¿Qué les está pareciendo la historia? ^^. Espero que la estés disfrutando tanto como yo escribiéndola. Aquí les dejo un nuevo capítulo.
Capítulo 23
Estaba de pie en una de las calles principales de la Aldea de la Lluvia que tan bien conocía. Había gente paseando inmersa en sus quehaceres. Todos portaban las mismas ropas oscuras típicas de esa aldea. Mujeres, hombres y niños las llevaban como si de un uniforme se tratara. Todo demasiado igual, nada destacaba, incluso las fachadas de los edificios eran de colores similares, así como el agua de los canales que los circundaban era oscura.
Continuaba mirando a las personas con las que se cruzaba quizá buscando a alguien. De entre la multitud destacaba un punto naranja, parado, estático frente a ella en medio de la calle que captó su atención rápidamente. Se miraron y comenzaron a avanzar el uno hacia el otro despacio hasta situarse a tan sólo un par de metros de distancia. Ella contemplaba el llamativo agujero que se adentraba bajo la máscara naranja. En otro momento habría sonreído pero en ese tan sólo se mantuvo seria y frunció un poco el ceño, contrariada por el encuentro.
El enmascarado la llamó por su nombre esperando alguna reacción por su parte que no llegó. Intentó avanzar hacia ella para recortar la distancia pero, antes de que pudiera echar a andar un solo paso, a su lado apareció el ninja de pelo plateado y ojo cubierto.
-¿Quién es? –Preguntó desinteresado mientras colocaba un brazo sobre los hombros de ella con gesto protector.
Ella volvió la vista al frente para mirar de nuevo al anaranjado enmascarado. El de la máscara veía sus ojos escudriñarle de arriba abajo antes de responder a ese maldito ninja que se tomaba la libertad de tratarla con demasiada cercanía.
-Ahora, no es nadie, -respondió como una sentencia.
Acto seguido el shinobi y ella se desviaron de su camino girando hacia la izquierda dejando al enmascarado allí quieto, en pie, con sus emociones ocultas tras la máscara y la losa de aquella sentencia pesando sobre su pecho como si de una roca enorme se tratara.
Despertó agitada y se llevó una mano al pecho sintiendo su corazón latir con rapidez. Tan pronto como había despertado había olvidado el sueño que la traía en ese estado. Pasó las manos por el rostro para serenarse. Expulsó una bocanada de aire y volvió a tumbarse en la cama tratando de recordar qué había soñado. Fue un intento inútil.
Miró por la ventana, no entraba nada de luz por ella, por lo que dedujo de debía ser muy temprano. Sabía que una vez que se despertaba no se volvería a quedar dormida, por lo que decidió levantarse y comenzar a preparar el desayuno para ella y para Kakashi. Sabía que era un shinobi madrugador, por lo que tendría poco tiempo.
Se incorporó de la cama y se dirigió al baño. Se lavó la cara en un intento por aclarar la mente y tratar de forzarse a recordar el sueño. Fue inútil. Salió en dirección a la cocina con pasos silenciosos pero, antes de llegar, el sobre de Yamato sobre la mesa llamó su atención.
Dudó sobre si debía abrirlo y mirar su contenido o pasar de largo. Al igual que con las cajas de recuerdos del armario, no pudo refrenar el impulso y abrió el sobre con cuidado. Por suerte, no estaba sellado. Sacó de su interior varios pliegos. Ojeó el primero por encima, no eran más que datos personales. Pasó al siguiente. En éste se preguntaba por notas académicas y misiones realizadas con un equipo. Pasó al tercer pliego. Era un cuestionario sobre problemas médicos. El cuarto era un formulario con un membrete oficial de la oficina de la Hokage, firmado y sellado, con un espacio en blanco para escribir un nombre. Se paró a leerlo con detenimiento. Era un permiso para presentarse a los exámenes de ascenso a genin, chūnin y jōnin.
Volvió a meter todos los pliegos en el sobre dejando sobre la mesa el último. Respiró hondo y buscó algo con qué escribir, no quería pensar demasiado en lo que iba a hacer. Cuando encontró un lápiz haciendo de separador dentro de uno de los libros que había por la estancia, se sentó en la silla frente al pliego y apoyó la punta para escribir.
