¡Hola un capítulo más! Perdón por el retraso de actualización pero estoy teniendo problemas con el pc además de contar con poco tiempo, espero que no me lo tengáis en cuenta. A leer ^^
Capítulo 37
El tiempo había transcurrido rápidamente, en el horizonte, por encima de las copas de los árboles, comenzaba a clarear el alba y el amparo que le brindaban la noche y las sombras empezaba a diluirse en la frondosidad del Bosque de la Muerte. Mara había llegado cerca de la enorme torre central. En ese momento, era cuando debía extremar el cuidado para cruzarse en el camino de algún equipo en el momento preciso, que era cuando fuesen a entregar los dos rollos, de esta manera, ella se aseguraba obtener el que necesitaba.
Hizo un rápido reconocimiento de la zona, no había rastro de ningún equipo. Su estómago se encogió ante la posibilidad de que ya fuese demasiado tarde. Tragó varias veces para tratar de hacer desaparecer el desasosiego que le atravesaba la garganta. El sonido proviniente de un pequeño sendero la hizo ponerse en alerta. Varios ninjas venían hablando entre ellos y felicitándose por el buen trabajo realizado y por lo cerca que estaban de concluir la prueba que les daría el pase a la segunda fase.
Mara se escondió cerca del camino por el que debían pasar, tras un árbol grueso y desprovisto de matorrales alrededor que pudieran descubrir su posición. Kakashi estaba tras ella, sobre una fuerte rama a varios árboles más de distancia. Ahora se imaginaba cuál era el plan se su alumna: emboscada en el útlimo momento. Algo rastrero para su gusto, pero necesario teniendo en cuenta que iba en inferioridad numérica en todas las pruebas.
Gracias a su posición de altura, Kakashi vio al equipo que se acercaba antes que Mara. Al reconocerles los músculos se le tensaron. La circunstancia le daría la oportunidad de discernir cómo de cercana o integrada, si lo prefería, se sentía de Konoha. Exhaló el aire en sus pulmones y esperó a que Mara moviese ficha.
Mara oía las voces acercándose hacia donde ella se encontraba. Una de las voces era más bien un susurro femenino, la segunda era parecida a cómo sonaba la de Kakashi, amortiguada tras la tela de la máscara y la tercera, se oía alta y clara en comparación con las otras. Cuando las oyó lo suficientemente cerca, se asomó ligeramente de detrás del árbol, sosteniendo un kunai en su mano derecha con los nudillos blancos por la fuerza con la que lo agarraba.
Estaba lista para el asalto, cuando el reflejo del protector de frente de uno de los miembros llamó su atención por encima de unos altos arbustos que ocultaban el camino. En el protector, el símbolo de la Hoja estaba presente. La joven se debatió contra sí misma, sobre si debía atacarlos o no. Volvió a esconderse tras el árbol con la espalda pegada a la corteza, de esa manera, Kakashi podía ver sus gestos. Tenía el ceño fruncido y mordía su labio inferior en un intento por contenerse. Con la mano libre apartó el pelo que se pegaba a su frente por la humedad. Giró la cabeza hacia el otro lado por donde los arbustos dejaban claros entre los que ver el camino. Kakashi la vio apretar y levantar de nuevo el kunai, lo que le hizo volver a tensarse.
Entre las ramas bajas de los arbustos pudo apreciar la identidad de los tres miembros del grupo. La tímida Hinata, el silencioso Shino y el escandaloso Kiba. Golpeó suavemente la cabeza contra el tronco del árbol en un intento por aclarar sus ideas. Volvió a morder su labio inferior y miró hacia la espesura del bosque.
Tanto Kakashi como ella soltaron el aire que contenían en sus pulmones. Ella con resiganción, tendría que esperar a que otro equipo hiciera aparición. Y él de alivio, al parecer no estaba interesada en perjudicar a un equipo de la aldea que estaba dispuesta a acogerla.
Mara se deslizó poco a poco hasta el suelo hasta quedar sentada sobre la hojarasca con las piernas flexionadas contra el pecho. Puso el brazo sobre la rodilla sin soltar el kunai y la otra mano la llevó a sus ojos para frotarlos con suavidad. Kakashi pensó que el cansancio y la falta de sueño empezaban a hacer mella en ella. Sin un compañero con el que turnarse para hacer guardias, el sueño era un enemigo poderoso contra el que luchar. Pocas maneras hay de hacerle frente, él había optado por una píldora del soldado ella, para su sorpresa, decidió que el dolor sería su aliado, con la punta del kunai hizo un corte no demasiado profundo en su antebrazo izquierdo, haciéndola apretar los dientes para no emitir ningún sonido que delatase su posición y poner un gesto de dolor. Inmediatamente, rompió una de las mangas de su atuendo y la enrolló contra la herida para detener la hemorragia. La ató haciendo uso de su mano y su boca, abrió y cerró los dedos en un puño para comprobar que el corte no hubiese dañado los músculos y para comprobar que, con cada movimiento, el pinchazo de dolor le recorriera el brazo enviando descargas eléctricas hasta su cerebro con intención de mantenerse despierta.
