Hola, perdón por el retraso en la actualización, gracias por leer. Los personajes no me perteneces.
Capítulo 9
Kakashi aún la llevaba sujeta de la barra que unía ambos grilletes y que mantenía sus manos separadas. Con un leve movimiento de cabeza le señaló una de las dos enormes sillas que estaban frente al escritorio como indicación de que se sentara en una de ellas.
Ambos tomaron asiento delante de la Hokage. Kakashi con cara divertida por el espectáculo que estaba por presenciar. Cuando Tsunade quería ser intimidante realmente lo conseguía. Estaba sentada en su enorme silla de piel negra, con la espalda totalmente apoyada y recta sobre el respaldo y los brazos descansaban sobre cada uno de los reposabrazos del mismo. Su rostro era serio y miraba fijamente a la chica que tenía en frente. ¿Tanto revuelo sólo por una chica?
Por otra parte, Mara no había establecido contacto visual con la llamada Hokage, lo que había sobre el escritorio le parecía demasiado interesante, a pesar de que sólo había unos cuantos papeles sueltos, sus ojos lo recorrían en toda su extensión y, a veces, desviaba ligeramente la mirada hacia Kakashi, quien permanecía sin inmutarse.
El silencio se extendía por la habitación, lo único que se escuchaba era el rítmico sonido del reloj de madera con cada golpe del segundero y algo de lejana algarabía en la calle.
Tras unos minutos más de escrutinio, Tsunade miró a Kakashi. Éste asintió levemente y, acto seguido, la conversación comenzó:
-¿Te gusta la mesa? –Preguntó Tsunade de manera irónica. –No has levantado la vista de ahí, debe de parecerte fascinante.
Como un resorte, la joven subió la cabeza y dio un rápido vistazo a la Hokage, para después girar la cabeza hacia Kakashi en busca de ayuda.
-A mí no me mires, tienes que hacer esto tú solita, -dijo Kakashi. Mara volvió la vista al frente. Esta vez el contacto fue continuado y pudo apreciar a la mujer que tenía delante. Era rubia, de cabello largo, de aspecto joven, ojos castaños que la miraban como si pudieran leer en su mente y una marca en forma de rombo en su frente.
-¿Cómo te llamas? –Preguntó de nuevo.
-Mara.
-¿Sólo Mara? –Dijo extrañada y pasando por alto el detalle. -¿A qué aldea perteneces?
-Sólo Mara, -respondió encogiendo los hombros. –No pertenezco a ninguna aldea.
-A ver niña, ¿quieres decir que apareciste de la nada en medio del bosque de Konoha? –Dijo incrédula.
-Ya sé que parece extraño, pero no recuerdo nada de cómo llegué aquí, se lo he dicho, -contestó mirando a Kakashi.
-¿Recuerdas al menos dónde vivías? –Tsunade seguía tratando de indagar. Kakashi ya había descubierto la técnica evasiva de la chica, estaba respondiendo igual que cuando él le formuló las mismas preguntas. Había que dejar que ella hablara cuando lo creyera oportuno. Supuso que habría que darle un margen de confianza y, simplemente, esperar.
-En los últimos años, viví en la Aldea de la Lluvia, -respondió bajando la voz.
-¡¿Qué?! –Respondieron a la vez los dos ninjas. -¡Acabas de decir que no perteneces a ninguna aldea y resulta que perteneces, nada más y nada menos, que a la de la Lluvia!
-Y es cierto, sólo vivía allí, pero no consto en ningún registro de la ciudad, ni como civil ni como kunoichi, nadie sabe que he estado allí, -respondió rápidamente.
-¿Y qué hacías allí entonces? –Preguntó Kakashi, por fin habían dado con algo de información.
-Yo… Sólo… -Dudaba en sobre qué debía responder. –Esperaba a que mi padre volviese a por mí.
Esto mejoraba cada vez más con cada frase.
-¿Quieres hacernos creer que has sobrevivido sola en esa aldea, cuyo control es férreo con los foráneos que intentan entrar? ¿Sin que nadie sepa siquiera que existes? ¿Sin trabajo? ¿Sin dinero? ¿Sólo mantenida con la promesa de un padre ausente? –Tsunade disparaba cada pregunta como si de un kunai se tratara, listo para entrar a matar.
