llegaba a tiempo. Solo era para molestarla, si, solo era por eso. No había nada oculto, salvo una atracción carnal. Si, era todo.
Regresó a su lugar en el escritorio para empezar a escribir, sin embargo nada salía. Así que, con una mueca en el rostro se levantó y se dirigió hacia el piso principal.
Cuando llegó el elevador al piso principal salió caminando con naturalidad, fingiendo que no pasaba nada. Pero de repente la divisó, entrando apresuradamente al lugar.
—Buenos días, Tanaka-san.— Dijo Akane saludando a la recepcionista mientras firmaba su entrada.
—Señorita Akane, esta vez se le hizo tarde.
—Lo lamento.
Ranma esbozó una sonrisa de lado. —¿Por qué tan tarde, señorita Tendo?
Akane volteó los ojos, aunque por dentro recordó el sueño que tuvo. —Perdone, algo me mantuvo ocupada esta mañana.
—¿Algo? ¿O alguien? Porque una linda chica como tú, de apenas veintisiete años debería tener miles de pretendientes esperando por una oportunidad.— Preguntó de manera pícara la recepcionista.
Obviamente esa insinuación molestó a Ranma, por lo que endureció su gesto y su voz. —Eso no es excusa suficiente. Así que no quiero que esto vuelva a suceder. En caso de que vuelva a llegar tarde se le hará un descuento a su paga.
Akane apretó los puños y frunció el ceño. —Si, señor.— Contestó con voz iracunda. Terminó de firmar y pasó al lado del hombre, volteando la cabeza sin siquiera verlo.
—Takano-san, por favor pase el reporte a recursos humanos. La señorita Tendo tiene una advertencia.— Declaró antes de irse a su oficina.
La pobre recepcionista sintió culpa por decir algo como aquello. Solamente le atrajo problemas a la pobre chica.
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—¿Una fiesta de aniversario?— Preguntó Akane a Ryoga mientras observaba la invitación en sus manos.
—Si, es el aniversario del gimnasio en una semana. ¿Vendrás?
Quiso afirmar, sin embargo, no estaba tan segura de poder ir al evento. —No lo sé, Ryoga. Es que si es una fiesta significa que no trabajaré, y por lo mismo podría pasar un tiempo más con Naoko. La he tenido descuidada, además de que les he dado mucho más trabajo a ti y a Akari.
Ryoga suspiró. —Tienes razón. Supongo que entonces es un "no" seguro.
—Si. Además, últimamente me he sentido un poco cansada. Creo que por esta vez paso.
Akane le regresó la invitación impresa, y después procedió a realizar unos cuantos calentamientos para prepararse y dar la clase con la mejor condición física. Ryoga no dejaba de verla, seriamente preocupado por ella.
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El ojiazul tomaba un sorbo de su café, aunque por dentro estaba más que ansioso. Escuchar como la recepcionista dijo que Akane era una chica muy linda y que seguramente tendría a muchos hombres detrás de ella le produjo asco. Vamos a ver, si era atractiva, pero tampoco es que fuera la chica de los sueños de alguien más. Y hasta donde sabía ella estaba soltera.
¿O acaso ya no era así?
Escuchó como Ryoga entraba a su oficina, y tan rápido como pudo dejó el café en ese escritorio, acercándose frenético a su amigo/manager y tomándolo de los hombros insistente.
—¿Ranma? ¿Qué te sucede?
—¿Sigue soltera?— Preguntó el de trenza con mucha ansiedad en su voz.
Al moreno le causó mucha gracia su amigo, no pudo evitar poner una mueca burlona, ya que no hacía falta mencionar de quien se trataba la pregunta. —Si, sigue soltera, pero dime, ¿Por qué el interés?
Fue con esa simple pregunta que Ranma soltó a Ryoga, metió ambas manos a sus bolsillos y trató de poner cara desinteresada. —No, por nada. Es que me sorprendería que encontrara a alguien con ese carácter que tiene.
—Ya, claro...— Sabía que mentía, pero no lo admitiría tan fácilmente, porque su orgullo estaba hasta la cima del Monte Fuji. —Por cierto, ya empecé a repartir las invitaciones para la fiesta.
—Perfecto.— Caminó hacia su asiento. —¿Ya hay un estimado de cuantos van a estar presentes? Necesitamos tener ese registro para poder reservar el banquete.
—Hasta ahora solo una persona ha rechazado la invitación.
—¿Ah?
Ryoga se acercó con el sobre en la mano, enseñándolo a Ranma. —Akane no va.
—¿Que? ¿Por qué?
Suspiró. —Está muy cansada, y prefiere tomarse libre ese fin de semana antes que ir a una fiesta. Y si me permites decírtelo, te has pasado con su horario. No está funcionando, ella no va a dejar el empleo porque necesita el dinero. —No iba a decirle nada sobre su hija, había pactado con Akane no mencionarle nada al respecto.
—Bueno, pues aún así no entiendo que tiene de malo el horario como para que ella falte.
—Basta ya, amigo.— Habló un poco más serio de lo normal, esta vez desconcertando a Ranma. —Realmente estás actuando pésimo. Ella no te ha demandado, pero si fuera otra persona lo haría sin dudarlo. Además, ¿No has visto su apariencia? Está algo delgada y tiene las ojeras un poco marcadas.
Se sorprendió. No sé había detenido a observarla tan profundamente como para notar aquellos preocupantes detalles. —Necesito que esté presente, quiero presentarle a algunos veteranos que podrían ayudarla con las clases.
Ryoga sonrió un poco. —Tal vez si el horario se lo volvieras a colocar tal y como estaba al inicio, ella podría considerar estar presente.
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Ranma estaba caminando hacia la sala de entrenamiento de judo, pensando en todo lo que Ryoga le dijo. Era cierto, estaba comportándose como un idiota.
