Muy buenas, aquí os traigo otra actualización y estoy muy contenta porque por fin, se ha roto el hielo de los reviews ^^ Muchas gracias a LuciiChaan y kiki8o, espero que los demás lectores os animéis de decirme lo que os está pareciendo y que lo estéis disfrutando. Los personajes no me pertenecen.
Capítulo 22
Todos los presentes los observaban a la espera de una explicación mejor que un simple "no es lo que parece". Habían terminado por acercarse incluso Naruto, Yamato y el hombre corpulento de piel bronceada.
-Di algo, -susurró Mara mirando a Kakashi, quien parecía mantener la compostura a pesar de las circunstancias mostrando un gesto taciturno típico en él.
-Mi alumna y yo veníamos de un entrenamiento, cuando nos encontramos con que estabais reunidos en la puerta principal de Konoha, -comenzó a relatar el shinobi. –Mi alumna, que es una chica muy responsable, me recordó la prohibición que pesa sobre ella de no ir más allá de las murallas de la aldea. Creyó que si la veías pasaría otra temporada bajo arresto pero, como ves, aprendió la lección y ahora trata de seguir las normas.
Llegados a ese punto de la explicación con cierto tono irónico, la ceja de Tsunade temblaba incapaz de controlar el enfado.
-Por desgracia, yo olvidé la prohibición, -continuó Kakashi. –En realidad, decidí saltármela, ya que es imposible entrenar dentro de las murallas. Gai Maito puede confirmar que estuvimos entrenando con él y Lee.
-¿De verdad va a ser tu alumna, Kakashi? –Dijo Tsunade seria. –Espero que rellenes el papeleo pertinente para ello, de lo contrario esto no se volverá a repetir. Y, si se repite, no habrá explicación que os libre, a ti y a ella, de pasar una buena temporada en el nivel tres. ¿Me he explicado bien?
En un abrir y cerrar de ojos, el humor de Tsunade cambió, ahora sonreía con amabilidad y se dirigía a los integrantes de la Aldea de la Arena.
-Lamento el espectáculo, Gaara, espero que los informes de nuestros shinobis en los próximos exámenes de ascenso no se vean condicionados por lo sucedido, en la Hoja la disciplina es algo fundamental para nuestros ninjas.
Con un leve asentimiento de cabeza por parte del Kazekage y una simple despedida, los tres de la Arena emprendieron su camino de vuelta a Suna. Sólo quedaron los que pertenecían a la Hoja, Mara y el rubio corpulento.
Todos volvieron al camino, enfilando la entrada principal de la Aldea. Tsunade iba abriendo la marcha marcando un paso rápido en dirección a su despacho, en medio iban Naruto, Yamato y el moreno, quienes iban charlando de tipos de ramen que servían en Ichiraku y, cerrando el grupo, Kakashi y Mara con el rostro aún rojo y a una velocidad más pausada.
-Gracias, otra vez, -murmuró. -¿Cómo que tu alumna?
-Quería esperar a llegar a casa para decírtelo, pero lo cierto es que hice el papeleo el mismo día que llegué de la reunión. Sólo hace falta que tú lo firmes dando tu consentimiento.
-Kakashi, ya te lo dije, mientras esté bajo tu supervisión haré lo que sea necesario para pasar el período de prueba, pero después, aún no sé si voy a quedarme aquí, -dijo con sinceridad.
Antes de que pudiera replicar Yamato se unió a la conversación.
-De hecho, yo os estaba buscando, -empezó. –Quería darte esto, Kakashi.
Extrajo del interior de su chaleco táctico un sobre marrón de documentos que le entregó al otro shinobi.
-No me lo digas, ¿son órdenes de detención sobre mí por algo que no he hecho? –Preguntó Mara en tono mordaz.
-Gracias, Yamato, lo leeré en cuanto llegue, -respondió Kakashi lanzándole una mirada desaprobadora a la muchacha, quien se encogió de hombros y puso los ojos en blanco. –Por cierto, ¿qué hace aquí Bee?
-Ha venido para pasar una temporada y entrenar con Naruto, dice que quieren perfeccionar el control de sus Bijuus, -Respondió Yamato observando a Naruto y al llamado Bee conversar entre ellos.
-¿Qué es un Bijuu? –Preguntó Mara confusa. -¿Es algún tipo de técnica?
-¿No sabes qué son los Bijuus?
-No hablaba contigo, Yamato, -volvió a contestarle de manera cortante y volvió el rostro hacia Kakashi. Como un buen sensei, recaía sobre él el deber de enseñar a su alumna. Debía ser cuidadoso a la hora de elegir las palabras y sobre todo de analizar sus reacciones, ya que no dejaba de ser una extranjera de la Lluvia y, además, teniendo en cuenta que el grupo Akatsuki seguía tras los Bijuus y sus Jinchūrikis.
