Disclaimer

Ranma y ninguno de los personajes de Ranma 1/2 me pertenecen, todos son propiedad y autoría de Rumiko Tahakashi. Este fanfic es realizado sin fines de lucro


Así como en sueños

Akane y Ranma se encontraban en el dojo, últimamente, para extrañeza de la chica, el azabache le pedía que le acompañara en sus entrenamientos, lo cual obviamente la desconcertaba, él no era el tipo de personas que solía pedir ayuda, y en el raro caso que lo hiciera, ella era sería la última en su lista de personas a quienes le diría, siempre se lo había dicho, que de todos ella era la más débil e inútil en las peleas, por eso no comprendía a qué se debía ese repentino cambio de actitud, sin embargo, tampoco es que le molestara mucho, se había dado cuenta que estaba mejorando enormemente en sus técnicas y ahora era más ágil y certera en sus golpes, lo cual obviamente hacía que se sintiera orgullosa de sí misma, pese a que casi siempre terminaba con algunos moretones, aunque esto se lo ocultaba al chico, seguramente si se enteraba no querría entrenarla más.

Sabía que el chico contenía mucho su fuerza para con ella, más no con eso significaba que no le atacara en la forma debida, la mayoría de los golpes se detenían en un ligero roce ya sea en su mejilla, su brazo, o cuando quería molestarla, la alzaba en brazos y le impedía bajar mientras reía. La primera vez que lo hizo le asustó mucho, inclusive le cuestionó si es que estaba bajo algún hechizo de Shampoo o el maestro Happosai, y por algunos días intentó evitar el que el chico le lograra alcanzar en los entrenamientos, sin mucho éxito por supuesto, sin embargo, al ver que el tiempo pasaba y él no cambiaba, de a poco se había ido acostumbrando.

El entrenamiento terminó, y como siempre, ambos fueron por un poco de agua y se sentaron en la orilla del lugar para descansar mientras se refrescaban un poco, sin decir absolutamente nada, solamente disfrutando la compañía del otro, mientras el sol se iba ocultando por el occidente y el cielo se teñía de un tono anaranjado rojizo de ensueño. Una ligera briza se dejó sentir haciéndole sentir unos ligeros escalofríos por lo fresca de la misma, se notaba que ya era otoño, y ella llevaba ropa ligera. Pronto fue el azabache el que dijo que deberían regresar al hogar principal, no supo si porque la vio temblar o porque ya era tarde, cualquiera que fuera el caso estaba de acuerdo.

La primera en tomar un baño fue ella por insistencia de su prometido, cuando se quitó su ropa pudo notar que se encontraba empapada de sudor y fría, habían hecho más ejercicio y con más intensidad que de costumbre, por lo que el baño cálido le sentaba muy bien, tenía el cuerpo un poco entumido, suponía que debido al ejercicio y que se había enfriado, se sentía cansada, pero relajada. Se tomó su tiempo, algo extraño en ella, no notó el momento en que empezó a cabecear hasta que Kasumi fue a avisarle que la cena estaba casi lista, fue ahí cuando decidió apurarse, pues todavía faltaba el chico.

Para cuando Kasumi anunció que la cena ya estaba lista su prometido iba saliendo de su merecido baño aún con la toalla en los hombros para que las finas gotas que caían de su cabello fueran absorbidas por la misma mientras vestía una camisa sin mangas, mentalmente se preguntó si es que acaso no tendría frío, notó cómo el calor subió a sus mejillas, y le extrañó, ya que no era la primera vez que veía así al chico, aunque era difícil acostumbrarse, sabía de sobra el buen cuerpo que tenía como resultado de todo su esfuerzo y entrenamiento. Sacudió su cabeza ligeramente, estaba pensando cosas sin sentido o importancia.

La cena transcurrió con relativa tranquilidad, como era común últimamente, ya casi no venían el trío de locas a hacer algún desorden, era agradable, aunque extraño. Cuando terminaron todos se retiraron a sus habitaciones a descansar, sin embargo, al subir las escaleras sintió un ligero mareo que la hizo detenerse a medio camino, agradecía que no había nadie alrededor, o seguramente causarían un revuelo pensando en mil escenarios que ninguno sería real, cuando se sintió mejor siguió su camino dejándolo en el olvido, seguramente estaba agotada de tanto entrenamiento.