Llegó a aquél lugar, abrió la puerta de manera silenciosa, encontrando a Akane realizando algunos movimientos de combate a un enemigo imaginario. Jadeaba y respiraba con un poco de dificultad, mientras que el sudor se hacía paso en su frente debido al esfuerzo. La observó durante un rato, admirando como era capaz de seguir dando saltos, golpes y patadas a pesar de que parecía que en cualquier momento se desmayaría. Se fijó en su rostro, comprobando que de verdad sus ojeras estaban marcadas. Y la delgadez la pudo observar, notando como las mangas de su traje le quedaban un poco colgadas. Aún así, se veía... ¿Linda?
Salió de su trance cuando, en un giro, Akane falló y cayó sentada en el piso. Cuando la observó levantarse su corazón se estrujó un poco. Debía admitir que si se había pasado de la raya. Demasiado.
—Demonios...— Susurró Akane, dirigiéndose al banco donde estaba su botella de agua. Tomó un sorbo enorme del líquido, intentando aliviar la sed que la invadía.
—Tu técnica es buena.
Akane observó al hombre frente a ella. ¿Era su imaginación o lucía una expresión llena de culpabilidad?
—Ehm, gracias...creo...
Ranma rascó su cabeza. —Yo...— Le estaba costando porque era un hombre muy orgulloso, pero debía hacerlo. Era ya un adulto de veintisiete años al igual que ella, no podía comportarse como un niño por siempre. —Lo lamento.
Ella le miró incrédula. —¿Ah?
Suspiró. —Tu horario es un asco. Me pasé de la raya.
—Ah, bueno... no se preocupe, después de todo, tengo algo de tiempo libre.— Mintió. En realidad, tiempo es lo que le faltaba. Eso y un buen descanso.
—Ryoga me dijo que no irías a la fiesta.— Aunque ella le seguía nombrando por honoríficos, hacía mucho tiempo que él no los ocupaba y la tuteaba con demasiada ligereza.
—Bueno, mi cuerpo me pide descansar. Han sido meses largos, y...
—Necesito que vayas.— Interrumpió.
—¿Para que?— Susurró, un poco contrariada por todo. Su corazón estaba palpitando algo acelerado, pero mejor no hacerse ilusiones.
Tragó en seco. —Hay unas cuantas personas que debo presentarte.
—Yo... lo que pasa es que planeaba dormir mucho, además...
—No será necesario. Te reduciré la carga de trabajo, y también te daré el viernes libre para descansar. — Dio media vuelta y se dirigió a la salida. —Por cierto, hoy sales a las tres de la tarde. Come mucho y descansa.
Cuando él abandonó la sala, Akane sintió sus mejillas levemente sonrojadas. ¿Era normal que un jefe tuviera esa delicadeza que él había tenido? Hasta parecía que le agradaba demasiado.
Mientras tanto, Ranma estaba recargado en la pared, tratando de calmar su repentina emoción. Se le había salido lo dulce con ella.
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Akane estaba en su casa. Era jueves, y al siguiente día debía ir a comprar un vestido para la ocasión especial. Por lo menos el señor Saotome había cumplido con su palabra. Le redujo las horas de trabajo, y además le dio el viernes para descansar. No sabía que es lo que le había pasado, pero lo agradecía mucho.
—¡Mira, mamá! He dibujado un nuevo planeta y al mismo astronauta.
Akane observó el dibujo de su hija. En la hoja estaba trazado un gran planeta de color azul marino y aros de color rosa. Ahí, en ese redondo objeto estaba el astronauta parado. Era extraño. Durante todos esos meses se sentía como ese astronauta, navegando por un mundo distinto. Sus sentimientos estaban contrariados, pero debía admitir que habían despertado algunos nuevos.
—¿Es un planeta diferente?
—Si. Es un planeta desconocido. El astronauta está caminando por ese planeta, y mira eso.— Señaló la pequeña. —Ese es el alien. Ahí habita.
Rememoró el cuento que siempre le leía, y pensó con mucha diversión que definitivamente estaba viviendo algo de ese relato en la vida real.
—Está muy lindo.
—Si. Oye, mami, ¿Es verdad que mañana te quedarás en casa?
Le sonrió dulcemente. Acarició la cabeza, revolviendo los pequeños pelos. —Así es. El feo alien le dio un descanso a mamá. Pero el sábado debo ir a un evento por la noche. Así que ese día te quedarás al cuidado de otra persona.
—¿De la maestra sol?
—La maestra sol irá también a ese evento. Voy a contratar a alguien para que sea quien te cuide mientras no estoy. Pero, te prometo que mañana iremos a cenar tus hamburguesas favoritas.— Le tocó la punta de la nariz con su dedo índice, provocando que Naoko riera. —Ahora, vamos a preparar la cena.
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La atmosfera era maravillosa. Sentía el aire rodearle con total vehemencia, y sus pies flotaban. En realidad, toda ella flotaba, pero no estaba sola. Enfrente, tomándola de la mano y la cintura estaba él. Aquella persona que le confundía, y que le provocaba muchas sensaciones variadas.
La noche estrellada les rodeaba con miles de astros brillando mágicamente, y, por debajo de ellos había un gran planeta de color azul marino y aros destellantes color rosa. Ella portaba un vestido en color rojo, largo y con una abertura en la pierna. Él portaba un traje elegante de color negro. Lo observó, perdiéndose en esos ojos azules como el planeta debajo de ellos.
Una sensación de vértigo la invadió cuando aquél hombre le hizo dar una vuelta, y luego comenzó a guiarla en un baile romántico. Había una melodía de orquesta sonando al fondo, con piano y violín interpretando una canción desconocida para ella. El baile se volvía cada vez más especial, y en el ambiente, algunas cuantas estrellas les rodearon, moviéndose al compás de sus pasos. Uno, dos, tres. Uno, dos tres.
