Los personajes no me pertenecen son de la gran Rumiko Takahashi. Esta es una historia sin ánimo de lucro.
Esta historia participa en la dinámica Rankane Week 2024 de "Mundo Fanfic Inuyasha y Ranma" dentro de la temática de "Así como en mis sueños" propuesta para el tercer día.
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UNA VEZ EN DICIEMBRE
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" Dulce voz "
Ven a mi
Haz que el alma recuerde
Oigo aun cuanto oí
Una vez en diciembre.."
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Primera parte
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En las brumas que delimitan esa zona entre el sueño y la vigilia, se vuelve a abrir paso la misma secuencia de imágenes y sensaciones. Primero le invade un sentimiento de paz, de familiaridad reconfortante. Luego llega el sonido y los primeros destellos luminosos que poco a poco se van volviendo más nítidos y coloridos. Finalmente la estampa cobra vida poco a poco recreando eso que no sabía si llamar sueño o pesadilla.
Las luces titilan en las relucientes lámparas de araña que más de cien criados habían limpiado para la ocasión. Las conversaciones y las risas compiten junto con el tintineo de las copas de cristal de bohemia entrechocándose. El sutil olor de los centros de mesa de crisantemos que bordean la estancia, envuelve todo.
Una armoniosa melodía domina el salón de baile, en la pista varias parejas lucen sus mejores galas moviéndose con gracia al son que marcaban los músicos colocados en una plataforma lateral.
Ella se encuentra en medio meciéndose en brazos de alguien mucho más alto que le sonríe con cariño. Se siente plena, feliz. Mientras procura no perder el paso sus ojos se desvían al alto techo abovedado ricamente decorado con motivos florales en pan de oro y preciosos frescos simulando el cielo. Da un traspiés y su acompañante se ríe, moviendo graciosamente su bigote, ella le sonríe de vuelta apoyando la cabeza en su amplio pecho mientras sus pequeñas manos pasan a su espalda a modo de abrazo. Hay familiaridad y paz en ese gesto.
La música cambia pero ellos mantienen el ritmo a pesar de que sabe que él debería bailar con otra persona. Esta es su noche, le susurra y ella amplía el gesto de sus labios.
Por el rabillo del ojo una anomalía llama su atención. Entre los muchos invitados adinerados que están observando el movimiento hipnótico de los bailarines hay una figura que se desliza con rapidez entre ellas. Se trata de un niño de aproximadamente su edad, está vestido como un criado pero el traje le queda demasiado grande para ser suyo. El chico se mueve con velocidad y precisión entre la gente. Cada cierto tiempo, sus pasos le llevan a una esquina donde se encuentra un señor con una curiosa pañoleta en la cabeza. Ella no puede apartar su mirada de él. Sabe que algo no está bien, que debería alertar a la persona que baila con ella, pero algo se lo impide. Y en el momento en que el niño se gira y le mira con unos preciosos ojos cobalto, sus pasos se detienen. Su pareja hace lo propio para preguntarle qué le pasa, pero antes de que pueda responder una fuerte explosión silencia todo.
Luego todo se distorsiona y un denso humo envuelve el espacio. Solo puede percibir gritos, ruidos de disparos y caos. Sin saber cómo, se ha separado de sus seres queridos y corre junto con una marea de gente por un amplio pasillo hasta que algo bloquea su avance, una mano pequeña pero firme le agarra por el antebrazo pidiendo que le siga. Ella duda un segundo pero rápidamente decide confiar en el muchacho que gira por un pasillo lateral adentrándose en uno de los dormitorios. Cuando llega hasta él puede ver cómo presiona una pared y esta se abre, a modo de puerta. Él le insta para que se meta y le anima diciendo que no se preocupe, que todo va a salir bien. Antes de que su compañero pueda seguirle unas voces al otro lado de la habitación le detienen. Ella ve determinación en sus ojos azules y, sin darle tiempo a protestar, el portón se cierra sumiéndola en una completa oscuridad. Más disparos, golpes y risas malvadas llegan a sus oídos activando la adrenalina del modo de supervivencia. Sus piernas se mueven a ciegas por el pasadizo dejando atrás sus zapatos, desgarrando sus medias y el costoso vestido. Cuando por fin ve luz y sale, se encuentra junto al canal en la parte norte de los jardines del palacio. Hay fuego por todas partes y el denso humo le dificulta orientarse y respirar. Aun así sigue corriendo alejándose cada vez más de los gritos, del dolor, de la seguridad que una vez tuvo. Las zarzas se enredan en lo que queda de su falda tirándola al suelo. Se arrastra arañando su piel, rompiendo sus uñas en un intento por agarrarse al suelo para avanzar. Pero una espesa neblina la alcanza y todo se vuelve negro.
