Hola, queridos lectores y lectoras. Lo primero, quiero agradecer a todos por los views y, sobre todo, los reviews, me dan ánimos para continuar con la historia. Ya empieza a ponerse más interesante. Mi intención es hacer un long-fic, así que paciencia que el personaje que todos queréis aparecerá ^^ yo también lo estoy deseando, mientras tanto haré sufrir un poco más a Kakashi. Ahora os dejo con este capítulo. ¡Disfruten!

Capítulo 42

El día avanzaba al igual que Mara a través del desierto. El calor iba remitiendo y las rachas de aire caliente parecían estar en calma. El sudor cubría la tupida red de su camiseta a todo lo largo de su espalda. La piel de sus brazos expuestos empezaba a mostrar un tono rojizo producido por la larga exposición al sol y los granos de arena roja que se pegaban a ella. Y, en su rostro, los labios empezaban a agrietarse aún más por la falta de agua.

La prueba estaba resultando ser una solitaria travesía por el infierno. El nivel exigido por la aldea de la Arena estaba siendo desmedido. Los ANBU habían tenido que intervenir en varias ocasiones para rescatar a varios genins que habían desviado sus pasos a zonas poco seguras o que habían sufrido problemas físicos que les impedían continuar sin ayuda.

En el despacho del Kazekage la estampa no había variado: los cuatro continuaban mirando la arena sobre la mesa que reproducía fielmente lo que sucedía en la del desierto. Después de ver lo sucedido con el buitre, Tsunade estaba menos dispuesta a intervenir en la prueba de la supervisada de Kakashi, aunque no trataba de disimular su repulsa a la imagen ofrecida con un gesto de asco en su rostro. Kakashi por su parte, seguía con las manos aferradas a los reposabrazos del asiento en un intento por controlar la tensión que sentía. Las palmas le sudaban y los nudillos estaban blanquecinos, el examen parecía que iba a ser largo.

Cuando cayó la noche, una de las asistentes de Gaara entró en el despacho empujando un carrito con platos de comida. Comenzó sirviendo con una enorme sonrisa al Kazekage, seguido de Tsunade, después a Temari y, por último, a Kakashi quien declinó el plato con un movimiento de cabeza. Si su alumna podía soportar las inclemencias del desierto él podría aguantar una noche sin comer.

En el desierto, lo que empezó siendo una refrescante brisa empezaba a ser un aire frío y cortante. Mara había vuelto a colocarse la ropa de entrenamiento sobre la camiseta de red en un intento de paliar el frío que comenzaba a sentir. Sin embargo, de poco le servía, la ropa seguía húmeda por el sudor, lo que no ayudaba a mantener el calor corporal.

Lo que había comenzado como un esporádico escalofrío se había convertido en un tiritar continuo de su mandíbula. El ente notaba el desasosiego que el frío nocturno le estaba causando. Se ganó un poco de su respeto al no oírla quejarse. Vio a través de sus ojos como se abrazaba con sus propios brazos en un intento de darse calor.

-Usa tu chakra, -propuso.

-No puedo gastar chakra en esto, estoy bien, -dijo entre castañeos de sus dientes.

Kurōkami gruñó en su interior por la tozudez que demostraba a veces. Poco a poco, un ligero calor se fue instalando por todo su cuerpo, desde el centro de su estómago hasta sus dedos. El calor era agradable y reconfortante, parecido al que sentía cuando estaba tumbada sobre él. El calor que emanaba el ente era palpable por ella. Un sonido reconfortante salió de su garganta en cuanto ese calor se había extendido por todo su cuerpo.

-Gracias, -fue todo lo que dijo con una ligera sonrisa. El ente sabía que, de haber podido, ella le habría acariciado el pelaje a cambio, debía reconocer que le empezaba a gustar esa cercanía. Agitó su pelaje sacudiéndose incómodo por lo que acababa de pensar y la extraña sensación de añorar el contacto entre ellos.

-Sigue caminando, hay algo que no me gusta, -respondió entre avergonzado y tenso.

-¿A qué te refieres? –Preguntó Mara confusa.

-¿Qué sientes? –Preguntó de vuelta. La chica que se quedó unos segundos quieta y pensativa, tratando de ver o de sentir algo pero el ente tenía razón, no se oía, veía ni sentía nada. –Esto no me gusta, dirígete hacia aquellas rocas.

-No, no quiero que te desvíes del rastro por un presentimiento, -protestó Mara.

-Niña, no discutas y haz lo que te digo, -dijo con voz gutural y amenazadora.

-No te atrevas a…

Mara no pudo continuar, un sonido parecido a un enjambre de abejas furioso parecía proceder de todas partes, sin embargo, no había ni un solo insecto a la vista. El sonido fue haciéndose más y más fuerte. La respiración de la chica se fue acelerando por la tensión no entendía qué estaba pasando, por suerte, Kurōkami tenía una idea de lo que sucedía.

