Hola, buenas de nuevo. Siento el retraso en la actualización, pero he estado de celebraciones y me ha sido imposible tocar el pc. Espero que os esté gustando la historia ^^

Los personajes no son míos.

Capítulo 26

Mara llegó primera a la casa, deshizo rápidamente y de manera precisa los jutsus de sellado de las puertas y se fue directa a la ducha, no quería cruzarse con el shinobi en ese momento. Pocos segundos después entró Kakashi a su propio hogar. Escuchaba el grifo abierto de la ducha. Al menos no había decidido irse, aunque seguía manteniendo la duda de que no lo hiciera cuando acabara el período de prueba para así ahorrarse dar explicaciones.

Decidió imitarla, le vendría bien liberar la tensión acumulada y tratar de darle un nuevo enfoque a todo lo sucedido. Se dirigió a su habitación y entró en su propio baño. Comenzó a llenar la tina mientras se desvestía. Se deshizo del protector de frente liberando así su sharingan. Se pasó una mano por la cicatriz que atravesaba el ojo de arriba abajo como costumbre.

A continuación, se quitó la máscara que ocultaba la mitad de su rostro. Desató los protectores de las manos y se quitó los mitones bajo éstos. Desabrochó la bolsa de los kunais y la dejó caer al suelo produciendo un sonido metálico al chocar contra la losa. Tiró del borde de su parte superior para sacarla, cuando lo hizo, dejó caer la camiseta de entrenamiento al suelo junto a la bolsa y se observó en el espejo.

Tenía un torso bien trabajado y definido. Brazos fuertes por el entrenamiento. Manos hábiles y rápidas para realizar sellos y alguna que otra cicatriz esparcida por su piel de encuentros con otros ninjas durante las misiones. En general se mantenía, a su parecer, bastante bien, prueba de ello eran los audibles suspiros que todavía provocaba entre las mujeres de la aldea.

Apoyó las manos sobre el lavabo y se miró más de cerca el rostro. Empezaban a aparecer ligeras arrugas alrededor de sus ojos y a marcarse alguna línea de expresión en su frente.

-¿Me verá viejo? –Se preguntó a sí mismo. Tan pronto como se hizo la pregunta se reprendió por ello. ¿Qué más daba? Sólo era su supervisada. Volvieron a agolparse en su cabeza los pensamientos del campo de entrenamiento a los que debía añadir esas piernas jóvenes y bien formadas que había visto esa mañana, la piel blanca y seguramente suave al tacto de su cintura, por no hablar del último detalle que le gustaría añadir a la lista: sus labios. Cuando la miraba mientras meditaba, antes de que aparecieran esos cambios, había contemplado el perfil y esos labios carnosos y ligeramente entreabiertos tras lanzar el katon, habían hecho que no pudiera concentrarse en su propio chakra para meditar. Y, antes de que se pudiera alejar del espejo frente al que se encontraba, algo se encendió en sus pantalones. –Vale, Bakakashi, hora de entrar en el agua.

Se llamó a sí mismo como Obito, su compañero de equipo de la infancia, le llamaba cuando proponía algo que creía que era ridículo. Se lo merecía. Sin duda los pensamientos y preocupaciones que cruzaban su mente no iban a llevarle a ninguna parte.

Cerró el grifo, terminó de quitar las prendas que le quedaban y se metió en el agua hasta que le cubrió la mayor parte del cuerpo. Reposó su espalda, echó la cabeza hacia detrás descansándola en el borde sobre una toalla seca y cerró los ojos abandonándose a la relajación de un buen baño caliente. Creía que el agua le ayudaría a despejar la mente, pero nada más lejos. La calentura de su cuerpo seguía ahí, acosándolo bajo el agua.

Imágenes se sucedieron a través de ese sopor del que parecía ser presa su mente. No recordaba haber soñado antes con ellas pero, al parecer, lo había hecho. Veía a Mara desnuda y a horcajadas sobre él. Intentó incorporarse pero otras manos se lo impidieron, dejándole tumbado de nuevo sobre su espalda. Mara se echó hacia adelante, apoyándose con las manos sobre su pecho y besó sobre él a la otra joven que le retenía por los hombros. Podía ver la escena desde abajo. Identificó a la otra joven como a su antigua compañera de equipo: Rin, con el aspecto que tendría ahora de haber seguido viva. Se incorporó haciendo que las dos jóvenes se separan y se situaran cada una a un lado de él. Ambas lo miraban con ojos deseosos y hambrientos. Estaba dispuesto a probar de cada una de ellas. Besó primero a Rin, pues la nostalgia por su antigua compañera se hizo presente, fue un beso corto y casi sin matices, diluidos ya por el tiempo. Luego se volvió hacia Mara que esperaba pacientemente su turno. Se inclinó hacia ella quien, gustosa, le recibió con una sonrisa pícara y los labios entreabiertos. El contacto le hizo arder, jugó con su lengua en un intento de prolongarlo. Se inclinó más hacia ella quedando prácticamente tendido sobre ella. A lo lejos, donde se encontraba Rin, escuchó un grito.

-¡No!