Dieron una vuelta, finalizando con él, inclinándola un poco. De pronto, una lluvia de estrellas comenzó, y entonces se miraron frente a frente. Él empezó a acercar su rostro al de ella, lentamente, y con la mirada cargada de deseo y cariño. Todo culminó en un tierno beso que les puso los pelos de punta. Se sentía como si polvos mágicos fueran lanzados hacia ellos, como si Miles de asteroides danzarán en sus bocas. Era una sensación única, hacía mucho tiempo que no la habían besado tan dulcemente, tan amorosamente y con un deseo bastante palpable.
Cuando se separaron, ella abrió los ojos. Y entonces, todo se volvió más claro.
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Akane caminaba rumbo a la tienda de vestidos donde compraría su atuendo para la fiesta de aniversario. Tocaba ocasionalmente sus labios, y estaba un poco distraída. Ese sueño le removió muchos sentimientos. A decir verdad, después de su matrimonio no había vuelto a experimentar lo que era amar a alguien. Y ella quería eso. Quería que la amaran así como en ese mágico sueño que tuvo. No debía admitirlo, pero estaba empezando a sentir algo por su jefe, el señor Saotome. ¿Y si algo pasaba en la fiesta? Sacudió su cabeza quitando esos pensamientos, tratando de no hacerse expectativas de algo que evidentemente no podría funcionar.
Cuando llegó al local de ropa entró, sintiéndose un poco cohibida. Hacía mucho tiempo que no compraba ropa de noche para ella. Cuando estaba casada con su ex marido, solían llevarle a casa modistas para que le diseñaran los trajes a medida. Ahora ella estaba ahí, parada, observando cada pieza bella que existía en los aparadores. No sabía que escoger, pero, tal como si le hubiesen iluminado, un vestido color rojo largo, de seda y con un escote de hombros caídos apareció ante su vista. Lo examinó. Se parecía al vestido que portaba en su inquietante sueño. Decidida lo tomó y se dirigió a probadores.
Una vez ahí se lo colocó delicadamente. Miró su reflejo en el espejo. Le quedaba divino, y además le resultaba muy cómodo. La etiqueta de vestimenta esa noche decía de gala, y vaya que aquella pieza sentaba de maravilla.
Cuando salió del probador se formó en la fila para pagar. Recordó que Ranma, en su cita desastrosa, había mencionado que el color rojo era su favorito. Se sonrojó un poco, porque su nombre hacía alusión al color y, encima, el vestido era así. Luego, su cabeza desechó rápidamente esa idea. No, él no quería un compromiso serio, y no aceptaría a Naoko plenamente. Ryoga le comprobó que la razón por la que no funcionaron las cosas entre Xian Pu y él fue porque ella quería casarse, pero él nunca aceptó. Suspiró. ¿Algún día encontraría a alguien con quien navegar en los planetas más desconocidos?
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Ya era sábado, y el reloj marcaba las siete y media de la noche. Akane terminaba de colocarse sus pendientes dorados, y cuando finalizó, se miró en el espejo de su pequeña habitación. Sin duda ese vestido le quedaba hermoso, y le gustaba demasiado. Agarró su celular y tomó una foto, enviándola a sus hermanas. Sonrió al recibir una respuesta positiva de parte de sus hermanas en mensajes, mencionando que su padre casi se desmaya, llorando porque su bebé ya no era pequeña. No pudo evitar soltar una risa. Su padre tendía a exagerar, sobretodo porque ella ya tenía una hija.
Suspiró profundo. Extrañaba a su familia, sin embargo, no podía irse a su ciudad natal por su pequeña. No cuando estaba en medio de una disputa legal por su custodia, pelea que ha superado los dos años después de su separación. El bastardo de su ex era tan cínico, quería la custodia de Naoko, pero cuando se separaron no había realizado ningún esfuerzo en acercarse a ella y visitarla. Una tremenda hipocresía la que representaba a su ex.
—¡Woah! Mamá, te ves hermosa.
Miró a su pequeña luna, quien estaba asombrada. Se veía graciosa, parada en el marco de la puerta, con sus ojos abiertos de la impresión y su pijama llena de pequeñas naves espaciales. Le sonrió dulcemente. —Gracias, querida.
El timbre del pequeño departamento sonó. Akane salió de la recamara junto a su hija, y abrió la puerta. Ahí, frente a ambas estaban Akari envuelta en un elegante vestido rosa de corte princesa, Ryoga con un impecable traje azul marino y otro joven, de pelo castaño, que ella no conocía.
—Lamentamos el retraso, pero Akari no se decidía por un par de zapatillas.— Dijo Ryoga, cansado de la indecisión de su esposa.
Akari solamente bufó. —Las zapatillas son importantes para completar un buen atuendo. Como sea, Akane, el es mi primo, Shinnosuke. Él se encargará de cuidar a la pequeña.
Akane le sonrió al muchacho. Parecía ser alguien de confianza, así que no tenía nada que temer. —Mucho gusto. Soy Akane Tendo, y ella es mi pequeña hija, Naoko.
Aquél joven no pudo evitar sonrojarse. Esa mujer se veía preciosa con el vestido rojo. Incluso, más hermosa que las universitarias que conocía. —Mucho gusto.— Respondió tratando de sonar tranquilo.
Akane invitó a pasar al joven, indicándole donde podía colocar sus zapatos. Luego de eso, tomó su bolso y se dirigió a su niña. —Naoko, volveré por la mañana. Me quedaré a dormir en casa de la maestra sol. Te quedarás con él muchacho, así que por favor pórtate bien. Nada de travesuras.
—Si, mami.— Contestó la niña un poco cohibida. No le gustaba que su mamá saliera otra vez de noche. Volvía a odiar al alien feo, porque seguramente fue su idea.
—Bien, podemos irnos.