En su alcoba siguió con su rutina, realizó su tarea y estudió arduamente, cuando volteó a ver el reloj era casi la media noche, seguramente ya todos estarían dormidos, si Ranma la viera seguramente le diría que era una tonta por estar esforzándose tanto en algo que seguramente saldría bien, rio un poco en forma suave, nunca se lo diría, pero cuando le decía cosas como esa le hacía sentir que era capaz de todo, no importando lo difícil que fuera. Se estiró un poco en su lugar tratando de quitarse lo entumido del cuerpo y luego se levantó para irse a dormir al fin, sin embargo, en cuanto lo hizo, un mareo la volvió a invadir, un poco más fuerte que el anterior, al punto que tuvo que usar su escritorio para sostenerse y evitar caerse.

La sensación tardó unos segundos en desaparecer y cuando lo hizo se auto regañó, seguramente se estaba sobresforzando, pero es que los exámenes estaban a la vuelta de la esquina y pronto tendrían que rendir el examen de admisión a la universidad, aún no comprendía cómo es que su prometido no estaba nervioso, era algo muy importante que definiría su futuro y él parecía no tomarle la más mínima atención. Suspiró y dejó de lado el hilo de sus pensamientos, no le gustaban a dónde iban y si los seguía seguramente terminaría enojada y estresada por algo que sólo estaba en su cabeza.

Cansada, física y mentalmente hablando, decidió mejor irse a dormir, movió las sábanas para acostarse debajo de ellas, y una vez que estuvo cómoda y cálida, cerró los ojos, rápidamente su cuerpo comenzó a relajarse y el sueño la fue venciendo, tuvo tiempo de pensar que extrañaba no tener a su pequeña mascota junto con ella en esos instantes y esperaba que estuviera bien, justo antes de que su conciencia desapareciera, estornudó un par de veces, se preguntó si había dejado la ventana abierta, no estaba segura, pero no pudo comprobarlo, se había quedado dormida.

No sabía qué hora era exactamente, sus ojos pesaban, no quería abrirlos, sentía calor en su cuerpo, pero tampoco se sentía con suficientes fuerzas para moverse y destaparse, se removió un poco entre las sábanas buscando una mayor comodidad, pero no lograba encontrarla, sus sábanas eran suaves, pero en ese momento las sentía tan ásperas como una lija, no entendía lo que le pasaba, se volvió a remover. Escuchó un poco de ruido en su ventana, y el pensamiento de que "Así que sí la cerré" cruzó su mente, pero tan rápido llego como desapareció, realmente no le dio importancia, no tenía fuerzas para eso. Podía escuchar claramente unos pasos sobre su piso, y el cómo algo era colocado sobre su escritorio, la curiosidad le picó, pero no quería abrir sus ojos, se removió una vez más, sentía el cuerpo pesado, y la cabeza comenzaba a dolerle.

- En serio eres una tonta – dijo en algo apenas un susurro de forma suave con un deje de risa en ella

Más sonidos fueron escuchados, aunque no estaba segura de lo que fueran, podía intuir que uno implicaba una botella de agua, nada más porque había escuchado como ésta era abierta, de pronto sintió algo fresco y húmedo sobre su frente, lo cual comenzó a refrescarle, lo agradeció internamente. Ahora si se obligó a abrir los ojos, aunque si era honesta, la tarea fue muy dura, y en realidad no pudo abrirlos por completo, con lo poco que pudo comenzó a enfocar el techo de su habitación, notando que todavía era de noche, puesto que no había ninguna luz a excepción de la que la luna filtraba a través de su ventana, intentó observar a su alrededor, pero el movimiento le dolía, aún así, fue capaz de ver a quien había entrado a su alcoba, sin sorprenderse por supuesto, sólo había una persona en el mundo que podía introducirse a ella de forma tan furtiva y sigilosa y sin intenciones de dañarla.

- Ran…ma – Llamó con mucho esfuerzo, no había notado que su garganta estaba reseca y que dolía

La acción hizo que le diera un pequeño ataque de tos, el cual fue apagado con un poco de agua proporcionado por el chico, un poco del líquido cayó por la comisura de su boca, la cual fue limpiada por el azabache, eso le causó un poco de vergüenza, pero no tenía fuerzas como para hacerlo ella misma, así que se cayó esa timidez y se dejó hacer. Intentó pensar en algo que decirle, como un gracias, pero sentía como si su cabeza estuviera debajo del agua y entre nubes a la vez, no podía logar mantener en forma coherente sus pensamientos.