Akari se despierta sobresaltada. Su piel está perlada de un sudor frío, su cuerpo tiembla. Por un momento no sabe dónde se encuentra, cuando la consciencia le alcanza su respiración se normaliza mientras recorre con calma el dormitorio comunal del hospicio en el que ha vivido los últimos diez años. Su pequeña mascota hace un movimiento a su costado. Ella lo abraza alejando definitivamente los restos de su pesadilla.
El alba le da la bienvenida y se levanta, recuperada y feliz por el futuro que le espera. Hoy es el día señalado para comenzar una nueva vida, hace ya tiempo que debió abandonar el que ha considerado su hogar estos años. Todos los chicos que viven allí debían marcharse al cumplir los 18 años pero a ella le permitieron quedarse un par de años más mientras ayudaba a cuidar a los más pequeños. Le habían cogido mucho cariño y nadie quería que se fuera, pero ella necesitaba respuestas, necesitaba saber quién era.
Según le había contado la directora del centro, la habían encontrado vagando por las calles de Tokio sin memoria y cubierta de harapos. Lo único que tenía en su poder era un precioso colgante en forma de A por el que llegó incluso a morder al oficial de policía que quiso quitárselo pensando que era robado. Dada su reacción, dedujeron que era algo importante de su pasado y que la inicial era indicativo de su nombre por lo que la denominaron Akari, en honor a los jazmines blancos que rodeaban la pequeña propiedad que rentaba el orfanato. Todo el que la conocía decía que su nombre era acertado ya que ella estaba llena de pureza, respeto y buenos deseos, pero para ella no significaba nada, solo el gran vacío a través del cual no podía pasar para recordar.
Hace frío, es otra mañana cruda de invierno.
No sin cierta tristeza, Akari alza la mano desde el portón de la valla para despedirse de todos sus amigos y de la mujer que con su cariño le ayudó a crecer estos años. A su espalda lleva una mochila con sus escasas pertenencias y en sus brazos se encuentra P-chan, su querida mascota. Un cerdito negro que salvó de ser comido por unos vándalos hace unos años. Antes de arrepentirse se da la vuelta y avanza rauda por el sendero que la llevará de vuelta a la gran ciudad con un objetivo en mente, encontrarse a sí misma.
Su mano se mueve distraídamente hacia el colgante. Mientras lo aferra con fuerza puede escuchar una voz cariñosa que le susurra al oído "nos veremos en diciembre en Pekín". Su sonrisa se amplía y mira al horizonte, no sabe si será una locura pero sí que está segura de que esas palabras fueron reales y de que hay alguien que la quiere esperándola en el continente. Así que reanuda la marcha llena de esperanza.
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La gran ciudad de Tokio bullía con un nuevo rumor que se expandía a gran velocidad. Ya quedaban pocas personas que no se hubieran enterado de que la emperatriz viuda Cologne, que residía en China, ofrecía una suculenta recompensa por aquel que encontrase a su querida bisnieta.
Hacía ya más de una década que el imperio cayó a manos de una gran revuelta popular encabezada por el aquel entonces primer ministro y consejero, el maestro Happosai. Esto desembocó en unos años de pillaje y empobrecimiento de la población mientras se determinaba quién se hacía cargo del poder y dirigía el país, ya que el supuesto futuro caudillo había desaparecido poco después de asesinar a toda la familia imperial dejando al país sin un líder claro y sumido en el caos. Una vez estabilizadas las cosas y el nuevo orden, la abuela del emperador asesinado se animó a iniciar la búsqueda de una de sus bisnietas asegurando que la vio escapar con vida del palacio, al igual que ella, la fatídica noche que la dejó exiliada y sin familia.
A Genma Saotome le daba igual si la chiquilla seguía o no con vida, el solo vio este rumor como la oportunidad de salir del país y ganar una fortuna a costa de una crédula anciana. Nada muy distinto de lo que llevaba haciendo desde hacía años. Robar y embaucar eran su modo de vida desde que podía recordar y lo disfrutaba mucho. La única diferencia esta vez radicaba en conseguir salir del país y en convencer a su testarudo hijo de que dejase de lado sus escrúpulos y convenciese a alguna linda jovencita para que desempeñará un papel convincente y obtener la añorada recompensa.
No es que Ranma tuviese un honor intachable, ni mucho menos, el muchacho había tenido que robar desde niño inicialmente para agradar a su padre y, más tarde para sobrevivir, pero aún le quedaban algunos escrúpulos y entre ellos estaba engañar a mujeres inocentes.
—Venga hijo, esta será la última vez, lo juro.
—Siempre dices eso viejo, ese argumento lo has desgastado así que no cuentes conmigo para esto.
