Muy buenas, siento el retraso en actualizar pero por cuestiones de trabajo me ha sido imposible. Espero que os esté gustando la historia y la encontréis interesante. Los personajes no me pertenecen.
Capítulo 20
Los gritos retumbaban por todo el laboratorio. La primera bolsa de aquella sustancia había entrado por completo en su débil organismo. Trataba de luchar contra ella pero era inútil. Sentía cómo sus venas ardían, como todo su cuerpo parecía que estaba a punto para combustionar en cualquier momento. Todos sus músculos estaban tensos, doloridos y agarrotados por las horas de padecimiento.
Nada de eso importaba. Ni el dolor. Ni el sufrimiento. Ni el precio a pagar. Necesitaba hacer aquello, necesitaba expiar sus pecados y ésta era la única manera que había encontrado.
Orochimaru se acercó al lecho donde el anciano reposaba. El monitor indicaba que lo peor había pasado. Era hora de comprobar si eran visibles los primeros resultados.
El viejo tenía el cuerpo cubierto de sudor. Incluso algunos de los sensores se habían despegado de su piel por ese motivo. La piel seguía pareciendo ajada. Los huesos se marcaban debajo de ésta. Las arrugas de la edad seguían surcando su rostro. Comprobó, para su desgracia, que el único cambio visible era el cambio en la tonalidad a una de un negro intenso, de un mechón de pelo que descansaba sobre el rostro cubriendo uno de sus ojos.
Soltó una leve carcajada. Su descubrimiento era efectivo, aunque todavía no del todo eficaz. Debía seguir mejorando la fórmula en próximas sesiones. A oír la risa el anciano entreabrió los ojos y lo miró fijamente.
-¿Ya hemos terminado? –Preguntó con voz ronca.
-Mi querido amigo, no hemos hecho más que comenzar, -respondió Orochimaru.
-Entonces continuemos, no tengo tiempo que perder, aún nos queda otro asunto pendiente cuando terminemos, -dijo con urgencia en la voz.
-Todo a su debido tiempo, ¿no querrás que todo dé al traste, verdad?
Lo único que recibió por respuesta fue un gruñido de molestia. Torció el gesto y giró el cuello. Dejó a Orochimaru preparando la inyección de otra de esas bolsas. Se preparaba mentalmente para lo que vendría de nuevo: el dolor y el ardor hasta el punto de causarle delirios.
-¡Vamos Lee, tienes que aprovechar todo el poder de la juventud! –Gritaba un Jōnin con un extraño corte de pelo y unas cejas muy pobladas al que parecía ser una copia joven de sí mismo. Ambos iban vestidos con un mono verde y protectores naranjas que cubrían de sus rodillas a los tobillos.
-¡Sí, Gai sensei! ¡Daré cincuenta vueltas al campo de entrenamiento antes de que venga Kakashi sensei y si no lo consigo tendré que dar cien caminando sobre mis manos! –Respondió con entusiasmo el que era de menor estatura.
Desde el otro lado del campo de entrenamiento, se aproximaban un entusiasmado Kakashi y una desconfiada Mara ante los comentarios de los allí presentes.
-¡Kakashi, mi eterno rival! ¿Preparado para que te venza en nuestro próximo reto? –Dijo Gai a modo de bienvenida.
-Hola, Gai, -saludó Kakashi mucho más comedido en su saludo. –Me temo que, una vez más, vas a perder contra mí. Y esta vez ni siquiera voy a competir contra ti, lo hará mi nueva alumna.
-¡¿Qué?! –Gritaron, los dos de cejas pobladas y Mara. -¡Esté no era el trato!
-Dejad de quejaros, -dijo Kakashi ignorando las quejas. –Gai, Mara quiere mejorar su taijutsu y creo que eres el mejor con el que puede entrenar, por alguna extraña razón no quiere usar su chakra.
-¡Bien! ¡Jovencita, vas a ver en todo su esplendor a la Bestia Verde de Konoha! –Exclamó riendo y poniendo las manos en su cintura para dar más énfasis a sus palabras.