No muy lejos de allí otro de los equipos, éste con tan sólo dos integrantes de la Aldea de la Arena, se aproximaba por el camino que habían recorrido antes los de la Hoja. Los dos ninjas venían contentos por haber conseguido ellos dos solos el rollo que necesitaban tras un combate contra otro equipo de tres miembros.
Cuando estaban cerca de la torre, divisaron en el camino a uno de los examinadores, Ibiki Morino. Al reconocerle, ambos se acercaron corriendo hacia él.
-Sensei, tenemos los rollos, -dijo el primero que llegó mostrando ambos pergaminos.
-Excelente, buen trabajo, -respondió sin mostrar emoción alguna. –Ahora tenéis dos posibilidades, la primera es entregarme los rollos y acceder a la siguiente prueba, o buscar dos rollos más para que podáis volver a ser tres en el equipo, cosa que os facilitaría la siguiente prueba.
-¿Has oído eso? –Dijo uno de los ninjas a su compañero. –Sería genial poder volver a ser tres. Aún queda tiempo.
-No sé, estamos muy cerca del final, deberíamos asegurarnos nuestro pase.
-Entiendo vuestros recelos, para que os sea más fácil os entregaré uno de los rollos, -dijo Ibiki mostrando un rollo de la Tierra.
-Mira eso, ya tenemos la mitad del trabajo hecho, -volvió a animar el más entusiasta. –Podemos hacerlo.
-No sé… -Dijo de nuevo el ninja más receloso.
Ibiki le lanzó al otro el rollo de la Tierra que sostuvo en una mano. Con la otra sacó de su bolsa trasera los dos rollos que habían conseguido y se los lanzó de vuelta a Ibiki. Éste los recepcionó y asintió.
-Buena suerte, -deseó sin demasiada alegría.
-Vamos, tenemos que darnos prisa, -dijo sujetando al otro ninja de uno de los brazos para que le siguiera a la carrera de nuevo hacia la espesura del bosque.
Mara sonrió apretando los rollos que le había lanzado el ninja de la Arena. Cuando dejó de oírles alejándose por el camino susurró un "Kai", para liberarles de su ilusión. Para cuando comprendieran lo que había pasado ella ya estaría en el interior de la torre a salvo. El plan había salido como había pensado. Había arriesgado usando una de sus capacidades, pero tenía que hacerlo si quería pasar la prueba y demostrarle a esa Senju y a Kakashi de lo que era capaz. Sólo pedía que nadie le hubiese visto, los otros dos ninjas ni siquiera la recordarían, sólo estarían algo confusos.
Se dio la vuelta y salió corriendo hacia la torre como si le fuese la vida en ello. El sol empezaba a brillar más en el cielo, el tiempo para entregar los pergaminos se acababa, no era hora para pararse a pensar demasiado.
Kakashi, desde su atalaya en el árbol, estaba sorprendido por lo sucedido, la pareja de ninjas de la Arena había intercambiado sus rollos por el de Mara sin ni siquiera presentar batalla. Lástima haberse encontrado a espaldas de ella y demasiado lejos como para oír la conversación. ¿Qué clase de jutsu había usado? Porque estaba convencido de que el diálogo y el poder de convicción no eran el punto fuerte de su alumna.
Mara guardó los rollos en la bolsa de los kunais en plena carrera hacia la torre y ahí estaba, la sonrisa amplia y de suficiencia que ya había visto en otras ocasiones. Sin duda la chica había usado alguna estratagema y él estaba dispuesto a averiguar cuál tarde o temprano. Una verdadera pena el haber estado a su espalda y que su sharingan hubiese estado oculto.
Con esa sonrisa que no podía quitar de sus labios se encaminó a la puerta de la torre. Kakashi se introdujo por una de las ventanas superiores que daban al exterior y esperó a que hiciera su aparición. Esperaba no asustarla y, en el caso de hacerlo, no acabar como Iruka: con un kunai clavado hasta la empuñadura en el hombro. Tragó duro, Mara podía ser de lo más impredecible con sus reacciones y letal con sus acciones sin proponérselo demasiado.
Desde una de las vigas del techo la vio entrar. Estaba intimidada por la sobriedad y la falta de decoración del interior de la torre. Miraba hacia todos lados en busca de algo que le dijera dónde entregar los ansiados rollos.
