Muy buenas, ya he vuelto de este parón por vacaciones. He vuelto con las pilas cargadas y con una actualización como souvenir, espero que lo esteis disfrutando. Saludos. Los personajes no me pertenecen.

Capítulo 18

-¿Te sientes culpable? ¿Por eso has venido? –Preguntó con cinismo.

-He venido a arreglar este error, -respondió el shinobi pacientemente. –Sé que hay una explicación razonable, quiero oírla.

Estuvieron mirándose el uno al otro a través de los barrotes de la celda. Finalmente, Mara se acercó más, aferrándose con cada mano a uno de los barrotes que quedaban a cada lado del que estaba apoyado Kakashi, y claudicó:

-Creí que estaban robando, o al menos intentándolo, inmovilicé a uno e incapacité al otro para tratar de sacarles información, -dijo atropelladamente, dicho en voz alta sonaba absurdo.

-¿Tratabas de proteger mi casa? –Preguntó Kakashi con cierta sorpresa. –Eso es algo bueno, la intención era buena, aunque Iruka se haya llevado la peor parte. No puedes ir lanzando kunais sin asegurarte de que es un enemigo.

-¡¿Me tomas el pelo?! –Estalló, sacudiendo con fuerza los barrotes a los que estaba sujeta. –¡Ese Iruka y el otro tipo, deberían de darme las gracias por estar vivos! Si estuviésemos en la Aldea de la Lluvia les habría matado y nadie me habría condenado, ¡ni siquiera me habrían juzgado! Eran un par intrusos que estaban sin permiso dentro de mi propiedad y eso, en Amegakure, se considera allanamiento. Era en defensa propia.

Mara respiraba agitada después de exponer su discurso exculpatorio. Tal y como Kakashi había supuesto, lo sucedido no era más que un intento por protegerse de una amenaza inexistente. Como le había dicho a Tsunade, era Mara contra el mundo y, al parecer, iba ganando a pesar de las consecuencias que le acarreaba.

-No estás en Amegakure, -dijo en un tono sereno y conciliador. –Estás en Konoha, aquí las cosas son diferentes, no tienes que luchar contra todos para sobrevivir. Te acostumbrarás.

-¿Ya estás con eso? ¿Es que no te cansas de repetirlo? –Dijo hastiada. –No voy a quedarme aquí después de esto, esa Senju no me quiere aquí más que encerrada y, probablemente, tú ni siquiera querrás volver a hacerte cargo de mí, -en medio de esa oración se detuvo y miró avergonzada abajo hacia sus pies. –No hago más que meterme en problemas y buscarte problemas con la Hokage y otros shinobis. He oído los comentarios de algunos guardias. No te dejan en muy buen lugar.

Kakashi la miró con ojos paternales, eso era lo más cerca que iba a estar de una disculpa por su parte. Empezaba a conocerla. Sabía que no le había gustado oír ciertos comentarios sobre él, probablemente, los mismos que él oyó cuando entró en el cuartel general de ANBU. Se preguntó si estaba desarrollando algún tipo de afecto hacia él. Soltó el barrote y metió la mano entre ellos hasta tomarla del mentón para hacer que lo mirara. Sus ojos ahora se mostraban evasivos y algo vidriosos.

-¿Te gustaría volver a casa conmigo? –Preguntó con sinceridad. Ella sacudió suavemente la cabeza confusa.

-Senju no lo va a permitir tan fácilmente, seguro que ha denegado mi período de prueba y lo habrá conmutado a una pena de prisión, -dijo apenada.

-Creo que podría solucionarlo, -dijo con un halo de misterio en la voz. Ella interpretó sus palabras a su manera, pensaba que se refería a una ofensiva junto a un plan de fuga. ¿Qué tenía que perder?

