Muy buenas otra vez, aquí estamos con un nuevo capítulo. Siento el retraso en actualizar, pero ha sido por motivos de viaje. no me odiéis. Sin más disculpas que pedir os dejo que disfrutéis con el capítulo. Ya sabéis que los personajes no son míos y los uso sin ánimo de lucro y todo eso.

Capítulo 12
La mañana comenzaba a clarear por el horizonte. Kakashi Hatake, un ninja madrugador, ya estaba listo para comenzar el día. El día anterior había sido agitado, esperaba que éste se presentara algo más tranquilo y pudiera indagar algo más en quién era su supervisada al cargo.

Había dormido con sueños algo extraños y agitados. Sin saber por qué, en su sueño aparecía Obito, con la misma apariencia que tenía cuando eran unos críos. Y éste le miraba sin decir nada, de pronto sonreía y le saludaba con la mano en alto, pero no era un saludo dirigido a él, sino a alguien a su espalda. Se volvió, esperando ver a Rin, como ocurría en otros sueños, pero esta vez era Mara la que apareció sonriendo como la había visto hacer en la cafetería la tarde anterior, y le devolvía el saludo con la mano, algo menos enérgico que el del pequeño Obito. Antes de que pudiera asimilar nada más del sueño, despertó.

Decidió que ya era hora de que Mara despertara, fue hacia la habitación que ocupaba y golpeó un par de veces sobre la puerta cerrada. Al no contestar decidió entrar y echar un vistazo.

La habitación estaba en penumbras. Observó que no había tocado nada de la misma. Se seguía viendo igual de ordenada que cuando la dejó el día anterior. La única diferencia era que la cama estaba deshecha y sobre ella estaba la chica tumbada de lado de espaldas a la puerta.

Kakashi la observó sopesando qué hacer. Mientras contemplaba las posibilidades siguió con la mirada la silueta recortada. La melena negra estaba esparcida de manera desordenada sobre la cama y la almohada, dejando a la vista su espalda que, aunque cubierta por la camiseta de entrenamiento, ésta se pegaba dejando ver las suaves formas de sus omóplatos. Siguió bajando la vista hasta su cintura, ahí la ropa había decidido subirse durante la noche dejando al descubierto la piel blanca que destacaba en la penumbra. A partir de ahí, la visión empeoraba, desde sus caderas y hasta sus pies, estaba cubierta por la fina sábana, ocultando sus glúteos y sus piernas.

-¿Qué estás pensando? –Se reprendió Kakashi a sí mismo. –Debería dejar una temporada los libros de Jiraiya.

Se aproximó a ella y la llamó con suavidad, no quería provocar una reacción violenta al despertarla. No hubo respuesta. Repitió el llamado algo más fuerte, ésta vez sí hubo resultado, un gemido de queja y un cambio de posición. Ahora estaba completamente tumbada bocabajo con los brazos bajo la almohada y ofreciéndole de paso una mejor vista de su trasero, cubierto ahora sólo por el pantalón corto de entrenamiento.

Exhaló el aire que tenían sus pulmones ante la visión en penumbras que se estaba regalando. Tenía que hacer un último intento por despertarla, ya casi lo tenía. Colocó una mano sobre el centro de su espalda, zona neutral, y la movió suavemente a la vez que la nombraba una vez más. De nuevo un quejido y algo más:

-Tobi… Cinco minutos más, -dijo casi en sueños arrastrando las palabras.

-¿Tobi? ¿Quién es Tobi? –Dijo Kakashi en voz alta. Al oír la voz masculina diciendo ese nombre, Mara abrió rápidamente los ojos y se sentó en la cama.

-Buenos días, -dijo con los ojos hinchados aún del sueño, el pelo alborotado y el corazón latiéndole como el de un colibrí.

-¿Hablas en sueños? –Preguntó Kakashi mirándola suspicaz.

-Sí… No… Bueno, no lo sé, puede, -respondió confusa tapando la boca con su mano para disimular un bostezo.

-¿Quién es Tobi? –Preguntó de nuevo Kakashi, quizá si la cogía con la guardia baja por el sueño podría averiguar algo nuevo sobre ella. El único Tobi que él conocía era un extraño integrante de Akatsuki con un comportamiento aún más extraño todavía. Dudaba mucho que fuese el mismo.