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Ranma estaba en el tocador del baño de hombres del salón que había alquilado. Paseaba de un lado al otro, nervioso. Había soñado algo extraño ese día. Para empezar, en su sueño Akane y él bailaban bajo la luz de las estrellas. Ella llevaba un precioso vestido rojo, y él un traje como el que estaba usando en ese momento. Debajo de ellos había un planeta color azul marino con aros rosas, y miles de estrellas fugaces les rodeaban. Tan solo de recordarlo sintió escalofríos por todo el cuerpo, y sus mejillas se encendieron. Se estaba comportando como cuando tenía tan solo dieciséis años, pero no podía evitarlo. Esa mujer despertaba cosas dormidas en él. Recibió un mensaje en su celular, era de Ryoga avisándole que ya habían llegado. Y eso significaba que Akane también.
"Vamos. Tienes que estar tranquilo. No pasará nada está noche." Pensó para si mismo. Respiró profundamente un par de veces y luego salió del baño.
Caminó hacia la entrada del salón, esquivando a la gente invitada que se le atravesó. Y cuando llegó a un punto cercano, sus ojos se abrieron enormemente.
Ahí, al lado de Akari estaba ella. Akane lucía espectacular con el vestido color rojo que usaba. Era más largo que el que había lucido en la cita con él, pero el efecto resultaba más devastador, pues esa abertura en la pierna derecha se veía demasiado tentadora. Su cabello corto y su maquillaje daban un toque sensual y combinaban perfectamente con ese atuendo tan elegante . Y mientras hablaba con Akari, su sonrisa terminaba de darle un toque especial a toda ella. Era una visión angelical.
Caminó un poco más hasta acercarse a las tres personas que ingresaban al recinto.
—Buenas noches.— Saludó cortés y algo tímido.
Akane le miró. Se le notaba un poco tenso, pero quiso suponer que se debía al organizar un evento como aquél. Los nervios podían hacer estragos en cualquiera con un compromiso de ese nivel. —Buenas noches.
—Buenas noches, Ranma.— Dijo Akari, saludando alegremente, como siempre.
Ranma no despegaba los ojos de Akane, y viceversa. Akari y Ryoga se dieron cuenta de aquello, por lo que no dudaron ni un solo segundo en dejarlos solos. —Akari y yo iremos a una mesa. Ranma, no olvides que debes presentarle a Akane a algunos de tus colegas.— Mencionó Ryoga con una sonrisa suspicaz en su cara.
El ojiazul salió de su ensoñamiento. Carraspeó para intentar hacer que su voz saliera bien, y con un poco de nerviosismo extendió su brazo hacia ella, doblandolo para que se anclarán el uno con el otro. —Si. Akane, por favor, acompáñame.
Cuando Ranma le ofreció el brazo, ella quería gritar de la emoción. Por hoy olvidaría lo grosero que se había portado durante todos esos meses, así que, rodeó con su propia extremidad la de él, lentamente. Y cuando se afianzó el agarre soltó un suspiro muy tenue, casi como un soplido. Comenzaron a caminar, sin embargo, ella le echó un último vistazo a sus amigos, quienes solamente le observaron con complicidad.
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La velada no podía estar yendo de mejor manera. Tenerla a su lado era increíble. Cada vez que conversaban con los distintos colegas, ella se desenvolvía bastante bien. Era muy elocuente con sus palabras, y ciertamente todos parecían encantados con su capacidad de explicar cada técnica de combate. Y ni se diga de su atractivo visual. Se daba cuenta de como llamaba la atención entre la gente, incluso Xian Pu no dejaba de observarla. Y aunque por una parte le agradaba ser testigo del brillo que ella emanaba, por otra no podía evitar sentir esa sensación amarga de saber que era deseada por los demás hombres en el evento. No pasaron desapercibidas las miradas que la mujer recibía, tanto por parte de jóvenes como por parte de viejos.
Para Akane, todo ocurría rápido y a la vez lento. Estar a su lado era como si hubiese encontrado la paz, y por un momento, se sintió viva. Era diferente estar con él en esta fiesta, en otras ocasiones no duraban más que cinco minutos en paz, sin embargo, ahora ninguno se había dicho algo hiriente o burlesco. Incluso él la había halagado frente a un grupo de veteranos judocas resaltando sus habilidades de combate y sus conocimientos del deporte. No podía creer que ninguno fuera el mismo en esa noche, y en parte lo agradecía bastante. Sentía las chispas recorriendo su cuerpo, y, por más que quisiera evitarlo, comenzó a sentirse cómoda al lado de él. Eso le daba algo de miedo, porque no podía pasar. No debía dejar que sus sentimientos románticos dormidos despertarán. Si lo hacían, se toparian con la cruel y triste realidad.
Ahora mismo estaban terminando de cenar en una de las mesas ocupadas por los del comité de artistas marciales, al igual que el matrimonio Hibiki. La charla resultaba entretenida para todos los presentes.
—Me agrada su perspectiva, señorita Tendo. Creo que necesitamos mejorar el sistema de aprendizaje de nuestros alumnos, y lo que nos ha explicado es algo que funcionaría a la perfección.
Akane sonrió. —Gracias, señor Masato. Aprecio mucho sus palabras.
—Y, cuéntenos señorita Tendo, ¿Es soltera o tiene pareja?— Preguntó la esposa del señor Masato, una señora cuarentona sedienta de chisme y polémicas, que solo iba a ese tipo de eventos en búsqueda del buen entretenimiento.
Esta sola pregunta hizo que Akane se pusiera nerviosa al igual que Ranma. El pelinegro tragó duro, y carraspeó un poco, con la dualidad de querer saber y no querer saber sobre el tema. —Vaya, ¿A que se debe el interés?
