Muy buenas, aquí os dejo otro capítulo, poco a poco se va liando jejejeje. Espero que os esté gustando ^^. Los personajes no me pertenecen.
Capítulo 11
La tarde era una tarde normal de un día concurrido en actividad en el centro de Konoha. La gente aprovechaba el buen tiempo aún no demasiado caluroso para dar paseos y comer algo fuera mientras las conversaciones animadas fluían por aquí y por allá.
Al principio, sólo era un rumor, poco a poco el rumor fue congregando a más y más gente que se afanaba por cruzar frente al escaparate de una pequeña cafetería situada junto al restaurante de Ichiraku para ver si era cierto.
Y lo era.
El famoso shinobi, Kakashi Hatake, estaba sentado en la misma mesa, junto a la misma chica con la que se le había visto entrar poco tiempo antes en su misma casa y recorriendo las calles de la aldea. Desde fuera, los habitantes de Konoha veían sólo la escena sin poder escuchar lo que estaban hablando. Por los gestos que ella hacía debía ser una gran historia, porque gesticulaba con las manos para ilustrar lo que le estaba contando con el rostro iluminado y, ahí estaba, la visión de un sonrisa plena y sincera, no esa media sonrisa de autosuficiencia que había visto con anterioridad, una de verdad, de esas en las que se elevan ambos extremos de la boca y se muestra la primera fila de dientes. Incluso, Kakashi pudo intuir el inicio de una risa pero que no llegaba a salir. Por su parte, el ninja asentía y, en ocasiones, interrumpía para pedir que le explicara mejor algo, a lo que ella accedía y volvía a empezar a narrar.
Un grupo de amigos se había reunido fuera del establecimiento y observaban como los demás lo que ocurría, pero con una insistencia descarada y sin apartar la vista.
El que encabezaba el grupo era Naruto, junto a él estaban Sakura, que había ido allí con Hinata, Kiba, con su inseparable perro, Akamaru, y Shino, éste último sólo pasaba por allí y se detuvo junto a ellos por mera curiosidad por lo que les llamaba tanto la atención.
-Me pregunto de qué estarán hablando tan animados, -dijo el rubio.
-Sí, no veía a Kakashi hablar tanto desde… -Empezó Sakura, pero nunca había visto a su antiguo sensei hablar durante tanto tiempo con una misma persona y de manera tan distendida.
-Eh, Shino, ¿por qué no usas tus insectos para oír lo que están diciendo? –Propuso Kiba, realmente estaba interesado en presentarse formalmente a esa chica, pues era el único que no lo había hecho.
-Es una conversación privada, quizá oigamos algo que no deberíamos, -dijo Shino poco convencido para usar sus habilidades para el espionaje.
-Vamos, Shino, eres el único que puede hacerlo, -insistió Kiba. –Vamos, quizá descubramos que es de verdad la novia de Kakashi, ¿os lo imagináis?
No necesitaban imaginárselo, todos lo pensaban, cada uno a su manera. Kakashi salía mucho en misiones, ¿y si la había conocido en una y ahora ella estaba allí para formalizar su relación? Ante ese pensamiento, tanto Sakura como Hinata fantasearon imaginándose a ellas mismas siendo pretendidas y mostrando su relación en público con sus amores platónicos de la misma manera que lo estaban presenciando.
Sakura se imaginaba con el desaparecido Sasuke, sentada donde ellos mismos estaban, escuchando fascinada el relato de los viajes en busca de sí mismo de su compañero. Hinata por su parte, pensaba que ella escucharía todo lo que Naruto quisiera contarle, de sí mismo, sus misiones, su entrenamiento o, simplemente, sólo contemplarle en silencio. Con sólo ese pensamiento, Hinata casi se desvaneció si no hubiese sido porque Sakura la sujetó del brazo.
-Está bien, -dijo Shino. –Pero sólo por esta vez, no quiero que me acusen de fisgón.
