Buenas, aquí traigo otra actualización de mi historia, espero que la estén disfrutando. Los personajes no me pertenecen.

Capítulo 19

Se encontraba tumbada sobre su espalda en una cómoda cama a la espera. Sobre ella, podía ver de reojo a Kakashi que ahora guardaba silencio y esperaba, al igual que ella. Ambos evitaban el contacto visual directo entre ellos. La situación era incómoda para los dos.

Se encontraban en el hospital, se habían acercado al mostrador de información. Una mujer ya entrada en años les miró de arriba abajo con gesto de desaprobación y les dio un formulario de rutina donde tendrían que indicar la necesidad de su consulta para ser atendidos.

Lo cogieron y se sentaron en unas incómodas sillas de la sala de espera para cumplimentarlo. Mara tenía la sensación de que todo el hospital les observaba. Hundió la nariz en el formulario con la intención de desaparecer de las miradas acusadoras y de odio por parte del personal femenino que pululaba por allí.

Terminó de cumplimentarlo sin cruzar una palabra con Kakashi, que estaba sentado junto a ella, y lo volvió a entregar en el mostrador para que lo cursaran. La recepcionista la miró por encima de sus gafas evaluándola, guardó el formulario y volvió a sentarse.

-Gracias, atenta a la megafonía, la llamarán para acudir a una de las consultas, -dijo con voz monocorde. Mara se volvió al sitio que ocupaba junto a Kakashi, le echó una mirada rápida y se dispusieron a esperar su turno.

Los minutos pasaban uno tras otro, las personas que estaban junto a ellos en la sala de espera iban cambiando, sin embargo, ellos permanecían sentados. Otra tanda de largos minutos pasó, Kakashi se levantó con decisión y la cogió del brazo para que le siguiera.

-Vamos, -dijo tirando de ella hacia uno de los pasillos buscando una consulta en particular.

-Creía que teníamos que hacer esto bien, y yo tratar de no meterme en líos, -dijo Mara siguiendo el paso del ninja. –Tenemos que esperar nuestro turno. Si se arma un revuelo Tsunade se enterará y yo acabaré donde tú sabes.

-Esa vieja recepcionista ni siquiera se ha molestado en leer tu formulario, así que tendremos que hacer las cosas a tu manera, -dijo sin aminorar la marcha. –Tsunade no se enterará.

-¿Desde cuándo haces las cosas a mi manera? –Preguntó Mara, aunque su cuestión quedó en el aire.

En mitad del pasillo, Kakashi abordó a una de las enfermeras que pasaba por allí y le preguntó por la consulta de Sakura Haruno. La mujer, cayó rendida a los encantos del shinobi, los acompañó a una de las consultas vacías de esa misma planta. En un intercambio rápido de información, la enfermera hizo pasar a Mara al interior, Kakashi se propuso seguirlas, pero la mujer se puso en medio de la puerta de entrada impidiendo que él entrase.

-Hay que salvaguardar la intimidad de los pacientes, capitán Hatake, -dijo la enfermera dispuesta a plantar batalla.

-Tengo que entrar con ella, órdenes de la Hokage, no puedo dejarla sin vigilancia, -respondió tratando de no perder la calma.

La enfermera se dirigió al interior permitiéndole la entrada a Kakashi de paso.

-Bueno, querida, si a ti no te importa y son órdenes de la Hokage… -dijo no muy convencida de la excusa que le había dado el ninja. –Tiéndete, te prepararé para cuando llegue Sakura a revisarte.

Mara se aproximó a una camilla de reconocimiento y se tumbó bocarriba. Inmediatamente, la mujer se acercó a ella y levantó la camiseta negra de entrenamiento hasta dejarla por encima de su estómago y bajó la cinturilla de los pantalones hasta la mitad de su cadera, exponiendo una amplia porción de piel de su abdomen, quizá demasiada, además de la sutura.

-Ahora iré a buscar a Sakura, esperen aquí, no tardará en llegar, -había dicho saliendo por la puerta.

Y ahí seguían, en la misma posición que cuando se había marchado. Mara estaba con los brazos estirados a lo largo de sus costados, inmóvil. Por tu parte, Kakashi estaba inmerso en descubrir los secretos que un póster sobre el cuidado dental podría proporcionarle. En su campo visual, podía ver su vientre subiendo y bajando al compás de su respiración. El abdomen blanco y plano, en el que podía apreciar el sutil arco que formaban sus costillas y los suaves montículos que eran los huesos de su cadera. Sin duda los sueños que había estado teniendo sumado a la lectura de los libros de Jiraiya le estaban haciendo perder la cabeza.

Tras él se escuchó la puerta cerrarse y una voz cantarina con un tono jovial dar los buenos días. La ninja médico estaba de nuevo allí, con su pelo rosa llamativo destacando sobre su uniforme blanco. Ambos le devolvieron el saludo, agradeciendo tener un punto al que mirar que no fuese el uno al otro.