—Pero piensa en la recompensa, es tanto dinero que nos permitirá vivir cómodamente durante muchos años.
Ranma entornó sus ojos valorando lo que decía su padre.
—¡¿Y pretendes que me crea que no vas a malgastarlo a una velocidad aún mayor que cuándo robamos aquel collar de la duquesa de Koga?!
—No seas desagradecido Ranma, ese dinero nos permitió comer durante muchos días.
—Sobre todo a ti —murmuró el pelinegro.
Su padre le miró con desaprobación mientras pensaba en cómo soltar la baza que sabía inclinaría la voluntad de su vástago en su favor.
—Además, si llevamos a cabo el plan podríamos salir del país.
—Eso podemos hacerlo de cualquier modo ya que nos encargamos de falsificar pasaportes casi todo el rato. ¡No le veo el punto! E incluso podríamos ir a cualquier sitio de China sin tener que pisar Pekín, me han dicho que hay un lugar genial para entrenar artes marciales cerca de unas de pozas que…
—¡Olvídate de las artes por un momento, niño! Sé que cuando eras pequeño te prometí que te convertiría en el mejor artemarcialista de Japón, pero las cosas han cambiado mucho desde que el viejo maestro se volviera loco y pasase por el cepillo a medio país. Ahora el arte no está tan bien visto y lo sabes.
Ranma volvió a mirar a su padre rodando los ojos, a veces se sorprendía al pensar que tuviera algún gen en común con su progenitor. Suspiró y contó hasta diez para no estallar antes de responder.
—Mejor no entremos en tu concepto de entrenamiento durante mi infancia… Ya sé que aquí no puedo hacer nada, pero en China sí, así que si tu intención es arriesgarte a dejar el país aprovechando la calma me parece bien, siempre que sea para algo como dedicarme a entrenar, mejorar y ganar torneos. No para estafar a viejecitas y convencerlas para que te forres los bolsillos a mi costa… una vez más.
—¿Y si te dijera que, para conseguir engañar a esa "viejecita" en cuestión, antes deberíamos convencer a tu madre?
—¿Qué tiene que ver mamá en esto? No me digas que después de dejarla tirada hace años, y apenas hablarme de ella, ahora quieres usarla inventando a saber qué cosa.
—Yo no estoy inventando nada. Siempre he sabido dónde se encontraba tu madre, solo que no me animaba a reencontrarme con ella por miedo a su catana… digo a su ira.
—¡Cómo no!
—¡Mocoso desagradecido! Te recuerdo que tú estuviste de acuerdo en alejarte de tu madre en aquel entonces.
—Por el amor de Kami ¡tenía 5 años! Apenas si sabía qué significaba lo que me estabas ofreciendo. Solo pensé en que nos iríamos a entrenar por todo el país y que así me convertiría en un gran artemarcialista, ¡nunca pensé que no volvería a verla y que lo que perfeccionaría sería el arte de ser un gran ratero!
—Bueno, eso ahora ya no es relevante. Si lo que te interesa es volver a ver a tu madre entonces solo tienes que encontrar a una chica que se parezca a la princesa perdida y venir conmigo a Pekín. Ella es ahora la mayor confidente de la emperatriz viuda y hay que convencerla antes que nada.
—¿Me estás diciendo que la única forma de poder reencontrarme con mi madre es con un engaño?
—Si, bueno, más o menos. Claro que puedes ir libremente e intentar verla sin más, pero tu madre está muy resentida y dudo que nos reciba. Por otro lado si nos presentamos con la chica, ella se verá en la obligación de atendernos aunque solo sea porque esté cumpliendo con su deber para con su alteza imperial.
Esa era demasiada información para Ranma, necesitaba pensarlo bien antes de embarcarse en esa locura, así que se dio media vuelta dispuesto a alejarse del antiguo palacio imperial, símbolo de ostentación de la extinguida dinastía Tendo, que ocupaban como oficina desde que quedó abandonado hacía años.
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En cuanto Akari llegó a la ciudad, después de un día entero de caminata y de dormir acurrucada tras un granero, lo primero que hizo fue ir a la estación de tren para conseguir un billete que la llevara a la costa para salir del país. En el momento de despedirse la directora del orfanato le había dado un puñado de yenes que, si bien no alcanzaban para pagar todo el trayecto, si que le permitían cubrir el primer tramo y luego ya vería si conseguía un trabajo provisional para solventar el resto del importe.
Pero en su inocencia y desconocimiento nunca creyó que para poder viajar iba a necesitar papeles y además en regla. Ella era una huérfana sin memoria ni pasado y, por tanto, por tener no tenía ni apellido. Intentó apelar a la bondad de la persona tras la taquilla pero, en tiempos en los que todavía reinaba el terror a las represalias de las que se valía el nuevo régimen para evitar revueltas, no pudo hacer nada.
