Hola a tod s. Espero que no se os haya hecho muy larga la espera. Aquí os dejo otro capítulo más algo más largo de lo que viene siendo habitual. Espero ver esos reviews para dudas, quejas (constructivas), comentarios o mensajes de ánimo ^^
Capítulo 33
Era una temprana hora en la residencia de Kakashi. Yamato estaba sentado a la mesa, frente a una Mara, somnolienta y molesta por haber sido sacada de su preciado sueño reparador demasiado pronto. El shinobi le había servido una taza de café.
Mara lo bebió sin mirarlo siquiera escupiendo el buche en cuanto el sabor dulce tocó su lengua.
-¿Has puesto leche? –Preguntó con cara de asco.
-Sí, es habitual que se tome con leche, -respondió Yamato desconociendo los gustos extraños de la alumna de su amigo.
-¿Y además le has echado azúcar? –Volvió a preguntar tratando de limpiar su lengua con una servilleta para intentar que se fuera el horrible sabor dulzón. –Por no hablar de que está casi frío. Vuelve a hacerlo.
Sin nada más que añadir, le tendió la taza a Yamato y bebió agua para eliminar de una vez el sabor dulce de sus papilas gustativas.
Yamato miró la taza en su mano, volvió a la cocina dispuesto a preparar una nueva para contentar a la supervisada de Kakashi. Miró un instante el reloj de la pared y sus, ya de por sí, grandes ojos se desorbitaron aún más si eso era posible. Estaban a diez minutos de cerrar las puertas de acceso para realizar el examen de ascenso. ¿Cómo había perdido tanto tiempo? Sabía que le había prometido a Kakashi que llegaría a tiempo, pero no contaba con la dificultad añadida de tener que despertarla, lo que había resultado ser una tarea complicada, y de satisfacer sus manías alimenticias.
Volvió a la sala de estar donde, en ese breve lapso, Mara había echado la cabeza sobre sus brazos y empezaba a volver a quedarse dormida. Se armó de paciencia y dio una palmada muy fuerte para hacer que se despertara del susto.
-¡Rápido o llegarás tarde! –Exclamó.
-¿Qué? No creo que… -Empezó Mara echando un vistazo rápido al reloj. -¡Es muy tarde!
Se levantó de un brinco, tirando en el proceso la silla al suelo. Se dirigió a la puerta donde le esperaba Yamato. En esos escasos diez segundos había desaparecido el sueño, la adrenalina alimentaba sus músculos y éstos la llevaban en una rápida carrera a través de las calles de Konoha hacia la Academia, donde se celebraría la primera prueba.
Junto a ella corría Yamato, quien le pedía al Sabio de los Seis Caminos el aguante y la velocidad para llegar a tiempo y poder cumplir con lo prometido a Kakashi.
Corrían y corrían con un ritmo desenfrenado. Al final de la calle se distinguía el edificio de la Academia Ninja. Iban a conseguirlo. Apretaron el paso, si eso era aún posible. En la fachada del edificio había otro enorme reloj, faltaban tan sólo tres minutos para el cierre.
-Mara, debes ir a la séptima aula de la tercera planta, -dijo Yamato entre jadeos y sabiendo que no estaba permitido el acceso a ningún ninja que no fuese examinador o postulante.
-Entendido, -dijo sin bajar el ritmo.
Yamato frenó en seco en la puerta del recinto, donde tres ANBU custodiaban la entrada. Mara pasó de largo entre ellos sin detenerse, directa a la puerta principal, supuso que Yamato se encargaría de dar las explicaciones pertinentes. Una vez dentro del edificio buscó las escaleras. Estaban a la izquierda. Subía los peldaños de dos en dos. Empezaba a notar calambres en los músculos de sus piernas.
Finalmente, estaba en la tercera planta. A cada lado se extendía lo que parecía un pasillo sin fin lleno de puertas a ambos lados de cada una de las aulas. Miró a derecha e izquierda. Al fondo de uno de los extremos, distinguió las cinco figuras negras de los examinadores que se dirigían al aula asignada.
