Hola querid s lector s, he vuelto con un nuevo capítulo ^^, tranquilos no he abandonado la historia aunque lo hubiese parecido, sólo he estado algo más ocupada de la cuenta. Espero que os siga gustando. Saludos.
Capítulo 51
Era en esos momentos de descanso, cuando su mente comenzaba a jugar con imágenes del día, recuerdos y deseos escondidos en lo más profundo de la conciencia. Por desgracia, los que tendrían que ser sueños de lo más placenteros se terminaban convirtiendo en pesadillas desagradables que no hacían más que torturar su mente, ya de por sí maltrecha.
Empezaba a notar cómo las imágenes empezaban a formarse en esa fase del sueño. Al principio, empezaban siendo difusas y poco claras. Por lo general, no había un escenario concreto o definido, su mente no se preocupaba de esos detalles. Pero al cabo de unos instantes las líneas aparecían definidas y los cuerpos y los rostros eran reconocibles.
Comenzó a ver ligeras elevaciones en el suelo que se extendían ante él. Cuando se afinó su vista distinguió dunas de arena blanca como la sal. Se aventuró en ella caminando despacio. Sus pies dejaban atrás huellas que se perdían cuando la brisa cálida las barría, ocultando su paso.
De repente, una figura de arena se formó delante de él. Pudo reconocer a la misma chica de sus otros sueños. Lo miraba con absoluta indiferencia, como si no le viera, como si no existiera. Estiró la mano con intención de hacerle una señal y hacer notar su presencia. En vano.
Se acercó un poco más y pareció percatarse de él, incluso, la vio sonreír. Una sonrisa de verdad, de esas de alegría y felicidad. Bajo la máscara naranja, la imitó, su corazón encontró un atisbo de sosiego, seguía siendo alguien si continuaba percibiéndole en ese mundo, a pesar de haber querido no ser nadie durante muchos de los años de su existencia.
Para su sorpresa, la joven arrancó a correr hacia él, seguía sonriéndole. Metro tras metro, el encuentro estaba próximo. Abrió los brazos en cruz para recibirla entre ellos. Ella también extendió los suyos. A penas quedaba distancia entre ellos para que el abrazo se materializase entre ellos. Por desgracia, la felicidad que había albergado durante esos momentos se hizo añicos. Como si de un fantasma se tratara la joven le atravesó y siguió corriendo unos metros más allá de donde él se había quedado clavado al suelo sin poder explicarse lo que había sucedido.
Estaba seguro de que no había usado su habilidad de volverse intangible. Ni siquiera tenía su sharingan activo. ¿Por qué? Giró sobre sus talones y la confusión y la pena se volvieron a instalarse en él causándole malestar y pesadumbre a su corazón.
Ahí estaba otra vez, abrazada a Kakashi donde tendría que estar él. La muchacha había echado sus brazos alrededor del cuello del ninja y éste la rodeaba por la cintura haciendo que quedara suspendida a varios centímetros del suelo por la diferencia de alturas.
Tras el abrazo, volvió a depositarla en el suelo y la ansiedad y el deseo se apoderaron de ambos como si no se hubiesen visto en mucho tiempo. Sin pensarlo, ella le bajó con rapidez la máscara que siempre cubría la mitad de su rostro con una mano y dejándola enrollada alrededor del cuello, mientras que con la otra tiraba del protector que cubría el ojo con su sharingan y lo lanzó sin cuidado hacia donde él estaba.
El protector con el símbolo de la hoja grabado estaba a sus pies, lo miró un instante y, para cuando volvió la vista hacia el ninja y la joven, ambos estaban inmersos en un beso húmedo y demandante por ambas partes que hacía que sus respiraciones estuviesen agitadas.
Se separaron un momento para coger aire de nuevo y aprovecharon para quitarse el uno al otro la ropa sin demasiado cuidado. El tiempo apremiaba y no podían perderlo en esmerarse en deshacerse de la ropa con cautela. Las tiraron también a los pies del enmascarado que, como un fisgón, no podía dejar de mirar la escena, seguía con sus pies petrificados en el mismo sitio.
