Muy buenas, ¿qué les está pareciendo el fic? Siento el retraso con la actualización. Los personajes no son míos.
Capítulo 16
Corría y corría por las calles de Konoha, tan rápido como podía. Acababa de llegar de la reunión con los seleccionados ese año para ser examinadores de la prueba de ascenso a Chūnin y a Jōnin, la reunión se había alargado más de lo previsto. Lo primero que había hecho era ir a entregar el informe en la oficina de la torre principal de la ciudad. Había vuelto a casa deseando de seguir con las conversaciones pendientes con la joven del bosque. Para su sorpresa cuando llegó, la casa estaba en completa oscuridad, soledad y silencio.
Al entrar vio gotas de sangre seca manchar el suelo en dirección a la cocina. Se encaminó hacia ésta y comprobó los restos de un jutsu de naturaleza madera. Supuso que de Yamato. ¿Qué había ocurrido en su ausencia? Se preguntó. ¿Dónde estaban todos?
Salió corriendo en dirección al cuartel general de ANBU. Intentaría encontrar allí a Yamato para que le explicase lo sucedido. ¿Se había marchado en un descuido de sus vigilantes? Imposible, había señales de lucha en su casa, algo había debido pasar. ¿Estarían todos bien? ¿Y ella?
Durante los días que había permanecido fuera de la aldea seguía teniendo ese extraño sueño recurrente. A veces, lo veía con simples variaciones, otras era una copia exacta al del día anterior. En esa ocasión, la noche antes de volver a Konoha, cuando en el sueño se volvía para mirar hacia donde saludaba Obito, no vio a nadie. El mismo vacío y la misma oscuridad que había descubierto en su casa.
Cuando entró en el recibidor del cuartel general de ANBU, los allí presentes se volvieron a mirarle con cara de pocos amigos. Kakashi no había destacado por ser un shinobi demasiado social, sino más bien por lo contrario en su juventud, pero al menos en el trato con los demás era todo lo cordial que debiera ser.
-Menudo supervisor estás hecho, Hatake, -espetó uno de ellos desde el otro lado de la sala. –Nada más irte, esa chica se volvió loca y atacó a Iruka y a Genma, todavía está en el hospital. De no ser por Yamato, probablemente, estarían los dos muertos.
-¿Qué? –Preguntó Kakashi incrédulo. -¿Dónde está Yamato?
-No lo sabemos, no le hemos visto desde el incidente, -dijo otro de los presentes. –Fue visto por última vez llevándola a la prisión bajo la montaña. Espero que se pudra allí…
Antes de que ese ninja dijera una palabra más, salió corriendo del cuartel en dirección a la residencia de Tsunade, aún era temprano para encontrarla en la torre. Si era verdad que la había encerrado, cosa que no ponía en duda visto el carácter impetuoso de la Hokage, temía que los pequeños pasos que habían empezado a dar el uno hacia el otro no hayan hecho más que empezar a alejarla, creando recelo, desconfianza e, incluso, hasta odio.
Seguía corriendo con pisadas silenciosas en dirección al barrio alto de la cuidad. Esperaba no interrumpir nada en casa de Tsunade. Se aproximaba a la gran casa residencial, propiedad de la familia Senju desde los tiempos de Hashirama, en el extremo opuesto a la zona residencial de los Uchiha. Incluso en la elección del emplazamiento, ambos clanes no lograron ponerse de acuerdo, por ello construyeron la torre del Hokage, en el punto intermedio de la distancia que separa ambos barrios.
Antes de que pudiera tocar a la puerta ésta se abrió, revelando a la empleada de Tsunade en el umbral e invitándolo a pasar.
-La Hokage lo está esperando.
Kakashi se adentró en la casa, era espaciosa y con una decoración minimalista en madera de tonos blancos y grises. En el centro se encontraba sentada Tsunade presidiendo una enorme mesa de madera blanca colmada de papeles, rollos, pliegos y varios pinceles con tintas de varios colores que dejaban manchas aquí y allí en diferentes puntos de la superficie de la mesa unos frescos y otros ya secos. Al parecer un Hokage nunca dejaba de ser Hokage, fuese la hora que fuese y estuviera donde estuviese.
