Muy buenas mis lector s ^^. Os dejo un nuevo capítulo, espero que os siga gustando, siento tardar tanto en actualizar pero, ya sabéis, compromisos que me quitan el tiempo y la vida U.U

Capítulo 38

Cuando Mara salió de la torre, fue escoltada por un miembro de ANBU hacia la salida, como medida preventiva para evitar que algún ninja la atacase con motivo de conseguir el pergamino que le faltase o como venganza por un encontronazo en el bosque. La mente de la joven trataba de pensar en algo para poder localizar el punto exacto de esas coordenadas pero de nuevo el sueño, el agotamiento y el dolor lacerante en el brazo por el corte que se infligió empezaba a causar estragos en su resistencia ya de por sí mermada.

Al salir del Bosque de la Muerte por otra de las puertas, pudo ver que se encontraba cerca de un pequeño puesto de mando, parecido a un hospital de campaña, donde recibían tratamiento médico aquellos que habían pasado la prueba con alguna herida, fruto de algún combate o de algún accidente con alguna de las trampas.

De entre el grupo de médicos Mara distinguió el característico pelo rosa de Sakura, inconfundible allá donde fuera. Nada más verla se acercó a ella dispuesta a examinarla como control rutinario.

-Mara, felicidades, has conseguido pasar la prueba, -dijo haciendo que se sentara en una banqueta frente a la de ella y fijándose en ella un poco más en detalle. –No tienes buen aspecto.

-Estoy bien, -respondió sin más.

-¿Me dejas ver tu brazo? –Pidió con amabilidad.

-Olvídalo, estoy bien, -repitió apartándole las manos con un gesto de la suya.

Sakura no se dio por vencida, la sujetó por el brazo vendado y le volteó la palma hacia arriba con algo de brusquedad lo que hizo que emitiera un siseo a modo de queja. La miró con ojos de advertencia para que no se quejara.

-Déjame que vea al menos la herida, luego podrás ir a descansar un poco, si quieres, -propuso. –Ino, ayúdame, no quiero que se mueva.

Como salida de la nada, una joven rubia de larga cabellera se situó junto a Sakura que seguía sujetando el brazo de Mara para que no se moviera. Ino se acercó cautelosa, ya había escuchado historias de aquella chica que iba de aquí para allá con Kakashi y, lo cierto era, que las historias no la dejaban demasiado bien parada.

Ino deshizo el nudo que ataba el improvisado vendaje. Poco a poco fue desliando la tela y cada vez la cantidad de sangre seca era mayor. Las dos médicos se miraron entre ellas.

-Traeré algo de agua para limpiar la sangre, con toda esa costra será imposible curar la herida, -dijo Ino alejándose y dejando a Sakura frente a Mara. Ésta apoyó el codo sobre su pierna y se sujetó la cabeza con la mano libre en un intento de tratar de descansar los ojos.

-Mara, aún no debes dormirte, -dijo Sakura frotando suavemente el brazo de la otra con su mano libre. –Hablemos de algo, ¿de acuerdo?

Mara elevó de nuevo su cabeza y la miró con ojos cansados. Inspiró aire por la nariz de manera exagerada y lo expulsó por su boca en un ejercicio de calma para sobrellevar lo que le sobrevenía.

-Claro, como si fuésemos las mejores amigas del mundo, -respondió con sarcasmo.

-Muchos ninjas ya saben hacia dónde tienen que ir, ¿tú también? –Preguntó Sakura directa.

-Me las apañaré, -respondió girando su cabeza para ocultarse tras el pelo.

-Kakashi sensei tiene muchas esperanzas puestas en ti, ¿sabes? –Dijo Sakura sin pensar demasiado en sus palabras. –De hecho, hacía mucho que no lo veía tan volcado en la enseñaza con alguien. Diría que desde que nos dejó de entrenar con el Equipo Siete había perdido un poco el interés en la enseñanza.

-Sakura, estoy muy cansada para tus mensajes crípticos, -respondió Mara frotándose la frente con la mano que no sujetaba la médico.

-Quiero decir, que Kakashi ha vuelto a ser feliz de algún modo.