—Es que es una linda mujer. Además, creo que hay muchos caballeros dispuestos a pedirle que bailen una pieza con ella. —Dijo otro de los miembros del comité, quien lanzó una mirada coqueta hacia la de pelo corto.
—Bueno, la verdad, es que soy soltera. Pero así estoy bien, es decir, así obtienen más beneficios. —Respondió, usando las mismas palabras que Ranma dijo en la desastrosa cita que tuvieron.
—En todo caso, espero que considere una invitación para salir a bailar en un rato.— Ese tipejo coqueteaba con mucho ahínco, y Akane lo notó. No es que no le pareciera bien, pero tampoco sentía la necesidad de corresponder, así que simplemente soltó una frase educada.
—Muchas gracias, me halaga demasiado ser considerada por usted.
—Con una belleza como usted, como no serlo.
Al pelinegro no le agradó eso último. Y Ryoga lo notó, así que intentó desviar el tema de conversación para evitar un enfrentamiento entre esos dos. No quería que los invitados vieran una parte escabrosa de su personalidad del pelinegro, quien podría acabar con un solo golpe con él.
Después de un rato, la charla fue interrumpida por el término de la pieza musical en el salón. El presentador invitó a las personas a agarrar a una pareja de baile para que pasaran a la pista. Casi toda la mesa pasó, incluyendo a Akari y Ryoga. La melodía era magistralmente interpretada por la orquesta que habían contratado para el evento. Las notas en piano y violin daban una atmosfera mágica en el lugar, y la iluminación tenue resaltaba la belleza de todas las parejas de baile. Akane observó, embelesada, a sus amigos. El matrimonio Hibiki bailaba como si solo ellos dos existieran en ese lugar. Se miraban dulcemente, tanto que ella solo sonrió nostálgica. Muchas veces, con su ex marido, había deseado que algo así les pasara. Pero, ella debía admitirlo, no había llegado a tal punto de enamoramiento.
Y ahora, con la existencia de Ranma, su mente se confundía, y le retaba a querer algo como lo que sus amigos vivían. Eso la hizo sentir tristeza.
El pelinegro la observó, notando como su mirada comunicaba una melancolía digna de una película de drama. —¿Pasa algo?
Akane negó. —No, nada.
—Apuesto a qué está así porque desea que alguien la invite a bailar, ¿O me equivoco?— Preguntó un poco irritado. Seguramente estaba esperando a un caballero andante. No le sorprendería, después de todo durante la noche ella no había parado de recibir comentarios halagando su belleza, la cual es casi inexistente.
No quería ni necesitaba discutir. Su estado de profunda nostalgia no le permitía sentir el enojo tras ese comentario del ojiazul. Se fijó en Xian Pu. Se veia tan sola y abatida, miraba al pelinegro y su expresión en el rostro se volvía, a cada segundo, más dolorosa. Sintió, por un momento, compasión por ella, y la comprendió. —Debería invitar a Xian Pu a bailar.
El pelinegro negó. —No me interesa.
—Pero, parece que quiere algo con usted. Se le ha notado insistente en todos estos meses.
—Pero yo no.
—¿Por qué no lo intenta con ella? Seguramente será muy feliz si lo hace.— Tal vez si empujaba a Ranma a aquella mujer, sus sentimientos tan contradictorios desaparecerían-
Suspiró. —Hace tiempo fuimos pareja, pero no funcionaron las cosas entre nosotros. Ella quería casarse, pero yo no. No me veía atado a un matrimonio, simplemente no me llamaba la atención. Sonaré como un amargado, pero no creo en ello. No creo en las promesas que duran para siempre, porque dudo que el amor sea verdadero.
Akane se levantó, tomando su bolso entre sus manos. Escuchar aquello causó una gran desilusión en ella, como si un huequito se formara en su corazón. —Lo lamento, pero creo que debo irme.
—¿Eh?— La miró confundido. ¿Y ahora que había pasado?
Realizó una reverencia amable, y empezó a caminar hacia la salida del salón. No estaba soportando lo que pasaba. La tensión era palpable, y ella tenía mucho miedo por las emociones que se le cruzaban. Miedo, alegría, tristeza, enfado. Los seres humanos eran complejos, y cuánta verdad en esa afirmación. La confusión la estaba matando, no sabía que es lo que dominaba más, pero si sabía que no necesitaba involucrarse con alguien que pensaba que el amor verdadero no existía, ni siquiera ella, que se había divorciado, había dejado de creer en él.
Llegó a la salida del salón, escuchando aún la música de fondo interpretada por la orquesta. La noche se presentaba como un gran lienzo salpicado de estrellas visiblemente brillantes, algo muy inusual en una ciudad tan contaminada como Tokyo. La brisa fresca le soplaba, revoloteando sus cabellos cortos. Necesitaba aire, necesitaba un respiro de lo sofocante de su confusión.
—¡Akane, espera!
Akane volteó. El tonto no se había molestado en quedarse dentro del salón. No, había decidido seguirla, y eso era un arma de doble filo. —Ranma, por favor, no compliquemos más esto.— Suplico, sintiendo una gran aflicción en su pecho. —No sé que es lo que siento, porque cada vez que te acercas me dan unas ganas tremendas de matarte, pero por otra parte...
—Por otra parte, ¿Que?
Resopló. —Olvídalo, ¿Quieres?
—No.— La tomó del brazo, impidiendo que avanzara un poco más. —¿Sabes cuanto he estado sufriendo en estos meses?
—No se de que estás hablando.— Su voz no sonaba tan segura, porque esas manos tan grandes le estaban tocando su piel tan directamente, así como en aquel sueño tan erótico que tuvo.
—Eres tan bella, que llamas la atención de cuántos hombres se atraviesen en tu camino. Y eso me molesta.
La piel se le erizó al escuchar aquello. —No... no entiendo... Hace un rato me dijiste que mi belleza no e-existía...— Susurró, esta vez sucumbiendo ante algo que claramente le llevaría a caer desde un precipicio, directo a la locura.
