¿Qué tal están? Espero que os estén gustando los recientes capítulos. Gracias por ese nuevo review ^^.
Capítulo 31
-Gai, ¿puedes dejarnos? –Pidió Kakashi sin dejar de mirar el nombre escrito.
-Enhorabuena, muchacha, -dijo Gai antes de irse.
-¡Gai! –Llamó Mara antes de que se alejara lo suficiente. –No sé qué le habrás dicho a esa Senju, pero gracias.
-Dáselas también a Yamato, él también te apoyó, -dijo mientras iba a reunirse con sus alumnos.
Por fin se quedaron solos y lejos de oídos curiosos, Kakashi estaba junto a ella repasando una y otra vez cada trazo que conformaba el nombre y su propio apellido como si fuera la primera vez que lo veía. Tenía multitud de preguntas que luchaban por salir una tras otra.
-Espero que no estés enfadado conmigo después de todo, -susurró Mara al no saber interpretar la expresión del ninja.
-¿Enfadado? No, pero, ¿cuándo…? –Ninguna de las preguntas que se formulaba en su cabeza le parecía la mejor para empezar. Debía reorganizar sus ideas, antes de que pudiera volver a hablar Mara le adelantó una explicación.
-Encontré el sobre que te dio Yamato y decidí enviar la solicitud hace un par de días, -respondió en voz baja mirándolo de soslayo.
-Por eso no quisiste firmar la que te ofrecí yo, porque ya habías enviado una y sabías que no te dejarían participar de haber dos, -dijo Kakashi hilando sus pensamientos. Ella asintió. -¿Y el apellido?
-No podía dejar ese dato sin cumplimentar, -respondió como si fuera algo obvio. –Me pareció buena idea usar el tuyo, espero que no te importe.
¿Importarle? Por supuesto que no, de hecho, le sonaba muy bien: Mara Hatake. Aunque debía reconocer que le había sorprendido.
-¿Por qué has cambiado de idea? Dejaste muy claro que no querías pertenecer a la Hoja, -cuestionó Kakashi.
-En realidad, sólo participo… -calló. Desvió la mirada algo sonrojada y siguió. –Por ti, es lo menos que puedo hacer para devolverte una pequeña parte de lo que has hecho por mí durante este tiempo. Es probable que me eliminen en la primera prueba, pero te prometo que lo haré lo mejor posible, que me esforzaré y quizás, con un golpe de suerte, quién sabe, consiga ese permiso de residencia.
Volvió a mirarle con esa sonrisa de medio lado que empezaba a gustarle tanto. La posibilidad de tenerla siendo parte de la Aldea lo reconfortó de alguna manera. Ahora era menos probable que se fuera de su lado. ¿Irse de su lado? ¿Cuánto había estado a su lado? Apenas unos días. Todas las imágenes que tenía guardadas en su retina de ella empezaron a pasar a toda velocidad por su mente: maltrecha en el bosque, dormida en el hospital, iracunda en el despacho de la Hokage, relajada en su cama, tumbada en su sofá leyendo, bailando en su cocina, la extraña transformación durante la meditación, la que sonreía sincera, la que le gritaba al pobre Kiba y la que aparecía en sus sueños en el más absoluto esplendor. Todas esas imágenes conformaban una pequeña parte de ella, sabía que había mucho más oculto y ahora que tan sólo estaba a un paso de descubrirlo se sintió extraño.
-Vamos a celebrarlo, -dijo con un entusiasmo renovado. –Iremos a Ichiraku y podrás pedir el bol de ramen más grande que haya, yo invito. Al fin mis esfuerzos dan sus frutos.
-No tan rápido, aún tengo pasar las tres pruebas, -dijo Mara devolviéndolo al suelo.
-Cierto, -dijo Kakashi viendo el problema. –Tengo que hablar con Yamato, tendrás que quedarte con él mientras duren las pruebas en Konoha o podrían acusarme de trato de favor.