Corrió hacia ese extremo del pasillo. Supuso que su aula estaba en esa dirección. Cuando pasó al lado de la primera puerta pudo leer el letrero con caracteres negros que se encontraba sobre ésta: Aula 5. Siguió avanzando, cada vez los examinadores estaban más cerca. Pudo distinguir el pelo plateado de Kakashi caminando con la mirada perdida y las manos metidas en los bolsillos detrás del llamado Ibiki Morino, cuyo aspecto intimidaba por sus cicatrices y la seriedad con la que miraba.
Sus pasos a la carrera retumbaban en el pasillo llamando la atención de los cinco examinadores. No era propio de ningún alumno llegar tan justo de tiempo. Mara pasó frente a la siguiente puerta: Aula 6. La distancia entre ella y los examinadores hasta la puerta del aula en cuestión era equidistante, con la única diferencia de que ellos tan sólo iban caminando y ella llevaba un ritmo frenético.
Pidió un esfuerzo extra a sus piernas. Iba a conseguirlo. Cuando paró frente a la puerta que rezaba como Aula 7, miró hacia los cinco hombres que venían hacia ella sin alterar su ritmo. Dedicó una rápida mirada a Kakashi para tratar de tranquilizarlo y entró.
Kakashi iba caminando cabizbajo, inmerso en sus pensamientos, repasando lo hablado en la reunión con los demás examinadores y, en medio de esos pensamientos, rogó por que cuando entrara a esa aula verla sentada con las manos sobre la mesa, ese pelo rebelde cubriéndole el ojo y esa sonrisa de medio lado.
Unos pasos rápidos que resonaban en el pasillo le sacaron del mantra en el que se habían convertido sus súplicas al Sabio de los Seis Caminos. La cadencia y el estruendo se acentuaban conforme se acercaban a ellos. Incluso era capaz de oír las fuertes respiraciones cercanas a parecerse a un rápido jadeo. Levantó la vista, molesto por todo el ruido que provocaba. ¿Es que no sabía que es de mala educación correr por los pasillos? Toda la ira y la molestia sentida se evaporó a ver a la dueña de esos ruidosos pasos. Mara corría hacia él, jadeando en un último esfuerzo por alcanzar el recinto, su boca estaba abierta para tomar todo el aire necesario para continuar con su carrera, sus muslos se tensaban con cada zancada asomándose bajo el corto pantalón de entrenamiento y su melena era una estela negra tras ella.
En un momento, sus ojos conectaron, no necesitaron decirse nada, la mirada del shinobi gritaba por una explicación a su tardanza mientras que la de ella susurraba una rápida disculpa. Tan pronto como se hizo el contacto, se deshizo. Ella se adentró en la sala, a tiempo por menos de un minuto. Kakashi suspiró con resignación detrás de Ibiki, las pruebas aún no habían empezado y él ya estaba sufriendo por ella.
Los cinco entraron, se colocaron en fila delante del graderío donde se sentaban los candidatos y, a continuación, dos miembros de ANBU se colocaron a cada uno de los lados de ellos. Kakashi miraba a todos los alumnos, parándose en los detalles de cada uno, sobre todo en los desplazados desde la Aldea de la Arena. Estaba convencido de que serían rivales dignos a batir de llegar a la tercera fase del examen, aunque por ahora debía preocuparse de cómo Mara encararía esa prueba, teniendo en cuenta que era un examen individual de conocimientos básicos del mundo shinobi, tal y como estaba explicando Ibiki en esos momentos.
-Podéis usar las técnicas que queráis, incluso está permitido copiar de otros, siempre y cuando seaís más listos y rápidos que nosotros cinco, -dijo Ibiki Morino, el que llevaba la voz cantante en esa prueba. –Pasada una hora deberéis entregar vuestro examen para ser calificado. ¿Alguna pregunta?
Todos se miraron entre sí a la espera de que alguien dijese algo para prolongar el momento previo a la tortura. En una de las filas superiores a la que se encontraba Mara, uno de los shinobis de la Aldea de la Arena se levantó para preguntar.
-¿Qué ocurrirá si uno o dos de los miembros de un equipo no pasa el examen?