-¿Tobi? ¿Tobi has dicho? Pues es, -dijo comenzando a atropellarse con las palabras. –Tobi es… Tobi… Rama, -dijo aplaudiéndose internamente porque su cerebro había logrado una excusa perfecta. –Uf, estaba soñando que Tobirama Senju me perseguía por toda la aldea. Ha sido horrible, gracias por despertarme, era una auténtica pesadilla.

El shinobi se quedó pensativo y poco convencido de su explicación. Cuando entró no la había notado agitada ni parecía tener cierto desasosiego por el sueño. Más bien estaba en un estado de calma y relajación absoluta, había escuchado la respiración pesada y tranquila. Sus músculos estaban relajados. Dudó de que estuviese teniendo una pesadilla, pero al menos ya estaba despierta.

-Despiértate, quiero presentarte a alguien, -dijo Kakashi dirigiéndose hacia la puerta. Mara sólo atinó a asentir. Cuando el ninja desapareció de la habitación se tumbó de nuevo sobre su espalda y soltó un largo resoplido de alivio.

Pocos minutos después, Mara se dirigió a la sala de estar. Allí se quedó plantada en el umbral de la puerta. Había dos hombres portando máscaras de ANBU. Los dos se volvieron hacia ella cuando la oyeron hacer su aparición. Los enmascarados hicieron una ligera inclinación de cabeza a modo de saludo y le dieron los buenos días, cosa que ella devolvió de la misma manera. Kakashi entró y colocó sobre la mesa una taza de café y un bol con lo que parecían cereales, fruta troceada y leche todo mezclado. Le indicó que se sentara. Mara se fijó en la mesa había dos desayunos idénticos. Se sentó frente a uno y Kakashi ocupó el otro.

Mientras tanto, los miembros de ANBU se habían aproximado a la mesa a la espera de que su capitán diera la noticia y realizara las presentaciones. Kakashi esperó a que ella comenzara a comer para empezar él a hablar.

-Mara, ellos son los miembros de ANBU que estarán a tu cargo cuando yo no pueda ser tu supervisor. Estaban conmigo cuando te encontramos en el bosque, -comenzó. Ella no les quitaba ojo de encima. –Mostraos.

Con esa sencilla orden, los dos hombres se deshicieron de sus máscaras. El primero era de rostro excesivamente pálido, pelo negro y ojos rasgados. Su atuendo era el reglamentario de la organización, tan sólo que mostraba su abdomen. El otro era más alto, de pelo castaño y, al contrario que su compañero, de ojos muy grandes y redondos. Lo que le confería un aspecto extraño, llegando a ser una mirada siniestra. Mara dejó de masticar cuando se fijó en el segundo. No le gustaba la extraña expresión que tenía, en cierto modo, la asustaba un poco.

-Él es Sai, -dijo señalando al de piel pálida. –Y este es Yamato.

Ambos saludaron con la mano cuando Kakashi les nombró. Mara se dirigió hacia él y le habló en voz baja:

-¿Me vas a dejar con éstos dos? –Preguntó horrorizada. El shinobi asintió. -¿Les has visto bien? Mírales, no necesitas un sharingan para saber que son… Raros.

-Ellos te llevarán donde ya sabes y más te vale ir, porque iré a preguntar por tu visita, -dijo amenazadoramente mientras se levantaba de la mesa y se encaminaba hacia la puerta de salida.

-Pero… ¡Espera! ¿Dónde vas? ¡No me dejes aquí con ellos! –Gritó con cierta desesperación.

-Mara, no puedes venir a la reunión, -dijo poniendo las manos sobre sus hombros para tratar de calmarla. –Estarás bien con ellos.

-Me quedaré contigo, me portaré bien, no me meteré en líos, te lo prometo, -dijo yendo detrás de Kakashi hasta la puerta de principal. –Por favor, no me dejes con ellos, no me gustan, son raros.

-Sabes que no te puedes quedar sola, Tsunade es estricta en sus edictos, -repitió en un tono conciliador. –Estaré de vuelta antes de que te des cuenta. Sólo serán un par de días, tres como máximo.

-¡Tres días! –Exclamó fuera de sí. –No puedes irte tres días.

-Mara, Mara, escúchame, -dijo Kakashi volviéndose hacia ella desde el umbral y tomándola de los hombros tratando de calmarla de nuevo. –Estarás bien con ellos, son buenos, yo confío en ellos. Tómate esto como una prueba de confianza. Si la superas habrán pasado tres días más de tu período de prueba. Además, te prometo que volveré por ti.

