Muy buenas queridos lectores/as ^^ ¿Qué os va pareciendo la historia? Os dejo un nuevo capítulo, que lo disfrutéis.

Capítulo 39

Mara abrió los ojos, la oscuridad se cernía a su alrededor. El calor la envolvía de manera grata y el tacto era suave y agradable. Poco a poco comenzó a orientarse. Se frotó los ojos y aspiró el aire para desentumecer sus costados. Supo que estaba en el espacio interior donde convivía, por así decirlo, con Kurōkami. A diferencia de otras ocasiones, él no quería dejarse ver, desde el incidente en el que el chakra se volvió incontrolable, no había vuelto a dejarse ver, aunque no podía evitar dejarla estar ahí, juntos, aunque fuese en la más absoluta oscuridad.

La sintió moverse alborotando su pelaje, imaginó que trataba de ponerse de pie sin tropezar con él o con una de sus patas. Rió.

-Vaya, vaya, aún dormida, tu mente no deja de funcionar, ¿eh, niña? –Dijo con sorna. –Empiezas a parecerte a ese vejestorio que tienes por padre.

-Mi cuerpo está agotado, por eso duermo, pero me preocupa no saber hacia dónde ir ahora, -contestó Mara sentándose de nuevo y recostándose sobre uno de los flancos del ente mientras sujetaba su cabeza entre las manos. A pesar de la total oscuridad, el ente podía verla con total nitidez, como si la viese durante el día. –Y, si me pareciera a mi padre, podría evitar tener que dormir, con sólo meditar un par de horas estaría lista para salir.

-Hablando de eso, ¿sabes que todos han partido a primera hora de esta mañana? –Preguntó el ente con falsa inocencia. –Hace tiempo que no siento sus chakras.

-¡¿Qué?! –Exclamó Mara con angustia y preocupación en su voz. -¿Por qué no me lo has dicho antes? ¿Qué voy a hacer ahora? Pensaba seguir a algún equipo, pasar desapercibida y, tal vez, con algo de suerte…

-Déjales que vayan delante, deja que te allanen el camino, -propuso con calma Kurōkami y dejando que su aliento caliente la golpeara en la cara. –El reto decía que tenías que llegar a algún lugar, no que debías hacerlo en primer lugar. Además, ellos sólo tienen sus sentidos de la orientación, en cambio tú me tienes a mí.

Kurōkami sonrió orgulloso, aunque ella no pudiera verlo. Dejó que procesara lo que acababa de decirle.

-¿Cómo voy a encontrarles…? –Mara detuvo su pregunta. -¡Por el Sabio de los Seis Caminos, tienes razón! ¡Puedes oler sus chakras! ¡Como me lo mostraste en la celda! Pude verlos como si fuesen estelas de diferentes colores.

-Esta vez no vas a verlos, desperdiciarás mucho chakra, pero yo sí y podré decirte qué dirección tomar.

-¿De verdad vas a ayudarme? ¿Después de todo lo que ha pasado? Llevas días en los que a penas te siento, desde que todo se descontroló, -dijo Mara preocupada.

-No lo hago por ti, niña, -dijo girando la enorme cabeza hacia otro lado con falsa modestia-, tan sólo es curiosidad por ese lugar misterioso.

-Ah, claro, entiendo, -respondió Mara con media sonrisa y comprensión. –Por un momento pensé que era porque querías remediar tu comportamiento anterior.

El ente volvió a girarse hacia ella con rapidez, tan cerca, que Mara pudo apreciar un pequeño punto de brillo de lo que creyo que era un enorme ojo que la miraba a escasa distancia. Ese ojo la escrutaba en la más absoluta e impenetrable oscuridad, no veía condescendencia en ella, ni ánimos de venganza en su postura, sólo un comentario sagaz que no dudó en responder.

-¿Recuerdas lo que le dijiste a ese ninja de pelo plateado? Cuando vuelva tu padre, vas a comprender muchas cosas y vas a tener que explicar muchas más, -dijo tras una risa corta y, bajando el volumen de su voz añadió: –Cuando se reúna contigo, vas a entender al fin lo que es un Bijuu. Ahora deberías despertar, ese ninja lleva más de una hora viendo cómo duermes y comienza a ponerme nervioso.

-¡¿Qué?!

Mara se incorporó de golpe en la cama, tan rápido que se mareó y tuvo que volver a echarse sobre ésta y sobresaltando a Kakashi de paso. Se llevó una mano a la cara cubriendo la mitad, mientras que su otro ojo semicubierto por el pelo reconocía la silueta enmascarada de Kakashi junto a ella.

-Por favor, se breve, -dijo con fastidio y la voz ronca por el pronto despertar.

-Los demás equipos han salido hace horas y tú aún estás aquí, dormida y no tienes ni idea hacia dónde ir, ¿me equivoco? –Dijo Kakashi con un tono serio y enfadado.

