Buenas otra vez, aquí os dejo un nuevo capítulo, espero que lo disfrutéis y os esté gustando. Los personajes no me pertenecen.

Capítulo 7

-Vaya, al fin despiertas, -dijo apartando el libro con la chica ligera de ropa en la portada a un lado. -¿Cómo te encuentras?

-Creo que bien. ¿Dónde estoy? –Volvió a repetir la pregunta en busca de una respuesta. Trató de incorporarse, pero un pinchazo en su abdomen la hizo desistir de ese primer intento.

-Llevas tres días inconsciente en el hospital de Konoha. Será mejor que te quedes tumbada, aún estás débil, casi no lo cuentas, -sugirió el hombre. –Me llamo Kakashi Hatake, mi grupo y yo te encontramos en el bosque en muy mal estado. ¿Recuerdas algo? ¿Sabes cómo llegaste allí?

¿Qué si recordaba algo? Lo cierto es que sólo imágenes inconexas y sin sentido.

-¿Tú eras aquel tipo de la máscara? –Kakashi asintió, inmediatamente, recordó la advertencia que el ente le hizo antes de despertar: no debía revelar más de la cuenta, así que decidió evitar la pregunta hasta que sus facultades mentales estuviesen más alerta. –Gracias por encontrarme y traerme aquí. Y curarme, -dijo tras una pequeña pausa llevando una mano a los vendajes que rodeaban su cintura.

-No me lo agradezcas a mí, en realidad fueron los cirujanos los que consiguieron mantenerte con vida, -dijo Kakashi con modestia. –Voy a avisar a uno de ellos, imagino que querrán comprobar que todo vaya bien.

Sin dar opción a réplica, el ninja se levantó y salió en busca del médico. La joven se quedó sola observando los escasos detalles de la habitación. Todo era demasiado blanco con excepción del sillón sobre el que había estado sentado, ¿cómo había dicho que se llamaba? ¿Kakashi? Era marrón y con la piel algo desgastada por el paso del tiempo. Contemplar las grietas que había en ambos brazos del sillón no la distraía lo suficiente, se percató de que junto a ella había una amplia ventana. Se forzó a incorporarse sobre uno de sus brazos primero y luego echó su pierna izquierda al suelo. Con el brazo libre se sujetó la herida por encima del vendaje y, haciendo contrapeso con su otra pierna y algo de fuerza con el brazo apoyado, consiguió sentarse en el borde de la cama.

Cuando ambos pies tocaron el frío suelo recordó el suelo acuoso que pisaba cuando habló con el ente. Aguantó el aliento y se balanceó hacia delante para colocarse en pie y poder mirar bien a través del cristal. Con una mano todavía sujetando el abdomen y con la otra apoyada en el cristal de la ventana para sostenerse, la joven miró con ojos sorprendidos la maravilla que estaba presenciando.

Ante ella, el paisaje que se mostraba era como sacado de uno de esos catálogos de viajes. La luz clara del sol bañaba los tejados de cientos de casas hasta casi donde le alcanzaba la vista. Sin duda, esa era una aldea grande, extensa y próspera. Y, más allá, hasta donde se perdía en el horizonte, árboles de copas abundantes, frondosas, altas y verdes. En las calles aledañas vio personas afanadas en sus vidas, normales y corrientes, yendo de aquí para allá atareados. Una señora mayor gritaba a unos niños por algo por lo que ya se mostraban arrepentidos con la cabeza gacha. Un guarda, de los que estaban a cada lado de las puertas principales del hospital como seguridad, daba indicaciones a una pareja joven, ella estaba en avanzado estado de gestación, probablemente, fuese a tener a su hijo en pocos días. En general, era una villa tranquila, con gente tranquila, un buen lugar donde vivir y con un clima benevolente durante casi todo el año, nada que ver con otras aldeas por las que había pasado cuando viajaba con su padre.