-En ese caso, las próximas pruebas serán más duras para el que quede en pie, -respondió Ibiki como un latigazo. –Les aconsejo que piensen bien las respuestas y que se cuiden de ser descubiertos copiando, usando alguna técnica o hablando, porque serían expulsados inmediatamente.
Los ANBU comenzaron a repartir los rollos con las preguntas, los rollos en blanco para las respuestas y lápices entre los acongojados alumnos. Tras varios minutos de reparto, todos tenían sus útiles para el examen. Shikamaru sacó de uno de los armarios un reloj de arena y lo colocó sobre la mesa que presidía el estrado donde se encontraban los cinco.
-Pueden comenzar, -dijo Ibiki dándole la vuelta al reloj.
Inmediatamente, el ruido de los rollos siendo desplegados se extendió por toda el aula. A continuación, los primeros suspiros y bufidos no se hicieron esperar. Eran preguntas complicadas, extrañas y con varias interpretaciones posibles, todas y cada una pensadas para hacer dudar de la respuesta al alumno.
Los más valientes cogieron el lápiz y comenzaron a escribir. Mara desenrolló el suyo y leyó las preguntas. Echó de menos la taza de café, su mente seguía dormida ahora que la adrenalina de la carrera había desaparecido. Miró alrededor, la mayoría de los que se encontraban ahí estaban con la nariz pegada al pliego, cubriendo la mayor parte de él para evitar que les copiaran, mientras que otros tantos estaban confundidos y a la espera de algún movimiento por parte de sus compañeros de equipo. Enfocó su mirada ahora hacia los examinadores, recordaba a Inoichi, de la sala de Comunicaciones, quien de vez en cuando la miraba curioso, y a Shikamaru, de la primera vez que fue a Ichiraku con Kakashi, Iruka fue el ninja al que envió al hospital tras el incidente en la cocina de Kakashi, el tal Ibiki, que parecía tener malas pulgas y, por último, Kakashi, con su sharingan al descubierto la observaba como si quisiera atravesarla con la mirada en un intento por comunicarse con ella para decirle que comenzara a escribir.
Tenía razón, debía escribir, lo que fuera. Quería pasar a la segunda prueba y demostrarle que podía hacerlo. Jugueteó con el lápiz entre los dedos, sentía el tacto de la madera suave y pulida sobre sus yemas, empezaba a ocurrírsele una idea para evitar que al menos copiaran alguna respuesta, ya fuera correcta o incorrecta. Mordió el extremo superior introduciéndose en la boca unos dos centímetros del lápiz. Machacó la madera con sus dientes y luego con un poco de fuerza con sus manos rompió ese trozo que guardó en el puño de su mano izquierda como si de un amuleto se tratase frotándolo contra su palma.
Aprovechó que el extremo mordisqueado había quedado con una afilada astilla y comenzó a arañar el pliego con la respuesta a la primera pregunta. A simple vista no había nada escrito, ni nada de lo que copiar por lo que, los que estaban a su alrededor, a la espera de que alguien hiciera el primer movimiento, no pudieron contar con eso a su favor.
-¡Queda expulsado! –Exclamó Iruka dirigiéndose a uno de los de la Arena que había sido pillado tratando de copiar. El señalado se levantó y abandonó la sala.
Gracias al revuelo montado, otro de los genin, esta vez de la Hoja, se levantó y se quejó de la dificultad de las preguntas, alegó que era imposible y abandonó también por su propio pie el examen, a pesar de recibir ánimos de los otros dos compañeros de equipo.
-Quedan quince minutos, -informó Kakashi tras el revuelo. Ahí estaba de nuevo esa conexión con Mara, le pareció intuir un asentimiento de cabeza casi imperceptible con su sharingan, o quizá lo había imaginado.
Mara dejó de escribir, o más bien de arañar el pliego con la astilla. Apoyó los codos sobre la mesa, juntó las manos manteniendo el trozo de madera en el puño y se concentró en ese espacio interior. Puede que fuese trampa pedir ayuda a Kurōkami, pero si no te veían haciendo trampas estaba permitido.