Aquellos ojos zafiro afilaron su mirar, como si se tratara de un animal que cazaba a su presa para comer. —Todos los días, espero a que llegues temprano al gimnasio. Saber que puedes estar ocupada, enredándote y teniendo sexo con otros me tiene en el límite. Porque es lo que despiertas en todos.
—¿E-en t-todos?
—Hasta en mí...
—Ranma...
Se acercó a ella, lo suficiente como para acelerar el ritmo cardiaco de ambos. —Así que, solo déjate llevar está noche.
—¿A que te...?
No pudo continuar, porque los suaves labios del de trenza se apoderaron de ella. La pasión estaba presente en la forma en la que movía su boca frente a la de ella. Y Akane no pudo hacer nada más que dejarse llevar por lo que estaba pasando. Aferró sus brazos al cuello del pelinegro, y ahondó el beso, volviéndose más profundo e intenso. En medio de esa noche estrellada, así como en sus sueños, ambos sucumbieron a sus corazones agitados. Se separaron para tomar aire, sin embargo, el volvió a besarla con más ahínco. La recargó en la pared cercana de la entrada, aprisionándola entre sus brazos. Las manos de él se posicionaron en su cintura, sin embargo, poco a poco iban bajando hacia su trasero, en búsqueda de un mar de sensaciones que le pedía su cuerpo. Cuando lo tocó y apretujó, demandante, ella dio un respingo, apartándose un poco de la masa de músculos frente a ella.
—Ranma, espera...— Colocó una mano en el pecho del pelinegro, intentando evitar que él volviera a avanzar. —Estamos en... quiero decir... es un s-salón de evento y... bueno...
Entendió completamente. Con una mirada intensa, le susurró algo en el oído. —Entonces acompáñame.
Ella, sin darle ningún pero, se dejó guiar. La llevó en su coche hacia su apartamento, deseando con ansias lo que pasaría.
Y cuando entraron a aquél lugar, la pasión se volvió a desatar. Se besaban y acariciaban tal como lo habían anhelado desde la primera vez que se vieron. Lentamente las ropas fueron desapareciendo, mientras en sus mentes guardaban los trazos de sus cuerpos para recordarlos en otros momentos. Y, como si de una broma cruel del destino se tratara, ahora ambos estaban ahí, desnudos sobre la cama de él, aceptando por esa noche que deseaban tanto la compañía uno del otro como si fuese el agua negada a alguien con mucha sed.
Así como en sueños se amaron, dejando que sus lados más carnales y eróticos emergieran, mientras se hacían el amor mutuamente, entre besos, caricias y palabras intensas.
Exploraron un planeta desconocido para ellos, y, por esa noche, se permitirían abandonar sus orgullos y amarse mutuamente.
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Cuando despertó, lo hizo un poco desorientada. Frotó sus ojos y se estiró levemente, sin embargo, fue recobrando la consciencia poco a poco. Los besos, las caricias, las palabras, todo, absolutamente todo lo recordó. Miró a su alrededor, encontrando el cuerpo varonil de su jefe.
Ranma estaba dormido, boca abajo, con la sabana cubriéndole la mitad del cuerpo. Su curiosa trenza le caía sobre un hombro, y su respiración era bastante tranquila.
Ella se incorporó, y sonrió tenuemente. Había pasado lo que tanto quería negar, y aún así, la sed de algo más no desapareció. Decidió que era momento de levantarse, por lo que lo hizo. Tomó su ropa interior y buscó el baño.
Entró al sanitario y se dispuso a asearse un poco. El agua fría se sintió como un bálsamo a su maltrecho cuerpo que mantenía grabado en él las suaves y a la vez rudas caricias que recibió la noche anterior. Luego de haberse limpiado rápidamente, se colocó su ropa interior. Salió del baño, encontrando a Ranma aún dormido. Si que tenía el sueño bastante pesado.
Agarró el vestido de anoche y se lo puso nuevamente. Luego salió de la habitación y se dirigió hacia la sala. Comenzó a caminar de un lado a otro, pensando en si debía despertar al de trenza. No sabía que hacer, nunca le había pasado algo similar, ni siquiera cuando durmió por primera vez con su ex marido. Mordió ligeramente la uña de su pulgar derecho, pensando en como despertar al de trenza, cuando escuchó el timbre de aquel enorme departamento. Se encaminó a abrir, encontrándose con una mujer de cabello castaño largo que la miraba sorprendida.
—Buenos días.— Respondió un poco cohibida.
Aquella mujer la observó ceñuda. —¿Y tu eres...?
—Me llamo Akane Tendo. Un gusto.
La mujer se cruzó de brazos. La ira se reflejaba en sus ojos, era como si fueran dos dagas que estaban dispuestas a matarla y despedazarla por completo. —¿Dónde está Ran-chan?
—¿Ran-chan?— Preguntó desubicada.
—Si. Ran-chan.
—Si te refieres a Ranma, el está...
—Escucha.— La mujer se acercó un poco intimidante hacia Akane, mostrando que no estaba nada contenta con todo el asunto. —Ran-chan va a comprometerse conmigo. Así que, hazme un favor y lárgate de aquí. No te metas en medio de una relación que si tiene futuro.
Esto le cayó como un balde de agua fría. Así que, sin decir algo más, tomó su bolso, sus zapatillas y salió de aquel maldito lugar con la dignidad mancillada.
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Habían pasado alrededor de dos semanas después de la fiesta de aniversario, y Akane no podía estar más afectada. La mañana de ese domingo le demostró, una vez más, el porqué a veces prefería mantener su distancia con cualquier hombre. Claramente no era del todo cierto que el idiota de Ranma no creyera en el amor y no estuviera dispuesto a comprometerse. No, al contrario, más bien todo eso era una fachada para ocultar que, en realidad, era un terrible mujeriego.