-Tengo entendido que tiene cierta formación ninja… -Dijo Kakashi tratando de mediar entre todo ese aluvión de preguntas y suavizar el ataque de la Hokage, pero se vio interrumpido por la explosión de carácter de Mara.
-Espera, ¿qué? –Esta vez la que estaba molesta era ella, se levantó de la silla y plantó ambas manos sobre el escritorio, golpeándolo con fuerza y haciendo que los grilletes le apretaran y se le clavaran más en las muñecas. Sin esperar la reacción, ambos shinobis se quedaron estáticos mirándola, Kakashi preparado para reducirla en caso de que tratara de agredir a la Hokage. -¿Qué te hace pensar que estaba sola? ¿Qué te hace pensar que no tenía dinero? ¿Y quién te has creído que eres para poner en duda la palabra de mi padre, Senju?
¡Bingo! Tsunade había clavado su kunai en el hueso. La chica había estallado. Tenía la respiración agitada, había soltado todo aquello casi sin respirar. Las manos le sudaban, habían dejado marcas húmedas sobre la madera lacada. La mirada estaba fija en Tsunade, si las miradas matasen la Hokage tendría un serio problema en estos momentos. Un mechón de pelo resbaló sobre su rostro y cubriendo uno de sus ojos.
En su interior las carcajadas del ente la estaban haciendo enfadar seriamente.
-Cálmate, sé una buena chica, sólo quieren conocerte un poco, -dijo imitando las mismas palabras que ella le dijo al oler el chakra de Naruto.
-¿Que me calme? ¿Quién se cree que es esa Senju? –Espetó alterada con las manos apretadas en un puño.
-Vas a hacer que nos descubran a ti y a mí, -dijo el ente muy cerca de ella. –Si sigues así se activará, tu chakra arrastrará el mío y ya sabes qué pasará. Buena chica, -dijo notando como el flujo de chakra entre ellos disminuía.
Sacudió su cabeza y resopló haciendo que el mechón rebelde volviese a su posición y tomó de nuevo asiento. Kakashi la observaba atentamente, ¿otra vez un enrojecimiento? Sería la tensión del momento, se dijo.
-Esto ha sido un error, -comenzó mirando a Kakashi. –Quiero irme de aquí. Os agradezco que me hayáis sanado, pero no voy a tolerar esto.
-Eso no depende de ti, estás bajo la autoridad de la Aldea, en este caso yo, y si considero que eres una amenaza para la misma pasarás una buena temporada en una celda, hasta que se esclarezca tu situación, -amenazó Tsunade. –Y trata de dirigirte hacia mí con respeto, pues tu futuro depende de mí.
-¿Ah, sí? ¿Me consideras un enemigo? ¿Crees que soy peligrosa? –Estaba soltando su órdago. Era todo o nada. -¿Crees que si fuera alguien a quien deberíais temer una celda iba a retenerme? En el mismo instante en que hubiese recobrado la consciencia en el hospital habría arrasado con todo, no os habría dado tiempo ni a coger vuestros kunais.
-¿Y si sólo quieres eliminarme a mí? ¿Y si te ha mandado el Consejo de la Lluvia para sumir a Konoha en el caos sin gobierno hasta elegir a otro Hokage y mientras aprovechar nuestra debilidad?
-Te habría eliminado antes sólo por poner en duda la palabra de mi padre, pero no lo he hecho, -respondió con los dientes apretados y escupiendo cada palabra. –Ya te he dicho que no pertenezco a ninguna aldea, así que no me envía nadie con ninguna misión.
Tsunade se quedó mirándola, sin duda tenía agallas para decir aquello, pero no creía que estuviese mintiendo. Y, al parecer, tenía ciertos conocimientos de shinobi. Quizá debería mantenerla en la Hoja, así la tendría vigilada, pensó Tsunade. Su familia se había caracterizado por creer en segundas oportunidades, su abuelo, Hashirama Senju, le había dado una segunda oportunidad a su enemigo, Madara Uchiha, el fruto de aquello era esa aldea. Había tomado una decisión.