Su padre. Añoraba a su padre. Durante sus viajes de una aldea a otra pasaron frío, hambre y algunas penurias, pero merecían la pena por pasar tiempo a su lado. Era ya un anciano y no sabía por cuánto tiempo más podría disfrutar de su compañía. Una media sonrisa apareció en un lado de su boca al recordar esa época, ¿cuánto había pasado? ¿Seis, siete años? Se le antojaba una época lejana con sus luces y sus sombras.

El ruido de la puerta al abrirse la sacó de su ensoñación. Seguido de la voz del médico quien, al parecer, no estaba contenta con que su paciente se hubiese levantado antes de la revisión.

-¿Se puede saber qué haces levantada? Estás débil, perdiste mucha sangre, puedes marearte y caerte, –bramó mientras se acercaba a la cama. Detrás de ella estaba Kakashi. Ahora que lo apreciaba con sus cinco sentidos pudo ver que era un ninja alto y apuesto, con brazos fuertes y bien formados por el entrenamiento. Pelo blanco, en punta y corto y un ojo cubierto por un protector de frente con el símbolo de la aldea de los que usaban todos los shinobis desde que eran genins, juraría que bajo ese protector había un sharingan, era una de las imágenes que tenía grabadas a fuego. También una media máscara que cubría la mitad inferior de su rostro. Quizá ese aspecto se estaba poniendo de moda, pensó, torciendo un poco la cabeza a un lado.

La médico que la estaba reprendiendo no era demasiado alta pero poseía un pelo rosa muy llamativo junto a unos grandes ojos verdes que la miraban de arriba abajo con enfado. Además, de una voz chillona, quizá producida por los nervios de ver a su paciente misteriosa despierta.

La joven de pelo negro no se movió, permitiendo que siguiera con el escrutinio. Siguió mirándola con ojos negros y fijos sin hacer ninguna mueca en su rostro.

-¿No te han dicho que no se debe alzar la voz en estos sitios? –Dijo al fin reaccionando. –Eres muy molesta, ¿lo sabías?

-Disculpa, no era mi intención. No eres la primera que me lo dice, ya estoy acostumbrada, -dijo la médico rebajando el tono de voz. –Me llamo Sakura Haruno, soy una ninja médico de los que te atendió cuando viniste y estás a mi cargo. Tengo que revisar el vendaje, que la herida siga cerrada y que no se infecte.

-Está bien, -dijo de manera cortante. –No necesito nada de eso. Sé que está bien.

-Eres igual que Sasuke, -dijo Sakura enfadada. –Sois unos cabezotas. Déjame, al menos, ver la herida y cambiar las vendas.

-Hazlo rápido, -dijo la joven tras unos segundos de duda y tras chasquear la lengua en señal de fastidio. Separó los brazos del cuerpo para dejar a Sakura trabajar.

Kakashi miraba la escena divertido, esa chica usó la misma expresión para referirse a ella que su aprendiz del grupo siete, Sasuke Uchiha. Se preguntó cómo le iría después de abandonar la aldea para ir en busca de venganza por su clan. Hacía muchos meses que no llegaban noticias sobre su paradero.

La herida estaba casi cerrada y mostraba un buen aspecto, a pesar de que sólo habían pasado tres días desde la cirugía, cosa que sorprendió a Sakura. Casi podía rivalizar con el poder de regeneración de Naruto, pensó.

Mientras Sakura vendaba de nuevo la herida evitaba mirarla directamente a los ojos. Sabía que tenía esa mirada negra e intimidante fija en ella y temía siquiera rozarla y causarle daño por miedo a lo que podría hacer. Aún no habían averiguado nada de ella y podría resultar peligrosa.

-Bueno, casi estoy terminando… Eh, no sé tu nombre, -dijo dubitativa. -¿Cómo te llamas?

Tardó unos segundos en responder. De nuevo, seguía con la mirada fija en la ninja médico pero se desvió y la dirigió hacia Kakashi, quien esperaba información como si de agua en el desierto se tratara.

-Mara.