Cerró nuevamente sus ojos, intentando con ello tener algo de coherencia en sus pensamientos, pero le era imposible, su cabeza comenzaba a doler mucho. Inconscientemente comenzó a fruncir el ceño haciendo visible su malestar, pero eso sólo hizo que la molestia se incrementara. De pronto, comenzó a sentir un suave y delicado toque en su cabeza, de alguna forma le recordaba a la manera en que su madre solía consolarla cuando era una niña, lo había olvidado hasta ahora. No necesitaba ser un genio ni abrir los ojos para saber quién era quien le proporcionaba aquellas delicadas caricias, lo que le parecía extraño era que lo hiciera, sin embargo, no dijo nada, ya que le gustaba y le brindaba algo de confort a lo mal que se sentía, así que simplemente se dejó hacer.

- ¿Cómo te sientes? – fue la pregunta hecha en un susurro que rompió el silencio

Quiso responderle, en verdad lo intentó, pero de sus labios salió apenas una queja.

- Así de mal ¿Eh? – soltó una pequeña risa que, más que pareciera una burla, era una especie de comprensión – Eso te pasa por usar ropa tan ligera en esta época del año – Otro gruñido fue emitido en señal de respuesta y otra leve risa resonó en el aire – No hagas tanto esfuerzo, necesitas descansar

- ¿Cómo…? – comenzó a decir con una voz débil, pero hasta eso le resultaba difícil

- ¿Cómo supe que estabas enferma? – completó la pregunta que había sido lanzada, suspiró – No fue difícil realmente, llevas días sobresforzándote, estudiando hasta tarde por un examen que, ya te dije, vas a pasar sin ningún problema, quien realmente debería estar preocupado por esa tonta prueba debería ser yo, que no soy bueno en los estudios, y sin embargo también me estoy esforzando mucho en estudiar en cada tiempo libre que tengo para que no me ganes, porque sí, no te permitiré salir victoriosa en esto, de entre los dos yo soy el mejor en todo, y aunque tu eres muy buena en los estudios, verás cómo hasta en esto te derroto – Dijo en forma presuntuosa, pero se notaba que no tenía intenciones de herirla – Segundo – continuó – Hemos estado entrenando prácticamente a diario, las noches son cada vez más frescas y tu sigues insistiendo en salir del entrenamiento sin terminar de secarte el sudor, no sé a quien quieres impresionar pero me parece algo irresponsable de tu parte – Le regañó – Siendo tan descuidada era obvio que iba a pasar, y hoy fue el día, estuviste algo lenta en tus movimientos, y pese a que intentaste ocultarlo, lo pude notar, además te mareaste dos veces en un solo día y te veías algo cansada, sólo fue cuestión de ver los pequeños detalles.

Akane se sorprendió por la cantidad de cosas dichas, y en algunos puntos se ofendió, pese a saber que el chico decía la verdad, sin embargo, lo que más le asombraba, era el hecho de cuánta atención le prestaba, siempre creyó que ella era solamente una persona más en su vida, la hija del mejor amigo de su padre, la chica con la que fue prometido a la fuerza, y si se ponía egocéntrica, una amiga, y aunque le hacía sentir un poco cohibida, le gustaba saber que era notada. Una punzada en su cabeza distrajo sus pensamientos.

- ¿Te duele mucho? – Vio cómo la chica asentía levemente para afirmar - ¿Sabes? – decía mientras comenzaba a buscar algo, deteniendo las caricias en la cabeza de la chica, la cual no dijo nada, pero lamentó el hecho de que hubieran parado – Nunca he conocido a alguien que enferme tan rápido como tú, en un momento estás bien y el siguiente puedes estar hirviendo en fiebre, tengo la teoría de que te pasa eso porque eres tan terca que hasta los virus te tienen miedo y aprovechan el momento en el que estás más vulnerable para atacarte sin piedad.

- Eso no…

- Si, si – le cortó – eso no es posible los virus no piensan bla, bla, bla, dije que era una teoría, más no que fuera verdad… ¡Aquí está! – clamó de pronto con alegría

- ¿Qué…? – comenzó a preguntar mientras abría levemente los ojos, o al menos lo intentaba

- Medicina – contestó mientras le mostraba una pequeña píldora

Akane reconoció de inmediato aquello, ya una vez Ranma se la había dado cuando había enfermado, olía bastante extraña, pero era efectiva, y si él se la daba, ella la tomaría, así de ciega era su confianza para con él, alargó su mano para agarrarla y poder tomarla, pero el sencillo movimiento era bastante cansado, y aunque no quisiera, dejó caer su brazo a medio camino, se regañó mentalmente, no podía creer que estuviera tan débil, si alguien decidía atacarla en esos momentos estaría perdida.