De uno de sus dedos salió volando una diminuta mosca en dirección al establecimiento. El pequeño insecto revoloteó alrededor de la mesa donde se encontraban sentados captando la atención de Mara, quien dejó de hablar para centrarse en el bicho. Kakashi se fijó en sus ojos que seguían la trayectoria perfecta de la mosca sin perderla en ningún momento. En un instante, estaba lista para cazar al bicho, pero uno de los empleados se acercó a ellos para preguntarles por lo que deseaban tomar. Antes de que Mara pudiese responder al camarero Kakashi se adelantó.
-Para ella café doble, negro, sin azúcar y muy caliente, para mí lo de siempre, -indicó y se dirigió a ella de nuevo, -¿Te gustaría comer algo?
-Una de esas galletas de jengibre, -dijo ignorando las deliciosas tartas que había expuestas en vitrinas. Sin más el camarero se apartó de la mesa y continuaron conversando.
Fuera, Shino tenía a sus amigos alrededor mientras narraba lo que el insecto, posado en un servilletero de la mesa, iba captando.
-¿Habéis oído? Sabe lo que le gusta tomar, -dijo Sakura emocionada, Sasuke ni siquiera sabía cuál era su bebida favorita.
-Silencio, -dijo Kiba seguido de un ladrido de Akamaru en señal de protesta. –Continua, Shino.
A los pocos minutos, volvió el camarero con el pedido. Situó delante de ella una pequeña taza de café negro y humeante, junto a un pequeño plato sobre el que descansaba la galleta con forma de hombrecito. Frente a Kakashi puso una enorme copa de batido helado de chocolate coronada de nata montada. Era tan grande que Mara no podía ver el rostro del shinobi ya que lo tapaba de su visión la copa.
-Tu premio es más grande que el mío, y se supone que soy yo la que ha hecho el trabajo sucio, -dijo la chica al ver la enorme copa de helado.
-Bueno, supervisarte también es un trabajo duro, me lo merezco, -respondió satisfecho.
-Oye, ¿te has fijado que ahí fuera están esos que estaban en el restaurante y no paran de mirarnos? –Dijo dándole el primer mordisco a la galleta.
-Tranquila, seguramente estén esperando a algunos más, -dijo Kakashi restándole importancia. –Adelante, sigue explicándome lo de antes.
-Ah, bien, pues, ¿por dónde iba? –Dudó ignorando los pares de ojos que no dejaban de mirarles y mordiendo de nuevo la galleta. -¡Ah! Lo del bucle infinito.
-Sí, curioso nombre, -añadió Kakashi.
-¿Has oído hablar de esto? –Preguntó intrigada. A lo que el shinobi negó con la cabeza. -En realidad tiene otro nombre más técnico, pero bucle infinito lo define bastante bien, -comenzó. –Es una manera de tener a quien quiere entrar en los archivos distraído de lo importante, que son los datos, ¿comprendes? Lo que hago es crear una ilusión, es decir, son pequeñas trampas que le permito que vaya desactivando y que pase a la siguiente, de manera que tiene sensación de avance, de que está un poco más cerca de la información que quiere conseguir. Cuando desactiva la segunda hay una tercera y, ésta a su vez, hace un desbloqueo pero que te redirige a la primera. De manera, que para cuando se quiere dar cuenta, el sistema ha podido rastrearlo, bloquearlo y comenzar un chequeo de diagnóstico y reactivación.
-Es algo parecido a un genjutsu, una técnica ilusoria, haces creer al enemigo que está consiguiendo su objetivo pero, en realidad, está a tu merced para descubrirle, -dijo Kakashi trasladando el ejemplo a sus conocimientos ninjas. Ella asintió. –Me pregunto si eres tan buena como ninja.
-Eh, bueno, no me ha ido mal hasta ahora, -respondió evasiva. Apretó los labios, eso no escapó al shinobi, no le gustaba por donde estaba yendo el tema. –Además, no te hagas ilusiones, te repito que no he pasado el período de prueba que me ha impuesto esa Senju y aún no tengo claro si quiero pertenecer a la aldea.
-Me gustaría que lo consideraras, Mara, -dijo ahora serio. –Creo que puedes venirle muy bien a Konoha y a su gente. Lo de hace un rato ha sido impresionante, incluso has dejado sin habla a Tsunade, cosa bastante difícil, por no hablar de Inoichi.