-¿Mara? ¿Qué más? –Dijo Sakura entre sorprendida y confusa.

-Sólo Mara, -respondió escueta.

-Bien, Mara, -intervino Kakashi. –Si te encuentras bien deberíamos ir a ver a la Hokage. Ella tiene más preguntas a parte de tu nombre para responder.

Justo cuando Sakura terminaba de fijar el vendaje. Mara se puso en pie de nuevo y buscó con la vista por la habitación algo de ropa. No encontró nada.

-No puedo salir así, -dijo volviendo a colocar su ropa de hospital sobre el recién vendado abdomen.

-Ten, -dijo Kakashi abriendo una pequeña taquilla, cómo no, también blanca, y sacando de su interior unos pantalones, calzado y camiseta de entrenamiento. Se los acercó, pero viendo que ella no hacía amago por acercarse y cogerlos, decidió dejarlo sobre un extremo de la cama. –Espero que sean de tu talla. Te esperaré fuera. No creo que a Sakura le importe ayudarte a vestirte si lo necesitas.

La mirada de desdén y hastío que le dirigió a la pelirrosa fue suficiente para declinar la oferta. Ambos salieron de la habitación y esperaron a cada lado de la puerta a que Mara estuviese lista.

Cuando ambos shinobis salieron dejándola sola, soltó un suspiro que había estado conteniendo. Observó las prendas que estaban sobre la cama. El pantalón y los zapatos eran de su talla, sin embargo, la camiseta era casi tres tallas más grande, lo que hacía que por el hueco del cuello se viese parte de su hombro. Las mangas que debían ser por la mitad del brazo le llegaban hasta más allá del codo. Y el borde hasta casi la mitad del muslo.

-Debo de verme genial, -dijo para ella misma. Observó el dibujo que había en el frontal de la camiseta. Un símbolo de lo que parecía un clan shinobi. Su padre le había obligado a memorizar cada uno de los símbolos de los diferentes clanes y aldeas repartidos por el mundo. Intentó recordar cuál era el que tenía delante. Era un círculo que se dividía por la mitad con una raya vertical. Dentro de cada mitad había un triángulo, cuyos vértices se unían al círculo exterior en sus dos ángulos iguales, y el tercero, en el centro del círculo, enfrentaba el del triángulo opuesto. En una de las mangas había un kanji: "Shoku". Alimento.

-Es del clan Akimichi, -dijo el ente en su cabeza seguido de una risa. –Si te viera tu padre vestida con eso… -De nuevo más risas. Al parecer, verla contrariada y con esa indumentaria, lo tenía de buen humor. Eso era bueno.

¿Akimichi? ¿Esos tragones? No hacen más que comer y comer, pensó. Se quitó la camiseta y volvió a colocársela del revés, de manera que las imágenes quedase hacia adentro y se vieran lo menos posible. Mejor, pensó. Otra vez, la risa.

Cuando estuvo lista, abrió la puerta, y pudo ver que fuera estaban esa chica de pelo rosa, Kakashi y dos enmascarados con el mismo aspecto que presentaba Kakashi en el bosque.

-¿El comité de bienvenida? –Dijo mordaz mirando al shinobi de pelo blanco.

-Es sólo por seguridad, -explicó Kakashi. –Tengo que reconocer que tu repentina aparición nos ha puesto a todos algo nerviosos.

Durante el intercambio de palabras Sakura había notado la extraña forma de llevar su ropa. Antes de que su cerebro pudiera refrenar el impulso de hablar, su lengua ya se había puesto en marcha.

-Mara, ¿sabes que…? –Empezó.

-Sí, -se adelantó la mencionada antes de que pudiera terminar de formular la pregunta. –Lo prefiero así. No tengo apellido, no tengo clan, así que no voy a portar el emblema de ninguno.

Kakashi se quedó observando a la joven airada tras su negativa de llevar un emblema de un clan. Si lo había reconocido como tal es que conocía cuáles eran las grandes familias del mundo shinobi. Muy curioso.