-Mara, has tardado en venir por aquí, -dijo Sakura revisando la herida, ya inexistente. –Has tardado demasiado en venir, ¿qué has estado haciendo?

-He estado… -vaciló sobre qué debía contestar. –Ocupada.

-Kakashi sensei, espero que no esté siendo demasiado duro, -reprendió al ninja. Comenzó a sacar el instrumental necesario para cortar la sutura. Ninguno contestó, el mutismo por ambas partes extrañó a la pelirrosa. –Bueno Mara, todo el mundo habla de tu encuentro con Shino. Me hubiese gustado verlo.

-No fue para tanto, -respondió la joven mientras se dejaba hacer. Uno a uno, Sakura iba retirando los puntos que habían mantenido su piel unida. Kakashi estaba concentrado en la visión de cómo su vientre plano se iba deshaciendo de esa horrible línea negra de sutura, para dar paso a una piel continuadamente blanca en toda su extensión.

-Está muy callado, Kakashi sensei, -dijo Sakura sonriendo. -¿Está bien?

-Sí, Sakura, estaba pensando en el entrenamiento de esta tarde, -respondió con sinceridad ganándose una mirada sorprendida de Sakura, la cual empezaba a maquinar en su mente un posible doble sentido en las palabras del sensei. –Voy a ir a entrenar con Gai y Mara me acompañará.

Justo en ese momento Sakura terminó de retirar el último punto de sutura, los pensamientos se agolpaban en su cabeza mezclándose con las palabras que había tenido con Kiba el día anterior. Vio a los dos saliendo de un callejón solitario, parecía que habían desaparecido por unos días de la aldea, estaban juntos a todas horas y, además, había venido con ella para hacerse un chequeo médico. Por último, se la iba a presentar a su mejor amigo. ¿Sería posible que esa chica y su sensei…?

Se había quedado ensimismada en las ideas locas y descabelladas, o no tanto, que se le ocurrían a su mente por culpa de ese Kiba, sólo una rápida y breve despedida desde la puerta la sacó de su ensoñación. Antes de que pudiera decir algo, los dos habían salido de la consulta.

Salieron a la calle y se dirigieron a la comisaría de la policía de Konoha. Había pasado la semana y debía ir a solicitar la devolución de la cantidad de dinero que puso en custodia, a la espera de que su legítimo dueño fuese a poner la denuncia por robo, aunque esperaba que no hubiese ido.

Cuando llegaron, entraron y Mara se quedó estática en la puerta mirando a los oficiales distribuidos por las mesas en busca de uno en concreto. No parecía verle por ninguna parte, quizá hubiese terminado su turno. Una voz la saludó saliendo de una de las salas de descanso.

-¿Mara, verdad? ¿Vienes por el dinero? –Ella se volvió y asintió. –Cada vez te veo mejor acompañada.

Kakashi pareció necesitar una explicación ante la familiaridad con la que la trataba.

-La otra vez vine con Yamato y Sai, tal y como me dijiste que hiciera, este oficial me tomó declaración y dijo que si nadie reclamaba el dinero podría quedármelo legalmente, y aquí estoy, -dijo con una ligera sonrisa.

-¿Viniste a entregar el dinero? ¿Me hiciste caso? –Preguntó Kakashi extrañado.

-Es lo que me dijiste, -dijo ella ahora sin comprender. Una pequeña sensación de orgullo recorrió el pecho del ninja.

-Ven, por aquí, revisaré las denuncias por robo de estos días y si no encuentro nada, te haré entrega del dinero, -interrumpió el oficial.

Los tres se encaminaron hacia la mesa que ocupaba el oficial, se sentaron uno frente a otro mientras Kakashi se había quedado en pie detrás de ella. El policía tecleaba con lentitud en su ordenador para verificar los partes de denuncia. El tecleo lento y pausado empezaba a poner de los nervios a Mara. Kakashi empezaba a comprender su lenguaje corporal. Se impacientaba y comenzaba a mover arriba y abajo uno de sus pies. Luego el cruce de brazos sobre el pecho y desviar la cara hacia la derecha, haciendo que ese pelo rebelde cayera sobre su rostro en un intento por cubrir su impaciencia. Y ahí estaba, la secuencia completa, hasta el más mínimo detalle, como si lo hubiese visto con su sharingan.

Pasados unos minutos, el policía la informó de que nadie había presentado ninguna denuncia en el período de tiempo. Por lo que, era la propietaria oficial de la pequeña fortuna que eran los doscientos ryus.

-Iré a buscar el dinero, mientras tanto, necesito que firmes estos documentos de retirada y entrega, -explicó el oficial poniendo delante de ella varios pliegos. –Enseguida vuelvo.

