Hola querid s lectores. ¿me echasteis de menos? Espero que sí. Os dejo otro capítulo más para que lo disfrutéis y siento el retraso en la actualización. Muchas gracias por el nuevo review ^^.
Capítulo 34
La alegría y el alivio se extendían entre los aprobados. A pesar de la dificultad de las preguntas, lo importante en esa prueba era no dejarse intimidar por la dificultad de las circunstancias y la presión más que el hecho de lo que habían escrito cada uno. Sin embargo, aquellos que no habían escrito ni una sola palabra habían sido descalificados, ya que se consideraba que habían perdido de vista el objetivo principal de un examen como era responder las preguntas formuladas.
Estaban en el patio exterior de la Academia, los shinobis estaban formando pequeños grupos en función del número de miembros del equipo al que pertenecían que habían superado la prueba. Mara salió sin compañía por la puerta principal, no esperaba reunirse con nadie pero, para su sorpresa, cerca de la puerta estaba Kiba junto con los otros dos miembros de su grupo: Hinata Hyūga y Shino Aburame.
Al verla, Hinata le hizo una sutil señal a Kiba para que se percatara de su presencia. Rápidamente, el Inuzuka se volvió a mirar hacia donde le indicaba, haciendo que Shino también se volviera a mirar para averiguar qué era lo que les llamaba tanto la atención a los otros dos. Kiba sonrió abiertamente, levantó el brazo y lo agitó para hacerse notar. Por su parte Akamaru ladró con fuerza para llamar aún más la atención de la muchacha. Mara dirigió la vista hacia él, percatándose de quién era. Saludó tímidamente y se acercó a ellos.
-¡Mara, qué sorpresa! –Dijo Kiba en un efusivo tono seguido de un ladrido y varios olfateos por parte de Akamaru.
-Hola, Kiba, -respondió escueta mientras acariciaba el níveo lomo del perro. En su interior agradecía que no se le hubiese echado una vez más encima.
-¿Qué tal te ha ido en la primera prueba? Nosotros estábamos muy preparados, -comenzó a fardar señalándose a sí mismo con el pulgar. –Espero que te sirvieran los consejos que te di ayer.
-Creo que no me ha ido mal, -dijo Mara no muy segura, seguía acariciando a Akamaru mientras hablaban para deleite de Kiba y de su compañero peludo. Akamaru se había sentado sobre sus cuartos traseros frente a ella para disfrutar de las caricias.
Shino tan sólo miraba hacia otro lado y no participaba en la conversación, en cambio Hinata, después de llevar casi dos semanas oyendo a su compañero de equipo farfullar a todas horas sobre ella y especular sobre su relación con Kakashi, decidió intervenir en la conversación.
-Mara, -llamó con un susurro. -¿Has tenido tiempo de prepararte con Kakashi para las pruebas?
-Lo cierto, es que no hemos tenido tiempo, hemos estado ocupados con otros asuntos, -respondió fijándose en sus ojos blancos. -¿Byakugan?
-Sí, soy del clan Hyūga, -contestó Hinata algo violentada por la pregunta directa sobre su Kekkei Genkai.
-Debes de ser un miembro muy importante en tu equipo para detectar enemigos, -elogió. Hinata sonrió con timidez. –Debe de ser genial tener esos poderes oculares.
Hinata no contestó pero le dedicó una sonrisa sincera por el elogio. Se quedó pensando en la frase que le había dicho: "habían estado ocupados en otros asuntos", ¿qué asuntos? ¿Qué podía ser más importante que entrenar para una de las pruebas más duras a las que se enfrenta un genin o un chūnin a lo largo de su vida académica? La respuesta le vino como un rayo en una noche de tormenta. Quizá todo fuese cierto, y Kakashi y su alumna, supervisada o como quisieran llamarlo, tenían algo más que una relación profesional. En cualquier caso, su compañero no cejaba en el empeño de hacer que se fijara en él.