La primera parte era fácil, sólo tenía que escribir su nombre: Mara, puso con caligrafía sencilla y clara. Ahora venía la segunda parte y la más complicada, su apellido. No podía poner el de verdad y tampoco podía dejar el registro vacío, así que optó por lo que le pareció la mejor opción. Volvió a coger el lápiz y comenzó a escribir. Rápidamente, las letras iban fluyendo. Cuando terminó contempló el resultado final.
Mara Hatake
Lo enrolló y llamó a uno de los halcones que usaban en la aldea para llevar y traer documentos, había visto a uno de los ninjas del campo de entrenamiento hacerlo. El animal sostuvo el rollo entre las garras y salió volando de nuevo en dirección a la torre de la Hokage.
Cogió el sobre y lo rompió en varios trozos que incineró con un pequeño katon por una de las ventanas. Tan sólo unos pocos trozos chamuscados que el viento se encargaría de esparcir quedaron como prueba de lo que había hecho.
Volvió a encaminar sus pasos hacia la cocina, el hambre hacia estragos en ella, achacó a ello el comportamiento anterior. No estaba segura de en qué se estaba metiendo pero ya lo había hecho y no había vuelta atrás.
Comenzó abriendo el refrigerador y echando un vistazo, no se decidía por qué alimentos coger, así que optó por preparar primero el tan necesitado café. Se fijó en la cafetera que estaba sobre la encimera y junto a ésta había una pequeña radio de un modelo antiguo. Encendió la radio y bajó el volumen para tratar de no despertar a Kakashi. Giró a derecha e izquierda la rueda para tratar de sintonizar alguna emisora local, pero el trasto sólo captaba ruido blanco en el dial, frunció el ceño y usó un truco que le enseñó un buen amigo de la Aldea de la Lluvia. Golpeó la zona superior de aparato con un golpe seco con la palma de la mano abierta e, inmediatamente, la música empezó a sonar con claridad.
-Nunca falla, -dijo sonriendo para sí.
Era una canción muy conocida, con un ritmo que invitaba al baile y un estribillo pegadizo. Al principio, empezó siguiendo el ritmo con la cabeza mientras abría y cerraba cajones y armarios en busca de los ingredientes que necesitaba. Luego pasó a unos leves contoneos y a mover la boca como si cantara. Cuando tuvo todo preparado sólo quedaba esperar a que el pan se tostara, mientras tanto, el ligero contoneo se había convertido en un baile en toda la extensión de la palabra y el movimiento de los labios en un mantra repitiendo el estribillo con un tono de voz bajo para tratar de no despertar al otro inquilino de la casa.
Justo antes de finalizar la canción sonó un pequeño clic, indicando que el pan estaba listo. Sacó las tostadas sin miedo a quemarse y las colocó sobre un plato, cogió su taza de café negro y humeante y se giró hacia la puerta. La visión que tuvo la hizo detenerse, paralizada como si de una estatua se tratara, su boca se abrió a modo de sorpresa y el rostro se le incendió de la vergüenza.
En el umbral de la puerta estaba un Kakashi nada somnoliento observándola con ambos ojos a la vista y una sonrisa bajo la media máscara característica.
Se había despertado de su sueño ligero al oír leves golpes. Sospechó que su alumna y aún supervisada ya estaba despierta y esperaba que no estuviera haciendo nada malo. Decidió levantarse y ver qué sucedía.
Cuando salió de su habitación comenzó a oír con más claridad una música pegadiza y una voz que ya le resultaba familiar cantando lo que parecía ser el estribillo de la canción, la letra de la cual sonaba como si el mismo Jiraiya la hubiese escrito. Llevaba el protector de su ojo todavía en la mano y, cuando vio la escena en su cocina, se alegró de no habérselo puesto. El contoneo de sus caderas había hecho que la camiseta ajustada de entrenamiento se le subiera a la cintura, dejando a la vista esa franja de piel blanca a la vista, más abajo se encontraban sus glúteos redondos que se movían con cada golpe de cadera que ella daba durante su baile, y la visión de sus piernas moviéndose al son de la canción. Sus muslos hacían contraste con la negrura de su pantalón y se dirigían hacia el suelo formando esas torneadas piernas hasta finalizar en esos pies que la sostenían firme, altanera y orgullosa. No lo olvidaría gracias a su sharingan. Se quedó de pie contemplándola sin hacer ruido para no sacarla de su trance.