-Sé por lo que vienes y te diré que no tuve otra elección, -empezó Tsunade sin levantar la vista de los documentos.
-Es un error. Seguro que hay una explicación, -rebatió Kakashi.
-¿Crees que no le di oportunidad de explicarlo? ¿Sabes lo que contestó? –Hizo una pausa y frunció los labios como si le quemase en la lengua lo que iba a decir. –Que soy una Senju molesta. Esa es toda la defensa que se le ocurrió.
-Déjame hablar con ella, a mí me escuchará, podré averiguar lo que pasó de verdad, -pidió el shinobi.
-¿Crees que Yamato miente? ¿Crees que Iruka se clavó ese kunai accidentalmente? –Dijo Tsunade con un enfado creciente hacia su estimado consejero.
-No, pero dudo que Yamato le haya preguntado a ella por qué lo hizo, dudo que ella te haya dicho siquiera una palabra o un intento de disculpa o arrepentimiento, ¿me equivoco? –Kakashi seguía intentando conseguir esa audiencia con la prisionera. –Hokage, esa chica cree que el mundo está contra ella. No tiene a nadie más que a sí misma y a un padre ausente. No pertenece a ninguna aldea. No tiene sensación de apego y comunidad, no ha crecido en un entorno que la haya protegido. Para ella todo es una amenaza a la que debe hacer frente para sobrevivir.
-¿Cómo sabes eso? ¿Cómo lo has averiguado? –Preguntó Tsunade intrigada.
-Lo sé porque cuando sucedió lo de mi padre me sentí así, toda esa seguridad y protección se desvanece y te encuentras sólo frente a un mundo cruel y atroz, donde cada pequeño gesto puede ser el último si no estás atento. ¡Por el Sabio de los Seis Caminos!, piensa, ha sido capaz de sobrevivir en la maldita Aldea de la Lluvia durante años, la única compañía que ha tenido ha sido un padre la mayor parte del tiempo ausente y sus referentes de mando son el grupo criminal Akatsuki, ¿qué esperas, que sea dócil? Por no decir que la hirieron de una manera horrible y casi no sale de esa.
Tsunade se quedó pensando por unos minutos en silencio en las palabras de Kakashi, visto de ese modo, podía entender el comportamiento de la joven. No podía tolerar la agresión a uno de los ninjas de la aldea, pero ya llevaba varios días de cautiverio, Iruka se había repuesto con total normalidad gracias a la actuación de Sakura e Ino, puede que hubiese comprendido que una mala acción tiene consecuencias.
Al ver que la Hokage no se decidía, Kakashi continuó hablando.
-Podría ser una buena kunoichi para la aldea, ha demostrado dotes excelentes de control de chakra y eso, teniendo en cuenta que no ha recibido formación reglada en una academia, -explicó. –Fue capaz de reducir a cenizas con su Katon una caja entera sin quemar una sola brizna de hierba de mi jardín. Conoce cada clan, de cada aldea por la que ha pasado, probablemente. Ya viste de lo que fue capaz con Yamanaka, desde entonces no ha vuelto a reportar incidencias en los archivos. Y deberías leer esto.
Puso sobre la mesa un pequeño rollo de los que se usaban para enviar mensajes con halcones. Tsunade dudó en leerlo, pero Kakashi le hizo un gesto para que lo cogiera. Aceptó a regañadientes.
-Lo envió Yamato la tarde del primer día de mi partida, -explicó.
La Hokage desenrolló el pequeño pliego y leyó.
Oponente: Aburame. Derrotado. Usó el Katon haciendo sellos de una mano. Sai vio un lanzamiento de kunai: excelente puntería. Buena promesa para Konoha. Deberíamos hablar con la Hokage.
-Espero que Yamato y tú no os estéis equivocando poniendo tantas expectativas en ella, -dijo Tsunade finalmente. –Ve a hablar con ella, dale esto a los guardias si crees que es oportuno.