-Ya, pero…
-Al menos piénsalo durante estos días, -sugirió mirándola fijamente. Ella desvió la mirada hacia fuera donde se encontraba el grupo reunido quienes, al ver que les miraba, disimularon poniéndose a hablar entre ellos. Kakashi hizo un gesto al camarero indicando que trajese la cuenta. Se dispuso a pagar y ella sacó unas monedas sueltas que le quedaban de lo sustraído por la mañana. –Guarda eso, no quiero que vuelvas a hacerlo, ¿entiendes? Mañana irás a la policía y entregarás esto, -dijo poniendo sobre la mesa el fajo de billetes que le había quitado. –Dirás que lo has encontrado y que quieres que se le devuelva al su legítimo dueño, probablemente haya puesto una denuncia por robo.
-Entendido, -dijo bajando la cabeza. No estaba orgullosa de lo que había hecho, pero ya no importaba, con la tarjeta del pobre shinobi de comunicaciones tampoco tendría que volver a preocuparse por el dinero. Podía renunciar a esa pequeña cantidad.
-Volvamos a casa, ha sido un día largo, -dijo Kakashi levantándose de la mesa. –Supongo que querrás ducharte y descansar, ya has forzado tu herida bastante por hoy.
-La herida está bien, sanará pronto por completo, -dijo mientras pasaban junto al grupo de amigos. Miró a todos y cada uno de ellos y se detuvo en Akamaru, que había empezado a olfatearla para memorizar el nuevo olor que circulaba por la aldea. –Hola, bonito, ¿cómo te llamas? –Dijo animadamente y agachándose para acariciarlo.
Esta era la oportunidad que Kiba había estado esperando. Se humedeció los labios, se pasó una mano por el pelo y se acercó a ella.
-Se llama Akamaru, es mi compañero, -dijo llamando su atención. –Y yo soy Kiba…
-Del clan Inuzuka, te oí la primera vez, -dijo Mara de manera cordial volviéndose hacia él y mostrando una fugaz sonrisa. –Ya nos veremos, Kiba del clan Inuzuka.
Se levantó y dio un par de zancadas hasta donde esperaba su supervisor quien se había alejado unos metros. Por último, se volvió y saludó a todos con la mano a modo de despedida. Cuando se hubieron alejado lo suficiente comenzaron a intercambiar impresiones.
-¿Habéis notado cómo ha pronunciado mi nombre? –Dijo emocionado. –Lo ha dicho como si…
-Kiba, ¿intentas levantarle la novia a Kakashi sensei? –Preguntó Naruto dando leves codazos a su amigo con una sonrisa socarrona.
-¿Y si es así, qué? Kakashi es un viejo en comparación con ella, seríamos la pareja perfecta, ¡y además le gustan los perros! ¡Y se acordaba de mi nombre! –Dijo todavía emocionado y seguido por un ladrido entusiasta de Akamaru.
-En tus sueños, Kiba, -intervino Sakura. –Se les ve muy enamorados. Con algo de suerte, en un par de días visitará el hospital para retirarle los puntos de la herida, así que trataré de averiguar algo.
-Creo que estamos malinterpretando todo esto, -dijo Hinata. –Seguro que hay una explicación para su comportamiento. Shino ha dicho que dijo algo de ser su supervisor. Y en Ichiraku también comentó lo mismo.
-Cierto, no saquemos conclusiones tan pronto, -convino el mencionado.
-Mejor aún, si no están juntos, pienso ganarme su corazón, -dijo Kiba, tras lo cual todos se rieron incrédulos de que tuviera si quiera una oportunidad con ella.
Por su parte, supervisor y supervisada llegaron de nuevo a la casa del primero. Estaban parados frente a la entrada de la calle. Kakashi quería poner a prueba de alguna manera sus habilidades de shinobi.
-¿Por qué no pruebas a deshacer mi jutsu de sellado? –Ofreció. –Me has visto hacerlo, a ver qué tal se te da.
Ella resopló, recordó los sellos que él había hecho esa misma mañana. Juntó sus manos, cerró los ojos y respiró hondo. Presentía que eso no iba a ser tan fácil, tenía que medir muy bien la cantidad de chakra para no agitar demasiado el del ente y que éste se descontrolara al tener el sello roto.