-Confía en mí, tengo un plan, -dijo Mara sin demasiado interés saliendo de la cama. Desde que había comenzado ese examen infernal se repetía esa frase como si de un mantra se tratase.

Se puso de pie, descalza, dándole la espalda a Kakashi. Tan sólo vestía una de sus camisetas negras que le quedaban lo suficientemente grandes como para llegarle hasta la unión de sus glúteos con sus piernas, el resto de éstas estaban descubiertas y desprovistas de prendas que las cubriesen permitiéndole la libertad para recorrerlas de arriba abajo con la vista. No era la primera vez que lo hacía, pero cada vez que lo hacía era como si fuese la primera vez. Siempre descubría una nueva zona, desde un nuevo ángulo desde el que reinterpretarlas. Sacudió la cabeza para alejar esas preguntas de su cabeza y se obligó a reanudar el sermón que había preparado para reprenderla.

Mara bostezó entre somnolienta y aburrida por el discurso del ninja, elevó sus brazos por encima de su cabeza y arqueó la espalda junto con un quejido, que fue como música para los oídos de Kakashi, para desentumecer sus músculos y huesos, sin meditar en las consecuencias. Junto con el estiramiento, la camiseta se elevó más arriba de sus glúteos, regalándole a Kakashi, que aún seguía reprendiéndola, otra magnífica visión de su redondeado trasero apretado en su ropa interior y haciendo que cortara su respiración, tragara duro y olvidara su discurso por completo. Prestó atención a sus manos y en cómo, poco a poco iban deslizando la tela para comenzar a cubrir su piel. Lo hacía de manera automática, sin demorarse en ningún punto con especial miramiento, pero los diestros movimientos tenían algo que le resultaba hipnótico de un gesto tan simple. En un instante, se preguntó cómo se sentirían esas manos sobre la piel de sus propias piernas, o cómo de habilidosos serían sus dedos se fueran sus pantalones con los que tuviera que tratar.

-¿Puedes conseguirme algo de desayunar? –Dijo la joven despreocupadamente, sin girarse y enfundándose los pantalones. Notando la falta de respuesta se giró para mirarle. -¿Me has oído?

-No puedo conseguirte nada, pero con una de éstas, -respondió volviendo en sí y lanzándole un pequeño bote con píldoras del soldado, -al menos, evitarás la sensación de hambre.

La chica lo atrapó al vuelo dejando su pantalón sin abrochar y a medio subir a la altura de su cadera. Kakashi pudo ver otra vez la delgada cicatriz que había quedado visible de la herida que la llevó hasta él, y hasta la Aldea, se reprendió a sí mismo. Bendita herida que la puso en su camino y maldito aquel que la hirió hasta casi matarla.

-Diré que lo robé de la tienda médica si me descubren con ellas, -dijo Mara contemplando el frasco y sin percatarse de la mirada del ninja en ella. –Deberías tomar una, estás más taciturno que de costumbre.

Tras oír sus palabras, un rayo atravesó la mente de Kakashi. La imagen de él junto a Rin y Obito, siendo unos críos recién graduados en la Academia, se puso ante sus ojos como si de una película se tratara. En su juventud no se caracterizó por ser una persona muy animada, ahora tampoco, pero había mejorado gracias a todos los que le rodeaban. Más bien era reflexivo y apático. Cumplía con lo que le pedían y nada más. En cambio, sus otros dos compañeros eran diferentes a él. Contínuamente, le invitaban a pasar el día juntos cuando no estaban de misión. A veces, se veía arrastrado por ambos para hacer alguna actividad que luego terminaba disfrutando, pero en la que no ponía voluntad alguna, salvo cuando se trataba de entrenar y avergonzar a Obito delante de Rin.

En una de esas ocasiones, en las que Obito se aventuraba a contarles alguna historia absurda sobre ayudar a una anciana con todo lujo de detalles, Rin se acercó a él en un intento por sacarle de sus pensamientos y le dijo la misma frase que Mara había dicho hacía un momento seguida de una de sus sonrisas: "estás más taciturno que de costumbre". Todo esto seguido por un berrinche de Obito recriminándole el robo de la atención de Rin y finalizando con un "Bakakashi" y un cruce de brazos sobre el pecho y una mueca en la cara, ya de por sí extraña detrás de aquellas gafas anaranjadas.

Volviendo la atención sobre Mara, Kakashi negó con la cabeza, él podía conseguir más píldoras sin darles demasiadas explicaciones a Sakura o a Tsunade, a ella le harían más falta visto lo visto.

Mara, ante la negativa, terminó de colocar el pantalón y la pequeña bolsa de kunais, se dio la vuelta y salió de la pequeña tienda. Kakashi y Kurōkami estaban en lo cierto, el campamento estaba siendo desmontado, sólo quedaban los ninjas de la Hoja que no habían conseguido autorización de Sunagakure para continuar siendo parte de los exámenes de ascenso. Ni siquiera quedaban los rescoldos humeantes de los fuegos de la noche anterior.

