Acabo de reeditar el capítulo, no sé por qué se desconfigura la página al subirlo. Lamento las molestias. Espero que lo estén disfrutando. Si alguien puede ayudarme con el problema de la desconfiguración del formato le agradecería muchísimo. Sin más, sólo decir que los personajes no me pertenecen. A ver si alguien se anima a dejar el primer Review con su opinión. Saludos.

Capítulo 5

Las puertas de la aldea se abrían ante sus ojos como una inmensa boca de madera maciza con el símbolo de la Hoja grabado sobre el dintel. Los guardias que las custodiaban reconocieron inmediatamente las máscaras de ANBU de ambos corredores que se aproximaban y les dejaron pasar sin hacer preguntas. Cuando pasaron por delante de ellos pudieron ver que cargaban un cuerpo inerte sobre la espalda de uno de ellos, pero no distinguieron de quién se trataba, pues el pelo largo, negro y despeinado le caía sobre el rostro, vuelto hacia el otro lado, y ocultando sus facciones.

Una vez dentro de la aldea, se encaminaron hacia el hospital por la ruta más corta. Sabía la ruta, no era la primera vez que llevaba a un compañero necesitado de cuidados urgentes tras una misión que no había salido como ellos esperaban. Las calles estaban más vacías de lo habitual. Kakashi supuso que la Hokage ya había tomado cartas en el asunto después de recibir los reportes de los otros dos shinobis y esperó que su apuesta no tuviese las consecuencias fatídicas que solían tener.

Yamato y él entraron en el hospital por una de las puertas menos transitadas. Nadie de los que se cruzaron en los amplios pasillos del edificio les cortó el paso ni les preguntó a dónde iban. Eran ANBUs y nadie les pedía explicaciones a ellos.

Descendieron las mismas escaleras que la joven aprendiz de médico había bajado hacía unos momentos. Cuando entraron en la pequeña estancia ambas ya les estaban esperando preparadas para lo que les venía, o eso creían.

-Por fin llegas, Kakashi, te estás volviendo lento con la edad, -dijo Tsunade bromeando para tratar de aliviar la tensión. –Tiéndela en la mesa, Sakura y yo nos ocuparemos.

Kakashi hizo lo que le pidió con ayuda de Yamato. La chica ni siquiera emitió un triste quejido de protesta cuando la cambiaron de posición. Temió que ya fuera demasiado tarde. Yamato y Kakashi se apartaron hasta pegar con la espalda en una de las paredes para dejar trabajar a las dos mujeres, no quisieron abandonar el quirófano, ninguno quitaba el ojo de encima de la joven tendida en la mesa de operaciones. Ambos se permitieron la comodidad de quitar sus máscaras a un lado del rostro. Kakashi la observó con su sharingan, nada. Absolutamente, nada.

Uno de los brazos de la joven se deslizó inerte fuera de la mesa después de algunos movimientos que llevaban a cabo las ninjas médicos al comprobar sus constantes y revisar su cuerpo. Regueros finos de sangre se habían secado a lo largo de su antebrazo, ahora expuesto, y su mano y le manchaban los dedos, aún algo fresca en ellos. Había intentado detener la hemorragia con sus manos hasta su último aliento. Los recuerdos pasados ante la imagen que estaba percibiendo con el sharingan llegaron, ese ojo no olvidaba nada de lo que una vez había sido visto.

La primera vez que había visto a una persona en ese estado, debatiéndose entre la vida y la muerte, fue, justamente, cuando consiguió ese ojo. En su mente apareció la visión del cuerpo de su antiguo compañero del equipo de Minato Namikaze, antes de convertirse en Hokage, Obito Uchiha, medio sepultado por enormes rocas casi en la totalidad de su cuerpo. Simplemente, él no llegó a tiempo para salvarle del derrumbe, en un último suspiro le entregó su sharingan, ¿el precio por aquello? No olvidarlo jamás, siempre estaría en su retina y se repetiría en su mente hasta el día de su muerte.

Un grito desgarrador le sacó de sus recuerdos devolviéndolo a la realidad. El grito era agónico. Desesperado. Cargado de dolor y angustia.

Mientras él había estado dedicando pensamientos a sus recuerdos de juventud, Tsunade y Sakura habían cortado las prendas que cubrían a la joven. Los pantalones habían quedado reducidos a la altura de sus muslos. En sus piernas no había señal de heridas, sólo algunas manchas de sangre seca en su muslo izquierdo, por lo que Sakura se dirigió a la cabecera y sujetó la cabeza de la mujer con fuerza para inmovilizarla y tratar de ver si había lesiones en la misma. Dejó fluir algo de su chakra, trataría de aliviar el dolor relajando sus centros receptores del dolor, aunque parecía que no lo estaba consiguiendo.