Se encontraba sentada en medio de esa sala con el suelo acuoso. No había ni rastro en la zona iluminada del ente. Lo llamó. No obtuvo respuesta.
-¿Kurōkami? –Volvió a llamar esta vez más fuerte. –Sé que no estamos en nuestro mejor momento, pero necesito tu ayuda, por favor.
Un aire caliente, parecido a una exhalación le llegó desde su izquierda. Estaba oculto en la negrura, allí donde no alcanzaba nunca a ver.
-Tienes que ayudarme, siento lo que pasó, -se disculpó. –Quiero que me enseñes lo que es un bijuu, te pido disculpas si te ofendí al preguntarle a Kakashi.
Un grave gruñido llegó a sus oídos. La miraba desde su escondite oculto, le había encarado a pesar de no verlo. Tras muchos años de conocer a los humanos, era la primera que se disculpaba con él por algo que él mismo había provocado y, no sólo eso, le pedía permiso para usar su chakra. Era todo un cambio a lo que había estado acostumbrado.
-¿Qué quieres, niña? –Preguntó curioso.
-¿Recuerdas lo de las raíces de Yamato? ¿Cómo nos liberamos? –Respondió Mara. –Necesito que aumentes de nuevo el poder calorífico de mi chakra de fuego, pero muy suavemente, -añadió remarcando las últimas palabras.
-¿Por qué?
-Porque estoy en una sala con muchas personas, por no hablar de los dos de ANBU y los cinco examinadores que están vigilando, sólo necesito carbonizar esto, -dijo abriendo la mano y mostrándole el pequeño trozo de madera. –Pero no quiero que el chakra se nos descontrole como durante la meditación. Sé un buen chico.
Mientras hablaba, Mara se había ido acercando a la negrura o se había ido alejando de la zona iluminada. Adelantó la mano libre a sus pasos. El ente, sabía que buscaba el contacto con su pelaje. Voluntariamente, sin temor a él, sólo un poco por la tirantez entre ellos durante los pasados días después del incidente. En parte, la echaba de menos, añoraba como se subía sobre su pata delantera para tumbarse sobre ella mientras hablaban. O que le rascara con sus pequeñas manos entre el pelaje.
-Vas a quedarte sin tiempo, -dijo Kurōkami más consciente que ella de lo que pasaba fuera.
Mara abrió los ojos, a penas quedaban unos pocos granos de arena dentro del reloj. Una vez más había perdido la noción del tiempo ahí dentro. Recubrió la palma de la mano que sujetaba el trozo de lápiz con su chakra, ahora sólo le quedaba esperar a que Kurōkami hiciera su parte.
Poco a poco, comenzó a sentir el calor salir entre sus dedos, al cabo de unos segundos más era un ligero humo gris lo que salía entre ellos, lo que llamó la atención de los examinadores que se volvieron para buscar la procedencia del mismo.
Kakashi se adelantó rápido a los demás, subió las escaleras que había a la derecha de las gradas para acercarse a donde estaba sentada ella. Sería una buena excusa para comprobar qué tal iba su examen y de paso comprobar que no estaba perdiendo el control.
-¿Va todo bien? –Dijo clavando su sharingan de manera intimidante en ella. Mara le miraba de reojo sin atreverse a mirarle directamente por temor a ser descalificada.
-Estoy algo nerviosa, -respondió titubeante. –Pero nada de lo que preocuparse.
Kakashi observó el pliego completamente en blanco y el alma y sus esperanzas se le cayeron a los pies. También vio el lápiz mordisqueado, era cierto lo de los nervios. Metió la mano en uno de los bolsillos de su chaleco táctico, extrajo un nuevo lápiz y se lo tendió.
-Quizá te haga falta en estos últimos minutos, -dijo cortante. Al escuchar ese tono de voz, Mara se volvió hacia él con el ceño fruncido y con una mirada desafiante con un solo ojo a la vista.
-Gracias, pero no lo necesito, -espetó.
Kakashi no esperaba esa respuesta. Apretó con fuerza el lápiz que le ofrecía en la mano, Mara creyó que lo partiría por la mitad viendo los nudillos blancos por la presión que ejercía, pero volvió a concentrarse en su pliego en blanco.