En su interior, Kurōkami estaba más agitado de lo normal, notaba cómo el sello pulsaba sobre su piel apareciendo y desapareciendo continuamente. El olor de dos chakras muy concentrados se clavaban en sus fosas nasales.
-No le corresponde a él decirte lo que es un Bijuu, -dijo con su voz cavernosa dentro de su cabeza. –Yo puedo enseñarte lo que es un Bijuu.
El chakra del ente se arremolinaba en una rápida espiral alrededor del suyo. La agitación se le empezaba a traslucir con una respiración rápida y superficial.
-Cálmate, cálmate, cálmate, -se decía a sí misma y al ente. Notaba el aumento de la concentración de chakra en ella y sentía el ardor bajo la piel que le provocaba el sello completamente visible sobre su piel, lo que le llevó a rodearse la cintura con sus brazos en un intento por sofocarlo.
El aumento del chakra no pasó desapercibido para ninguno de los cuatro hombres que se encontraban con ella, por suerte, la Hokage había aumentado el paso desde el principio lo que la situaba ya a bastante más distancia y ajena a lo que estaba ocurriendo. Naruto y Bee se volvieron hacia ella y observaron lo que ocurría. Rápidamente, Bee comprendió lo que estaba sucediendo o, en cualquier caso, podía saber lo que podía pasar en caso de que no calmasen a esa chica.
Se acercó a ella, le colocó las manos sobre los hombros y se inclinó hacia ella para quedar a su altura. Le miraba con ojos desorbitados. La respiración se hacía más rápida y entrecortada. Y el chakra giraba y giraba cada vez más rápido en una espiral sin control en su interior.
-Cierra los ojos, concéntrate en tu propio chakra, -dijo remarcando la palabra "propio". –Tienes que tratar de relajarte, si continuas tan agitada la única manera de hacer que pare será la liberación de parte del chakra para que disminuya.
Mara hizo lo que le pidió, cerró los ojos y trató de controlarse, por desgracia, el estado de agitación de Kurōkami no ayudaba, sumado al hecho de que era uno de los secretos sobre ella que debía guardar a cualquier precio.
-No consigo… -Empezó a hablar pero desistió tenía todos sus esfuerzos puestos en controlar el chakra. Dejó de sostenerse el abdomen, a pesar del sello que casi lo sentía abrasándole la piel bajo la tela de su ropa, y puso las manos en su cabeza, como si así pudiera hacer que todo eso cesara: los olores, los chakras, el sello, el ente.
Bee sabía qué pasaba en su interior, hacía mucho tiempo se había sentido igual, hasta que había conseguido establecer una relación de lo más cordial, incluso amistosa, con el Bijuu sellado en su interior desde que era un niño: Hachibi, el Ocho Colas. Aunque él había llegado a establecer una relación tan cercana como para conocer su nombre, Gyūki.
Los comienzos fueron duros y confusos, la falta de dominio del chakra unido al enorme poder que otorga una de esas bestias, tuvieron como recompensa una vida bajo una perpetua guarda y custodia por parte de los shinobis de su aldea. Por fortuna, cuando se daban estos casos de relativo descontrol podía liberar su chakra en una de las playas cercanas evitando pérdidas humanas y materiales.
-Kakashi, tiene que liberar su chakra, tienes que llevarla a una zona abierta para que lo haga, -dijo Bee con preocupación. –Si no, toda esta zona podría quedar devastada.
-¿Qué? –Dijo entre confundido y preocupado.
-¡Haz lo que te digo! ¡Llévatela! –Gritó Bee. –Muchacha, escúchame, cuando llegues allí tienes que liberar el chakra, ¿me has oído?
Le pareció ver un leve asentimiento, por su parte, Kakashi, sin perder un instante, decidió usar su Kamui, a pesar del desgaste que había tenido durante el entrenamiento, para devolverla a la zona amplia de entrenamiento.
En pocos segundos, la joven desapareció. Los tres se miraron entre sí sin saber qué decir. El primero en hablar fue Kakashi tomando el mando de la situación.
-Volved a la Aldea, no digáis ni una palabra de esto, ¿entendido? –Dijo mirando directamente a Naruto.
-Yo voy contigo, Kakashi sensei, -dijo Naruto.
-No, -respondió tajante y algo brusco con su antiguo alumno.
Dicho esto, salió disparado a través del bosque en línea recta hacia la zona donde habían pasado el día. Esperaba, que fuera lo que fuese lo que le sucedía, se encontrase bien.
