Hola querid s lector s, no he abandonado la historia. Espero que os siga gustando y que la parte del desierto no se os esté haciendo demasiado larga o aburrida. Os prometo que pronto habrá tela que cortar, jejeje y que empezará a ser un poco más paralela a los eventos propios de shippuden, aunque ya os advierto que alguno los adelantaré o retrasaré para que concuerden con la trama. Sin más, agradeceros por leer y espero que disfrutéis de este capítulo.

Capítulo 45

De vuelta en el desierto, Mara tan sólo hacía gala de pensamientos fatídicos, la imagen de su cadáver seco y a medio comer por los buitres no la ayudaba en nada a pensar en una solución. Por otra parte, los vanos intentos del ente por rastrear un olor, fuese cual fuese, no la hacían mejorar.

El sol empezaba a estar cerca de su cénit, lo que provocaba que el calor aumentase de nuevo de manera extrema. Por extraño que resultara, el viento se había calmado por completo después de la tormenta y las dunas que habían tomado de referencia para seguir avanzando no estaban. Tan sólo había una vasta llanura que se extendía en todas direcciones. Por suerte, ahora podían ver a una distancia mayor.

-¿Recuerdas al menos hacia qué dirección íbamos? –Preguntó mirando hacia el sol para distinguir los puntos cardinales.

-Hacia el oeste, -respondió seguro Kurōkami.

-Bien, ya es algo, seguiremos hacia esa dirección, -dijo algo más animada y empezando a dar los primeros pasos de nuevo. El ente se resignó, era algo con lo que empezar.

Estuvo andando lo que Mara suspuso que fueron varias horas. Se había vuelto a poner la camiseta de entrenamiento sobre su cabeza como le había dicho Kurōkami para tratar de reducir su exposición al sol pero, por desgracia, el calor sofocante y la falta de agua, sumado a su chakra de fuego, la hicieron hincarse de rodillas en la arena para preocupación de ente.

-Tienes que seguir, arriba, venga, -trató de animar el ente al verla así. Sus palabras tenían un tono de preocupación, esas malditas pruebas y ese maldito afán por completarlas la estaban llevando al límite. Un par de sonidos lastimeros salieron de su garganta confirmando su preocupación.

De nuevo, las alucinaciones por el calor se presentaron como la visita de alguien conocido al que te alegras de ver después de mucho tiempo. Podía ver frente a ella la misma figura negra que había visto el día anterior. A diferencia de la otra, ésta lucía diferente pues portaba un báculo con argollas en su extremo superior que tintineaban cuando entrechocaban entre ellas y, en contraste con la luz, al mirar hacia arriba, lo único que pudo distinguir fueron dos pequeños cuernos que nacían en su frente desde el nacimiento del pelo.

La miraba casi sin ver a la figura, extendió un mano hacia delante con intención de tocarla para comprobar si estaba ahí de verdad o no, notaba a Kurōkami agitado como si él también pudiera verla. Su mano no estaba lo suficientemente cerca como para alcanzar a tocar la especie de túnica que portaba. Sin embargo, veía cómo la figura movía sus labios, al parecer, quería entablar una conversación ininteligible para ella en ese estado, tan sólo oía frases inconexas y sin sentido para ella.

No es el momento…

Casi hemos llegado…

De Indra…

Estamos muy cerca…

Todavía no…

Debes volver…

Hay agua…

En medio de toda esa confusión de voces, la mera mención del agua trajo de vuelta a Mara de ese lugar lejano al que se había marchado por unos instantes. Como si de un reflejo en la mencionada agua se tratara, la figura se diluyó ante sus ojos sin poder apreciar ningún otro detalle de ella. Había dejado de escuchar el coro de voces anterior, ahora sólo escuchaba una muy cerca de ella con lo que parecía ser alguna interferencia.

-¿Puedes oírlas tú también o me he vuelto loca ya?

