Hola de nuevo, os dejo por aquí un capítulo nuevo después de las fiestas ^^. Venga esos reviews :P

Capítulo 28

Pasada la media tarde, Kakashi y Mara se dirigían al campo de entrenamiento situado al este de la aldea. Hicieron el camino corriendo para usarlo de calentamiento. Kakashi esperaba pasar una tarde tranquila de entrenamiento físico. El ejercicio le ayudaba a despejar su mente de pensamientos y le pondría de buen humor para encarar los acontecimientos del siguiente día.

Para su sorpresa, la zona de entrenamiento estaba llena de ninjas de todas las edades y de todas las clases, desde genins tratando de afinar sus habilidades hasta jōnins ayudando a mejorar las técnicas de otros. Entre ellos había muchos rostros ya conocidos. Se agrupaban de tres en tres en torno a uno de los jōnin que hacía las veces de sensei, Mara comprendió que a eso se refería el formulario con misiones de equipo.

Kakashi se acercó a Gai, el ninja de cejas pobladas y extraño corte de pelo que animaba fervientemente a su copia viviente en miniatura a esforzarse por el poder de la Juventud.

-Gai, -saludó Kakashi haciendo un gesto con la mano. -¿Qué ocurre? ¿Por qué hay tanta gente aquí?

-¿No lo sabes? Al parecer hubo algún tipo de incidente en el campo de entrenamiento oeste, -respondió Gai encarando a Kakashi. –Está todo completamente calcinado.

La lividez se hizo presente en la cara de Mara a oír el comentario, giró la cara hacia el otro lado e interpuso su pelo de cortina protectora tras la que ocultarse. Antes de que pudiera siquiera otear la zona, un enorme perro blanco se le abalanzó encima haciéndola caer de espaldas.

-¡No, no! ¡Quieto! ¡Basta! –Gritaba la joven tratando de apartar al animal que había comenzado a lamerle la cara entusiasmado. -¡Para! ¡Akamaru! ¡Chico malo!

Kiba se acercaba corriendo a la escena tan rápido como podía para apartar, por segunda vez, a su perro de encima de la chica, la cual hacía vanos intentos en apartar por sus propios medios al enorme can. Cuando llegó, sujetó a Akamaru del cuello y tiró de él hacia atrás permitiéndole que se levantara.

Tras el escándalo, Mara se sabía el centro de atención de los que se encontraban a su alrededor. Se levantó rápidamente con la cara cubierta aún de babas de Akamaru y se enfrentó a Kiba. La mirada que le dedicó al muchacho fue suficiente para que las piernas de Kiba comenzasen a temblar y, al sentir el desasosiego de su compañero humano, Akamaru escondió el rabo entre las patas. Dio un par de pasos en su dirección hasta quedar frente a frente a un palmo escaso de distancia. Levantó un dedo de manera amenazadora antes de hablar.

-Escúchame, Inuzuka, y escúchame bien, -empezó alternando su mirada de un ojo a otro de los de Kiba. Kakashi se preparó en caso de tener que intervenir, pues ya le era conocido el carácter de su alumna. –Es la segunda vez que tu perro se me tira encima.

-Lo siento, -comenzó a disculparse.

-¡Silencio! Si vuelve a suceder, ni todo el ANBU, ni la mismísima Hokage van a evitar que te de una paliza hasta que las marcas de tu cara desparezcan, ¿lo has entendido?

Asintió con movimientos cortos y sin apartar los ojos de ella. Kiba y Akamaru se retiraron sin añadir nada más. Mara se volvió hacia donde estaban Kakashi y Gai, el primero con una expresión de pocos amigos y el segundo lamentándose por el pobre chico que se había ido, al igual que su perro, con el rabo entre las piernas.

-¿Qué? –Preguntó Mara de manera algo brusca al ver la expresión molesta de Kakashi. –Me he contenido.

-Estoy seguro de ello, -respondió el shinobi en un tono irónico y poco convencido.

-¡Tu alumna tiene el poder de la Juventud, Kakashi! –Añadió un entusiasmado Gai poniendo los puños en la cintura para dar más énfasis a sus palabras con su pose más típica. –Y un carácter de fuego, -prosiguió bajando la voz y elevando sus cejas repetidamente en gesto cómplice.

Kakashi lanzó una exhalación de resignación y decidió ignorar el último comentario de su amigo. Hizo un gesto a Mara para que lo siguiera hasta una zona segura y algo más apartada de los que entrenaban sus jutsus y con armas para situarse junto a los que se dedicaban al entrenamiento físico y al taijutsu.

