Muy buenas, siento una vez más el retraso, sé que no estoy cumpliendo con los plazos en los que me gustaría actualizar pero es que se me hace muy difícil hacerlo a veces. Espero que no se os haga muy larga la espera. Espero esos reviews y que os esté gustando. Saludos.

Capítulo 27

Al día siguiente, la estampa que se perfilaba en una de las calles más comerciales de la Aldea de la Hoja era la de un shinobi enmascarado, junto a la que pronto dejaría de ser su supervisada para pasar a ser su alumna, ambos frente al enorme escaparate de la mejor tienda de artículos para ninjas.

El establecimiento surtía desde artesanales y elaboradas máscaras destinadas a los miembros de ANBU hasta material para los alumnos que empezaban en la Academia, pasando por multitud de prendas de todo tipo y para todo tipo de misiones que los ninjas pudieran necesitar en diferentes circunstancias.

Kakashi y Mara llevaban algo más de cinco minutos mirando hacia el interior de la tienda a través del cristal del enorme escaparate, la muchacha empezaba a impacientarse.

-¿Cuál es el plan? ¿Tú distraes a la dependienta y yo cojo todo lo necesario en menos de veinte segundos? Entrar y salir, -sugirió como plan. La mirada furiosa que le dirigió el shinobi la hizo añadir: -¡Es broma! Es sólo que llevamos aquí plantados mucho tiempo.

El ninja no contestó. No estaba ahí plantado por nada. Se devanaba los sesos en encontrar alguna manera de dejarla a solas para que se probara su nueva ropa pero sin desatender el hecho de que no podía dejarla sin vigilancia, dadas las circunstancias de hacía dos días. Finalmente, se decidió por una solución que le pareció adecuada.

-El plan es el siguiente, -comenzó de la misma manera que ella lo había hecho para continuar con la broma. –Voy a dejar que entres tú sola, pero sólo vas a coger lo necesario de ropa y nada de mirar las armas ni de reojo, ¿entendido?

-De acuerdo, -respondió la joven dirigiéndose ya hacia la puerta.

-Debes venir a la puerta cada diez minutos, -añadió.

-Vale, -dijo Mara volviéndose hacia él.

-Y nada de increpar a la dependienta, -dijo Kakashi por último.

-¿Por quién me tomas? –Preguntó haciéndose la ofendida y ya con la mano en el tirador de la puerta.

-Mara, diez minutos, -advirtió por última vez.

-¡Que sí! –Gritó desde el interior del establecimiento con un tono que empezaba a mostrar molestia.

Nada más poner un pie dentro, sus ojos se dirigieron a un enorme reloj que había en la pared sobre la zona del mostrador. Empezaban sus primeros diez minutos de libertad después de doce días de intensa vigilancia.

Antes de que pudiera orientarse y decidir por dónde empezar, una dependienta se le acercó ofreciéndole amablemente sus servicios. La cercanía del trato tensó a Mara que mostró una mueca que pretendía ser una sonrisa. Le explicó rápidamente lo que quería: varios atuendos idénticos al que tenía y esperaba conseguir protectores para el pecho, hombros y antebrazos.

Al ver lo segura que estaba de su pedido, la dependienta trató de ofrecer más artículos aludiendo a la gran cantidad y variedad de los que se encontraban en la tienda, cosa que Mara rechazó de pleno. Tras varios intentos fallidos, el hastío con la comercial del local empezaba a agotar la paciencia, ya de por sí mermada, de Mara. Volvió a mirar el enorme reloj, habían pasado exactamente diez minutos, en los cuales esa mujer no había parado de hablar con una voz demasiado aguda, casi como si fuese un chirrido, y demasiado zalamera para su gusto. La molestia que le provocaba no sólo la afectaba a ella, sino que el ente también comenzaba a sentirse molesto y a contagiarse de la agitación del chakra de ella. Mara decidió salir de la tienda y respirar fuera.

-Ahora vuelvo, -dijo poniendo de nuevo esa mueca por sonrisa y salió de la tienda.

Cuando salió Kakashi estaba sentado en un banco frente al establecimiento, con los codos apoyados en las rodillas y la barbilla sobre sus manos entrelazadas, a la espera.

-Vaya, qué puntual, -dijo divertido antes de percatarse del estado de agitación de su nueva alumna. -¿Ha pasado algo?

Ella negó con la cabeza, respiraba algo agitada y tenía los ojos cerrados. Sabía que estaba tratando de relajarse. Se cubrió los ojos con una mano y los frotó, había notado un ligero picor cuando la empleada había terminado por sacarla de sus casillas, teniendo que controlarse a sí misma no sólo por el ente.

-Mara, mírame, ¿estás bien? –Preguntó Kakashi cogiéndola por la muñeca para apartarle la mano de la cara. La frase empezaba a parecerle recurrente entre ellos.