El sol, ya ascendiendo en el cielo indicaba la mitad de la mañana. La intensidad de sus rayos molestaba sus ojos, por lo que, se puso una mano a modo de visera y siguió mirando la estampa que había a su alrededor a la espera de alguna indicación o inspiración, más bien, de Kurōkami o del Sabio de los Seis Caminos para continuar con aquello.

Una voz seria y grave en la cabeza de Mara, la puso en alerta, cosa que no le dio buena espina.

-Hay muchos olores diferentes, de diferentes chakras y están todos muy mezclados, -informó el ente. –Necesito un rastro claro para empezar.

-El perro, -susurró Mara para sí misma y Kakashi le dedicó una mirada confusa a sus balbuceos incompresibles para él. –Es el único que se podrá distinguir porque no es humano.

-Bien pensado, niña, -respondió el ente. –Muévete por los alrededores, detectaré el olor de ese chucho y cuídate de no hablar en voz alta, ese ninja no te quita el ojo de encima y no me gusta cómo te mira.

Tenía razón Kakashi tenía el sharingan visible, cosa que la sorprendió al verlo tras echar un disimulado vistazo hacia donde se encontraba. Empezó a moverse de manera errática por la zona donde habían estado algunas tiendas usadas por otros equipos. De vez en cuando se agachaba a recoger algo de tierra entre los dedos, la frotaba en la palma de su mano y se llevaba ésta hacia la nariz. El comportamiento le pareció a Kakashi de lo más extraño e inexplicable, pero le hacía cierta gracia. Supuso que era una manera de concentrarse para pensar en algo que la llevara donde estaba marcado en el mapa. De pronto, se incorporó, enfiló una dirección campo a través que se alejaba de la Villa Oculta de la Hoja y se encaminaba hacia un punto indeterminado.

El ninja se la quedó mirando aún confundido mientras se alejaba corriendo, debía admitir que había llegado más lejos en las pruebas de lo que habría apostado. No era una ninja con demasiadas habilidades, no había mostrado en ningún momento estar en posesión de un Kekkei Genkai, ni de haber tenido un entrenamiento formado y reglado en las bases de una Academia ninja, sin embargo, debía admitir que tenía recursos, no se dejaba amedrentar y trataba de salir al paso lo mejor que podía. En cierto sentido, le recordaba a Obito antes de que despertara su sharingan. Sonrió bajo la máscara y el clon de sombras desapareció en medio de una nube de humo blanco.

En otro lugar, dentro de una improvisada tienda, el Kakashi de carne y hueso, permanecía sentado en el suelo, junto a una mesa baja, sobre la que los hielos de un té helado se derretían debido al calor de la mano que sujetaba el fino cristal. Se encontraba en una de las tiendas que el Kazekage había aportado para el viaje de Tsunade a Suna para continuar con los exámenes. Él, como privilegiado examinador y cercano consejero de la Hokage se le había proporcionado cierta privacidad.

A diferencia de lo que le parecía a él, en el interior de la tienda se estaba a una temperatura fresca en relación al calor sofocante del exterior. Sin embargo, el sudor le corría por la frente y las sienes. Pensó que el mantener un clon de sombrar a esa distancia era lo que le mantenía en esa tensión. Decidió retirar el protector sobre su sharingan y la imagen de lo que estaba viendo el clon le golpeó con todo lujo de detalles.

Definitivamente, el calor que notaba no era el esfuerzo por la distancia, sino el calor de la excitación que su yo de sombras estaba sintiendo. Maldito clon. El calor y el sofoco se intensificó en su entrepierna, provocándole cierta incomodidad por la erección y la posibilidad de ser descubierto en ese estado. Cerró los ojos y frunció el ceño, por suerte o por desgracia, el clon había desaparecido. Desafortunadamente, su erección seguía allí con él.

-Vale, esto me va a doler a mi más que a ti, -dijo en voz baja para sí mismo. Con una mano desabrochó la cinturilla del pantalón y lo aflojó para poder sentirse más cómodo. Luego soltó el vaso de té helado y dirigió esa mano fría y húmeda hacia su entrepierna.

El frío y la humedad, en esa zona caliente y sensible, le hicieron dar un respingo sobre su asiento, contener una maldición y, de no ser por su máscara que seguía en su sitio, habría mordido su puño.

-Bien, parece que esto da resultado, -murmuró sintiendo cómo la erección se deshinchaba y su mano volvía a la temperatura habitual. Colocó de nuevo sus pantalones en su sitio, secó el sudor y volvió a cubrir el sharingan.

Desde el exterior le llegó la voz de Tsunade dando órdenes para reanudar la marcha hacia la capital del País del Viento. Salió de la tienda y esperó para ponerse en marcha con el resto de la comitiva.