-Mara, este es el reto: si consigues golpear, sólo una vez, a Gai, luego te haré una demostración de mi sharingan.
La proposición sonaba tentadora. Realmente, tenía ganas de ver su sharingan en todo su esplendor. Pero el reto que le proponía era de una dificultad elevada. Su rival a golpear era un Jōnin, al igual que Kakashi, algo a tener muy en cuenta aunque no fuese un combate real.
-¿Y bien? ¿Qué dices Mara? –Preguntó Kakashi cruzándose de brazos a la espera. Mara giró la cabeza hacia él, provocando con el movimiento que esa parte rebelde de su pelo cubriese su ojo de paso, mostró esa media sonrisa torcida ya muy conocida por él y respondió.
-Que le vayan preparando una cama en el hospital.
-¡Ése es el espíritu de la juventud! –Respondió Gai con una sonora carcajada acompañando a sus palabras.
Se pusieron uno frente a otro a unos metros de distancia. Se inclinaron haciendo una ligera reverencia al rival y adoptaron sus posiciones de combate. Gai se situó de lado con las piernas separadas para obtener estabilidad, su brazo derecho plegado en un puño junto a su cadera preparado para atacar y su brazo izquierdo en alto delante del pecho doblado en noventa grados y con la palma de la mano hacia abajo.
La aspirante se colocó en la misma pose que utilizó frente a Shino Aburame. Retrasó su pierna derecha dejándola ligeramente flexionada, dejando que cargara con el peso del cuerpo. Primero juntó sus palmas para retirar la mayor cantidad de chakra en contacto con el del ente. Luego llevó una mano atrás con la palma abierta hasta situarla a la altura de su hombro, preparada para la defensa en caso de necesitarlo o de ataque si veía una buena oportunidad. Extendió el otro brazo completamente estirado, con la mano recta y los dedos juntos, esta vez optó por no hacer el gesto de provocación que tuvo con Shino. Soltó despacio el aire que contenían sus pulmones.
Ambos se miraron a la espera de ver quién haría el primer movimiento. La quietud se respiraba, ninguno movía un músculo, se estaban evaluando mutuamente. Entre ellos el aire suave mecía las briznas de hierbas que se atrevían a crecer en la arena de combate.
-¿Preparada? ¿Comenzamos? –Preguntó Gai a la vez que se lanzaba hacia ella. Primero tantearía su fuerza, sus reflejos, la destreza y su técnica.
La joven consiguió detener el primer impacto, desviar el segundo y esquivar el tercero. Era su turno de atacar. Lanzaba golpes con brazos y piernas sin dejar de perder elegancia. Golpes limpios y certeros. Armoniosos. Gai era un magnífico usuario del taijutsu, ambos tenían un estilo limpio y preciso.
A Mara le costaba seguir el ritmo, Gai incrementaba la velocidad de sus ataques y parecía no tener problema en detener los que ella lanzaba, cosa que comenzaba a agotarla. La transpiración se hacía visible en su rostro y cuello, así como en sus manos.
-Está haciendo que te canses para que seas blanco fácil, -retumbó una voz en su cabeza. Eso hizo que se desconcentrara y encajara el primer golpe de Gai en el estómago, lo que la mandó a unos metros de distancia cayendo sobre su espalda.
Se dio la vuelta para tratar de levantarse. Tosió por la falta de aire y escupió notando un ligero sabor a sangre en la lengua. Se colocó sobre sus rodillas y una de sus manos, mientras que con la otra se sobaba el estómago donde había recibido el impacto, el control del chakra le falló en ese momento, notando como el sello aparecía sobre su piel. Volvió a toser varias veces más para ganar tiempo y concentrarse en hacerlo desaparecer. Respiraba agitada por el dolor, la tos y el ejercicio. Levantó la cabeza y miró a Gai con su único ojo visible, aun sujetándose el estómago, poco a poco sintió cómo el sello iba desapareciendo de su forma visible.