-No va a ser fácil, cuando entré, conté hasta treinta shinobis diferentes en mi camino hasta la celda, por no hablar, de las cámaras de seguridad y los tres ANBU que custodian la entrada a este nivel, la puerta de salida es de apertura retardada y la de la celda sólo se puede abrir mediante un código, casi con seguridad de tipo numérico, que cambia con cada turno de guardia. Además, no podré hacer sellos para ayudarte, a menos que me quites los grilletes y no creo que esta vez tengas la llave en el bolsillo.

Cuando terminó de hablar Kakashi estaba maravillado con el análisis de la situación y de la infraestructura de la prisión que había hecho, él no lo habría hecho mejor y, sin duda, era mejor que algunos de los informes sobre infiltraciones de algunos miembros de ANBU. Sin duda, sería una excelente kunoichi para la aldea. Entrecerró su ojo visible con picardía, dispuesto a tomarle el pelo.

-Creo que podré hacerlo, tengo un plan, -susurró junto a los barrotes para hacerla partícipe. –Tú espera aquí.

-¿Dónde crees que voy a ir, genio? –Respondió haciendo alusión a que se encontraba encerrada y con los grilletes aún puestos.

-Déjamelo a mí, -dijo Kakashi mostrando una sonrisa a través de su máscara que hizo que ella entrecerrara los ojos con sospecha sin comprender qué se proponía realmente.

Acto seguido, se marchó por el pasillo en dirección a los guardias. Mara se quedó quieta esperando escuchar algún sonido de lucha, pero no captaba nada, tan sólo murmullos de una conversación tranquila. Sin esperarlo, un pitido grave, idéntico al que escuchó cuando llegó allí con Yamato, dio paso a la apertura de su celda de manera automática. Desconfiada, se asomó al pasillo, al fondo, vio a Kakashi haciéndole un gesto con la mano para que se acercara.

Cuando llegó junto a él, los tres ANBU estaban en buen estado, sin un golpe, conscientes y con la llave que le quitaría los grilletes sobre la mesa a la espera de ser usada. El ninja la cogió y la liberó, de nuevo sus muñecas estaban enrojecidas tras tantos días cautiva. Mara, al ver que los ANBU no reaccionaban, preguntó a Kakashi:

-¿Has usado algún tipo de genjutsu? ¿Has usado una técnica de camuflaje para que no me vean? –Preguntó pasando una mano por delante de los ojos de uno de los portadores de máscara de animal, sin conseguir reacción alguna. -¿Hemos cambiado a otro plano dimensional quizá?

Ante esa pregunta el ninja se tensó, ¿acaso conocía la técnica de Kamui? La miró curioso, pero ella parecía más interesada en el guardia que tenía delante. Sobre la mesa había un pincel y tinta que usaban para firmar el libro con los cambios de guardias, lo cogió y lo dirigió empapado a la máscara del guarda que seguía sin reaccionar. Pintó sobre ésta varios bigotes gruesos de tinta, dándole un aspecto cómico a la impasividad de el de ANBU.

Se volvió hacia Kakashi que la miraba ahora entre divertido y extrañado de su comportamiento ahora infantil. Mara se encogió de hombros, desde la seguridad que le daba el hecho de creerse oculta a su fechoría. El único motivo por el que el de ANBU no reaccionaba no era otro sino el hecho de que era Yamato junto con la carta de liberación que Kakashi había entregado por ella minutos atrás.

-Eso es por la mierda de comida que me habéis traído durante todos estos días, -susurró al oído del ANBU cuando pasó por su lado en dirección a las escaleras y haciendo énfasis en el apelativo.

A su espalda Kakashi negó con la cabeza para que ninguno de los tres shinobis frente a ella movieran un solo músculo. Después la siguió escaleras arriba. Ella iba primera, varios escalones por delante de Kakashi, lo que dejaba su trasero a la altura de los ojos del ninja, quien seguía subiendo las escaleras por pura inercia e hipnotizado por el movimiento de esa parte de su cuerpo cada vez que subía uno de los peldaños.