Algo se revolvió en el interior de la joven. Lo que había empezado siendo una súplica algo infantil, había terminado por volver a hacerla escuchar las mismas palabras que le dijo su padre. La historia se repetía.

-Eso ya lo he oído antes, -musitó con algo de pena en su voz. Era cierto, que sólo llevaba en esa aldea un día, al menos consciente, y ese ninja había confiado en ella desde el primer momento en que la vio en el bosque. Y ahora ese único pilar estable desaparecía entre las palabras de una promesa. –Te deseo buen viaje.

Sin más cerró la puerta. No tenía ganas de ver cómo desaparecía por el camino. Nunca fue capaz de hacerlo con su padre. Se volvió hacia los dos shinobis que habían quedado en la estancia, los miró y pasó de largo de ellos. Se sentó en la mesa y siguió comiendo el desayuno.

Yamato, el mayor de ambos, se acercó a ella con cautela. Percibía que no estaba de muy buen humor después de esa conversación. La noticia de la partida de Kakashi no la había encajado bien. Parecía que había una buena relación entre ambos. La confianza era mutua.

-Mara, ¿verdad? –Comenzó. Ella levantó la vista del bol y se centró en él. Sin duda la mirada era intimidante a pesar de que sólo le miraba con un solo ojo, el otro estaba cubierto por ese mechón que escapaba de su control. Asintió sin dejar de masticar. –Soy Yamato, Kakashi me ha dicho que hoy debías pasar por la comisaría a entregar algo.

Volvió a asentir.

-Cuando quieras podemos ir, -sugirió. Justo en ese instante soltó la cuchara dentro del bol vacío y bebió de varios sorbos largos el café casi frío de la taza. Se limpió la boca y, simplemente, soltó un "vamos".

Tan pronto como salieron los tres de la casa, ella se volvió hacia la puerta y realizó el jutsu de sellado. Yamato sonrió y añadió:

-Muy propio de Kakashi. Has ejecutado los sellos muy bien, ¿te lo ha enseñado él?

-Sí, -respondió encogiéndose de hombros. –Le vi hacerlo un par de veces y, ya que él no va a estar, supongo que soy responsable de su casa, no quiero que cuando vuelva se encuentre la casa desvalijada.

-¿Con sólo verlo un par de veces has podido hacerlo tan bien? Se te dan bien, -halagó Yamato. –Vamos, la comisaría está por aquí.

Caminaron los tres en silencio, Yamato iba abriendo la marcha y Sai y Mara iban tras él uno junto al otro. Empezaban a acumularse nubes que pronosticaban tormenta. Mara estaba acostumbrada. En la Aldea de la Lluvia el clima que imperaba era el lluvioso. Casi todos los días de año lloviznaba por no hablar de la humedad que impregnaba el ambiente y los temibles aguaceros que caían en ciertas épocas del año. En cambio, en la Aldea de la Hoja, comenzaba a poderse oler ese olor característico de tierra mojada y lluvia. Le encantaba.

Tras unos minutos caminando enfilaron una calle concurrida de shinobis uniformados que portaban en sus chalecos un emblema que consistía en un shuriken y sobre éste un abanico rojo y blanco. Mara se los quedaba mirando de manera curiosa y sin comprender muy bien del todo lo que estaba viendo.

-Yamato, -llamó. El aludido se volvió. –El emblema que lleva toda esta gente, es similar al de los Uchiha.

-Ah, ¿te has fijado? Tobirama Senju, le encargó a los Uchiha la lucha contra el crimen dentro de la propia aldea. Así que fundó la policía de Konoha. De esa manera se les permitió a los Uchiha incluir su símbolo del clan en el escudo policial.

-Entiendo, -dijo parándose justo delante de la puerta principal, de la cual entraban y salían ninjas atareados en sus faenas. Se quedó mirando el símbolo del abanico. La pregunta le iba subiendo por la garganta, pero no estaba segura de deber hacerla. Antes de que pudiera decidir si hacerla o no Yamato interrumpió sus pensamientos.

-Vamos, entremos.