-Está bien, -comenzó alzando las palmas de sus manos en señal de pausa. –Te quedarás aquí, en la aldea, no podrás salir más allá de las murallas. Estarás bajo vigilancia día y noche. Vivirás con un supervisor que informará de todo lo que hagas, si observamos el más mínimo intento de algo indebido o ilícito serás encerrada. Si superas un tiempo de prueba, se te permitirá unirte a la Aldea de la Hoja formalmente si lo deseas y realizar entrenamiento ninja, así como la posibilidad de hacer los exámenes de ascenso a la categoría adecuada a tu nivel.
La declaración de la Hokage de dejó descolocada. ¿Le estaba ofreciendo asilo después de la escena de hacía unos instantes? Sin duda ésta era una aldea muy rara.
-¿Disculpe, cómo ha dicho? –Preguntó mirando a ambos shinobis con ojos como platos.
-Vivirás con Kakashi, él será tu supervisor. Dos miembros de ANBU te vigilarán desde las sombras por si Kakashi necesitara ayuda, aunque espero que sepas aprovechar esta oportunidad, -dijo echando su cuerpo hacia adelante y comenzando a escribir algo en un pliego de papel. –Volveremos a vernos cuando el período de prueba haya pasado.
-¿Y de cuánto será ese período? –Preguntó Kakashi en un estado de sorpresa, ya que nadie había consultado su opinión sobre ser supervisor. Estuvo de acuerdo cuando le asignaron al frente del grupo siete, pero eran niños que podía manejar. Esto sería una convivencia con una joven más crecida, fácilmente podría decir que tenía la misma edad que Naruto, de temperamento muy variable y de la que no sabía demasiado.
-Un mes.
-¿¡Un mes?! –Exclamaron los dos a la vez. Acto seguido, se miraron evaluándose. Aquello no iba a salir bien.
Sin darles opción a réplica, la Hokage enrolló el papel y apretó el botón de comunicación con su secretaria. Volvió a mirarles inquisitivamente. Ambos seguían pegados al asiento.
-Es todo, -indicó Tsunade haciendo un ademán con la mano para que se fueran.
Se levantaron y salieron del despacho apresurados. Cuando la puerta se cerró soltaron un suspiro de resignación. Era su primer día en la Aldea de la Hoja y ya estaba en problemas. Tendrían que lidiar el uno con el otro durante todo un mes. Sin duda eso levantaría habladurías en la aldea: el soltero de oro y capitán del ANBU viviendo, de la noche a la mañana, con una joven que podría ser su hija.
-¿Tendré que seguir llevando esto? –Dijo levantando los brazos.
-Eso depende, -respondió el shinobi. -¿Puedo confiar en ti?
-Tienes que hacerlo, voy a vivir contigo y puedo hacerte la convivencia muy fácil o muy difícil. Tú eliges, -dijo con una media sonrisa en su boca. Carraspeó un poco y continuó: -Kakashi, ¿puedes ayudarme? No puedo coger esto. ¿Kakashi, puedes ayudarme a comer? Con este trasto lo derramo todo. ¿Kakashi puedes ayudarme con la ducha? No puedo quitarme la ropa, -dijo con una sonrisa malvada en el rostro.
-De acuerdo, lo he entendido, -dijo Kakashi sacando apresuradamente una llave de su bolsillo del pantalón. Abrió ambos grilletes y Mara se frotó las muñecas recién liberadas. Estaban algo enrojecidas, pero nada que la obligase a volver a por un chequeo al hospital. –Es más de medio día, ¿tienes hambre?
No esperaba que todo fuera así, de pronto era una prisionera y a continuación era su invitada.
-Gracias, me muero de hambre, -respondió llevándose una mano al estómago. A su mente acudieron los pensamientos de su herida y del sello roto pero, rápidamente, se deshizo de esos pensamientos, por ahora todo estaba bien y la promesa de la comida era suficiente por ahora.