-Dime Mara, ¿sabes de qué va la primera parte de la segunda prueba?, -preguntó Kiba. Ella negó con la cabeza.
Antes de que pudieran continuar con la conversación, los cinco examinadores habían salido al patio y miraban a los candidatos que habían pasado la primera prueba, a diferencia de otros años, había bastantes que lo habían conseguido. Ibiki Morino volvía a llevar la voz cantante en cuanto al discurso se trataba. Estaba dando la enhorabuena a los presentes de una manera protocolaria más que sincera.
Shikamaru comentaba algo en voz baja con Inoichi a su espalda. Iruka permanecía callado poniendo su atención en el discurso de Ibiki. Kakashi, por su parte, volvía a buscarla entre la multitud, esta vez con el sharingan oculto.
La encontró junto al equipo de Kurenai, al lado de Kiba. Otra vez Kiba. Quien le susurraba algo al oído. ¿Por qué se empeñaban todos en decirle cosas al oído? Primero Gai y ahora Kiba. El pensamiento le hizo fruncir el ceño.
Mara no prestaba demasiada atención a lo que decía el examinador de la cicatriz en la cara, tampoco prestaba demasiada atención a los consejos de Kiba. Sus sentidos estaban enfocados en la mirada penetrante y algo molesta que le dedicaba Kakashi.
El discurso por fin terminó. Los equipos o, al menos, lo que quedaba de ellos, se dirigieron hacia la zona indicada donde se llevaría a cabo la primera parte del segundo examen. El lugar no era otro que la zona de entrenamiento cuarenta y cuatro, también conocido como el Bosque de la Muerte, por la cantidad de trampas que albergaba en su interior, dispuestas para dificultar el avance de los shinobis hacia su meta y por simular condiciones de posibles escenarios reales en un entorno de combate controlado.
Se trataba de una zona circular, boscosa, atravesada por un pequeño cauce de norte a sur y una estructura de madera a modo de torre en el centro del círculo donde debían llegar en última instancia los equipos para completar la prueba. El perímetro estaba vallado con una red metálica y con un total de cuarenta y cuatro puertas equidistantes entre ellas y con el centro.
Cuando todos llegaron, junto a una de las puertas estaban la Hokage, Tsunade, y el Kazekage, Gaara quien, para sorpresa de todos, se había desplazado con urgencia para presenciar las pruebas físicas de esta edición.
-Bienvenidos, -saludó Tsunade. –Como ya sabréis, en esta etapa, a cada equipo se os entregará uno de estos rollos.
Levantó sus manos mostrando en cada una un rollo diferente, en la izquierda había uno de un tono marrón con el sello rojo del símbolo de la Tierra y en la derecha otro idéntico pero blanco con el símbolo azul del Cielo en el sello.
-Para superar esta prueba, -continuó. –Se os exige que consigáis el rollo opuesto al que se os entregue y lleguéis al centro del bosque para hacer entrega de ambos. A los que aún participéis con más de un miembro de vuestro equipo será necesario que lleguéis todos a la entrega de los rollos, de lo contrario sólo el portador será el que apruebe y pase a la siguiente ronda. ¿Alguna pregunta?
Todos se miraron interrogativamente. Al final del grupo alguien levantó el brazo para pedir permiso y hablar.
-¿De cuánto tiempo dispondremos? –Preguntó uno de los ninjas de la Arena.
-Hasta el mediodía de mañana, -respondió Ibiki. -¿Alguna pregunta más?
-¿Hay alguna restricción para conseguir los rollos de otros equipos? –Preguntó un chūnin de la Hoja que se había quedado sin los otros dos miembros de su equipo.
-No, -respondió esta vez Kakashi. –Pero los examinadores y demás miembros de ANBU acreditados para esta prueba nos encargaremos de que no haya heridos graves en caso de combate.