-¿Quieres algo de chakra? –Intervino con sorna.
-No, puedo hacer esto sin tu ayuda, -dijo tratando de concentrarse. –Es fácil. Sólo tengo que imitar los sellos.
-Deja que me divierta un poco, -ronroneó detrás de ella. –Tú has tenido diversión, te he sentido animada y alegre con este shinobi, parece que ya te has olvidado del otro estúpido.
-Calla, no le menciones, -la ira empezaba a recorrerla con el simple recuerdo que le había traído a la memoria. Una risa mal disimulada salía de las fauces del ente.
-Se buena, no deben descubrirnos, -recordó imitando de nuevo sus palabras. Algo peludo la acarició de arriba debajo de su espalda causándole cierto estremecimiento. –Sólo quería reírme un poco de ti, niña. Trataré de no alterar mi chakra, te recomiendo que hagas lo mismo.
Poco a poco se fue calmando. La ira desapareció tan rápido como vino. Visualizó los sellos y los imitó, sin más la puerta se abrió. Repitió el proceso con la de la casa y entraron.
-Muy bien, nada mal para haberlo visto sólo un par de veces, -halagó Kakashi. –Cuando Naruto era mi discípulo, le costó varios días deshacer los sellos de una caja que contenía toda su ropa. Estuvo tres días andando medio desnudo por la aldea.
-No sé si eso dice mucho de ti como sensei, -respondió Mara sonriendo levemente. –Quizá no debas entrenarme tú, si decido quedarme en la aldea, -añadió.
Esta vez fue a Kakashi a quien le tocó sonreír. Puede que de verdad esa chica estuviese contemplando la idea de quedarse en la aldea.
-Ven, te enseñaré donde vas a dormir.
-Tranquilo, puedo dormir en el sofá, -respondió Mara. –He dormido en sitios peores, sobreviviré aquí un par de semanas.
-Nada de dormir ahí, un ninja necesita un buen descanso si quiere realizar bien su cometido, -dijo Kakashi dirigiéndola a una de las habitaciones. Era un cuarto simple, una cama que parecía llamarla, una ventana que le daba buena iluminación con un pequeño balcón fuera, un armario y una estantería con más libros de temática erótica como los que había en el salón. -¿Qué te parece? Será tu habitación durante todo el tiempo que necesites.
-No voy a vivir contigo después de pasar el período de prueba, -respondió.
-Hasta entonces, sí lo harás. El baño está al fondo puedes usar ese, yo tengo otro en mi habitación, -indicó Kakashi. Se fue y la dejo inspeccionando lo poco que había en el cuarto.
Abrió el armario, sólo encontró unas cuantas camisetas de entrenamiento negras. Varios pantalones también negros y abajo en el fondo dos cajas de cartón idénticas. Sabía que no debía mirar su contenido, pero algo en esas cajas le decía que mirara. Se agachó para tratar de abrirlas, pero oyó los pasos del ninja dirigiéndose hacia ella. Tendría que alimentar su curiosidad hasta que se asegurara de que estaba sola. Cerró las puertas del armario y encaró la puerta de la estancia donde estaba él.
-Ten, son unas toallas, sábanas y Tsunade ha enviado algo de ropa, -dijo poniendo en sus manos una caja con todo lo mencionado.
-Gracias, -volvió a decir muy bajito. Kakashi asintió y la dejó sola cerrando la puerta para darle privacidad.
Cuando dejó de oír los pasos, se sentó en el borde de la cama y comenzó a ordenar sus ideas. Aún era pronto para decidir quedarse en esa aldea. Sentía que le estaba dando la espalda a lo que tenía en la Aldea de la Lluvia, aunque cada vez era menos. Por otra parte, debía quedarse, su padre dijo que vendría a por ella cuando llegara el momento. Era una aldea apacible, con buenas gentes, incluso los del Ichiraku. Puede que no encajara, siempre podría irse, desaparecer y comenzar en cualquier otra aldea siendo nadie, se le daba bien. Estaba Kakashi, se sentía en deuda con él por todo lo que había hecho por ella en un solo día y por traerla al hospital desde el bosque. Estaba Tsunade, una Senju a la que aún no había conseguido ganarse. Pensamientos contradictorios seguían llegando a su cabeza. Una ducha aclararía su mente y un buen sueño despejaría las dudas, aunque aún quedaban catorce días por delante, contando con que la Hokage aceptase que había superado el período de prueba.