Molesta consigo misma por su ingenuidad y triste por ver su objetivo más imposible de los esperado, abandonó la cola y se dirigió a la salida de la estación cuando una señora mayor le agarró de su chaqueta para susurrarle al oído que, si quería conseguir un pasaporte, debía buscaba a los Saotome en el antiguo palacio.
Agradecida por la información, que parecía alto secreto por el comportamiento de la anciana y lo rápido que desapareció al ver un par de guardias, Akari emprendió rumbo a la dirección indicada.
Tardó todo el día en llegar al palacio ya que tuvo que pedir indicaciones varias veces y la gente parecía reacia a hablar de ese lugar. Algunos llegaban incluso a decir que estaba maldito y huían sin contestar. El sitio era inmenso, nunca había visto un edificio tan grande, y se encontraba a las afueras de la ciudad. Parecía totalmente abandonado. Sus puertas y ventanas estaban tapiadas y no se oía ruido desde el exterior. Forzó unas tablas, lo justo para que su menudo cuerpo pudiese pasar.
La magnificencia del lugar la sobrecogió y a la vez la conmovió de una manera extraña. Si por fuera le había parecido inmenso, el interior era todavía mayor con esos techos tan altos que hacían que su pasos resonaran con un eco similar al de una cueva.
—¿Hola? ¿Hay alguien ahí? ¿Señor Saotome?
Pero nadie respondió ya que la únicas almas vivas que allí se encontraban estaban teniendo una acalorada discusión a varios pasillos de distancia de donde ella se hallaba.
—¡Esto ha sido un auténtico despropósito! No sé cómo me he dejado convencer.
—Venga hijo no es para tanto, solo tenemos que seguir buscando.
—Hemos visto más de veinte chicas, a cada cual peor, y nos estamos puliendo el dinero en ese estúpido teatro que te has empeñado en alquilar para hacer las audiciones.
—Bueno, no pretenderás que haga a las chicas venir hasta aquí ¿no? Sabes que nadie en su sano juicio se acerca, la gente es muy supersticiosa. Es lo que nos ha permitido disponer de esta lujosa vivienda para nosotros solos todos estos años.
—Si, si, la maldición de los Tendo y todo esto. ¡Panda de idiotas asustadizos! Me da igual, tenemos que cambiar de plan, esta no puede ser la única forma de llegar hasta mamá.
—Ya lo discutimos Ranma, tu madre no va a querer vernos.
—Puede que a ti no, pero a mi seguro que sí.
—¿Y qué me dices de la recompensa? ¿No habíamos acordado que te daría la mitad para que así pudieras invertirla en adquirir un dojo y poder impartir clases de artes marciales para que te dejasen participar en torneos? ¿Acaso no quieres alcanzar tu sueño?
Ranma le gruñó a su padre en respuesta. Le había costado mucho decidirse pero, tras una noche valorando todos los pros y los contras, decidió dejar de lados sus escrúpulos y aceptar su loco plan. Total, lo que hacía ahora mismo no era muy honrado tampoco y si quería dejar atrás esta vida y empezar de cero como el artemarcialista que siempre quiso ser, necesitaba dinero. Además estaba el aliciente de reencontrarse con su madre que era otro de sus grandes anhelos. Así que le había hecho prometer a su padre que se repartirían la recompensa, antes de que el viejo la dilapidase, y habían visto un sin número de chicas sin gracia ni físico adecuado en aras de encontrar a la supuesta princesa. Pero todo ese teatro lo único que había conseguido era desesperarlo y hacerle volver a la realidad. Nunca iban a conseguir a alguien convincente y eso solo iba a enfadar a su madre y hacer que ella no quisiera verlo más.
Cuando iba a replicar para intentar convencer a su padre de salvar el poco dinero que les quedaba y buscar otra alternativa que no implicase realeza ni nada por el estilo, un estridente ruido llamó su atención. El viejo palacio crujía y el viendo a veces hacía que se moviesen cosas, pero eso sonaba como una ensaladera de plata cayendo al sucio suelo de mármol desde una mesa y eso solo podía significar una cosa: Tenían ladrones.
Con una rápida mirada a su padre que parecía estar pensando los mismo que él, ambos salieron corriendo en dirección al sonido. Era curioso que unos granujas como ellos reaccionaran así pero en la calle sobrevivía el más fuerte y ese era su territorio desde hacía años, cualquier intruso estaría poniendo en duda eso, así que se podría decir que era una cuestión de honor más que de dinero.