-¿Podemos irnos? –Preguntó impaciente.

-Claro, sólo falta un detalle, -dijo Kakashi. Y haciendo un gesto a los dos ANBU, éstos se aproximaron a ella, colocaron unos grilletes metálicos unidos por una barra rígida entre sí para evitar que pudiera unir las manos y formar sellos. Alrededor de las piezas que quedaban en cada muñeca había sellos labrados en el metal, que evitaban el flujo de chakra para que no pudieran ser rotas.

Mara no opuso resistencia durante la colocación, cuando terminaron, miró impasible a Kakashi y alzó las manos delante de su cara a modo de pregunta.

-Ya te lo he dicho, sólo es una precaución.

-¿Creen que con eso pueden contener mi chakra? Ni siquiera el sello, en el estado en el que está, puede hacerlo, -dijo de nuevo entre risas el ente en su cabeza. –Ésta ha sido la mejor idea que ha tenido ese vejestorio en toda su vida.

-¡Cállate! –Gritó en voz alta y molesta con el ente. Todos los presentes la miraron extrañados. –Quiero decir, ¡muévete! –Dijo tratando de disimular, aunque se ganó la mirada extrañada de todos los presentes.

Kakashi abrió la marcha en dirección al despacho de la Hokage. Cada miembro del ANBU se colocó a cada uno de los lados de la chica y la sujetaron cada uno de un brazo. Comenzaron a seguir a Kakashi. Lo primero era salir del laberíntico hospital. Atravesaron largos pasillos hasta volver a salir por la puerta de servicio por la que habían entrado antes de la intervención.

Una vez en la calle, Mara respiró hondo. Salir de ese lugar impregnado de los olores de muerte y enfermedad le venía bien. El sol estaba en lo alto del cielo, no era un sol de justicia, sus rayos calentaban su piel sin hacer que sintiera calor. Cuando abrió los ojos vio que estaba en la zona trasera del hospital. Ésta daba a la espalda de la villa, donde un elevado acantilado dominaba la vista y en el que había cinco rostros esculpidos en la piedra. Sin duda esa era una villa extraña.

-¿Sabes quiénes son? –Preguntó Kakashi al ver el interés que habían despertado en ella esos rostros pétreos. Negó con la cabeza. –De izquierda a derecha son: Hashirama Senju, Tobirama Senju, ambos hermanos, Hiruzen Sarutobi, Minato Namikaze y Tsunade Senju, nieta del primero.

-Así que eso es un Senju, -musitó para ella misma.

-¿Un Senju? Es un clan muy poderoso. Fundaron esta aldea, -explicó Kakashi. Esto era raro. ¿Reconoce el clan Akimichi y no el clan Senju?

-¡¿Un clan?! –Preguntó exaltada. -¿Y voy a conocerla a ella? Has dicho que también es una Senju.

-Así es, Tsunade Senju, la actual Hokage. Vamos. Tardaremos poco.

Continuaron andando durante algunos cientos de metros. La gente en la calle se hacía a un lado, para dejar paso a los del ANBU. Al parecer, la amenaza de hacía unos días se había visto neutralizada por ellos y todo volvía a la normalidad.

-Eh… ¿Kakashi? –Preguntó dubitativa. Ese Hashirama Senju…

-Sí, fue el primer Hokage, -respondió sin volverse.

-¿Podrías hablarme de él mientras llegamos? Me aburro y esta compañía no es muy habladora, -dijo refiriéndose a los dos escoltas y tratando de disimular su repentino interés.

¿Por dónde empezar a hablarle de la fundación de la aldea? Mientras Kakashi deliberaba sobre cómo empezar su historia. La voz de su cabeza le habló ahora con preocupación.

-¿Estás segura de que quieres saber eso? –Ella asintió. Desde que era una niña, durante los viajes con su padre, él siempre le decía que era molesta como un Senju cuando le importunaba. Siempre supuso que era algún tipo de animal u objeto. Nunca se hubiese imaginado que era un clan y no cualquier clan, sino uno de los que inició el sistema de aldeas. –Luego no digas que no te lo advertí.