Extendió hacia el shinobi una carta de perdón, con ella los reclusos reciben la libertad. La Hokage estaba poniendo en sus manos la decisión de si debían liberarla o no. Una decisión peliaguda. No sabía qué se encontraría al llegar a la celda.
Kakashi se levantó de la mesa atestada de documentación y se dirigió a la salida acompañado de la secretaria personal, a su espalda escuchó una última indicación de Tsunade.
-Nivel tres, celda siete.
Kakashi sabía que el nivel tres era el nivel de máxima seguridad, había vigilancia continua mediante monitores conectados a cámaras en cada celda. Los guardias tenían poco o ningún miramiento por los reclusos de ese nivel. No era un buen lugar en el que estar confinada. El odio y la desesperación impregnaban los muros de ese lugar. Donde durante años criminales de la peor calaña habían visto pasar sus días recluidos entre esas paredes.
El paso del tiempo parecía que se había detenido. La ausencia de luz solar que le indicase el ciclo de día y noche hacía que no supiera cuánto tiempo llevaba allí. Su cuerpo seguía en la misma posición que el primer día. Sentada en el centro con postura de meditación y ojos a veces cerrados, a veces abiertos, aunque la visión ante ellos no cambiara. Barrotes, luz eléctrica, y otra celda vacía frente a ella. Nada nuevo. A veces uno de los guardias se detenía frente a ella para dejar una bandeja con comida y retirar la anterior casi intacta, a excepción del agua. En ese estado, casi podía mantenerse tan sólo con sus reservas de chakra.
Había abandonado el mundo real, oscuro y aburrido y se había despertado en esa dimensión interior, donde no necesitaba dormir ni comer. Se había acostumbrado a la única compañía del ente.
Al principio, todo fueron reproches por lo acontecido en la residencia de Kakashi y por dónde se habían visto arrojados, una celda excavada en tierra, oscura y lúgubre.
Luego llegó el silencio.
Y, de pronto, de nuevo llegaba el contacto piel con piel. Primero no era más que una simple caricia, luego pasó a convertirse en un reto por abarcar más y más extensión del pelaje de esa criatura. Adoraba hundir sus manos entre el suave pelaje y él adoraba sentir las pequeñas manos en comparación con su cuerpo rascándole aquí y allá. Incluso, en ocasiones, le provocaba movimientos involuntarios de una de sus patas traseras cuando ella rascaba en un punto concreto.
Finalmente, tras el acercamiento, llegó el momento de las preguntas. El ente sabía que ese momento llegaría, así como, llegaría la ocasión de mostrarse tal cual era, dejarse ver por completo. Nada de circundar en las sombras, ni de esquivar sus ojos. Pero ese momento aún no había llegado, por ahora, al igual que los anteriores antes que ella, sólo quería saber.
Estaba recostada sobre una de sus patas, una de las pocas partes que se permitía mostrarle. Al parecer le gustaba recostarse sobre ella como si de una alfombra se tratara. Lo miraba a los ojos, pero éstos aún no podían penetrar la oscuridad que lo cubría.
Para su sorpresa, de pronto, se incorporó y se sentó a horcajadas sobre su pata, podía ver la determinación en sus ojos. Seguramente había estado meditando sobre cómo afrontar algo al respecto. La observó coger aire y soltarlo de pronto. La pregunta salió a bocajarro. De todas las preguntas que podría hacer escogió aquella. Sin duda su humana suponía todo un cambio sobre lo que estaba acostumbrado.
-¿Cómo te llamas? –Soltó.
Rio.
-¿De qué te ríes? No he dicho nada gracioso, -protestó golpeando con un puño sobre su pelaje, un golpe insignificante al que no dio importancia, le divertía ver su frustración.
-Eres la primera que me lo pregunta, ¿por qué quieres saberlo? –Preguntó el ente intrigado.
-Es lo justo, tú lo sabes todo de mí, sin embargo, yo no sé nada de ti y estás conmigo desde que tengo memoria, -respondió Mara mirando la extremidad sobre la que estaba sentada.
El ente bajó la cabeza en las sombras y aspiró el aire para después soltarlo rápidamente, cosa que hizo que se le moviera el pelo con la corriente de aire caliente provocada.
