Muy buenas gentes ^^ Os dejo una nueva actualización de la historia. Espero e que os esté gustando los caminos que están tomando los personajes. ¿Reviews? Hago mención especial a Lucii_chaan ^^
Capítulo 52
Unos golpes rápidos y fuertes sobre su puerta despertaron a la joven de su sueño profundo y reparador. Los golpes eran insistentes y continuos. Mara se aovilló en la cama esperando que quien quiera que fuese se cansara y abandonara aquella empresa sin sentido. Por desgracia, el ninja al otro lado de la puerta no tenía esas intenciones.
-¡Mara, abre, ahora! –Gritó Kakashi al otro lado. Del interior llegó un quejido en voz alta como protesta. -¡No empeores esto y abre la puerta!
El ninja pudo oír el frufrú de las sábanas siendo retiradas sin cuidado y pasos fuertes y descalzos marcados por los golpes de los talones contra el suelo frío.
-¿Qué pasa? –Preguntó Mara después de abrir la puerta entre bostezos y los ojos aún casi cerrados.
Kakashi se la quedó mirando de arriba abajo, tenía el pelo completamente alborotado, señal de que la noche había sido de sueños agitados. Con una mano se frotaba la mejilla para tratar de despertarse. Siguió bajando, la camiseta estaba arremangada hasta debajo de su pecho, acentuándolos, en un intento por mitigar el calor nocturno y los cortos pantalones de entrenamiento estaban hechos una maraña de tela en el suelo junto a la cama, por lo que el shinobi se pudo recrear una vez más en su cuerpo expuesto. Ahí estaba ese abdomen plano y blanco resaltado con esa llamativa cicatriz nacarada que deseó tocar otra vez. Sus caderas estaban adornadas con la tela de su ropa interior, en un marcado contraste de negro sobre la piel blanca. No se detuvo demasiado en esa zona por vergüenza de que se pudiera dar cuenta de cómo la miraba. Bajó aún más por sus muslos firmes y torneados hasta llegar a sus pies y observó con gracia que movía los dedos huyendo del frío del suelo al contacto con su piel habitualmente caliente por el chakra de fuego.
-Vístete, tengo que llevarte al despacho del Kazekage, Tsunade quiere hacerte unas preguntas, -respondió Kakashi cuando salió del trance de la rápida visión de su cuerpo. No le hacía justicia lo que había visto su clon de sombras en comparación con verlo por sí mismo. Ella asintió mientras se frotaba los ojos para apartar todavía lo que quedaba de sueño, abrió la puerta por completo y se apartó para dejarlo pasar.
Cuando se dio la vuelta en busca del resto de su ropa pudo mirar con más descaro el cuerpo de su alumna. La melena negra, aunque desaliñada, caía con gracia hasta el casi el final de su espalda. Entre las puntas y el comienzo de su ropa interior había piel cremosa y suave que, al igual que su estómago, invitaba al tacto. Rápidamente, bajó más la mirada hasta ese trasero prieto en la tela y muy bien formado gracias al ejercicio. Como aquella vez en su salón, se agachó en cuclillas para recoger del suelo el pantalón de entrenamiento. Haciendo que quedase un poco más apretado y acentuando la redondez. Finalmente, de no ser por su máscara, no habría podido controlar sus gestos cuando volvió a levantarse y la tela había quedado ligeramente desplazada de su lugar revelando aún más piel si cabía. Ya había visto esto con anterioridad, con la excepción de que no lo vivió en primera persona y fue su clon de sombras quien lo había disfrutado, pero el estar ahí tan cerca, le hizo darse cuenta de que todo empezaba a ser un poco más difícil y confuso.
Para cuando terminó de vestirse y colocarse el calzado, preguntó si podía comer algo antes de salir en dirección al despacho del Kazekage. Ante la rotunda negativa y aludiendo a la falta de tiempo ambos salieron raudos hacia el encuentro con los Kages.
Llamaron a la puerta, una voz desde dentro les autorizó a pasar. Antes de hacerlo Kakashi la miró, no estaba en sus plenas facultades debido al sueño del que aún era presa, cosa que le preocupaba por aquello de lo que pudiera responder a las preguntas de los Kages. Ante la preocupación que se traslucía en su rostro a pesar de la máscara, Mara le dio un par de palmaditas en el brazo y añadió:
-Tranquilo, ya he pasado por esto, ¿recuerdas? Y esta vez no voy esposada, -dijo con ironía.