Todavía algo atemorizado por la amenaza reciente e impactado por el encontronazo con la protegida de Kakashi, Kiba se acercó a sus amigos, quienes no se molestaban en tratar de ocultar las risas descontroladas que la situación les había provocado.

-Eh, Kiba, la tienes en el bote, -dijo Naruto. -¿Cuándo será la boda?

De nuevo todos volvieron a estallar en carcajadas. Kiba tan sólo pudo gruñir por la vergüenza, lo que provocó que Akamaru les ladrara con cara de pocos amigos como apoyo a su compañero de fatigas.

-¿Creéis que se presentará al examen? –Preguntó Sakura cuando todos calmaron sus risas.

-No lo creo, no tiene equipo, ni formación académica, -respondió Shino aún molesto por haber perdido en el combate contra ella.

-A lo mejor lo hace para conseguir el permiso de residencia en la Aldea, -propuso Hinata.

-Lo tendrá complicado, enfrentarse a todas las pruebas ella sola no le resultará fácil, -dijo Neji mirando hacia donde se encontraba ella haciendo flexiones junto a Kakashi. –Eso contando con que la Hokage la admita en la selección y haya rellenado el formulario.

Todos asintieron.

En la otra mitad de la zona de entrenamiento, el ninja enmascarado empezaba a mostrar síntomas de transpiración en su protector frontal. Se había deshecho del chaleco táctico y remangado su camiseta para dejar los brazos al aire.

Se encontraban uno frente a otro, sentados en el suelo y realizando un ejercicio de abdominales. Cada vez que elevaban el torso tenían que estirar los brazos y tocarle las puntas de sus dedos índices al contrario, una combinación de fuerza y precisión.

Mara también empezaba a dar síntomas de fatiga. Tenía la frente perlada de sudor, lo que propiciaba que el pelo se le pegase a la piel. Respiraba entre jadeos provocados por el esfuerzo y el cuello de su camiseta empezaba a humedecerse con cada gota que le resbalaba desde su cuello.

-Aguanta, una serie más de quince y terminamos, -animó Kakashi. -¡Sube! ¡Estira los brazos! ¡Eso es!

El tormento comenzaba a llegar a su fin, sus músculos lo sabían, sin duda se estaba cobrando con intereses el precio de la ropa y las mofas de esa mañana. Kakashi comenzó la cuenta regresiva. El final de la tortura estaba llegando.

-La última, y… ¡Aguanta! –Gritó para que mantuviese la posición de tensión con los brazos estirados y las puntas de sus dedos rozándose.

El rostro de Mara era de sufrimiento por el esfuerzo, tenía el pelo negro húmedo pegado a la frente y sobre su mejilla, tenía la nariz arrugada, el ceño fruncido y el labio superior levantado indicándole es esfuerzo titánico que estaba haciendo tras todos esos días que llevaba sin entrenar. Por su parte, Kakashi era presa de descargas eléctricas cada vez que sus dedos se tocaban, como si un Chidori le recorriera desde las puntas de los dedos hasta sus pies. Sabía que le estaba mirando de manera suplicante para que parase el ejercicio y pudieran descansar unos minutos, pero en ningún momento emitió un solo sonido de queja en contra de lo que esperaba. Dedujo que estaba acostumbrada a duros entrenamientos, probablemente con su misterioso padre.

-¡Acabamos! –Gritó el ninja. Inmediatamente, ambos se echaron hacia atrás y se quedaron tumbados sobre sus espaldas respirando con dificultad sobre la hierba tras el esfuerzo físico.

Kakashi levantó su cabeza para mirar el estado en que se encontraba su alumna, la imagen le cortó la respiración. Lo primero que vio fue su pierna izquierda flexionada, permitiéndole adentrar su mirada en el hueco que quedaba entre su pantalón algo holgado y la piel de su muslo. No pudo evitar mirar hacia la entrepierna de su alumna hasta donde el pantalón quedaba algo más ajustado interponiéndose con su visión. Siguió subiendo hacia arriba mientras su estómago subía y bajaba con cada una de sus rápidas respiraciones. Depositó su mirada sobre los montículos que se apreciaban erguidos bajo la camiseta. ¿Desde cuándo había estado eso ahí? Se preguntó. Inmediatamente, fue él quien tuvo que flexionar más las piernas para evitar que lo visto y lo imaginado debajo de esa camiseta le crearan un problema de lo más embarazoso, teniendo en cuenta que no estaba en la intimidad de su hogar.