Mientras Akari regañaba a su mascota por tirar la vajilla de una de las mesas que había en medio de un enorme hall, unas voces la sobresaltaron. Su instinto de supervivencia la hizo correr en sentido contrario. Lo que era absurdo ya que hasta hace escasos segundos, ella estaba buscando precisamente que hubiese gente en las instalaciones.
—Ladrón detente —gritaron tras de ella mientras desesperada subía una gran escalinata y giraba a la izquierda.
Los pasos se acercaban y su corazón retumbaba en su caja torácica. No iba a poder correr mucho más, estaba cansada tras todo el día andando de aquí para allá y no había probado bocado desde que salió ayer del hospicio.
Ranma le hizo una seña a su padre para que se separasen. Conocía el palacio como la palma de su mano y estaban llegando a una zona por la que sólo confluían dos pasillos. Si su padre hacía bien su parte, en breve cogerían al intruso.
Así que corrió un poco más antes de ver como su presa se detenía abruptamente, bajo el tapiz de la difunta familia imperial, quedando totalmente acorralada por ambos lados.
Parecía un muchacho pequeño y desgarbado y casi le dio pena, sabía lo duro que era sobrevivir en la ciudad, sobre todo en esos meses de frío. Pero toda compasión se fue a pique cuando el chico, cubierto por un gran gorro de lana, decidió plantar cara e intentar pasar por uno de sus flancos creyéndole despistado y un menor obstáculo que el cuerpo voluminoso de su padre. Craso error, ya que él tenía unos reflejos impresionante y además era muy ágil y rápido por lo que sin darle opción le agarró de la bufanda y el gorro y lo tiró de vuelta hacía el tapiz.
Tan pronto la gorra resbaló de su cabeza el largo cabello de Akari, que llevaba recogido, cayó grácilmente a su espalda dejando boquiabierto al pelinegro. Ella levantó sus brazos en señal de rendición mirando a ambos hombres pero, cuando sus ojos hicieron contacto con el más joven, un sentimiento olvidado la hizo perderse en ese mar de azul que eran sus iris y su postura de defensa se relajó.
Por su parte Genma, que tenía la sensibilidad de un ladrillo, no se dio cuenta de la muda conexión entre ambos chicos, él solo podía mirar a la cara de la muchacha y luego al retrato tras ella y frotarse las manos emocionado pensando en el regalo que los dioses le había enviado y que debía darse prisa para llevar el asunto en la dirección correcta ya que su hijo parecía que se había quedado petrificado con cara de bobo a saber por qué.
—Hermosa señorita, ¿cómo ha entrado aquí?… ¿Qué le trae por "nuestro" palacio?
—¿Sois los Saotome?
—Depende de quién les busque —En ese momento Ranma salió de su ensoñación y parpadeó fuertemente para aclararse.
—Me llamó Akari y me han dicho que me podrían ayudar a conseguir papeles para viajar —Se estaba poniendo cada vez más nerviosa, si bien el miedo que había sentido cuando echó a correr había desaparecido, no le gustaba nada cómo le estaban mirando esos dos. El viejo parecía que estaba contemplando un billete de lotería mientras que el joven… no tenía idea de lo que pasaba por la cabeza del chico pero la estaba poniendo nerviosa.
—Así que la muchachita quiere un pasaporte —Genma estaba relamiéndose, no podía creer que fuese a resultar tan fácil— ¿Y dime, preciosa, hay algún apellido que acompañe a tu nombre? Ya sabes por los papeles.
—Pues, se que va a sonar muy ridículo, pero lo cierto es que no recuerdo nada de lo que pasó antes de que me encontrasen vagando sin rumbo cuando tenía diez años. Mi nombre, de hecho, me lo pusieron en el orfanato donde me criaron.
—¿Entonces no recuerdas nada de nada de tu infancia? —Si, definitivamente le había tocado el gordo.
—¡Ya sé que es una locura! —respondió Akari alzando los brazos, perdiendo la paciencia—, pero no veo porqué tengo que daros explicaciones, lo único que quiero es poder comprar un billete para ir a la costa y coger un barco rumbo a Pekín así que ¿me podéis ayudar o no?
El nombre de esa ciudad despejó a Ranma completamente. Llevaba un rato intentando seguirle el hilo a su padre y acaba de entender a dónde quería llegar el viejo con todo esto.
—Claro que podemos ayudarte —dijo el pelinegro sorprendiendo a Akari porque hubiese recuperado el habla— además justamente nosotros también teníamos pensado ir a Pekín —finalizó sacando algo de su bolsillo.
—¿De verdad?
—Sí y tengo tres pasajes aquí —prosiguió mientras los alzaba para que ella pudiese verlos— lamentablemente el tercero es para ella, la princesa Akane.