Satisfechas todas las preguntas, los participantes seguían mirando con intriga a los Kages y los examinadores. Sabían que ahora se debían distribuir las puertas de salida. Dos miembros de ANBU trajeron una mesa, con dos urnas opacas que colocaron frente a los dos Kages, junto a las urnas, había apilados varios rollos de Tierra y Cielo. En el interior de la primera urna había números, correspondientes con cada una de las puertas. En la segunda estaban escritos los nombres de los participantes y los equipos completos que quedaban. Cada uno de los Kages sacarían el número y el nombre de una urna diferente y así serían distribuidos alrededor de la zona cuarenta y cuatro.
Conforme iban siendo nombrados, los equipos y shinobis que habían quedado solitarios iban recogiendo los respectivos rollos y encaminándose hacia la puerta seleccionada.
-Equipo Kurenai, -nombró Tsunade. De inmediato, Kiba, Hinata y Shino dieron un respingo y se dirigieron hacia la mesa. Kiba se quedó quieto mirando a Mara que había seguido con ellos debido a la charla mantenida por parte del chico con ella.
-Suerte, Mara, -deseó el muchacho mostrando una sonrisa y colocando una mano detrás de la cabeza. –Espero verte en la segunda fase.
-Gracias, Inuzuka, -devolvió ella mostrando esa media sonrisa.
Acto seguido, Kiba se reunió con sus otros dos compañeros que ya tenían el rollo y se encaminaban hacia la puerta asignada, debatiendo sobre la mejor estrategia a seguir. Mara se quedó sola entre los demás participantes que poco a poco se iban yendo a sus puestos.
Por azar o, tal vez, no, al final sólo quedó frente a los dos Kages y los examinadores, Mara. Se sentía observada, así que usó su mejor defensa que era torcer la cabeza a la derecha y dejar que su pelo la cubriese de miradas indeseadas.
-Acércate, -ordenó Tsunade. Mara obedeció. Se quedó frente a la mesa con las puntas de sus dedos tocando la superficie, alternaba entre los ojos de Gaara y los de la Hokage. –Como última participante puedes elegir por ti misma qué rollo quieres. El Kazekage te asignará la puerta.
-Tierra, -contestó después de pensarlo unos segundos.
-¿Por qué? –Quiso saber Tsunade.
-A los demás no les habéis preguntado, ¿a qué viene el interrogatorio? –La paciencia de Mara empezaba a colmarse sólo por el hecho de ser Tsunade la que estaba formulándole la pregunta. –Estoy perdiendo el tiempo, los demás ya habrán empezado a moverse ahí dentro.
-Tus circunstancias son especiales y diferentes a las de ellos. Responde, -insistió la Hokage. Kakashi sabía que Tsunade era un perro de presa, cuando probaba la sangre no soltaba el bocado y a su parecer, Mara era un tierno bocado que se le estaba atragantando y eso no le gustaba. Mara lo miró de soslayo en busca de alguna ayuda, pero sabía perfectamente que no podía prestársela o sería trato de favor. -¿Y bien?
-Eres una molestia, Senju, -Mara repitió las mismas palabras que la llevaron a la prisión bajo la Montaña de los Hokages. Alargó el brazo y cogió el rollo de la Tierra con gesto desafiante. Los allí presentes se quedaron estáticos a la espera de la reacción de la Hokage.
La vena de la frente de Tsunade empezaba a hacerse presente debido al enorme enfado del que hacía gala en esos momentos. Gaara miraba a ambas mujeres. Si el mensaje que recibió era cierto, cosa que no lo parecía en esos momentos, no comprendía el interés en que esa chica fuese parte de la Hoja. Era palpable que a Tsunade no le gustaba y no deseaba ponerle las cosas fáciles a la joven, sin embargo, era algo bueno para su aldea, ¿qué más daba que el permiso de residencia fuera concedido para una u otra aldea?