Sacó la cabeza por la puerta, no se escuchaba nada. Cogió una de las toallas y algo de ropa limpia y se encaminó hacia el baño. Entró y cerró la puerta con seguro. Había frente a ella un espejo. A pesar de la estancia de tres días inconsciente en el hospital no estaba muy desmejorada. Retiró la odiosa camiseta con el símbolo del clan Akimichi, se sentía sucia por haberla llevado durante todo el día. Miró el vendaje del abdomen, casi deshecho. Lo retiró y observó la herida frente al espejo. Estaba casi cerrada por completo, en uno o dos días iría al hospital a que le retiraran la sutura. Con suerte, la cicatriz que quedara sería poco visible, nada más allá que una fina línea blanquecina.
Los recuerdos de lo sucedido vinieron como un aluvión a su cabeza. El kunai. La máscara. Su grito. Su padre. El forcejeo. La sangre. Se sentó sobre el inodoro hasta que su respiración se normalizó. Se quitó los zapatos y el resto de la ropa y empezó a dejar correr el agua. Comprobó con la mano la temperatura y entró. Dejó que el agua cayera libremente mojando su pelo y pegando éste a lo largo de toda su espalda. Se sentía relajada con cada reguero de agua que recorría su piel. Apoyó las manos contra la pared y agachó la cabeza y dejó que el pelo le cayera a cada lado de su rostro conformando una cascada negra en contraste con el blanco de la pared. Abrió los ojos y miró al suelo. Estaba de pie sobre el agua como cuando estaba en su interior con el ente. Se concentró en el sumidero, por donde el agua escapaba formando un pequeño remolino. Todo se oscureció y ahí estaba, desnuda esta vez frente al ente. Mostrándose tal cual era. Por una vez, no lo sentía a su espalda sino frente a ella, aunque sin verlo.
Oyó cómo algo se arrastraba hacia ella, miró a la negrura hasta donde le dejaba ver el escaso círculo iluminado. Algo se acercaba a la luz. Al principio, no distinguía el bulto que se movía hasta que la luz incidió sobre él. Comenzó a ver una uña curva, larga y afilada que se enterraba en lo que parecía ser una zarpa cubierta de pelo negro rutilante. Junto a ésta, aparecieron tres más. Era una zarpa, sin duda, capaz de destrozar cualquier cosa y a cualquiera con un mínimo movimiento. A varios metros hacia la derecha, se mostró otra idéntica y, entre ambas, pudo vislumbrar lo que parecía ser un hocico que venía hacia ella olisqueando el aire. No quería ver más, no se sentía capaz de ver más. Ese ente debía esperar algo más de tiempo a que ella estuviese preparada para verle por completo.
Volvió en sí con los ojos abiertos, aún estaba bajo el grifo. Cerró la llave con premura y salió envuelta en la toalla. Se secó sin frotar sobre la herida y se vistió con la ropa que le había enviado Tsunade. Era cómoda y le gustaba, el blanco no le sentaba tan mal, se dijo. Se miró al espejo antes de salir y se quedó sin palabras. La imagen reflejada era la de ella misma con una camiseta con el símbolo de los Senju, enorme y negro en contraste con el blanco del tejido, sobre el pecho. Se horrorizó y se la quitó rápidamente, agradecía estar sola, no sabría cómo explicar eso. Salió en busca del resto del paquete con la ropa. Todas las prendas superiores tenían el símbolo del clan Senju.
Cogió la caja donde se encontraban guardadas todas y salió al pequeño balcón. La lanzó con todas sus fuerzas al aire y realizó un katon, una técnica de fuego, que la quemó por completo, incluso antes de que tocara el suelo. Volvió dentro y cerró con fuerza el cristal. Se dirigió al armario dispuesta a coger la poca ropa de Kakashi que quedaba allí, al menos, no tenía ningún símbolo grabado.