-¿Seguirás insistiendo hasta que te lo diga, verdad?
-Bueno, preferiría que me lo dijeras y no tener que obligarte a decírmelo, -respondió con sinceridad.
-¿Obligarme? No me hagas reír, niña, -rio el ente. Sabía que podría hacerlo con un buen control de sus habilidades y el sello intacto, pero no era el caso.
-Vamos, dímelo, vamos a pasar aquí mucho tiempo al parecer, quiero poder dirigirme a ti, -dijo tratando de convencerle. –O, si lo prefieres, puedo buscarte yo un nombre. ¡Ya sé! Peluche. ¿Qué te parece?
-Di otra tontería como esa y te devoraré aquí mismo, niña, -amenazó.
-De acuerdo, entonces, ¿qué opinas de Carbón? Eres negro y mi chakra es de naturaleza de fuego. ¿Qué dices? –Volvió a probar. -¡Ya lo tengo, puedo llamarte Barbacoa!
-Kurōkami, -dijo muy bajito con hastío de oír las proposiciones que le hacía sólo para molestarlo.
-¿Cómo has dicho? –Preguntó sorprendida y abriendo los ojos de par en par.
-Kurōkami, me llamo Kurōkami, -dijo el ente sorprendido de su propia voz pronunciando esa palabra, desde hacía mucho tiempo no escuchaba su propio nombre.
-Kurōkami, me gusta, -dijo sonriéndole. -¿Qué significa?
Más preguntas, al parecer el vejestorio no había tenido tiempo de explicarle nada a la niña. Menudo padre estaba hecho, pensó. El ente suspiró haciendo que su aliento cálido llegara hasta el rostro de ella que seguía esperando una respuesta con una sonrisa pintada en los labios.
-Tiene dos significados, -empezó con voz profunda. –El primero se puede interpretar como Dios Negro, me lo dieron aquellos humanos que sufrían mi ira. Y el segundo es Lobo Negro, es el nombre que me concedió el Sabio de los Seis Caminos.
-Es decir, que eres… -Empezó a formular su teoría, de antemano el ente sabía por dónde irían sus pensamientos, ella asumiría su naturaleza y querría usar su poder, siempre era una historia que se repetía. Pero para su sorpresa, ella se quedó en lo superficial y, en cierta medida, en lo inocente. -¿Un lobo? ¿No eres un perro? ¿Ni una pantera? ¿Eres un lobo?
-¡¿Pensabas que era un perro?! ¿Una pantera? ¿Acaso me has oído ronronear como un gato en algún momento? –Gritó rabioso levantándose y haciendo que ella resbalara de su pata hasta acabar sentada en el suelo. -¡Debería devorarte por eso ahora mismo!
-¡Cálmate! ¿Qué esperabas? Nunca te he visto, así que hice mis conjeturas, -se defendió. –No era mi intención ofenderte, pero lo único que he visto de ti es una de tus patas y, a cada instante, estás olfateándome, claro que pensaba que eras un perro.
-Olfateo los cambios en tu chakra, tus emociones, -respondió más calmado. –Tu chakra y el mío deben estar en sintonía, de lo contrario ya sabes lo que pasa y, por si lo has olvidado…
-Lo sé, el sello está roto, -terminó ella por él. –No hace falta que me lo recuerdes a todas horas. Pero admite que, a pesar de eso, no nos ha ido tan mal. Sólo tuve algo de miedo cuando oliste a Naruto y a Gaara, ¿por qué?
-El chakra que porta Naruto me es conocido, -respondió. –En el caso del otro, sólo era algo residual, leves trazas que se han quedado impregnadas en su propio chakra.
-¿Puedes oler el chakra de los demás? –Preguntó Mara intrigada.
-Cuando miro a través de esos ojos no puedo ver más que lo que tú ves, -explicó Kurōkami. –Pero tengo el sentido del olfato más desarrollado, puedo distinguir los chakras con facilidad y podría hacer que tú los veas, ¿quieres que probemos? –Preguntó tentándola.