- Supongo que lo mejor será ayudarte

El azabache se levantó del lugar en el que estaba y tomó a la chica de los hombros para poder enderezarla un poco, sólo lo suficiente como para que él se acomodara detrás de ella en la cama y dejarla descansar entre sus piernas, Akane pudo notar cómo sus mejillas se empezaban a sentir cálidas, más no estaba segura si debido a la acción de su prometido, al notar en la posición tan comprometedora en la que se encontraban, si cualquiera de su familia los viera en esos momentos, habría boda en la mañana, aunque bueno, el chico sólo lo hacía para ayudarla, así que era mejor no pensar en cosas absurdas.

Cuando el ojiazul se acomodó debidamente y tuvo a la chica en una pose adecuada, le colocó la medicina en la boca, y con cuidado, le ayudó a tomar agua de la botella que había traído, después, dejó que la chica descansara en su regazo. Aún a través de tela pudo notar el calor que emanaba el pequeño cuerpo, con suavidad e intentando no incomodarla, posó su mano sobre la sudada frente, para notar que, en efecto, tenía fiebre, se preocupó un poco, pero no demasiado, sabía de sobra lo bien que funcionaba aquel remedio, así que en poco tiempo estaría bien la chica. Pronto, comenzó a sentir cómo su compañera empezaba a dejar caer su peso sobre él, símbolo de que estaba quedándose dormida, eso era bueno, el descanso siempre ayudaba a recuperarse más rápido, así que, para ayudarla en el proceso, comenzó nuevamente a acariciar su cabello.

Akane, al sentir el suave roce, comenzó a sentirse más y más adormilada, aunque no quería, ella deseaba seguir sintiendo la calidez del cuerpo de su prometido junto a ella, y tenía el presentimiento de que, si cedía al sueño, lo perdería, pero el cansancio la estaba venciendo.

- Ranma… - dijo suavemente en un intento de no dormirse, recibiendo por contestación un suave mmm - ¿Por qué…?

- ¿Necesito un motivo?

- Supongo… que no…

- Duerme ya – le regañó – te sentirás mejor por la mañana

- No quiero – confesó en medio de unas extrañas ganas de llorar

- ¿Por qué? – preguntó curioso

- Si me duermo… desaparecerás

- ¿Desapareceré? – repitió – Oye, no es como que fuera un fantasma – se burló

- No es… eso… - dijo haciendo un enorme esfuerzo

- No te preocupes – le dijo tratando de darle confianza – Te prometo que esto, volverá a repetirse, aunque espero que sin ti enferma, me preocupa verte enferma, no es común en ti, y eso me pone ansioso – confesó – Así que, por favor, mejórate pronto – pidió acariciando suavemente su mejilla

Akane, al sentir el toque, elevó su mano hasta alcanzar la del chico, y en un momento de poca lucidez, la tomó firmemente y entrelazó sus dedos, en sus cinco sentidos nunca se hubiera atrevido a tanto, pero en aquellos momentos estaba tan cansada y su mente tan nublada que realmente no lo pensó. Ranma sonrió por el acto de valentía, era obvio que la chica no se había dado cuenta de lo que había hecho, pero no le importaba, se quedaría así hasta que se durmiera.

Después de eso, la peliazul tuvo un par de momentos donde despertó, pero no completamente, y en ambos el chico se encontraba aún ahí, junto a ella, cuidándola, acariciándola y dándole confort, en el último de esos momentos, creyó ver cómo el chico se le acercaba lentamente y depositaba un suave y tierno beso en su frente y otro en su mejilla.

El sol comenzó a asomarse por entre las cortinas de la habitación llenando de luz cuanto espacio podía, afuera los pájaros comenzaban a cantar denotando que el día había llegado, Akane comenzó a abrir poco a poco sus ojos para que se acostumbraran a la luz, y en cuanto tuvo la suficiente lucidez, se levantó de golpe y comenzó a buscar con su vista por su habitación esperando encontrar a su prometido por el lugar, inclusive cometió la ridiculez de buscar debajo de la cama, del escritorio y en su closet, como si estuviera jugando a las escondidas, pero era obvio que no estaba ahí, su cuarto no era tan grande y el chico no tendría por qué estarse ocultando.