Se permitieron unos minutos más de descanso, tras los cuales Kakashi se levantó y se situó a su lado. Mara estaba tumbada en la misma postura, con la boca entreabierta para facilitar su respiración y los ojos cerrados por los molestos rayos del sol.

-Siéntate, -ordenó Kakashi. Ella abrió uno de sus ojos para mirarle en busca de una razón lo suficientemente poderosa como para que tuviera que hacer eso, mientras mantenía el otro completamente cerrado. –Tenemos que estirar antes de que se enfríen los músculos o podrías sufrir un tirón.

Volvió a poner su cara de fastidio pero obedeció. Se sentó con las piernas cruzadas a la espera de instrucciones. Kakashi se situó detrás de ella de rodillas, colocó una mano sobre el hombro y con la otra empujó suavemente en la mitad de su espalda para hacer que la pusiera recta. Cuando consiguió de ella la posición que quería, le indicó que subiera los brazos hasta colocarlos en cruz.

Colocó su mano sobre la muñeca para dirigir él el movimiento y poco a poco fue doblándole el brazo hasta situarlo detrás de su cabeza y tiró con suavidad del codo. Tras varios segundos repitió el mismo movimiento con el brazo contrario.

Mara notaba la respiración de Kakashi golpeando contra su coronilla. El tacto contra su piel, a ratos de sus guantes y a ratos de sus dedos descubiertos, estaba haciendo que la piel de sus antebrazos se le erizara, como si de electricidad estática se tratara.

Para su sorpresa, las manos del ninja se dirigieron ahora hacia su cuello. Situó las palmas a cada lado de su cuello, los pulgares en el nacimiento del pelo a cada lado de su columna y el resto de los dedos estirados para minimizar el contacto de alguna manera. No le importó que sus manos se impregnasen del sudor que aún le cubría el cuello, le bastaba la sensación de notar bajo su tacto cada uno de los latidos de su corazón que se extendían fuertes y veloces bajo sus palmas y el calor que desprendía su piel atravesaba la tela de sus guantes. No había duda de la naturaleza de su chakra: el fuego hecho carne.

Ejerció presión hacia uno de los lados para indicar que debía ladear la cabeza hacia la derecha. Contó mental y lentamente hasta cinco y cambió hacia el otro lado. Volvió a contar y empujó hacia delante para que pegara la barbilla al pecho. Frotó con suavidad, arriba y abajo, los dedos pulgares contra sus vértebras mientras contaba otra vez. A continuación, quitó los pulgares de su lugar y pegó el resto de los dedos a su cuello para tirar de éste hacia atrás con una ligera presión. Además de su pulso fuerte y cada vez más pausado gracias a la relajación de los estiramientos, ahora podía sentir bajo sus dedos desprovistos de tela la tráquea y el entrar y salir del aire con cada bocanada.

Nada más terminar de estirar el cuello, sus ojos se conectaron, inmóviles en los del otro. El ninja sabía que ese contacto no duraría para siempre, pero decidió prolongarlo alargando la cuenta regresiva haciendo ligeras pausas entre cada número. Desde su posición de altura, pudo detenerse en contemplar nuevos detalles de su rostro: las largas pestañas negras que enmarcaban sus ojos, a veces temibles y a veces risueños, a veces tristes y a veces serios, ojos iracundos y comprensivos, sin duda, sus ojos negros como una noche sin luna, expresaban mucho más que sus palabras en algunos momentos, eran unos ojos emocionales. Tenía pómulos redondeados y las mejillas encendidas, a su entender, por el ejercicio, ¿o por la cercanía del contacto? Su nariz recta y pequeña dejaba que la atención se desviase hacia sus labios rosados, carnosos y, de cualquier manera, apetecibles para cualquiera.

Pasados los dilatados cinco segundos quitó las manos del cuello de Mara y se situó frente a ella ofreciéndole las manos para ayudarla a levantarse del suelo. Ella las tomó y se impulsó hacia arriba quedando uno frente a otro.

-¿Qué tal ha ido? –Preguntó Kakashi para tratar de romper la ligera tensión que se había formado en el ambiente.

-La próxima vez, recuérdame que antes de un entrenamiento no me mofe de ti, -respondió Mara sacudiéndose las briznas de hierba del pantalón dándose suaves toques en el trasero. –Pero no ha estado mal.

-Ven, vayamos al otro extremo de la zona de entrenamiento, hay un puesto ambulante de Ichiraku, podemos comprar algo de beber, -indicó el shinobi.