Sin decir más entre ellos, salieron del edificio de la Hokage en dirección a algún lugar que sólo conocía Kakashi. Pasearon por la calle sin hablar. La afluencia de gente aumentaba, debían de estar llegando a algún distrito comercial. Pronto se vieron en medio de puestos de comida ambulante, tiendas de suministros, ropas y todo lo imaginable para la vida de una aldea. Los vendedores animaban con voz en grito a los compradores a entrar en sus establecimientos informando de sus mejores géneros.
La gente seguía aumentando y pronto Kakashi y Mara se vieron hombro con hombro para no separarse. Después de recorrer un trecho el ninja se fijó en que la chica parecía distraída con algo. Observó sus manos y se sorprendió de ver que contaba con un buen montón de billetes entre ellas.
-¿De dónde has sacado eso? –Dijo con el ceño de su único ojo a la vista fruncido.
-¿Esto? Pues de alguien muy despistado como para darse cuenta de mis dedos rápidos, -dijo con fingida inocencia y ondulando los dedos de una de sus manos frente a la cara del ninja.
-¿Así te ganabas la vida en la aldea de la Lluvia? –Preguntó Kakashi molesto. -¿Te acabo de quitar los grilletes y esto es lo mejor que se te ocurre que puedes hacer?
-Tranquilo, sólo lo voy a coger para comer, -dijo apenada, realmente el ninja parecía enfadado con ella.
-Debería informar a Tsunade de esto, -amenazó. –Quizá una temporada encerrada no te venga del todo mal, al fin y al cabo.
-¡No! Eh, toma, puedes quedártelo como pago de mi manutención, -ofreció a modo de disculpa. Kakashi cogió los billetes y comenzó a contarlos. –Doscientos. Y no me dedicaba a robar, al menos, no a tiempo completo.
El shinobi esperaba que añadiese algo más a su explicación, pero no quería presionarla, esperaba que con el estómago lleno se le soltara algo más la lengua. Habían llegado al nuevo local Ichiraku. Un restaurante de ramen que habían ampliado recientemente y donde ahora había mesas para los clientes.
Entraron, dentro estaba todo bien iluminado con mesas distribuidas a buena distancia unas de otras para permitir el paso de personas y camareros y para preservar cierta intimidad en las conversaciones. Al fondo se encontraba una barra donde los camareros recogían las comandas para servirlas y, detrás de ésta, se podía ver a los cocineros afanados en su cometido. El sitio tenía buen aspecto, pero aún mejor lucían y olían los platos que poblaban las mesas aquí y allá.
El estómago de Mara rugió como protesta, tenía los ojos cerrados y olisqueaba el ambiente a la par que se le hacía la boca agua. Olía todo tan bien que tuvo que relamerse los labios un par de veces. Un coro de voces riendo la sacó de su deleite. Había una hilera de mesas juntas y en torno a ella se agrupaban un montón de jóvenes que parecía celebraban algo por el alboroto que provocaban.
-¡Eh, Kakashi sensei! –gritó Naruto desde la mesa. -¡Ven, te hemos guardado sitio!
Todos en la mesa guardaron silencio y miraron en la dirección en la que lo hacía el rubio. Todas las miradas estaban clavadas en la chica que iba con él.
-¿Eh, Kakashi sensei, no nos presentas a tu novia? –Dijo Naruto con sorna provocando la vergüenza en ambos, iba a ser un mes muy largo, definitivamente.
-Qué calladito te lo tenías, -dijo un chico con dos líneas anchas, rojas y verticales cruzándole cada mejilla, seguido de un ladrido siguiéndole el juego.
Kakashi se acercó a la mesa y Mara se quedó de pie en el mismo lugar sin atreverse a ir. Al sentir que no le seguía se volvió hacia ella y le hizo un gesto para que se acercara. Mara tragó fuerte, aunque la boca la notaba seca ahora. Cuando se acercó a la mesa vio algunas caras conocidas, el chico rubio de esa mañana, Naruto, la chica de pelo rosa del hospital, Sakura y el muchacho que salió del despacho de la Hokage esta mañana, Kazekage. Los demás eran completos desconocidos.