-¿Y qué hay del sello?
-¿Recuerdas las raíces del campo de entrenamiento? No pasó nada, sólo tienes que mantener tu chakra estable para que yo pueda hacer fluir el mío por él.
-Bien, confío en ti, -respondió Mara sin pensárselo demasiado. Ahí estaba de nuevo esa palabra: confianza. Estaba segura de que saldría bien, sin embargo, sólo tendría que liberar un poco de más chakra de la cuenta para hacer que perdiese el control y entonces ser libre. Después de ese pensamiento, otro acudía raudo y veloz, la mataría si lo hacía, no había llegado hasta ahí para acabar con ella ahora, la necesitaba viva para su venganza personal. ¿Sólo era su vehículo para la venganza o de verdad le había tomado cariño? Se sacudió el pelaje acomodándolo en su sitio, se sentó sobre sus cuartos traseros y le indicó que se situara de espaldas a él.
-Concéntrate en los canales de chakra de tus ojos. Sabes cómo abrirlos, -indicó el ente con voz profunda. –Ahora deja que mi chakra fluya hasta ellos, puede que notes cierta quemazón, pasará. Mantén tu chakra relajado, debe circular siempre a la misma velocidad o el mío entrará demasiado rápido en tus globos oculares y podría dejarte ciega al dañar tus nervios ópticos y eso no le gustaría al viejo.
Mara comenzaba a notar el resquemor detrás de sus ojos, lo que provocó que empezara a moverlos en todas direcciones de manera involuntaria. Su chakra se estaba alterando por la molestia que sentía. El chakra del ente se retiró y dejó de fluir antes de que la dañara.
Nada más notarlo Mara protestó en su cabeza, se volvió a concentrar, esta vez reconocería la sensación y estaría preparada.
-Vuelve a intentarlo, -indicó.
-No deberíamos, he estado cerca de provocarte daños, -respondió el ente más preocupado por ella que ella misma.
-Una vez más, confía en mí, puedo hacerlo, -dijo segura. –Y sé que puedo confiar en ti. Vamos, muéstramelo.
Esta vez el chakra de Kurōkami se extendió desde su estómago, ascendió por los canales directos a su cabeza y de ahí hasta sus ojos. El contacto fue como una corriente eléctrica que hizo que Mara abriera los ojos de inmediato.
El mundo que había visto frente a ella durante todo este tiempo había cambiado. Miró a izquierda y derecha. Veía rastros de diversos colores que indicaban las diferentes naturalezas de los chakras que habían pasado por ahí. Había un rastro verde casi desvanecido.
-Yamato, -susurró Kurōkami. –Agua y tierra, su mokuton.
Un trazo azul bastante marcado que venía desde la izquierda, paraba frente a los barrotes de su celda y volvía a irse por la izquierda.
-Agua, el guarda que trae cada día tu comida, -indicó.
Miró directamente a la izquierda por donde se perdían los trazos, a lo lejos pudo atisbar un punto diminuto amarillo.
-Rayo, memorízalo, éste es de alguien que conoces, -dijo con una risa. –Imagina lo que podrías ver si uniéramos tus habilidades y las mías.
Con esas últimas palabras, Mara sintió que la conexión que habían establecido se separaba de ella. Kurōkami se retiró dejando que pensara en lo último que le había dicho. Se mantuvo unos segundos con los ojos cerrados. Pronto se empezaron a escuchar unos pasos apresurados por el pasillo que se detuvieron frente a su celda, en ese momento abrió los ojos, esperando ver a uno de los guardias. Para su sorpresa, quien se encontraba frente a ella era Kakashi. Venía azorado y con la respiración algo agitada.
Estaba apoyado con un brazo extendido sobre uno de los barrotes de la celda. Ella se levantó del suelo y se situó frente a él, altanera.
-Lo siento, esto ha sido un malentendido, -empezó Kakashi. –Estoy seguro de que hay una explicación para todo lo ocurrido.
-La cuestión es si vas a creer esa explicación o, al igual que esa Senju, ya me has juzgado y condenado, -respondió tajante.