Pero ya eso no importaba. Después de aquello, había decidido que mantendría distancia con él. Aunque la verdad era que su corazón se sentía extraño, como si le faltara algo para estar bien.
No había podido platicar con Akari sobre todo el asunto, pues la "maestra sol" de su pequeña últimamente estaba ocupada con su marido. Así que, realmente se estaba guardando todo para si misma.
Revisaba la lista de asistencia actualizada que le había proporcionado la recepcionista. Había un solo alumno nuevo que se había inscrito, y al menos eso le agradó. Se dirigió al salón de entrenamiento, y cuando entró la sorpresa la invadió por completo.
Todos los alumnos estaban hablando entre ellos, salvo uno. Un chico alto, con cabello castaño y ojos azules leía un libro. Afinó su mirada, comprobando que aquel muchacho era nada más ni nada menos que el primo de Akari.
—Buenos días a todos.— Saludó con aparente alegría.
—Buenos días, sensei Tendo.— Dijeron en coro.
—Bien, empezaremos con el calentamiento.
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Ranma era un hombre al que pocas veces le dolían las acciones de los demás. Su infancia había sido un poco extraña. Sus padres llevaban un matrimonio un tanto peculiar. Siempre iban y regresaban, se la pasaban constantemente sumergidos en un sube y baja del que no podían escapar. Un mes se amaban con locura, y al siguiente mes decían estar planeando el divorcio. Gracias a aquello, había decidido desde muy pequeño que nunca se comprometería a pasar una vida así. Le había tenido, por muchos años, un repelús a todo lo que significara revivir el tortuoso recuerdo de ver a sus padres en esa vorágine de inestabilidad. Y, ahora, parecía que sus defensas se resquebrajaron por un mísero momento.
Dos semanas, ¡Dos malditas semanas en las que había tratado de hablar con Akane y no podía!
Pensaba que después de lo que hicieron podrían hacer que funcionara algo. Tal vez podría haber considerado intentar entrar en una relación y dejar que las cosas tomaran su curso, pero luego se vio solo en su departamento, sin Akane a su lado. Ukyo le había dejado mensajes, pidiéndole explicaciones de lo que había pasado la noche anterior. Y fue ahí cuando supuso que Akane había conocido a Ukyo, por lo que ahora eso marcaba una considerable distancia entre ambos.
Había intentado hablar con ella, pero se volvió muy escurridiza. Con el nuevo cambio de horario que Akane recibió, le resultaba imposible comunicarse con ella, porque nunca coincidían. Y si le preguntaba a Ryoga sobre ella, simplemente le respondía que no tenía idea de lo que pasaba. Era muy molesta esa situación.
Pero hoy no. Hoy sería el día en el que dejarían en claro las cosas.
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—¡Gracias por todo! Espero que tengan un buen día.
La clase se fue despejando. Todos los alumnos empezaron a marcharse, todos salvo uno. Akane miraba su horario, sin embargo, fue interrumpida por aquél joven conocido. —Hola, señorita Tendo.
Akane alzó la mirada, y después sonrió amablemente. —Oh, eres el primo de Akari, Shinnosuke, ¿No es así?
—Sí. Mi prima me había mencionado sobre estas clases, así que decidí meterme para probar algo distinto.
Ella amplió su sonrisa. —Me alegro que te hayas animado. ¿Qué tal te pareció la clase de hoy?
—Muy buena. Aunque debo mejorar mi condición física, o de lo contrario me desmayaré en las clases.
—Solo es cuestión de practica.— Tocó su hombro suavemente, dejando al chico un poco sonrojado. —Verás que podrás hacerlo bien en un futuro.
Aquel joven castaño le miró, y sonrió. Tomó la mano de su instructora, aprisionándola entre la suya más tiempo de lo normal. —Es usted muy linda, señorita.
Akane estaba a punto de responderle, pero una tercera persona interrumpió aquella charla. Ranma estaba entrando, con un gesto muy serio en el rostro. Parece que ya no podía escabullirse más y evitar la charla más incomóda que jamás tendría en la vida.
—Akane, debemos hablar.— Mencionó un poco turbado al ver la cercanía de ese tipejo con la mujer que lo tenía enloquecido.
Shinnosuke supo enseguida que debía abandonar el lugar. —Nos vemos la siguiente clase, señorita Tendo.
Akane le sonrió, tratando de quitarle hierro al asunto. Shinnosuke pasó al lado de Ranma, mirándolo con un poco de reservas. Luego, abrió la puerta y salió de la sala de entrenamiento.
Ranma se acercó a aquella mujer que le estaba dando dolores de cabeza. Cuando estuvo a unos pasos de ella, no pudo evitar recordar lo que había sucedido en esa noche. Sus labios se veían apetecibles, moría por poder probarlos de nuevo. Sin embargo, alejó todo de su cabeza. Debía mantenerse frío.
—Veo que has estado bastante ocupada.— Dijo sin poder contener un poco su irritación por lo que vió al entrar.
Akane rodó los ojos. —Si te refieres a Shinnosuke, estás equivocado. Ya quisiera que así fuera, es un universitario muy guapo y atento. Seguramente el sí me diría las cosas directamente.
Sus manos temblaron de la rabia contenida, pero se abstuvo de golpear algo. Debía admitir que sentía un poco de celos. Solo unos cuantos, nada especial. —Se ve que es solo un niñato que apenas y sabe limpiarse solo.
Enfureció. —Bien, ¿Es todo? Porque si me disculpas, me debo retirar.
Antes de que ella se moviera, el de ojos zafiro se atravesó en su camino por completo. —Esta vez no vas a escapar. Debemos hablar.
Akane posó sus brazos en la cadera. —No hay nada de que hablar.
—Si, si lo hay.