Mientras el Kazekage cavilaba sobre la posibilidad de una nueva residente de Suna. Mara había avanzado sus pasos hacia la puerta treinta y cuatro que era la que estaba a sus espaldas. Al parecer le gustaba tensar la relación con Tsunade y desafiarla siempre que le era posible. Gaara podía jurar que concía a esa chica de algo, pero seguía sin saber de qué. Un golpe sordo y seco, seguido de un crujido y las respiraciones contenidas de los examinadores y de los ANBU hicieron volver a Gaara al asunto que tenían en esos momentos entre manos.
Tsunade había golpeado con fuerza la mesa haciendo que ésta quedara reducida a astillas, las urnas se habían roto al golepear contra el suelo y el rollo sobrante había salido rodando hasta darle en el pie a Shikamaru quien lo recogió y esperó a que se desarrollasen los acontecimientos, era una chica problemática sin duda.
Mara detuvo su avance a esacasos dos metros de la puerta pero no se volvió a mirar lo ocurrido. Sonreía satisfecha con el resultado, desde su posición Kakashi podía verla haciéndolo, sabía que en fondo disfrutaba con esto.
-Respóndeme, ni se te ocurra moverte y entrar ahí sin hacerlo, -amenazó Tsunade. La sonrisa de Mara se ensanchó, no era una de felicidad como la que Kakashi había visto cuando vio su nombre escrito junto al de los admitidos, ni una de alegría como la de Ichiraku mientras le explicaba lo que había hecho en la sala de Comunicaciones, era una sonrisa de orgullo, venganza y que lucía como una bonita represalia adornando su rostro. Estaba convencido de que ella ya tenía un plan para sacar ventaja de esta situación.
-Está bien, no me moveré, -dijo con tranquilidad y volviéndose hacia los presentes para encararla. La tensión se podía cortar con un cuchillo entre ellas. Mara optó por sentarse en el suelo con las piernas cruzadas y los brazos apoyados y esperó a que su enemiga decidiera hacer el próximo movimiento.
Pasaban los tensos y desafiantes minutos y seguían mirándose la una a la otra. Viendo que la Hokage no iba a su terreno, Mara decidió romper el hielo.
-Sabes que puedo estar aquí todo el día, ¿verdad? –Empezó. –Yo no tengo que vigilar a nadie, -dijo haciendo una clara referencia a Kakashi al que le dedicó una mirada rápida, -ni tengo que evitar que dos equipos diferentes se maten, -dijo ahora pasando la vista por los examinadores, -ni siquiera tengo que ir a mi despacho a asignar misiones.
-¿Dónde quieres llegar? –Dijo Tsunade molesta cuando escuchó la referencia hacia ella.
-Puedo estar aquí hasta el mediodía de mañana, si hiciera falta, -dijo poniéndose otra vez en pie. –Pero eso sería muy malo, porque no podría intentar terminar mi examen. ¿Y sabes por qué?
Tsunade no contestó, sólo emitió un sonido más parecido a un gruñido que a una respuesta.
-Pues porque por culpa de la Hokage, Tsunade Senju, quien me tiene a su cargo, he sido retenida por orden suya, lo que implica romper las normas, esas normas que tanto le gustan.
-No se rompe ninguna norma, -respondió rápida la Hokage, sabía que de nuevo le estaba tratando de hacer chantaje.
-¿Ah, no? Yo creo que sí, -dijo acercándose aún más a ella a pesar de tener presente la extraordinaria fuerza de la que hacía uso. –Es trato de favor.
-No me hagas reír, no es ningún trato de favor, -dijo algo alterada por la acusación. Kakashi se removió inquieto al escuchar las palabras que él mismo le había dicho. Las estaba usando en su propio beneficio para volver las tornas de alguna manera a su favor, a pesar de ir en desventaja con respecto a otros ninjas.
-¿Está segura? Bien, preguntemos su opinión a alguien neutral, por ejemplo, al Kazekage, -esta vez se volvió hacia Gaara quien tragó con fuerza al verse implicado en la discusión. -¿Qué le parece que la Hokage me retenga aquí y me ponga las cosas más fáciles que a los demás?