-Hola, chicos, parece que os lo estáis pasando bien, os estáis dando todo un festín, -observó Kakashi la gran cantidad de platos vacíos y llenos que poblaban la mesa. –Os presento a Mara. A partir de hoy soy su supervisor, me veréis mucho con ella.
-¿Supervisor? ¿Qué tienes que supervisar, Kakashi sensei? –Dijo Naruto sin terminar de comprender. Mara se puso tensa y miró de reojo a Kakashi, qué explicación les iba a dar.
-Supervisaré sus avances en el entrenamiento ninja, -dijo sin pensar. Esta vez la confusión se reflejó en el rostro de ella. Quien giró la cabeza hacia él con la duda pintada en el rostro.
-¿Qué te hace pensar que voy a unirme a la aldea y hacer el examen? ¡Ni siquiera he pasado el primer día de prueba! –Susurró situándose de espaldas a la mesa para que nadie más la oyese.
Kakashi la tomó de los hombros haciendo que se girara para encarar de nuevo a los comensales de la mesa.
-Dijiste que tenía que confiar en ti y eso hago, -respondió Kakashi de la misma manera. –Voy a presentártelos. Él es Naruto, nos lo cruzamos esta mañana, Sakura, a quien ya conoces, Shikamaru de clan Nara, Temari, Kankuro y Gaara, del clan Sabaku, son hermanos de la aldea de la Arena, están de visita.
-¿Gaara? Esta mañana le has llamado de otra manera, -preguntó Mara sin apartar la vista del susodicho.
-Gaara es el Kazekage de la aldea, es como Tsunade, está al mando, -respondió Kakashi y observó la reacción.
-Esta mañana, -comenzó la chica dirigiéndose al muchacho. –Nos hemos visto al salir del despacho de Tsunade, ¿nos conocemos de algo? Me resultas familiar.
Todos se volvieron ahora hacia el pelirrojo a la espera de una respuesta.
-Vaya, Gaara, eres toda una caja de sorpresas, no sabíamos que conocías a chicas tan guapas, -dijo el de las marcas en las mejillas y todos rieron por lo bajo, no querían perderse ni una palabra de la respuesta.
-Lo cierto, es que tú a mí también, pero no recuerdo dónde nos hemos visto, -respondió Gaara con tranquilidad y cruzando los brazos sobre el pecho. Mara asintió, los dos tenían la misma sensación. Tras el silencio de ambos Kakashi continuó con las presentaciones.
-Ellos son Hinata y Neji, son del clan Hyuuga, él es Shino, del clan Aburame, éste es Choji del clan Akimichi.
El último dejó de comer unos instantes y la miró con curiosidad.
-Bonita camiseta, -dijo con la boca llena refiriéndose al símbolo de su clan que se podía apreciar levemente en el frontal. –Pero la tienes del revés, ¿sabes? –Tras las breves palabras continuó comiendo y ella rodó los ojos.
-Por último, ella es Ino, del clan Yamanaka y él… -Kakashi no pudo terminar, Mara le interrumpió.
-Déjame adivinar, también es de algún clan, ¿a que sí? –Dijo molesta. –Ya basta, sé por dónde vas y lo que estás intentando. Vámonos, tengo hambre.
Sin nada más que añadir se dirigió hacia la salida del establecimiento. El chico que quedaba por presentar se levantó de la mesa y gritó para que le oyera desde donde se encontraba ya.
-¡Me llamo Kiba Inuzuka!
Sin volverse levantó el brazo y mostró el dedo corazón en alto. Siguió andando hasta la calle, no le importaba si Kakashi reportaba su comportamiento. Miró a ambos lados de la calle y vio una pequeña plaza con algunos bancos de piedra, se encaminó hacia ellos. Antes de que pudiera sentarse dos miembros del ANBU le salieron al paso provocándole un respingo de sorpresa.
-Genial, -dijo con cansancio. –Largaos. No he hecho nada. Y no estoy de humor.
-Sabes que no puedes ir sola, ¿dónde está Kakashi? –Preguntó uno de los enmascarados.