Los dos se encaminaron hacia el otro extremo y se situaron junto a la improvisada tienda. Había carteles con letras diminutas indicando todos los platos, bebidas y salsas que se ofertaban, así como los precios de los mismos. Kakashi se dispuso a pedir dos bebidas pero su alumna se le adelantó.

-¿Qué me da por un ryu? –Preguntó sacando su única moneda disponible. Kakashi sabía que era lo que le quedaba de los doscientos ryus que invirtió en las gafas protectoras del crío, quería saber a dónde iba encaminada su pregunta.

-Una botella de agua pequeña, señorita, -respondió con amabilidad el vendedor.

-Aquí tiene, -dijo Mara entregando la moneda. El vendedor le entregó el artículo que cogió y abrió al instante, se llevó la botella a los labios y bebió con rapidez agotándola en cuestión de segundos.

Kakashi observaba el comportamiento. Cuando terminó se limpió la boca con el dorso de la mano y se relamió el labio superior recogiendo los últimos restos del líquido. Tenía que dejar de imaginar cosas y centrarse en lo que estaba por venir, lo que le recordaba que tenía una conversación pendiente con ella sobre el asunto en cuestión.

Poco a poco, con la caída del sol, el lugar se fue quedando vacío de gente. Todos se despedían deseándose buena suerte y con los mejores deseos para amigos y compañeros. Gai y su equipo junto con Mara y Kakashi fueron los últimos en abandonar la zona.

-Bueno, Kakashi, mi querido rival, -empezó Gai. –Mañana es el gran día, ¿no crees? Mañana por fin dará sus frutos todo el esfuerzo y dedicación empleados en estos jóvenes.

-Estoy seguro de que tu equipo al completo estará en la lista de admitidos, -concedió Kakashi.

-Eso espero, el poder de la Juventud debe seguir presente en nuestra aldea, -dijo con ojos emocionados.

-Te veré mañana Gai, mucha suerte, muchachos, -dijo Kakashi a modo de despedida. Todos asintieron y se fueron a la carrera en pos de su sensei.

A un ritmo más calmado, alumna y sensei se encaminaron hacia la casa que compartían. Las preguntas les quemaban a ambos en la garganta, tan sólo se refrenaban por el hecho de no querer empezar cada uno con su propia cuestión. Mara, en los días que llevaba en la aldea, no había hecho gala de una gran paciencia, por lo que fue quien se decidió a hablar primero.

-Kakashi, ¿a qué se refería Gai con el gran día?

-Mañana la Hokage hará público el listado de admitidos para las pruebas de ascenso a chūnin y jōnin, -explicó Kakashi.

-Ah… -Musitó Mara sin demostrar mucho entusiasmo.

-Por eso quería, -empezó Kakashi a exponer lo que le quemaba en la garganta. –Quería que tú aceptases realizar las pruebas, por eso te he insistido tanto durante todos estos días.

No le gustaba el tono que estaba empleando, era una mezcla entre reproche y súplica. Sabía que desde que le había dicho la mayor mentira hasta ahora, este tema le escocía como la sal en una herida abierta. La única respuesta que le quedaba era tratar de mantener la fachada intentando causar el menor daño posible.

-Aunque hubiese accedido, ¿crees que esa Senju me dejaría presentarme antes de finalizar el período de prueba? –Dijo Mara convencida de que eso sería poco probable.

-Yamato y yo habríamos hablado con ella, tratado de convencerla, -contestó Kakashi. –Presentaríamos informes favorables…

-Kakashi, casi muere desangrado un jōnin por un kunai que le lancé y a otro casi le rajo el cuello de no haber sido por la intervención de Yamato, -Mara se acercó colocándole las manos sobre los hombros. -¿De verdad crees que estaría dispuesto a hacer un informe favorable? No necesitas tu sharingan para ver esto: tú eres el único que quieres que me quede.

Tras esas palabras, quitó las manos de sus hombros y se sacudió el mechón de pelo de su rostro.

-Vamos a casa, déjalo estar, puede que la próxima vez, -le cogió de la muñeca y tiró con suavidad para que comenzase a andar. Nada más iniciar la marcha, deshizo el contacto.

-De todas formas, -volvió a la carga el ninja-, mañana vendrás conmigo al acto de publicación. Debo asistir, puesto que soy uno de los examinadores de este año y tengo que estar presente.

Mara paró su marcha en seco.

-¿Es una broma, verdad?

-No, -dijo secamente.

-Mañana será sin duda un gran día, -añadió después de unos pocos segundos que le costó salir de la impresión inicial.