-¿Con Yamato? ¿No puedo quedarme en otro sitio? –Preguntó disgustada por la nueva noticia.
-Ya oíste a Gai, habló en tu favor para que fueses admitida, no es un mal tipo, -respondió Kakashi empezando a hacer los sellos para su jutsu de invocación. De una nube blanca apareció una pequeña jauría de perros.
-¿Qué ocurre, Kakashi? –Preguntó el más pequeño de todos. –Espero que sea importante, estaba enterrando un hueso para más tarde.
-Necesito que busquéis a Yamato y le traigáis a casa, -pidió Kakashi. Cuando acabó de hacer la petición los animales se dispersaron en busca del rastro del ANBU. Luego se volvió hacia Mara y le hizo un gesto para que caminara con él. Ambos debían admitir que se habían acostumbrado rápidamente a la compañía mutua.
Al empezar a enfilar la calle principal, el bullicio y el gentío se hacían palpables. Parecía que todos habían ido a celebrarlo al mismo lugar: frente a un buen bol de humeante y sabroso ramen. La gente se agolpaba a las puertas del restaurante. Formaban una fila a la espera de una mesa libre, cosa que desanimó a Kakashi, pues no quería perder el tiempo ahí de pie, y desesperó a Mara nada más ver la cola de gente.
-Oye, ¿y si pedimos para llevar y comemos en tu casa? –Propuso Mara. –Como el primer día que vinimos, sólo que sin los ANBU vigilándome.
Ahí estaba esa media sonrisa una vez más. Le había convencido, la perspectiva de pasar el tiempo a la espera de una mesa no le resultaba atractiva, sin embargo, la idea de comer a solas con ella en la intimidad de su casa se le antojaba mucho mejor.
-Bien pensado, -coincidió Kakashi, dirigiéndose hacia la zona de pedidos.
-Yo iré a esperarte en el banco de en frente, ya sabes, -dijo Mara aludiendo a donde le había esperado por primera vez. El shinobi asintió conforme.
Cuando Kakashi salió del establecimiento cargando con las conocidas bolsas humeantes de las que emanaban deliciosos olores, se encontró con una imagen que no esperaba. Podría haber lidiado de nuevo con los ANBU, podría haber supuesto que ella se hubiese ausentado a alguna tienda cercana, pero no habría imaginado nunca encontrar a Kiba Inuzuka sentado a su lado, charlando tranquila y animadamente con Mara. Apretó con fuerza las asas de las bolsas y se encaminó hacia ellos.
Conforme avanzaba veía a los jóvenes de la misma edad intercambiando palabras y alguna que otra mirada de más por parte del Inuzuka a su alumna. Lo que le provocaba cierta animadversión por el joven. Siguió avanzando sin ser advertido por la pareja hasta que Akamaru, el inseparable perro de Kiba, ladró dándole la bienvenida.
-Hola, Kakashi sensei, -dijo Kiba levantándose del banco como si de un resorte se tratara.
-Te encuentro en muchos lugares últimamente, Inuzuka, -dijo Kakashi con un tono sombrío.
-Me he encontrado con ella por casualidad, -se excusó pasando por alto el tono que usó el ninja. –Quería disculparme con ella por el comportamiento de Akamaru en la zona de entrenamiento y, de paso, hablábamos de las pruebas del examen. Pero ya me iba, -dijo notando la tensión en el ambiente.
-Espero que te hayas preparado bien este año, Inuzuka, -advirtió Kakashi. –Mara, nos vamos.
La aludida se levantó del banco de piedra algo sorprendida por el tono cortante de la conversación. Se acercó al shinobi y cogió una de las bolsas de comida.
-Nos veremos mañana, Kiba, -dijo ella a modo de despedida. Kiba sólo pudo despedirse con la mano por miedo a que unas pocas palabras más desataran la ira del ninja que no le había quitado el ojo de encima. Casi podía sentir el sharingan atravesándole a pesar de estar oculto.