Como si hubiese salido de la nada, el nombrado se presentó tras ella cargando unas bolsas que desprendía un olor delicioso a comida recién hecha.
-Tranquilos, le he dicho que me esperara aquí, no intentaba escapar, -explicó. Mara le miró con sorpresa. Sin más los dos ANBU se marcharon sin hacer más preguntas. –He comprado cuatro tipos de ramen, no sabía cuál te gusta. Mi casa está cerca de aquí, ¿puedes esperar a llegar o prefieres comer aquí?
Justo ahí, ese banco de piedra, era el lugar donde sus dos compañeros de equipo le esperaban cada día para ir juntos a darle el encuentro a su sensei. Casi podía recordar con todo detalle la visión de Obito, cuando lograba llegar a tiempo, y Rin, juntos en ese banco, sonriéndole.
-Puedo esperar, si no está muy lejos, -respondió sopesando las posibilidades.
Caminaron unos metros, conforme se alejaban de la zona la concentración de gente disminuía, pronto la tranquilidad se hizo presente. Era un barrio tranquilo, supuso que la mayoría de los que residían ahí eran shinobis de rango alto, las casas estaban cerca de la torre del Hokage y tenían salida directa de la aldea por una de las calles principales, en caso de tener que salir de misión rápidamente. Kakashi se paró frente a una de las puertas, junto a ésta ponía el número siete. Le dio las bolsas a ella para que las sujetara y, a continuación, hizo unos sellos con sus manos y la puerta se abrió.
-Un jutsu de sellado, -comentó él sonriendo bajo la máscara. –Es eficaz si no quieres ir cargando con llaves. Entra.
-Los jutsus de sellado tienen mucha utilidad, -dijo Mara encogiéndose de hombros y pensando en su propio sello.
Mara entró y la puerta se cerró detrás de ella, ya no había vuelta atrás. Cruzó un pequeño y simple jardín y subió unos cuantos escalones que daban a la entrada principal. De nuevo se abrió al desbloquear el jutsu. Volvieron a traspasar la puerta y ésta se cerró con un golpe seco.
La estancia era sencilla, un sofá, una mesa, varías sillas, un par de estanterías llenas de libros, al fondo de veía lo que parecía una cocina y a la derecha un pasillo que supuso que daba a las habitaciones.
Se dirigió hacia la mesa y depositó las bolsas sobre ella, comenzó a sacar los paquetes de comida aún calientes y humeantes. Kakashi se había dirigido a la cocina y traía palillos y dos vasos con bebida.
-Hay uno de cerdo, de pollo, de ternera y de marisco, -le dijo Kakashi al verla observar cada envase y señalándoselos uno por uno mientras identificaba los contenidos. –Puedes elegir los que prefieras.
Ella dudó y finalmente se decidió por el de pollo y el de marisco. Abrió a la vez los envases y aspiró con fuerza, el olor la extasió, después de varios días inconsciente en el hospital era el primer contacto con la comida sólida que tenía. Definitivamente, eso olía muy bien y esperaba que supiera mejor aún. Incluso el ente disfrutaba del olor. Podía oírle salivar, podía oír su lengua relamiéndose. Ambos se sentaron uno frente a otro en la mesa. No hablaban. Y Mara miraba de soslayo a Kakashi, quien, en cuanto hacía contacto visual con ella, provocaba que ésta desviara la mirada de nuevo hacia su plato. El ninja decidió que tendría que ser él quien rompiese el hielo.
-¿Te gusta? –Empezaría por un pregunta fácil y simple.
-Sí, gracias, por la comida y por aceptar ser mi supervisor, -respondió atropelladamente. De nuevo se hizo el silencio. Una pregunta se atragantaba en el pensamiento de Mara, en realidad, tenía casi tantas preguntas como Kakashi. Se decidió por una y esperó que el ninja quisiera contestarla. –Lo que vi en el bosque…
Kakashi levantó la vista de la comida y la miró con curiosidad. Su intuición no le había fallado. Sólo había que dejar que ella decidiera compartir algo con ellos, el método de Tsunade era erróneo, el presionarla sólo había hecho que se cerrara más sobre sí misma.