-Tienes que hacerle caer en un engaño, -dijo de nuevo la voz en su cabeza.
-Sólo voy a usar taijutsu, -respondió apretando los dientes por el dolor.
-Puedes hacerlo usando sólo el taijutsu, hazle creer que vas a realizar un ataque y en el último segundo, cuando él haya iniciado el contraataque, cámbialo cuando no tenga tiempo de reacción. Él con los suyos te dirige hacia donde quiere, de manera que sabe dónde intentarás atacar a continuación.
-Vale, vale, lo intentaré, -dijo Mara poniéndose en pie. Se sacudió algo de tierra que se había adherido a sus manos y se encaró a Gai. –No hemos terminado.
Volvió a colocarse en la postura inicial, al igual que el Jōnin. Sin preámbulos se dirigió rápida hacia él, realizando una serie de ataques con sus puños a la vez que desviaba los que Gai hacía contra ella.
Kakashi observaba con su sharingan, estaba cumpliendo con lo que prometió, nada de usar técnicas de chakra, aunque el taijutsu no era su fuerte, se defendía, claro que Gai no estaba empleándose al cien por cien con ella.
En la arena, Mara sujetaba por el antebrazo con fuerza uno de los brazos de Gai. Obligándolo a atacarla con el izquierdo y ella se condenaba a recibir el golpe al no poder defenderse con sus brazos. Gai podía ver la victoria.
Un momento antes de que el puño impactara contra ella se agachó, haciendo que pasara sobre su cabeza. Mara cambió el agarre de un brazo a otro con una mano para aprovechar la inercia y la trayectoria que llevaba el golpe de Gai y con su puño izquierdo golpeó tan fuerte como pudo sobre la mejilla expuesta del Jōnin.
Ambos emitieron un ligero grito de dolor. Gai no estaba preparado para el impacto y Mara no estaba acostumbrada a golpear con el puño descubierto de chakra para amortiguar el impacto.
-¡Lo logré! ¡Le he dado! ¿Lo has visto? –Dijo exaltada mientras sacudía su mano tratando de aliviar el dolor.
-¡Claro que lo he visto! ¡Es tu poder de la Juventud! –Respondió Gai entusiasmado. –Lee, ¿lo has visto tú también? Debemos continuar entrenando, no podemos permitirnos bajar el nivel.
-¡Entendido, Gai sensei!
-Kakashi, te felicito por tu nueva alumna, tiene madera para convertirse en una buena kunoichi, -acto seguido los dos de cejas pobladas se fueron corriendo de la arena de combate para continuar con su entrenamiento en otro lugar.
Mara se acercó a Kakashi haciendo visible ligeras molestias en su mano izquierda, con la que había asestado el golpe de la victoria.
-¿Ha dicho que tengo madera? ¿De verdad? ¿Madera? –Dijo de manera irónica.
-Es sólo una expresión, no te lo tomes en serio, Gai es así, -respondió Kakashi cogiéndole la mano para revisársela. -¿Puedes moverla? ¿Duele mucho?
-Eh, no… En realidad, ya se me está pasando, -respondió retirando la mano de entre las suyas y abriéndola y cerrándola varias veces. –Habías prometido enseñarme tu sharingan, pero tu oponente ha salido huyendo después de mi golpe.
-Bueno, yo sigo viendo un buen oponente, -respondió el shinobi.
-¿Qué? ¿Yo? ¿Contra un sharingan? No, gracias, -contestó cruzándose de brazos incrédula por la proposición de Kakashi.
-Vamos, así sabrás qué hacer si alguna vez te enfrentas a alguno, -dijo Kakashi.
-Ya sé qué hacer, no mirarlo directamente y correr tan rápido cómo pueda, -respondió fingiendo inquietud.
-Eras tú la que tenía interés por verlo, estoy cumpliendo con mi palabra.