Los amantes, ahora en contacto piel con piel, tocaban los rincones del cuerpo del otro sin pedir siquiera permiso. Ambos sabían que podían hacerlo.
Kakashi se situó a espaldas de la chica y comenzó a dar besos por su cuello mientras que las manos se deslizaban por su espalda hasta su trasero donde se detuvieron a masajear con total impunidad. Luego rodeó las caderas hasta situar una sobre cada cresta de su pelvis, pegándola a él y pidiendo un permiso para continuar, que sabía que llegaría. Mordió suavemente su lóbulo de la oreja lo que hizo que un gemido de sorpresa saliera de su garganta. El gemido también llegó a oídos del enmascarado que apretaba con fuerzas la mandíbula ante la imagen.
Una de las manos de ella se hundió en la cabellera plateada para evitar que dejara de besar su cuello. La otra se perdió entre ambos cuerpos buscando la hombría del ninja, pero una mano masculina atrapó la suya antes de que alcanzase su objetivo. El gesto cortó la respiración por un momento de la muchacha cuando le susurró al oído.
-Sé una buena alumna y deja que tu sensei te enseñe primero.
Al oír aquello, ella se giró para encararlo, antes de que pudiera unir sus labios con los de él, Kakashi se inclinó otra vez hacia su cuello, siguió dejando besos por su clavícula a la vez que subía una mano desde la cadera hasta uno de sus pechos. Cuando su mano comenzó a frotarlo, bajó un poco más para capturar el otro con sus labios. Al hacerlo, en enmascarado podía ver con todo lujo de detalles las muecas que el placer hacía translucir en su rostro.
Ella seguía con los ojos cerrados, concentrada en las sensaciones, se mordía el labio inferior cuando el estímulo era mayor que los anteriores y abría la boca para tomar aire o soltarlo con cada señal placentera que recibía de su cuerpo.
Tras unos segundos que al enmascarado le parecieron horas, Kakashi separó su boca de su piel y la miró, ella volvió a abrir los ojos que lo miraron directamente y se inclinó hacia sus labios para volver a besarle.
-No hemos terminado con la lección de hoy, -le dijo entre besos que iba dejando por el camino marcado hacia su ombligo, con claras intenciones de seguir más abajo.
El ninja terminó por arrodillarse frente a ella y de espaldas al enmascarado, atónito por lo que veía. Posó sus labios en ese espacio de piel entre su ombligo y el hueso de su cadera. Cuando se apartó, el espectador contempló una cicatriz nacarada que cruzaba esa parte de su anatomía. Deseó que los papeles se invirtiesen, deseó ser él el que estuviese arrodillado frente a ella, implorando perdón con cada uno de sus besos, pero sabía que no sería así, esos actos no estaban reservados para él.
Con suavidad, Kakashi recorrió con sus manos las piernas de ella, desde sus nalgas hasta sus pantorrillas y luego hicieron el camino en el otro sentido desde sus espinillas hasta sus muslos pasando por sus rodillas que amenazaban con doblarse. La miró desde abajo con su sharingan brillando por la emoción a la par que le daba un par de toquecitos en el muslo derecho para que lo moviese.
La joven pareció no entenderlo, de manera que el ninja la tomó por la corva para elevar la pierna sobre su hombro y tener un mejor acceso a su entrepierna. Sin un punto de apoyo estable, más que su pie, sobre el que sujetarse no le quedó otra que volver a enterrar sus manos en el pelo de su sensei para sujetarse en cuanto sintió acercarse el aliento caliente a su sexo.
Una de las manos del shinobi se afianzó a su trasero para evitar que se retirase y para sostenerla de alguna manera si su equilibrio llegaba a fallar. La otra separó sus pliegues con delicadeza, acercó su nariz al comienzo de sus labios y aspiró con fuerza para un instante después comenzar a lamer en ese punto exacto que sabía que la haría llegar a su clímax.
Mientra el ninja seguía afanado en su tarea de lamer y degustar, ella seguía contorsionando su rostro en un intento por controlar las oleadas de placer. Gemidos cortos salían de su garganta cuando la lengua del sensei tocaba con una presión mayor en su centro del placer.