Ranma señaló el tapiz que había detrás de ella antes de que su padre le tomara el relevo.
—Vamos a reunir a la princesa con su abuela… y ¿sabes? Tú te pareces mucho a ella.
Cuando Akari giró de nuevo hacia su interlocutor, el señor gordo y calvo que le había hablado al principio estaba demasiado cerca de ella para su gusto. P-chan, que seguía en sus brazos, aprovechó para intentar lanzarle un bocado a la mano del hombre lo que hizo que retrocediera.
—Perdona ¿qué?
—Si —respondió el muchacho— te pareces increíblemente a ella. Tienes los mismos ojos del emperador.
—Por no hablar del color de pelo de la emperatriz, que era negro con reflejos azulados —Inconscientemente Akari se acarició un mechón con los dedos.
—Pero yo, yo…
—Tienes la misma edad, el mismo tipo de físico
—Sí pero…
—Y tú has dicho que no recuerdas nada de lo que pasó en tu primera década de vida. Así que no es tan imposible que fueses la princesa —siguió implacable el muchacho.
Akari lo miró como si se hubiese vuelto loco.
—¿Me estáis intentando decir que creéis que YO soy la princesa Akane? Sabía que venir aquí era un error pero definitivamente os habéis vuelto majaras.
Dio media vuelta intentando alejarse de ellos. Ya buscaría otra manera de conseguir viajar.
—Piénsalo detenida un minuto ¿quieres? —suplicó el muchacho—. Tú no recuerdas nada de tus primeros diez años de vida.
—Y ella lleva desaparecida desde entonces —completó su padre.
—Además la única familia de la princesa está en Pekín… que es justo donde quieres ir tú.
—Eso sin contar con el gran parecido que tienes con ella, muchachita. No puede ser todo una coincidencia ¿no? —Genma estaba haciendo un gran esfuerzo por buscar argumentos para convencerla. El plan sin esa chica no iba a funcionar. Ella era perfecta, una baza segura para conseguir la recompensa. Además parecía no estar al tanto de ese detalle, lo que era todavía mejor ya que no tendrían que repartir el botín con ella. Solo le preocupaba un poco la cara de bobo que ponía su hijo cuando la miraba, podría arruinarlo todo si la huérfana le reactivaba la conciencia.
Akari sopesó lo que le contaban. Visto desde esa perspectiva igual no era tan descabellado lo que decían y ella estaba ansiosa por encontrar una identidad, por saber quién era y tener al fin una familia.
—No lo sé. Resulta duro creer que eres de la realeza cuando duermes en un suelo húmedo pero ¡qué chica no sueña con ser princesa! —murmuró volviendo a ojear la pintura.
—Y en alguna parte esa princesa existe… sentimos no poder ayudarte —Genma se dio la vuelta agarrando a Ranma para alejarse mientras dejaba caer su última baza—, pero el tercer billete está reservado para ella.
Mientras arrastraba a su hijo por el embaldosado suelo, el corazón del hombre latía con fuerza. Esa maniobra tenía que funcionar, ella les detendría al ver que su oportunidad desaparecía ¿no?
—¡Esperad!
Gracias a Kami que la chica había picado el anzuelo.
—¿Si? Pequeña.
—Tenéis razón. Si yo no recuerdo nada bien podría ser vuestra princesa así que llevadme a Pekín a conocer a mi supuesta abuela.
—Me parece una idea muy razonable Akane.
—Akari, me llamo A.k.a.r.i.
—No, a partir de ahora serás la princesa Akane, única heredera de la dinastía Tendo, y tendrás que acostumbrarte a responder por ese nombre.
—Está bien —la chica rodó los ojos pero no discutió y se acercó a los dos hombres feliz de concretar los pasos necesarios para emprender su ansiado viaje.
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Estaba harto de estar ahí, harto de tanta oscuridad, del hedor y de la carne en descomposición. Harto de estar atrapado porque su brillante plan saliera mal.
Sabía que había un motivo para ese castigo, para que su alma no hubiese ido a donde debería, pero no podía encontrarlo a fin de ver como solucionarlo de una vez por todas. ¿Cuántos años había pasado ya? No lo sabía. Ahí el tiempo era un concepto inútil. Lo único que podía hacer era seguir fustigándose y recordando minuciosamente su otrora vida, buscando el imperceptible error que se le había escapado.
Happosai nunca fue un buen hombre, su ambición, codicia y lujuria le habían dominado pero siempre había podido enmascararlas delante de las demás personas. Todo en su vida lo había hecho de una forma calculada. Solo se había permitido dejarse llevar durante unos meses en su juventud y las consecuencias le habían arruinado en dos ocasiones.