-De acuerdo, pero nada de tortura, -dijo apuntándole con un dedo a modo de advertencia. Kakashi pareció no comprender su comentario así que le hizo un gesto para que se explicara. –Bueno, es que, en la Aldea de la Lluvia, había un tipo que también tenía el sharingan, en ambos ojos, y podía torturar a la gente desde sus mentes.
-Te refieres a … -empezó Kakashi.
-…Itachi Uchiha, -terminó Mara. –He sabido que hasta hace unos años era un ninja de la Hoja y que pertenecía a la policía. Me lo dijo Yamato.
Kakashi estaba sorprendido por la declaración, lo había dicho sin ningún tipo de presión, simplemente quería compartirlo con él. Quería que poco a poco fuera conociéndola. Aunque algo le decía que eso sólo era la punta del kunai pero tendría que esperar para averiguarlo.
-Bien, empecemos, -comenzó Kakashi para volver a tono distendido de antes. –Como sabrás, el sharingan, es un dojūtsu que se transmite por la línea de sangre dentro del clan Uchiha.
Mara asintió en silencio.
-A diferencia de otros clanes, los Uchiha deben hacer despertar su sharingan mediante fuertes emociones, se dice que estos ojos son los que muestran las emociones, -continuó Kakashi. –por eso había miembros de los Uchiha que nunca llegaban a despertarlo a lo largo de su vida.
Kakashi se acercó a ella y dejó que observara de nuevo su mangekyō sharingan a plena luz del día, dejándola que se fijara en los detalles de sus aspas negras sobre el rojo intenso. Realmente no sabía si ya había usado algún tipo de genjutsu con ella, puesto que ese ojo rojo la atraía como si no pudiera separar sus ojos de él. Pudo observar con detalle el nacimiento de cada una de las tres aspas características, el ángulo perfecto que formaban, como si de hoces se trataran, al doblarse sobre sí mismas formando sus puntas un círculo concéntrico alrededor de su pupila. Todo el conjunto estaba adornado con la antigua cicatriz vertical de un color más oscuro que el resto de su piel.
-¿Cómo despertó tu sharingan? –Quiso saber Mara. La pregunta cogió a Kakashi con la guardia baja, no esperaba que preguntara eso pero, al igual que hizo cuando le preguntó por su obtención, optó por responder con la verdad como otro pequeño homenaje a su amigo Obito.
-¿Recuerdas a Obito? Lo despertó cuando sintió la desesperación de no poder protegerme contra unos ninjas que usaban una técnica de camuflaje que les hacía parecer invisibles. Él consiguió verlos con su sharingan y pudimos derrotarlos, -Kakashi dejó que el mensaje calara en ella, era bueno hacer cosas por los demás. –Como iba diciendo, una vez que despierta, el usuario puede activarlo y desactivarlo a voluntad, en mi caso, no puedo hacerlo puesto que es implantado y requiere mucho chakra para alguien que no es de la línea de sangre Uchiha.
-Claro, la línea de sangre es importante, entiendo, -dijo Mara poco sorprendida por lo que le había explicado hasta ahora el shinobi.
-La habilidad básica de un sharingan es la percepción del flujo de chakra del oponente, de manera que el usuario del sharingan puede ver y anticiparse a los movimientos del contrario, por ello puede copiar los movimientos o sellos para contrarrestarlos con el chakra necesario sin desperdiciarlo, -Kakashi hizo una pausa para dejar que ella pensara en lo que estaba diciéndole, esperaba que hiciera alguna pregunta, pero ésta no se produjo por lo que siguió: -Esto se ve incrementado según el número de tomoes, o aspas, que posea el usuario, yendo de uno hasta tres.
-El tuyo no tiene los tomoes característicos de los sharingans, -dijo ella al instante.
-No, aquél día reconociste muy rápido mi mangekyō, -dijo mostrando una sonrisa. –Es una forma superior de sharingan que otorga habilidades especiales diferentes en cada usuario, en mi caso, puedo transportar a personas u objetos a otra dimensión y traerlos de vuelta a voluntad. Te pondré un ejemplo.