Cuando pasó la agitación inicial y se pudo calmar un poco, se sentó en su tálamo intentando analizar lo que había pasado, buscó nuevamente con la vista algún signo de que el chico había pasado la noche ahí, pero no había nada, ni el agua, ni el cuenco, ni la toalla, ni siquiera una pelusa, todo estaba exactamente igual a cómo se había ido a dormir la noche anterior. Inspeccionó su propio cuerpo en señal de que hubiera algo diferente, pero todo era igual, de hecho, ella se sentía muy bien, descansada, relajada y con energía, contrario a otras veces que había enfermado que amanecía cansada y con el cuerpo lleno de contracturas a causa de la fiebre.

Tanta era la cotidianeidad del día que, ahora estaba dudando que hubiera estado enferma, sabía que ayer se había sentido un poco extraña, pero ¿Realmente había tenido fiebre? ¿Ranma había acudido a su habitación en la noche? ¿Qué parte de lo que vivió en la madrugada fue verdad? Aún confundida, decidió seguir con su rutina diaria y se cambió para ir a correr, en un momento consideró no hacerlo debido a la noche que había pasado, pero ahora dudaba de si en verdad se había sentido mal. Al bajar por las escaleras se topó con su hermana mayor, quien le deseó los buenos días y siguió su camino hacia la cocina para comenzar su tarea de preparar el desayuno.

La peliazul hizo su recorrido diario en medio de un mar de pensamientos llenos de confusiones, todo era tan normal, que comenzó a pensar que todo había sido un sueño. Al volver a casa Kasumi le pidió que tomara un baño rápido porque el desayuno pronto sería servido, y que cuando terminara despertara por favor a los eternos invitados, presa de la confusión hizo lo que se le pidió sin replicar. Cuando abrió la puerta de la habitación de los Saotome, pudo notar a ambos hombres durmiendo plácidamente y sin preocupaciones, fue en ese momento en que ella se convenció de que, todo lo que había vivido durante la noche, había sido obra de un largo, y de cierta forma lindo, sueño. La revelación le hizo sentir un poco decepcionada, pues había visto una faceta nueva del chico, una donde podía ser amable y considerado con ella, y ella podía mostrarse sincera sin miedo a ser criticada. Suspiró con decepción mientras cumplía su tarea.

- ¿Qué pasa? – preguntó el azabache adormilado

- Nada importante – dijo con un tono un tanto triste – Kasumi dice que se alisten, el desayuno ya está listo

- ¡Qué bien! ¡Tengo hambre!

Akane no dijo nada ante lo dicho, contrario a lo que usualmente hacía, y es qué en su memoria, aún estaba el chico de sus sueños, hablando en más de un sentido, sin embargo, con cada instante, éste iba desapareciendo de poco a poco. Su mañana continuó de forma rutinaria, y para el momento que era hora de irse a la escuela, ya se había convencido de que, todo lo que vivió había sido sólo eso, un sueño.

- ¿Qué te sucede? – le llamó una voz sacándola de su ensoñación

- ¿Cómo?

- Estás muy distraída – le dijo al tiempo que se ponía a su lado y seguían corriendo por llegar a tiempo, como siempre

- No, no es nada

- Si tú lo dices

Ambos siguieron en su camino sin decir una sola palabra más, sin embargo, la peliazul miraba de reojo de vez en cuando a su prometido, y sonriendo sutilmente, recordando su sueño, y preguntándose si algún día sería capaz de ver al chico de esa forma, amable, dulce, cariñoso y tierno, nunca supo que necesitaba a ese chico hasta que lo vio. Sin decirle nada al azabache, guardó la esperanza en su corazón de volver a ver a Ranma de esa forma, así, como en sueños.


Notas del autor

Este fanfic fue realizado como parte de la dinámica de la página de facebook #MundoFanficsInuyashayRanma para su #Rankane_week_2024 en su dinámica #por_amor_al_fandom

Para nuestro tercer día tenemos la temática de #dia_3_Así_como_en_sueños. Como siempre, agradezco mucho la invitación por parte de #MFFIYR para participar en esta divertida dinámica.

La idea es que sea un fanfiction por día, pero como todo buen escritor, se me vino el tiempo encima y no los pude terminar, así que, posiblemente los fanfics no salgan conforme a como deberían ser, uno por día, pero intentaré que salgan los siete, por eso es que este fanfic es tan corto.

Como siempre, agradezco a todos los que leen mis fanfics, porque sin ustedes, estos no tendrían vida, y también agradezco a todos los que pueden y quieren dejarme un review, siempre son bienvenidos.