Dentro de la comisaría el frenesí era aún mayor que en la calle. Todos iban con informes de un lado a otro. Los intercomunicadores no dejaban de sonar y había varías personas sentadas en un pequeño recibidor esperando a ser atendidas. Mara se dirigió hacia el recibidor dispuesta a esperar su turno. Antes de llegar a él, en las paredes, pudo ver que había retratos de policías de uniforme y bajo las imágenes una pequeña placa dorada donde ponían el nombre.

Decidió demorar el ir a sentarse y poner su atención sobre esas imágenes. Eran marcos sencillos y con un cristal prístino. Observó la primera imagen, el shinobi representado no le decía nada. Se mostraba serio y algo altanero, bajo él se podía leer: Yashiro Uchiha.

Pasó al siguiente, Yakumi Uchiha, parecía que estaba enfadado en el instante de la foto. Continuó con la siguiente, Tekka Uchiha, éste simplemente lucía cansado, sus ojos apagados.

Para variar, la siguiente mostraba un rostro con una ligera sonrisa, lo que provocó que Mara también sonriera de lado, y sus ojos mostraban el sharingan de tres tomoes en el momento de la fotografía, bajo ésta se leía el nombre de Shisui Uchiha.

A continuación, había un hueco en la pared, correspondiente con un cuadro que había sido retirado, aún se apreciaba en la pared el recuadro que había dejado. Pasó al último, un señor de rostro serio, de nuevo, mirada inquisidora y eso sin mostrar su sharingan. Bajo él se podía leer: Fugaku Uchiha.

Finalmente, llegó a una enorme pared de granito negro, liso, brillante y pulido sobre el que había cientos de nombres grabados. Mara comenzó a leerlos, la mayoría eran Uchihas, hacia el final de la lista había otros de clanes diferentes. Se volvió hacia Yamato, quien la había estado siguiendo en su repentino interés por la fotografía.

-Falta uno, -dijo sin más refiriéndose al hueco vacío.

-Era el sitio donde se encontraba la imagen de Itachi Uchiha, -respondió Yamato. La información cayó sobre la joven como un jarro de agua fría. ¿El famoso Itachi Uchiha había pertenecido a la policía de Konoha?

-¿Por qué ya no está junto al resto? –Preguntó desconcertada. Todo el mundo conocía a Itachi, el mejor shinobi del clan Uchiha que había habido en mucho tiempo. El genio.

Cuando Yamato se dispuso a responder uno de los policías ya se había acercado a ellos preguntándoles si les podía ayudar en algo. Era un shinobi joven, probablemente, fuese un cadete de la última promoción licenciada, sonreía entusiasmado a la espera de una respuesta.

-En realidad, es ella la que precisa de atención, -respondió Yamato dirigiendo la atención del policía hacia Mara.

-Bueno, qué puede necesitar una joven tan bien acompañada de un par de miembros de ANBU, -dijo reconociendo a Sai y a Yamato. –Espero que no te hayas metido en problemas.

Yamato y Mara se miraron, ambos esperaban que no se metiera en líos. Sai les observó no comprendiendo la mirada cómplice.

-Yo venía a devolver algo que encontré, -comenzó a decir Mara. Metió la mano en uno de los bolsillos interiores y sacó el fajo de billetes bien ordenado. El policía abrió los ojos y empezó a atar cabos, una chica, dos del ANBU, una suma de dinero importante, probablemente, la habrían cogido in fraganti en pleno hurto. -Supuse que alguien lo habría perdido y quizá hubiese puesto una denuncia.

-Vaya, es mucho dinero, -observó. –Ven, tendré que tomarte declaración y verificaré si hay alguna denuncia por una cantidad parecida, si la hay se lo devolveremos a su dueño, si no es reclamado, en el plazo de una semana, podrás venir a recogerlo y pasará a ser tuyo.

La hizo pasar a un pequeño cubículo donde sólo estaban el policía y ella. Le preguntó por las circunstancias en las que había encontrado el fajo. Mara improvisó una historia plausible que el policía dio por buena. Hizo unas comprobaciones en su ordenador y con una sonrisa en los labios dijo que no había ninguna denuncia de robo o extravío por esa cantidad o ligeramente parecida. Así que, en una semana, sería legalmente propietaria de doscientos Ryo, una suma nada despreciable.