-¿Tienes un…? –Paró tratando de que él interpretara lo que quería decir, pero al no haber respuesta continuó. –Tu ojo oculto, ¿es un sharingan de verdad?
-Vaya, así que, sabes lo que es un sharingan, -Kakashi decidió responder a su curiosidad. –Sí, es un sharingan.
-¿Puedo verlo?
-Debes de ser la única persona que quiere ver, voluntariamente, un sharingan, -dijo Kakashi. –Hagamos una cosa: yo he respondido a tu pregunta, responde tú a una mía. Si quieres, luego, puedo mostrártelo, a cambio por supuesto de que tú respondas a otra pregunta. Así los dos satisfaremos nuestras curiosidades, ¿qué te parece?
La propuesta sonaba arriesgada, pero tenía que ver de nuevo ese sharingan. Mara asintió de acuerdo y se encogió de hombros.
-¿Cómo sobrevivías en la aldea de la Lluvia? –Empezaría por lo menos personal. No se inmutó cuando lanzó la pregunta. Podía ver sus ojos fijos en él estudiándolo. Suspiró y comenzó a hablar:
-Antes que nada, no sé si sabes que la aldea de la Lluvia, tras la desaparición de Hanzō, se rige por el miedo a un grupo, una organización que se hizo con el poder, desde las sombras, nadie sabe cómo llegaron ahí, pero ahí están. Y, a pesar de lo que pueda parecer, la gente se siente segura con ellos, -hizo una pausa y miró a Kakashi, éste asintió, todo eso le era familiar, había sufrido el ataque de ese grupo llamado Akatsuki y, de hecho, miembros de la Hoja se habían enfrentado a ellos en varias ocasiones, llegando, incluso, a derrotar a alguno de ellos. –Debido a esa falta de gobierno visible, hay cierta impunidad para hacer ciertas cosas, -comenzó otra vez a hablar con evasivas, aunque estaba tratando de ser lo más clara posible cosa que Kakashi agradecía en cierto sentido. –Yo hacía algunos recados, podríamos decir, gente importante requería de ciertos servicios especiales, sólo me decían lo que querían, yo hacía el trabajo, me pagaban una buena suma y, por lo general, no volvía a verles.
-Estás jugando con fuego, niña, -dijo el ente en su cabeza. –Vas a terminar por quemarte y, créeme, que eso no le va a gustar al vejestorio.
Kakashi tardó unos segundos más en tratar de atar cabos. Clientes. Anónimos. Trabajos especiales. Y sumas de dinero elevadas. La idea que cruzó por su mente le hizo abrir desmesuradamente el ojo a la vista.
-¡¿Eras prostituta?! –Exclamó fuera de sí dejando a la chica sorprendida por el grito.
-¿Qué? ¡No! ¡Claro que no! ¿Cómo has llegado a pensar eso? Estás enfermo, -dijo mirando hacia otro lado con la cara encendida.
-¿Entonces a qué te dedicabas? –Insistió.
-No, no, no, te toca a ti mostrarme el sharingan y, además, has hecho otra pregunta, así que vuelvo a preguntar de nuevo, -dijo mirándolo de nuevo y mostrando con suficiencia una media sonrisa de lado. –Lo prometido es deuda.
Tenía razón, suspiró resignado. Levantó la tela que le cubría el ojo y dejó a la vista una cicatriz que le cruzaba vertical desde la frente hasta la mejilla y por encima del ojo. Permanecía con el ojo cerrado, la veía alternar su mirada entre su ojo abierto y el cerrado a la espera que se lo mostrara. Ahí iba. Lo abrió y mostró su ojo, el ojo de Obito, rojo con tres aspas negras de su Mangekyo en todo su esplendor. La primera reacción fue de asombro. Se quedó clavada en el asiento con los ojos fijos en él. Luego tragó y entreabrió un poco la boca para tratar de decir algo, pero optó por callar. Finalmente, se armó de valor, y decidió incorporarse para tratar de verlo más de cerca. Rodeó la mesa por un extremo y se acercó al shinobi. Kakashi permanecía estático mirando su aproximación. Cuando estuvo a su lado se inclinó hacia él, tan cerca que casi sus narices estaban a un palmo escaso, tan cerca que se podía ver a ella misma reflejada en el brillo de ese ojo rojo.