La joven obedeció. Lo miró directamente al ojo que no llevaba cubierto, ahí estaba de nuevo, como aquella vez cuando se cruzaron con Naruto de camino al despacho de la Hokage, después de salir de ese mismo estado de agitación, le había parecido distinguir un atisbo rojo en sus ojos pero, una vez más, lo achacó al rascado anterior. No había duda de que esa mirada era intimidante cuando quería.

-¿Quieres que vaya contigo? –Se ofreció.

-No, -contestó rápidamente. –Ya se me pasa. Tranquilo. Voy a volver a entrar.

Se giró y se paró delante de la puerta. Notaba la mirada preocupada de Kakashi clavada en su nuca. Decidió ignorarlo. Agarró el tirador de la puerta de nuevo, respiró hondo y dijo en voz alta:

-Aguanta, son sólo diez minutos.

El ninja pensó que se daba ánimos a sí misma, la verdad era que ese comentario iba dirigido hacia el ente en un intento por convencerlo de que estuviese tranquilo.

En el interior, la misma empleada se había percatado de que su clienta había estado hablando con el famoso Ninja Copia, al parecer los rumores que corrían por la aldea eran ciertos, el capitán de ANBU andaba con una jovencita de aquí para allá a plena luz del día. Volvió a acercarse a ella con un sinfín de perchas con diferentes indumentarias de varios colores que iban desde el rojo fuego al negro azabache, pasando por tonalidades verdes y azules.

-Sígueme, allí puedes probártelos, -dijo indicándole un pequeño cubículo bien iluminado y rodeado de espejos. Se miró en ellos e hizo un gesto de resignación.

Mara comenzó descartando las prendas que ni siquiera se tomaría la molestia en quitar de las perchas, las rojas, verdes y azul claro quedaban fuera. Las colgó por encima de la puerta y desparecieron al instante, lo que confirmaba su sospecha de que la dependienta seguía pegada a la puerta.

Cogió el primer conjunto, justo lo que había pedido, idéntico al que llevaba camiseta de red y otra encima de manga corta y negra y pantalón a mitad de muslo, no estaba mal. Pasó al segundo seleccionado, idéntico al anterior pero en azul oscuro, cómodo y funcional. Finalmente, llegó a uno en tonos morados, blancos y grises, no era su estilo, pero había decidido que quería salir de allí lo antes posible puesto que la dependienta comenzaba a hablarle con el exasperante tono de voz que poseía desde el otro lado de la puerta.

Abrió la puerta y salió con la mueca como su mejor sonrisa.

-Me quedo éstos, -indicó dándole la ropa a la mujer.

-Buena elección, acompáñame, -dijo encabezando la marcha hacia el mostrador.

Cuando llegaron, mientras la empleada preparaba las ropas para empaquetar, Mara miró a través del cristal del escaparate desde donde podía ver a Kakashi inmerso en la lectura de uno de sus libros eróticos. Una idea cruzó por la mente de la joven. El plan no tenía fugas ni defectos. Se disculpó con la dependienta y se dirigió a la puerta. Esta vez sólo se asomó y dijo:

-Ya casi acabo, ¿me das otros diez minutos?

-Claro, -respondió Kakashi encogiéndose de hombros sin apartar la vista del libro. A esto es a lo que su compañero jōnin, Shikaku Nara, se refería cuando decía que salir a comprar con mujeres era una auténtica molestia.

Sin perder un instante, Mara se dirigió al mostrador y ahora sí mostró la mejor de sus sonrisas a la mujer. Se había fijado en el terminal, parecido a los de la sala de comunicaciones, que había sobre el mostrador. Parecía conectado en red y, eso y la tarjeta con total acceso que había conseguido del ninja de comunicaciones, era todo lo que necesitaba para llevar a cabo su plan.

-Disculpe, acabo de acordarme, -empezó sin dejar de mostrar la sonrisa. –Necesito protectores para hombros, pecho, espalda y antebrazos, ¿podría ver si tiene alguno en corinto o bermellón?

La mujer se quedó observándola durante unos instantes, no sabía qué la desconcertaba más si los colores que pedía o el cambio radical de actitud.

-Tendré que mirar en el almacén, ¿puedes esperar aquí, por favor? –Dijo saliendo de detrás del mostrador.

-Claro, no tengo prisa, -dijo Mara que no quitó la sonrisa hasta que la vio desaparecer por una puerta en dirección al almacén.