Tras unos minutos de carrera un calor abrasador le atravesó. El aire se había vuelto irrespirable. Haciendo casi imposible su avance. Tuvo que refugiarse tras un grueso árbol para evitar el calor sofocante que había hecho acto de presencia.
Poco a poco fue disminuyendo la sensación térmica, lo que le permitió reanudar su camino. Los árboles cada vez iban siendo menos gruesos y con copas menos pobladas, lo que le avisaba de que la linde estaba cerca. Había zonas de hojarasca chamuscada, aunque sin haber llegado a provocar un incendio importante en esa zona. Algunos troncos estaban teñidos de hollín y algunas ramas delgadas aún ardían de manera mortecina.
Por fin alcanzó el final del bosque, la imagen que vio lo dejó plantado como un árbol más de los que se encontraban a su alrededor. Todo el suelo estaba carbonizado, en un radio de casi veinte metros, las pocas hierbas que crecían habían sido desintegradas debido al extremo calor. Incluso, algunas piedras estaban fracturadas por la excesiva temperatura a la que habían sido expuestas. Pequeños focos aún ardían diseminados por aquí y por allá. Sin duda, había liberado su chakra haciendo uso de la técnica de Katon. Había logrado liberarlo hacia el cielo para minimizar los daños en un último intento consciente de no destruir nada.
Mara por su parte había aparecido de nuevo en medio de la zona de entrenamiento. Se sabía sola. Tan sólo estaban ella y el ente de su interior que se agitaba provocando todo aquello.
-¡Van a descubrirte! ¡Y van a descubrirme a mí! ¡Lo único que ese vejestorio te pidió es que pasaras desapercibida hasta que volviera! –Gritaba furioso. -¿Y cuál es tu mejor idea? ¡Preguntar por el clan Uchiha! ¡Preguntar por el sharingan de ese shinobi! ¡Y ahora interesarte por las Bestias de Cola!
-Lo siento, lo siento, lo siento, -era lo único que podía decir.
-¿Quieres saber qué es un Bijuu? –Gritaba desde la oscuridad de la sala con suelo acuoso. Ella ahora se veía a sí misma en ese espacio que tan bien conocía ya. Sólo que esta vez ese ente estaba en todas partes y en ninguna a la vez. Su voz retumbaba por todas partes de aquella negrura. Mara giraba sobre sí misma tratando de atisbar algo que le indicara su ubicación.
Nada. Oscuridad.
De pronto, la luz se fue haciendo más brillante, sus ojos llegaban a ver cada vez más allá. Se quedó quieta, estática, en la misma posición. No había nada que ver en su campo visual, por lo que intuyó que estaba detrás de ella.
-¿Quieres saber qué es un Bijuu? –Repitió con voz profunda. –Date la vuelta, niña, y contempla.
-No… -Musitó. No sabía si en ese estado estaba preparada para para hacerlo.
-¡Mírame! –Gritó haciendo que el calor que salía de sus fauces le acariciara la nuca y le erizara los pelos.
-No, así no, -respondió Mara. Su chakra estaba al límite de descontrolarse.
-¡Mírame!
En ese instante, Mara consiguió volver en sí. La piel le ardía por el fluir del chakra sobre ella, conocía esa sensación, tenía que liberarlo ya o las consecuencias podrían ser peor que unos pocos árboles chamuscados. Juntó sus manos sobre el pecho y, a continuación, hizo el sello del caballo para activar su técnica de Katon. Al instante una enorme bola de fuego salió de su boca hacia el cielo como si quisiera competir con el mismísimo sol. Liberaba tanto chakra como podía. Notaba cómo su piel cambiaba el calor del chakra del ente por el calor del propio fuego.
Todo a su alrededor estaba en llamas, llamas que nada tenían que ver con las de aquella primera vez en su magnitud y virulencia, pero igualmente hicieron que recordara todo lo sucedido. Lo único bueno que hubo después de la visión de destrucción fue encontrarse con los ojos de su padre viniendo hacia ella.
Bajó la vista hacia la linde del bosque, una figura se encontraba allí de pie contemplándola en silencio. Le pareció ver una mirada de alivio por encontrarla, no la juzgaba, pero sí trataba de comprenderla. Trataba de descifrarla, de ver a través de ella, en ese momento él daría cualquier cosa por cambiar su sharingan por un byakugan. Se alegraba de verle allí pero hubiese dado cualquier cosa por que hubiese estado allí su padre para consolarla como aquella vez.