-¿Me estás escuchando? –Preguntó Kakashi al comprobar que el interés repentino por la historia de Konoha se había diluido.

-Sí, sí, -dijo poniéndose a la misma altura que el shinobi para escuchar mejor. Kakashi se intercambió con el ANBU que la escoltaba del lado derecho, quedando éste relegado a la retaguardia de la pequeña comitiva.

-Bien, como iba diciendo, durante la guerra de clanes, los enfrentamientos más encarnizados los llevaron a cabo los clanes Senju y Uchiha, -comenzó explicando la lección de historia como si de un profesor la academia ninja se tratara. –Ambos clanes hacían incursiones en el territorio enemigo con la intención de liquidar a los líderes. El líder del clan Uchiha sólo tenía dos hijos, los otros tres habían muerto en distintos asaltos. El líder del clan Senju tenía tres, pero el mayor murió cuando trataba de realizar una misión de infiltración para obtener un pergamino con las instrucciones de ataque del enemigo.

Mara no sabía si quería seguir escuchando. Pero ahora no podía decirle que parara su explicación.

-Se dice que los hijos mayores supervivientes de ambos clanes entablaron una amistad, sin conocer la identidad del otro. Simple amistad infantil en medio de un campo de batalla, -continuó. –Cuando los líderes se enteraron les obligaron a tenderse una trampa, lo que desató el conflicto de nuevo. Y la guerra se prolongó durante otros tantos años. Cuando los hijos sucedieron a los padres al frente de sus respectivos clanes, la batalla se recrudeció. Pues ambos luchaban por proteger lo poco que quedaba de sus clanes, sus hermanos menores. Cuando en uno de los encuentros se enfrentaron ambos líderes, lo dos estaban cansados del conflicto. Y ambos manifestaron la intención de que esa lucha acabara. Los ideales eran los mismos, tratar de vivir sin guerra. Durante la negociación, el hermano menor del clan Senju, hirió de muerte al hermano menor del clan Uchiha. Desatando la locura del líder Uchiha.

Kakashi hizo una pausa y esperó a que ella digiriera la información. La miraba de lado, se había quedado muy pensativa, por lo que, decidió continuar.

-Cuando los dos líderes se encontraban, las tropas regulares se retiraban para evitar bajas en ambos lados. Se dice que la última batalla se libró en el Valle del Fin, ahí Uchiha y Senju firmaron la paz y decidieron convivir los dos clanes. Entonces fundaron esta aldea.

-¿Y…? –Comenzó, pero calló, tenía tantas preguntas en su cabeza. ¿Cómo se llamaban los líderes de los clanes? ¿Por qué sólo hay un clan representado en la piedra? ¿Por qué el Uchiha no estaba si dio su brazo a torcer por la paz? Las preguntas se agolpaban en su cabeza y se decantó por una. -¿Cómo se llamaba el líder de los Uchiha? No lo has mencionado.

-Niña, deja de hacer preguntas, -le advirtió el ente demasiado tarde.

-Se llamaba Madara Uchiha, -respondió Kakashi.

-¿Madara? –Preguntó entre sorprendida y dubitativa. ¿Había oído bien? Kakashi se volvió a mirarla. Estaba lívida y con los ojos muy abiertos.

-¿Lo conoces? ¿Has oído hablar de él? –Preguntó.

-¿Qué? No, no, bueno, no sé, quizá haya escuchado el nombre en alguna taberna, en alguna historia de algún charlatán, -respondió evasiva. -¿Falta mucho para llegar? –Preguntó tratando de serenarse y cambiar el tema. Aquella historia no le había traído nada más que más dudas y desasosiego.

-Te lo dije, niña, -dijo la entidad retirándose de su mente casi por completo. No quería seguir escuchando historias.