Mara se levantó y volvió con los dos ANBU que estaban en la pequeña sala de espera, donde una mujer mayor contaba alguna anécdota a Yamato y, además, aprovechaba para palpar el fuerte brazo del hombre. Cuando la vio aparecer se levantó con rapidez, se despidió amablemente de la anciana y le indicó a Sai la puerta de salida.

-¿Por qué no te vas a un hotel? Casi la tenías en el bote, -dijo Mara con una sonrisa pícara y guiño de ojo que provocó que las mejillas de Yamato se tornasen rojas.

-¿Qué? Era una anciana adorable pero no me gustan las mujeres mayores, -respondió aún más rojo si cabía.

-Y yo que pensaba que te iban los robles centenarios, -respondió pasando por delante de él.

-Que use el estilo madera en mis jutsus no quiere decir que… -Yamato dejó de hablar. De pronto recordó que tenía que ir al área de entrenamiento. Ese día comenzaba el período de perfeccionamiento para los exámenes de ascenso que serían en unos días. –Tenemos que darnos prisa para llegar a las afueras de la aldea.

-Cierto, tenemos que supervisar los entrenamientos, -concordó Sai.

-Os recuerdo, que Tsunade dejó bastante claro, que no se me permite salir de aldea, -dijo Mara. –No quiero tener más problemas con la Senju.

Yamato se quedó pensativo, tenía razón, no podía contravenir una orden de la Hokage pero tampoco podía dejarla sin vigilancia, le había dado su palabra a Kakashi.

-Vamos, ya se me ocurrirá algo, -respondió Yamato. -¿Puedes correr?

-Sí, pero…

No pudo acabar la frase. Sai ya la había agarrado de un brazo para iniciar la carrera. Los tres salieron en dirección oeste, atravesando toda la villa. Iban a buen ritmo, sin duda la joven estaba en forma, podía mantenerse junto a Sai, uno de los más veloces de ANBU.

Tras varios minutos de carrera llegaron al lugar indicado. Un grupo de genins estaban allí entrenando junto con otros chūnins, algunos pertenecientes a los mismos clanes. Cuando llegaron todos se volvieron a mirar a los recién llegados. Muchos de los más pequeños ya conocían a Yamato.

-Bien, tú te quedarás aquí observando y siendo una buena chica, -sin decir nada más hizo una secuencia de sellos. Del suelo brotaron unas ramas de madera que rodearon los brazos y el torso a la chica antes de que pudiera darse cuenta de lo que ocurría, provocando algunas risas y ciertos comentarios jocosos de los jóvenes que estaban allí reunidos.

-¡Eh! ¿A qué viene esto? –Gritó molesta luchando inútilmente contra las raíces que la aprisionaban.

-Así estarás controlada mientras Sai y yo supervisamos los entrenamientos durante unas horas, -respondió con total tranquilidad. Lo dejó estar por el momento, pero no quedaría así. Todos los jóvenes shinobis volvieron a sus entrenamientos bajo la atenta mirada de Yamato y Sai quienes, de vez en cuando, hacían alguna corrección de la técnica o algún comentario al respecto. Mara quedó relegada a un segundo plano. Se sentó en el suelo con las piernas cruzadas y la espalda tan erguida como las ramas la dejaban, cerró los ojos y se concentró en meditar.

Estaba sumergida en sus pensamientos, casi no escuchaba el ruido que hacían los genins, el alboroto de las voces y el entrechocar de los kunais. Sentía el chakra del ente como si de una llama de lenguas negras se tratara, ascendiendo y mezclándose con el suyo parecido a otra llama de un rojo intenso que se contorsionaba alrededor de la primera. Su presencia estaba lejana en su cabeza. No quería interactuar con ella en esos momentos, tampoco necesitaban hablar con palabras, aunque fuesen en su mente. La armonía en la que fluían ambos chakras era suficiente para saber cómo se encontraban cada uno.

Empezaban a conocerse más ahora, que el sello no podía cumplir con su función, que en todos esos años atrás, donde su relación no pasaba de pesadillas durante la noche llenas de gruñidos, aullidos y rascar de garras contra el suelo en señal de impaciencia.

Mara decidió probar algo, aumentó la rotación en espiral de su chakra alrededor de el del ente, rápidamente éste respondió aumentando la del suyo. Había conseguido captar su atención.