Kakashi buscó por el suelo hasta que encontró lo que buscaba. Cogió una piedra con el tamaño suficiente para poder ser lanzada a una distancia considerable sin que supusiese demasiado esfuerzo. Se la entregó a Mara y le dijo que se la lanzase con todas sus fuerzas. Ella le miró extrañado, sopesó la piedra en su mano y esperó a su señal. Kakashi se situó a unos metros de distancia. La miró y asintió preparado.
Mara agarró la piedra con fuerza y la lanzó hacia él tan fuerte y rápido como sus músculos se lo permitían. En un abrir y cerrar de ojos una ligera distorsión en la trayectoria que debía describir la piedra hizo que ésta desapareciera sin más.
-Cuidado, -dijo Kakashi. Antes de que pudiera reaccionar, Mara sintió un impacto en su espalda cerca del hombro derecho. Cuando miró atrás comprobó que la piedra la había golpeado, mañana luciría un buen moratón en esa zona. De alguna manera había aparecido tras ella mientras seguía la trayectoria.
Mara cogió de nuevo la piedra mientras se sobaba en golpe con la otra mano. Era la misma piedra, tenía esa grieta en uno de los cantos, no había sido un genjutsu ilusorio puesto que le había golpeado de verdad, realmente había sido capaz de transportar la piedra a otro lugar y volver a hacerlo para situarla tras ella.
-Otra vez, -pidió dispuesta a lanzar de nuevo.
-Como quieras, -dijo Kakashi sonriendo bajo su máscara y preparado para hacer de nuevo la técnica. Era obvio que Mara estaba pensando en algo, tenía la media sonrisa en la boca, tendría que estar preparado.
La joven pidió confirmación para lanzar. Llevó el brazo atrás y lanzó la piedra otra vez. Kakashi se concentró en el objetivo pero, para su sorpresa, vio que la roca se dividía en dos, Mara había imbuido con una pequeña parte de chakra la piedra para aprovechar el punto débil de su grieta y que se separa en medio del lanzamiento y, además, cambiar sus velocidades a causa de la deflagración emitida por el calor de su chakra de fuego. Una de las mitades podría absorberla, pero la otra venía justo hacia él. No podía desviar la mirada para saber cuándo alzar el brazo para detener la roca y tampoco podría cubrirse la cabeza porque necesitaba mantener el contacto visual al menos unos segundos más para absorber con su Kamui la otra mitad.
Impacto.
La segunda mitad había golpeado al shinobi en el hombro. Mara se acercó a él con preocupación en el rostro, esperaba que esto no supusiera otra visita al despacho de la Hokage para dar explicaciones por otro ninja herido por ella y que, además, era su supervisor.
-¿Estás bien? ¿No le dirás nada de esto a esa Senju, verdad? Ha sido parte del entrenamiento, -preguntó con inseguridad.
-¡Apártate! –gritó el ente en su cabeza. Esta vez Mara le hizo caso y se desvió hacia la derecha rápidamente. Por su lado pasó la otra mitad de la roca impactando en el suelo a un lado de donde se había encontrado ella antes.
Kakashi asentía satisfecho, no todos los días le ocurría aquello. Mostró una sonrisa bajo la máscara.
-¿Qué? Aprendo rápido, necesitas al menos dos o tres segundos enfocando el objetivo para poder usar tu habilidad y, además, no puedes hacerlo con varios objetivos a la vez o fuera de tu campo visual, ha sido fácil, -dijo ella encogiéndose de hombros restando importancia al asunto.
-Quizá demasiado, mañana deberíamos empezar con la parte de los genjutsus de tortura mental, ya que eres una alumna aventajada, -dijo de manera inocente, aunque sorprendido por la facilidad con que había analizado y contrarrestado su Kamui.
-¿Hablas en serio? –Preguntó Mara con preocupación sin entender el tono bromista de él.