-¡Corre hacia las malditas rocas! –Gritó a Mara haciendo que su chakra se agitase de manera violenta.

-Pero… -Empezó Mara dándose la vuelta en redondo para ver si podía distinguir la procedencia del sonido.

-¿No me has oído? ¡Corre, corre, corre!

Mara se había girado por completo, la imagen ante sus ojos la dejó petrificada. A varios kilómetros de distancia una imponente pared de arena se dirigía furiosa hacia ella.

-Una tormenta de arena, -susurró. De inmediato, volvió a darse la vuelta y enfiló sus pasos hacia unas rocas que despuntaban en la ladera de una duna, tal y como le había indicado el ente.

Los pies se le hundían en la arena dificultándole el avance, los gritos del ente en su interior la espoleaban a continuar para salvarse de morir asfixiada en la nube de arena. Cuando llegó se arrodilló buscando la forma de introducirse en algún hueco para protegerse mientras durara.

-No hay manera de entrar, es demasiado estrecho, -dijo comenzando a escarbar con sus manos tan rápido como podía. De nuevo un gruñido del ente.

-Déjame a mí, -propuso. –Déjame tomar el control.

-¡No! –Gritó Mara por la tensión. El ruido empezaba a ser ensordecedor y la tormenta seguía avanzando rápidamente hacia donde estaba ella. –Ya sabes lo que pasó y el sello está roto, no vas a tomar el control de nada y menos de mí.

-¿Prefieres morir aquí? –Gritó Kurōkami. –Se supone que yo tengo que confiar en ti pues ahora tú tienes que confiar en mí.

-¡No!

-Entonces no me dejas otra opción, niña.

La explosión de chakra recorriendo su cuerpo fue demasiado repentina siquiera para tratar de controlarla mínimamente. Mara perdió la cordura y la consciencia, quedando a merced de la voluntad del ente. Su cuerpo estaba cubierto de una pátina de chakra negro, varias colas ondeaban a su espalda, libres. Sus manos, ahora garras, retiraban arena y piedras con una fuerza sobrehumana. En pocos movimientos habían hollado un hueco en la dura piedra lo suficientemente grande como para caber su cuerpo en él. Volvió a cubrir la entrada con los restos de piedras y, tomando prestado parte de su chakra de fuego, selló la entrada con arena cristalizada por el fuego. Eso sería suficiente para esperar a que amainase la tormenta, tan sólo esperaba que no se quedara sin oxígeno antes de que pasara.

Poco a poco, se fue calmando, se había prometido a sí mismo devolverle el control de su cuerpo cuando hubiese terminado de ponerla a salvo, sabía que al despertar, ella le odiaría por lo que había hecho. Pero él sabía que, a veces, la única solución era usar su poder, tanto si su humana quería como si no. La primera vez era ella la que quiso hacerlo, esta vez el que quiso fue él, estaban empatados.

Por su parte, en el despacho del Kazekage, todos habían dejado de lado sus platos al ver cómo la arena les mostraba el vasto muro de arena avanzando hacia donde la chica se encontraba. Lo último que pudieron ver antes de perder la visión del ojo de arena de Gaara fue a Mara corriendo hacia unas rocas a uno metros de donde ella se encontraba. Después de esa imagen, la arena sobre la mesa perdió las formas adquiridas y quedó inerte sobre la superficie.

-¡Va a morir ahí si la tormenta la alcanza! -Dijo Kakashi con preocupación levantándose de su asiento y golpeando la mesa con ambos puños haciendo que la arena blanca vibrara. –¡Esto no forma parte del examen!

-Entiendo tu preocupación, pero yo también debo preocuparme ahora por mis ninjas, -dijo el Kazekage. –No puedo enviar un escuadrón de búsqueda hasta que la tormenta pase. Lo lamento, Kakashi.

-Sé lo que estás pensando y mi respuesta es no, -dijo Tsunade intuyendo por dónde iba la mente de Kakashi. –No vas a salir a buscarla.

-No sería la primera vez que contravengo la orden de un Hokage, -respondió Kakashi serio mirando a Tsunade.

-¿Qué te dijo ella antes de dirigirse hacia aquí? –Preguntó con calma.

-Que confiara en ella, -respondió con rapidez. Le había dicho eso tantas veces en los días que llevaban juntos que casi lo repetía sin pensar.

-Entonces, vuelve a sentarte y confiemos en ella, -añadió la Hokage. Kakashi asintió reticente, pero hizo lo que se le pidió. Entrelazó los dedos y cerró los ojos, si el Sabio de los Seis Caminos era benevolente, le rogó para que protegiera a Mara de esa horrible muerte: asfixiada por la arena y sepultada bajo rocas. No quería volver a pasar por eso, ya había perdido así a Obito y no estaba dispuesto a perderla a ella ahora.