Mara estaba en el centro del círculo de destrucción, se volvió hacia donde se encontraba al sentirse observada y vio cómo dos gruesas lágrimas caían de sus ojos y dejaban un surco húmedo en las mejillas manchadas de hollín. Era la primera vez que Kakashi veía esa fragilidad en ella, el miedo, la pena, el sufrimiento, la impotencia, todo reflejado en dos únicas lágrimas sin llanto. Cayó sobre sus rodillas al suelo escondiendo su rostro entre sus manos. Fue el detonante para que él corriera hacia ella.
-¡Mara!
Se acercó corriendo a grandes zancadas, el suelo seguía humeando a cada paso que daba hacia ella. La ceniza se pegaba a sus botas y manchaba su uniforme, podía sentir el calor que emanaba del suelo en sus dedos descubiertos. Llegó junto a ella y sin pensarlo se arrodilló delante de Mara. La cogió de los antebrazos para tratar de descubrirle la cara y verla más de cerca.
-¿Estás bien? –El tono de preocupación por ella en su voz fue lo que provocó que el llanto hiciese acto de presencia. Era un llanto quedo, silencioso y amargo. Kakashi, sin saber por qué, hizo caso a ese instinto que le decía que la abrazase. La rodeó con sus brazos para tratar de darle algo de consuelo.
Poco a poco, tirando suavemente de ella, logró que se pusiera en pie, siguió abrazándola y dejando que se desahogase contra él. No entendía la reacción espontánea que había tenido, ni todo esto que había pasado pero estaba convencido de que ella, en algún momento, se lo diría sin tener que preguntárselo. Sentía como si estuviese dentro de un horno, el calor del suelo, el calor de ella contra su pecho y el aire caliente rozándole la parte de su rostro expuesta hacían que el sudor se hiciera presente en su frente. Decidió prolongar el contacto tan cercano del abrazo hasta que ella quisiera, frotaba su espalda con suavidad para tratar de consolarla. El pelo negro como el suelo que ahora pisaban, le rozaba el dorso de sus manos, era suave e invitaba al tacto. Su aroma también llegó a su nariz debido a la extrema cercanía entre ellos, a pesar del olor a quemado que había flotando en el aire, era agradable y se permitió a sí mismo aspirarlo.
Tras varios minutos así abrazados, ella se separó y limpió las lágrimas con sus manos en un intento mal disimulado de aparentar serenidad y entereza.
-Lo siento, lo siento mucho, -dijo con la voz tomada por el llanto. –Lamento todo por lo que te estoy haciendo pasar. Ojalá nunca me hubieses traído aquí.
-¿Por qué dices eso? Estás bien aquí, -contestó Kakashi poniéndole ambas manos a cada lado de la cara y pasando sus pulgares para quitar los restos de lágrimas que aún corrían por sus mejillas. –No ha pasado nada, no hay que lamentar daños, nadie ha salido herido.
-Pero…
-Mara, escúchame, lo que ha ocurrido se debe a un mal control momentáneo de tu chakra, nada más, -dijo Kakashi con suavidad y restándole cierta importancia. –Sólo necesitas algo de práctica y entrenamiento para mejorar el control, sea lo que sea lo que provoque ese estallido, porque imagino que no podrás decírmelo abiertamente, ¿verdad? –Dijo con una leve sonrisa bajo la máscara para tranquilizarla y hacerle saber que todo seguía como antes. -¿Te encuentras bien?
Ella asintió.
-Ahora sí, parece que se ha calmado, -contestó sorbiendo por la nariz. –Supongo que tendrás que contarle todo esto a la Hokage.
-Bueno, creo que si tú puedes tener tus secretos yo también puedo tener los míos, -dijo de manera cómplice. –No diré nada.
-Gracias, -susurró secando los últimos restos de humedad de sus mejillas.
-Vamos, volvamos a casa, necesitas una ducha, parece que te has caído dentro de una chimenea, -dijo Kakashi con sorna para animarla. Mara mostró un atisbo de sonrisa en sus labios pero que no llegó a sus ojos, enrojecidos por las lágrimas y todavía vidriosos.
Juntos se encaminaron de nuevo hacia la Aldea. Cambiaron la ruta hacia la casa de Kakashi, tomaron calles más solitarias y algo apartadas para evitar cruzarse con miradas indeseadas y tener que dar explicaciones de su aspecto.
Entraron en el domicilio. Mara se adentró hasta la que era su habitación y sin cruzar palabra se internó en el baño. Kakashi dejó sobre la mesa el sobre que le había entregado Yamato, en su interior estaba la futura prueba de fuego para ella por deseo expreso de la Hokage. Tendría que esperar al momento idóneo para entregárselo.