Al parecer, cuando se sabía sola y a salvo de miradas era capaz de relajarse de esa perenne tensión que parecía tener siempre, y de disfrutar de esos pequeños momentos. Y de paso hacerle disfrutar regalándole esas visiones.
-¡Ninja pervertido! –Se reprendió mentalmente a sí mismo.
Un clic lo sacó de sus pensamientos, la tostadora había cumplido su función, antes de que pudiera reaccionar Mara ya se había dado la vuelta y estaba frente a él con el plato y la taza en sus manos, la cara roja capaz de competir con su sharingan en tono e intensidad y la boca abierta en un gesto de sorpresa absoluta. Tras varios segundos mirándose sin decir nada, Kakashi decidió romper el hielo de esa incómoda situación para ella.
-Buenos días, -saludó con una sonrisa mal disimulada.
-¿Cuánto tiempo llevas ahí? –Preguntó sin hacer un intento por moverse. Kakashi seguía sonriendo, esta vez abiertamente bajo su máscara, y ella lo veía hacerlo a través de la misma. Por último, se fijó en que su sharingan estaba a la vista.
-El suficiente para ver que bailas muy bien, -dijo son sorna para hacerla rabiar de buena mañana. Mara seguía seria. –Incluiré en tu informe para la Hokage que cantas y bailas, lo pondré en cualidades junto a tu potente chakra de fuego.
-¿No hablas en serio, verdad? –Dijo preocupada. –No le irás a decir de este incidente nunca nada a nadie, ¿verdad?
-Yo no airearé tus dotes de bailarina a cambio de este estupendo desayuno que has preparado, -dijo de manera relajada mientras cogía el plato y la taza de café de sus manos. –Ah, y ya que me debes una por guardar el secreto de lo de ayer, hoy entrenaremos ese chakra tuyo.
-Pero…
-Nada de pero, última oferta, la tomas o la dejas, -dijo imitando las palabras que ella le dijo a Tsunade y sonriendo al verla debatirse. -¿Qué me dices? Desayuno y entrenamiento a cambio de mi silencio.
-Hecho, -respondió Mara dándole la espalda y comenzando otra vez el proceso para procurarse otro desayuno.
Varios minutos después se dirigió hacia la mesa a la que estaba sentado Kakashi terminando el café. Se sentó junto a él aún roja por la vergüenza sin querer mirarle. Dejó que su pelo formara una cortina protectora y comenzó a comer. Miraba de reojo de vez en cuando a Kakashi que la miraba en busca de la manera de decirle algo sin encontrar el cómo hacerlo.
-Mara, ¿has visto un sobre grande y marrón? El que me entregó Yamato ayer, -dijo tras el rápido escrutinio.
Ella sabía que se refería al sobre que había hecho desaparecer pero decidió negarlo moviendo la cabeza a un lado y a otro.
-No importa, le diré que me consiga otro, -dijo algo preocupado. -¿Has terminado? Prepárate, vamos a ir a la zona de entrenamiento.
Mara se dirigió a la que era su habitación cambió su atuendo por uno completo de ninja. Por último, se miró al espejo y resopló pensando en el entrenamiento que le esperaba. Cerró los ojos y se dirigió al ente, que desde lo sucedido en la entrada de la aldea no se había dejado sentir. Quizá mejor así si iba a tener que usar el chakra.
-Espero que te comportes, Bijuu, sea lo que sea lo que signifique, -dijo con una voz seria y dura. –Me debes una explicación. Cuando decidas dejar de estar molesto conmigo espero que hablemos sobre lo sucedido, Kurōkami.
De su interior se dejó notar un gruñido molesto. La espiral de chakra que solía sentir girando alrededor del suyo con fuerza, ahora mismo, no era más que unas débiles lenguas de un fuego negro a punto de extinguirse.
-Sigues sin querer hablar, bien, yo tampoco quiero hablar, -dijo a su imagen reflejada en el espejo sabiendo que le oiría. De nuevo un gruñido aburrido por respuesta.