El de la máscara la veía poner aquellas caras, incluso se preguntó si no sería del clan Hyūga por aquello de que la veía poner sus ojos en blanco en algunas ocasiones en las que el placer era el único estímulo que recorría su cuerpo.
Conforme se acercaba la liberación comenzó a mover su cadera contra la incansable lengua del sensei para aumentar la presión y la fricción donde ella quería. Soltó un par de gemidos de frustración por no alcanzar dicha liberación, lo que animó a Kakashi a seguir con lo que estaba haciendo pero añadiendo otro estímulo más: con el rostro hundido en su sexo, decidió usar la mano que abría sus pliegues, introduciendo un dedo en ella.
Tras la sorpresa inicial, sintió cómo sus músculos se relajaban y volvía al estado previo a éxtasis anterior. Con las manos hundidas en el pelo le presionó un poco más contra sí misma. Entendió el mensaje con claridad. Introdujo otro dedo y comenzó a frotar hacia dentro y hacia fuera con un ritmo lento pero continuo.
Sin previo aviso, los gemidos salieron de su boca sin medida cuando sintió el orgasmo golpearla con fuerza desde su vientre hasta su cabeza y extendiéndose por todo su cuerpo. Ambos podían sentir las contracciones provocadas por la lengua y los dedos del ninja.
Tras el momento, mientras serenaba su respiración, los ojos de ella estaban fijos en el agujero de su máscara, la veía sonreír de plena satisfacción mientras se mordía el labio inferior. Ella echó la cabeza hacia atrás y miró hacia arriba, el cielo sobre ella estaba oscuro y sin estrellas, sólo la negrura. Volvió a mirar al frente con cara de satisfacción, de nuevo al agujero de su máscara.
Algo no estaba bien en lo que estaba viendo, la espalda de Kakashi se había oscurecido hasta tal punto que se había tornado negra contrastando contra la arena blanca del suelo y la piel blanca de ella. El que creía que era Kakashi se giró hacia el enmascarado con una sonrisa burlona, se llevó un dedo a los labios para pedirle silencio como si fuese a ser descubiero de un momento a otro. Sin tiempo a reaccionar, vio cómo el rostro con la sonrisa de satisfacción desaparecía, dejando paso a uno con los ojos abiertos desmesuradamente por el dolor y la sorpresa, un grito ahogado consiguió salir con un hilo de voz y, poco a poco, la arena blanca comenzó a teñirse de un rojo carmesí por la sangre que había comenzado a manar de la herida reabierta con un nuevo kunai.
La sombra con la sonrisa burlona se situó de pie tras ella. Normalmente, el sueño acababa cuando el kunai se hundía en su carne, pero esta vez decidió que continuaría un poco más. La joven cayó de rodillas sobre la arena, ahora su expresión había cambiado, de nuevo ese gesto como cuestionándole por qué, la pena aguaba sus ojos que no dejaban de mirarle y sus manos se afanaban en detener la profusa hemorragia en su vientre.
-Tobi… -Suplicó con un murmullo, para tratar de algún modo que se apiadase de ella.
Con un tirón, la sombra tiró de su cabellera hacia atrás exponiendo su cuello níveo al que se acercaba el kunai hasta rozar la piel haciendo que un hilillo de sangre comenzara a salir. El enmascarado no pudo soportar esa mirada cargada de lágrimas que comenzaban a caer. Él también se arrodilló en la arena con las mismas lágrimas en su propio ojo.
-No lo hagas, basta, -imploró conteniendo el llanto. –No quiero verla así. Por favor.
-Tranquilo, ya está muerta, no sufrirá más, -contestó la sombra deslizando de izquierda a derecha el kunai sobre el cuello de ella con un movimiento rápido y preciso.
Justo cuando la sangre caliente iba a cubrirle despertó del mal sueño. Se llevó las manos al rostro y luego las miró en busca de la sangre.
No había nada. Salvo las mismas lágrimas que había estado derramando en el sueño.