Antes incluso de escuchar el clic indicando que la puerta estaba cerrada. Mara ya había rodeado el mostrador y estaba frente al terminal tecleando a toda velocidad. En menos de un minuto ya había encontrado lo que quería, usó la tarjeta de comunicaciones y a instante recibió una confirmación de compra. Echó un vistazo rápido a Kakashi através del escaparate que seguía con la nariz metida entre las páginas de su libro y luego hacia la puerta del almacén. Aún tenía tiempo. Hizo una búsqueda rápida, desbloqueó un par de contraseñas para principiantes y en menos de otros dos minutos ya tenía los datos adjuntos y enviándose a la misma dirección a donde había hecho el pago con indicaciones muy claras y precisas.

Borró el rastro de su actividad en el terminal y se colocó de nuevo en la misma posición en la que la dependienta la dejó. De nuevo había sonado el clic de la cerradura y se oían los pasos apresurados de la mujer tratando de hacer esperar lo menos posible a su clienta. Venía cargadas con los protectores hechos de un metal ligero y poco pesado en una tonalidad roja oscura que convenció a Mara.

Lo puso todo en varias bolsas y esperó a que ella le entregara el dinero. De inmediato, Mara se dio cuenta de sólo tenía un ryu que había sobrado de la compra de las gafas protectoras a aquel niño.

-¿Me disculpa otro momento? –Preguntó alejándose hacia la puerta. Volvió a sacar la cabeza y chistó para llamar la atención de Kakashi. -¿Cómo se supone que tengo que pagar?

-Yo me encargo, -respondió el ninja guardando el libro en uno de los bolsillos de su chaleco táctico y encaminándose al interior.

Una vez dentro, se acercó al mostrador donde la dependienta empezaba a babear de sólo verlo acercarse hacia ella, para sorpresa de Mara que permanecía detrás de él observando la escena.

-Yo me haré cargo de la cuenta, -dijo sacando varios billetes.

-Por ser un importe superior a cien ryus, le regalamos esta bolsa con cinco kunais y cinco shurikens, -dijo como una autómata sin poder apartar la mirada del capitán de ANBU.

-Lo cierto, es que no estoy interesado en una nueva bolsa de munición, ¿podría hacerme un descuento equivalente a su valor? –Preguntó en un tono más bajo, apoyándose con un codo en el mostrador y acercándose hacia la empleada.

-Claro, como desee, -aceptó ella pasando de un coqueto titubeo a un tartamudeo en toda regla. –Entonces son ochenta y tres ryus, por favor.

Kakashi le entregó el dinero y cogió las bolsas del mostrador. Se giró y se dirigió hacia la salida, pasando junto a una Mara sorprendida por lo que acababa de pasar.

-Vamos, -llamó Kakashi desde la puerta para que le siguiera. Mara obedeció.

-¡Vuelvan pronto! –Exclamó desde el mostrador y poniendo la mejor de sus miradas a través del escaparate.

El silencio se instauró entre ambos. Kakashi estaba algo avergonzado por lo sucedido: el flirteo de la dependienta con él frente a Mara. La miraba de reojo de tanto en tanto, al parecer algo le hacía gracia puesto que, desde que habían salido, no había podido disimular la sonrisa.

Mara por su parte, trataba de disimular la risa que pugnaba por salir de su garganta a todo pulmón. La situación le había resultado hilarante, el apuro de la dependienta intentando hacer la mejor de sus interpretaciones y la actuación de shinobi impasible del que ahora era su sensei.

-Di ya lo que tengas que decir, -dijo Kakashi permitiendo que ella hablara con libertad.

-No sé si me enseñarás mucho sobre jutsus o sobre tu sharingan, pero quiero que me enseñes a hacer lo que has hecho en la tienda, -respondió con sorna.

-No he hecho nada, -se defendió pareciendo ofendido.

-¿Ah, no? Sólo necesitabas guiñarle un ojo y haber mirado hacia la puerta el almacén para ser tú quien necesitara los diez minutos, ya sabes… -Dijo ella elevando las cejas rápidamente.

-No sé a qué te refieres, -dijo Kakashi tratando de desviar el tema sin conseguirlo, de no ser por la máscara, podría verlo con las mejillas encendidas.

-No sabía que el serio y enmascarado Kakashi levantaba pasiones entre las mujeres de la aldea, -atacó Mara dando un suave golpe con el codo en el flanco del ninja. –Seguro que has usado algún genjutsu ilusorio con ella para conseguir el descuento.

Kakashi se volvió hacia ella muy serio, se inclinó para quedar ambos a la misma altura y le dio un toque infantil con un dedo sobre la punta de la nariz a la par que le decía:

-Un ninja nunca revela sus secretos, -respondió con una sonrisa bajo la máscara y empezando a alejarse. –Por cierto, esta tarde tendremos entrenamiento y pienso cobrarme el importe de las compras.

Mara ladeó la cabeza hacia un lado con gesto de fastidio en la cara. El precio de la ropa sumado a la jocosa conversación le hizo suponer que el entrenamiento sería exhaustivo e intenso.