Caminaron en silencio cada uno sumido en sus pensamientos. Kakashi pensaba en el comportamiento que había tenido y lo que lo había provocado a tenerlo, por alguna razón tenía la necesidad de mantenerla junto a él, de protegerla de posibles amenazas y, sin duda, la manera de mirarla que tenía Kiba le resultaba una amenaza. Por otro lado, no tenía duda al respecto de que su alumna pudiera defenderse a sí misma en caso de cierta amenaza, cosa que le tranquilizaba.
Mara por su parte, pensaba en la tensión sostenida en la conversación entre esos dos, sabía leer entre líneas lo que ocurría, lo mismo que había ocurrido en otro momento de su vida y que, gracias al Sabio de los Seis Caminos, nunca llegó a oídos, u ojos, de su padre, de lo contrario dudaba mucho que hubiesen salido bien parados.
Llegaron a la casa y entraron en silencio. Cada uno colocó su bolsa sobre la mesa y comenzaron a sacar los recipientes. Se sentaron uno junto a otro y empezaron a comer. Kakashi comenzó a mover los fideos para hacer que se enfriaran, en cambio, Mara ya se había metido en la boca unos pocos sin que la temperatura le resultara un problema. El ninja se fijaba en cómo sorbía los fideos, cómo colocaba sus labios y luego los relamía para limpiar los restos de caldo que los humedecían. Algo tan simple como eso había atrapado por completo la atención del shinobi, tanto como para no darse cuenta de que lo miraba con ojos extrañados.
-¿Te pasa algo? –Preguntó preocupada.
-No, tranquila, ¿está la comida a tu gusto? –Inquirió. Mara asintió cogiendo de nuevo otros pocos fideos. -¿De qué hablabais Kiba y tú?
-Ah, pues me contaba en qué consistían las pruebas, -respondió después de tragar. –Me dijo que la primera prueba es un examen escrito, la segunda dos pruebas físicas de resistencia y la tercera un combate individual cuerpo a cuerpo. ¿Tú estarás en todas las pruebas?
-No lo sé, sólo sé que estaré en las que se celebren en Konoha, las que se lleven a cabo en Suna dependen de lo que decida el Kazekage, -explicó Kakashi.
De nuevo el silencio se hizo entre ellos. Se volvieron a concentrar en su comida hasta que estuvieron saciados. Recogieron la mesa y se sentaron en el enorme sofá que presidía la estancia. Sobre la mesa junto a éste seguía el libro de "Mascarada" que había cogido Mara el día anterior, junto con el que estaba leyendo él en ese momento "Deseo". Ambos los cogieron y se sumergieron cada uno en su lectura.
Al cabo de unos minutos, para sorpresa de Kakashi, Mara decidió quitarse el calzado y colocar sus piernas sobre las de él. Se quedó estático ante el gesto, sin saber qué hacer o qué decir.
-¿Te importa? –Dijo como cortesía aunque sin intención de retirarlas.
-Adelante, ponte cómoda, -invitó el ninja a la par que colocaba una mano sobre una de sus piernas sosteniendo el ejemplar.
Continuaron con la tarde de ávida lectura, a veces ella veía como Kakashi cerraba los ojos tratando de imaginar la escena con detalle en su mente sin apartar la mano de su pierna, mientras que él, la veía a ella morderse el labio inferior cuando leía algún párrafo que captaba su atención sin hacer amago de levantar sus piernas del regazo del ninja.
Poco a poco, casi entrada la noche, el ritmo de lectura fue decayendo, Kakashi dejó de verla morder su labio para comprobar que se había quedado dormida con el libro abierto sobre su pecho y la cabeza ladeada hacia el respaldo del sofá. La contempló dormir durante unos minutos como había hecho ya en otras ocasiones, hasta que unos suaves golpes le trajeron de vuelta a la realidad. Y la realidad era que no podía moverse sin despertarla.