Se calmó al verse con el nuevo atuendo, era completamente negro, pero no le disgustaba. Se miró de arriba abajo y pensó en la idea de tener un supervisor. Su padre siempre dejaba a alguien encargado de ella cuando se iba por algún tiempo, pero sólo para que le avisara en caso de que pasase algo grave. El recuerdo de su padre la tranquilizó por completo y salió en busca de Kakashi.
Lo encontró sentado en silencio leyendo uno de sus libros. Se acercó sigilosa tratando de sorprenderle en medio de la lectura pero, antes de que pudiera dar un par de pasos, la descubrió.
-¿Qué tal la ducha? –Preguntó volviéndose hacia ella. La vio vestida con una camiseta de manga corta que reconoció como suya, un pantalón de entrenamiento de medio muslo y holgado y nada más. Sólo el pelo húmedo cayéndole a ambos lados del rostro y ese mechón que resbalaba y le cubría parte de la cara y uno de sus ojos, y los pies descalzos. –Veo que te has apropiado de mi ropa de entrenamiento de cuando era joven. ¿Y la ropa que te ha enviado Tsunade?
-La ducha bien, la ropa… -Se mordió el labio. –No era de mi talla.
-Creía que había sufrido un accidente, -dijo Kakashi presionando un poco. –Me ha parecido sentir calor de pronto, parecía que había alguien usando un jutsu de fuego.
-No sé de qué hablas, -mintió tras tardar varios segundos en responder. –Yo no he notado nada.
Kakashi levantó la ceja del ojo visible en señal de incredulidad. Y luego negó con la cabeza de un lado a otro. Presionar no servía de nada. En cuanto se veía acorralada lanzaba evasivas y se cerraba sobre sí misma. Fin de la conversación. Por otra parte, sabía que mentía, había visto las llamas desde la ventana frente a la que leía y le había dado tiempo de visualizarlas con su sharingan. Era un katon. Algo muy interesante, en la Aldea de la Hoja los especialistas en esos jutsus habían sido los Uchiha y los Sarutobi, ambos con un control y dominio excelentes.
-Así que sabes manejar el elemento fuego, -dijo Kakashi levantándose y acercándose a ella. Cuando estuvo lo suficientemente cerca la miró. Ambos mostraban uno solo de sus ojos. Él tenía el protector frontal con el que cubría el sharingan y ella el pelo que caía sobre su rostro. Estaban igualados en ese duelo de miradas. Ninguno de ellos quería ceder, aunque Mara suponía que tendría que dar cierta explicación. La mentira no se sostendría mucho tiempo.
-Ya te dije que sabía lo básico, -respondió por fin.
-A mí me ha parecido bastante preciso para ser básico, -contraatacó el shinobi. –Has carbonizado tu objetivo, pero nada más. Los jutsus de fuego son peligrosos, si no se canalizan bien pueden acabar provocando incendios no controlados y, en el campo de batalla, bajas en tus aliados. En cambio, el tuyo ni siquiera ha dañado una sola brizna de hierba.
-Pura suerte, -respondió quitándole importancia. –No quería que me pusieras a replantar el jardín.
-Así que la naturaleza de tu chakra es de fuego, -confirmó Kakashi. Interesante. Ella asintió. Era algo sobre lo que no podía mentir tampoco. Probablemente, él ya lo había visto con su sharingan, no valía la pena intentar mentir. –Es un elemento fuerte, poderoso y devastador en muchos casos.
-Sólo he quemado unos cuantos trapos, -dijo ella encogiéndose de hombros. Siguieron mirándose, pero ninguno decía nada. Mara sacudió la cabeza haciendo que el pelo quedara hacia atrás y mostrar así ambos ojos. –Creo que voy a ir ya a descansar.
-Bien, que descanses entonces, -se despidió Kakashi volviendo a sentarse. Mara se dio la vuelta y regresó a la que ahora era su habitación.
Entró y cerró la puerta. Se recargó un par de segundos sobre ésta y lanzó un suspiro. Había sido un día largo e intenso con altibajos de emociones. Miró la cama, como si una voz celestial la llamara, se le antojaba cómoda, confortable y le prometía un sueño largo y reparador. Pero otra voz, algo menos celestial, le recordó las cajas que había visto antes al fondo del armario y la curiosidad por ver lo que contenían se reactivó. Miró las dobles puertas del armario de reojo. Se armó de valor y, tratando de no hacer ruido, las abrió, cogió ambas cajas y las dejó sobre la cama con cuidado.