Se levantó y los dejó solos por unos momentos mientras ella terminaba de firmar. Por encima de su hombro, Kakashi observaba cómo rubricaba, los trazos delicados que describía con la pluma, pulcros y rápidos.

Antes de que se dieran cuenta, el oficial había vuelto con un sobre con un sello lacrado con el emblema de la policía, la estrella ninja con el abanico de los Uchiha en su interior. Lo cogió y se quedó mirándolo. Luego se volvió hacia Kakashi y le sonrió mostrándoselo.

-Espero que los utilice bien, -dijo el policía recogiendo los pliegos firmados por ella para archivarlos. Ya lo creía que los usaría bien, iría derecha a uno de esos baños termales que había visto anunciados en enormes carteles en la calle principal. Un buen masaje y un buen chapuzón caliente.

Salieron a la calle, Kakashi seguía muy callado. No había abierto la boca desde que les abordó ese policía que parecía conocerla.

Mara abrió el sobre con cuidado de no dañar el sello y sacó el fajo de billetes de su interior. Los puso abiertos en abanico y los agitó para sentir en el rostro la ligera brisa que provocaban al moverlos en el aire. Sin darle tiempo a disfrutar de su pequeña fortuna Kakashi le hizo un gesto para que comenzara a caminar. A diferencia de él, Mara se sentía de buen humor gracias a las ganancias.

-¿Sabes qué voy a hacer con él? Pienso gastarlo en esos baños termales que se anuncian por todas partes, -dijo ella entusiasmada mientras se dirigían a las afueras de Konoha, al campo de entrenamiento. –Puedes esperar fuera si quieres.

-Ese dinero sigue siendo robado, aunque hayas firmado el depósito legal, -respondió Kakashi con cierto enfado. –Por mucho que te bañes en esas termas, será un agua pagada con dinero robado.

El entusiasmo de la chica desapareció, realmente estaba molesto y eso la hacía sentirse mal. Por alguna razón no quería decepcionarle y con sus palabras había sembrado en ella la semilla de la vergüenza y había hecho germinar a su conciencia.

Cuando hubieron avanzado un trecho pasaron junto a una anciana con el que parecía ser su nieto. El muchacho miraba con deseo unas gafas protectoras expuestas en el interior de la tienda de suministros ninja.

-Abuela, con esas gafas ningún enemigo podrá cegarme, -decía el joven tratando de convencer a la anciana para que las comprara. –Seré el mejor en la Academia.

-Ya basta, muchachito, son demasiado caras, cuando te gradúes y empieces a hacer misiones podrás comprarlas, -respondió la abuela reprendiéndolo.

Mara se detuvo al oír la conversación. A su cabeza vinieron las imágenes de las fotografías que guardaba Kakashi en el fondo del armario. El joven de pelo negro con gafas protectoras naranjas, parecidas a las que se exponían en la tienda. Miró el interior y se fijó en la etiqueta con el precio, los números estaban escritos con una caligrafía exquisita, las tres cifras la hicieron casi desechar la idea que se le había ocurrido al momento, ciento noventa y nueve ryus eran muchos ryus para unas gafas, la anciana tenía razón. Se mordió el labio tratando de decidir qué era lo mejor. La idea de un baño y un masaje relajantes era tentadora pero, por otro lado, se imaginaba a ese chico de las fotos persiguiéndola con un ojo menos y culpándola a ella de haberlo perdido por no tener unas gafas protectoras. Malditos fueran Kakashi y sus historias sobre su sharingan.

-¿Puedes esperarme aquí? No tardaré, -dijo entrando con determinación en la tienda antes de que Kakashi pudiera contestar.

A los escasos segundos salió con una bolsa y buscó a la anciana con el niño por la calle. Los localizó a un par de tiendas de distancia, por suerte la anciana no podía andar demasiado deprisa. Corrió hacia ellos bajo la atenta mirada de Kakashi.

-Aquí tienes, no preguntes, -dijo Mara entregando la bolsa y volviendo sobre sus pasos. El niño la abrió con rapidez descubriendo en su interior las gafas protectoras del escaparate. Con total seguridad, ése se había convertido en el mejor día se su vida. Rápidamente se las puso y las ajustó al perímetro de su cabeza y gritó a espaldas de Mara un gracias a todo pulmón.

Mara llegó hasta donde la esperaba Kakashi quien mostraba una sonrisa de satisfacción bajo la máscara.

-Has hecho lo correcto, -le dijo cuando se paró a su lado mientras le removía la melena con la mano y hacía que uno de sus ojos quedara oculto por el pelo, ahora desordenado. –Empiezas a ser una buena ciudadana.

-Cállate, la idea de los baños era mucho mejor, -dijo con resignación y algo avergonzada por el elogio y el gesto de cercanía.

-Vamos, cuando lleguemos a la zona de entrenamiento me gustaría presentarte a alguien, -dijo el ninja con misterio.