Volvió a cambiar de técnica, esta vez intentó extender su chakra y cubrir el del ente, inmediatamente, él supo lo que intentaba y se adelantó a envolver su chakra, diminuto en comparación, con el suyo y sintieron algo extraño a la vez, una extraña conexión nueva para ambos: ser un protector y estar protegido el uno por el otro. El enorme chakra del ente podía proteger el frágil cuerpo de ella y, a su vez, ella podía canalizar ese excesivo chakra de él para liberarlo cuando fuera necesario.

En ese momento de comunión se vio en la sala de suelo acuoso, esta vez el punto de luz en el que se encontraba era reducido a sólo unos centímetros a su alrededor. Miró con atención, esta vez la negrura no era un vacío, se podían apreciar en la cercanía los pelos negros y en la misma dirección que sintió la primera vez que lo tocó con las puntas de sus dedos. Comprendió que estaba envuelta por el cuerpo físico del ente, enroscado sobre sí mismo, así como su chakra estaba envuelto alrededor del suyo. Retrocedió un paso por la sorpresa de la cercanía, tropezó y cayó sobre esa alfombra de pelo que le pareció cálida, mullida, acogedora y suave, era una sensación exquisita. Había pasado de apenas tocarlo con los dedos a dejar caer todo su cuerpo contra él. Cerró los ojos y disfrutó de la sensación por todo el cuerpo tanto como pudo, esperando que el ente se revolviera y rompiese el contacto. Cosa que no pasó, sólo la voz le llegó amortiguada.

-Deberías deshacerte de esas ramas, nos ofenden, -dijo serio. –Quémalas, no son más que ramas. Conviértelas en un montón de cenizas y carbón humeantes. Si quieren que confíes en ellos, ellos deben confiar en ti.

-No puedo hacer sellos, mis manos también están prisioneras de esas ramas, -dijo sin preocupación, aun disfrutando de la sensación que le provocaba el pelaje a su alrededor.

-Deja que fluya sobre tu piel algo de tu chakra, es de naturaleza de fuego yo incrementaré el poder calorífico con el mío, -explicó.

-Sabes que no podemos hacerlo, el sello está roto y nunca hemos intentado una técnica juntos, -respondió estirando ambos brazos para abarcar más del pelaje en tanta extensión como podía.

-Deberíamos intentarlo, no sabemos cuándo podrá arreglar el sello el vejestorio, -dijo el ente disfrutando de las caricias profesadas. Nunca, nadie, en toda su existencia, había tratado de tocarlo de esa manera y a ella no parecía desagradarle, es más, estaba dispuesta a continuar.

-¿Y si no sale bien? –Preguntó volviendo a pasar los brazos estirados tanto como podía sobre el pelo.

-Tendrá que salir bien a la primera, no tienes opción de errar, nos descubrirán, -respondió. –Empieza por cubrir la piel de tus brazos y torso con tu chakra, no debería resultarte complicado, es parecido a cuando haces la técnica del katon, impulsa tu chakra hacia fuera y mantenlo pegado a tu piel.

Muy a su pesar, dejó de sentirse sobre ese pelaje, ahora sus sentidos estaban notando las ramas a su alrededor, la hierba bajo sus piernas y el escándalo de muchas voces en un coro lejano. Poco a poco se iba cubriendo de una fina capa de su propio chakra tal y como le había indicado el ente, éste incluso, llegó a rodear las ramas que la apresaban.

-Bien, ahora tienes que mantenerte concentrada, -dijo en su cabeza. –Tu chakra debe ser estable y continuo para que el mío pueda fluir sobre él poco a poco, de otra manera podrías arder tú.

-Sé que no me quemarás, -respondió confiada sin perder la concentración.

Como si de una gota de tinta negra echada en el agua se tratara, el ínfimo chakra del ente liberado se fue extendiendo por el suyo haciendo que aumentara la temperatura al contacto con el Mokuton de Yamato. Las raíces se fueron retrayendo por el calor hasta caer al suelo carbonizadas.

Acto seguido, una sonrisa cruzó su rostro, en su mente podía sentir la misma satisfacción del ente. Era la primera vez que habían logrado unirse de manera sincronizada y sin perder el control. Miró a su alrededor, nadie le prestaba atención, o eso creía ella, pero unos ojos blancos habían visto cómo de pronto fluían dos chakras distintos de un mismo cuerpo y eso, sólo lo había visto hasta ahora en dos personas: la primera en Naruto Uzumaki y la segunda en Gaara del Desierto.