Gaara no sabía por dónde iba el hilo de los pensamientos de esa chica pero sin duda debía ser buena en chantajes si se atrevía no sólo con uno sino con dos Kages.
-No sé a qué te refieres, -respondió confundido.
-Reteniéndome aquí, se asegura de que los equipos más fuertes consigan sus rollos primero, de manera que cuando yo entre, sólo los débiles o rezagados serán los que estén disponibles. Facilitándome así la tarea de conseguir el mío. Yo diría que es un intento por conseguir que me quede en la Aldea de la Hoja de manera más fácil y rápida. ¿No cree, Kazekage?
-Pues… Visto así, -empezó Gaara volviendo a pensar en lo que acaba de exponer. –Parece una buena explicación. Y, técnicamente, se podría considerar como trato de favor respecto a los demás participantes.
-Lárgate, -dijo Tsunade apretando los puños hasta que sus nudillos se pusieron blancos.
-Bien, -dijo con esa media sonrisa victoriosa, miró a Kakashi y añadió: –voy a intentar conseguir el otro rollo.
Se volvió a girar hacia la puerta que estaba a sus espaldas y la cruzó, aunque no se internó en el frondoso bosque que se abría ante ella. Se quedó a un metro escaso de la entrada. Sabía que los demás seguían mirándola confundidos y sorprendidos por el comportamiento con la Hokage.
-¿A qué esperas? ¿Ahora tienes miedo de entrar en un bosque? –Tsunade mordió más fuerte el bocado de su presa, haciendo alusión a dónde la encontró Kakashi herida y medio muerta.
-Voy a darles algo de ventaja, no quiero acabar demasiado pronto, -respondió de espaldas. –Hay que disfrutar del baile.
Tras esa breve explicación, como si de un general de antaño se tratara, avanzó y se perdió en la verde espesura con paso lento pero seguro y atenta a cualquier sonido del bosque. Atrás quedaba Kakashi mirando cómo esa melena negra, digna de un legendario señor de la guerra, se abría paso entre la maleza. Desearía que mejorase el trato con la Hokage, pero era mejor tenerla en ese estado de concentración y lista para la lucha teniendo en cuenta lo que se le avecinaba ahí dentro.
-¿A qué esperáis? –Exclamó Tsunade. –Entrad ahí y haced vuestro trabajo. En cuanto a ti, -dijo señalando con el dedo el sharingan oculto de Kakashi. –No quiero que le quites el ojo de encima a tu supervisada.
Nada más terminar de hablar, todos los examinadores y ANBU allí presentes desaparecieron en un abrir y cerrar de ojos, quedando sólo Gaara y Tsunade.
-¿Desearías que hubiese dicho que no a tu petición? –Preguntó Gaara sientiendo algo de culpabilidad.
-No, lo cierto, es que tenía pensado que participara, quiero ver hasta dónde puede llegar, -respondió Tsunade cruzándose de brazos. –Según mis consejeros, puede ser una buena kunoichi y, en parte, es cierto, pero tiene un déficit de sometimiento a la autoridad como has podido ver y eso me preocupa. Esta aldea ya ha sufrido rebeliones antes y no estoy dispuesta a volver a pasar por eso.
-Podría conseguir el permiso de residencia en Suna, -ofreció Gaara exteriorizando parte de la idea que se había formado en su mente, espoleado por la sensación de conocerla con anterioridad. –Si crees que será un problema para la Hoja, en la Arena podemos acogerla.
Tsunade se lo quedó mirando. En otras circunstancias habría aceptado, pero el hecho de haber ganado tanto dinero en las apuestas el primer día que apareció ella en la Aldea, sumado a que no había ocurrido ningún desasatre en el que lamentar pérdidas, la hacía querer seguir adelante con el proceso de observación, aunque eso significara una lucha verbal constante.