Miró ambas, no sabía cuál abrir primero. Posó una mano sobre cada una de las tapas y tiró de ambas hacia arriba descubriendo a la vez el contenido. A simple vista, parecían las pertenencias de alguien. Se decantó primero por la caja de la izquierda.
En el interior había una pulsera roja que, por el tamaño, parecía de una niña. Un protector frontal con el símbolo de la Hoja y por detrás de podía leer el nombre de Rin Nohara bordado con hilo. Desperdigadas por el interior había varias fotografías. En la primera que cogió se veía a una niña, de unos trece o catorce años, posando sonriente para el fotógrafo. Posiblemente, sería la foto oficial para su graduación como kunoichi. Pasó a la siguiente foto, en ésta se podía ver a tres jóvenes de la misma edad uno de pelo blanco a la izquierda, la misma chica en el centro y otro de pelo negro a su derecha. Supuso que el de la izquierda era Kakashi por el gran parecido que guardaba con el adulto. El de la derecha lucía huraño y enfadado, se podía apreciar el ceño fruncido debajo de unas gafas naranjas protectoras y los brazos cruzados sobre el pecho.
La siguiente foto era una repetición de la anterior, sólo que esta vez había un hombre adulto y muy rubio y con una mirada azul penetrante tras ellos que les abrazaba a los tres por detrás. Le dio la vuelta a la imagen. En la parte posterior había letras de caligrafía infantil y una más definida. Eran los nombres de los figurantes. Con algo de trabajo, Mara pudo leerlos: Minato Namikaze, Kakashi Hatake, Rin Nohara y Obito Uchiha. Al leer el último, le dio un vuelco el corazón. Hasta no hacía tanto había habido Uchihas en la Hoja. Lo que quiere decir que no todo terminó con el exilio de Madara Uchiha, como le había hecho creer Kakashi esa mañana, algunos se quedaron y prosperaron en la Aldea de la Hoja.
Cerró la caja, no había mucho más. La devolvió a su sitio en el armario y se sentó de nuevo en la cama junto a la otra. Lo primero que llamó su atención fueron las gafas naranjas protectoras que había visto en la primera foto. Por lo visto, era otra caja de recuerdos, ésta de ese tal Obito Uchiha. Junto a las gafas, había también unos auriculares protectores. También un pequeño trozo de tela doblado cuidadosamente, lo desplegó y contempló maravillada el símbolo del clan Uchiha bordado sobre la tela. Cogió un pequeño rollo de pergamino y lo abrió despacio. Eran ilustraciones. La primera de todas era la fiel reproducción de un ojo humano. La segunda mostraba la transformación en un sharingan de un tomoe. La tercera, era el mismo sharingan con dos. La cuarta, de tres. La quinta era la reproducción de uno de los Mangekyou sharingan y, la sexta, la dejó boquiabierta, era una ilustración de un rinnegan. Había visto esos ojos antes, en la Aldea de la Lluvia. Cerró tan rápido como pudo el rollo y lo depositó dentro de nuevo. Al hacerlo, se percató de que había más fotografías, las cogió y comenzó a pasarlas. Se paró en una, era la misma que mostraba a los tres niños juntos, pero Kakashi estaba tapado por otra imagen recortada de Obito y pegado sobre él, de manera que a derecha e izquierda de la niña aparecía el mismo chico de pelo negro y gafas naranjas, la única que sonreía era Rin, pero la foto estaba en mal estado justo en la zona de su rostro, era como si un roce continuo la hubiese desgastado poco a poco.
Mientras miraba, Mara se reprendía a sí misma. Sabía que lo que estaba haciendo estaba mal, pero no podía dejar de mirar todo aquello. La intrigaban Rin y Obito. Debieron ser personas muy importantes, sin duda. Sin más que ver de interés, colocó la caja junto a la otra y se tumbó en la cama dispuesta a dormir.