Llegaron arriba, estaban de nuevo en el recibidor de la torre del Hokage. Parecía que el tiempo no había pasado, era una hora parecida a la que había ingresado en la prisión. Salieron fuera, a la explanada frente a la torre. Mara se llevó una mano a los ojos para protegerlos de la intensidad de la luz. Ciertamente, debía de haber pasado bastante tiempo ahí abajo para que sus ojos se sensibilizaran tanto.

Poco a poco fue retirando la mano, acostumbrándose a la claridad despacio y necesitando parpadear muy a menudo.

-¿Cuánto tiempo he estado ahí dentro? –Preguntó cuando pudo enfocar la vista sin que le dolieran sus orbes negros.

-Cinco días, -respondió Kakashi con seguridad. –Así que, míralo por el lado bueno, tan sólo te queda una semana de tu período de prueba.

-No creo que Tsunade lo vaya a dejar correr tan fácilmente, -dijo Mara. –Créeme, se han empezado guerras por menos de lo que le he dicho.

-Casi pensaría que eres una Uchiha por tus continuas disputas con una Senju, -comentó el ninja con tono jocoso.

-¿Qué?

-Lo que te conté cuando preguntaste por la fundación de la aldea, el clan Uchiha y el clan Senju, siempre estaban en disputas, ¿recuerdas?

-¡Ah, claro! Esa lucha ancestral, -dijo comprendiendo el hilo de pensamientos del shinobi. –Eh… ¿Qué te parece si vamos a comer algo? La comida de ahí dentro no te la recomiendo.

Un cambio radical de tema que no pasó desapercibido para Kakashi. Propuso ir de nuevo al Ichiraku, esta vez se sentarían en una mesa el uno junto a otro y le preguntaría por el combate de entrenamiento con Shino Aburame y esa habilidad para liberarse del Mokuton de Yamato. Antes de que pudiera responder con palabras, el mero hecho de recodar el olor del establecimiento provocó que su estómago gruñera en respuesta.

El camino hacia el lugar fue en completo silencio. En un determinado momento, se encontraban solos en una calle estrecha, Kakashi iba algo más adelantado que ella, por lo que Mara tuvo que sujetarle la muñeca haciendo que se volviera hacia ella por el inesperado contacto.

-Gracias, -expresó titubeante, algo ruborizada, con la mirada tan evasiva como había estado en la celda y soltando su muñeca como si le quemara el contacto. –Por todo lo que estás haciendo por una completa desconocida.

Definitivamente estaba empezando a expresarse y a dejar salir ciertas cosas, él había tenido razón desde el principio, sólo había que dejarle cierto espacio, un margen para que se sintiera cómoda. No debía decir nada que la presionara. Comprendía que decir aquello había supuesto un esfuerzo titánico para ella.

-Debes tener mucha hambre, empiezas a decir cosas sin sentido, -dijo sonriendo bajo su máscara ella le imitó y asintió con la cabeza. –Vamos, casi hemos llegado.

Salieron a la calle concurrida donde se encontraba el restaurante. Era una hora temprana para comer por lo que no había demasiada gente, se encaminaron hacia el establecimiento y fueron sorprendidos por varios ladridos. Un perro grande y blanco se acercaba a ellos corriendo y ladrando para hacerse notar, cuando les dio alcance se puso sobre sus dos patas traseras y subió las delanteras a los hombros de Mara, a continuación, comenzó a olisquearla y a lamerle la cara. Ella trataba de separarse del animal cuanto podía pero no lograba conseguirlo.

-Basta, basta, Akamaru, sé un buen chico, -decía tratando de hacer que parara. –Vamos, baja, al suelo, Akamaru.

Tras él venía corriendo Kiba en un intento inútil por alcanzarlo. Mientras tanto Mara trataba de limpiarse la cara de babas de perro.