Por su parte, Tsunade, experta en heridas de guerra, había visto eso muchas veces a lo largo de su vida. El kunai entraba y salía haciendo cortes limpios, pero tremendamente profundos por su capacidad de penetración en tejidos blandos. Había retirado la parte superior de un kimono negro de entrenamiento, demasiado grande para ser de su talla, que portaba empapado en sangre ahora seca y la prenda que se encontraba inmediatamente bajo ésta en el mismo estado. Sólo quedaba una ligera camiseta de red que todos los shinobis portaban ya que favorecía la transpiración y la salida del chakra en caso de necesitarlo. Todas las prendas estaban rajadas, no había duda, la habían tenido que apuñalar con una fuerza tremenda para traspasar con esa facilidad las tres capas de ropa.

La herida del abdomen era grave y profunda. El kunai había entrado en con una trayectoria, pero salido en otra, lo que había provocado destrozos significativos, probablemente, porque ella se había movido para tratar de esquivar o, tras la punzada inicial, alejarse de su agresor tanto como le fuera posible. Si no la cerraba pronto la poca sangre que quedaba en el cuerpo no sería suficiente para mantenerla con vida. Usó su chakra como si del mismo fluido vital se tratara, eso le daría tiempo y podría cerrar desde dentro.

Algo la tenía intranquila, algo no estaba saliendo como debería. Su chakra no se quedaba circulando por su cuerpo, al poco tiempo era expulsado.

-Yamato, -dijo dirigiendo la vista hacia el ANBU. -¿Has usado tu mokuton con ella?

-Sí, intenté cerrar la herida en varias ocasiones para tratar de detener el sangrado, pero al poco tiempo desaparecía. Era como si…

-Expulsase el chakra ajeno, -terminó Tsunade. –Hay que cerrar la herida con medicina civil. No puedo usar mis jutsus. Sakura, no tenemos nada que hacer aquí, -dijo con apremio en su voz a su alumna. –Ve a buscar a los médicos civiles para que vengan para realizar la intervención. ¡Rápido! No hay tiempo que perder. Infórmales de camino, yo me encargo de mantenerla con vida.

Sakura salió rápida por la puerta en busca de los médicos civiles.

-Hokage-sama, ¿cómo va a mantenerla...? –Empezó Yamato.

-Con fuerza bruta, -respondió Tsunade canalizando ingentes cantidades de chakra dentro del cuerpo de la chica. El choque fue impactante, tan pronto como el abundante chakra de Tsunade hizo contacto con el escaso de la joven, los ojos de ésta se abrieron de par en par y arqueó su espalda en un rictus de dolor. Cada célula de su cuerpo, luchaba contra el chakra invasor, provocando lo que parecieran ser miles de agujas clavándose por todo el cuerpo.

Después vino ese grito que devolvió a Kakashi al mundo real. La imagen que veían sus ojos eran dantesca, digna de una de las mejores pesadillas que, cualquiera que había estado en un campo de batalla, podría tener.

En ese momento, la puerta del quirófano se abrió y por ella entraron varios médicos ataviados con lo necesario para intervenir.

-Hokage-sama, nosotros nos encargaremos, -dijo el que parecía estar al mando del grupo.

-Hagan todo lo necesario por salvarla, no escatimen en medios, -dijo Tsunade retirando su chakra por completo. El cuerpo de la chica volvió a relajarse, sus ojos se cerraron y la misma laxitud con la que había llegado a la mesa hizo aparición de nuevo.

Los ninjas se retiraron de la sala por la puerta por donde habían aparecido los médicos, empezaban a ser una pequeña multitud en una sala poco espaciosa. La puerta presentaba una pequeña ventana circular tan propia de las puertas de ese lugar. Desde fuera, Kakashi seguía con su sharingan pegado a la visión de dentro.

-¿Qué opinas de todo esto, Kakashi? –Preguntó Tsunade recostada sobre una de las paredes aledañas.

Sin apartar la mirada del pequeño ventanuco, por el que podía ver a los médicos afanados en tratar de estabilizar a la joven, Kakashi no sabía qué responder. Tenía que reconocer que la chica y la forma de aparecer en el bosque eran raras. Apareció de la nada, herida, casi desmayada y, lo único que había hablado había sido una súplica en un susurro con una mirada de terror. Sin duda, tendrían que tener una conversación en profundidad, si conseguía salir de esa.