La primera vez que fue a China, buscando mejorar su conocimiento en las artes marciales, acabó en un poblado amazón donde una bella chica le robó el suspiro. Fueron los meses más dulces de su vida y, por un momento, se permitió olvidarse de todo. Pero entonces la realidad se impuso. Una tarde de verano un mensajero con un edicto le hizo darse cuenta de que la felicidad no estaba ni estaría a su alcance. Ella debía partir a Japón para convertirse en emperatriz. La noticia fue más amarga aún al darse cuenta de que ella ya era conocedora de su destino. La rabia le inundó de tal manera que no quiso ni escuchar sus explicaciones, prefirió retomar su cometido inicial y centrarse en ser el mejor artemarcialista de su tiempo.
No fue hasta muchos años después cuando sus destinos volvieron a cruzarse. Su fama como jefe de la escuela de estilo libre había llegado a su país natal y la casa imperial requería su presencia. Necesitaban a alguien que instruyese al heredero al trono, un mocoso de cinco años por aquel entonces. Esa fue la segunda vez que la vio. Cuando llegó al palacio ella se encontraba sentada orgullosamente detrás del emperador y su mujer, como correspondía a su rango de emperatriz viuda. No se dignó a mirarle ni una vez. Cologne había envejecido al igual que él, los años no habían pasado en balde. La rabia contenida todos esos años ardió con fuerza en el interior del anciano pero supo enmascararla bien. Con gusto y diligencia entrenó al joven príncipe ganándose su confianza de manera que, cuando años después ascendió al trono, le nombró su consejero más fiel.
Su corazón, ya hecho piedra, estaba satisfecho. Había conseguido su mayor ambición, era uno de los hombres más importantes y ricos del país. El resto no importaba.
En cuanto a ella, coincidieron pocas veces más. Pasaba largas temporadas recluida en un palacio en Pekín y sólo acudía al país nipón cuando se la requería para algún evento oficial, que cada vez eran menos. Era en esos momentos en los que la nostalgia lo embargaba y la lujuria, que debería haberse extinguido en un hombre de su edad, se exacerbaba hasta el punto de que solo podía saciarla deslizándose al abrigo de la noche por los pasillos para robar sus prendas más íntimas.
Sabía que debía haberse contenido, que debió haber parado después de la segunda ocasión. Pero la adrenalina corriendo por su desgastado cuerpo mientras perpetraba el crimen esperado no ser descubierto y el revolcarse después en su cada vez más numeroso botín, le nublaron el criterio. Se volvió cada vez más ambicioso y descuidado pasando a añadir prensas a su colección que pertenecían a otras damas y un día, eso fue su perdición. El propio emperador lo encontró en el dormitorio de su esposa con un lindo conjunto de encaje en la mano esnifándolo como si fuese la mejor droga del mundo.
En palacio se armó un gran revuelo y estuvieron a punto de decapitarlo, sin embargo lo dejaron en libertad en pago a sus años de servicio con la condición de que no volviera a acercarse a la familia real. Eso fue un duro golpe para su ambición, pero lo peor fue la mirada de ella. ¡Llevaba años ignorándolo, sin siquiera dignarse reconocer su existencia, y tuvo el descaro de mostrarse dolida!
Viéndose arruinado, semi desterrado y humillado, el rencor que hacía muchas décadas bullía a fuego lento en su interior rebosó y no quiso ni pudo contenerlo. Con la ayuda de un potente incienso empezó a menoscabar la lealtad del pueblo hacia su líder y a acrecentar su descontento. Otro le sirvió para convocar a una de las deidades infernales y ofrecer su alma a cambio de que le concediera destruir a toda la dinastía Tendo, a toda menos a ella. Quería que Cologne sobreviviese sabiendo que su familia ya no existía, que aquellos a los que una vez amó estaban muertos.
Pero las cosas nunca salen como uno quiere y, si bien la revuelta ciudadana arrasó el palacio y puso fin a la vida de toda la familia imperial, él no pudo estar ahí para verlo. La noche en cuestión, cuando triunfal se disponía a acompañar al pelotón que arrastraba a los Tendo a las mazmorras para su ejecución, una sombra llamó su atención en un pasillo de servicio. Algo en su instinto le hizo ir en esa dirección pero unos metros más lejos una enfurecida Cologne le cortó el paso. Su cuerpo vibró de emoción y nostalgia al verla así de nuevo, toda digna y en postura de ataque como cuando practicaban en la aldea amazona casi un siglo atrás. A pesar de sus años, no había perdido el porte, pero él no estaba ahí para tener un combate con una anciana seguramente desgastada por sus años de superflua existencia en la corte. No, él tenía un plan muy concreto y la supervivencia de ella en perfectas condiciones era uno de los requisitos. Sin embargo no debió bajar la guardia y confiarse, pues la muy zorra de ancianita tenía poco, y antes de que terminase de darse la vuelta para seguir su camino le arreó un buen bastonazo seguido de una serie de golpes rápidos y precisos en la zona de las costillas. Happosai intentó recuperarse y contraatacar pero los escasos segundos que había perdido subestimándola fueron decisivos y pronto encontró su cuerpo muy lento y magullado lo que permitió a su oponente darle una fuerte patada, que lo mandó volando a través de una de las ventanas del castillo antes de que todo quedase negro.