-Lo siento, no sé qué le ha pasado, normalmente no hace estas cosas, parece que le gustas, -dijo Kiba sujetando a Akamaru.

-Hola, Inuzuka, deberías alimentar mejor a tu perro, -dijo con sorna pero el propietario del can ya no escuchaba, sólo había oído que recordaba el nombre de su clan. –Hasta pronto, Kiba. Y tú sé un buen chico, Akamaru.

El chico no se despidió, seguía en estado de shock, no sólo recordaba el nombre de su perro, el cual la adoraba, sino el suyo completo, definitivamente, ella era perfecta. A lo lejos vio a Naruto junto con otros amigos, como Sakura, Neji e Hinata. Se acercó a ellos como si sus pies se desplazaran solos sobre nubes de algodón. Cuando llegó hasta ellos todos le miraron extrañados.

-¿Qué te ocurre Inuzuka? ¿Demasiada comida de perro esta mañana? –Dijo Naruto mofándose.

-Ríete todo lo que quieras, Naruto, pero la tengo en el bote, -dijo Kiba mostrando superioridad. –Pronto dejará a Kakashi y se dará cuenta de lo valgo.

-Kiba, déjalo ya, ella no está interesada en ti, ni es la novia de Kakashi sensei, -dijo Sakura cansada de la misma conversación de siempre. Hinata asintió.

-¿Ah, sí? Pues, si no es su novia, ¿por qué han venido por los callejones solitarios? ¿Y qué hace comiendo de nuevo con ella en Ichiraku y a solas?

-¡¿Qué?! –Exclamaron todos.

-Como lo oís, les vi salir de uno de los callejones aledaños, -dijo señalando en la dirección del callejón por el que habían salido. -¿Os imagináis lo que estarían haciendo? Además, el aspecto de ella era algo más desmejorado y tenía las mejillas encendidas.

-¿Has dicho que están en Ichiraku? –Dijo Naruto. Kiba asintió. -¡Bien! ¡Tenemos una misión de espionaje e infiltración! Este es el plan, nos separaremos y buscaremos a Shino, luego le traeremos aquí y le obligaremos a que use sus insectos para poder oír lo que dicen. Dispersaos.

Naruto desapareció el primero, los demás se miraron entre sí. En realidad, todos estaban escamados por el nuevo pasatiempo de Kakashi: esa chica. A todas horas, no se separaban el uno del otro. Empezaron a pensar que lo de la supervisión no era más que una excusa para justificarse ante miradas indiscretas. Por no hablar de que durante casi cinco días no habían dado señales de vida ninguno de ellos. Así que todos se pusieron en marcha siguiendo el plan del rubio.

Mientras tanto, en el interior del restaurante, Kakashi y Mara estaban sentados uno frente a otro en una mesa apartada del bullicio de la sala. La joven cerraba los ojos y se deleitaba con los olores que inundaban su olfato de nuevo. Podía sentir su estómago rugiendo como si del mismo ente enfurecido se tratara, pugnando por salir de su barriga. De hecho, Kurōkami notaba la inquietud de ella ante la expectación del alimento, sentía su chakra acumulándose en el estómago y en sus fauces.

-Pareces del clan Akimichi, deberías ponerte la prenda con el símbolo de su clan para hacerle los honores, -dijo sólo para molestarla. Se lamió el hocico. Ella gruñó en respuesta. –Y ahora pareces del clan Inuzuka, veo que te estás adaptando a la aldea muy bien, pronto incluso parecerás una Senju.

Mara dio un golpe en la mesa en respuesta a ese último comentario, sobresaltando a Kakashi y sacándolo de su escrutinio a la carta del menú. El ninja levantó la ceja de su ojo derecho a modo de pregunta. Ella se limitó a encogerse de hombros y murmurar un suave "tengo hambre". Kakashi levantó el brazo y al instante un camarero vino a tomarles nota.

-¿Ya saben qué van a tomar?