El que parecía ser un Obito adulto, había apartado de manera brusca a Rin que se reía sin parar y se acercaba a ellos con la preocupación pintada en el rostro, como si él fuera a dañarla. Ella giró la cabeza para ver a ese Obito acercarse mientras emitía un suspiro de placer al sentir la unión perfecta con Kakashi. Justo cuando Obito estaba a punto de llegar hasta ellos, Mara y Kakashi desaparecieron en una espiral de su Kamui, dejando a Obito allí de pie y confuso a la par que preocupado.

Aquella fantasía del sueño que no recordaba se le estaba yendo de las manos, así como se le estaba yendo el efecto del orgasmo que había tenido al recrearse en la imagen de ambas jóvenes besándose y en la sensación de hundirse en su joven supervisada. Cosa que cada vez comenzaba a ser más y más recurrente en sus sueños.

Se levantó de la tina y salió. Había perdido la noción del tiempo durante su acto de complacencia. Se puso ropa cómoda y salió en busca de Mara, ahora más relajado mental y corporalmente, aunque preocupado de los deseos que copaban su mente. La encontró tumbada cuan larga era en el sofá de la sala con las piernas flexionadas, mesándose un mechón de pelo con una mano mientras con la otra sostenía uno de los libros de Jiraiya.

Leía despreocupadamente, balanceando una pierna a un lado y a otro haciendo que el pantalón de entrenamiento oscilase poco a poco hacia abajo dejando ver más piel de lo habitual de su muslo. Kakashi exhaló el aire que estaba conteniendo para afrontar la situación. Sin duda esos últimos días como supervisor serían largos… Y duros, pensó.

Carraspeó para hacerse notar. Rodeó el sofá en dirección a la cocina dispuesto a beber agua para pasar el trago. Cuando salió, se fijó en la portada del libro que había elegido. El color abandonó su rostro bajo la máscara. Veía sus ojos desplazarse rápidamente de un renglón a otro, sin duda estaba muy metida en la lectura. Se quedó ahí de pie observándola sin más. Relajada, sin tensiones, sin ser consciente de lo que le estaba haciendo pasar y pensar de un tiempo a esta parte. Antes de que pudiera hablar. Ella se incorporó y se sentó para hacerle sitio.

-Así que tríos amorosos, -dijo agitando el libro con esa sonrisa de medio lado y el mechón que había vuelto a cubrir su ojo. Sin duda la ducha y el libro habían cambiado por completo su estado de ánimo y, sobre todo, su humor con el que había vuelto del entrenamiento. Ella había decidido dejar de lado lo ocurrido allí y volver a actuar con él de la misma manera que siempre, de manera que él también haría el mismo esfuerzo.

-¿Qué? Hay de muchas temáticas, -dijo incómodo. –Sólo has elegido uno al azar.

-En realidad, he leído como siete contraportadas y todas trataban de tríos, -dijo con aires de suficiencia. –Tienes cierta fijación por ellos, ¿es que acaso te has visto envuelto en alguno? –Preguntó con picaresca mal disimulada de inocencia.

Kakashi permaneció callado. De ninguna manera iba a hablar con ella de esos temas teniendo en cuenta lo que acababa de soñar o imaginar durante su baño. Si ella no podía hablar de lo ocurrido en el campo de entrenamiento él tampoco iba a hablar de su vida ni mucho menos de sus gustos literarios.

-Siempre llevas uno de éstos encima, -dijo refiriéndose a los libros. -¿Incluso durante las misiones?

-Sí, -respondió escueto, ocupando el sitio libre en el sofá junto a ella.

-¿Y si lo terminas durante una de ellas? –Volvió a preguntar.

-Lo vuelvo a empezar, -contestó con sinceridad.

-Qué aburrido… -Contestó levantándose del sofá y encaminándose hacia la cocina.

Kakashi siguió con detalle cada uno de los pasos descalzos de daba. Se recreaba en sus contornos y en cada curvatura. En los glúteos redondeados que tan de cerca había visto subiendo las escaleras de la prisión, el ligero estrechamiento de la cintura. La espalda recta cubierta de esa melena negra todavía algo húmeda después de la ducha. El shinobi sacudió la cabeza y se colocó uno de los cojines sobre el regazo con el fin de disimular la incipiente erección de la que hacía gala de nuevo.

Mara volvió de la cocina mordiendo una llamativa manzana roja brillante y le ofrecía una segunda manzana a él que aceptó de buen grado. Mientras degustaban las manzanas, ella permaneció de pie de espaldas a él mientras seguía leyendo los títulos de los libros escritos sobre los lomos.

Comenzó leyendo los que estaban más altos sin encontrar ninguno que llamara su atención, luego los que estaban a media altura, donde tampoco encontró nada de su agrado, y por último se agachó en cuclillas para leer los que estaban más abajo. Ahí estaba de nuevo ese trasero apretado en la tela del pantalón de entrenamiento llamando su atención. Carraspeó, de pronto se le había secado la boca. Mara sacó uno de los libros de su sitio y se volvió hacia Kakashi sin mirarlo, distraída entre la manzana y el libro que había llamado su atención. El ninja sabía perfectamente cuál era.