Cuando despertó ya se encontraba donde estaba ahora. Obviamente había trascendido a otra vida pero sin abandonarla del todo, y por ello estaba atrapado en esa especie de purgatorio.
Suspiró e intentó adoptar una postura de meditación y dejar de darle vueltas a los hechos de nuevo. Pero entonces una idea iluminó su oscura mente, una que antes no estaba pero que ahora podía ver claramente. Cologne había estado protegiendo algo, como un dragón a sus huevos. Y entonces lo recordó, cuando se estaba dando la vuelta para volver a las mazmorras, antes del primer golpe que le dio la vieja, en su visión periférica la dichosa mocosa de pelo negro casi azulado estaba metiéndose dentro de una de las habitaciones. ¡Maldición! ¡Por eso seguía atrapado ahí! Su venganza no se había realizado y todavía había un miembro de la familia Tendo vivo pululando a sus anchas por el mundo de los vivos. Si, debía ser eso. Cómo llegó esa cría flacucha a escapar del palacio no lo sabía, pero era evidente que lo había logrado o él no estaría en ese lugar de mierda.
Happosai quemó un apestoso incienso y volvió a concentrarse en la meditación, tras años pudriéndose en ese infierno por fin tenía un objetivo y la solución a su encierro. Poco a poco la nube de humo formó un espejo que le permitió observar el mundo mortal y a su víctima. Sí, ahí estaba ella, tan feliz en el palacio imperial hablando de ir a Pekín a reunirse con su abuela. Pero eso no pasaría, él iba a desplegar todos sus trucos y los poderes que le fueron prestados para que esa empresa solo acabase de una forma, con la muerte de ella. Su venganza pronto se vería cumplida.
Continuará…
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¡Hola a todos!
Como habréis descubierto esta historia está inspirada en la película Anastasia de la Century Fox. Si, habéis leído bien, a pesar de la creencia popular no es de Disney... o no lo era inicialmente hasta que la factoría del ratón compró los derechos dos décadas después de su creación. Este fue el primer largometraje que de dibujos que hizo la Fox y de los primeros también que empezaron a competir realmente con los de Disney y a tener éxito en taquilla. Yo fui a verlo con mi hermana pequeña al cine y para nosotras fue muy especial ya que ambas nacimos en diciembre y la famosa canción, que da nombre a este fic, se convirtió en una especie de código secreto entre nosotras (hasta le hice una tarta hace unos años con la forma de la cajita de música.
Y después de esta parrafada histórica que seguramente no le interesa a nadie, hablemos de mi fic. Los que habéis leído el resto de mis historia pensareis que últimamente me ha dado por los cuentos de hadas. Puede ser pero es que estoy atascada con el long-fic de los hermanastros (aun sin publicar) y la otra historia que tengo en mente, de mafiosos y mucho lemon, también pinta larga por lo que prefiero centrarme en algo mas cortito y abarcable para estas dinámicas y solo se me ocurren versiones de películas, lo siento.
Esta historia inicialmente iba a ser un one-shot pero estaba quedando muy larga y no llegaba a terminarla antes del Rankane week, así que la he dividido en tres partes que espero no tardar en publicar. La idea es ser fiel a la peli, que no a la historia real de los Romanov, pero con algunos cambios ya que no veo a Ranma siendo el cabecilla del timo como le pasaba a Dimitri, pero a Genma le pega todo. Además quería una abuela mas peleona y que le diese mas caña al malo. Pero lo fundamental que es la dinámica de tira y afloja de los protagonistas durante el viaje, la voy a mantener... aunque eso no lo veréis hasta el siguiente capítulo.
Quiero agradecer a mis betas y amigas SakuraSaotome y LumLumLove por todas las correcciones y ánimos a pesar de estar tan liadas. Espero poder verlas mañana para cenar, aunque parece que se nos está complicando la quedada lo que es una pena porque hace un año que no coincidimos las tres :(
A los demás gracias de corazón si habéis llegado hasta aquí y mas aun si os animáis a dejarme un comentario que se que es algo muy pesado de hacer.
Espero que podamos leernos en breve. Besos desde a todos desde la tórrida España y ¡viva el Rankane week! Luz