-Pues espero que no haya vendido la piel del lobo antes de cazarlo, -dijo Mara de manera cortante. –Porque creo que hasta ahora lo que he tenido ha sido suerte para pasar las pruebas, y que esa suerte se acaba ahora. Confieso que no tengo ni idea de hacia dónde tengo que ir. Y mi cabeza hace bastante rato que se ha negado a seguir pensando en buscar una solución.

-Seguro que das con una, -animó Sakura dando suaves palmadas en el brazo que sujetaba.

De pronto lo que parecía ser una alarma sonó en el bolsillo de Sakura sobresaltándola un poco por el sonido molesto de la melodía que emitía. Ésta extrajo un pequeño comunicador que colocó en su oreja izquierda. Mara se la quedó mirando mientras ella mantenía una rápida conversación con otra persona a la que daba instrucciones de cómo curar cierta herida.

-¿Un transmisor de radio portátil? –Preguntó la morena interesada. –Es lo más moderno que he visto últimamente por aquí.

-Sí, la Hokage quiere que los ninja médicos estén siempre en contacto en todo momento con el equipo, los adquirió hace poco para el cuerpo médico, al parecer son los mejores del mercado, -explicó convencida.

-Entiendo, y si el equipo se dispersa, ¿a cuánta distancia puedes comunicarte? –Volvió a preguntar.

-Pues al menos en un radio de cinco kilómetros, aunque en extensiones sin demasiados obstáculos la distancia puede llegar a unos siete u ocho.

-¿Y durante cuánto tiempo puedes usarlo?

La idea se iba formando en la mente de Mara conforme la otra iba soltando lo que creía era información técnica sin ninguna importancia.

-Pues al menos, entre dos o tres días, está pensado para misiones a corto o medio plazo, -dijo Sakura buscando con la mirada a Ino que se acercaba con unas gasas limpias y un pequeño recipiente con agua clara que olía también a desinfectante.

El olor caló en las fosas nasales de Mara provocándole alguna que otra arcada. El aroma era intenso, tanto que incluso el ente en su interior que había permanecido tranquilo durante toda la prueba comenzó a moverse inquieto por el disgusto que le provocaba.

Ino sumergió la primera de las gasas en la solución impregnándola abundantemente y suavemente fue pasándola sobre la herida para quitar la sangre seca, cosa que empeoró aún más el olor.

La situación hizo que Mara recordara momentos de su infancia, lejana en su aldea natal. No era la primera vez que se metía en problemas con los chicos del pueblo, ellos no la trataban demasiado bien y ella no dudaba en responder con cierta violencia a las provocaciones. Aquella vez, salió peor parada de lo esperado. Tras un golpe en la mejilla terminó con el labio roto, la caída provocada por el golpe hizo que se abriese una brecha en el cuero cabelludo y además la haría lucir un precioso morado en la cara durante semanas.

Para su mala suerte, al día siguiente al incidente, su padre vino a verla. Cuando se acercó a él la miró con la cara desencajada al ver el estado en el que se encontraba. Fue ahí cuando él decidió que era hora de que su hija comenzase con un buen entrenamiento. No quería volver a verla con heridas así y menos yaciendo en el suelo, de espaldas y vencida por un cualquiera sin honor.

-Mara, hemos terminado, -la llamó Sakura con suavidad. Ella abrió los ojos. Miró su brazo que volvía a estar vendado y volvió a mirar a la pelirrosa en busca de una explicación. –Ino te ha suturado la herida, recordé que el ninjutsu médico no era efectivo contigo. Por suerte, sanas muy rápido. Cuando termines el examen ven a verme para quitar los puntos, no quiero que pase como con los de tu abdomen.

Sin nada más que añadir, Mara asintió y se levantó en dirección a la salida. En el exterior, pudo ver el trajín de médicos de aquí para allá. Nadie tenía demasiado interés en averiguar lo que estaba haciendo. Se adentró en otra de las tiendas, allí dentro sólo había un miembro de ANBU herido al tratar de mediar en un enfrentamiento que empezaba a subir de intensidad, tumbado en una camilla improvisada, y un médico que se afanaba en sanar los numerosos cortes que presentaba en todo el cuerpo. El atacante debía ser un experto con las cuchillas.