"Mascarada"

-Este lo empecé, pero no pude terminarlo, -dijo Mara mostrándole la portada y provocando que Kakashi alzase las cejas por la declaración.

-¿Por qué? ¿Demasiado para ti? –Preguntó con sorna.

–No, porque… -Empezó pero se detuvo y lo miró con el único ojo visible. Kakashi pensó que de nuevo sería algo de lo que no quería, o no podía hablar, pero para su alivio ella continuó: -Porque aparecí aquí, herida. Lo cierto, es que lo leía de noche para que no me descubriesen haciéndolo.

-¿Quiénes? –Preguntó Kakashi. Esta vez el silencio incómodo fue la respuesta. –Entiendo, aún no puedes decírmelo.

Asintió.

-Bueno, si decidieses quedarte en la Aldea, puedo prestártelo, -sugirió Kakashi de manera pícara. A lo que ella sonrió. –Es uno de los mejores para mi gusto.

-Tendré en cuenta tu tentadora oferta, cuando me plantee hacerlo, -respondió del mismo modo.

-De hecho, Mara, llevo un par de días queriendo darte algo, -dijo Kakashi cambiando su tono a uno más serio. Cogió un sobre marrón idéntico al que ella había hecho desaparecer y se lo entregó.

Mara dejó el corazón de la manzana y el libro sobre la mesa y se acercó de nuevo al sofá para coger el sobre que le estaba entregando.

-¿Qué es? –Preguntó fingiendo su ignorancia. Kakashi no contestó. Dejó que se tomara el tiempo necesario para leerlos todos. Los pliegos eran idénticos a los que había leído por la mañana, sólo que esta vez los estaba leyendo con el máximo detenimiento cada uno.

Se detuvo en uno de los párrafos de normas para la descalificación de los exámenes. En él exponía que todo formulario enviado por duplicado con intención de aumentar las posibilidades de acceder a una plaza en el examen se penaría con la expulsión inmediata en caso de haber accedido o la denegación del acceso a las pruebas en caso de estar dentro del período de envío de solicitud. De esa manera, no podía volver a firmar, ni mucho menos enviar, otro de esos formularios.

A diferencia del otro sobre, en éste había un pliego más, era una solicitud formal, sellada por la Hokage, de asignación de sensei, si lo firmaba, serían alumna y sensei. La idea no le disgustaba, de hecho, se sentía muy cómoda con el ninja. Era un excelente sensei, versado en múltiples disciplinas y jutsus de muchos tipos. Definitivamente, firmaría esa solicitud.

-Kakashi, yo… -Empezó. –Te agradezco todo esto, de veras. Y me sentiría muy honrada de ser tu aprendiz.

-Ahora es cuando dices el pero, ¿verdad? –Se adelantó el shinobi.

-Pero aún no estoy segura de querer formar parte de la Aldea, -dijo ocultándole una vez más la verdad. Esta mentira se clavaba en su conciencia como si de un kunai se tratase. Pero no podía arriesgarse a que la descalificaran antes si quiera de empezar.

-El plazo acaba mañana, los exámenes empiezan en dos días, -respondió Kakashi con cierta agonía por tratar de hacerla entrar en razón.

Mara desvió la mirada hacia la mesa regada con cada uno de los diferentes pliegos. Cogió la pluma que había sobre la mesa y firmó con un trazo firme y seguro el permiso de entrenamiento. Recogió los demás pliegos y volvió a meterlos cuidadosamente en el sobre marrón y lo depositó de nuevo sobre la mesa junto a la solicitud. Se levantó y se dispuso a ir hacia su habitación, se paró detrás del sofá y pudo sus manos sobre los hombros de Kakashi haciendo una ligera presión con los dedos para tratar de reconfortarle de algún modo. Se inclinó hasta acercarse a su oído derecho y le dijo:

-Confía en mí.

El shinobi se volvió para mirarla con el ceño fruncido tras oír esas palabras. Sus rostros estaban muy cerca el uno del otro, como aquella vez en la sala de comunicaciones, sólo que esta vez estaban solos. Los dos se estudiaban mutuamente en la cercanía.

-Tienes que decirme algo, algo con lo que pueda creer que puedo confiar, -respondió Kakashi. Mara lo miró con ojos tristes, no podía darle lo que le pedía. Separó los labios ligeramente y suspiró de manera suave haciendo que el olor a manzana de su aliento impregnara las fosas nasales del ninja.

-Necesito ropa nueva de entrenamiento, -dijo separándose de repente y cambiando bruscamente de tema. –Ahora que los entrenamientos son oficiales tenemos que seguir un horario, pasaremos más tiempo fuera.

Ante la sorpresa y el desconcierto por el comentario, Kakashi sólo pudo asentir y acceder a la petición.

-Claro, mañana iremos a primera hora, -respondió volviendo a revisar los pliegos que ella había dejado guardados.

-Gracias, hasta mañana, -dijo Mara a su espalda.

Se encaminó hacia su habitación y se tumbó bocarriba en la cama. Demasiadas emociones ese día, pensó. Cerró los ojos y trató de conciliar el sueño. Su mente parecía no querer parar de bullir.