Después de esas palabras, que no le tranquilizaban en absoluto, ambos entraron en el despacho. Dentro sólo se encontraban los dos Kages, no había presente ninguno de los hermanos de Gaara ni ninguna de sus secretarias. Con un gesto de la mano, Gaara la invitó a tomar asiento en un cómodo sillón de cuero granate, frente a él, al otro lado de la enorme mesa de piedra. A la derecha, de pie y recostada sobre una estantería se encontraba Tsunade con los ojos cerrados y los brazos cruzados bajo el pecho, que hacía que parecieran más abundantes todavía.
-Buenos días, espero que hayas descansado bien, -dijo Gaara para romper el hielo. Mara se limitó a asentir.
-Bien, entonces podrás explicar a qué vino el numerito de ayer en el comedor, -empezó la Hokage como un latigazo.
-¿Qué pasa? Sólo estaba marcando mi territorio, -respondió después de que el sueño se le quitara de un plumazo tras la primera y directa pregunta. -Además, ¿de qué te quejas? Gracias a mi numerito, como tú lo llamas, tus ninjas se han visto beneficiados, cogieron los mejores trozos, las porciones más grandes y de mayor calidad, luego rendirán mejor en el combate.
-¿Lo hiciste sólo por eso? ¿O hay algo más, Mara? –Preguntó el Kazekage pasando por alto que sus ninjas habían sido prejudicados en una muy buena jugada por su parte. Mara giró la cabeza hacia el Kazekage, clavando sus ojos en él. -¿Por qué beneficiar a alguien? No sabes contra quién vas a luchar, puede que sea de Suna o puede que sea de Konoha.
-Es más que obvio que voy a luchar contra uno de los de la Arena, no soy estúpida, -respondió mordaz dejando a ambos Kages sorprendidos. –Ella no arriesgará uno de sus ninjas a perder contra una extrajera que ni siquiera servirá como ninja a la aldea, sino que sólo juega por un mísero permiso de residencia. Por otro lado, tú no te arriesgarás a que tu campeón pierda contra alguien tan poco digno como yo, que ni siquiera pertenece a la Aldea contra la que compites. Quieres que se luzca contra uno de la Hoja. Reconozco que se enfrentarán entre ellos debido al número de los que hemos atravesado el maldito desierto. Pero para mí has reservado al que peores sensaciones te da, ese chico raro, de carácter errático y obsesionado con los cuchillos, es una buena forma de ponerlo a prueba sin arriesgar nada. Si gana te habrá demostrado que es de fiar, si pierde, no lo tendrán en cuenta porque fue contra alguien que no es parte de la Aldea. Pase lo que pase, sales beneficiado, Kazekage.
-Ese es un muy buen análisis, -concedió el nombrado desviando la mirada hacia Tsunade quien tenía el ceño fruncido.
-¿Quién te ha enseñado a analizar así? –Preguntó molesta porque había dado al traste con los planes para los emparejamientos de la mañana.
-Es cuestión de saber mirar y discernir lo que ves. He tenido buenos maestros, -respondió evadiendo la pregunta y sonriendo de medio lado por la broma que sólo ella parecía captar.
-Ah, entonces supongo que también te habrán enseñado a usar esto, -dijo colocando sobre la mesa frente a ella un pequeño frasco vacío que antes había contenido las píldoras del soldado que le había entregado Kakashi y un pequeño transmisor.
Kakashi tragó la poca saliva que le quedaba, de repente se le había secado la boca y el corazón le latía con rapidez, aunque su rostro no expresara ninguna emoción. Admitía que estaba nervioso por la respuesta que pudiera dar. De ello dependía su continuidad en la prueba. A menos que convenciese a Tsunade de lo contrario, en esos momentos, la Hokage tenía decidido descalificarla y todo el esfuerzo hecho hasta ahora sería en vano.
A pesar de la pregunta y las evidencias, Mara no se inmutó, permaneció impasible, con el rostro sereno y la mirada fija en los dos objetos. Se encogió de hombros poniendo una mueca en la cara y preguntó:
-¿A qué te refieres? Son un frasco de píldoras del soldado y un transmisor.