Kurōkami dejó a un lado la ira que había sentido en presencia de esa figura, apaciguó su chakra y, ahora confundido, prestó atención al exterior. Su humana tenía razón, se oían voces muy cercanas a ellos. La obligó a ponerse de pie liberando algo de su propio chakra en ella, cada vez lo toleraba mejor. Giró sobre sí misma, pero no veía a nadie a su alrededor.

Mara metió las manos en los bolsillos de su pantalón en gesto de resignación. No había sido nada más que su imaginación, que la había empujado a oír voces y empezaba a afectar incluso al ente.

Dentro de sus bolsillos comenzó a remover con los dedos la arena que se había colado en ellos. Entre ésta, sus dedos tocaron algo que había olvidado que tenía. El receptor que cogió prestado de la tienda médica. La luz se hizo en su mente a pesar de la sed y el hambre. Recordó que el transmisor estaba pegado a la ropa de Kiba.

Sacó la mano del bolsillo con el receptor entre sus dedos, la voz de Kiba se escuchaba ahora alto y claro.

-¡Es un oasis! ¡Lo hemos conseguido! ¡Vamos, rápido, estoy deseando darme un baño!

La alegría del momento se tornó en pánico, si el transmisor se mojaba sí que estarían perdidos de verdad en ese desierto y ni todos los buitres podrían salvarles. Mara sacó de nuevo el tarro de las píldoras del soldado, se echó todas las que quedaban en la boca y comenzó a correr en dirección oeste mientras las masticaba. Usaría el receptor como rastreador, las interferencias irían desapareciendo cuanto más cerca del transmisor se encontrase y viceversa, cuanto más se alejasen, mayor serían.

La emoción y el esfuerzo por la carrera se contagiaron al ente, el buen humor del que hacía gala lo dejaba ver en las rápidas espirales de su chakra alrededor del de ella.

-La próxima vez que me queje de tu mala costumbre de sustraer cosas que no son tuyas, recuérdame este momento, -dijo con su particular sentido del humor. Mara sonrió mientras corría por el comentario.

Las piernas empezaban a dar síntomas de calambres en sus músculos. La garganta y los pulmones parecían arderle por el aire caliente que respiraba con cada bocanada que tomaba. La lengua la tenía pastosa y seca y los labios aún más agrietados. La arena que levantaba con cada paso se pegaba a sus piernas por el sudor, así como en sus brazos y el cuello expuestos. En la mano izquierda portaba el receptor que llevaba a su oído cada pocos pasos para comprobar la calidad del sonido.

Afortunadamente, las voces iban siendo cada vez más claras y con menos interferencias, hasta que, de pronto, la algarabía de voces cesó y fue sustituído por un pitido contínuo, agudo y muy molesto. Mara frenó en seco, sabía lo que eso significaba, el transmisor se había mojado y había dejado de funcionar. Llevó la otra mano a su costado donde un dolor punzante con cada aliento que tomaba se había instalado por el esfuerzo de la carrera. Cerró los ojos con fuerza, le escocían por el sudor que llegaba a meterse en ellos, y lanzó un grito lleno de rabia y de la desesperación más absoluta que incluso a Kurōkami le resultó desgarrador. De alguna manera la compadecía, estaba dando cuanto tenía en esa absurda prueba, tan sólo por el hecho de demostrarse a sí misma lo que podía llegar a hacer sin hacer pleno uso de sus habilidades y todo porque se creía en deuda con ese ninja de pelo gris.

La joven volvió a abrir los ojos y miró a lo largo de toda la línea del horizonte que tenía ante ella. El calor desdibujaba la línea recta, pero en un punto algo más al oeste de la dirección que seguían, se observaba un punto negro que resaltaba en contraste con la línea del paisaje.

-¿Estás viendo eso? –Preguntó dudando de sus propios ojos.

-Ve hacia allí, rápido, -apremió el ente volviendo a liberar algo de su chakra para instarla a continuar y a soportar un poco más aquella tortura.