-Las aspas, están alargadas, no es un sharingan normal, es un caleidoscópico, -dijo con simpleza, Kakashi asintió algo sorprendido por el conocimiento demostrado, sin duda había recibido formación ninja. Tenía que encarar la siguiente pregunta, era su turno de nuevo. –Creía que sólo… El clan Uchiha tenía el shringan, tú no eres un Uchiha, ¿cómo lo conseguiste?
La idea que se formaba en su mente sobre la manera de conseguirlo no le gustaba. Suponía que habría matado a algún Uchiha y se habría apropiado de su ojo, algo muy rastrero para un shinobi de alto rango. Tal vez, sólo uno porque el otro quedó dañado en la lucha.
Kakashi sopesaba por su parte si debía responder a eso o no, era algo muy íntimo que no iba contando a cualquiera, así como así. Por otra parte, ya no le dolía la manera en qué lo consiguió, gracias a Obito se había convertido en un mejor ninja y estaba orgulloso del último regalo que le dedicó su amigo. Decidió responder la pregunta.
-Cuando era un crío, formaba parte del grupo asignado a Minato Namikaze, el que fuera luego el Cuarto Hokage, uno de mis compañeros, y mi mejor amigo, era Obito Uchiha, -dijo sin apartar la mirada de ella, quería hacerle entender que lo que le estaba contando era algo muy importante para él. –Durante una misión para rescatar a Rin, nuestra otra compañera de equipo, hubo un derrumbe y él quedó atrapado bajo las piedras, sabía que no iba a… -paró su relato para expulsar una bocanada de aire y continuó:
-Le pidió a Rin que me trasplantase su sharingan para que así yo tuviera algo que me recordase a él, -finalizó.
Mara, asentía levemente como entendimiento. Sin duda era una historia triste. Los Uchiha no habían sido un clan con mucha suerte a su parecer. Sus miembros siempre terminaban sufriendo de una manera u otra. A su forma de ver, se merecían ser felices alguna vez. Al ver que Kakashi no iba a añadir nada más volvió el interés sobre su comida cada vez más fría.
Era el turno de preguntar del shinobi. Cuando iba a comenzar a formular la pregunta un pequeño halcón hizo aparición en el alféizar de la ventana. Con el sharingan aún visible, Kakashi se levantó rápidamente y se dirigió hacia el animal haciendo que la chica diera un salto en la silla. El animal acostumbrado al trato con humanos se dejó hacer. El shinobi desenrolló el pequeño rollo con el mensaje, inmediatamente el ave salió volando de nuevo por donde había venido. Sólo tardó unos segundos en leerlo y lo único que dijo fue un simple, "¡vamos!".
-¿Ir? ¿A dónde? –Protestó. –No he terminado, sigo con hambre.
-Deja de quejarte, sígueme, espero que puedas mantener el ritmo, -dijo Kakashi saliendo por la ventana por donde mismo había venido el halcón.
Mara se quedó estupefacta en la silla, ¿de verdad acababa de salir por la ventana? ¿Y los ANBU? Ellos podrían hacer guardia. Unos segundos más tarde Kakashi volvió a asomarse con cara de pocos amigos y repitió la orden. Esta vez Mara se había acercado a la ventana dispuesta a resistirse.
-Yo me quedo, que los ANBU hagan el trabajo de vigilarme.
-Aún no hay nadie asignado oficialmente a tu vigilancia, -respondió rápido y cortante. Plan be, pensó ella.
-Estoy herida, -contrarrestó llevándose una mano a los vendajes bajo su ropa.
-He visto shinobis recorrer mayores distancias en un estado mucho peor que el tuyo, andando, -ordenó inflexible. Y añadió: -Si no quieres tener problemas con la Hokage, más te vale venir.