-¿Quién te los ha dado? Los encontraron entre tu ropa sucia, –inquirió la Hokage mirando a Kakashi directamente en vez de a ella.
-Nadie, -respondió escueta.
-¿Nadie? No te creo, -respondió con rapidez Tsunade. –Creo que Kakashi te ha estado ayudando de alguna manera. Me sorprende que hayas llegado hasta aquí tú sola y algunos de sus comportamientos son sospechosos.
-Así me gusta, confía en tus ninjas, Senju, -respondió otra vez con ironía y sarcasmo a partes iguales. -¿De verdad crees que Kakashi haría algo así? ¿Crees que me ayudaría aún sabiendo que eso sería saltarse las normas? Apuesto a que no se ha saltado una norma en su vida, -dijo señalando al peliplata que seguía con los nervios de punta y a quien no le importó el comentario despectivo.
-Bien, si él no te los dio, ¿cómo es que han aparecido entre tu ropa? –Volvió a preguntar.
-Sólo tuve que decir las palabras precisas en el momento justo y alargar la mano cuando nadie miraba, -respondió con su media sonrisa de superioridad.
-Explícate, -intervino Gaara sintiendo de nuevo la presión de los ojos oscuros de ella en los suyos claros. Tras varios segundos de cruce de miradas, Mara se volvió hacia Kakashi con gesto de hastío. El ninja por su parte temió que confesara que él mismo le había dado las píldoras.
-Después de la primera fase de la segunda prueba, fui a una de las tiendas médicas para que me examinaran, -empezó volviendo a mirar a Gaara sin desviar la vista ni una sola vez. –Me atendió Sakura, tras hablar un poco, me mostró el transmisor, me pareció una buena idea usarlo, porque lo cierto era que no tenía ni idea de adónde tenía que dirigirme. Cuando terminó, me dirigí a otra de las tiendas, había uno de los médicos atendiendo a un ninja, estaba bastante afanado, sólo tuve que decir que me enviaba Sakura poniendo como excusa que su transmisor estaba sin batería para que ese idiota me diese el suyo con la promesa de que yo se lo entregaría. Iluso.
Cuando terminó la breve explicación cruzó los brazos sobre el pecho y se recostó sobre el respaldo del sillón.
-Mentiste, -argumentó el Kazekage.
-No, nada de eso, sólo le hice creer en una bonita ilusión en la que yo era la mejor amiga de Sakura que le estaba haciendo un pequeño favor, -se defendió con un tono inocente. –Lamento que ese tipo se tragase aqueña patraña, ni siquiera tuve que esforzarme por mentir, fue lo primero que se me ocurrió.
-Hokage, suplió una carencia de equipo con ingenio, -empezó Gaara después de escuchar la explicación. –Ha demostrado saber adaptarse, creo que podemos hacer la vista gorda por lo del transmisor.
Tsunade torció el gesto y asintió como acuerdo a las palabras de su igual en la Arena, pero aún tenía que explicar lo de las píldoras.
-¿Y qué hay de esto? –Preguntó señalando el bote vacío.
Mara sólo se encogió de hombros, exaló un suspiro, miró a Kakashi y de nuevo a Tsunade.
-Estaban sobre una pequeña mesa en la tienda del tipo del transmisor, sólo tuve que esperar a que volviera al trabajo para cogerlas y salir de allí, -explicó.
Tsunade se acercó a ella tanto que incluso bizqueó al mirarla tan de cerca. Escrutaba si en su mirada había un atisbo de duda o detectaba la mentira de alguna manera. La pupila negra rodeada de ese iris aún más negro no transmitía nada, ninguna emoción. Ningún gesto que indicara que mentía.
Se separó de ella y retomó su posición anterior. Asintió y miró a Gaara.
-¿Qué opinas? ¿Te parecen convincentes sus explicaciones?
-No sólo me parecen convincentes, sino que me resultan bastante coherentes, -respondió el Kazekage después de escuchar las explicaciones en silencio. –Ha sabido sobrevivir, sola, sin ningún equipo que la respaldase de alguna manera, de eso trataba la prueba. Por mi parte, salvo por el comportamiento de anoche, que espero no vuelva a repetirse, no hay ningún problema en que participe en la última prueba.