Mara se situó en el centro de la sala, resopló y esperó. El sol, cada vez más y más alto, empezaba a entrar suavemente por las ventanas de la torre e iban iluminando el lugar. Sabía que se acababa el tiempo y eso la ponía nerviosa.
En la viga, junto a Kakashi, Iruka se le había acercado. Lo había visto entrar y se alegró de no tener que ser él el que se presentara ante ella entre una nube de humo blanco para hacer la entrega de los rollos. Lo miró más de cerca, el capitán de ANBU no se movía. Ahora se preguntaba por qué no iba a felicitarla por conseguir ella sola los rollos y la respuesta le vino directa a su mente.
-¿Tampoco te atreves a bajar? –Dijo Iruka son sorna. Kakashi ladeo un poco la cabeza elevó la ceja, en gesto afirmativo. –Yo ya he sufrido en carne propia uno de sus ataques, no pienso bajar ahí.
-En ese caso, me toca a mi, supongo, -coincidió Kakashi. De un salto descendió de la viga y apareció frente a ella.
El golpe de sus pies contra el suelo y el estallido de la bomba de humo hicieron que Mara se pusiera en alerta. Saltó hacia uno de los laterales y sacó el kunai con rapidez. Cuando el humo se comenzó a disipar, la silueta que se dibujaba entre él le era conocida. El pelo plateado y en punta y su típica pose mientras leía uno de esos libros de Ichá Ichá Paradise era inconfundible.
-Demonios, Kakashi, me has dado un susto de muerte, -inquirió bajando el kunai y relajando su pose. –No esperaba que fueses tú el que me encontrase aquí dentro.
-Yo también me alegro de verte, -respondió sin apartar los ojos del libro. –No sé cómo has conseguido los rollos, pero cuando todo acabe será otra de las cosas que tendrás que explicarme en detalle.
-Entonces, ¿tengo que entregarte a ti los rollos?
Mara se acercó y los sacó de su bolsa. Se los mostró a Kakashi y esperó a que éste los recogiera, pero el ninja estaba más interesado en su libro que en la ofrenda.
-Estás perdiendo el tiempo, -dijo sin ni siquiera mirarla.
-¿Qué?
-La siguiente prueba está dentro de los pergaminos, tienes que abrirlos, -explicó sin mucho interés.
Mara miró de nuevo los pergaminos, la actitud de Kakashi era extraña, le escamaba el hecho de que hubiese que conseguir llegar hasta un lugar para entregar algo y que luego te digan que puedes abrirlo sin más pudiendo haberlo hecho en el momento en que consigues el segundo pergamino. Sonaba más a trampa que a finalizar una prueba.
-No te creo, -dijo ella reacia a abrirlos.
-Mira a tu alrededor, no eres la primera que pasa por aquí, -respondió haciendo un gesto con la mano.
Por más que miraba, la habitación vacía no le daba ninguna pista sobre lo que refería Kakashi. Éste, viendo la confusión y la desesperación en sus ojos decidió ayudarla un poco, sólo esperaba que no le acusaran de trato de favor, sólo de ser algo torpe. Sin más dilación, dejó caer el pequeño libro al suelo con fingido disimulo. El golpe provocó que el eco se extendiera por toda la estancia, lo que hizo que la joven mirara al suelo, justo donde había caído el libro.
Fue entonces cuando se dio cuenta de que Kakashi no mentía. El suelo estaba plagado de virutas de cera, provenientes de los sellos de cierre de los pergaminos que otros ninjas, antes que ella, ya habían abierto.
Mara miró a Kakashi debatiéndose entre si debía agradecer o no el gesto orientativo a su supervisor y ahora sensei. Por su parte, Kakashi, pedía al Sabio de los Seis Caminos que no hiciera ni dijera nada o los dos acabarían en el despacho de Tsunade dando explicaciones de sus actos.
-Te repito que estás perdiendo el tiempo, -dijo otra vez Kakashi para sacarla del trance.
La chica asintió decidida. Despegó el primer sello de cera azul que mantenía cerrado el pergamino del Cielo. Rápidamente lo desplegó. En su interior no había nada. Siguió desplegando y el pergamino seguía estando en blanco. No fue hasta que había desenrollado el pergamino en su totalidad cuando vio unos números escritos con caligrafía impoluta en el final del mismo.
-¿Esto es una broma? –Preguntó molesta.
-No, -respondió escuetamente Kakashi. –Es tu próxima prueba.
Mara abrió y rompió el sello de cera roja del otro pergamino. Los desplegó por completo imaginando que encontraría algo parecido al anterior. Pero lo que vieron sus ojos no se parecía en nada. Tan sólo trazos verdes, marrones, corintos y azules formaban una amalgama de colores sin sentido.
-Definitivamente, esto tiene que ser una maldita broma, -dijo sin comprender lo que tenía delante.