-¡Queda expulsada! –Gritó Ibiki al otro lado de la sala. -¿Puede explicar esta nota?
Una de las ninja se levantó con el rostro completamente rojo entre la ira y la vergüenza y salió rápidamente.
-Tienes que escribir algo, -susurró Kakashi junto a Mara que no reaccionó por temor a que ella también fuese expulsada.
-Confía en mí, -contestó en el mismo tono en que se lo había dicho cuando estaban en el sofá de su casa. De nuevo le pedía confianza ciega. Decidió volver al estrado de abajo y darle esa confianza. Hasta que volviese ese padre misterioso tenía que seguir confiando en su palabra. La voz de Ibiki retumbó por toda el aula informando de los últimos cinco minutos.
Mara abrió la mano que había guardado todo ese tiempo el trozo de madera del lápiz. Estaba completamente negro, al igual que la palma de su mano. Lo cogió con suavidad para que no se deshiciera y comenzó a frotarlo suavemente por la superficie del pliego.
-¡Último minuto! –gritó de nuevo Ibiki.
Mara enrolló el pliego y anudó la cuerda alrededor para que permaneciera cerrado. Lo depositó sobre la mesa y se cruzó de brazos a la espera de que el tiempo terminara de consumirse sin apartar la mirada de Kakashi, que escrutaba a los demás alumnos en busca de algunos deseperados por copiar en el último momento.
El reloj de arena dejó caer su último grano al compartimento inferior. Uno por uno, Ibiki fue llamando a los alumnos para que entregasen su rollo. El primero de ellos lo hizo, entregó el rollo e inmediatamente fue abierto por Inoichi. Comprobó que había unas pocas palabras escritas, asintió y comunicó al genin que pasaba a la siguiente ronda.
Poco a poco y uno tras otro, todos fueron llamados.
-Mara Hatake, -llamó Iruka. Ahí estaba de nuevo el latigazo en la espalda de Kakashi al escuchar el nombre de ella seguido de su propio apellido. La joven se acercó soprendida por lo poco acostumbrada a que la llamasen de esa manera y entregó su rollo al examinador.
Iruka lo desplegó quedando confundido por el estado en que se encontraba. Como si de un negativo se tratara, el pliego entero estaba teñido de carboncillo negro y en blanco y en una especie de bajorrelieve, con unas letras de una caligrafía pulcra, estaban legibles las respuestas de su examen, una de los que más centímetros del pliego había utilizado. Iruka hizo un gesto a los demás para que se acercaran a verlo.
Cuando terminaron, se volvieron todas las miradas hacia ella, lo que provocó que Mara tragase saliva a pesar de que se le había secado la boca. El primero en hablar fue Ibiki.
-¿Por qué has hecho esto?
-Es lo primero que se me ocurrió para evitar que me copiasen, -respondió directa.
-Ah, tu eres la chica que no va con ningún equipo, -dijo Iruka evitando mirarla directamente y sin hacer ninguna referencia a lo sucedido en la casa de Kakashi, por suerte se había recuperado rápidamente gracias a los cuidados de la pupila de la Hokage, Sakura Haruno.
-Es una buena idea, para evitar la copia durante el examen, -dijo Shikamaru, el más joven de los cinco. –Bien pensado.
-¿He pasado la prueba? –Preguntó Mara a Shikamaru. Antes de que ninguno pudiera hablar, Ibiki se adelantó.
-Sí, puedes irte, espera fuera con los demás aprobados, -dijo Ibiki. Acto seguido llamó a más shinobis para que hicieran su entrega.
Antes de irse, Mara miró a Kakashi que sonreía con disumulo bajo la máscara, ella, después de mucho tiempo le brindó una sonrisa plena y sincera, sus labios se estiraban por igual y entre ellos se podía ver la primera fila de dientes. En ese momento, la veía cambiar la media sonrisa de suficiencia por una de completo orgullo y satisfacción. Se giró hacia la puerta y tras dar un ligero saltito para bajar del estrado, se perdió de la vista de Kakashi al otro lado de la puerta.