Tras oír aquello, Mara apretaba los labios tratando de contener una sonrisa que estaba deseando salir. Se aguantó las ganas de mirar a la Hokage con gesto de superioridad por salirse con la suya, alternaba la mirada entre el enorme escritorio ante el que estaba sentada y los claros ojos de Gaara.
-Kakashi, llévala a las instalaciones del estadio, esperará allí con los demás participantes mientras espera su turno, -dijo Gaara con gesto calmado y voz pausada. –Podéis retiraros.
Ninguno de los dos esperó a nada más, Mara se levantó y se dirigió a la puerta seguida de cerca por su sensei con pasos rápidos. Kakashi cerró la puerta tras él y se acercó a la joven que lo esperaba a unos pasos de distancia con la media sonrisa socarrona.
-¿Ves? Todo ha salido bien, -dijo despreocupadamente. –No había de qué preocuparse, eres un exagerado, esa Senju no tiene nada que hacer contra mí.
El shinobi seguía en silencio, escuchándola. No dijo nada. Viendo la actitud del ninja, Mara le pasó una mano por delante de la cara para tratar de hacerle reaccionar.
-Creo que tendríamos que ir hacia ese estadio, -comentó cambiando de tema para hacerle reaccionar. Lo tomó de la muñeca y tiró con suavidad un par de veces. -¿Kakashi?
Seguía mirándola pero se puso en marcha sin saber cómo sus pies comenzaron a caminar. La marcha era sosegada y silenciosa, muy al contrario de lo que ella pensaba que iba a ser. Salieron de la torre y enfilaron la calle hacia las afueras de Suna, donde se encontraba el estadio. Continuaban por las calles que, poco a poco, comenzaban a llenarse de curiosos que se dirigían hacia el mismo lugar que ellos para tratar de conseguir los mejores asientos.
La tranquilidad y el silencio de los que hacía gala el ninja no le gustaban a la joven. Lo notaba raro desde que habían salido del despacho. Volvía a actuar de manera extraña. Se detuvo y, varios pasos más adelante, Kakashi la imitó.
-¿Qué ocurre?
-Nada, -respondió encogiéndose de hombros.
-¿Creías que iba a delatarte por lo de las píldoras, verdad? –Preguntó Mara dando en el blanco. Silencio. –Sigues pensando que como no te cuento nada de mí, voy a engañarte o traicionarte de alguna manera, ¿no?
-Le has mentido a la Hokage, -respondió Kakshi después de frotarse la cabeza como si de esa manera aclarase los pensamientos. –Mentiste con una frialdad que muchos ANBU desearían, ¿cómo sé que no me estás mintiendo con todo esto?
-¿Hubieses preferido que le contase la verdad? –Atacó molesta, elevando el tono de voz y con los ojos negros fijos en el suyo. –Puedo volver e inculparte a ti en el trato de favor y descalificarme. ¿Qué te molesta más: que le mienta a esa Senju o que lo haya hecho para protegerte a ti? Simplemente, elegí. Elegí el mal menor, una pequeña mentira para salvarte de una mancha en tu impoluto expediente y para salvarme a mí de la descalificación.
-No tenías que hacerlo, tú misma lo dijiste, no te interesa la aldea, ¿qué más te da lo que me pase a mí? Cuando tu padre vuelva, probablemente, te irás, -respondió dolido y con pesadumbre.
-Cierto, -dijo desviando la mirada hacia un lado. –Pero esperaba que, si hacía esto, podría tener derecho a volver en algún momento.
Después de decir aquello, se dio la vuelta y empezó a deshacer el camino en dirección a la torre del Kazekage con intención de renunciar a su lugar en el enfrentamiento. En su mente, Kurōkami había permanecido en silencio hasta ese momento. ¿Iba a rendirse? ¿Después de todo por lo que había pasado?
-Vuelve ahora mismo y termina lo que has empezado, -la reprendió. Sus palabras hicieron que la joven apretara aún más el paso. De repente, alguien la tomó de la muñeca y la obligó a girarse.