-No, Mara, no voy a torturarte como entrenamiento, -respondió Kakashi. –Deberíamos volver a la aldea, hemos estado todo el día aquí. Me sorprende que no hayas protestado por comida.
A decir verdad, caía la media tarde, el sol empezaba su declive entre las copas de los árboles y, lo cierto era que, no se había quejado por la comida porque la clase magistral sobre el sharingan le había resultado de lo más interesante aunque no había aprendido mucho que no supiera ya, salvo la habilidad de su mangekyō, pero habían disfrutado del día juntos.
Se encaminaron hacia las puertas gigantescas de madera de la Aldea. Cuando llegaron había una pequeña multitud congregada. Al parecer había llegado un visitante inesperado.
Kakashi y Mara se acercaron más. Pudieron descubrir caras conocidas. La primera fue la de la Hokage, junto a ella estaban Gaara, el Kazekage, y sus hermanos, un poco más allá estaban Naruto y Yamato hablando junto a un hombre rubio, alto, musculoso, de piel morena y que hablaba entre rimas. Ninguno de ellos se había dado cuenta de los dos que venían dispuestos a traspasar las puertas.
Mara sacó a Kakashi del camino de un empujón y ocultándose de los demás ojos. Cuando Kakashi fue consciente de la situación uno de los pasajes que había leído recientemente en una de las novelas de Jiraiya le vino a la memoria.
La joven de la historia en cuestión era muy tímida para mostrarse delante de todos y dejar ver su amor por el protagonista al mundo. De manera que se veía a escondidas con su amante. Uno de esos escondites se encontraba en un frondoso bosque. Kakashi imaginaba que ese escondrijo era real y que Jiraiya lo había incluido en la novela habiéndolo conocido y usado de primera mano. La chica tomaba al muchacho de la mano y lo apoyaba contra un árbol, desatando el amor y la pasión entre ellos y…
-¿Me estás escuchando? –Preguntó Mara entre susurros, chasqueando los dedos delante de la cara del shinobi, quien parecía que había caído víctima de un genjutsu, y reteniéndolo con la otra en su pecho apretándolo contra el tronco del árbol. -¡Kakashi!
-¿Qué ocurre? ¿Por qué nos has empujado aquí? –Preguntó confundido y con la mente aún puesta en el relato del libro.
-No me estabas escuchando, -dijo enojada y levantó un dedo a modo de amenaza. –Si la Hokage me ve fuera de la aldea estoy segura de que me devolverá a tú ya sabes dónde. Así que vamos a esperar aquí a que se larguen todos, ¿de acuerdo?
Mientras la conversación tenía lugar, ni Mara ni Kakashi se dieron cuenta de que un ojo de arena les estaba observando y que el portador de ese ojo le comunicaba la extraña situación a la Hokage. Ésta se dirigía hacia ellos con paso firme y decidido además de con una vena palpitante en la frente que anunciaba su inminente enfado. De un golpe tumbó el enorme tronco del árbol tras el que se escondían. La acción no tomó de imprevisto a Kakashi, quien se mantenía con su aire taciturno. En cambio, Mara estaba boquiabierta al comprobar el grosor del tronco del árbol que había quebrado de un solo golpe.
-Quiero ahora mismo una explicación para esto, -exigió Tsunade. El corro de personas había llegado hasta donde estaban los tres y se quedaron mirando a la extraña pareja y sacaban cada uno sus propias conclusiones de lo que creían que allí estaba pasando. -¿Tú tienes algo que decir esta vez?
El cerebro de Mara bullía en busca de una respuesta que la sacase del atolladero, pero ninguna le parecía lo suficientemente convincente, por una vez se alegró de que su pelo cubriese su rostro que lo notaba ardiendo, así que, tiró de uno de los clásicos de la literatura que tanto le gustaba a su supervisor, y dijo:
-No es lo que parece, -dijo completamente con las mejillas encendidas y negando con la cabeza.