Comenzó a mirarlo desde todos los ángulos posibles. Tan sólo había un punto distintivo en el largo rollo y era el símbolo de la Hoja en un punto del pergamino. Mara estaba segura de que eso era el punto de partida de algo, o el punto de llegada a algún sitio. El rayo del conocimiento llegó a su mente. Si el símbolo de la Hoja era un punto señalizando algo, era obvio que estaba ante un mapa.
Las palabras de Tsunade la golpearon como si la misma de carne y hueso lo hubiese hecho. Las pruebas se harían en conjunto con la aldea de la Arena, lo cual, las partes corintas podían indicar la rojez de la arena del desierto de Suna. Tan sólo había un pequeño problema: el desierto estaba al Oeste y, sin embargo, en ese burdo intento de mapa aparecía al Este. Algo no estaba bien.
Buscó otra referencia, había varios trazos azules, lo cual le daba la impresión de poder ser varios ríos. Pero en el País del Fuego sólo había un río. De manera que, de nuevo, la confusión se apoderó de ella.
-¿Quién ha ideado esta prueba? Es un maldito retorcido, -se quejó Mara ante el grado de frustración que empezaba a sentir.
-Ese lenguaje, señorita, -corrigió Kakashi, aunque estaba de acuerdo. Shikamaru había ideado esta fase del examen y, sin duda, había conseguido subir el nivel de dificultad exponencialmente.
La chica resopló, hundió sus manos en el espeso cabello y lo peinó completamente hacia atrás. Tenía la frente perlada de sudor por la humedad del bosque y la tensión, los carrillos inflados mientras expulsaba una vez más el aire y los ojos negros a juego con unas ojeras negras bajo éstos por la falta de sueño, probablemente, la razón por la que no pensaba con claridad una solución al problema que tenía delante.
-Cálmate, padre siempre dice que puedo mirarlo todo con otros ojos, -se dijo a sí misma. –La respuesta está aquí, solo tienes que saber con qué ojos mirar.
Kakashi la observaba divagar atento a las palabras que se estaba dedicando. De pronto, la exclamación que salió de la boca de la chica cogió por sorpresa al jōnin.
-¡Eso es! –Gritó. Sacó un kunai de los dos que quedaban en su bolsa y cortó el pergamino en varios trozos. Los recogió y los ordenó. En vez de formar una larga tira, puso los trozos formando un cuadrado. De esa manera, el desierto de Suna podía quedar a Oeste, el río del País del Fuego a Este junto con la marca de la Hoja, indicando la posición de la Aldea y en la parte superior izquierda el marrón de las montañas de Iwa en el País de la Tierra y los Bosques del País de la Hierba en la superior derecha.
Kakashi sonrió debajo de su máscara, ya lo tenía, había formado el mapa. Mara cogió de nuevo el rollo del Cielo y miró los números que estaban escritos.
-Son coordenadas, -dijo en voz baja. Resopló con preocupación, pasó una mano por su cara y apartó hacia atrás el pelo de nuevo.
En la Academia, una de las primeras cosas que enseñan a los alumnos es a orientar y situarse en un mapa. Desde pequeño memorizan coordenadas con accidentes geográficos y a partir de ahí poder orientarse hacia otras coordenadas cercanas.
Mara estaba perdida y Kakashi se había dado cuenta de ello. No tenía ni idea de dónde situar las coordenadas del rollo del Cielo. Arrancó el trozo y lo guardó en su bolsa. Realizó sellos con sus manos y liberó un Katon que prendió y redujo a cenizas los trozos de pergamino que conformaban el mapa.
-¿Pero qué..? –Empezó a decir Kakshi sorprendido por la actuación. No imaginaba que algo como eso la iba a hacer tirar la toalla.
-Está controlado, -respondió ella echando a andar hacia la otra puerta de acceso a la torre. –No te preocupes, confía en mí.
-¿Adónde vas? –Preguntó Kakashi con cierta desesperación en la voz.
-Al punto indicado en el mapa, -respondió encogiéndose de hombros sin detenerse.
-Pero… -Empezó Kakashi en un intento por deternerla.
-Tranquilo, -respondió Mara haciéndole un gesto con la mano a modo de despedida. Después de eso, salió por la puerta trasera situada al fondo de la sala.
Cuando desapareció, Iruka bajó de la viga sobre la que había visto lo sucedido. Le dio un par de palmadas en el hombro a su compañero para tratar de reconfortarlo de alguna manera y le dijo:
-De los siguientes me encargo yo, no quedan demasiados rollos y no queda demasiado tiempo así que, probablemente, el resto queden descalificados, Tsunade te dijo que no le quitaras el ojo de encima, deberías ir y ver qué está tramando y, sobre todo, que esté dentro de las normas.