Cuando encaró al que la sujetaba pudo confirmar que era Kakashi. Había corrido tras ella adivinando sus intenciones. Había sido un estúpido, de nuevo se había dejado llevar por el pensamiento de que no la conocía, pero algo le decía que debía continuar con aquello para poder hacerlo. Las dudas le hacían actuar en contra de su instinto. Al igual que con Sasuke Uchiha, estaba convencido de que en algún momento entraría en razón y volvería a la aldea. Le gustaban los alumnos que parecían causas perdidas, quizá porque, en su juventud, él también fue una causa perdida hasta que Minato sensei lo llevo por la senda correcta y le enseñó lo que era la confianza en el equipo y en uno mismo.
-Gracias, -empezó. –Por no delatarme ante la Hokage.
Mara bufó sin comprender el cambio de parecer. Primero la reprendía por mentir y ahora le daba las gracias.
-Perdóname, -se disculpó una vez más. –Por lo que he dicho. Sé que no me has mentido en todos estos días.
La muchacha desvió la mirada a un lado otra vez y usó su pelo para esconderse de alguna manera. Los gestos de disculpa no eran algo con lo que estaba demasiado familiarizada y la estaba haciendo sentir incómoda de alguna manera.
-Mírame, -pidió acercándose un poco más a ella sonriendo y colocando ambas manos sobre sus hombros. Mara obedeció con cierta reticencia, pero sin dejarse intimidar por la cercanía de la mirada ni el contacto. Kakashi continuó:
-Vas a ir a ese estadio, vas a vencer a tu adversario y te prometo que yo mismo te pondré el protector cuando acabe el examen.
Mara se acercó aún más a él aprovechando que estaba inclinado hacia ella, hasta que sus labios estuvieron cerca de su oído derecho, libre del protector que cubría el sharingan, dejando al ninja paralizado y expectante de sus acciones. Podía sentirla tan cerca que podía oler su fragancia, incluso unos atrevidos cabellos le rozaban la piel expuesta sobre la máscara causándole cosquillas.
-Última oportunidad, Kakashi, -dijo casi susurrándole al oído y haciéndole estremecer por la forma en que dijo su nombre. –Después de esto no podrás arrepentirte. ¿Aún sigues queriendo que me quede?
La pregunta viajo rápida desde su oído hasta su cerebro embotado por tantos estímulos que estaba recibiendo de ella. Sus manos envíaban señales del calor que emanaba de su cuerpo, sus ojos que, a pesar de tener el sharingan cubierto, eran capaces de retener y reproducir con total exactitud la mirada que le había lanzado hacía unos instantes. Su nariz estaba embriagada por el olor que desprendía. Su oído disfrutaba del susurro y la cercanía de su voz, así como del aliento caliente que llegaba por la extrema cercanía. Tan sólo había uno de sus sentidos que no tenía consuelo para su desgracia, el gusto, ni sus labios ni su lengua habían podido degustarla.
Ya que la respuesta no llegaba, Mara se separó de su oído y se quedó frente a frente, a penas a un palmo de distacia. Kakashi estaba dispuesto a quitar su máscara, dejar que le viese con todo lujo de detalles, si ese era el precio que debía pagar por complacer a su sentido del gusto, aunque sus manos no estaban por la labor de retirarse de sus brazos, donde el agradable calor que desprendía parecía que las había derretido y dejado fijas en su posición.
Para su sorpresa fue ella la que levantó las manos en dirección a su rostro. Kakashi pensó que con intención de removerla ella misma, pero éstas siguieron un poco más arriba y fue su protector lo que retiraron, liberando su mangekyō sharingan y soprendiéndolo de paso.
-¿Quieres que me quede? –Volvió a preguntar alternando entre sus ojos desiguales.
Como hipnotizado, le pareció que el tiempo se ralentizaba. El sharingan le permitía ver los movimientos con antelación, de manera que sabía la posición justa de sus labios antes de que éstos pronunciaran una sola sílaba, podía ver su lengua asomando curiosa entre sus dientes y su mandíbula subía y bajaba vocalizando cada una de las palabras que le estaba dirigiendo. Antes de que terminara de pronunciar la sencilla pregunta, la respuesta ya había salido de su propia boca.
-Sí.
Fue una respuesta clara, corta y sencilla pero contundente. "Sí", dos únicas letras que significaban tanto. Sí, quería que se quedara. Sí, quería que estuviese a su lado. Sí, sí y sí a todo.