-Adelante, -invitó con un tono de voz lo suficientemente alto para que se enterase el que estaba tras la puerta, pero no lo suficientemente molesto como para sacarla a ella del sueño.
Cuando se abrió la puerta, tras ésta apareció Yamato, extrañado por el comportamiento de su compañero. Finalmente entró por completo en la estancia y se fijó en la estampa del sofá. Ahora lo comprendía todo. Trató de disimular una sonrisa pero no lo consiguió.
-Veo que estáis preparándoos bien para el examen, una lectura muy didáctica, -dijo señalando los libros. Kakashi le miró con cara de pocos amigos. –Era una broma. Deberías llevarla a la cama.
Kakashi le miró confundido.
-Tranquilo, duerme profundamente, cuando lo hice yo ni se inmutó, -explicó Yamato. El shinobi trató de tranquilizarse, ¿por qué la había llevado él a la cama?
-¿Cómo has dicho? –Preguntó comenzando a tensarse igual que le había pasado con Kiba.
-Sí, cuando Sai y yo nos quedamos vigilándola durante tu reunión, se quedó dormida en tu sillón de lectura, así que tuve que llevarla a la cama, -explicó de manera inocente.
El ninja prefirió no escuchar demasiado su explicación y concentrarse en la joven que seguía en la misma posición. Cogió las piernas con suavidad, tratando de moverla lo menos posible, hasta poder levantarse. Volvió a dejarlas sobre el sofá y estiró los músculos entumecidos mientras ella se quejaba en sueños.
-Tobi… -murmuró colocándose de lado.
Los dos ninjas lo habían oído. No era la primera vez que oían ese ridículo nombre. Kakashi se agachó junto a ella y la miró durante unos segundos tratando de escudriñar en sus sueños y pensamientos. ¿Quién era ese Tobi? ¿Por qué esa fijación por ese nombre?
-Mara, -susurró apartándole el pelo de la cara. –Voy a llevarte a la cama.
Dicho lo cual pasó con suavidad los brazos bajo ella y la cargó hacia su habitación. Durante el camino sentía los brazos arder al contacto. Podía notar la piel tersa de sus muslos, que tanto había visto, contra la de su antebrazo y las yemas de sus dedos disfrutando con el tacto de ésta: suave y caliente. Imaginó que todo su cuerpo sería así y esa conocida corriente eléctrica le recorrió la columna como un rayo. Tenía su cabeza recostada contra su hombro, el recuerdo de cuando la trajo herida cargándola sobre su espalda le vino a la mente, su respiración tranquila y acompasada con la nariz pegada contra su cuello le erizaba los pelos de la nuca.
Cuando llegó al interior de la habitación la depositó con cuidado sobre la cama. Inmediatamente, Mara emitió de nuevo un leve quejido de protesta, aunque no salió de su estado de sueño, se acomodó de lado dándole la espalda y permitiéndole contemplar de nuevo su contorno, esta vez, sin una sábana que la cubriera. Pensó en hacerlo, pero la imagen así le resultaba perfecta. Esperó unos instantes más y volvió al encuentro de Yamato.
El ANBU estaba esperando pacientemente a que volviera. Creía saber el motivo de la demora pero no arriesgaría a compartirlo con Kakashi para confirmar su sospecha.
-Os lleváis bien, después de todo, quién lo diría, -comenzó diciendo Yamato y entregándole un juego de llaves de su casa. –Os habéis adaptado muy rápido el uno al otro.
-Sí, -respondió Kakashi suspirando. Se le hacía difícil alejarse de ella. Apretó las llaves en su mano con fuerza y continuó: –Yamato, espero que esta vez la cosa no acabe igual que la primera. Sólo asegúrate de que no llegue tarde. Tengo que irme. Y gracias de nuevo por hacer esto.