Suspiró, cansada de toda la situación. —No hay nada que debas decirme a mí. Más bien, a quien deberías decirle las cosas correctas es a...
—¿A quien? ¿Eh?
—Olvídalo.
—Si es por lo de esa noche...
—Basta ya. No tienes que darme explicaciones. Después de todo, lo que pasó solo fue una atracción sexual.
Un tic apareció en los ojos del pelinegro. —¿Eso fue solo para ti? ¿Atracción sexual?
—Hay que aceptarlo. Desde esa cita era más que obvio. Los coqueteos nos hubieran orillado a solo tener sexo en esa noche. Y, a decir verdad, ya conseguí lo que quería. —Estaba mintiendo por orgullo. La verdad es que se había decepcionado cuando se enteró de la existencia de la otra chica.
Escuchar aquello le hizo abrir la boca, incrédulo y sumamente disgustado. —Vaya... bien, esta bien. Si, solo me interesaba follarte, es todo.
—Es bueno saber que coincidimos.
—Pero, ¿Sabes algo?— Ranma cruzó sus brazos, y la miró con arrogancia. —Tal vez follamos, pero he tenido mejores.
Akane bufó enojada. —Yo también. Mejores tocándome y con un mejor equipo más grande.
Eso le dio en su orgullo. —Si así hubiese sido, habrías fingido los orgasmos que sentiste. Y eso no fue lo que pasó, porque estabas gritando como una cualquiera.
Sintió la palma de una mano impactarle en la mejilla izquierda. Se tocó la zona dolorida, mirando a la mujer con enojo. Akane estaba igual, frunciendo el ceño bastante marcado, y con algo de dolor en los ojos, o al menos eso era lo que parecía.
—Entonces, le pido de favor que ya no me hable más. Porque yo no quiero estar al lado de la peor escoria que he conocido.
Akane tomó sus cosas y salió corriendo del lugar, dejando a Ranma totalmente enojado. Pero ya vería esa mujer.
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Ryoga corría aterrado hacia la oficina de Akane. Llevaba en sus manos temblorosas una hoja de papel que contenía una bomba para ella. Entró sin anunciarse, sorprendiendo a su amiga quien estaba guardando sus cosas con apatía.
—Akane, ¿Qué sucedió esta vez?
—¿De que hablas, Ryoga?
Le extendió la hoja de papel, intrigado por la reacción que la chica tendría. Akane lo tomó en sus manos y comenzó a leer. Luego de eso, azotó el documento en el escritorio, apretándolo fuertemente. —¡Está demente!
Suspiró. —Akane, ¿No sería mejor que renunciaras?
Ella lo miró. —¿Estás loco? ¡Si cree que explotándome laboralmente me voy a ir, está equivocado!
—Pero ese horario es más exigente. Akane, tienes a Naoko en casa esperando por ti.
—¡No! Es por ella que lo haré. Quiere que me vaya, pues no lo va a conseguir. Le demostraré que conmigo no se juega.
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Ya eran las diez de la noche, y Akane regresaba a su casa, extremadamente cansada. La rutina volvía a tornarse pesada e insoportable. Entró, observando como su pequeña ya estaba dormida en el futón, con sus crayolas desperdigadas por todo el piso. Akari se había ido apenas hacia media hora, por lo que Naoko se había quedado sola por un rato.
Dejó el bolso encima de la mesa, y luego de ello tomó en brazos a la niña. La llevo a su cuarto, la arropó, le dio un beso en la frente y la dejó durmiendo.
Se metió a su cuarto y cambió su ropa. Luego de eso, se acostó y soltó un suspiro muy profundo.
"No dejaré que todo esto me desanime. No dejaré que te lleves a Naoko. No te lo permitiré, Kuno."
•••
El astronauta comenzó una exploración dentro del planeta en el que se encontraba. Su nave se había estropeado, pero no quería admitir frente al alien que es lo que había pasado, porque el astronauta era demasiado orgulloso. El alien empezó a ponerle pruebas diferentes con la finalidad de que el astronauta se fuera del planeta y lo dejara solo y en paz.
Sin embargo, los sueños de ambos decían otra cosa. Querían acompañarse mutuamente, así que, un día, se hicieron amigos, así como en sueños lo deseaban.
A pesar del cariño que comenzaba a crecer, los malentendidos entre los dos regresaron con fuerza, y ahora, el alien estaba más que dispuesto a hacer que ese astronauta se largara de su planeta.
El astronauta no se lo dejaría fácil, porque nadie sabía el secreto de su nave descompuesta y lo mucho que para él significaba. Y ese alien no debía saberlo. El astronauta valientemente, le daría pelea.
Pero lo que no imaginaban, es que pronto aprenderían una gran lección.
¡Hola a todos!
Aquí está la segunda actualización de este AU tan hermoso que les traigo.
El tema de este tercer día de la RanKane Week es Así como en sueños. Esto se ve muy explícito en el capítulo, como lo pudieron apreciar. Los dos soñaban con que algo más pasara entre ambos, y si sucedió. Sin embargo, los malentendidos hicieron que ambos tuvieran baches en su relación.
Se preguntarán quizá porque si tienen esa edad, siguen comportándose algo "infantiles". Bueno, ciertamente dudo que todos sean maduros a esa edad. Yo tengo 27 años, y aún siento que me hace falta crecer en muchos ámbitos. Además, las personalidades de los dos tienen mucho que ver con su entorno. Esto lo verán reflejado en el siguiente capítulo.
La verdad, para el tercer capítulo ya vamos a entrar a los puntos más emotivos de la historia, anticípenlo mucho.
Les agradezco los reviews, los follows y los me gusta. No esperaba ese apoyo, y me alegra muchísimo que les haya encantado esta historia. Mil gracias c:
Espero que todos tengan un gran y excelente día.
Con amor, Sandy.