-El bol más grande de ramen que tengan, con doble de carne y un refresco extra grande, -pidió la joven rápidamente.

El camarero miró incrédulo a Kakashi a la espera de confirmación. Éste por su parte la miró a ella inclinando la cabeza y se dirigió al camarero que esperaba la comanda pacientemente.

-Lo mismo para mí.

El hombre se retiró y se quedaron de nuevo a solas y en silencio, sin saber muy bien cómo empezar una conversación. Kakashi tenía la mirada perdida el algún punto detrás de ella, sobre la pared había una diminuta mosca inmóvil, y Mara escrutaba los rostros de los comensales de otras mesas. En una de ellas reconoció a alguien, allí mismo estaba sentado el joven oficial de la policía que le había tomado declaración cuando fue a devolver el dinero, eso le recordó algo.

-Me preguntaba, -empezó captando la atención del shinobi de inmediato. –Si mañana podría ir al hospital para que me retiren la sutura, la herida está completamente curada desde hace días. Y luego me gustaría ir a la comisaría, ¿qué te parece?

-Está bien, -concedió rápidamente. –Con una condición.

Era obvio que su petición no sería gratuita. Y casi podía entrever por dónde iba a ir su condición. Asintió para que él continuara y expusiera su chantaje.

-Vas a entrenar conmigo durante el resto de los días que te quedan bajo mi supervisión, -propuso.

-¿No crees que el trato está algo desequilibrado? Yo sólo te he pedido un par de horas de tu tiempo y tú toda una semana completa.

-¿Tienes algo mejor que hacer? Vamos, te divertirás y podrás ver mi sharigan en acción, -tentó. En ese momento llegó su comida. Un bol repleto de humeante ramen y deliciosa carne.

Mara hundió los palillos y se llevó una buena porción de fideos a la boca, sorbió y masticó con rapidez. El apetito que mostraba era voraz, más propio del ente en su interior que de una chica de su edad. Kakashi la observaba comer, estaba tan concentrada en su plato que no se dio cuenta cuando bajo su máscara para comer del suyo. Ardía, literalmente, pero a ella parecía no importarle, sin duda demostraba ser poseedora de una voluntad de fuego si podía comer aquello sin que su lengua se quemara.

Cuando estaba por terminar el bol, se dirigió a Kakashi, quien ya había vuelto a colocar la máscara en su lugar, mientras masticaba un trozo de ternera.

-Si decidiera quedarme en la aldea, uno de los motivos sería por este sitio, sin duda, -dijo saboreando la carne. –Por cierto, acepto las condiciones del trato, pero sólo entrenaré taijutsu.

-¿Hablas en serio? Te he visto controlar a la perfección el Katon, en mi casa y sé lo que pasó en el combate contra Shino Aburame, ¿qué problema hay en entrenar usando el chakra?

-Tú tienes tus condiciones y yo las mías, entrenaré todos los días, pero nada de usar chakra, -dijo segura mientras se encogía de hombros. –Lo tomas o lo dejas, Hatake.

El uso de su apellido le divirtió, parecía una experta en negociaciones, o chantajes, según se mirase. Claro que aceptaba. Sin duda aceptaba, aunque necesitaría del poder de la juventud si quería entrenar taijutsu.

-Bien, volvamos a casa, estarás cansada, imagino que los camastros de ese sitio no son los más confortables de Konoha, y mañana te espera un día de arduo entrenamiento, -dijo Kakashi pasando un brazo sobre sus hombros con familiaridad, mientras se encaminaban hacia su residencia.

Fuera, en la pequeña terraza de Ichiraku, el grupo de amigos habían encontrado a Shino y, una vez más, le habían convencido para que fisgara en la conversación del ninja. Todos se cubrieron con las cartas del menú cuando observaron que se disponían a salir. Pasaron ante ellos sin sospechar nada y, los seis pares de ojos, pudieron ver el gesto de cercanía de su sensei con la joven.