Viendo que no se dirigían a ella, carraspeó para llamar la atención. El médico se volvió hacia la puerta y le preguntó si necesitaba algo. Mara decidió jugar la carta más absurda que tenía en su baraja.

-Me envía Sakura Haruno, quiere que le lleve un transmisor, al parecer el suyo ha empezado a fallar.

-¿Y por qué te envía a ti? –Preguntó sospechando.

-Somos amigas y está muy ocupada, sólo quería hacerle un favor, pero ya me voy, -dijo restándole interés y girándose hacia la puerta de la tienda.

-Espera, toma, llévale el mío, -respondió lanzándole el comunicador. –Ya puede ser importante, y dile que la próxima vez más le vale venir ella misma.

-Es muy importante, se lo diré de tu parte, -dijo Mara saliendo de manera apresurada de la tienda.

-¿Otra vez tomando prestado lo que no es tuyo? –Dijo el ente a modo de advertencia dentro de su mente, lo que provocó que diera un respingo por la sorpresa. –Ya has estado en problemas, espero que sepas lo que haces.

Kakashi no estaba muy lejos de ella, oculto tras una de las lonas de una tienda contigua. Su alumna tenía recursos. Si no sabía a dónde ir, buscaría la forma en que otro se lo dijera. Sonrió. No era muy ético, estaba mintiendo y, hasta cierto punto, robando equipos en los que Tsunade había invertido una considerable cantidad de dinero del erario público de la aldea.

Mara se dirigió hacia donde se encontraban descansando y comiendo algunos de los shinobis que ya habían pasado el reconocimiento médico. La joven los miraba uno por uno y los clasificaba o descartaba como posible candidato.

Primero se acercó a dos ninjas de la Arena, uno tenía marcas moradas en su cara y vestía ropa parecida a la de los beduinos. Su compañero iba con el torso desnudo y, a su espalda, portaba tres espadas, dos largas y una corta. Ambos comían con ansiedad los últimos bocados de carne.

-¿Qué miras? ¡Lárgate! –Exclamó el de las marcas en su cara.

-Aléjate si no quieres vértelas conmigo, -increpó el otro de las espadas.

-Tranquilos, sólo quería saber de dónde habéis sacado esa comida, -respondió Mara alejándose unos cuantos pasos de ellos.

Se dirigió hacia un grupo de ninjas de la Hoja que no conocía más que de verlos en el aula el día anterior. Ellos la saludaron haciendo un leve gesto con la mano, pero ninguno hizo amago de acercarse a ella. Los descartó como posibles sujetos.

Finalmente, posó sus ojos en el Equipo Kurenai, Kiba, Shino e Hinata quienes conversaban animadamente a la par que comían para reponer las fuerzas. Mara se atusó el pelo con las manos lo mejor que pudo y ensayó una sonrisa un par de veces. Se guardó el receptor en la bolsa de los kunais y escondió en su mano el transmisor. Con paso decidido, se acercó a ellos y saludó con demasiada efusividad para lo que les tenía acostumbrados.

-¡Hola! ¡Me alegro de que consiguiéseis pasar la prueba! –Exclamó dando un par de palmadas en la espalda de Kiba. –Bien hecho, Inuzuka.

Kiba dejó el bocado de carne a medio comer sorprendido por el acercamiento y la efusividad hacia su persona, tan sorprendido estaba que no se fijó cuando Akamaru se comió el trozo que le quedaba por comer.

-Gra… Gracias, -respondió dubitativo y sonriendo ante el contacto.

-En fin, os dejo, no quiero interferir en lo que sea que estuvieseis haciendo, -dijo saludando con la mano a los otros dos mientras se iba a paso ligero hacia una de las pequeñas tiendas de descanso para los equipos.

Al día siguiente, todos saldrían hacia un lugar del cual, la única que no tenía ni idea de dónde se encontraba era Mara. Se tumbó en el catre y colocó el receptor en su oreja con la intención de escuchar la conversación de Kiba y los demás en un intento por saber adónde debía dirigirse. El cansancio acumulado y las voces que salían del receptor comenzaron a llevarla a un mundo que nada tenía que ver con el punto en el mapa.